Tan sólo a ti
2. Martes a la noche
"Igual que el poeta que decide trabajar en un banco…"
Esa tarde acompañé a Luffy a comprar el regalo para la bruja avariciosa. No fue necesario que le aconsejara, porque cuando vio el primer bolso de cuero color caramelo supo que era algo que seguro le iba a gustar. Nami era hija de Bellemere, una coleccionista de antigüedades. No nadaba en billetes, pero si se había acomodado gracias a un buena inversión. La conocía desde la primaria, y siempre se había apegado a mí como un buen amigo. Desde luego que yo la aprecio, y mucho, pero no me gusta su forma de ser, tan avariciosa. Siempre viendo de quién puede sacar provecho en cuanto a dinero se refiere y cómo puede hacer un buen negocio. Conmigo la cosa no es tan fácil, ya que no suelto prenda de ninguna forma. Y sé que eso le gusta, y por eso se siente tan cómoda conmigo. Siempre nos decimos improperios y nos insultamos, pero en el fondo somos muy buenos amigos.
Nami cumplía dieciocho años y Luffy quería agasajarla, aunque sabía que gastaría la mesada de varios meses en ese bolso. Miró con desilusión su billetera, y yo tuve que apretar los puños para no ofrecerle dinero. Después de todo, a él no le sobraba y a mi si y mucho, pero no era correcto hacerlo ya que ese regalo significaba demasiado para Luffy. Desde que la vio en primer año quedó prendado de Nami y nunca se atrevió a confesarse. Estoy seguro de que tampoco lo hará esta noche como lo tiene planeado, porque cuando la tiene frente a frente se vuelve más idiota de lo que es a diario. Salimos de la tienda y lo invité a tomar algo en el bar de en frente. Aceptó entusiasmado y con las mejillas rosadas por sostener entre sus manos el bendito regalo para la víbora.
─ Tanto jaleo por un simple regalo ─ dije y me crucé de brazos, apoyándome sobre el duro respaldo de la silla de plástico del bar. ─ ¿De verdad te gusta tanto esa loca? ─ pregunté aún incrédulo.
─ Por supuesto que si ─ hizo un puchero. ─ Es la mujer más linda y dulce de la escuela ─ su comentario me empalagó.
─ ¿Qué diablos le sucedió a Ussop hoy? ─ cambié de tema. Tenía miedo de que me subiera el azúcar en la sangre.
─ Me dijo que no sucedió nada ─ Luffy tomó de su Coca Cola. ─ Pero le juré que si había sido alguien que lo había golpeado le devolvería el favor con creces ─ se besó el puño. Sonreí. Ese niñato era increíblemente idiota, pero lo decía de verdad. No sería la primera vez que se cruzaba en pleitos por un amigo. Y siempre salía victorioso. Era increíble verlo pelear. Su agilidad superaba a la de cualquiera que hubiese visto y su complexión física delgada engañaba mucho, ya que en esos bíceps tenía una fuerza que parecía sobrehumana.
─ Sinceramente creo que se golpeó con algo ─ me acomodé en la silla. ─ ¿Quién y por qué querría golpear a Ussop? ─ ambos echamos a reír.
La noche estaba cayendo sobre el Instituto. El edificio era enorme, tenía un ala donde nos quedábamos a dormir aquellos que, como yo, nuestros padres no podían hacerse cargo. O al menos, ese era mi caso. Mi padre estaba demasiado ocupado como para cuidarme y mi madre viajaba todo el tiempo. En mi habitación había cinco camas más. Una era ocupada por Luffy, ya que su beca incluía el alojamiento, otra la ocupaba Sanji y la tercera Ussop, pero él dormía sólo cuando sus padres no se encontraban en la ciudad por temas laborales o de salud. El padre de Ussop trabajaba en una importante empresa ferroviaria y paraba pocos días en la ciudad, mientras que su madre, siempre delicada de salud, paseaba por varias clínicas durante el año. Él era un chico tímido, de poca charla, que raramente salía a las afueras de la escuela. Le gustaba escribir historias que escondía celosamente en la habitación y que expresamente nos había pedido que no divulgáramos, y que no leyéramos nada. La quinta cama estaba libre. La usábamos para arrojar la ropa al terminar el día.
En el segundo piso estaban los dormitorios de las chicas, que era frecuentado a escondidas por Sanji. Siempre nos quería arrastrar a sus espionajes nocturnos, y terminábamos todos en una empresa ridícula, y la mayor parte se veían frustradas por algún profesor que andaba de ronda. Pero, este no sería uno de esos días. Como Nami cumplía dieciocho años, su madre había organizado una cena especial en su casa, a pesar de que era martes. Al entrar, Luffy se quitó la camisa del uniforme y la arrojó a la quinta cama. Luego se desparramó sobre la suya. Yo me quité los zapatos y me aflojé la corbata. Estaba cansado. Ese día no había sido de los mejores de mi vida. Ninguno había sido de los mejores de mi vida en los últimos dos años. El bachillerato no era para mí, o al menos no esa escuela. Al abrir el armario y ver mi guitarra, no pensé y la tomé. Hacía meses que no tocaba nada, pero no podía evitar desenfundarla y verificar que estuviese afinada.
─ ¿Tocarás hoy en casa de Nami? ─ soltó Luffy hablando con la boca pegada a la almohada.
─ No ─ fui tajante. No quería tocar el tema y además, Ace acababa de tocar y estaría en la reunión. Volví a guardarla, resignado.
─ ¿Dónde está Sanji? ─ supe que Luffy había optado por cambiar de tema. Se lo agradecí infinitamente, no tenía ganas de darle explicaciones.
─ Debe estar con alguna de sus amigas ─ comenté con molestia. Odiaba ese lado de mi amigo. Su obsesión con las mujeres y el sexo me crispaba los nervios. No tenía otro tema de conversación, excepto si le hablabas de cocina, cosa que ninguno de nosotros hacía muy a menudo. Realmente el rubio quería que todos tuviésemos sexo desenfrenadamente con cualquiera de las chicas que se nos tiraban encima, y ciertamente eran muchas, al menos en mi caso. Yo no tenía interés en eso, no me interesaba entablar relaciones con chicas, menos si eran tan mediocres y superficiales como todas las que asistían a ese Instituto. Tampoco era un extraterrestre que no había tenido relaciones con nadie, pero desde que Perona se había ido del país, no me había relacionado con otra. Perona es extranjera, con un carácter fuerte que había llamado mi atención desde el inicio. No nos habíamos enamorado, pero nuestros cuerpos nos habían pedido en varias ocasiones descargarse con el del otro. Y así lo hicimos, hasta que sus padres decidieron mudarse, y ella se fue sin mirar atrás. Desde entonces no me había contactado, ni yo había intentado hacerlo. No lo necesitaba, no la extrañaba ni había tenido nada serio con ella.
Nos alistamos para ir al ensayo de la banda de Ace en el galpón y de allí iríamos a la cena en casa de Nami. Me puse mis jeans gastados y una playera ajustada color verde, que hacía juego con mi cabello. Al cerrar la puerta del armario, me vi en el espejo. Quizá fuera demasiado llevar esa playera, ya que marcaba mis músculos. Me gustaba hacer ejercicio, y Luffy me acompañaba. A veces, cuando podíamos, corríamos por las tardes y hacíamos ejercicios en el parque, también solía levantar pesas e ir al gimnasio, cuando no era época de exámenes. Chasqueé la lengua y volteé, encontrándome a Luffy de frente, con el rostro lleno de pánico. Vestía una camisa azul de mangas cortas y un jean negro, pero algo en su semblante me indicaba que no estaba bien. No quise preguntar.
Salimos del Instituto directo hacia casa de Luffy, donde su hermano tocaría en su ensayo abierto. Todo el mundo sabía de eso, y de seguro habría mucha gente. Lo único que esperaba era no toparme con nadie desagradable, no cruzarme directamente con Ace, y terminar rápido con todo eso para abstraerme en mi habitación y estudiar algo para el día siguiente. En el camino nos topamos con Sanji, que llevaba dos mujeres, una de cada brazo. Eran chicas de otra división, también del último año. Seguramente sería un dúo dinámico, complotado para satisfacer sus necesidades sexuales con el idiota de mi amigo. ¿No se daba cuenta de que ese tipo de mujeres sólo lo buscaba para pasar un buen rato, aprovecharse de su idiotez, sacarle dinero y luego botarlo como basura? ¿Tanto le gustaba que lo tratasen como un imbécil? ¿Realmente disfrutaba de esas relaciones vacías y ahora por duplicado? Bufé y Luffy me miró con incredulidad.
─ ¿Estás aburrido? ─ me preguntó, apurando el paso para seguirme. Estaba tan ensimismado en mis pensamientos que no me había dado cuenta de que había aumentado mi velocidad al caminar. Divisamos también a Nami rodeada de amistades. Iba vestida con un jean ajustado, zapatos de tacón blancos y una camiseta de tiritas anaranjada. El cabello lo recogió con un broche con brillantes y se había maquillado, cosa que me llamó la atención porque era raro verla de aquella forma en la escuela. Se notaba desde lejos su entusiasmo por el festejo de la noche. Su hermana Nojiko también estaba allí, muy arreglada. Tiene la misma edad que Ace. Iba de pollera tableada, color uva y una camiseta escotada color blanco. Tenía el cabello suelto y un sutil maquillaje. Nos miró de reojo y sonrió, saludándonos con la mano. Luffy comenzó a transpirar, lo noté porque le brillaba la frente.
─ Vamos con ellas ─ sugerí con intención. Y él tosió forzadamente. ─ ¿A qué hora empieza en el ensayo? ─ pregunté con interés fingido.
─ A las ocho ─ dijo, con voz temblorosa. Miré mi Rolex.
─ Faltan quince minutos ─ anuncié mientras nos acercábamos a las chicas. Nami no se había dado cuenta de que estábamos allí. Nojiko parecía divertida, seguramente con la expresión de Luffy. Ella sabía tanto como yo sobre la situación entre él y Nami, y sobre todas las situaciones ridículas por las que habían pasado. ─ Deberíamos ir entrando sino nos quedaremos muy lejos ─ agregué, en un intento de darle a Luffy un empujón. Pareció funcionar porque se me adelantó y saludó animadamente a Nojiko. Nami instantáneamente volteó y le sonrió.
Media hora más tarde, mientras la banda de Ace tocaba un tema de Guns 'n Roses, noté que había bastante gente que no había visto. No sólo había chicos de la escuela, sino que había algunos más grandes, seguramente compañeros de Ace de la Universidad. Él estudiaba ingeniería naval en una ciudad cercana. El que no estaba era Sabo, el hermano mayor de Luffy. El año anterior se graduó como Abogado y había conseguido un trabajo en un buffet en Capital. Después de todo recién había iniciado marzo y todo el país comenzaba a moverse de a poco. El calor aún se hacía notar, a pesar de que el verano se estaba yendo. Yo estaba cruzado de brazos, contra una de las columnas del fondo, intentando no ensuciar mi playera con las telas de araña ni el aceite para motocicleta. Fue cuando divisé entre la multitud, porque era realmente una multitud para un pequeño galpón, una chica que de verdad no había visto antes nunca y me llamó muchísimo la atención ya que no era como las otras. Era alta, delgada, de cabello negro, que llevaba suelto y le llegaba hasta las escápulas. Vestía un vestido de tirantes, muy ceñido, con un gran escote en la espalda. La falda era demasiado corta y marcaba mucho su trasero. Tenía zapatos de tacón que resaltaban aún más su estatura. Estaba seguro de que me llevaba varios centímetros. Junto a ella estaba un tipo desagradable, que se hacía llamar "el Cocodrilo". Era famoso por sus negocios non santos, y más de uno decía que era el proveedor de cocaína del barrio, otros decían que era el mejor de la ciudad. No me gustó, definitivamente no me gustó la actitud del tipo, menos cuando la tomó por la cintura. ¿Qué hacía en el galpón de la casa de Luffy alguien como él? Además era evidente que esa despampanante mujer estaba con él, y no iba precisamente vestida como una colegiala inocente.
Me adelanté un poco. Una compañera me chocó y se disculpó. Cuando levanté la vista ya no estaban. Los busqué con la mirada y lo vi conversando con algunos de mis compañeros, en la puerta, con un puro en la boca. Torcí mi mueca, no me gustaba que él rondara por allí. Busqué a Sanji con la vista mientras me acercaba a ellos. Cuando lo vi, también me buscaba. Asentimos con la mirada y ambos fuimos al encuentro con el tipo. Nos paramos uno a cada lado del portón desvencijado e inmediatamente se percató de nuestras intenciones. No fue necesario que digamos nada ni que nos acercáramos, pues se fue junto con la chica sin que los echemos. La mujer que los acompañaba era preciosa, por un momento quedé prendado de su rostro.
─ Zoro ─ la voz de Sanji me sacó del ensimismamiento. ─ ¿Por qué estaban ellos aquí? ─ preguntó.
─ No lo sé ─ reaccioné inmediatamente, pero se ve que mi rostro estaba diferente porque Sanji se sorprendió.
─ ¿Te sucede algo? ─ preguntó. Parecía divertirse conmigo.
─ No ─ dije rápidamente. No podía siquiera mencionar a aquella chica y lo que pensé de su culo, digo de su cara, sino Sanji me castigaría con bromas de por vida. Sanji sacó un cigarro de la cajetilla. Últimamente lo había visto fumar sólo cuando estaba nervioso, así que supuse que ese era uno de esos momentos.
─ Deberías dejarlo ─ dije y di por zanjado el tema, volviendo a entrar al galpón, buscando a Luffy. Sanji no me siguió.
A las nueve y media estábamos sentados a la mesa en casa de Nami. Bellemere llevaba un sencillo vestido de mangas cortas color blanco. Había servido pollo con papas y Nami sonreía sentada en la cabecera de la mesa. Nojiko y Ace estaban sentados juntos y Luffy, Sanji y yo frente a ellos. Los demás invitados se habían repartido por el resto de los lugares libres en la mesa alargada, dispuesta en el patio de la casa. Comimos entre risas y comentarios sobre la escuela y fue entonces cuando noté el rostro compungido de Luffy. Un haz de luz me iluminó y lo supe: se había olvidado el regalo en el cuarto. Si regresaba por él, no lo dejarían irse de los dormitorios nuevamente. Así que luego del postre, me acerqué a él con sigilo y le propuse ir hasta el Instituto. Yo entraría y le arrojaría el paquete por la ventana, después de todo no tenía nada más que hacer allí y era él el protagonista esa noche.
Me despedí de Nami y Bellemere, esquivé a Ace y luego a Sanji, y nos fuimos corriendo por la calle con Luffy para que pudiéramos llevar adelante nuestro plan. Frente al portón que conducía a los dormitorios vimos movimientos extraños. Un Audi negro estaba detenido, en marcha, con las luces bajas encendidas. Dentro se divisaban dos figuras, una, estaba seguro, que era la de aquella mujer que vi antes en el galpón, y supuse que la otra pertenecía al Cocodrilo. Detuve a Luffy tomándolo por el brazo y lo atraje a la sombra que había sobre una de las paredes. Sería difícil entrar sin ser interceptados por ellos, pero lo lograría si iba solo a partir de ese momento. Mi amigo asintió y fue directamente hacia el lugar donde estaba la ventana de la habitación. Pasé junto al auto y no pude evitar escuchar el griterío. Estaban discutiendo fuertemente. Me hice el distraído y agradecí haberme puesto los auriculares, así pasaría totalmente inadvertido.
Arrojé el paquete a Luffy y lo saludé con un movimiento de cabeza. Todavía no tenía sueño, y lo que si tenía era mucha sed. Iría a la máquina de agua que había en el hall central de los dormitorios. Era tarde y nadie rondaba los pasillos, después de todo era martes. Bajé las escaleras y fue entonces que la vi sentada, con las piernas recogidas sobre el sofá. Los zapatos junto a ella y una suave música de fondo, una balada que no reconocí. Me acerqué a la máquina, tomé mi vaso de agua y me disponía a retirarme.
─ Hola ─ dijo ella. Tenía una voz de esas que te gustaría seguir escuchando por horas.
─ Hola ─ dije y continué caminando. No quería que me diera charla y estaba seguro de que me había visto antes cuando pasé frente al Audi.
─ ¿Hacia dónde está la habitación seis de las chicas? ─ preguntó, deteniéndome y mostrándome una enigmática sonrisa. El hall estaba tenuemente iluminado, pero de cualquier forma podía apreciar totalmente su belleza. ¿En qué demonios estaba pensado? ¡Era una completa desconocida! ¡No era alumna del Instituto y había estado antes con "el Cocodrilo"!
─ ¿Quién eres tú? ─ mi voz salió opaca y siniestra.
─ Nico Robin ─ se presentó y se puso de pie. Se acercó a mí extendiéndome la mano. Comprobé que incluso sin zapatos era más alta que yo. Recordé lo que el rector había dicho esa mañana. Ella era la hija de la profesora de Historia. La rata de biblioteca. Reí para mí mismo por mi estupidez al prejuzgarla, esa mujer no tenía absolutamente nada que ver con mi imagen mental sobre ella. Estreché su mano con desconfianza, pero no podía despreciarla.
─ Zoro Roronoa ─ me presenté por cortesía.
─ Un placer
