DISCLAIMERS: Ni 'Kuroshitsuji' ni sus lindos personajes me pertenecen, sino a Yana Toboso-sama. Lo único mío es esta historia y los OC's (Original Characters) incluidos.
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ADVERTENCIAS: Continuidad alternativa al final de Kuroshitsuji II. Historia ocurrida entre el prólogo y el primer capítulo de "Akuma no Tengoku, Tenshi no Jigoku".
» Insinuaciones de parejas crack, parejas no tan crack y también de parejas que incluyen y/o se conforman por OC's.
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Capítulo 1
"El Perro Guardián de Inglaterra"
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El propietario de la mansión yacía recostado contra el escritorio de su despacho, con su fiel mayordomo ubicado a su derecha y el resto de los miembros de la servidumbre parados en frente suyo. Tenía algo muy importante que decirle al cuarteto de humanos que le llevaban sirviendo desde hace tres años; aunque el señor Tanaka estuvo al servicio de aquél lugar desde incluso antes que naciera.
Parecía ser bastante delicado lo que estaba por comunicarles el conde del parche, ya que poseía una expresión sumamente seria y difícil de descifrar, manteniendo cerrado su único ojo visible. Una que le hacía verse muy similar al hombre de cabellos negros y ojos rojos, a pesar de que no compartieran ningún tipo de parentesco… al menos uno del que los demás fueran conscientes.
—E-entonces… —Habló la mucama de cabello rojo granate y gafas tamaño botella, reuniendo valor para romper el silencio—. ¿Q-qué era lo que quería decirnos, Joven Amo?
—Debe ser algo urgente si es que Sebastián nos hizo venir a todos —Inquirió el chef de ojos turquesas y cabellos color mostaza—. ¿O me equivoco?
—J-Joven Amo… —Al ver que éste no abría su ojo todavía, el muchacho de revuelto cabello rubio fresa se sentía cada vez más nervioso—. N-no tendrá pensado despedirnos, ¿verdad?
Para temor del jardinero, el pequeño conde finalmente abrió su ojo ante aquél último cuestionamiento. ¿¡Realmente iba a despedirlos!? Pero, ¿qué habían hecho para enfurecerlo tanto? Al menos en esta ocasión…
—No, Finny, lo que les diré no tiene relación con sus empleos —Aclaró rápidamente para evitar que los humanos se alteraran—. Aunque… si desean renunciar después de que lo sepan, tienen el completo y absoluto derecho a hacerlo.
—¿¡R-RENUNCIAAAAAR!? —Chilló el más joven de los sirvientes, luciendo alterado de que el condecito que les dio un hogar a él y los demás se atreviera a considerar algo semejante—. ¡Nunca haríamos tal cosa, Joven Amo!
—¡Eso, eso! —Afirmó Baldroy totalmente de acuerdo, siendo secundado por Maylene.
—¿¡Quién defendería la mansión y a usted mismo cuando el Sr. Sebastián no esté presente!? —El mayordomo los había reclutado hace tres años precisamente para eso, obteniendo todos un objetivo en común gracias al niño frente a ellos.
—Sin menospreciar las habilidades de cada uno de ustedes, en lo más mínimo: lo digo porque sus servicios ya no serían necesarios —Confesó de la forma más delicada que se le ocurrió, añadiendo con una mirada sombría—. Sencillamente porque sería capaz de cuidarme solo, incluso si Sebastián no estuviera conmigo.
—P-pero… ¿qué dice, Joven Amo? —Refutó Finnian tomándole de las manos, sin saber por qué le resultó doloroso pensar en "ya no ser necesario" para la persona que le otorgó una vida más feliz, una repleta de libertad—. Usted todavía es un niño, ¡incluso más pequeño que yo!
—Puede que siga siendo joven en edad y físico, Finny… pero realmente ya no soy un "niño" como tú.
Sin apartar sus enguantadas manos de las del jardinero, la sonrisa que el de cabello cenizo le dedicó fue extraña, como si quisiera dar a entender algo que iba más allá de la comprensión de cualquiera. Aparte de verse también algo triste, pensando que los valientes y formidables humanos que veía lo podrían abandonar al enterarse de lo que ocultaba.
—Joven Amo, con el debido respeto… ¡Pare ya con tanto misterio y díganos qué le pasa, con un demonio!
Sonriendo con ironía ante esa exclamación del chef, Sebastián finalmente habló luego de observar todo en completo silencio:
—Curioso, Bard. Sin darte cuenta, diste la primera pista para responder la duda de todos.
—¡No es momento para bromear, mayordomo del demonio! —Para enojo de Baldroy, lejos de ofenderse por ese comentario, la sonrisa del susodicho se ensanchó.
—Y volviste a acercarte a la verdad, no esperaba que fueras tan intuitivo.
Antes de que el ex-militar de origen americano se lanzara hacia el "demonio de mayordomo", una voz solemne y llena de años de experiencia se hizo oír:
—Joven Amo, Sr. Sebastián… por favor, sean sinceros y confirmen si van a decir lo que creo que van a decir…
Se trataba del mayordomo más anciano, el señor Tanaka. Siendo de noche en aquél momento, estaba en su forma original en lugar de la "miniatura". Tenía una mirada condescendiente, como para darle ánimos al pequeño conde y que dijera lo que tanto temía revelar. El viejito tenía dos sospechas sobre qué tendría que decir: una relacionada al mayordomo y otra exclusivamente con el jovencito.
—No cabe duda de que el Sr. Tanaka es realmente perceptivo… —Comentó el Michaelis, sin despegar su mirada del venerable humano sino hasta que se giró hacia el Amo en común de ambos—. ¿Desea decirlo usted o que lo haga yo, Joven Amo?
—Está bien, lo diré sin más rodeos… —Suspiró, acariciando con temblorosa ansiedad el anillo de borde plateado y cuya gema tenía el mismo color de su ojo—. Tanto Sebastián como yo somos, pues… ninguno de nosotros… es humano…
Dudó a último minuto de decirles "qué" eran de forma directa, cruda y sin censura. Pero tampoco se acorbardó tanto para no revelar esa verdad a medias. Sebastián cerró sus ojos con una sonrisa paciente, sin intenciones de presionar a su "Amo y Señor" respecto al tema.
Finnian y Bard inicialmente ladearon la cabeza, con sus bocas entre abiertas y luciendo bastante confundidos. El señor Tanaka observó intrigado al pequeño Phantomhive, como queriendo buscar sin mucho éxito algún indicio de semejante respuesta. Estaba completamente seguro que había nacido y vivido como un niño humano desde que lo conoció… al menos antes de "aquella" tragedia, teniendo más que claro que el chico cambió para siempre desde entonces.
Maylene centró instantáneamente su mirada en Sebastián, sin saber la razón, sintiendo un muy ligero dolor de cabeza. Como si algún rincón de su mente luchara por recordar algo que hubiera olvidado, algo que hubiera sido suprimido por completo. Lo único claro fue que cuando el mayordomo le devolvió la mirada, ella apartó la suya y sintió un súbito calor agolpándose en sus mejillas.
Y ahora que se ponía a pensar… ¿desde cuándo se sentía atraída por él?
Cursilerías aparte, realmente no conseguía ubicar el momento en que había desarrollado ese "crush" por el Michaelis. En serio, sin intenciones de romance, ¿cuál era LA RAZÓN de que su corazón se acelerara tanto cuando lo tenía cerca, o le susurraba algo a escasa distancia? Si ya estaba clara en que albergaba sentimientos por él, esa no era la respuesta a su incógnita. Incluso se le hacía sospechosa la migraña que sufrió ante esa revelación de que "no era humano".
Sebastián parecía plenamente consciente de lo que ella pensaba, observándola desde que ella dejó de verlo y entrecerrando sus hermosos ojos sangrientos. Pero decidió intervenir al ver que se le hacía tan difícil al jovencito:
—Lo que el Joven Amo está tratando de decir: es que tanto él como yo somos demonios.
Un largo minuto de silencio inundó el cuarto, sólo para verse roto por la carcajada de Baldroy.
—Que buena broma, Sebastián, muy buena. ¡Ahora, ya en serio! ¿Qué quiso decir el Joven Amo con lo de antes?
—Pues eso mismo, que a diferencia de ustedes: ninguno de nosotros es un humano.
—Basta, Sebastián. Ya no es gracioso…
—No se supone que lo sea, humanito~
Siendo sinceros, lo que más se aproximaba a un "demonio infante" era un humano de edad avanzada como Tanaka. Hombres más jóvenes como Baldroy no pasaban de parecer bebés, a comparación.
El pequeño noble apretó ligeramente su labio inferior con los dientes, respiró hondo y reunió más valor para retirarse el parche. Con ambos ojos abiertos, dejó a la vista el sello de su "eterno" contrato con el demonio más longevo.
Disimuló una expresión dolorida ante las caras de shock de los demás, especialmente las de Tanaka y Finnian. Si por el anciano guardaba los mismos sentimientos que tendría por un abuelo, al jardinero lo llegó a considerar su mejor amigo. No por nada siempre veían juntos el "programa favorito"*(1) de Finny… ahora el condecito tenía miedo de no poder hacerlo nunca más.
—Sebastián es un demonio que conocí hace tres años, yo seguía siendo un humano entonces —Comenzó a hablar lo más firme que pudo—. Con la intención de que me ayudara a vengarme de los asesinos de mi familia: hice un contrato con él a cambio de "algo".
—¿Qué cosa…? —Finnian sonaba destrozado, Tanaka posó sus manos sobre sus hombros.
—Se refiere a su alma, ¿no es así? —El anciano recibió un asentimiento del noble, sintiendo pena por ver al jardinero bajando su mirada.
No sabía si sentía rencor contra el demonio mayor por haber atentado contra la "existencia entera" de su Amo, pero el más viejo estaba claro en que lo que realmente le atormentaba era su propia culpa. Fracasando en proteger a sus Amos en la noche del primer incendio…*(2) Incapaz de perdonarse por no salvar a la descendencia de Vincent y Rachel como debió haberlo hecho.
Sebastián retomó la palabra, como quien habla sobre temas sin mucha importancia:
—Ya que no tenía nada que perder, aquél niño humano no tuvo miedo de entregarme su alma con tal de vengarse de los que le humillaron. Pero omitiendo detalles para acortar la historia… —Agitó una mano como si no fuera gran cosa—. Digamos que después de esos tres años, mi Joven Amo terminó convirtiéndose en demonio por un complicado incidente, y por tanto…
—¿Y por tanto…? —Recobrando un poco de amarga esperanza, Finnian vio al mayordomo alzarse de hombros, resignado.
—Se me hizo imposible devorar su alma.
—¡Momento, un momento! —Lo detuvo Maylene, evidentemente sorprendida pero sin lucir tan perturbada como los demás humanos—. ¿Acaso los demonios no deberían estar… allá abajo?
El Michaelis asintió, aclarándole a la "amante de lo sobrenatural" que estuvieron a punto de marcharse a "ese lugar" la mañana del presente día, pero terminaron desistiendo al último momento. Y personalmente, decidió quedarse en el mundo humano para ver cómo crecía su "Amo y Señor" en su nueva etapa diabólica.
El trío dinámico recordó lo agitados que estuvieron en el transcurso del mismo día, todos preocupados por la ausencia del par de "presuntos demonios". Resonaba en sus mentes la frase que el mayordomo les dijo, cuando lo vieron volver con Ciel en brazos:
"El Joven Amo y yo fuimos a dar un pequeño paseo, pero ya no iremos a ningún lado"
Con que a eso se estaba refiriendo… y a juzgar por las palabras de Tanaka en esa ocasión, ¿acaso lo sabría? ¿Lo presentía?
—Pero aunque aseguren que son demonios… —El rubio mayor se rascaba la nuca incesantemente, como si tratara de buscar un poquito de lógica en todo lo que pasaba—. ¡No sé! Incluso viendo esa cosa rara en el ojo del Joven Amo…
—¡Oh, cierto! También poseo el sello del contrato, por si gustan verlo —Retirándose los guantes con sus dientes, el mayordomo evidenció el mismo símbolo plasmado en la parte trasera de sus manos de uñas negras.
—Parecen tatuajes de alguna mafia con gusto por el ocultismo… —Sebastián sonrió y cerró sus ojos ante aquél comentario. Bard podía decir cosas bastante graciosas si se hallaba consternado.
Su Amo suspiró y de igual manera cerró sus ojos, sólo para abrirlos y volver a sobresaltarlos cuando sus pupilas se contrajeron como las de un reptil, a la vez en que el color azul fue reemplazado por un violeta brillante. Aunque el sello del contrato prevalecía en el respectivo ojo.
—Sebastián, es una orden… haz una demostración para confirmarles todo lo que decimos.
Al abrir sus propios ojos, mostrando que compartían la apariencia sobrenatural de los del demonio más pequeño, su sonrisa aumentó al punto que se apreciaban sus colmillos. Y pronunció su característica muletilla:
—Yes, My Lord.
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Habían pasado un par de horas desde que se retiraron del despacho y se dirigieron a sus respectivas habitaciones. Tanaka mantenía su vista fija en el techo, acostado y arropado en su cama del cuarto que compartía con Baldroy y Finnian; los dos últimos hace rato que sucumbieron ante el sueño.
Su mente seguía vagando en las palabras intercambiadas durante aquella charla, después de que el Michaelis les demostrara que era un demonio… y confirmando el extraño presentimiento que le ocasionó al anciano desde el momento en que lo conoció. Sin embargo, no sabía que se tratara de un demonio como tal, y muchísimo menos esperó que el único Phantomhive sobreviviente acabara convirtiéndose en uno.
Tanaka le dedicó una mirada al chef que dormía en la cama ubicada entre la suya y la de Finny.
A pesar del sobresalto inicial por la "demostración" del sirviente sobrenatural, su única reacción fue básicamente: "¿Es extraño que justo ahora no me asuste tanto como cuando me regaña por quemar la cocina?". El jardinero y la criada sentían algo parecido, a lo que el "demonio de mayordomo" acabó riéndose en medio de aquella bruma de plumas negras.
Perdiendo la mayoría de sus inseguridades al oír que Baldroy, Finnian y Maylene se contagiaron de aquella carcajada, el Phantomhive sonrió y Tanaka devolvió esa sonrisa. Probablemente se lo tomaron de forma tan razonable por convivir hace tiempo con un perro demoníaco. El Michaelis recobró su apariencia de hombre poco después, y al preguntarles si todavía deseaban servir en aquella mansión: la respuesta del trío dinámico fue que "el Joven Amo siempre sería su Joven Amo y humano o no, eso jamás cambiaría". Tanaka había asentido al estar de acuerdo con esa contestación, riendo con su cálido "Jo, jo, jo".
«Aunque el Joven Amo nunca terminó revelando esa otra cuestión…» Suspiró y entrecerró sus ancianos ojos, sintiendo que el sueño por fin empezaba a abatirlo, terminando por rendirse poco después.
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Por los momentos, los únicos despiertos dentro de la gran mansión eran el par de demonios, en medio de unas "lecciones" que el adulto impartía al más pequeñito. Aunque no eran de esas en las que sería necesario usara su traje de "tutor".
Tras confirmar que el apoyo de los atolondrados, pero leales humanos estaba más que asegurado: Sebastián pensó que eso elevaría el espíritu del "novato" y se sentiría lo bastante motivado para practicar lo que en aquél momento le enseñaba. El condecito estaba en medio de su cama y con su camisón de dormir puesto, sin parche y con ambos ojos cerrados. Mientras el mayordomo lo observaba sentado sobre una silla, con sus piernas elegantemente cruzadas y sus ojos sobrenaturales fijos en el otro. Ninguno decía nada.
«Ahora, concéntrese muy bien… » Podía escuchar la voz de Sebastián, pero no como si las palabras salieran de su boca, sino como si sonaran en su mente tal cual un delicado, pero claro eco. «Asienta con la cabeza si es que puede oírme»
Vio que su "pequeño alumno" hacía lo indicado, confirmando su capacidad de recepción.
La telepatía permitía que los demonios pudieran comunicarse sin necesidad de hablar, los que nacían directamente de sangre diabólica lo adquirían casi de inmediato. Pero casos como el Phantomhive, que fue humano y se convirtió en demonio, hacían necesario que practicase para dominarlo. El "escuchar" era un poco más fácil, tenía que relajar su mente lo suficiente para poder "recibir" lo que quisieran comunicarle. Y aunque llevó algunos minutos, pudo conseguirlo.
«Ahora, trate de despejar su mente y manténgala en blanco como un lienzo limpio. Piense en algo que quiera decirme, lo que sea. Ordene sus pensamientos como si fueran palabras y expréselos con seguridad»
Podía escuchar ocasionalmente sugerencias de la "voz telepática" del mayor, aconsejándole que probara primero con palabras cortas en lugar de una frase completa. Y lo intentaba, en verdad que era así. El niño de cabello cenizo apretaba fuertemente sus ojos, sus cejas descendían en un ceño fruncido que aumentaba con el pasar de los segundos, segundos que se volvían minutos, minutos que aumentaban y aumentaban. No había resultados.
—¡Agh, no puedo! —Estalló abriendo sus ojos, brillando tan diabólicos en la oscuridad del cuarto como los del otro. Vio a su "siervo y maestro" soltar un suspiro silencioso, alzando una de sus cejas pero sin exasperarse.
«Tampoco creo que lo pueda dominar en una noche. Si se enoja, será más complicado mantener su mente en blanco, Joven Amo…»
—Lo sé, lo sé… —Apretaba sus puños sobre sus piernas cruzadas al estilo indio, pudiendo hablar por permiso mental del otro—. Y en verdad estoy manteniendo la mente en blanco, no sé qué pasa.
«No lo dudo. Si es capaz de recibirme con suficiente claridad para responderme, así sea en voz alta, su mente debe estar más que despejada» Se llevó una mano sin guante al mentón, francamente extrañado. «Pero es curioso. Teniendo el sello de nuestro contrato: pensaba que la balanza podría inclinarse en beneficio para esta práctica»
Si bien esa marca funcionaba para que pudiera encontrar a su contratista, sin importar dónde y qué tan lejos estuviese, el Michaelis teorizó que podría funcionar como algún catalizador para que el Phantomhive aprendiera tal habilidad con mayor rapidez. Pero evidentemente, algo lo estaba bloqueando o le impedía comunicarse como debía hacer.
«Es posible que el problema no tenga que ver con el orden de sus pensamientos, quizá…»
—¿Quizá… qué?
«Quizá… la causa se deba a sus propias emociones, Joven Amo» Ante la carita de incredulidad del pequeño noble, la voz telepática añadió: «Incluso si siente alivio de que Finny y los demás estén al tanto de nuestra situación, ¿no siente que su pecho todavía se oprime por algo?»
Presentía que el actual cabeza de la familia Phantomhive lo sabía. Tanaka era consciente de que desveló tan sólo parte de la verdad, que faltaba sincerarse sobre algo más. Aunque Tanaka no sabía si el Joven Amo acabaría diciéndolo en algún momento, tampoco quiso presionarlo respecto a ello.
Pero muy probablemente, la preocupación y la culpa que el chico sentía eran lo que suprimía su potencial telepático. Culpa que siempre tuvo presente, pero de la que nunca hizo mucho caso al mantenerla oculta tras tantos años. Y poniéndose a pensar: si tener un par de secretos como aquellos ya era estresante, de seguro el añadir su "conversión" a la lista era todavía peor.
Sebastián podía apostar a que lo más preocupante de tantos secretos era una razón específica…
«Es por la señorita Elizabeth, ¿no es así?» La prometida de Ciel. Tan sólo vio al demonito bajar su cabeza y un fugaz rubor inundó sus mejillas.
Francamente, aunque el Michaelis hubiera desarrollado cierto apego a su actual contratista y mayor interés por su mundo, todavía no llegaba a comprender cosas tales como el amor.
A lo mucho llegó a pensar en el buen Agni como su primer amigo, considerándolo un respetable contrincante y muy parejo a él, a pesar de ser humano. Aprendiendo bastante del mismo sobre cómo delegar mejor las tareas en la servidumbre, aprovechando las cualidades de cada quien para desenvolverse mejor en cosas ajenas a "proteger la mansión". Por ejemplo, nunca se le habría ocurrido permitir que Finny entrara a la cocina, para ayudar aplastando papas con su "fuerza bruta". ¡Y había servido bien!
—Tan sólo quiero protegerla… —Murmuró con sus ojos entrecerrados, con tanta sinceridad que el mayordomo casi dudó se tratara de un demonio.
«¿Aún si mantiene secretos para ella? ¿Aún si ella pudiera llegar a odiarlo y tenerle miedo?» No lo comentó con malicia, por más contradictorio que sonara. Simplemente le parecía que era una charla que el pequeño necesitaba tener.
—Si con eso la mantengo apartada de tantos peligros… cargaría con las consecuencias.
¡Oh! Aquello sonó igualito a cuando formaron su pacto, le dio cierta nostalgia cínica. No sabía si sería muy noble o muy cobarde… pero sin duda su Joven Amo era todo un idiota enamorado y su conversión no cambió eso.
«¿Y cómo tiene pensado protegerla? ¿Qué piensa hacer a partir de ahora?» El Phantomhive no contestó, pero sí se quedó reflexionando en silencio.
Pensó en Fred Abberline y en su deseo: el de hacer a Inglaterra más segura para criar al bebé que esperaba de su amada. Mujer que el conde seguía apoyando económicamente, y que también era cuidada por el hermano del difunto Fred; el energético Edward. Mentiría si dijera que ya no le afectaba la muerte del más tranquilo de los gemelos Abberline, incapaz de seguir culpando a Sebastián al reconocer su parte de la responsabilidad en ese asunto. Alguien tan correcto, muriendo al estar empeñado en querer ayudarle por más distintos que fueron.
Tampoco había podido odiar a Lau —después de recuperar sus memorias perdidas—*(3) ya que el mismo acabó teniendo razón con respecto a la Reina Victoria.
Pensó entonces en aquella monarca, a la que su propia familia fue fiel desde generaciones antes de su nacimiento… y que acabó por traicionarlos. Sin embargo, culpaba más al ángel corrupto que influenció a la reina —aprovechándose cruelmente de su dolor por el difunto rey— para llevar a cabo su retorcida y obsesiva ambición de "purificar el mundo". Sintió lástima por Victoria al identificarse con ella, ya que no lo consideraba tan distinto a venderle el alma a un demonio por un fuerte deseo de venganza… o como fue el caso de su tía, Madame Red, hacerse cómplice de un Shinigami para cometer asesinatos en base a emociones rencorosas.
Nuevamente pensó en Lau, y recordó el hecho de que estaban en "los mismos términos de antes". No sabía si buenos o malos, pero seguía siendo parte de los "Aristócratas del Mal" y uno de sus contactos del Bajo Mundo. Lo más conveniente sería mantenerlo de su lado, como demonio ya no debería preocuparse de que quisiera hacerle daño.
Al igual que sus ancestros, por más que anteriormente lo hacía por órdenes de la reina, el pequeño conde había influido en parar situaciones que afectaban la seguridad y bienestar de la población, tales como el tráfico de personas y "negocios" de esa clase de calaña. Puede que lo tuvieran trabajando como un Perro, pero aunque sea pudo considerarse uno guardián; uno que protegía Inglaterra.
Podía continuar con ello por su propia voluntad, asumirlo como su objetivo. Su medio para mantener segura a Elizabeth y conseguir con el paso del tiempo que el anhelo de Fred se hiciera realidad. Sí, lo había decidido.
«Yo… lo… seré»
¡Vaya! Esa no había sido la voz mental del Michaelis, razón por la que el mismo sonrió. Y al preguntarle telepáticamente a qué se refería, aunque seguía expresándose con lentitud y necesitaba perfeccionarse; finalmente ordenando sus conflictivas emociones; el contratista de Sebastián declaró con convicción en sus pensamientos:
«¡El Perro Guardián de Inglaterra!»
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Sus ojos esmeraldas observaban el cielo nocturno a través de la ventana de su habitación, vistiendo su holgado camisón de dormir y con sus rubios cabellos cayendo con gracia por encima de su espalda, al estar libres de sus coletas. Hace rato que Paula se retiró a su propio cuarto, dejando a Elizabeth para que ambas se fueran a dormir.
Pero la hija de Alexis y Frances Middleford no lograba conciliar el sueño, había sufrido una extraña y muy inquietante pesadilla.
Se vio a sí misma parada al lado de su prometido, sujetos de la mano mientras apreciaban una figura de gran tamaño y silueta particular; contrastando con el verdoso monte donde reposaba por su color tan distintivo. La emoción que la embargaba por encontrar al "ciervo blanco" seguía tan intensa como el día en que ocurrió, con la diferencia que la del sueño duró poco. Ciel había soltado su mano y simplemente le dio la espalda, alejándose de ella. Por más que Lizzy corría para alcanzarlo, no se acercaba, sentía que cada vez estaba más lejos. Todo se hundió en la oscuridad y fue ahí que despertó.
Ver las estrellas y la luna la tranquilizaban, sin saber bien por qué. Fue entonces que dio un pequeño respingo y notó cómo caía algo del cielo a gran velocidad, destacándose por su brillo platinoso de la azabache capa nocturna. ¡Era una estrella fugaz!
—¡Awwww, que Bonis~!*(4) —Se tapó rápidamente la boca tras exclamar eso en voz alta, producto de su emoción. ¿Alguien la habría escuchado? Ojalá que no…
Pero incapaz de contener su repentino ánimo ante aquella estrellita con fama "cumplidora de deseos", juntó sus manos y cerró sus ojitos con expresión anhelante. Se ruborizó cuando a su mente llegó la imagen de un jovencito de cabellos cortos y cenizos, expresión seria pero caballerosa, con un ojo azul a la vista y el otro cubierto por un parche. Sólo podría pedir algo y estaba muy clara en qué sería:
«Deseo siempre estar junto a la persona que amo para hacerla feliz»
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Notas de Autora:
*(1) Sé perfectamente que la televisión no existía por esa época, pero me estoy basando exclusivamente en un comentario de Finnian en el mismo manga. #FinnyxCielFeels
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*(2) En el anime, la mansión Phantomhive sufrió dos incendios. El primero ocurrido en la tragedia donde murió la familia de Ciel (el incendio original del manga) y el segundo cuando Pluto prendió todo con su aliento de fuego (al verse controlado por Ash Landers)
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*(3) Rememorando: Ciel había perdido sus recuerdos por todo el pedo ocurrido en la segunda temporada del anime. Su amnesia afectó su memoria desde la muerte de Madame Red, ya que tampoco recordaba que conoció a Soma y Agni, ni la muerte del propio Fred Abberline *Sniff*
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*(4) Como quiero que los "kawaii" tan característicos de Lizzy resalten, en lugar de escribirlos como "Lindo", "Tierno", "Adorable" o demás sinónimos, decidí distinguirlos con un "Bonis" (LOL) Así que ella lo usaría para algo y alguien que considere "Bonito" o "Bonita".
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Nuevamente gracias por leer, no olviden dejar sus reviews y dar click a "follow" o "favorite".
A estas alturas YA SÉ LA VERDAD DETRÁS DE LA FAMILIA PHANTOMHIVE, pero esta historia forma parte de un multiverso que mezcla sucesos del anime y el manga de Kuroshitsuji. No ocurre en la misma ruta del manga ni pasarán los mismos acontecimientos, al menos no de la misma manera.
No haré menciones muy explícitas del gemelo de "Our!Ciel", ni profundizaré demasiado en el tema. Al menos hasta saber el nombre real del contratista de Sebastián… o por lo menos saber "POR QUÉ" el gemelo más joven tomó la identidad de su hermano en lugar de hacer el contrato por su nombre propio. Algo que personalmente me intriga, ya que habría tenido que asumir la responsabilidad de ser el sucesor de Vincent AÚN sin ser el "Real!Ciel", pues cuando el sucesor original muere: el hermano que le sigue toma dicho puesto.
Y por sobre todas las cosas, PARA MÍ el "Ciel falso" que conocimos a lo largo del manga SÍ está enamorado de Elizabeth.
Los que discrepen con esto tienen su derecho, pero respeten mi opinión de igual manera, ¿está bien?
Desde luego que en "Kuroshitsuji III" Lizzy descubrirá la verdad en algún momento, pero no será necesariamente del mismo modo que en el manga.
