Disclaimer: Fairy Tail pertenece a la perra de Hiro Mashima.
Prompt: "YOU DON'T LIKE MARSHMALLOWS IN YOUR HOT CHOCOLATE? WHY DO YOU HATE LOVE" [tumblr]
Pareja: Rogue/Sting (y un leve Minerva/Yukino).
Extensión: 1943 palabras.
Notas: Ese promtp gritaba Rogue/Sting, fue inevitable (?). Uh, me he tardado un montón, lo sé, la inspiración nunca me acompaño mucho con esto (ni las ganas). Y viendo como va todo y lo que puse en el primer capítulo, corrijo: serán cuatro capítulos en total, no tres.
Más allá de eso no sé qué más decir, solo que hay unas cuantas insinuaciones —nada insinuadas— sexuales por ahí, para que tengan en cuenta.
Aclaración: No suelo usar el término malvaviscos porque aquí en Chile de plano decimos marshmallows, pero eso literalmente no es traducir XD Así que cogí el que sonaba más neutral para mí —no sé cuál lo sea en verdad—. De cualquier forma aclaro: malvavisco, masmelo, nube, esponjita o jamón.
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Caja grande, caja chica.
Chocolate caliente.
La mañana siguiente Sting estornuda con fuerza, lamentando no haber ido por un abrigo tal como Rogue le recomendó. Sin embargo, los ojos húmedos y la nariz irritada de su compañero le indican que él no está mucho mejor.
—Saliste sin abrigo —comenta Rogue al verlo, avanzando a través del cuarto para sentarse frente a él—, ¿qué esperabas?
—Saliste en pijama, ¿qué esperabas? —contraataca él.
Cheney le mira unos momentos.
—Yo tenía un motivo —alega.
—Ya, lo que digas. Excusas —replica Sting, tiritando levemente.
Están en la cocina de Sabertooth, Sting con una manta sobre los hombros y Rogue sentado frente a él solo con sus pantalones de pijama. La mesa los separa, mesa en la cual está dispuesto el desayuno del rubio, que ese día es algo más consistente que de costumbre. Suele desayunar chocolate caliente con pan de canela, pero dado su estado Yukino optó por agregar jugo de naranja y un poco de sopa caliente al menú.
—¿Necesitas algo? —le inquiere Rogue, ignorando la replica anterior, decide mejor centrarse en el resfrío de su maestro para cambiar el tema antes que mantener la discusión más tiempo.
—Yukino fue por algo para la fiebre ya —dice Sting, quien desde ya no caerá en eso—, eres tú el que debería abrigarse —agrega.
Es decir, Rogue solo lleva pantalones, eso no es muy saludable dada la temperatura del ambiente y su estado.
—Estoy bien.
—Tienes los ojos hinchados —Rogue gruñe fastidiado y Sting no puede evitar entrecerrar los ojos—, estás enfermo —dice, consciente de que el hombre frente a él está en fase de negación o algo así.
—Solo un poco congestionado —corrige Rogue—, nada importante.
—La nariz te gotea como un puto día de lluvia y dices que no es nada importante.
—No estoy peor que tú, ¿de acuerdo?
—Tampoco estás mejor que yo —alega Sting al tiempo que se reclina en la silla—, cuando Yukino venga que te tome la temperatura, no vaya a ser que tengas fiebre.
—Te digo que no estoy peor que tú.
—Saliste en pijama y yo salí sin abrigo, ¿discutimos cuál es peor? —cuestiona casi con burla, a sabiendas de que Rogue no puede rebatir ese argumento—. Yo al menos tenía un buen calzado.
Su compañero chista con molestia ante eso y a Sting le nace la necesidad de suspirar, cansado y sintiéndose inevitablemente mal. Rogue salió con pantuflas, es evidente que está peor que él. Es por eso que se preocupa, a fin de cuentas resulta esperable que esté peor que él, mucho más enfermo, y a Sting no le agrada la idea de que se encuentre así por complacerlo con un capricho. Él y solo él tenía ganas de salir a la nieve y Rogue aceptó acompañarlo para hacerlo feliz, no se merece enfermarse por eso. Después de todo el rubio está acostumbrado a lamentar tarde o temprano sus imprudencias, pero aun con eso no consigue acostumbrarse a que Rogue las pague con él.
—Y eso qué —dice Cheney, terco—, yo... —medita un buen argumento antes de continuar—, al menos yo tengo buenas defensas.
—¡¿Insinúas que soy enfermizo?!
—¿Por qué están discutiendo? —reclama Yukino de pronto, sorprendiéndolos. La chica los mira desde el marco de la puerta con un pequeño frasco en una de sus manos y una leve expresión de enojo—. No son horas para discutir —regaña.
Rogue desvía la mirada, no dispuesto a contradecirla; Sting, por el contrario, cruza los brazos y se reclina nuevamente en la silla antes de contestar:
—Es culpa de Rogue —acusa—, le digo que está enfermo y se niega a admitirlo.
El mago de sombras no tarda en olvidar a la chica para fijar la atención en su compañero.
—¡No estoy...!
—¿Está enfermo Rogue-sama? —lo interrumpe Yukino.
El susodicho calla y por poco se sonroja ante la situación, al tiempo que Sting sonríe por haber logrado su objetivo. Sí, juntarse con Rufus es un martirio pero tiene sus puntos buenos.
—No —responde el de cabellos negros, algo incómodo.
Yukino no parece creerle porque entrecierra los ojos y abandona la puerta para aproximarse a él, preocupada. Antes de que Rogue diga nada ya tiene la mano de la maga en la frente, midiéndole la temperatura.
—Parece tener fiebre —dice la chica.
—Es lo que yo le decía —agrega Sting, victorioso—, pero no quería hacerme caso y no me quedo más que discutirle.
Rogue da la impresión de querer asesinarlo con la mirada tras esas palabras, pues centra sus orbes rojos en él con furia. El rubio sonríe como lo haría un mal ganador: burlesco.
—Pero no tenían que gritar para eso —comenta Yukino, apartándose de su compañero—. Quédense en la cocina con Sting-sama, Rogue-sama, iré a buscarle algo para que se abrigue y luego le serviré desayuno —ordena, abriendo el frasco que trae en sus manos para sacar un par de pastillas y tendérselas a su maestro—. Tenga Sting-sama.
—Gracias —dice el rubio, abriendo la mano para aceptar las pequeñas píldoras.
Luego regresa la atención a Rogue, todavía con su sonrisa triunfal en el rostro.
—Vea por mí que Sting-sama se tome el remedio mientras vuelvo, Rogue-sama —pide Yukino de pronto, sorprendiendo al maestro.
No le da tiempo de decir algo porque de pronto la menor se ha apartado de su lado para acercarse al fregadero, sirviendo un poco de agua en un vaso.
—¡Me las puedo tomar sin vigilancia! —alega Sting, sacándole una risa al chico frente a él.
Suspira molesto ante eso, consciente de que nuevamente está en desventaja ante Rogue, apenas y sí pudo disfrutar la victoria.
—Lo conozco Sting-sama —dice la maga, dejando el vaso con agua sobre la mesa.
—¡De verdad! —continua Sting, llevándose ambas pastillas a la boca—. Mira —dice, hablando algo raro porque ha dejado las dos píldoras bajo su lengua y prácticamente las sostiene así.
Yukino le ignora para continuar su camino hacia la puerta, deteniéndose en el marco para hablarle a Rogue una última vez.
—Vea que no las escupa, por favor.
Tras decir eso se marcha en lo que Cheney no contiene un carraspeo, regresando su atención a Sting y entregándole una mirada triunfante.
—¿Y bien? —cuestiona, sonriendo inevitablemente—, ¿qué esperas para tragar?
El rubio entrecierra los ojos ante esas palabras, como queriendo asesinarlo con la mirada, tal como hiciera su compañero antes.
—Muérete —dice, cogiendo el vaso para dar un largo sorbo y tomarse las estúpidas pastillas, que él no es un niño para que lo estén tratando así.
Deja el vaso de vuelta sobre la mesa con algo de brusquedad, logrando que Rogue enarque una ceja.
—Calmate —comenta el mago—, pronto te sentirás mejor y no tendrás que estar enfermo un veinticuatro.
—No te burles.
—No me burlo.
—Oh, por supuesto —alega Sting, porque es indudable que su novio se está burlando de él—. No soy un niño, ¿te enteras?
—Sí, bastante seguido —comenta Rogue—, no es como que hagamos cosas de niños.
Sting agradece ya haberse tomado el agua y aún no haber tocado gran parte de su desayuno —más allá de la sopa—, porque de otra forma habría escupido lo que tenía en la boca, por suerte no hay nada ahí.
—Vaya comentario —dice, sonriendo levemente antes de coger su tazón para beberse su chocolate caliente, que desde ya ahora está más bien tibio—, quién sabe qué hubiera dicho Yukino de oírlo.
—No lo hubiera dicho con alguien presente, tonto —reclama Rogue, frunciendo levemente el ceño.
El rubio no responde, porque con el pensamiento de hace poco sobre que no tenía nada en la boca se le ha venido inevitablemente a la mente el sexo oral y ahora piensa eso mientras le da un sorbo a su bebida, aparentemente indiferente.
Es que, ¿no es como si pudiera sacarle el resfriado a Rogue por ahí, cierto? Aunque podría calentarlo, ciertamente.
—Rogue-sama —llama Yukino, que elige ese momento para aparecerse con un par de mantas en los brazos.
Ambos voltean a verla, Sting todavía con la taza contra sus labios y el pensamiento del pene de Rogue en su boca en la cabeza.
—Yukino, no es necesario —reclama el mago de sombras, aunque es ignorado porque la chica no tarda en llegar a su lado y envolverlo con las frazadas.
—No sea ridículo Rogue-sama —alega la maga—, está enfermo, debe abrigarse.
—Que no estoy enfermo.
—Lo está —contradice Yukino, alejándose de él para ir a la encimera—. ¿Quiere café o prefiere chocolate caliente? —Rogue lo piensa unos segundos, y es un gran error de su parte porque no le atraen las cosas dulces, pero como lo ha pensado no le da tiempo a responder cuando Yukino vuelve a hablar—. En realidad olvídelo, es mejor el chocolate, más calorico.
Rogue frunce el ceño, molesto ante esa posibilidad, no es fanático del chocolate caliente.
—No es necesario —repite.
—Estás enfermo —dice Sting, que deja la taza a un lado una vez se ha acabado el chocolate.
—A todo esto —dice Yukino, que recuerda el asunto en el momento en que oye hablar a su maestro—, ¿Sting-sama se tomó su remedio?
—Sí —responde Sting.
—No —contradice Rogue, ganándose una mirada confusa de Yukino y una alarmada de Sting.
Ante esa última no contiene la risa, haciendo patente la mentira.
—¡Serás traicionero! —exclama el rubio, que no ha esperado eso. ¿Qué tipo de no novio hace eso?
Yukino sonríe levemente ante la situación, divertida ante la actitud de sus compañeros, antes de cuestionar:
—¿Con o sin malvaviscos?
Pasan unos segundos antes de que Rogue comprenda que le habla a él, distraído como estaba con Sting. Se pregunta seriamente por qué Yukino se lo está cuestionando en primer lugar, siendo que debería ser obvio, él no es de sabores dulces.
—Sin, por favor —responde tras unos momentos—, no me gusta el chocolate caliente con malvaviscos.
Su compañera asiente y vuelve la mirada al chocolate que se está calentando, apartando la bolsa de malvaviscos dado eso. Rogue siente la necesidad de sonreír ante eso, hasta que vuelve la mirada se encuentra con la mirada sorprendida de Sting. Frunce el ceño.
—¿Qué? —reclama, Sting le observa como si él fuese una especia de criatura alienígena y eso no puede augurar nada bueno.
—¿No te gusta el chocolate caliente con malvaviscos? —cuestiona su novio, fidedignamente sorprendido.
Rogue bufa.
—No, ¿y qué? —Vuelve a reclamar, sin lograr entender cómo funciona la mente del chico frente a él.
—Es como odiar el amor —alega Sting, lo cual es lo más raro que ha oído—, ¿cómo no pueden gustarte?
—Porque no me gustan y ya.
—¡Pero entonces odias el amor!
—¡¿Qué tiene que ver el amor en esto?!
Yukino no contiene una suave carcajada ante la discusión, ferviente creyendo de que sus compañeros son realmente divertidos cuando tienen sus discusiones incoherentes; porque, por supuesto, Sting no pierde las ganas de defender los valores del amor y los malvaviscos en el chocolate caliente, ante la cada vez más molesta mirada de Rogue.
—¡Odias el amor!
—¡Ni siquiera están relacionados, ¿te enteras?!
—¿Quién odia el amor y por qué? —inquiere Minerva, ingresando de pronto al dormitorio y callando a los dos idiotas.
Yukino sonríe, de buen humor, cuando voltea a verla.
—Señorita —saluda, animada y casi brillando de lo fresca que luce su sonrisa—, ¿quiere chocolate caliente con malvaviscos?
Minerva bien podría decir que no, porque como Rogue no es muy partidaria de la diabetes, pero honestamente esa sonrisa tan dulce ya acaba de romper todas sus defensas y está a nada de enviarla a la morgue por un coma de azúcar. Es que Yukino es encantadoramente letal cuando sonríe tan feliz.
Y total, el único amargado que odia el amor —en sabias palabras de Sting Eucliffe— es Rogue.
No sé yo, pero tenía que insinuar Minerva/Yukino de alguna forma.
Y hacerle bullying a mis dorkis favoritos (?).
Nos leemos.
