Abril 9.
Instituto Kanenone Gakuen.
Ichibanboshi corría desaforadamente al dormitorio que compartía con sus amigos Tenjin, Bacchi-guu, y Yuusuke con un montón de cámaras y cintas. El muchacho entró al cuarto cerrando la puerta violentamente tras el, sorprendiendo a sus amigos.
-¡Muchachos –dijo el adolescente recuperando la respiración- nos descubrieron!
Bacchi-guu, un joven robusto de cabello castaño un poco largo (a la altura de la nariz, para ser exactos) se levantó rápidamente.
-¿Cómo dices? –inquirió alarmado.
-Eso les pasa por andar con esas cosas –comentó Yuusuke mientras seguía leyendo una historieta-. Son una bola de pervertidos.
Yuusuke era el único en ese cuarto que era tranquilo, a diferencia de sus otros tres amigos, a quienes apodaban el "Trío Baka" Hikaru Ichibanboshi tenía el cabello claro, casi rubio, hasta los hombros, era el más atractivo de los tres, Taizou Tenjin, por el contrario, era un muchacho muy alto, de complexión media y aspecto rudo de cabello muy corto, oscuro y de aspecto parado, y ojos del mismos color. El mas pervertido de los tres era Tadatomo Ijuin a quien apodaban "Bacchi-guu". No era el hecho de que el muchacho usara anteojos lo que lo hiciera verse poco atractivo, mas bien era su sobrepeso, aunque este no era excesivo. Y el hecho de ser tan alocado y pervertido no lo ayudaba mucho.
Bacchi-guu se acomodó los anteojos.
-¿Estás seguro de lo que dices? –inquirió el muchacho de lentes
-Sí –contestó Ichibanboshi-. Las chicas descubrieron las cámaras que pusimos en sus vestidores y dormitorios. La única cámara que pude recuperar fue la tuya, Bacchi-guu y algunas cintas… afortunadamente salí vivo.
Bacchi-guu respiró tranquilo.
-Vaya –dijo tomando las cintas- Por lo menos podremos ver lo que grabamos…
-No te pongas tan felíz –replicó Ichibanboshi- todas están en blanco.
-¿Queeeee? –exclamaron Tenjin y Bacchi-guu a coro.
-Futaba destruyó las cintas grabadas –respondió-. Además… ¿¡Cómo es posible que te preocupen mas las cintas que la vida de tu amigo!?
-Pues… -dijo Tenjin- No se te ve ni un rasguño.
-Sí –respondió Ichibanboshi- Extrañamente Futaba no me hizo nada, a pesar de que ella fue quien me cachó en la movida.
Mientras tanto, en uno de los dormitorios de chicas, se encontraban reunidas todas las muchachas.
-Ya estoy harta de que siempre nos estén espiando –Se quejó una joven de cabello oscuro.
Una muchacha de largo cabello violeta y ojos café rojizo miró a sus compañeras.
-Lo mejor es dejarlos confiados, que crean que se salvaron, y entonces… -dijo la muchacha chocando sus puños en forma amenazante- agarrarlos desprevenidos y darles su merecido.
-Pero… -intervino una chica de cabello corto castaño claro y ojos verdes- ¿No crees que estás siendo muy dura, Futaba?
Futaba miró a la joven con dureza.
-Ese trío de idiotas pervertidos ya nos han hecho muchas, Midori –replicó-. En especial ese gordinflón asqueroso.Ya es tiempo de que nos venguemos.
-¿Y qué vas a hacer, hermana? –dijo Wakaba, la hermana menor de Futaba.
-Hay que mantenernos juntas, y en cuanto yo les diga, los atacamos en masa, si huyen los perseguimos…
Esa tarde, el trío Baka se encontraba en el patio de la escuela. Bacchi-guu filmaba a las muchachas, quienes jugaban voleibol con esos cortos pantalones del uniforme de deportes, mientras Ichibanboshi y Tenjin observaban con atención.
Entre las chicas que jugaban se encontraba Futaba, quien miró hacia los arbustos donde los tres pervertidos espiaban, y al percatarse de la presencia de los tres muchachos, la chica hizo una seña que provocó que las muchachas se reunieran.
Bacchi-guu se encontraba muy afanado cambiando la cinta a su cámara de video, cuando alguien le arrebató la cinta recientemente grabada. El muchacho miró hacia arriba y se sobresaltó al ver que quien le arrebataba la cinta era nada menos que Futaba. Bacchi-guu sabía perfectamente lo ruda que era Futaba, por lo cual rápidamente se incorporó e intentó huir, sin embargo, el y sus amigos estaban rodeados. Futaba agarró a Bacchi-guu por la camisa.
-¿Adonde vas, gordo? –inquirió la muchacha con sus ojos fijos sobre el.
Bacchi-guu miró a su alrededor, y vió que sus amigos habían logrado emprender la retirada. Un grupo de muchachas los perseguían. Bacchi-guu por su parte, se encontraba rodeado.
-Esta vez no escaparás –dijo Futaba mirándolo con una sonrisa macabra.
El muchacho no sabía qué hacer, una frase vino a su mente…
-Si me va a llevar el diablo –pensó-… que me lleve en buen caballo.
El corpulento joven tocó uno de los pechos de la muchacha quien furiosa lo soltó para golpearlo salvajemente junto con sus amigas. Wakaba tomó a Togemura, un cactus que siempre llevaba con ella en una pequeña maceta y golpeó al infortunado muchacho con la planta llenándolo de espinas.
El pobre adolescente sufrió la golpiza de su vida.
Bacchi-guu aprovechó y se escabulló entre las muchachas y corrió sin rumbo hacia el bosque, huyendo de ese ejercito de jovencitas furiosas que aún lo perseguían. Bacchi-guu corrió hasta perderse en la espesura del boque. Las muchachas al perderlo de vista se regresaron al colegio.
Cansado de tanto correr, el depravado joven se detuvo cerca de lo que parecía ser un pozo, una noria a descansar.
-Esas niñas casi me matan –murmuró jadeando- No voy a regresar hasta mañana… no vaya a ser que me estén esperando para darme otra paliza. ¡Malditos Tenjin e Ichibanboshi! Se fueron sin mí.
En ese instante, Bacchi-guu escuchó un gruñido muy cerca de el y sintió una respiración muy cerca de el. El pobre muchacho se quedó paralizado por un momento.
-¡Que no sea un oso, por favor! –Pensó- ¡Que no sea otrooso!
Hacía algunos meses, Bacchi-guu había tenido una experiencia bastante traumática con un oso, cosa que no quería repetir. No fue algo que amenazara su vida, más bien se trataba de algo que como hombre le había sido muy humillante…. Y traumático.
El muchacho giró la cabeza rezándole al cielo que no se tratara de un oso…
Sus oraciones fueron ignoradas.
Bacchi-guu palideció. Tenía que pensar rápido.
-¿Me quedo con el oso –Se preguntó- o me arrojo dentro de ese pozo?
No tuvo que pensarlo dos veces. Era preferible arrojarse a la noria y morir con honor, que salir vivo y con la humillación de haber sido violado por segunda vez por un oso.
El joven cayó durante horas, parecía ser que ese pozo no tenía fin. El miedo comenzaba a apoderarse de el. Bacchi-guu siguió cayendo hasta que llegó un punto en el que perdió el conocimiento.
La luz del sol le daba directamente en la cara y era tan fuerte, que lo hizo abrir los ojos cegándose momentáneamente por el resplandor. Se levantó aturdido, sobándose la cabeza. Aún se encontraba adolorido y maltrecho por la paliza propinada por Futaba y sus amigas. Aún sentía el punzante dolor que causaban las espinas que aún tenía en su cuerpo al ser golpeado con el cactus de Wakaba. Se puso a revisar sus cosas; al parecer la cámara no parecía haber sufrido daño por la caída. Aún se encontraba en el interior del pozo, no obstante, el recordaba haber estado cayendo por horas, la caída parecía interminable, ni siquiera recordó en qué momento había llegado al fondo.
-Vaya –pensó- sigo vivo…
Bacchi-guu miró hacia arriba, el pozo parecía ser infinitamente menos profundo de lo que recordaba.
-¡Qué raro! –murmuró acomodándose los lentes, los cuales extrañamente sobrevivieron al impacto, parecía como si algo lo hubiera dejado ahí.
El muchacho notó unas enredaderas adheridas a las paredes del pozo por las cuales podía trepar hasta la superficie.
-¡Excelente! –exclamó mientras comprobaba la resistencia de la hiedra. Para su fortuna, podía resistirlo perfectamente.
El joven se dispuso a subir con cuidado.
-¡Caray! –pensó a medida que se acercaba a la superficie-. Juraría que era mucho más profundo…
Bacchi-guu por fín llegó a la superficie. Se sentía demasiado débil por el esfuerzo de la subida y la golpiza de la que fue víctima un día antes no le ayudaba nada. Cansado, el fornido muchacho miró a su alrededor; se encontraba en un jardín y ante el se levantaba un imponente castillo.
-¿Dónde estoy? –se preguntó- No recuerdo ese castillo.
Muy cerca de el, había rocas y arbustos, una voz femenina tarareaba una melodía. El muchacho se ocultó cuidadosamente entre los arbustos. Ante el estaba un baño a la intemperie donde una hermosa joven se bañaba plácidamente. La muchacha se levantó, lo cual permitió que Bacchi-guu la viera en su totalidad.
El muchacho se quedó sin aliento, ante el se encontraba una beldad como nunca antes había visto; su piel era blanca, como una nube iluminada por el sol, su rostro tenía facciones perfectas, de aspecto distinguido, los ojos azules como pálidos zafiros, su larga cabellera rubia la cubría como un manto de oro, sin tapar su esplendorosa desnudez. Observó con detalle su fina cintura, la curvatura de sus caderas, sus piernas perfectamente derechas, el fino trazo de sus curvas, los hombros rectos, delgados, femeninos le daban ese aire de elegancia, que pocas mucjeres poseen; sus grandes pechos robaban el aliento. Sus movimientos eran elegantemente femeninos, su rostro tenía una expresión que aunque aparentaba gran orgullo, también dejaba ver la dulzura de su carácter y la nobleza de su alma. Cosa extraña: tenía orejas largas y puntiagudas.
Pronto, Bacchi-guu se dio cuenta de que algo se rebelaba en su entrepierna.
-Teeen piedaaaaaad… -exclamó el muchacho mirándola embelesado.
La princesa no se había dado cuenta de la presencia del muchacho, para fortuna de este…
-Estoy en el cielo –murmuró convencido de que esa impresionante visión era un ángel.
En ese momento, el muchacho se colapsó cayendo dentro del agua.
La princesa de Hyrule se sobresaltó al ver caer desmayado a un extraño joven dentro de su baño. La rubia se acercó a el evitando que la cabeza del muchacho quedara dentro del agua, para sorpresa de la hermosa joven, Idril llegó al baño.
-Zelda, ya llegué perdón por la tardanza –dijo Idril, quien al ver a su amiga acompañada se sorprendió. Antes de que pudiera articular palabra, Zelda le pidió ayuda.
-Idril, ven, necesito tu ayuda –solicitó Zelda.
La muchacha se acercó a Zelda que se encontraba con un muchacho inconsciente. La hechicera notó que el desconocido estaba muy golpeado.
-De repente cayó en el baño –dijo la princesa preocupada-. Está muy herido.
-Una cosa sí es segura –dijo Idril al observar las orejas del muchacho- Este no es de aquí.
-Eso está claro –replicó la princesa de los ojos azules-. Podría pensar que es de Ordon, pero su vestimenta es muy distinta a la gente de allá.
-Tampoco puede ser de Kakariko –dijo Idril-. No tiene ni el tipo de rostro, ni la vestimenta.
-Y en la aldea escondida –reflexionó Zelda- sólo hay una habitante, la señora Impaz…
-Y esa bolsa que trae en la espalda, no se parece a nada que haya visto, bueno, en general nada de la ropa que usa se parece a algo que haya visto antes.
Idril lo examinó con cuidado.
-Zelda –expresó la hechicera al fín-. Tenemos un visitante de otro tiempo y espacio.
-Pues manda a llamar a alguien, hay que curar sus heridas –dijo Zelda mientras le mostraba las espinas que había en el cuerpo del muchacho.- ¡Caray! Mira, cómo lo dejaron… no sé qué clase de salvaje le hizo esto. Incluso está lleno de espinas...
-Tenemos que llevarlo a curar –puntualizó Idril.
-¡Hasta que despiertas! –le dijo una voz femenina en cuanto abrió los ojos- Estabas muy herido cuando te encontraron; afortunadamente no tenías nada grave. ¡Pero caray! ¡Te dejaron como alfiletero! Debiste haber visto la cantidad de espinas que había en tu cuerpo…
Bacchi-guu se levantó y miró a la mujer que lo atendía. Era una muchacha joven, de piel morena clara. Su cabello era negro, muy lacio con las puntas rojas. Aunque era bonita y de fِísico considerablemente llamativo, no le provocó lo mismo que la rubia que había visto anteriormente. Le llamó la atención que la chica también tenía orejas largas al igual que la rubia. En realidad, lo que ansiaba era volver a ver a la bella muchacha de cabellos dorados.
-¿Dónde estoy? –preguntó.
-No te preocupes –dijo la muchacha- estás a salvo en el castillo Hyrule.
-¿Hyrule? –Se preguntó- ¿A qué manicomio fui a parar?
-Tus ropas están limpias –indicó la muchacha-. Será mejor que te vistas rápido. Mientras, llamaré a la señorita Idril, para avisarle que has despertado. –dijo mientras salía por la puerta.
-¡Espera! –dijo el muchacho- No me has dicho tu nombre.
La muchacha se volteó y le sonrió burlona cruzada de brazos.
-Mi nombre es Enelya Númenesse –respondió- Trabajo en este castillo al servicio de la familia real al igual que mi esposo, quien trabaja como guardia. Si necesitas algo, llámame a mí o a mi esposo. Por lo general estoy en la cocina.
Bacchi-guu sonrió. Enelya salió de la habitación y cerró la puerta.
-¿Quién será Idril? –Se preguntó el muchacho mientras se vestía- ¿Será la hermosa chica rubia que ví antes?
Después de que se vistió, el adolescente se topó en el pasillo con una bella joven de orejas largas, mas sin embargo, no se trataba de la linda rubia. Su cabello era de un negro que a la luz del sol brillaba con reflejos púrpura, su piel era clara, pero no tanto como la de la muchacha del baño. La chica vestía una túnica oscura, la cual le cubría mucho el cuerpo y usaba un medallón con la forma de un ojo.
La muchacha se presentó.
-Mi nombre es Idril Celebrindal Calafalas -dijo inclinándose a modo de saludo- Me alegra que estés mejor. ¿Cuál es tu nombre y de dónde vienes?
Bacchi-guu se inclinó a modo de saludo. Lo que menos quería era ser golpeado de nuevo.
-Mi nombre es Tadatomo Ijuin –respondió- Vengo de el instituto Kanenone Gakuen.
Idril sonrió con amabilidad.
-Muy bien, Tadatomo –dijo Idril- Supongo que te has dado cuenta de que te encuentras en un lugar muy distinto al lugar donde vives. Mira, no sé de dónde exactamente vengas, pero algo sí es seguro… Estás en un plano dimensional diferente. Tu no perteneces a este mundo. Fuiste víctima de un fenómeno muy extraño que sólo se repite en ciertas condiciones que se dan cada mil años.
-Ya veo –murmuró el muchacho…
-Como sea… -dijo la chica mientras se encaminaba por los pasillos- ven conmigo, hay una persona muy interesante a quien quiero presentarte.
-Una persona… ¿Interesante? –inquirió el muchacho.
-No sólo eso, es una persona muy importante, así que procura comportarte lo mejor posible y muestra el mayor respeto.
Bacchi-guu asintió y la siguió sin decir nada.
Idril guió a Bacchi-guu por los pasillos del castillo. El muchacho observaba a su alrededor pasmado de tanto lujo. La voz de Idril lo sacó de sus cavilaciones.
-Cuando te encuentres ante ella –dijo Idril-, tienes que arrodillarte ante ella a modo de reverencia, y por nada del mundo le des la espalda. Si te da la mano, debes arrodillarte, si no lo estás y besar su mano. ¿De acuerdo?
-Sí… -respondió el muchacho.
Normalmente, Bacchi-guu se abría arrojado a Idril o a Enelya a manosearlas, de hecho habría hecho alguna de las estupideces que acostumbraba hacer para intentar conquistarlas (Y que nunca le funcionaban), sin embargo extrañamente había algo que impedía que el muchacho actuara como siempre lo hacía.
Tal vez era el hecho de encontrarse en un lugar extraño, o el hecho de ver guardias a cada extremo de los pasillos, o el simple hecho de que después de haber visto a la hermosa dama rubia desnuda en el baño, ninguna otra chica lograba impresionarlo, ya que la joven de cabello dorado había robado todos sus pensamientos.
Finalmente, llegaron a una sala muy grande iluminada por la luz que entraba por los grandes ventanales. Había guardias apostados a los lados de la sala usando armaduras con un extraño símbolo, parecían tres triángulos unidos en uno solo sostenidos por una figura alada, similar a un ave fénix. Bacchi-guu observaba boquiabierto el lugar.
Al fondo alcanzó a divisar lo que parecía un trono, y en lo alto de este, en lo más alto, había tres estatuas femeninas, y en medio de estas, el mismo símbolo de los triángulos. El muchacho había caído en la cuenta de que ese símbolo se encontraba casi en todos lados en ese castillo. Al llegar frente al trono, el joven vió a su acompañante arrodillarse, por lo cual hizo lo mismo, sin ver a la persona que ocupaba el trono.
-Princesa –dijo Idril- El joven ha despertado. He venido a presentarlo ante usted.
-¿Princesa? –Se reguntó Bacchi-guu desconcertado.
La princesa se acercó a el. Su voz sonaba tranquila, serena, llena de dulzura
-Levántate por favor –dijo.
El muchacho levantó el rostro y al verla se sorprendió. Allí, ante el, usando un vestido más hermoso de lo que cualquiera hubiera podido imaginar, estaba una mujer de una belleza exquisita, se trataba de la rubia a quien tanto esperaba ver...
Bacchi-guu se levantó boquiabierto. La princesa sonrió e hizo una pequeña reverencia a modo de saludo.
-Bienvenido –dijo-. Espero que hayas descansado y hayas sido bien atendido en mi castillo…
Bacchi-guu, quien se encontraba demasiado sorprendido solo asintió sin decir nada.
-¿Podrías decirme tu nombre? –inquirió la bella princesa.
-Ijuin –respondió el corpulento adolescente-. Tadatomo Ijuin… Bacchi-guu para los amigos… y si usted así lo desea, puede llamarme Bacchi-guu….
-¿Bacchi-guu? –Dijo la rubia- Es extraño… pero me agrada. De acuerdo… Bacchi-guu -dijo con una tierna sonrisa.
El joven sólo sonrió… la muchacha lo estaba tratando demasiado bien, por lo cual decidió luchar contra sí mismo para no arruinarlo.
-Te encontramos en el baño a la intemperie, caíste inconsciente mientras me estaba bañando –explicó la amable joven- Estabas muy herido, y tu cuerpo estaba lleno de espinas. Idril, me ha dicho que vienes de otro mundo paralelo a este, por lo cual no tienes la mas recóndita de dónde te encuentras, ¿No es cierto?
Bacchi-guu asintió.
-Bueno, para empezar te encuentras en el reino de Hyrule, este reino se divide en seis Provincias: Faron y Ordona al sur, Eldin al este, La Provincia del pico al noroeste y la Provincia del Desierto en el oeste. Nosotros nos encontramos en la provincia Lanayru, la cual abarca todo el centro, norte, y noreste. Es la provincia más grande –explicó la hermosa rubia- La aldea que rodea a este castillo, es Hyrule, también conocida como aldea del castillo, capital de Hyrule.
El muchacho la miraba embobado, sin decir nada.
-¡Oh! –Exclamó la joven- Pero qué tonta… con toda esta explicación he olvidado presentarme. Permíteme presentarme… Mi nombre es Zelda, Princesa de Hyrule.
El pobre de Bacchi-guu jamás se imaginó que algún día estaría ante una princesa, por lo cual decidió hacer lo que había visto en algunas películas. Luchando contra lo que en realidad deseaba hacer (Lo cual incluía decirle lo dispuesto que estaba a hacer de todo con ella y demostrárselo muuuy efusivamente); el muchacho hizo una reverencia y tomó la mano de la princesa.
-Es un gran honor y un placer para mí el conocerle, Princesa –dijo el muchacho al tiempo que besaba la mano de Zelda.
-Supongo que no hay forma de regresarte a tu mundo y tiempo original –dijo Zelda- Por lo cual he decidido que te quedes a vivir en el castillo como mi invitado todo el tiempo que desees. Después de todo, mi pequeña hermana, la Princesa Ireth y yo estaremos muy complacidas de tener a alguien proveniente de otro mundo viviendo con nosotros.
-Gracias, Princesa –respondió Bacchi-guu con una sonrisa.
-Bueno –respondió ella- Si me permites, tengo algunos temas importantes que tratar con Idril. Te vemos en un momento para comer algo. Siéntete libre de recorrer el castillo o de quedarte aquí si así lo deseas. Yo tengo que ir con Idril. Te veo en el comedor dentro de dos horas. En caso de que no sepas dónde está, pregunta a los guardias.
-Claro –dijo el-.
Zelda e Idril salieron del la sala del trono y se dirigieron a la biblioteca del castillo.
-¿Cómo lo ves, Zelda? –preguntó Idril.
-Pues no me cae mal –dijo Zelda- Aunque no puedo opinar mucho, ya que no lo he tratado lo suficiente. Sin embargo, hay algo que me agrada en el, no me preguntes qué… pero por eso decidí que se quedara aquí.
Idril le lanzó una mirada de complicidad.
-Pues… como que está algo gordito, ¿No te parece? O… –dijo Idril, quien de inmediato volteó a mirar a Zelda con los ojos muy abiertos- No me digas que te gusta… ¿Ya te olvidaste del famoso héroe?
-¡Claro que no! –exclamó Zelda sonrojada- Sólo que será interesante conocerlo. Además, tú lo has dicho, como que está gordito… No es mi tipo, eso lo sabes muy bien.
-Si… claro –murmuró Idril en tono sarcástico-. Bueno, el punto es que ya se recuperó.
-Por cierto –dijo Zelda- ¿No has visto a Ireth?
-No te preocupes por ella, debe andar jugando por ahí…
En cuanto Zelda salió de la cámara del trono junto con Idril. Bacchi-guu se quedó inmóvil un momento.
-Así que su nombre es Zelda –reflexionó el muchacho-. Es un nombre extraño, pero agradable… suena importante, perfecto para una princesa como ella… Princesa Zelda.
En ese momento, el chico miró hacia el trono y repentinamente, para sorpresa de los guardias que se encontraban en el lugar su semblante cambió.
-¡¡Ahí estuvo sentada Zelda!! –exclamó eufórico arrojándose sobre el trono.
Dos guardias se miraron entre sí y se fijaron en lo que el invitado de la princesa estaba haciendo. El muchacho frotaba su rostro frenéticamente contra el acolchado asiento del trono.
-¡Sí! –Decía Bacchi-guu con frenesí de enajenado- ¡¡Aquí estuvo sentada esa mujer tan hermosa!! ¡Cómo quisiera ser este trono sólo para tenerla sentada sobre mí! ¡Aún puedo percibir su aroma de mujer! –exclamó mientras ponía su cara contra el cojín y aspiraba hondo- ¡Aaaaahh! ¡Ese dulce aroma de mujer! ¡Desearía ser su ropa interior!
-Así que tú te quieres tirar a mi hermana… -dijo una voz de niña justo detrás de el.
El muchacho volteó sobresaltado a mirar a la persona que se encontraba detrás de el.
La niña tenía aproximadamente 11 años y era tan bonita como su hermana; con grandes ojos color azul-verdoso, su largo cabello era castaño claro. Usaba un hermoso vestido color blanco con celeste. Era similar al de su hermana en cuanto a el hecho de usar una especie de armadura en la parte de los hombros, sólo que ésta era mas pequeña y mas ligera, por lo cual cubría menos, con todo esto, Bacchi-guu se dio cuenta de que se trataba de la hermana menor de Zelda, por lo cual corrigió su comportamiento lo más que pudo.
Bacchi Guu se levantó y se arrodilló ante ella.
-Mi nombre es Tadatomo Ijuin –dijo el muchacho mientras se arrodillaba- Mis amigos me llaman Bacchi-guu.
-Conmigo no finjas –dijo La niña con una sonrisa burlona- Yo sé que eres un grandísimo pervertido, y para colmo eres un idiota. Y así crees que mi hermana va a querer algo contigo.
La niña se acercó hacia el.
-Aunque… -le susurró la niña al oído- Conociéndola como es, en un descuido y a media noche mi hermana se meta a tu alcoba y empiece a desnudarse para luego meterse en tu cama y tocarte.
El joven se sonrojó violentamente mientras una gran sonrisa se dibujaba en su rostro y algo se rebelaba en su entrepierna. La niña lo miró con indiferencia.
-De verdad que eres un degenerado –comentó- ¡Despierta! Mi hermana no se fijaría en ti aunque estuviera desesperada –dijo la niña cruzada de brazos-. Ella es demasiada mujer para ti.
El muchacho no dijo nada, sólo agachó la mirada. Realmente le había dolido escuchar esa dura realidad.
La niña, al ver esa expresión en el rostro del muchacho sintió lástima por el. Después de todo, el pobre tipo se encontraba en un mundo que no era el suyo, en un lugar extraño y sin forma de regresar a su lugar de origen. Tal vez lo único que podría hacer que su vida en esa tierra desconocida para el fuera mas llevadera, y que incluso valiera la pena era la esperanza en conquistar a la bella princesa de cabello dorado. La niña lo miró con compasión.
-Aunque… -dijo ella en tono mas dulce- si te controlas un poco, por lo menos cuando ella esté presente, es posible que hasta te haga caso… Sólo cuídate de que ciertas personas en este castillo no se enteren de lo pervertido que eres, si mi hermana se entera, te echa del castillo.
-Tu no vas a decirle nada, -dijo Bacchi-guu esperanzado- ¿Verdad?
-Normalmente cualquier favor mío tiene un precio –dijo la niña- Pero como sé que vienes de otro mundo, dudo que tengas rupias en tu bolsillo, así que…. Mi silencio es gratis, eso es de siempre. Por otro lado, si necesitas algo, sólo por este día no te cobraré. Y por piedad… ¡No vayas a andar de pervertido tras otras muchachas por que entonces yo misma me encargo de que Zelda te eche no sólo del castillo, sino de Hyrule!
-De acuerdo –respondió el chico-. Y tu nombre es…
-Ireth –respondió la pequeña- Princesa de Hyrule, segunda en la lista de sucesión al trono. La heredera es Zelda, y no creas que si te casas con ella, vas a resultar rey, por que según las leyes de Hyrule no pasarías de Príncipe consorte.
-¿Y? –dijo el muchacho- ¿A quién le importa el trono? ¡Con sólo tener el cuer… el corazón… bueno, a tu hermana es suficiente para ser afortunado!
Ireth sonrió.
-¿Sabes qué? –Dijo Ireth- En verdad me agradas… Salgamos de aquí…
Ireth salió de la cámara del trono en compañía del gordito Bacchi-guu. Sin embargo, se regresó con los guardias que estaban junto al trono.
-Y ustedes no vieron nada -advirtió.
Los guardias se miraron el uno al otro.
-Bueno –dijo uno en cuanto se fueron- Por lo menos sabemos que no va tras la trifuerza, ni tiene intenciones de apoderarse del reino.
-Pues no… -respondió el otro- Nomás quiere a la princesa…
-¿Y quien no? –respondió su compañero.
Ambos guardias se echaron a reír.
En la cocina había un gran alboroto con respecto al invitado de la princesa Zelda. No faltaban las especulaciones. Entre el montón de cocineras y sirvientes que se encontraban en la cocina, se encontraba Enelya, quien deshojaba una especie de flores de un extraño color blanco-verdoso, mientras oía los chismes que corrían entre la servidumbre del castillo Hyrule.
-Pues yo escuché que la Princesa Zelda está perdidamente enamorada del joven que salvó esta tierra –Decía una señora gorda mientras condimentaba un lechón.
-¿Del muchacho de Ordon? –respondió una señora mayor que lavaba unos vegetales- Si, eso todo el mundo lo sabe. Harían una bonita pareja, si me lo preguntan.
-De hecho –Respondió la joven que lavaba los pescados-. Todos en Hyrule desearían que la princesa terminara casada con el héroe. Eso sería lo ideal.
-Pero el está enamorado de una tipa de Ordon –respondió una chica que desplumaba unos pollos- Además si hay alguien en Hyrule que no se entusiasma ante la idea de que la princesa se case con el héroe, es Telma, la de el bar ¿Verdad, Enelya?
Enelya era sobrina de Telma, la dueña del bar, quien conoció a Ilia, y ella misma ayudó al héroe y a un grupo a salvar el reino.
Telma le había tomado mucho cariño tanto al Héroe como a Ilia, por lo mismo, a ella no le agradaba mucho el hecho de que el pueblo de Hyrule deseara que Link (ese era el nombre del héroe) se quedara con la princesa Zelda. Enelya realmente no le interesaba la tal Ilia, de hecho, la joven de Ordon no le agradaba del todo, ya que por su causa, a la princesa Zelda se le veía una gran tristeza en sus ojos.
Enelya terminó de deshojar todas las flores, y puso los gruesos pétalos en un recipiente, el cual le pasó a otra cocinera quien se dispuso a guisarlos.
-Pues yo ya he visto a la tal Ilia… y no le llega a la princesa ni a los talones –dijo-. Además me cae mal.
La chica de los pescados terminó de lavarlos y se puso a descamarlos.
-Oye, Enelya –dijo mientras descamaba un pescado-. Cambiando de tema, tú hablaste con el invitado, ¿Verdad?
-Sí -respondió Enelya-… es agradable.
-¿Cómo se llama? –inquirió la gorda mientras ponía a rostizar el lechón.
-Se llama Tadatomo Ijuin –respondió Enelya- aunque prefiere que lo llamen Bacchi-guu.
La mujer mayor comenzó a partir los vegetales.
-Pues tal vez ese joven de otro mundo sea el que haga a la Princesa Zelda olvidarse de su tristeza –dijo-. Tal vez el sea la persona que las diosas depararon para ella.
Enelya se echó a reír como loca. La otras se le quedaban viendo sin entender.
-Se ve que no lo han visto –comentó ahogándose de la risa-. El muchacho no es guapo, además está gordo –señaló Enelya para luego romper a reír de nuevo.
-¿Qué tan gordo? –preguntó la chica de los pescados.
-No mucho –respondió Enelya limpiándose las lágrimas que le habían brotado de tanto reír-. He visto más gordos que el, simplemente, se ve un poco mas grueso a comparación de un muchacho promedio.
En ese momento, un guardia entró a la cocina y llegó directo con Enelya.
-Anda, Enelya –dijo la mujer mayor-. Llegó tu marido.
-Acabo de ver al famoso "Huésped real" –dijo en tono burlón-. Está locamente enamorado de nuestra princesa… ¡Pero es un auténtico pervertido! Azael y Sebastián lo vieron en e cuarto del trono cuando se presentó con la princesa Zelda. Dicen que se portó bien, pero que en cuanto la princesa Zelda se fue con la señorita Idril, el tipo se arrojó al trono restregando su cara contra el asiento donde la Princesa estaba sentada y oliéndolo.
-¡Santas Diosas! –exclamaron las presentes.
-La princesa Ireth lo descubrió en el acto, y lo chantajeó –dijo el guardia.
Enelya sonrió.
-Bueno, querido –dijo-; Al menos con un invitado como este, no nos vamos a aburrir.
Ireth y Bacchi-guu llegaron al comedor justo a la hora en que Zelda había dispuesto. La mesa estaba elegantemente dispuesta con exquisitas viandas. Ireth se sentó a la derecha de Zelda, como siempre y a su izquierda se encontraba Bacchi-guu. Idril se sentó al lado de Ireth.
-Y dígame, Joven Ijuin… -dijo Zelda queriendo comenzar la conversación-. ¿Cómo fue que llegó aquí?
-Pues… -respondió Bacchi-guu algo sonrojado- Estaba huyendo de unas salvajes que me golpearon, y cuando las perdí de vista me encontraba cerca de un pozo, y mientras descansaba me dí cuenta de que ahí había un oso, por lo cual salté al pozo, mientras caía perdí el conocimiento y de pronto… desperté y subí por unas enredaderas, y llegué a este lugar.
-¡Eso no tiene sentido! –exclamó Idril- Pudiendo escapar del oso… ¿Preferiste arrojarte a un pozo?
-Digamos que pasé por una situación muy traumática en la que estuvo involucrado un oso –explicó el muchacho- Por eso no soporto a esos animales cerca…
Zelda lo miró algo apenada.
-¡Oh! Debió haber sido muy duro para usted…-dijo Zelda con esa dulce voz.
-Como no tiene idea… -murmuró el muchacho.
La princesa puso su mano sobre la del joven, cuyo rostro enrojeció. Zelda lo miró con ternura.
-No se preocupe –dijo la rubia princesa con su mano sobre la del adolescente-; Aquí estará seguro, en mi reino no abundan los osos, y menos aquí en los alrededores del castillo. Puede estar tranquilo.
Bacchi-guu miraba a Zelda embelesado, no podía disimular lo mucho que le gustaba la princesa de los ojos azules. Ireth e Idril intercambiaron miradas, ambas habían notado la mirada del sujeto.
Esa noche, Bacchi-guu se topó con Enelya quien regresaba de la alcoba de la princesa, la chica (Digo chica por que era joven a pesar de estar casada) le lanzó una mirada burlona.
-¿Cómo está el huésped real? –Inquirió Enelya- Escuché que te quedaste como huésped por tiempo indefinido en este castillo…
-Si-comentó el chico-, la princesa Zelda fue muy amable…
-Y… ¿qué te parece nuestra gobernante?
El muchacho se sonrojó y su semblante cambió, de solo recordar la belleza de la princesa se ponía como loco.
-¡Es la mujer mas hermosa que he visto! –Decía mientras se echaba al suelo y comenzaba a rodar ante la mirada atónita de Enelya- ¡Nunca había visto una mujer tan hermosa! ¡Y creéme que he visto muchas mujeres hermosas!
¡Ese cabello rubio! ¡Esos ojos tan azules! ¡Y esos pechos! ¡Esos pechoooooos! ¡Quisiera chu…!
-¡De acuerdo, de acuerdo! –Lo interrumpió la chica- Te entendí perfectamente. Y te recomiendo que si quieres tener a la princesa cerca, más vale que no intentes pasarte de listo, si no quieres que te echen del castillo o peor aún, que te ejecuten.
-Sí, lo sé… -replicó Bacchi-guu.
-Eso espero… -dijo la muchacha mientras sujetaba el canasto de ropa que llevaba en sus manos-. ¿Oye, quieres ayudarme con esto?
El muchacho aceptó, después de todo, le convenía hacer amistades en ese castillo. Bacchi-guu tomó el canasto y acompañó a Enelya hasta un enorme cuarto lleno de cestos mas grandes, en cada uno estaba escrito el nombre de algunos miembros de la corte de Hyrule, Bacchi-guu no pudo leer a quien correspondían, ya que eso estaba escrito en alfabeto Hyliano. Ahí había varias mujeres con uniformes similares al de Enelya.
-Dame el canasto –señaló la chica- Muchas gracias.
-No hay problema –respondió el.
El muchacho estaba a punto de marcharse a su cuarto, cuando Enelya lo siguió hasta afuera de la lavandería.
-¡Oye, Bacchi-guu! –Dijo la muchacha- olvidé darte tu recompensa… Gracias por ayudarme.
Enelya se acercó a el y le dio un bulto. EL muchacho se dio cuenta de lo que se trataba. El bulto en su entrepierna se hizo evidente.
-Son de la princesa –dijo Enelya con una risita-. Recién usados por ella ¡Que los disfrutes!-agregó guiñándole el ojo.
El muchacho se restregó las pantaletas de la princesa Zelda contra el rostro extasiado. Enelya sintió pena ajena.
-Por favor –dijo la chica cerrando los ojso para evitar ver tal escena-Haz eso en tu cuarto a solas.
-Sí, tienes razón –dijo el- ¡Gracias!
-Y algo más –advirtió Enelya- Sólo escóndelas bien y por lo que mas quieras, no digas que yo te dí esa pantaleta y ese sostén…
-Claro –dijo el muchacho mientras se iba.
Enelya se le quedó mirando con burla.
-Eso es lo único que podría aliviarte –dijo- La princesa Zelda es demasiado para ti.
Bacchi-guu estaba a solas en su cuarto, dormido, cuando el sonido de la puerta lo despertó. El joven se levantó sobresaltado y entonces vió una silueta femenina ante el.
-¿Quien es? –pensó.
El viento nocturno sopló fuerte dejando pasar la luz de la luna.
Era la princesa Zelda.
El muchacho se incorporó, en tanto ella se subía a la cama. La piel de Zelda era de un blanco luminoso bajo la luz de la luna. Los azules ojos brillaban con una mirada ávida, perturbadora y llena de deseo. Sus labios sonrosados ligeramente abiertos. Llevaba una bata transparente, un camisón muy revelador.
-¿Te asusté? –Inquirió la rubia.
-No –balbuceó el muchacho.
La princesa se fue acercando cada vez más y más despojándose de la ropa.
-Hazme el amor –gimió en tono suplicante.
Bacchi-guu se arrojó sobre ella ansioso.
Entonces abrió los ojos.
La princesa Zelda no se encontraba ahí, ¡Qué tontería! Eso hubiera sido demasiado perfecto para ser real. Y todos sabemos que lo real no es perfecto.
Una suave brisa soplaba ese día en el hermoso Lago Hylia, la hierba era perfectamente fresca, verde. El agua, limpia, pura y cristalina. Al mirar hacia arriba, podía uno ver el puente de Lanayru, que pasaba por encima del lago a varios metros de altura, y mas allá, alo lejos alcanzaba a verse la colosal edificación del desierto, lugar donde se encontraba el ya destruído espejo de Twilight.
Zelda disfrutaba esa vista tan hermosa parada a orillas del lago Hylia. Los pájaros saludaban a la mañana con su trinar y la suave brisa la acariciaba, jugando con su larga cabellera rubia. Por alguna razón, Zelda solo usaba el corsé y el fondo. La princesa se recargó contra un arbol, cuando sintió que alguien le acariciaba los hombros. Ella volteó sobresaltada, y ahí estaba… Su cabello ondeaba al viento, entre castaño claro y rubio oscuro, sus ojos azules la miraban con intensidad.
Ese rostro… ese rostro tan querido para ella, que le robaba el sueño desde que lo conoció en aquellas circunstancias tan difíciles.
-Link… -murmuró.
El heroe elegido, aquél que había ayudado a salvar su reino, y el reino de Twilight se encontraba ante ella. El apuesto guerrero la abrazó, ella hundió su rostro en el pecho desnudo de Link y aspiró su aroma. Link tomó dulcemente el mentón de Zelda haciéndola levantar el rostro y la besó con pasión. Una fuerte sensación de electricidad se apoderó de ella.
De pronto, la princesa sintió cómo el joven le desataba el corpiño. Sintió como su propio corazón latía desmesuradamente, su respiración se volvía más y más agitada en tanto Link la libraba del incómodo ceñidor. La princesa y el héroe campesino cayeron tumbados sobre la hierba, besándose con desesperación. Rodando en el suelo…
La princesa Zelda abrió los ojos sobresaltada y rápidamente se levantó violentamente sonrojada. La rubia se llevó una mano al rostro mientras miraba a su alrededor respirando agitadamente con sus ojos azules desorbitados de la impresión. Después se llevó la mano al pecho. Sus mejillas tenían un vivo tono carmesí.
-No es posible… -pensó.
Zelda se levantó y fue hacia la ventana.
-Debo olvidarme de Link –se dijo a sí misma mientras miraba en dirección al sur,- El ya tiene a alguien, y debo entenderlo…
La rubia tomó el portarretrato que se encontraba sobre su mesa de noche y lo miraba con gran nostalgia.
-¿Por qué tuvieron qué asesinarte? –murmuró mientras acariciaba la imagen pictográfica del portarretrato-Si estuvieras aquí, no estaría pasando por esto… No sentiría lo que estoy sintiendo por el…
