CAPÍTULO 01: EL RENACER DE LOS CABALLEROS DE ORO

CAPÍTULO 02: EL PLAN DE ZEUS

Saori caminaba siguiendo a Shiro. Gracias al cosmos de este, habían viajado en un momento a una especie de isla que ella no creía conocer. Al menos nunca le había parecido oír hablar de ella. Saori se fijo en las esculturas. Claramente eran griegas y muy antiguas.

- Shiro… ¿dónde estamos? No me suena para nada esta isla.

- No me extraña. Hace poco surgió de las profundidades del océano.

- ¿¡Cómo!? – Exclamó Saori sorprendida.

- El señor Zeus utilizó su cosmos para sacarla de las profundidades del mar. Durante la lejana era mitológica, este isla fue usada por el como base por así decirlo. Su cosmos rodea toda la isla, lo que la hace totalmente invisible a los satélites y ojos de los barqueros y pescadores.

- Entiendo…

Tras unos minutos más de camino, por fin llegaron a un enorme templo. Caminaron por un estrecho pasillo y finalmente dieron con una gran puerta que se abrió en cuanto ambos llegaron. Ambos entraron a la vez en la estancia. Estaba totalmente envuelta en la oscuridad y Saori no podía ver nada.

Algo parecido a unas pequeñas descargas encendieron unas antorchas en los pilares de la sala y esta se iluminó, descubriendo una enorme sala cuadrada en cuya zona interior había lo más parecido a un trono de piedra.

Saori observó la estancia y cuando miró a Shiro vio que este le hacía señas para avanzar. Así lo hizo, hasta llegar frente a las escaleras que ascendían al trono. En ese momento Saori se fijo en que el trono estaba de espaldas. Cuando volvió a mirar a Shiro, este estaba de rodillas.

- Mi señor Zeus – comenzó a decir Shiro con la cabeza inclinada -. Tal y como me pedisteis he traído a Atenea.

El trono comenzó a girar haciendo un fuerte ruido, resultado del choque de las piedras. Cuando se giro, apareció una persona que Saori reconoció al instante.

- ¡Abuelo! – Exclamó con sorpresa Saori al ver a su abuelo sentado en el trono.

Mitsumasa Kido se encontraba sentado en el trono donde debía estar Zeus. ¿Qué significaba tal cosa?

- Veo que aún te acuerdas de mí. Sin embargo, es una pena que me tuvieras que conocer bajo esta imagen.

Saori no entendió. La figura de Matsumasa Kido empezó a brillar y se convirtió en la de un bello joven.

- Aunque este es mi verdadero ser Atenea.

Saori no entendía nada. ¿Por qué Zeus había tomado la forma de su abuelo?

- Ha pasado mucho tiempo hija mía – dijo Zeus mirando a Saori con ternura -. Siete años hace ya.

- ¿Siete años? ¿De qué estas hablando padre?

- ¿No lo sabes mi pequeña?

- ¿Saber el que?

A Saori le pareció que Zeus había reído por lo bajo, y realmente lo había hecho.

- Dime… ¿querías mucho a Mitsumasa Kido?

- Si, a fin de cuentas fue la persona que me crió y me educó.

- Y dime… ¿crees que fue casualidad que esa persona te encontrará cuando aún eras un bebé?

Saori no entendía que intentaba decirle Zeus.

- No entiendo a donde quieres llegar padre.

- Te lo explicaré.

Zeus bajaba los escalones despacio pero con paso seguro. La túnica blanca, al más puro estilo de las que se usaban en la antigua Grecia, parecía no molestarle para nada a la hora de caminar.

- Cuando derrotamos a Cronos en la lejana era mitológica, como bien sabrás Hades, Poseidón y yo nos repartimos el territorio. Yo me quedé la tierra y los cielos, Hades el infierno y Poseidón los mares.

Saori asintió. Zeus se había detenido en mitad de la escalera de piedra.

- Sin embargo, muchos dioses codiciaban la tierra y yo no podía encargarme de guardar tanto la tierra como los cielos. Así que, viendo el interés que tenías en los humanos te la concedí a ti para que tu fueras quién la protegiera. Esto trajo la envidia de muchos dioses que empezaron a querer tener la tierra, como por ejemplo tu hermano Apolo.

Saori recordó el enfrentamiento con su hermano de hace poco. Gracias a dios, Seiya pudo derrotarlo y hacer que volviera a los cielos. Zeus continuó hablando.

- Cada cierto tiempo, te reencarnas en un ser humano bajo la gran estatua de Atenea que hay en el santuario para afrontar a los dioses que desean conquistar la tierra, pero en esta época hubo un problema con el que no contabas.

- Ares – dijo Saori y Zeus asintió.

- Así es. Tu hermano Ares llegó a la tierra un poco antes que tu poseyendo el cuerpo de uno de tus más fieles caballeros de oro. Esto ya me lo aviso el oráculo. El oráculo también me advirtió que un caballero de oro te salvaría y te sacaría del santuario, por lo que tenía que hacer algo para asegurarme que crecieras tal y como debías, es decir, crecer de tal forma que estuvieras lista con tus caballeros.

- Entonces… lo que quieres decir…

- Así es. Mucho tiempo antes de que tu volvieras a reencarnarte, yo abandoné el reino de los cielos y me reencarne en Mitsumasa Kido. Por desgracia, al reencarnarnos, los dioses no conservamos nuestros recuerdos y somos como humanos normales a no ser que se nos despierte, por lo que fue pura suerte que inconscientemente fuera a Grecia y allí te encontrará.

A Saori se le hizo un nudo en la garganta. Desde el primer momento había estado siendo vigilada por su padre Zeus. Los recuerdos sobre su abuelo volvían a su cabeza. Había sido una buena persona que siempre le había tratado bien y le había enseñado como debía comportarse una auténtica dama y como debía tratar a sus seguidores.

- El tema de tus caballeros no fue pura casualidad Atenea, Mitsumasa Kido a lo largo de su vida tuvo más de 100 hijos. ¿Te suena de algo?

- ¡Los 100 huérfanos! – Pensó Saori.

- Así es. Los 100 niños que Mitsumasa Kido mandó para convertirse en caballeros eran todos hijos suyos. Y la sabiduría y conocimiento que te transmitió fue toda de la sabiduría que yo tenía como dios.

- ¿Por qué hiciste tal cosa padre?

- Mi idea era quedarme en la tierra hasta que despertaras como diosa y estuvieras segura con tus caballeros, pero para mi desgracia el cuerpo de un mortal es muy vulnerable y algo tan tonto como una enfermedad puede acabar con ellos. Mitsumasa Kido murió y yo volví de nuevo a los cielos. Ya no pude hacer nada más que ser un mero espectador. Debo decir que hiciste un buen trabajo con Hades y Poseidón hija mía.

- No es algo de lo que me sienta orgullosa al tener que pelear contra ellos una y otra vez sin que entiendan la vida humana por muchas veces que la vivan.

- Ese problema ya no tiene que preocuparte, pues al fin y al cabo, has acabado para siempre con Hades. Su alma vagará para siempre en un infierno inexistente, jamás volverá a poseer un cuerpo divino hasta dentro de mucho tiempo. Y por lo que respecta a Poseidón, se encuentra bajo las aguas en su templo, por lo que no es algo de lo que haya que preocuparse.

- ¿Y tú padre? ¿A qué se debe que hayas bajado de los cielos a la tierra?

- ¿Yo? Te lo explicaré…

Zeus dio media vuelta y volvió en sus pasos hasta regresar a su trono.

- Quiero que vuelvas conmigo a los cielos hija mía. Que abandones ese cuerpo mortal y vuelvas a despertar como la diosa que realmente eres.

- ¿Y por qué debería hacerlo? La tierra es ahora mi hogar y mi deber es protegerla padre, hasta el final de mis días como humana.

- Eso es verdad. Así son las reglas que has impuesto. Pero ya va siendo hora que rompas esas reglas y regreses con nosotros. De todas formas poco puedes hacer ya por los humanos.

- ¿Por qué dices eso?

- El ser humano se acabará destruyendo así mismo y deberías saberlo ya. Se matan por tonterías como son por una miseria de pedazo de tierra, son capaces de matar a su propia familia para conseguir unas migajas de pan y no paran de destrozar el planeta una y otra vez. No merece ya la pena por luchar por ellos hija mía, la próxima vez que te reencarnes, ya no estarán aquí. Son así de egoístas. Me avergüenzo de haberlos creado.

- ¿Y acaso los dioses no son igual de egoístas? – Preguntó Saori mirando a su padre con firmeza.

- ¿Cómo dices?

- Los dioses también nos peleamos por territorios una y otra vez. ¿Cuántas veces hemos luchado unos contra otros? ¿Cuántas veces he detenido a Poseidón o a Hades para que no conquistarán la tierra? ¿Cuántas veces has detenido tú al resto de dioses para que no conquistarán el olimpo? Quieras o no padre, los dioses no somos muy diferentes de los humanos.

- ¡Silencio! – El gritó de Zeus resonó en todo el lugar y varias pequeñas descargas recorrieron la habitación. Los mismísimos ojos de Zeus echaban pequeñas descargas de rabia -. No compares a un dios con un humano Atenea, somos muy superiores a ellos. Nosotros somos impuros y ellos nuestra creación impura.

- ¿Eso piensas? Yo creo que somos igual que ellos e incluso peores que ellos.

- Mide tus palabras Atenea o puede que te arrepientas de lo que puedas decir. Llevas demasiado tiempo viviendo con los humanos y te has contaminado de sus ideas.

- ¿Tú crees padre? ¿Acaso tú no has vivido esas mismas experiencias siendo Mitsumasa Kido?

- Así es y he comprobado la misma codicia en persona y el lado más oscuro del ser humano Atenea.

- ¿Acaso no lo experimentaste ya siendo un dios en la lejana era mitológica?

- ¿Qué quieres decir?

- ¿Qué me dices de lo que le hiciste a Celmis? ¿Y como actuaste ante Dánae? ¿O el rapto que realizaste con Europa? Siendo dios has cometido los mismos crímenes que pueda cometer un humano e incluso mucho peores padre.

Celmis: Se dice que fue un amigo de la infancia de Zeus. Un día Hera se mosqueó de las payasadas que este le decía y pidió a Zeus que lo castigará, así lo hizo.

Dánae: Era hija de Acrisio, rey de Argos. Dánae no tenía hijos varones, lo que preocupó a su padre, por lo que acudió a un oráculo. Este le dijo que Dánae tendría un hijo varón que le quitaría el trono, por lo que Acrisio encerró a su hija en una torre. Zeus alcanzó a la joven transformado en lluvia dorada y de hay nació su hijo Perseo.

Europa: Una joven a la que Zeus raptó y violo convertido en toro.

- Un dios esta por encima de los humanos Atenea, y puede hacer lo que le plazca.

- Pero esos actos no son muy distintos a los que los humanos hacen hoy día. Tan solo son el resultado de lo que los mismos dioses han hecho. Violaciones, raptos, engaños, amantes, etc. Todo eso lo hemos traído al mundo de los humanos los dioses.

- En el tiempo que llevas en la tierra te has vuelto una muchacha muy mal hablada y yo no te eduqué para nada así Atenea.

- Tienes razón, quién me educó fue Mitsumasa Kido no tú.

- Me duele oír eso.

- Pues lo siento mucho padre. Ahora dime la razón por la que has bajado a la tierra. No creo que solo haya sido para devolverme al cielo.

- Tienes razón – Zeus se levantó de su trono - . No he venido solo para eso sino también para aniquilar mi propia creación, la raza humana.

- ¿¡Cómo!?

- Hace tiempo que tenía que haber terminado con ellos ya y los he dejado ir ya mucho a su aire. Fijate, ni siquiera nos adoran y nos sustituyen por falsos dioses como ese dios cristiano.

- Estamos en otra época padre. Las cosas no son como antes y ahora existen muchas más creencias que entonces.

- Aún así, yo fui quién los creo. Yo fui quién les dio la vida y les enseñó todo lo que saben y quién les ha dado a sus mejores héroes. Y aún así fijate, se han olvidado de nosotros y nos sustituyen por el dios que trajo un charlatán.

- Todo el mundo tiene derecho a creer otras cosas padre, no puedes imponer tus propias normas en una sociedad como la de ahora.

- Entonces la destruiré. Y haré que el ser humano empiece de nuevo. Para que así, se den cuenta de que los dioses aún existimos.

- No es algo que nosotros podamos imponerles. Creaste al ser humano para crear a una criatura libre, no para tenerla bajo tu madre.

- Y antes eran libres Atenea, pero nos respetaban y adoraban. Ahora son totalmente libres a sus creencias y crean falsos dioses. Esto ha de acabar ya.

- ¿Y qué planeas hacer?

- Dentro de poco lanzaré una tormenta eléctrica masiva sobre todo el planeta. El ecosistema se alterará y toda la raza humana perecera.

- ¡No puedes hacer eso!

- Puedo y lo haré Atenea. Los humanos son mi creación y yo puedo decidir cuando destruirlos.

- ¡Pero es injusto! Al día de hoy hay humanos que luchan por llevar la vida a un nivel mejor, no podemos eliminar a la gente que lucha por el bien de la humanidad.

- ¿Por el bien de la humanidad? ¿Hablas por ejemplo de aquellos que construyeron la torre de babel para alcanzar nuestro reino celestial? ¿O de aquella población de la Atlántida que acabo destruyendose a sí misma con su tecnología? Entiende Atenea que el ser humano cometerá siempre los mismos errores del pasado. Nunca aprenderá de lo que debe aprender.

- Al igual que los dioses.

- ¿Qué significa eso?

- Los dioses tampoco aprendéis que la tierra es mi hogar y esta bajo mi protección. Creí dejarselo bien claro a Artemisa, pero veo que no te ha transmitido el mensaje.

- ¿Significa eso que me vas a hacer frente Atenea?

- Así es – Atenea miró a su padre con mirada decidida. Este ni siquiera se inmutó.

- Me gustaría saber como. Has perdido a tus caballeros más poderosos y los únicos que quedan vivos no saben de tu paradero.

- Te enfrentaré aunque sea sola padre.

- ¿De verdad? ¿Aunque te tengas que enfrentar a todos ellos?

Zeus señaló a la zona derecha de la habitación que estaba envuelta en la oscuridad. Cuando Saori miró en esa dirección, le pareció ver algo parecido a un brillo dorado. Nueve figuras avanzaron. Saori, por el contrario, retrocedió sorprendida de lo que veía.

- N-No puede ser…

- Como ves – dijo Zeus - . No es solo a Shiro a quién he resucitado. ¿Por qué no os presentáis?

Los nueve caballeros avanzaron unos pasos. Shiro caminó hacía ellos y ocupó su lugar en el orden. Cada uno de ellos sostenía el casco de la armadura en la mano derecha, otros en la izquierda.

- Yo soy Marcus, caballero de oro del signo de tauro.

- Yo soy Pólux, caballero de oro del signo de géminis.

- Yo soy Creus, caballero de oro del signo de cáncer.

- Yo soy Leon, caballero de oro del signo de Leo.

- Yo me llamó Dalí y soy el caballero del signo de Virgo.

- Fenric, caballero de oro del signo de Escorpio.

- Shiro, caballero de oro del signo de Sagitario.

- Reus, caballero de oro del signo de Capricornio.

- Soy Boreas, caballero de oro del signo de Acuario.

- Y yo soy Narciso, caballero de oro del signo de Piscis.

Saori volvió a dar un paso hacía atrás.

- N-No puede ser…. Todos vosotros…

- Y por supuesto – dijo Zeus y Saori se giro para mirarlo - . Cuento con la protección de mis tres caballeros divinos.

Tres figuras envueltos en unas capuchas aparecieron de la nada. Los tres se quitaron las capas y dejaron ver a dos varones y una joven. Ninguno llevaba armadura, sino que más bien llevaban una capa muy parecida a la de Zeus.

- Me llamo Raiden, caballero divino del Trueno.

- Yo soy Sheila, caballero divino de la tempestad.

- Y yo me llamo Rolk, caballero divino del Rayo.

Saori no sabía que decir. Zeus contaba con la protección no solo de tres caballeros divinos elegidos por él, sino también por los diez caballeros de oro que pertenecieron al grupo de los más fuertes que jamás hayan existido.

- Ahora Atenea te lo explicaré de la siguiente manera. Tienes un día para decidir si volverás conmigo al cielo o pereceras con los humanos. Tú decides. ¡Llevadla a sus aposentos!

Los tres guerreros de Zeus fueron los que se marcharon con la joven. Cuando los cuatro se fueron de la habitación, ordenó a los caballeros de oro a acercarse. Todos obedecieron y se arrodillaron frente a Zeus.

- Conozco a mi hija y creo que sabré su respuesta, por lo que quiero que hagáis algo. ¡Shiro! ¡Boreas! ¡Reus! ¡Narciso!

Los cuatro caballeros que nombró Zeus se levantaron y dieron un paso al frente.

- Quiero que vayáis a buscar a los caballeros de bronce que lucharon contra Hades y alcanzaron el nivel de caballeros divinos.

- ¿Para que mi señor Zeus? – Preguntó Narciso.

- No me afecta que derrotarán a mi hermano, pero si que vistieran armaduras divinas que solo los dioses podemos usar. Además, quiero ver que tan fuertes son esos caballeros. Quiero que los busquéis y les deis el mensaje de que los estaremos esperando. ¡Partid!

- ¡Si señor! – Dijeron los a la vez y se marcharon.