Disclaimer: Todo es de Marvel, Disney y bla, bla... No busco hacerme rica con esto.
Soundtrack recomendado: Postcard from 1952 - Explosions in the Sky
Dulce de hielo
Loki vagaba por los pasillos del castillo desquiciante, insoportablemente solo. Thor estaba enfermo o algo así, por ello no podía salir al jardín. De todos los días que pudo haberse enfermado eligió este, el menudo tarado. Y eso que se sentía el más fuerte. Ajá, sí, claro. Nada más te pega una brizna de aire frío y ya estás tosiendo y moqueando, para desgracia mía, soquete.
Todo por el malbendito clima de Vanaheim (bendito por lo cómodo que se sentía en esa temperatura, maldito porque le quitó a su lerdo compañero de juegos), ¿quién habría dicho que no todos los inviernos eran como los de la dorada Asgard, templados e inofensivos? Thor seguro que no contaba con ello; ni lo mucho que podría afectarlo. De haberlo sabido, seguro que ni aceptaba la invitación de su padre (bueno, a saber, seguro que si le decían que su vida peligraba, el rubio sería el primero en la fila).
El príncipe pelinegro nunca supo lo mucho que le hacía falta su hermano hasta que pasaron dos días y él ya estaba aburriéndose como ostra. Intentó de todo: exploró todos los rincones del pequeño (minúsculo) castillo en el que estaban hospedados, le hizo unas cuantas bromas a la servidumbre (sin mucho éxito, al parecer las bromas no eran tan divertidas sin tener espectadores), descubrió la biblioteca y hojeó algunos libros que no tenían en Asgard. El último intento para mantener la compostura fue jugar con la nieve en el jardín. Loki nunca antes la había visto, y tuvo la enorme fortuna de presenciar una tormenta invernal la noche anterior desde su ventana (mientras Thor yacía en su lecho, agonizante, cubierto de pieles). El espectáculo le pareció majestuoso. A primera hora de la mañana bajó al patio de armas y a los demás jardines para sentirla y manipularla. Hasta hizo un poco de magia en el jardincito frente a la habitación de su hermano. Pero, al igual que con las bromas, al no tener a nadie con quien compartir sus fechorías, el resultado no era del todo satisfactorio.
A regañadientes, tomó la resolución de ir a visitar al rubio vástago de su padre. Quizá fuese a molestarlo con lo mucho que se estaba perdiendo y lo bomba que se la estaba pasando sin él. Llegó a la habitación de su hermano y tocó un par de veces. Nada. Entornó la puerta y pudo ver a su padre y a Thor envuelto en una gruesa capa de piel de zorro mirando a la ventana, de espaldas a él, completamente absortos en algún espectáculo que, al parecer, se llevaba a cabo en el jardín que hacía pocos minutos había abandonado, ambos permanecían cogidos de la mano. A Loki no le habría importado morirse en ese momento, de lo solo que se sentía. Siempre sentía un pinchazo en la boca del estómago cada que veía una escena del estilo. Por más que tratase, no podía encontrar esa complicidad paternal con Odín que, al parecer, se le daba con toda naturalidad a su hermano. Iba a girarse y marcharse hasta que, por un chirrido de las bisagras de la puerta, ambos se dieron cuenta de su presencia.
Su padre giró el cuello y agitó su mano libre, invitándolo a acercarse.
—Ah, Loki, ven aquí. Fíjate qué bonito.
El pelinegro corrió a colgarse de la mano de su padre, infinitamente emocionado. Ahora él estaba a la izquierda de su padre y Thor a la derecha. Al observar hacia la ventana, a Loki le dio un vuelco en el corazón: era su obra, la magia que acababa de hacer en el jardín. Aunque a él se le había hecho poco, visto desde arriba era una hermosa contemplación. El mundo parecía como de cristal helado: cada ramita pelada de árbol, cada gota de agua en la fuentecilla, cada aguja de conífera, todo estaba revestido de un traje transparente que seguía con asombrosa precisión hasta el menor detalle de los objetos. Odín apretó un poco su mano, atrayendo su atención y al voltear la mirada pudo ver a su padre mirándolo largamente y dedicándole una pequeña sonrisa.
—Te perdiste de la mejor parte. Thor y yo pudimos ver cómo esta maravilla fue creada.
Estaban admirando su obra. Su padre y su hermano consideraban hermosa su obra. Loki no podía creerlo. Le devolvió una enorme sonrisa y ambos, padre e hijo, quedaron mirándose largamente.
—Ha quedado hermoso Loki, estoy orgulloso.
A Loki no le hubiera importado morir justo entonces. Probablemente nunca fue más feliz.
