Capítulo 2


Stefan se puso a la defensiva

- Lo prometiste

- Lo se hermanito, no quiero problemas, tan solo he venido a ver como os va todo.

- Quiero que te largues. Ella no puede verte.

Damon resopló

- No me verá, tan solo dime si está bien y me iré. Tengo una vida ¿sabes? No es mi intención abandonarla para volver a meterme en problemas.

- ¿Estás con alguien? - preguntó incrédulo

- Sip. Muy rubia y muy mona. No es tu tipo, a ti te van las morenas.

- No se si alegrarme por ti o lamentarlo por ella.

- No seas borde, hombre. Es lo más parecido a una vida normal que llevo desde hace años. Podrías alegrarte por mi. - se cruzó de brazos y levantó una ceja – ¿no tienes nada de beber? - preguntó inocentemente

- No. Ya te ibas. No puedes estar aquí – sentenció Stefan

Damon miró a su alrededor y localizó una fotografía de Elena sobre una mesa. Se acercó y la tomó en sus manos, observándola atentamente.

- Está guapa – afirmó con aire pensativo

Stefan apretó los dientes y contó hasta tres antes de hablar.

- Es de hace un par de meses.

Damon afirmó con la cabeza sin perder detalle del rostro reflejado en la foto. No estaba guapa, estaba preciosa. Y su sonrisa parecía real porque se reflejaba en sus ojos. Era feliz. Sintió una punzada de amargura en la boca del estómago pero rápidamente apagó el interruptor y el dolor se disipó. No había estado todo este tiempo intentando olvidarla para echarlo todo a perder por una puñetera fotografía. La depositó de nuevo sobre la mesa y observó a su hermano con suspicacia.

- Tiene buen aspecto.

- Está bien. Bonnie y yo nos preocupamos de protegerla.

Esbozó media sonrisa irónica.

- Ahh, esa brujita pequeñaja... nunca le caí bien. ¿Sigue siendo tan susceptible como siempre?

- Yo no tengo problemas – respondió Stefan cruzándose de brazos.

- Porque no te conviene. Te sale mas rentable llevarte bien con ella. Tiene mala leche – le guiñó un ojo.

- Se hace tarde, Damon, lárgate. No puedes estar aquí.

- Tranquilo hermanito, ya me largo – se dirigió tranquilamente a la puerta de lo que antaño fue su casa y la abrió quedándose momentaneamente quieto. Dejó caer la cabeza y resopló – cuida de ella como lo has hecho hasta el momento. Parece que os va bien.

- Lo haré. Descuida.

Damon asintió varias veces como asimilando lo que acababa de oír y tras unos instantes, cerró la puerta tras de sí y se alejó de allí sin mirar atrás.

Stefan todavía se estaba reponiendo de la visita de su hermano cuando Elena entró en la estancia visiblemente emocionada.

- ¡No te vas a creer lo que ha ocurrido! El profesor Morrison ha insinuado que Caroline no es la persona más adecuada para llevar a cabo los preparativos de la fiesta anual de fin de curso de la universidad. ¿Te lo puedes creer? Está tan ofendida que está pensado cambiar de universidad al año que viene. A veces creo que ella se toma estas cosas demasiado en serio, no es tan importante... - se interrumpió a si misma cuando vio que Stefan la miraba absorto – ¿qué ocurre?

Stefan cambió relajó el semblante con rapidez y sonrió

- Nada, tan solo tengo un mal día, eso es todo.

- ¿Has dormido mal?

- Algo así, anda, ven aquí – y abrió los brazos para que ella se acomodara entre ellos. La estrechó con ternura y depositó un beso en la coronilla - ¿qué me decías de Caroline?

Ella continuó la historia pero no pudo evitar sentir que algo importante había ocurrido y que Stefan no le estaba diciendo toda la verdad.

Al rato bajó al salón en busca de un libro de texto que se había dejado tirado por ahí la noche anterior. Stefan acababa de salir y no volvería hasta el día siguiente por lo que iba a aprovechar para estudiar un rato. Se dirigía al sofá, cuando se paró en seco, justo en mitad de la estancia. Sobresaltada miró alrededor como buscando algo fuera de lugar pero no observó nada extraño. Aparentemente todo estaba en su sitio. Parpadeó varias veces intentando centrarse cuando la foto que Stefan había colocado sobre la mesa dos meses atrás llamó su atención. Estaba ligeramente torcida. Ladeó la cabeza pensativa y se acercó a ella. La tomó con cuidado y la observó detenidamente. Era extraño porque en realidad no se reconocía a si misma. ¿Era ella esa chica que parecía tan feliz?

Ella no se sentía feliz. Se sentía incompleta. Y egoísta.

Un sentimiento de culpa azotó su corazón, provocando que sus manos temblaran y obligándola a dejar la foto en su sitio si quería evitar que se le cayera de las manos y el cristal se hiciera añicos.

Decididamente llevaba demasiado tiempo si verle. Le echaba tanto de menos que dolía.

Reprimiendo a duras penas las lágrimas que se agolpaban en sus ojos, salió corriendo de la estancia y se encerró en su habitación. Tras largo rato llorando amargamente, el cansancio la venció y se durmió.

Cuando se despertó todo estaba oscuro. Se frotó los ojos intentando enfocar la vista y se percató de que estaba tapada. Le pareció extraño porque ella se había dejado caer sobre la cama. No recordaba haberse metido en ella. Se incorporó ligeramente y tuvo la sensación de que no estaba sola.

- ¿Hay alguien ahí? - preguntó y al instante se sintió estúpida. ¿Quién iba a haber? Hacía mucho tiempo que la calma había vuelto a Mystic Falls, su vida había vuelto a la normalidad. Nadie iba a esperar entre las sombras para lastimarla.

Se sentó en la cama y parpadeó varias veces. Su estómago rugió, lo que la hizo preguntarse por la hora.

"Las 8 de la noche, vaya, ya decía yo que tenía hambre" pensó. Se dirigió a la cocina y metió la cabeza en la nevera buscando huevos para cocinar un revuelto de verduras.

Sin embargo, nada pudo evitar que los huevos se estrellaran contra el suelo debido al sobresalto que sufrió tras cerrar la puerta de la nevera.

- Hola Elena.

Continuará...