Batman había desaparecido y Richard Grayson, es decir el primer Robin, actual Nigthwing, había quedado a cargo del manto de su mentor. No sólo de su manto, sino también de todas sus pertenencias, especialmente de su hijo biológico de diez años. Richard, o Dick, como lo llamaban sus amigos, se encargo de inscribir a Damián en la Academia Gotham para que pudiera estudiar y seguir con la farsa de un niño normal.
Por supuesto el pequeño opuso toda la resistencia que pudo. Pero de nada sirvió porque igual termino siendo llevado a la escuela por Alfred.
Era indignante estar en ese salón rodeado de niños, niños de cuerpo y mente. Que sólo hablaban de juegos, viajes, programas de televisión y otras tonterías. Él era Robin, y era un ex miembro de liga de asesinos. Él era el hijo de Batman y tenia que lidiar con esos mocosos. Estos eran los pensamientos de Damián, los cuales cesaron cuando vio entrar a su maestra, ahí fue cuando pensó como un reflejo involuntario: "Já, lo único que me faltaba, una hippie".
Muy equivocado no estaba, la maestra era un joven de veintidós años, de piel blanca, muy blanca para opinión de Damián, sus ojos eran color café y su estatura sería alrededor de unos 1,60 metros. Lo que llama su atención era su cabello. Eran bucles de oro que caían como cascada sobre sus hombros. Venia vestida con un vestido color verde manzana, sin mangas, con un saco de fino hilo blanco que cubría sus delicados brazos. Su cabello suelto, y en sus muñecas muchas pulseras de variados colores, aros largos y un rosario de cuentas verdes colgaba de su pálido y delicado cuello. Sus zapatos de tacones eran de color verde al igual que el bolso que traía. La maestra sonrió dulcemente a los niños y hablo con alegría.
-¡Buenos días niños y niños! Soy su maestra este año y me llamo Sophie Leblanc. –dijo animada la señorita mientras escribía su nombre en el pizarrón. Con una letra clara, delicada y prolija.
Los niños y niñas sonrieron alegres y saludaron al unísono:
-¡Buenos días señorita Leblanc! –saludaron a coro con mucho entusiasmo, claro, todos excepto Damián.
La maestra sonrió y tomo el aire para continuar hablando:
-Este año veremos muchos temas nuevos, van a aprender distintos conocimientos y una vez a la semana dedicaremos una hora para los juegos. –anunció sin perder su sonrisa.
Los niños y niñas se miraron entre si y sonrieron de acuerdo y animados. Damián observaba a su maestra y sentía deseos de arrojarse por la ventana. Era demasiado alegre, se parecía Grayson o no, tal vez era peor que Grayson, porque tenía esa dulce y a la vez inocente sonrisa.
-¿Qué les parece si nos presentamos todos y nos conocemos? –pregunto gentilmente Sophie.
Los niños sonrieron y asintieron con un suave movimiento de sus cabezas. La maestra se acercó a una de las filas y le acarició los cabellos rubios a una niña.
-Muy bien pequeña… empieza tú. –comentó con una amable sonrisa.
La niña de largos y castaños cabellos le correspondió la alegría a su maestra y se presentó. Así uno a uno fueron prestando los niños y niñas, el último fue Damián y mucho la idea no le gusto. Miro con cara de pocos amigos a su maestra y sólo dijo su nombre:
-Me llamo Damián Wayne. –dijo seriamente el joven Robin.
Sophie sonrió tiernamente y le acarició los cabellos a Damián, cosa que al niño lo molesto mucho y volvió a peinarse el cabello como lo tenía. La señorita comenzó a escribir en el pizarrón y se dio media vuelta.
-Niños… niñas vamos a comenzar la clase, saquen sus cuadernos. –dijo con una sonrisa.
Damián suspiro, al fin todo ese circo había terminado. Sin embargo esa maestra no dejaba de sonreír, era tan molesto para él. Sus primeros pensamientos fueron que seguramente la señorita Sophie Leblanc era una hermana no reconocida de Grayson. Aunque físicamente no se parecían ni en el color de ojos.
Al terminar la clase Damián fue el primero en salir corriendo, Alfred lo estaba esperando en el coche y lo llevo de nuevo a la mansión Wayne. Durante el viaje el prudente y a la vez sabio mayordomo preguntó:
-¿Cómo ha sido su primer escuela señor Damián? –preguntó Alfred.
-Horrible Pennyworth. –se limito a responder Damián.
Alfred sólo sonrió divertido y continuo mirando el camino por el cual conducía el coche. Pensó en que Richard seguramente molestaría a Damián todo el día para que le cuente como había sido su primer día en la escuela.
La señorita Leblanc salió de la escuela apresurada. Comenzó a caminar acelerada por las calles, mirando su reloj a cada rato. Mientras caminaba por azares del destino chocó con un joven, el cual la tiró de espaldas al suelo. El hombre vestía pantalones vaqueros, camisa blanca con sus tres botones de arriba desprendidos. Sophie se sonrojó cuando el muchacho le tendió su mano y la ayudó a ponerse de pie. Era muy guapo, de cabello negro, corto y un mechón blanco y ojos verdes. Tenía una contextura musculosa y una galante sonrisa.
-Lo siento iba distraído y no la vi, señorita. –se disculpo el joven.
-Oh no. Está bien. Yo iba mirando mi reloj y no lo vi. Discúlpeme usted a mí. –dijo amablemente Sophie.
El joven la miro fijamente y después sonrió, con respeto le tendió la mano a la señorita de largos cabellos rubios.
-Déjeme ayudarla Señorita. –comento de forma caballerosa el muchacho.
Sophie sonrió amablemente y tomó la mano del muchacho, quien la ayudo a ponerse de pie nuevamente.
-Gracias… que amable. –respondió Sophie.
El joven sonrió y continúo hablando respetuosamente con la joven.
-Me llamo Jason. Es un placer señorita. –se presentó de manera galante el muchacho.
Sophie sonrió ampliamente y con cortesía y estrecho la mano del joven.
-Sophie Leblanc. –respondió con educación.
-¿Sophie Leblanc? ¿Eres francesa? –pregunto interesado Jason.
La chica de largos y rubios cabellos sonrió divertida.
-No. Pero mis padres sí. Yo nací en esta ciudad. Aunque hablo muy bien el francés. –respondió amablemente Sophie.
-Ya veo. ¿Puedo acompañarla Milady? –pregunto caballeroso el joven.
La señorita Leblanc sonrió pero por unos instantes sintió un deja vu, sólo una persona la había llamado así. Finalmente le respondió con educación al joven:
-Es usted muy amable. Pero no. Puedo ir sola. Au revoir. –saludo educadamente y continuo su camino.
Jason sonrió divertido y observo a la joven de larga cabellera rubia. Sin duda ese sería un día muy interesante para él.
-El padre Roland tenía razón… ha crecido mucho. –murmuro sin perder su sonrisa.
El antiguo Robin continuo su paso hacia donde se suponía que debía llegar. Mientras caminaba su mente se remontó a aquella reunión que había tenido con un viejo amigo y consejero, el padre Roland.
Flash back.
Jason se encontraba en el asilo Arkham, luego de haber sido vencido por Richard Grayson y Damián Wayne, es decir los nuevos Batman y Robin.
En uno de esos días el joven fue visitado por un sacerdote que tenía alrededor de cuarenta y cinco años, vestido con sotana negra y mucho más maduro de lo que Jason recordaba. Su cabello rubio se estaba tornando blanco, pero su mirada y su expresión austeras continuaban siendo las mismas.
El sacerdote se sentó frente a él y con una amable sonrisa le hablo.
-Ha pasado tiempo… pequeño Jason. –lo saludo de manera paternal.
El segundo Robin abrió sus ojos de la sorpresa al ver a su padre espiritual.
-Padre Roland. –lo nombro boquiabierto. – ¿Qué hace usted aquí? –pregunto confundido.
El sacerdote sonrió amablemente y hablo sin perder ese tono paternal en su voz.
-He venido a hacerte una propuesta para que salgas de aquí. Pero antes debes hacerme una promesa y cumplirla. Si no cumples con estas condiciones regresaras aquí Jason. –explico Roland.
Jason frunció el ceño confundido. No entendía a donde quería llegar el padre Roland.
-No entiendo. ¿Qué condiciones? ¿Qué tengo que hacer? –pregunto asombrado.
El sacerdote sonrió amablemente y continúo hablando con tranquilidad.
-Verás Jason tengo un amigo que es juez, justamente el juez que atiende tu causa. Le dije que yo podría recibirte en mi fundación y que podías hacer trabajo comunitario allí. Cuando tú estabas bajo la tutela de Bruce Wayne yo además de ser sacerdote estaba estudiando medicina. Hace unos años me recibí de psiquiatra y abrí una fundación en donde tratamos y educamos a niños con necesidades especiales que sus padres no pueden pagar una escuela. –comento el padre Roland.
Jason suspiro y acercó más su silla a la mesa. Apoyo los codos sobre la mesa y miro a los ojos al sacerdote.
-Lo sé padre. En ese lugar usted y varios amigos suyos educan a niños que tienen deficiencias psicológicas y que sus familias no tienen dinero para tratarlos. Pero… ¿Qué puedo hacer yo? –pregunto confundido.
El sacerdote tomó la mano de Jason entre las suyas y le hablo como si fuera su padre.
-Quiero que vengas a ayudarnos. Necesito voluntarios y sé que tú me ayudarás. –respondió Roland.
El antiguo pupilo de Batman abrió grandes sus ojos de la sorpresa.
-¿Qué? –pregunto confundido. –Pero… yo no soy psiquiatra ni me especializo en educación o en psicología. ¿Cómo podré ayudar a esos niños con necesidades especiales? –pregunto sin comprender la situación.
El sacerdote sonrió divertido y dejo escapar una suave risita.
-Mi querido niño… no es necesario tener un título para poder ayudar. La mayoría de mis ayudantes son sólo maestros y sacerdotes. Ya te encontraremos un lugar. ¿Qué dices? ¿Aceptas? –pregunto el padre Roland.
Jason quedo unos segundos en silencio analizando la propuesta. La cual no era mala ya que solo tenía que ayudar al clérigo con su fundación para niños con necesidades especiales. Sin embargo había algo allí que no le cerraba.
-Padre Roland… ¿Seguro que es todo? Porque siento que tiene algo más para mí. –dijo seriamente.
El sacerdote volvió a reír y acercó su silla más a la mesa para hablarse en secreto al joven que tenía enfrente.
-Si Jason hay algo más. Necesito que cuides de mi sobrina. Ha recibido muchas amenazas de muerte y estoy preocupado por ella. Ya que como tú sabes Sophie es mi debilidad. –respondió Roland.
Cuando el joven Red Hood escucho ese nombre sus ojos se iluminaron, y el sacerdote no pudo obviar eso.
-Sophie… –murmuro preocupado, confundido y con una mezcla de emociones que inundaban su corazón.
-Si Jason… Sophie… ella trabaja conmigo en la fundación. Y… como sabes yo trabajo en barrios carenciados en donde el tráfico de drogas corre libremente. Mis compañeros sacerdotes y yo informamos en secreto a Batman y la policía sobre esto pero… Sophie… ella es mi debilidad y si algo le llega a pasar… –explico el cura pero no pudo terminar porque su propia angustia lo silencio.
-¿Por qué no le pide ayuda a Batman para protegerla? –pregunto desconfiado Jason.
-Porque a él no le importa una sola persona. Pero sé muy bien que a ti sí. –respondió astuto el padre Roland.
Red Hood se sonrojo hasta las orejas cuando escucho esa respuesta. ¿Desde cuándo sabía el padre Roland sobre sus sentimientos?
-¿Cómo está ella? –pregunto tímidamente Jason.
-Está bien. Ha crecido mucho. Es maestra en la Academia Gotham y además enseña a los niños de la fundación. –respondió con una sonrisa el sacerdote.
Jason miro fijamente a los ojos azules del sacerdote y con seriedad volvió a preguntar.
-¿Ella está en peligro? –pregunto seriamente.
-Sí. Temo que algo malo le pase. –respondió el padre Roland.
Red Hood exhalo un largo suspiro y le tendió la mano al sacerdote.
-Acepto. Dígame… ¿Qué condiciones debo cumplir? –pregunto seriamente.
El padre Roland Leblanc sonrió tranquilamente y asintió con un movimiento de su cabeza.
-Muy bien. Mi primer requisito es… nada de muertes. No quiero que mates a nadie, por más que se lo merezca no jalaras del gatillo para matar. –dijo seriamente el sacerdote y con su dedo en alto.
Jason exhalo un largo suspiro pero finalmente asintió con un movimiento de su cabeza.
-Está bien. No matare a nadie tiene mi palabra. –respondió no muy convencido.
-Y mucho cuidado con mi sobrina. Mantén tus deseos pecaminosos lejos de ella. –lo regaño gravemente.
Jason miro fijamente a su acompañante pero después soltó una carcajada divertida. Ante la mirada confundida del sacerdote.
-Padre Roland… le juro por mi vida que nunca lastimaría a Sophie. De hecho es por ella que acepto su propuesta. Le prometo que nadie le hará daño. Yo la protegeré. –dijo seriamente Jason.
El padre Roland sonrió y le tendió la mano a Red Hood.
-Muy bien Jason. Gracias por tu cooperación. –dijo amablemente el sacerdote.
-Al contrario Padre… gracias a usted por preocuparse por mí. Porque sé muy bien que esto que está haciendo es para ayudarme. No porque Batman no quiera apoyarlo. –dijo de forma astuta.
El sacerdote de larga sotana negra se sonrojo porque pensó que el niño, al cual había ayudado durante su infancia, no se daría cuenta. Roland se puso de pie y camino hacia la salida.
-Nos veremos pronto pequeño Jay. Cuídate por favor. –sonrió de manera paternal.
-Adiós padre. –correspondió el saludo. En ese instante una sonrisa infantil y amorosa se asomó por el rostro de Jason. –Sophie… –susurro suavemente.
Fin del Flash back.
Sophie llego a un barrio carenciado en donde un alto y viejo edificio se alzaba frente a ella. Allí la esperaba su padrino, el padre Roland, creador y director de la fundación, "Jésus bon samaritain". En ese lugar los niños, de familias de clase baja, que estaban enfermos psicológicamente recibían tratamiento y educación. El padre Roland había luchado mucho por levantar un lugar así y sólo había recibido apoyo de sus amigos y más allegados, uno de los cuales había donado el edificio. Sophie lo ayudaba y les dictaba parte de las clases a los niños con necesidades especiales.
Al llegar al lugar, entro a la sala de reuniones y se percató que estaba llegando tarde. Grande fue la sorpresa de la joven cuando vio que su Padrino estaba presentando a Jason a los demás maestros y maestras. El joven de cabello negro sonrió divertido cuando vio a Sophie y ella abrió sus ojos sorpresivamente.
-Jason… –lo nombro con una dulce sonrisa en su rostro.
-Milady. –se inclinó ante ella caballerosamente el joven Todd.
Los presentes sonrieron divertidos y se miraron cómplices y la ahijada del padre Roland se sonrojo levemente en las mejillas y volvió a sonreír, ante la galante mirada del muchacho de cabello negro. El fundador del lugar miro a los jóvenes y hablo seriamente.
-¿Qué está pasando aquí? –pregunto cruzado de brazos.
Sophie miro a Jason y después se acercó a su padrino.
-Es que el joven Jason y yo ya nos conocíamos. Hace unos minutos lo encontré cerca de aquí. –respondió sonriente la joven de largo cabello rubio.
El padre Roland le lanzó una mirada asesina al joven Todd y después se dirigió a su ahijada.
-Sophie quiero presentarte a Jason Peter Todd. Él se va a encargar de unos arreglos aquí en la fundación y después dará clases junto con ustedes. Quiero que confíen en Jason, yo lo conozco desde que era un niño y es una buena persona. –dijo seriamente el sacerdote de rubio cabello y ojos azules.
En el lugar había tres maestras y dos sacerdotes jóvenes, los cuales eran seminaristas, de larga sotana negra, los presentes cruzaron miradas entre si y asintieron.
-Está bien Padrino. –sonrió amablemente Sophie.
Una de las maestras llamada Adéle se acercó al sacerdote y hablo con Prudencia.
-Padre Roland… para ser maestro de niños especiales se requieren ciertos conocimientos, me gustaría saber ¿En que está capacitado el joven Jasón? –pregunto una maestra de larga cabellera castaña, peinada con rodete, de mediana estatura y aparentaba unos cuarenta años.
-Jason ha estudiado mucho, pero él se encargara de la parte física de los niños. Hace tiempo que necesitábamos un profesor de recreación en el lugar. –respondió tranquilamente Roland.
Las otras dos maestras se acercaron a Sophie y una de ellas, la más joven, la cual aparentaba unos treinta y cinco años, cabello largo hasta sus hombros y alisado, de ojos negros y contextura delgada, llamada Jane, susurro a sus compañeras.
-Y claro… con esos músculos y ese cuerpo tan trabajado, es obvio que es profesor de gimnasia ¿No lo crees Sophie? –pregunto sutil Jane.
La joven de larga cabellera rubia se sonrojo hasta las orejas.
-Ehh… bueno… supongo que tienes razón. –respondió tímidamente.
El padre Roland fijó su mirada en su sobrina y la llamó.
-Sophie ven conmigo, tengo que hablar a solas contigo. –dijo seriamente. –Jason tú también. –los llamo el director de la fundación.
El joven Todd miro de reojo a Sophie, quien le sonrió dulcemente y se acercó a él. Los dos juntos caminaron junto al sacerdote y entraron en una oficina. El lugar estaba decorado con pinturas de santos y sobre el escritorio había una mediana imagen de la Virgen de Lourdes, patrona de la ciudad de nacimiento del padre Roland. El sacerdote se sentó en una vieja silla y miro seriamente a los dos jóvenes.
-Sophie hay un detalle sobre Jason que omití para que nuestros compañeros puedan aceptarlo sin juzgarlo. –hablo prudente Roland.
La señorita Leblanc miro al joven Todd y a su padrino confundida.
-¿A qué se refieren? –pregunto sin comprender.
-Sophie… Jason estuvo en el asilo Arkham, él… hará su trabajo comunitario aquí, quisiera que lo ayudes y que seas tú una de las que hable con el oficial que vendrá a verificar que esté haciendo su trabajo. Sé muy bien, que tú, mi ahijada, nunca juzgarías a Jason por esto. –explico tranquilamente Roland.
La joven de larga cabellera rubia con bucles, se sorprendió pero luego de unos segundos sonrió tiernamente.
-Por supuesto que no. Nunca lo juzgaría. Yo te ayudare Jason. Espero que nos llevemos bien. –dijo dulcemente Sophie.
Roland sonrió tranquilamente al ver a su ahijada tan amable y Jason le correspondió la sonrisa a la amable jovencita.
-Te lo agradezco. –respondió Todd.
El sacerdote se puso de pie y le hablo a su sobrina.
-Muy bien. Sophie muéstrale el lugar y preséntaselo a los niños. –pidió amablemente Roland.
Sophie sonrió tiernamente y se acercó a Jason, con una dulce sonrisa le indico que la siguiera.
-Vamos Jason. –dijo la joven rubia.
Jason la siguió sin dejar de observarla, mientras caminaban, el joven de cabello negro la miraba y pensaba en lo mucho que había cambiado físicamente. Había crecido considerablemente y estaba más hermosa, su cuerpo ya era el de toda una mujer, estaba vestida de verde y su vestido, algo escotado, dejaba al descubierto su cuello. De altura estaba más alta, pero Jason le llevaba mucho, Sophie llegaba al cuello de Jason.
-¿Sucede algo? –pregunto tímidamente Sophie al sentir la fuerte mirada del joven sobre ella.
-No… nada. Estaba mirando el lugar. Necesita algunos arreglos. –comentó inocentemente.
-Sí, es un lugar viejo. El dueño es un amigo de mi padrino por eso lo dono. Pero necesitamos hacerle algunos arreglos. Es bueno que vengas a ayudarnos. –sonrió dulcemente la joven.
El joven Todd la miro amablemente y con discreción le preguntó.
-¿No te molesta mi pasado? Es raro que no preguntes sobre ello. –dijo mientras miraba hacia otro lado para evitar la mirada de la joven.
Sophie sonrió y con delicadeza tomó la mano de Jason, logrando hacer que el joven recién llegado la mirara.
-No me molesta Jason. Y no voy a preguntarte sobre eso a menos que tú quieras contármelo. Por cierto… está es el aula donde doy clases. –respondió amablemente la joven.
Al abrir la puerta el joven Todd vio una humilde habitación repleta de pupitres y un pizarrón. Cerca de la pared había un escritorio, de madera vieja y corroída donde descansaban algunos libros. Los niños que estaba esperando a Sophie no superarían los catorce años. Eran diez niños y diez niñas, de varias ascendencias y todos tenían síndrome de Down. Sophie entró y saludo con una enorme sonrisa la cual sus alumnos correspondieron.
-Buenas tardes mis lindos niños y mis lindas niñas. –saludo alegremente.
-¡Buenos días Señorita Leblanc! –exclamaron festivamente los niños y niñas
La joven de larga cabellera rubia le hizo señas a Jason para que entrara, él la obedeció y se paró junto a ella.
-Niños… niñas quiero presentarles al señor Jason Peter Todd. Jason va a trabajar con nosotros, así que lo van a ver seguido por aquí. –lo presento amablemente Sophie.
-Mucho gusto pequeños. –saludo el joven Todd.
Las niñas y niños cruzaron miradas entre ellos. Las niñas se sonrojaron y comenzaron a preguntar:
-Señorita Leblanc, ¿El Señor Todd nos va a dar clases también? –pregunto una niña de cabellera castaña y ojos negros.
-Así es Ana, Jason les va a dar clases de recreación. –respondió Sophie con una amable sonrisa.
Otra niña levanto la mano y se dirigió a Jason.
-Señor Todd… ¿Usted también es sacerdote como los otros maestros? –pregunto una niña llamada Christine.
El joven de cabellera negra sonrió y negó la pregunta de la niña.
-No. Yo no soy sacerdote. –respondió amablemente.
Al escuchar eso las niñas sonrieron y se miraron entre sí.
-Es usted muy guapo Señor Todd. –opino una niña de diez años llamada Paulette.
Sophie sonrió divertida y se tapó la boca para que la carcajada no saliera. Jason la miro perplejo pero enseguida respondió:
-Gracias. –alegó confundido.
-Señor Todd… ¿Usted tiene novia? –pregunto una niña llamada Marie. Al hacer está pregunta todos los niños comenzaron a reír y se miraban entre ellos mientras reían alegremente.
Jason se quedó perplejo y miro a Sophie buscando una respuesta pero finalmente suspiro y hablo con tranquilidad.
-¿Cómo te llamas pequeña? –pregunto con una amable sonrisa.
-Marie… Señor Todd. –respondió sonriente la niña.
-Bien… Marie… no… no tengo novia. –dijo Jason sin perder su calmada sonrisa.
Las niñas inmediatamente comenzaron a murmurar entre ellas y sonreían divertidas. Al igual que Sophie.
-Señor Todd. –lo llamo Marie. – ¿Puedo llamarlo Jason? –pregunto dulcemente.
Jason sonrió divertido pero Sophie respondió por él con tranquilidad.
-No Marie. Él será tu maestro y por lo tanto debes tratarlo con respeto. –dijo con tranquilidad.
-Está bien Señorita Leblanc. –respondió cabizbaja la niña.
-Bueno… ha sido un placer conocerlos. Nos veremos otro día. Los dejo con la clase de la señorita Leblanc. –los saludo Jason con una amable sonrisa.
-¡Adiós Señor Todd! –saludaron alegres.
Jason salió del aula acompañado de Sophie, quien cerró la puerta para hablar unos minutos más con su nuevo colega.
-Son muy dulces y alegres, te sentirás a gusto aquí. Y creo que serás la sensación entre las niñas. –comentó la ahijada del padre Roland al mismo tiempo que reía divertida.
Jason exhalo una carcajada divertida y asintió.
-Eso parece. Deben estar contentas de tener un profesor que no sea sacerdote. –respondió en un tono bromista.
-Debe ser por eso. –opino Sophie sin perder su sonrisa. –Debo irme, los niños me esperan. –dijo apenada.
-Sí. Nos veremos más tarde. –saludo Jason, sin poder entender los sentimientos que comenzaban a aflorar en su interior.
La señorita de largos bucles rubios sonrió con dulzura y entro al aula. El joven Todd sonrió divertido al escuchar las risas de los niños y niñas y la dulce voz de Sophie.
Mientras se alejaba una mano apretó su hombro y el joven se dio vuelta a la defensiva.
-Tranquilo Jason… soy el padre Roland. –dijo amablemente el sacerdote.
-Disculpe. Estaba distraído. –respondió el joven de ojos verdes.
-Está bien. ¿Qué opinas del lugar? –pregunto Roland.
-Es un lugar familiar y todos son muy amables. –respondió Jason.
El sacerdote tomo del hombro al joven de ojos verdes y camino junto a él.
-Eres bienvenido aquí pequeño Jay. Siéntete como en tu casa. –dijo amablemente el sacerdote.
Al joven Red Hood esas palabras cavaron profundo en su interior. Por primera vez en su vida se sentía a gusto en un lugar y también feliz. Miro asombrado al sacerdote que lo había ayudado infinidad de veces cuando era un niño y sonrió sin pensarlo.
-Creo que tiene razón Padre Roland. Gracias. –respondió, y está vez con sincera amabilidad.
Holaaaa!Sé que me he tardado en actualizar pero he tenido un año bastante agitado, con las materias que tuve que rendir y todo. Espero me disculpen =)
¿Qué les pareció el capitulo? Espero que les haya gustado. La verdad tenía dudas con respecto al color de cabello y de ojos de Jason, porque algunos lados aparece con ojos verdes y el cabello negro y en otro comic él mismo afirma que su color de cabello es rojo y que Batman se lo teñía de negro para que se pareciera a Richard. Finalmente me decidi por el cabello negro y el mechón blanco :P
Antes de despedirme les quiero agradecer a las personas que pasan por aquí, y especialmente a Sakura-Selene por su review =)
Hasta pronto!
