Mantente a mi lado

Vuelve a ocurrir

me desperté, baby.

Dormir sin ti,

ya no podré, lo sé…

Charm –Luz (Adaptación española de Hikari por Hikaru Utada)

-Ray, tú nunca te vas a alejar de mí, ¿Verdad?

Sus ojos celestes parecían desear que yo viera dentro de su alma, su cabello rubio se movía con la brisa. La atraje hacia mi pecho para abrazarla.

-Te quiero, Ray… Te quiero mucho…

Abrí mis ojos repentinamente al oír esa última frase… Había sido sólo un sueño.

La luz de la mañana entraba por la ventana de la habitación que compartía con mis colegas Egon, Peter y Winston. Egon venía llegando del baño, llevaba su pantalón puesto y su camisa interior; Peter aún dormía.

-Veo que ya despertaste, Ray –dijo mi amigo mientras buscaba una camisa en su armario.

-Sí -dije aún adormilado-. ¿Está ocupado el baño?

-No –dijo Egon mientras se abotonaba su camisa favorita-. Winston está preparando el desayuno.

-Bien, entonces me daré un regaderazo –Dije mientras tomaba una toalla y algo de mi ropa-. No tardo.

Me desvestí y me metí a la regadera… las palabras de Rebecca aún sonaban en mi cabeza…

Te quiero, Ray…

Si ella realmente me hubiera querido, no me habría rechazado como lo hizo.

Estaba dispuesto a darle mi protección, a ver por su bienestar… pero ella no quiso… no quiso que fuera yo. Su rechazo me hirió sobremanera… hay veces que me pregunto… ¿Cómo estará? ¿Será felíz? ¿Se acordará de mí?

Alcancé a escuchar los gritos de Peter, quien al parecer estaba regañando a Pegajoso, para variar. Probablemente nuestro amiguito lo ensució o Peter lo confundió en sueños con alguien. Dos días atrás el pobre fantasma tuvo el mal tino de acercarse a Venkman mientras este soñaba con Angelina Jolie con resultados hilarantes. Todavía nos provocaba risa el recordar el incidente.

Al terminar de bañarme, fui a desayunar con los muchachos; Winston había preparado huevos con tocino y pan tostado. Pegajoso también se encontraba comiendo junto con Egon y mi otro amigo. En la radio sonaba la canción "Stand by me" de Ben E- King… esa canción me recordaba mucho a Becky…

Peter se metió bañar después de mí, tenía el cabello lleno de ectoplasma.

-Te noto raro, Ray –comentó Winston- ¿Sucede algo?

-Nada, es solo que… soñé con Rebecca –respondí.

-¿Con Rebecca Ashford? –inquirió Egon sin quitar la vista del libro "Espíritus y deidades del folklore celta" por Seamus Finnigan.

-Sí –respondí desviando la mirada.

- Me pregunto qué habrá sido de ella –comentó Winston mientras se llevaba un bocado a la boca.

-Probablemente ya vaya a la universidad –comentó Egon-. O esté a punto de ingresar.

-O supongo querrá seguir los pasos de su mamá y convertirse en actriz –mencioné yo-. Lo más seguro es que nos haya olvidado… o más bien se haya olvidado de mí.

Peter llegó a la mesa, noté sus ojos ligeramente enrojecidos. Egon cambió de tema rápidamente.

-Qué nochecita la de anoche ¿Verdad? –dijo Egon con una sonrisa forzada mientras se acomodaba los anteojos.

-¡Vaya que sí! -Exclamó Winston- nunca había enfrentado un Wendigo… esos espíritus sí que dan miedo.

-Por fortuna no llegó a tocarnos –dije yo-. Dicen que a quien toca lo vuelve caníbal.

Desayunamos en paz a partir de ahí comentando las peripecias que habíamos pasado la noche anterior. Egon nos contó algo del libro que leía, y nos mencionó que al Espantaniños lo conocen en Irlanda e Inglaterra cono "Boggart"

Bajamos a saludar a Janine, quien recién llegaba a trabajar. Egon y Peter iban a checar la unidad contenedora mientras Winston revisaría el Ecto-1. Yo por mi parte me senté un momento en el escritorio de nuestra secretaria, quien había ido a ver qué estaba haciendo Egon. La chica siempre ha estado enamorada de Egon, aunque él parece no darse cuenta de ello, o más bien prefiere ignorarlo. Siempre ha sido algo tímido.

Miré un portarretratos que estaba sobre el escritorio; era una foto donde aparecíamos todos nosotros junto con Rebecca y su madre. Tomé la foto y la miré detenidamente; Rebecca aparecía sentada en mis piernas haciendo la "v" de victoria y sonriendo a la cámara. Janine aparecía mirando a Egon quien tenía una mirada distraída. Winston, por su parte sonreía a la cámara mientras Peter abrazaba a Victoria, la madre de Rebecca.

La niña parecía feliz en la foto, sus ojos celestes irradiaban alegría a sus 10 años. Sonreí al recordar lo mucho que disfrutaba pasar tiempo con ella. Realmente le había tomado cariño a esa niña… desde el primer momento

La conocí un día que fuimos al teatro donde su madre ensayaba para atrapar a un fantasma que estaba provocando problemas en el recinto. Al parecer la pequeña lo había visto y estaba aterrorizada.

Cuando llegamos al lugar todo el equipo de producción de la obra y los actores se encontraba ahí junto con la niña. Comenzamos a hacerles preguntas de rutina a todos y al saber que la niña fue quien había visto al fantasma me incliné para hablar con ella. Cuando la ví bien, me sorprendieron sus ojos, extraordinariamente claros, intensamente azules. La niña me agradó desde el primer momento… Tal vez eso fue a lo que la gente llama "química".

Cazamos al fantasma, lo atrapamos y todo bien. Peter logró liarse con Victoria Ashford, madre de la niña y la invitó a salir al día siguiente. Al no tener con quien dejarla encargada, Pete me pidió que yo me encargara de la pequeña. No me molestaba en lo más mínimo, la niña no parecía ser muy problemática y había un cierto aire de melancolía en ella.

Al día siguiente, Peter fue por Victoria y pasaron un momento por el cuartel. Victoria me entregó un recado firmado para que lo entregara a la directora del colegio donde Rebecca estudiaba. Cuando llegué al colegio hablé con la directora… ella me hizo varias preguntas y mencionó que Rebecca era una niña muy introvertida, lo cual me sorprendió un poco.

-¿A qué se refiere? –le pregunté a la mujer.

-Bueno, tiene muy pocos amigos –respondió ella.

Caminaba por los pasillos del colegio en compañía de la directora y nos detuvimos en el salón de clases de Rebecca. Asomé y alcancé a ver a Rebecca muy afanada escribiendo en su cuaderno; faltaba poco para que salieran a recreo.

-¿Cómo es posible que una niña tan encantadora esté tan sola? –murmuré.

-Es muy común entre los niños que no tienen mucha oportunidad de estar con niños de su edad –respondió ella-. Al vivir entre tantos adultos… ellos mismos olvidan que son niños y tienen que forzarse a subirse al nivel de los adultos. Cuando tienen que interactuar con niños de su edad, no están seguros de cómo hacerlo… los otros niños los ven como bichos raros y no se les acercan… o por el contrario, los acosan, siendo que lo que más necesitan es precisamente compañía de niños de su edad.

-Qué triste…

-Sí –comentó la mujer mientras observaba a la niña-. A Rebecca muchos de sus compañeros la encuentran un tanto… atemorizante.

-No veo por qué –respondí-.

-Así es la vida –dijo ella encogiéndose de hombros, gesto que en verdad me desagradó. Pareciera que le era indiferente.

Miré a la niña un poco más y me di cuenta de su soledad. De hecho, desde que la había conocido el día anterior, me pregunté cómo sería su vida, siempre en los teatros, siempre entre adultos…dependiendo sólo de su madre, siempre ocupada ganando el pan de la manera que mejor sabía, en los escenarios. Por un lado podía ser emocionante, pero por otro… era muy triste. Había algo en esa niña que me provocaba un deseo de protegerla, de acompañarla.

-Profesora…

-Dígame Dr. Stantz –dijo mirándome directamente a los ojos.

-¿Me permitiría quedarme durante el receso con ella? –solicité

-No veo por qué no –respondió ella-. Sólo no cause problemas y espérela en el patio.

-Gracias.

Poco después de que el timbre sonó, ví a Rebecca saliendo al patio. Ella notó mi presencia, yo le sonreí. Su rostro pareció iluminarse con la sonrisa más hermosa. Jugué con ella durante el recreo. La ayudé a columpiarse y cuando estaba en el punto más alto el columpio, ella me sorprendió con un salto. El timbre sonó y ella tuvo que entrar a clases. Yo regresé al cuartel. Decidí darle una sorpresa y recogerla en el Ecto-1 usando mi uniforme, pensé que eso sería una gran idea. Pasamos un día increíble. No recuerdo haberme divertido tanto con alguien.

Desde entonces, esa niña y su madre se volvieron muy cercanas a todos nosotros, pero era más la cercanía que había entre Rebecca y yo… No entiendo por qué ella me rechazó de esa manera. ¿Por qué a mí? ¿Qué hice mal?

Raymond Stantz nunca entendió el por qué de ese rechazo por parte de la niña, pero recordaba perfectamente cuando todo empezó a irse abajo. Recordaba muy bien la fecha; había sido 6 años atrás, el 20 de agosto.

La noche en que Victoria Ashford murió.

Ese día tuvieron varios casos qué atender, todos bastante difíciles. Ese día y el anterior, Rebecca había decidido quedarse en el teatro con su mamá, quien ensayaba "Evita" donde interpretaría a Eva Perón. Los cazafantasmas llegaron temprano al anochecer al cuartel, aunque bastante cansados. Bajaron del Ecto-1 casi arrastrando los pies y guardaron sus paquetes de Protones. Saludaron a Janine, preguntando si había novedad, afortunadamente no había nada nuevo. Ray bajó al sótano con las trampas llenas en mano para depositar los fantasmas recién atrapados a la unidad contenedora.

Peter Venkman se dejó caer en el sillón del escritorio dispuesto a descansar un poco cuando repentinamente el teléfono sonó. Janine estaba a punto de contestar cuando Peter la detuvo.

-Yo contesto, Janine –dijo mientras tomaba el auricular-. Cazafantasmas, buenas noches, por el momento estamos fuera de servicio.

La voz del teléfono le respondió.

-¿Usted es el Dr. Peter Venkman?

-A sus órdenes –Respondió Peter confundido, su interlocutor sonaba demasiado serio.

-Tenemos una muy mala noticia.

-Dígame…

Ray se encontraba metiendo el último fantasma en la unidad contenedora cuando vió a Peter bajar precipitadamente hacia el sótano.

-¿Peter? –Dijo el pelirrojo al verle una expresión extraña en el rostro- ¿Te encuentras bien?

-¿Podrías dejarme solo? –murmuró.

-¿Necesitas al…?

-¡Necesito que te largues de aquí! –Vociferó exasperado, Ray pensó verle una lágrima rodando por su mejilla- Los demás te explicarán, yo necesito estar solo.

Ray subió extrañado para encontrarse con una Janine llorando en el hombro de Egon, quien también lucía consternado, al igual que Winston.

-¿Qué… pasó?

Winston se acercó a él tratando de mantener la calma.

-Ray, acaba de ocurrir algo –dijo en tono pausado.

-Winston, me estás asustando –contestó el pelirrojo-. Dime qué está pasando.

-Hubo un accidente en el teatro.

Sin pensarlo dos veces, Ray habló.

-¿Cómo está Rebecca? –Inquirió angustiado- ¿Se encuentra bien? ¿No le pasó nada?

Ray seguía haciendo preguntas acerca de la niña como un desesperado.

-Rebecca está bien, Ray… no le pasó nada –contestó Winston y después tomó aire-. Pero Victoria falleció…

-¿Pero cómo…?

-Unos reflectores estaban mal asegurados –intervino Egon-. Se cayeron sobre el escenario y… Victoria no alcanzó a escapar. Le cayeron encima. La niña no tiene dónde quedarse en lo que se hacen los arreglos del funeral.

Peter Venkman venía subiendo con sus ojos enrojecidos por el llanto.

-Vamos, muchachos –dijo-. Rebecca debe estar esperándonos.

-Yo conduzco –dijo Winston.

-Están en el teatro Majestic –indicó Peter mientras subía al Ecto-1- El cuerpo ya se trasladó a la funeraria.

-Janine –dijo Egon- ¿Vienes?

-No, mejor me quedo –replicó Janine-. Pegajoso y yo le prepararemos dónde dormir a Becky.

-De acuerdo –dijo Egon con una leve sonrisa.

-Cuídense.

El trayecto hacia el hospital fue silencioso, incluso la sirena y luces del coche, salvo las luces del frente iban apagadas. Al llegar al teatro, vieron a varios policías haciendo preguntas a una mujer de piel morena y rostro simiesco, delgada y de baja estatura de crespo cabello teñido de rojo. Tenía un aspecto algo vulgar, tal vez era puertorriqueña. Vieron a Rebecca llorando mientras una joven muy bella de largo cabello castaño claro la consolaba. Era Melissa Blizzard, quien era también actriz. Ellos se acercaron y saludaron a la bella joven.

-Buenas noches –dijo Egon; normalmente, Peter habría sido quien se presentara y hablara por el grupo, pero en ese momento se encontraba demasiado afectado-. Somos amigos de Victoria y Rebecca… Nos acabamos de enterar.

-Sí, se bien quienes son –respondió la joven-. Nos conocimos hace mucho, cuando fueron a eliminar esos fantasmas en el teatro, además Victoria y Rebecca solían hablar mucho de ustedes…

Ray se acercó a Rebecca, quien tenía sus ojos celestes hinchados de tanto llorar. Era la primera vez que la veía llorar, y no era algo que le agradara… deseaba poder decir algo para calmarla, hacer algo… si por el hubiera sido, habría revivido a su madre… cualquier cosa con tal de que ella dejara de llorar. Sin decir nada, el pelirrojo la abrazó y la criatura rompió a llorar en un llanto profuso y desesperado, agarrándose con fuerza de su camisa verde pálido.

Melissa observó la escena apesadumbrada y luego volteó a mirar a la morena de cabello teñido de rojo, al verla frunció el ceño con desagrado. Egon notó el gesto.

-¿Qué ocurre? –inquirió el rubio.

La joven lanzó un suspiro movió la cabeza con desagrado, no hacia Egon, más bien era desagrado hacia la mujer a quien interrogaban.

-Venga un momento, Doctor –dijo la joven misteriosamente apartándose de donde Rebecca sollozaba en los brazos de Ray-. No quiero que la niña escuche…

Peter y Winston se acercaron a Egon y la joven actriz, quien lanzó un suspiro.

-Dígame, señorita Blizzard…

La muchacha lo miró a los ojos, el rubio notó un destello de inteligencia en los ojos de Melissa.

-Ese no fue un accidente –dijo la joven actriz al fín. Peter saltó como salido de un trance.

-¿Cómo dice? –saltó Peter, su semblante parecía pálido. Winston le indicó que guardara silencio.

-¿Ve usted a esa mujer pelirroja de piel oscura? –Murmuró Melissa- Se llama Celeste de León. Ella y Vicky se odiaban.

Peter observó a la pelirroja teñida, era absurdo que una mujer de piel tan oscura fuera pelirroja natural. Observó su rostro detenidamente.

-Ellas tenían una rivalidad desde hace tiempo –continuó Melissa-; Chris, el marido de Vicky la conocía desde antes. A Vicky le desagradaba porque era una reina del drama, en el sentido de que era una manipuladora y porque ella fue amante de un amigo de Vicky al cual le rompió el corazón fingiendo una amnesia, en lugar de terminar con el de una forma más decente.

Una risa quiso asomar del semblante de Peter… la mujer estaba más como para que el sujeto hubiera fingido el ataque de amnesia para alejarla… No al revés.

-Chris era amigo de Celeste desde antes de conocer a Victoria, y a ésta siempre le había desagradado Celeste –continuó Melissa- Cuando se separaron Chris y Victoria, se decía que la causante había sido ella, desde entonces Victoria la odiaba con más fuerza, a pesar de que nunca se confirmó el rumor. Vicky siempre ha sido una dama, por lo cual nunca dijo nada en público, pero en privado y en confianza entre amigas se refería aquella como "esa perra manipuladora" y otros improperios más feos. En realidad nadie quiere a Celeste, se siente una diva.

-¿Y qué tan cierto era ese rumor? –inquirió Peter.

-Pues en el tiempo que estuvieron separados Chris y Victoria, el nunca salió con ninguna otra mujer –dijo Melissa-. Incluso Chris le dejó de hablar y rompió toda relación de amistad con Celeste durante la separación. De cualquier manera, el batalló mucho para que Victoria regresara con el debido a ese rumor.

-Bueno ¿Pero eso a qué viene en este asunto? –Indagó Winston.

-Cuando se hizo el Casting para esta puesta en escena, Celeste audicionó para el papel de Evita Perón junto conmigo y Victoria. Yo me quedé con el papel de la amante de Perón y Vicky se quedó con Evita. Celeste quedó en los coros. Desde entonces, Celeste se la pasaba haciendo comentarios a espaldas de Victoria acerca de que por qué se había quedado con el papel, hablando mal de ella y hasta llegó a decir que Vicky se ganó su papel por sus talentos en la alcoba.

Peter apretó los puños hasta que sus nudillos palidecieron, su rostro se crispó y temblaba de rabia. Melissa continuó narrando.

-Éste último comentario lo escuchó Becky, que andaba ahí cerca. Recuerdo que Victoria y yo conversábamos en su camerino durante un descanso cuando la niña llegó corriendo, llorando de rabia y le dijo las cosas tan feas que "la changa" estaba diciendo sobre ella. Victoria no era una mujer de escándalos y desplantes, ella sólo se ponía pesada cuando la situación lo amerita. Y cuando alguien tocaba a Rebecca, se convertía en una fiera.

-¿Hizo algo contra la niña? –Inquirió Egon.

Peter apretaba los puños… si esa mujer había asesinado a Victoria el mismo haría lo posible por que le dieran pena de muerte.

-Cuando la niña le contó a Vicky sobre lo que dijo Celeste, Victoria tomó aire, cerró la puerta y comenzó a despotricar contra Celeste, pero lo dejó pasar. No se iba a rebajar –comentó Melissa-.

Melissa Blizzard siguió narrando todo lo que había pasado el día anterior: Cuando los llaman a todos para ensayar "Buenos Aires", los técnicos les encendieron los micrófonos a todos.

En medio de un puente musical, Celeste le comenta a otra corista

-Es la peor Evita que ha estado en Broadway, yo lo haría mejor que esa puta…

La mujer no se había quitado la diadema con el micrófono, por lo cual todos escucharon. Victoria se detuvo, y llamó a Celeste a donde estaba ella.

-Mira, puertorriqueña de mierda….

-Para tu información soy mexicana –replicó la corista.

-No me interesa de donde seas –puntualizó la rubia primera: Podrás ser muy talentosa, y tal vez la mejor bailarina aquí… sin embargo yo soy actriz, y mucho mejor actriz que tu, y aunque fueras la mejor actriz de Broadway no llenas el perfil para el personaje porque para empezar Eva Perón era blanca y no tenía la piel marrón como tú, y ni todo el maquillaje del mundo, va a tapar eso, mi reina. Atente a tu herencia genética y no busques papeles que no corresponden a tu tipo físico, que sólo haces el ridículo. Y en segunda: Yo no necesito acostarme con nadie para obtener un papel estelar, a diferencia tuya… Y aunque tuviera qué hacerlo, es más fácil que con ese tipo de métodos yo consiga un papel, a que tú lo hagas, a menos que usaras una bolsa de papel en la cabeza para cubrir tu carita. Así que te pido por favor que dejes de hacer comentarios que no vienen al caso y mejor te pongas a hacer tu trabajo. Estúpida.

-Vaya –observó Winston-. Supongo que la mujer se ha de haber sentido muy humillada.

-Esa mujer nunca ha estado bien de la cabeza –comentó Melissa-. Siempre ha sido bien rara. A veces finge desmayos y ahí andan los traspuntes yendo a comprar electrolitos… De pronto llegaba toda deprimida y haciendo comentarios suicidas y cuando uno trataba de acercarse para ayudarla, decía que la dejaran en paz, y que sus problemas eran suyos…

-¿Pero qué tiene que ver eso con el accidente? –inquirió Egon.

-Esta mañana hubo un problema fuerte, ya que Rebecca fue al comedor a desayunar –contó la joven actriz-. La niña se atravesó y chocó con Celeste, quien llevaba a su poodle en brazos. El animal chilló y Celeste le gritó a la niña, la insultó y la zarandeó. Vicky y yo alcanzamos a ver eso último. Victoria la enfrentó y Celeste lo negó, lo cual puso a Victoria aún más furiosa. Se hicieron de palabras y Celeste le intentó dar una bofetada y Victoria, más alta que ella y más fuerte, le detuvo la mano y lo evitó, entonces con el otro puño cerrado, Celeste le dio un golpe y la llamó "gringa estúpida". Entonces Victoria se le echó encima y cuando la atontó un poco, la tomó del cabello y se la llevó así afuera del teatro y la echó. El problema fue que Celeste armó un escándalo al productor alegando que demandaría a todos por despido injustificado con agravante de trato racista por parte de Victoria. El productor la dejó quedarse con la advertencia de que otro problema más y nunca más trabajaría en Broadway. Celeste fingió que la presión se le había bajado por el susto de la pelea y dijo que estaría en el camerino. Después estuvo desaparecida todo el día. Sólo la vimos justo después del accidente. Ahora, los empleados de mantenimiento dicen que los reflectores se aseguran a diario… ya habíamos trabajado aquí y nunca habíamos tenido este tipo de problemas. Sin mencionar que Junior, uno de los bailarines, la vio rondando allá arriba.

Peter golpeó sorpresivamente la pared, y tomó aire…

-¿Y la niña? –dijo Peter mirando a Rebecca que estaba a unos metros- ¿A dónde va a ir? ¿Quién se va a hacer cargo?

-Por eso les mandé llamar –dijo Melissa mientras se sentaba en una butaca-. Ni Victoria ni Rebecca tienen familiares aquí… Y todos nosotros estaremos declarando en la estación de policía… tal vez tarde toda la noche. Tengo entendido que ustedes ya han cuidado antes de Becky, y por eso quería pedirles de favor que se hicieran cargo de ella unos días… en lo que pasan los trámites y la investigación y el funeral.

-No era necesario que nos lo pidiera –dijo Peter amablemente-. Esa niña y su mamá… son muy importantes para nosotros… además siempre lo hemos hecho.

-De verdad se los agradezco –dijo Melissa con una leve sonrisa-. ¿Saben? Vicky siempre hablaba muy bien de ustedes… y Rebecca no hablaba de otra cosa que de Ray Stantz.

-Sí –dijo Winston-. Ray es el que está con Rebecca.

Melissa se volvió y miró a Ray abrazando a la niña y sonrió.

-Lo noté desde el primer momento –dijo la joven-. Iré por un abrigo o algo con qué cubrir a la niña.

Melissa fue hacia los camerinos mientras los cazafantasmas la esperaban. Peter asomó por debajo del telón al escenario y vió el reflector en el suelo con fragmentos de vidrio tirados, sangre y los pies de algunos peritos que tomaban foto a la escena del accidente. El cuerpo de Victoria ya no se encontraba ahí. Los cazafantasmas se reunieron con Ray y Rebecca y cada uno le dio un abrazo y una palabra de aliento a la niña. Melissa llegó con un abrigo de Victoria en sus manos.

-Becky, ven –dijo la muchacha, la niña obedeció-. Tus amigos vinieron por ti para que te vayas con ellos –dijo en voz baja mientras envolvía a la niña en el abrigo-. En unos días vamos a despedirnos de tu mami. ¿Okey?

La niña asintió.

-¿En dónde será el funeral? –preguntó Winston.

-En Crestwood Memorial Chapel –replicó Melissa-. Está en el 199 de Bleecker Street

-Ahí estaremos –dijo Peter.

Subieron al Ecto-1. Egon manejó de regreso, mientras en el copiloto iba Winston. Peter iba atrás muy ensimismado. La niña iba atrás acurrucada junto a Ray y envuelta en el abrigo de su madre. Winston encendió la radio tratando de que el ambiente no se sintiera tan pesado. Nadie lo criticó por ello. En la radio sonaba "Stand by me". El pelirrojo le acariciaba el cabello rubio mientras escuchaban a Ben E. King cantando aquello de:

When the night has come

And the land is dark

And the moon is the only light we see

No, I won't be afraid

No, I won't be afraid

Just as long as you stand

Stand by me

Todo el trayecto se fueron así. Ray sentía la mano de la niña acariciando la suya.

Al llegar, Janine recibió a Rebecca con un cariñoso abrazo al igual que Pegajoso. La pelirroja se había tomado la libertad de comprar un pay de manzana del cual le sirvió un pedazo a la niña que apenas le dio tres mordidas y ya no quiso.

Pegajoso pensó hacerla reír, sin embargo era difícil, ya que eso requería hacer enojar a Peter, pero se dio cuenta de que éste se encontraba realmente mal, así que decidió que era una idea pésima. Rebecca decidió que quería darse un baño antes de acostarse. Egon dijo que estaba bien. La niña subió dejando a Janine, Pegajoso y a los muchachos solos.

-Me parte el corazón verla así –dijo Janine al verla subir las escaleras.

-Dímelo a mí –murmuró Ray-, no soporto el verla llorar.

-Lo peor de todo –dijo Peter con un dejo de rabia en su voz-, es que al parecer fue provocado.

-¿Qué? –Exclamó Janine sorprendida, Ray miró a Peter sorprendido- ¿Cómo es posible?

-Hablamos con Melissa Blizzard –dijo Egon-. Al parecer una corista fue quien anduvo haciendo averías en el teatro.

-Qué maldita puede ser la gente por envidia –observó Janine-. Esa mujer acaba de dejar huérfana a una niña justo cuando más la necesita…

Ray frunció el ceño, le parecía injusto que por culpa de una loca asesina –si es que lo era-, la niña se quedara huérfana. Sin mencionar la pérdida de una persona tan valiosa como Victoria Ashford. Pasó una hora y la niña no bajaba, ni hablaba… Janine preocupada fue a ver si estaba bien.

-Rebecca, cariño ¿Te encuentras bien?

-Sí, Janine –contestó la niña desde el baño aliviando la preocupación de la pelirroja-. Sólo que no tengo toallas.

-Yo te las traigo, Becky –dijo Janine.

Enseguida, la secretaria le pidió a Pegajoso que le consiguiera unas toallas. El pequeño espectro fue a la alacena donde guardaban las toallas y le llevó dos. Janine las tomó, le dio las gracias a Pegajoso y entró al baño cerrando la puerta tras de sí. Janine encontró a la niña desnuda sentada en la bañera, con el rubio cabello mojado que le caía a los hombros. Sus ojos estaban hinchados de tanto llorar. Al observarla mejor, se dio cuenta de que Rebecca comenzaba a desarrollar pechos y que era casi de su misma estatura. La niña había dado el famoso "estirón".

La pelirroja se acercó a la niña y la arropó con una de las toallas; Rebecca suspiró y comenzó a llorar en silencio. Janine la abrazó.

-¿Qué voy a hacer ahora, Janine? –Sollozó la niña- ¿Qué voy a hacer sin mi mamá?

-Seguir adelante, Becky –respondió la secretaria- ¿Qué más puedes hacer? Además, tu mamá no querría verte llorando… Y no estás sola… Nos tienes a todos nosotros; Tienes a Pegajoso, a Winston, a Egon, a Peter… tienes a Ray y además, me tienes a mí –dijo y luego le dio una palmadita cariñosa en el hombro-. Anda, será mejor que te seques y te pongas algo para dormir.

-No traigo pijama –murmuró la niña.

-Bueno, eso no es problema –comentó la pelirroja-. Uno de los muchachos te puede prestar una camiseta. Tú sécate y veré qué te consigo.

La niña rubia asintió y Janine salió del baño dejándola sola. Los muchachos se encontraban reunidos en el comedor.

-¿Cómo se encuentra? –indagó Ray.

-Ella está bien –dijo Janine-. Está muy triste, pero se encuentra bien. Ahorita lo que necesita es una camiseta para dormir o algo…

-Yo puedo prestarle una –dijo Peter interrumpiendo a Ray, quien estaba a punto de hacerlo.

-Yo también, además una tuya le quedaría corta, Venkman –dijo Ray frunciendo el ceño.

-Bueno, para que no se peleen, ahí tengo una playera que no uso mucho –dijo Winston en tono conciliador.

-¡Tú no te metas! – dijeron los dos Winston quien cerró la boca sorprendido.

-Y tu no digas nada –sentenció Ray a Egon quien estaba a punto de hablar.

-¡Muchachos dejen de portarse como niños! –gritó Janine exasperada- Hay una niña ahí que acaba de perder a su madre ¿y ustedes peleándose por una estúpida camiseta? Ray, tráete tu camiseta para que se la dé a la niña. Fin de la discusión.

Ray sonrió y fue por una de sus playeras.

-¿Por qué la de Ray? –rezongó Peter.

-Porque quiere más a Ray, por eso –respondió Janine-. Es con quien más tiempo ha pasado.

Todos se quedaron callados, después de todo, Janine tenía razón.

Ray llegó con una playera limpia color verde de algodón en sus manos, la cual le dio a Janine. La pelirroja fue hacia donde estaba la niña y le entregó la prenda.

-Toma, Becky –dijo la secretaria-. Te la manda Ray.

Una leve sonrisa intentó asomar brevemente en el rostro de la pequeña. Rebecca se vistió, en efecto, la camiseta de Ray le quedaba larga a medio muslo. Egon le preparó un vaso con leche. Que le llevaron hasta el sofá que habían acondicionado para que descansara. Egon tuvo que revisar la unidad contenedora acompañado por Winston. Peter salió un momento del lugar mientras Janine se dedicó a acomodar las cosas en la oficina. La niña se encontraba entre las sábanas recargada en una almohada. Ray estaba sentado en el sofá al lado de ella.

-¿Te sientes mejor? –preguntó el hombre acariciando tiernamente el rostro de la niña.

-Un poco –dijo la niña.

Ray Stantz la miró… parecía que Rebecca traía algo adentro que la acongojaba.

-Ray –dijo Rebecca al fin-, ¿Mi mamá se convertirá en un fantasma? Es decir, si eso ocurriera… ¿Podría quedarme con ella?

El corazón de Peter Venkman dio un vuelco al escucharlo desde el umbral. Era una pregunta difícil… El psicólogo se colocó junto a la puerta para escuchar sin ser visto.

-Claro que no, preciosa –dijo Ray mientras acariciaba el rubio cabello de Rebecca.

-¿Por qué no? –replicó la niña.

Ray le hizo una seña para que se acercara. La niña se sentó sobre sus piernas y nuevamente lo sorprendió su belleza, hecha resaltar en ese momento por su trastorno emocional. Era de tez pálida, y sus ojos se veían más celestes que de costumbre. Ray la abrazó y ella recargó su rostro en el pecho.

-Cuando una persona muere dejando un asunto sin terminar –explicó el pelirrojo acariciando el rostro a la niña- o siente que le faltó hacer algo en vida, es cuando se vuelve un fantasma. Además, no todos los fantasmas son de personas que han muerto, también…

-Ya lo sé Ray –dijo la niña-. Pero quiero saber qué pasará con mi mamá.

-Bueno, tu mami murió, y el único pendiente que tendría serías tú –continuó Ray-. Sin embargo, estoy seguro de que ella sabe que con nosotros siempre has estado bien cuidada, y por ello, sabe que no estás sola. Además, supongo que tu mamá querrá ver a tu papá después de tanto tiempo.

-Sí –dijo la niña-. Mi mamá nunca dejó de estar enamorada de él.

Peter oyó ese comentario y sintió un nudo en la garganta… había sido un golpe psicológico escucharlo. El sabía que en el corazón de Victoria sólo existía Chris Spencer, su esposo fallecido, y que nadie había ocupado ese lugar… ni siquiera él, que la amaba tanto. Peter Venkman estaba profundamente enamorado de Victoria, pero nunca le dijo sus sentimientos ya que él sabía perfectamente que ella nunca llegaría a amarlo como amó al padre de su hija. El sabía que la amaba más de lo que ella podía retribuir… y aún así… le dolía tanto escucharlo…

-¿Ves? –Dijo Ray- Estoy seguro de que tus papás están juntos en este momento. Si lo que te preocupa es que tu mamá se convirtiera en fantasma y termine en la Unidad Contenedora, no tienes de que preocuparte… en esos casos, ellos necesitan que sus asuntos se resuelvan. Si tu mamá se convirtiera en un fantasma, sería cuestión de que hablara con nosotros y ver cómo ayudarla. Todo va a estar bien… Además tú no estás sola, nos tienes a todos nosotros… Me tienes a mí, Rebecca.

La niña le dio un beso en la mejilla y en ese momento Janine y los muchachos se les unieron. Peter fue el último en entrar.

-¿Todo bien? –preguntó Egon.

-Ya está más tranquila –respondió Ray.

Winston se acercó a la niña y acarició su cabello.

-No llores, Rebecca –dijo el hombre de color-. Piensa que tu mamá está en el cielo y ahora es un ángel que te cuidará siempre, junto con tu papá. Ellos dos siempre estarán contigo aunque no los veas…

-Y sin importar qué pase –dijo Peter Venkman mientras acariciaba la cabeza de la niña-, siempre podrás contar con nosotros…

-Bueno, ya es tarde –dijo Janine-. Lo mejor será que vayamos a dormir y dejemos a Becky dormir a gusto. Debe estar cansada.

-Janine tiene razón –dijo Egon-. Lo mejor será que vayamos a dormir. Hasta mañana, Becky –dijo el rubio dándole un beso en la frente.

-Hasta mañana –respondió la niña.

Ray besó a la niña rubia en la mejilla.

-Buenas noches Rebecca –dijo-. Cualquier cosa que necesites, me llamas.

El pelirrojo intentó levantarse pero la niña lo detuvo jalándole de la camisa. Ray volteó y vió el rostro suplicante de la niña.

-No te vayas, Ray –dijo Rebecca con sus ojos celestes llenos de lágrimas-. Quédate conmigo.

-Pero Rebecca, necesitas dormir –dijo el-. Yo también necesito dormir.

-Pero yo no quiero dormir sola –respondió ella-. Duérmete conmigo.

-Pero…

-Por favor –dijo la niña con voz temblorosa y una mirada implorante en sus ojos celestes-. Déjame dormir contigo…

Ray se encontraba en una encrucijada. Lo que el más quería, era que Rebecca estuviera bien, que se sintiera apoyada, y protegida, y si para eso debía permitirle dormir con él, lo haría. Pero había un problema: La niña estaba a punto de cumplir los trece años, ya casi era una adolescente, eso a él no le molestaba, lo que le preocupaba era que sus amigos o Janine pudieran malinterpretar su decisión. Ray Stantz miró a sus amigos en busca de aprobación pero ninguno de ellos sabía qué decirle que hiciera. El pelirrojo se volvió hacia Janine Melnitz con una mirada compungida que parecía decirle: "¿Qué hago?". La joven secretaria lo miró y supo que él no quería dejar sola a la pequeña rubia, pero que estaba temeroso de que lo malentendieran. La pelirroja lo miró comprensiva.

-Ray, yo creo que lo mejor es que la dejes dormir contigo –dijo Janine-. Está pasando por un momento demasiado difícil y no creo que sea bueno que duerma sola.

Ray Stantz sonrió, el hecho de que Janine hubiera comprendido la situación lo tranquilizaba. El pelirrojo miró a la niña y sonrió.

-Está bien, linda –dijo mientras se levantaba-. Pero dormiremos en mi cama, porque aquí no quepo…

-Sí –dijo la niña.

-Bueno –dijo Peter-. Lo mejor es que me vaya poniendo mi pijama…

-Igual yo, colega –dijo Winston.

-Bueno, muchachos, ya es tarde y lo mejor es que me vaya a mi casa –dijo Janine mientras se despedía de todos-. Nos vemos.

La pelirroja se dirigió a Rebecca y le dio un beso en la mejilla.

-Descansa, Becky –le dijo cariñosamente-. Ya sabes que aquí estamos.

-Hasta mañana, Janine –dijo la niña mientras se levantaba.

-Quédate aquí –dijo la secretaria.

-Yo te escolto –dijo Egon.

-¿Te importa si me quedo? –dijo Ray.

-Ay, no se preocupen –dijo la pelirroja, quien no perdía la oportunidad de estar a solas con el rubio-. Con uno que me acompañe a la puerta está bien…

-Janine… -dijo el pelirrojo.

-¿Qué ocurre, Ray?

-Gracias…

-No te preocupes… entiendo la situación.

Egon bajó con Janine y la acompañó hasta su auto. Mientras, Peter y Winston se fueron a cambiar de ropa para dormir. Ray le pidió a la niña que se adelantara a la recámara mientras él iba al baño. Rebecca ya se había acostado en la cama de Ray cuando este llegó ya con su pijama puesta. El pelirrojo se metió bajo las sábanas y se acostó junto a ella. La niña se acurrucó con él y le acarició el cabello.

-Gracias, Ray –dijo-. Gracias por estar conmigo.

-No hay de qué –respondió el con una sonrisa.

-Te quiero, Ray ¿Lo sabes?

-Claro que lo se… yo también te quiero mucho, Rebecca.

La niña besó a Ray en la mejilla y entonces cerró sus ojos y se durmió. Al poco rato, Egon Spengler entró a la alcoba ya en pijama y se dispuso a dormir.

Durante la noche, hubo varios momentos en los cuales la niña despertaba llorando, y Ray la tranquilizaba con un abrazo diciéndole que todo estaba bien, entonces la pequeña se volvía a dormir.

Nunca supo a qué horas fue, ni en qué momento de la madrugada ocurrió, pero el Dr. Raymond Stantz recordaba perfectamente el haber atestiguado a la madre despidiéndose de su hija. El científico despertó por un momento debido a un ruido que hizo la campana de viento.

-Mamá –murmuró la niña entre sueños seguida por ese tintineo de la campana de viento acompañado de un fuerte aroma a jazmín y gardenia.

Ray tuvo una extraña sensación… algo no cuadraba.

No había ninguna campana de viento en el cuartel…

-Así que él es la persona con quien quieres estar –susurró una voz suave, de mujer.

El pelirrojo abrió los ojos solo para encontrarse con la imagen de Victoria Ashford, hermosa, de aspecto etéreo y volátil, llena de joyas… parecía una reina usando el vestuario que usó en "Amor en rojo"; sin embargo, Ray Stantz no sabía esto último, ya que no era muy afecto a asistir al teatro a ver musicales de Broadway. La mujer que había muerto apenas ese día se encontraba inclinada sobre su hija acariciándole el pelo. El científico miró la escena con los ojos muy abiertos. Victoria volteó, lo miró y sonrió llevándose el dedo índice a los labios haciendo una señal de silencio.

-Victoria… -murmuró.

-Sólo vine a despedirme de ella, Ray –dijo en voz baja-. Y agradecerles todo lo que han hecho por nosotras, y lo que hacen por mi niña.

-No tienes nada qué agradecer –Dijo Stantz- Rebecca es muy importante para mi… es decir para nosotros.

La mujer que en vida había sido actriz se acercó a darle un beso en la mejilla, que el pelirrojo sintió helado, y sonrió.

-Cuídenla mucho, por favor –dijo ella-. Cuídala, Ray

-Lo haré –prometió el.

Victoria se levantó y flotando se dirigió a la cama de Egon, y luego a la de Winston dando un beso en la frente a ambos. Por último, se dirigió a la cama de Peter Venkman, apartó el cabello que le caía sobre el rostro del psicólogo y dio un beso en la mejilla.

-Muchas gracias por todo, Peter –dijo ella acariciándole cariñosamente el cabello-. Y perdóname por no poder corresponderte como te lo merecías.

-Victoria no te vayas –murmuró él entre sueños mientras se giraba en la cama-. No me dejes…

La rubia se volvió de nuevo hacia Ray.

-Adiós, Dr. Stantz… Y gracias.

Dicho esto, Victoria se dirigió a la ventana y flotando salió dejando el lugar aromatizado a jazmín y gardenia.

Ray cerró los ojos y se quedó dormido, desde ese momento, Rebecca no volvió a despertarse en toda la noche y Ray durmió tranquilo toda la noche abrazando a la niña.

La mañana era agradable, los pájaros cantaban y empezaba a escucharse el movimiento en las calles de Nueva York y con ello, el trajinar diario de los ciudadanos de la Gran Manzana; la madre que se apresuraba para llevar a sus hijos a la escuela, el obrero preparándose para ir a trabajar a la obra, y la oficinista apresurada tomando el taxi con su taza de café en la mano y el bolso en el otro.

Una suave brisa soplaba esa mañana, Ray Stantz abrió sus ojos encontrándose con Rebecca, quien también había abierto recién los ojos.

-Buenos días –dijo con una sonrisa tierna-. ¿Cómo amaneciste?

-Anoche soñé con mamá –dijo la niña en tono melancólico-. Se veía hermosa con el vestuario que usó en "Amor en rojo". Me decía que estaría siempre conmigo… que ella y papá me cuidarían siempre.

-¿Y cómo te sientes?

-Pues aún la extraño –dijo Rebecca recostándose de lado quedando frente al pelirrojo-. Quisiera que lo que pasó en el teatro hubiera sido una pesadilla…

-Me imagino, Becky –dijo el comprensivo.

La niña se aproximó un poco más a él y lo miró directamente a los ojos. Lo amaba, amaba ese carácter afable y dulce, y su sonrisa tan llena de amabilidad, adoraba la mirada limpia y noble de sus ojos castaños.

-Ray, tú nunca te vas a alejar de mí, ¿Verdad? –inquirió la niña con sus ojos celestes fijos en los cafés de él.

Sus ojos celestes parecían desear que el viera dentro de su alma, su cabello rubio se movía con la brisa. Ray la atrajo hacia su pecho para abrazarla.

-Te quiero, Ray –murmuró la niña- Te quiero mucho…

-Yo te quiero más –dijo el dando un beso en su frente.

Esa mañana desayunaron tranquilamente. Peter estaba algo melancólico ya que el también había soñado con la recién fallecida. En realidad todos lo habían hecho… Ray fue el único que en verdad la había visto. Al poco rato, Janine llegó y colgó un listón negro en la entrada del cuartel en señal de duelo. Dos horas después, llegaron Melissa Blizzard y Bianca Romanelli con un cambio de ropa para Rebecca para que la usara en el funeral

El funeral fue en la capilla Crestwood Memorial, tal y como le había dicho Melissa. La niña llegó acompañada por Janine, los cuatro cazafantasmas, todos vestidos de traje formal en color oscuro y las dos actrices.

Había mucha gente en el funeral, actores, entre ellos: Mike Otero, Martha Morrison, Sebastian Lam, John Espinoza, Mitzy Hodge, Annie Di Wachowsky, Alba Martinez, Phil Towers, Hector Coscarelli y James Kennedy. Asistieron músicos, y mucha gente del medio donde se desenvolvía la recién fallecida, sin contar la multitud de admiradores que se apiñaban afuera de la funeraria.

Bianca Romanelli miró a la niña.

-¿Quieres ver a tu mamá, cariño? –le dijo Bianca a Rebecca mientras la tomaba de la mano

-Sí –dijo tímidamente la niña.

La actriz llevó a la niña hacia el ataúd donde reposaba el cuerpo de su madre. Rebecca se asomó y vio a su madre hermosa, como si estuviera a punto de salir a escena, usando el hermoso vestuario que usó en "Amor en Rojo", con la diferencia de que para dicha puesta en escena, Victoria llevaba su cabello teñido de rojo porque así lo requería el personaje, y ahí en ese ataúd su cabello tenía el rubio con el que ella había nacido.

-Parece como si estuviera dormida –comentó la niña mirando el cuerpo de su madre amorosamente.

-Sí –comentó Bianca en un suspiro-. Decidimos que llevara ese vestuario, porque ese fue su éxito más grande, y siempre se ha visto hermosa en ese papel. ¿Te gustaría rezar una oración para ella?

La niña asintió y se arrodilló con la mujer que era amiga de su madre y se puso a rezar.

Peter Venkman se acercó al féretro, miró el cuerpo sin vida de Victoria Ashford, se arrodilló y se puso a hacer oración para el alma de la mujer de quien estaba enamorado. Los demás cazafantasmas hicieron lo mismo, se acercaron al ataúd y mostraron respeto a la difunta. Raymond Stantz se acercó y no le sorprendió el verla con un arreglo idéntico a como la había visto la noche anterior.

-No te preocupes, Victoria –Dijo el pelirrojo con su pensamiento-. Cuidaré de Rebecca con mi vida, si es necesario…

El funeral pasó sin grandes problemas, salvo uno que otro desmayo y algunos ataques de llanto, estos últimos más que nada por parte de Rebecca. Bianca Romanelli dio un discurso muy emotivo enumerando lo mejor de la difunta. El mismísimo Peter Venkman habló ante todos en nombre de los cazafantasmas.

La relación que había entre Peter Venkman de los cazafantasmas y la actriz de Broadway Victoria Ashford era muy bien sabida por la prensa de espectáculos y por el público en general debido a los encabezados y a que ella y su hija actuaron para un comercial de televisión donde promocionaban los servicios de dicho grupo.

Al salir del funeral, salieron rumbo al cementerio Greenwood, ubicado en Brooklyn, uno de los cementerios más hermosos de Nueva York. La niña se fue con Melissa y Bianca en el coche de ésta última; los cazafantasmas iban en el coche de Janine, no quisieron llevar el Ecto-1 ya que habría sido malinterpretado como una búsqueda de publicidad y era una falta de respeto. Durante el trayecto, las dos actrices le contaban a Rebecca varias anécdotas sobre su madre, como la vez que en una entrevista le preguntaron si ella se sentía "la divina garza" a lo cual contestó: "Yo no me siento la divina Garza… yo SOY la divina Garza", o la ocasión en que le hicieron una pregunta por los múltiples retratos que tenía en su casa de ella misma y ella respondió: "Creo que puedo considerar que el tener tantos retratos míos es manifestar una forma de narcicismo… pero realmente no puedo evitarlo". Ellas reían de las ocurrencias de Victoria, quien siempre que le hacían una pregunta malintencionada o agresiva, contestaba con un sentido del humor cínico, por esa razón había personas que la tenían ubicada como una diva creída y un tanto déspota, cosa que estaba muy alejada de la realidad.

Al llegar al cementerio, las personas encargadas de cargar el féretro fueron: Peter Venkman, Phil Towers, Oscar Wallace quien la dirigió en la primera puesta en escena de "Alcanzando el pasado" y James Kennedy quienes cargaron el ataúd que contenía los restos de Victoria Ashford.

El entierro fue uno de los momentos más tristes ese día; la ceremonia fue dirigida por el Padre Meyers, un coro cantó "In noctem" mientras bajaban la caja. Los asistentes le dieron su último aplauso.

La imagen del féretro bajando por el foso fue demasiado para la niña, quien rompió a llorar llamando a su madre. Raymond Stantz abrazó a la niña con fuerza mientras ésta sollozaba. Al terminar, varios actores y conocidos pasaron a darle el pésame a la niña.

Rose Wellington se acercó a la niña para despedirse y la abrazó.

-Becky, yo sé que amas mucho a tu madre -dijo la cantante, una hermosa mujer de piel blanca, cabello oscuro y ojos color miel-, pero quiero que sepas, que todos nosotros, quienes conocimos a Vicky y la quisimos, siempre estaremos contigo para lo que necesites ¿De acuerdo? Bianca, Melissa, Martha, John, Mike… todos nosotros. Además tienes a tus amigos –agregó mirando a los cazafantasmas.

-Gracias –dijo Ray.

-Vicky los apreciaba mucho –dijo Rose- ¿Se quedará hoy la niña con ustedes también? –inquirió.

-No sé qué opinen ellos –dijo Melissa.

-Anoche la niña se quedó con ellos –respondió Bianca.

-Si ustedes prefieren –comentó Rose-, puedo llevarla a que se quede a mi casa.

Ray negó con la cabeza.

-No tenemos problema con que Rebecca pase otra noche con nosotros –dijo el pelirrojo-. Con mucho gusto la cuidamos…

En ese momento, una mujer acompañada por dos hombres llegó a donde estaban charlando.

-Buenas tardes –dijo la dama acomodándose el saco azul marino de su traje sastre-. Mi nombre es Gillian Benett, trabajadora social del departamento de servicios infantiles de Nueva York.

Al escuchar eso, Ray instintivamente colocó a la pequeña rubia detrás de él, como si pensara que así evitaría que la vieran; una trabajadora social llegando donde hay una niña que acaba de quedar en la orfandad sólo significaba una cosa…

-Soy el Dr. Peter Venkman –Respondió Peter acercándose a la mujer- ¿Qué se le ofrece?

-Venimos por la niña Spencer-Ashford –dijo-. La niña ha quedado en la orfandad, por lo que desde ahora, el estado debe hacerse cargo de su bienestar.

Ray estrechó a la niña con más fuerza…

-Pero eso no es necesario –replicó el pelirrojo con desesperación tratando de convencer a la trabajadora social-. Ella está a nuestro cuidado ahora… su madre siempre nos la confió… Nosotros la cuidamos bien.

-¿Hay algún documento que lo avale como su tutor legal? –Inquirió la mujer con sus ojos verdes fijos en Ray Stantz.

-No, pero…

-Yo fui pareja de la occisa durante los últimos dos años –intervino Peter.

-¿Estaban casados? –preguntó la mujer.

-No, pero Victoria siempre nos confió el cuidado de la niña –replicó Venkman-. Y de haber previsto este suceso, nos habría dejado la patria potestad.

-Dr. Venkman, entiendo lo que usted me dice –dijo la mujer-, pero entiénda que yo no hice las leyes, y a menos que haya un documento en donde la Señora Victoria Ashford haya dejado a alguno de ustedes como su tutor legal, la niña debe venir con nosotros.

-Señorita –intervino Rose Wellington-, entiendo lo que dice pero… ¿No hay forma de que la niña se quede aunque fuera una noche con cualquiera de nosotros? Le aseguro que la niña estará bien ya sea conmigo, con el Dr. Venkman o el Dr. Stantz…

-Lo siento –dijo la mujer.

-¿Tiene que ser ahora? –inquirió Egon tratando de buscar una solución.

-Escuche, señorita –irrumpió Ray con voz firme-, esta niña acaba de enterrar a su madre, se encuentra en un estado emocional muy delicado cómo para dormir en un lugar extraño, ella en este momento necesita de mí, es decir, necesita de nosotros…

-Dr. Stantz, entiendo su punto –dijo la trabajadora social-. Pero a menos que usted o cualquiera haya sido nombrado como tutor legal de la niña, ella tendrá que venir con nosotros.

Ray miró a la niña con aprehensión, no quería que pasara esa noche en un lugar desconocido, con quién sabe qué personas. Había escuchado verdaderas historias de horror acerca de los hogares sustitutos.

-¿A dónde la va a llevar? –Inquirió.

-La niña irá a un hogar sustituto, en lo que encuentra quien la adopte –respondió la mujer.

-Disculpe señorita –dijo Bianca al fín-, pero como madrina de la niña, estoy en el deber de velar por su bienestar. No soy su tutora legal, pero moralmente estoy obligada. Así que la niña se quedará conmigo sin que usted se la lleve a un hogar sustituto. Usted hará las visitas de rutina a mi hogar para checarla. De cualquier manera, el Juez no ha dictaminado nada ¿O sí?

-Aún no –dijo la trabajadora social en tono dubitativo.

-Entonces, hasta que no haya una orden, o la niña haya sido adoptada o reclamada por algún familiar, la niña se quedará bajo mi cuidado –dijo Bianca terminante-. Tengo contactos muy arriba, y puedo pelear por la custodia de Rebecca. Fín de la discusión.

La trabajadora social, algo amedrentada por la actitud tan llena de seguridad de la actriz, decidió dejarlo por la paz.

-Bien –dijo la dama mientras sacaba una tarjeta y se la entregaba a Bianca-. Cualquier cosa que necesite, éste es mi número.

-Gracias –dijo la actriz guardando la tarjeta en su bolso-. Y ahora si me permite, la niña se viene conmigo, porque todos nosotros nos vamos a ir a cenar a Applebees. Muchachos vámonos, que Rebecca está que se muere de hambre.

Los muchachos, junto con Janine, Rose y Melissa siguieron a Bianca hasta los autos mientras la trabajadora social, se iba del lugar.

Fueron al mencionado restaurante y todos cenaron tranquilamente entre historias acerca de la difunta Victoria, haciendo hincapié en los buenos momentos y las ocurrencias de la fallecida actriz, como la vez que una reportera le preguntó su edad y ella amablemente le contestó que había estado demasiado ocupada viviendo su vida que no había tenido tiempo de contarla, o el día en que un periodista le preguntó si ella era lesbiana, dado que no había tenido pareja después de la muerte de Chris Spencer, su marido. La respuesta de Victoria fue: "Si todos los hombres fueran como usted, tenga la plena seguridad de que ya me habría hecho lesbiana". Victoria era hermosa y brillante. Rebecca siempre tuvo muy presente el mejor consejo que su madre le había dado: "Ser bonita es una bendición ciertamente, sin embargo no basta con ser bonita… hay qué saber serlo". Ya que se despidieron, Bianca permitió que la niña se quedara con los cazafantasmas en lo que acomodaba un cuarto para ella en su departamento de Queens, pidiéndole de favor que se la llevara al día siguiente a primera hora, no fuera a ser que la trabajadora social se le ocurriera ir a buscarla

En un momento, la mesa se silenció en un ambiente tenso, todos se miraron unos a otros; había un tema del cual hablar, pero no en presencia de la niña. Así que disimuladamente la mandaron a jugar mientras ellos se disponían a hablar de este asunto tan importante

-Bien, señores –dijo Bianca muy seria al fín-. Puedo detener esto por un tiempo, pero no para siempre… Tenemos qué decidir qué hacer, o si no, corremos el riesgo de perder a nuestra pequeña.

-¡No podemos permitir eso! –Exclamó Ray- Ella tiene qué estar con nosotros… con nosotros y con nadie más.

-Sí, Ray –dijo Peter tranquilizarlo-, Sabemos eso… pero el problema es cómo lo vamos a hacer.

-Yo estoy más que dispuesta a adoptarla –dijo Bianca-. Pero con los constantes viajes de mi marido y con mi trabajo, es difícil que me la suelten. Me tomaría años y mientras tanto, ella estaría en el sistema.

-Cualquiera de nosotros es apto para ser el padre –dijo Egon.- El problema es que la mayoría de los que estamos aquí somos solteros.

-A nosotros nos pasa lo mismo que a Bianca –dijo Melissa-. Van a alegar que no tenemos el tiempo para la niña.

-Incluso hubo un tiempo en que le quisieron quitar a la bebé a la mismísima Victoria –comentó Rosie.

-¿Cómo es posible que habiendo gente capáz de cuidarla y amarla no pueden pensar en el bienestar de la niña y se dejen llevar por reglamentos inútiles? –comentó Winston reflexivo.

Peter se levantó apoyando las manos en la mesa. Estaba tan decidido que Bianca lo encontró sumamente atractivo, y lo que dijo después, dejó a la actriz fascinada.

-Yo voy a adoptarla –dijo el decidido-. Así tenga que llenarles la oficina de fantasmas hasta que me la den. Después de todo, somos los únicos que podemos hacer ese trabajo. Y así la manden a hogares sustitutos, igual les dejaremos unos fantasmas… Sea como sea, la niña se quedará con nosotros.

-Peter, eso es antiprofesional –comentó Egon-. Además podrías poner a las personas en peligro.

-Ellos ponen a mi… nuestra niña en peligro al mandarla a cualquier lugar –intervino Ray.

En ese momento, vieron a la niña que venía de regreso a la mesa.

-Ahí viene Rebecca –dijo Rosie-. Cada quien piense en una forma de evitar que esté en el sistema.

-Bianca será el contacto –dijo Melissa-. Cuando aparezca la mejor idea, ella nos contactará para ponernos de acuerdo.

La niña regresó a la mesa, sintiendo el ambiente tenso, Ray la miraba con una cara de preocupación que no podía ocultar.

-¿Pasó algo? –preguntó la niña.

-Ay, cariño –dijo Bianca-, sólo queríamos saber si querías pastel.

Esa noche, al llegar al cuartel saliendo del restaurante, Rebecca durmió de nuevo con Ray Stantz, prefirieron que así fuera ya que el choque emocional de ver a su madre siendo sepultada había sido fuerte, a la mañana siguiente, llevaron a Rebecca al departamento de Bianca, como habían acordado.

Una idea estaba anidando en la mente del pelirrojo.

-¿Qué quieres adoptar a Rebecca? –exclamó Peter un tanto sorprendido.

-Sí, yo no quiero que se la lleven lejos, además con nosotros estaría muy bien cuidada –dijo Ray animado-. Además, ya hablé con Bianca.

-Entiendo que quieras adoptarla, Ray –dijo Egon analizando la situación-, y ciertamente ella se sentirá muy bien, ya que el lazo emocional contigo es bastante fuerte… Sé cuanto quieres a esa niña pero me preocupa que no te consideren apto para cuidar de ella.

-¿Y por qué no? –Inquirió el científico pelirrojo cruzado de brazos- Soy un hombre responsable, tengo un trabajo fijo…

-Eres soltero –indicó Peter.

-¿Y eso qué?

-Dan preferencia a las parejas casadas, Ray –dijo Winston-. O a mujeres solteras. Los hombres solteros están en mucha desventaja para adoptar niños.

-Pues si no me aceptan así, soy capáz de casarme con tal de que me den su custodia –dijo Ray-. Al menos quiero ser su tutor legal.

Peter Venkman suspiró.

-Si Victoria se hubiera casado conmigo, la niña ya estaría viviendo aquí –dijo.

-Oh Peter –dijo Ray mirándolo con tristeza- ¿Por qué diablos no te casaste?

-¿Creés que no lo intenté? –exclamó Peter- Pero Vicky simplemente… era mujer de un solo hombre… y ese hombre no era yo.

-Bueno –dijo Janine-. ¿Y dónde queda la opinión de Becky?

Todos voltearon a mirar a la secretaria intrigados, Janine continuó.

-Miren, en estos casos, muy pocas veces se toman en cuenta los deseos de los niños –dijo mientras limpiaba sus gafas-. Y creo que Rebecca no es ninguna niñita de kínder como para que decidan por ella. Ya tiene 12 años, está a punto de cumplir los 13, ya casi es una señorita y creo que ella puede decidir. Tal vez legalmente no quieran concederle ese derecho, pero yo pienso, Ray, que deberías pedirle su opinión acerca de que tú la adoptes. Si ella quiere ser adoptada por ti, yo misma me caso contigo para que nos den la custodia.

Egon la miró pálido.

-No… Janine, espera –dijo Egon-. No es necesario que hagas algo así…

- Y ya que tengamos la adopción plena, nos divorciamos –completó Janine.

-¿Harías eso por mí, Janine? –Dijo Ray extrañado.

-Por los dos –aclaró Janine-. Por ti porque eres mi amigo, y por Becky por que la quiero mucho.

Ray sonrió… le parecía una excelente idea. Miró a los demás y parecían convencidos, aunque notó que Egon fruncía el ceño.

-Espero que solo sea por eso –murmuró el rubio en tono críptico.

El día en que Ray fue a hablar con Rebecca para hacerle la propuesta, el pelirrojo se encontraba sumamente nervioso. Se había vestido y peinado impecablemente y prácticamente se bañó en loción.

-Ray, amigo mío… pareciera que vas a proponerle matrimonio a Rebecca –dijo Peter riendo.

-Bueno, tengo que estar presentable –dijo Stantz sonrojado-. Después de todo quiero que acepte mi propuesta…

-Ray, amigo mío –dijo Peter mientras ponía su mano sobre el hombro del pelirrojo-. La niña te quiere demasiado como para fijarse en algo así. Además ¡Ya hasta te ha visto en pijama! No entiendo por qué estás tan nervioso.

-Es que… ¿Qué tal si no me acepta?

-¡Por Dios! –Dijo Peter- Si esa niña te adora… Pero en fín, buena suerte, amigo.

-Gracias.

Ray se fue en el coche que Janine le había prestado rumbo al departamento de Bianca. El pelirrojo iba expectante, pensando en todo lo que haría si adoptaba a la niña, podría adaptarle una de las piezas del cuartel para que fuera su recámara, y posiblemente cuando fuera más grande, y ¿Por qué no? la entrenaría para ser una cazafantasmas. La vería crecer, estaría con ella hasta el momento en que…

-No quisiera pensar en el día en que se case –dijo él con algo de melancolía-. Además falta mucho para eso.

Ray Stantz llegó al departamento de Bianca evidentemente nervioso, la ansiedad había hecho presa de el. Tocó el timbre y lo recibió Charles Hannigan, el esposo de Bianca.

-¿Sí qué desea?

-Buenos días –dijo el pelirrojo un poco nervioso-, soy el Dr. Ray Stantz y…

-¿De los cazafantasmas? –Inquirió el sujeto emocionado- Lo he visto en televisión ¿De verdad capturan fantasmas? Siempre he querido ver u…

-¿Quién es, Charlie? –preguntó Bianca desde la cocina interrumpiendo a su marido.

-Es el Dr. Ray Stantz –respondió Charles.

Bianca se encaminó a la puerta y quitó a su marido de un empujón.

-¡Dr. Stantz! –Dijo ella sonriendo- ¡Qué sorpresa! Pase, por favor.

-Gracias, señora Romanelli…

-Hannigan, doctor –corrigió ella mientras lo invitaba a sentarse-. Ese es mi apellido de casada aunque artísticamente sigo usando el apellido de mis padres… Permítame que vaya por Becky…

-Claro.

Bianca fue a la recámara donde la niña leía unas historietas y asomó por la puerta.

-Adivina quien vino a verte –dijo la actriz desde la puerta.

-¿Quién? –preguntó la niña.

-¡El Dr. Stantz! –Respondió Bianca- Te está esperando en la sala.

De un salto, la niña se incorporó inmediatamente y fue corriendo hacia la puerta deteniéndose antes de salir para checar su peinado y se volvió hacia la actriz.

-¿Cómo me veo? –preguntó

-Te ves hermosa –respondió Bianca-. Vamos, te esperan…

La niña corrió hacia la sala de estar y se arrojó hacia Ray para abrazarlo efusivamente (de hecho, lo tacleó) Ray respondió al abrazo y le dio un beso en la mejilla. Bianca le indicó a su marido que fuera con ella y luego se dirigió a Ray.

-Los dejamos solos para que platiquen –dijo la actriz mientras empujaba a su esposo hacia la recámara.

-Gracias –dijo Ray.

Ray y Rebecca se quedaron en la sala conversando sobre distintas cosas, Rebecca le contó sobre la escuela, de cómo un niño insistía en sentarse siempre al lado de ella –cosa que a Ray no le hacía nada de gracia-. Rebecca le comentó acerca de ese niño al que siempre molestaban, Billy Cranston, el cual por alguna razón le recordaba mucho a Egon. Por su parte, Ray le contó sobre esas apariciones de cuerpo completo de clase 3 que capturaron en el departamento de una vieja solterona, y el poltergeist que encontraron haciendo desorden en un jardín de niños. Ray sacó un obsequio que tenía para ella: Una cadena con un dije de circonia color lavanda en forma de lágrima. La niña lo recibió emocionada ante la mirada complacida de Ray, quien estaba contento de que le haya gustado el regalo. El pelirrojo le puso la joya a la niña y entonces, Ray decidió entrar en materia.

-Rebecca, he venido a proponerte algo –dijo el pelirrojo mirándola directamente a los ojos.

-Dime, Ray…

-Bueno, yo he estado pensando… tu… pues –comentó nervioso Ray-… tu sabes que yo te tengo mucho cariño y pues no quisiera dejar de verte, y si alguien más te adopta, es probable que no nos veamos tanto… o peor… que no nos veamos nunca más.

Un gesto de preocupación asomó por los ojos celestes de la pequeña.

-¿Y qué propones, Ray? –Murmuró y luego sonrió con sus ojos celestes brillando- ¿Quieres que nos fuguemos juntos?

-No, preciosa, yo… yo quiero adoptarte, Rebecca –dijo Ray al fín-. Quiero adoptarte con todas las de la ley para que no te separen de nosotros. Haré todo, absolutamente todo lo que sea necesario para que el juez apruebe la adopción. Lo que sea, Rebecca.

-¿Lo que sea? –dijo Rebecca con sus ojos celestes fijos en los marrones de él.

-Lo que sea –ratificó el pelirrojo y entonces tomó la mano de la niña-. ¿Qué dices, Rebecca? ¿Me permitirías adoptarte?

La niña se quedó mirándolo fijamente unos segundos y bajó la mirada. Era tentadora la oferta, así podría estar cerca de Ray todo el tiempo, seguiría en la misma escuela, no dejaría de ver a todos los del teatro… pero... tendría que pagar un precio muy alto. Si él la adoptaba, eso significaba que Ray sería su papá… y es imposible que alguien pueda llegar a ser la novia de su propio padre… y menos aún podría llegar a casarse algún día con Ray.

-No quiero.

-¿Qué? –inquirió Ray sorprendido.

-Que no quiero –repitió la niña-. No quiero que tú me adoptes, Ray.

-Pero ¿Por qué? –exclamó el pelirrojo sin comprender.

-Porque no quiero que tú seas mi papá, Ray –respondió la niña-. Que me adopte Egon, que me adopte Janine, Peter, Winston… que me adopte cualquiera menos tu.

Esas palabras, cayeron como agua fría sobre Ray Stantz, quien se levantó del sofá lentamente.

-¿Esa es tu última palabra, Rebecca? –Dijo él con una voz colmada de tristeza-. Entonces, no tengo nada más qué decirte.

Rebecca intentó seguirlo pero el salió precipitadamente del lugar. Una vez afuera, las lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas del pelirrojo quien regresó al cuartel con el corazón roto. Ray llegó al cuartel completamente desanimado.

-¿Cómo te fue? –preguntó Winston al verlo llegar.

-No quiero hablar de eso –dijo Ray mientras se encerraba en un cuarto.

-Creo que Ray tiene un problema –comentó el afroamericano al ver la reacción de su amigo.

-Eso lo sabemos desde hace siglos –comentó Peter encogiéndose de hombros.

-Iré a ver qué pasa –dijo Janine extrañada del comportamiento del pelirrojo

Janine avanzó hacia el cuarto donde Ray se había encerrado y tocó la puerta.

-Ray ¿Puedo pasar?

-Pasa, Janine.

Janine entró y vió a Ray con sus ojos enrojecidos, como si hubiera estado llorando.

-¿Qué fue lo que ocurrió?

El pelirrojo le explicó todo lo que había ocurrido y la rotunda negativa de la niña a ser adoptada por el. Le contó cómo ella estaba de acuerdo en que cualquiera la adoptara menos él. Janine estaba sorprendida, pero no del todo.

La pelirroja salió del cuarto y poniéndose su abrigo, se dirigió a su coche.

-¿A dónde vas, Janine? –inquirió Peter.

-Necesito ver qué es lo que pasa con Rebecca –dijo la pelirroja.

-¿A qué te refieres? –inquirió Egon.

-La niña se negó a ser adoptada por Ray –explicó-. Quiere que cualquiera la adopte menos él. Ahora si me permiten, me tengo que ir.

Los muchachos se quedaron sin habla ¿Cómo era que si la niña quería tanto a Ray (cosa que saltaba a la vista), no quería ser adoptada por el? Era ilógico a decir de Egon.

-Bueno –dijo Winston-, la niña acaba de perder a su madre, es obvio que no puede ver a alguien más que la supla…

-Pero ella dijo que cualquiera de nosotros podía adoptarla menos Ray –dijo Peter sin entender.

Janine Melnitz llegó al departamento de Bianca Romanelli en poco tiempo, llamó a la puerta y Bianca le abrió la puerta.

-Señorita Melnitz, qué bueno que viene.

-¿Qué ocurre? –inquirió la pelirroja.

-Becky no para de llorar –respondió la actriz-. El Dr. Stantz se fue repentinamente y la niña estaba llorando.

-Sí –dijo la pelirroja-. Ocurrió algo… Necesito hablar con ella.

-Pase, señorita –dijo la actriz-. Siéntese, en este momento le sirvo un refresco…

-De dieta si es posible –dijo Janine mientras se sentaba.

Bianca le llevó su refresco y fue por la niña. Unos segundos después, la niña llegó con sus ojos azules hinchados, como si hubiera llorado demasiado. Rebecca saludó a la secretaria y se sentó a su lado. Los ojos azules de Janine melnitz se posaron sobre la rubia quien no paraba de acariciar el dije que Ray Stantz le había obsequiado.

-A ver, Becky –dijo ella en tono pacífico-. Vengo para que me expliques ¿Por qué no quieres que Ray te adopte? Siempre pensé que lo querías mucho… y el está muy triste.

-Lo sé –respondió la niña mientras acariciaba la circonia color lavanda de su dije-. Vi que quería llorar cuando se fue.

-¿Acaso no quieres a Ray, Becky?

-¡Claro que lo quiero! –Respingó la niña- Lo quiero mucho…

-Entonces no entiendo…

-Janine, si Ray me adopta el sería mi padre –explicó la niña-. Y yo quiero muchísimo a Ray, con todo mi corazón. Pero no lo quiero como a un padre, no podré nunca verlo como a mi papá y no quiero que eso pase.

-¿Pero por qué? –dijo la pelirroja sin entender.

-Porque quiero a Ray como tú quieres a Egon, Janine… ¿Entiendes?

En ese momento, Janine recordó que ella misma se lo había dicho antes, hacía unos dos años, pero no le daba importancia. La verdad estaba ahí, contundente y palpable

-Si yo permito que Ray me adopte –continuó la niña-, nunca podré tener lo que yo mas quiero, Janine. Sé que estaría cerca de él siempre… pero el precio sería demasiado alto.

-Entiendo pero… Ray está muy triste –dijo Janine.

-Adóptame –dijo la niña sorpresivamente- ¡Adóptame tu, Janine! De ese modo, Ray no será mi papá y no tendré qué estar lejos.

-Ay, mi amor –dijo Janine mirándola con ternura- ¿Qué voy a hacer contigo si estos cabrones ni me pagan?

La niña bajó la mirada.

-Entonces olvídenlo –dijo la niña-. Prefiero tener una posibilidad, aunque fuera mínima, que perder toda oportunidad de tenerlo.

-¿Qué le diré a Ray? –Inquirió Janine- No puedo decirle que estás enamorada de el…

-Dile lo que se te ocurra… dile que no te di razones, que solo me negué…

-Entiendo.

La pelirroja se despidió de la niña y marchó rumbo al cuartel, donde los cazafantasmas la esperaban con alguna explicación. Janine lo único que dijo fue que no quería ser adoptada por Ray, pero que nunca le dijo las razones. Pero que la niña había sido determinante en su decisión.

Dos semanas después se enteraron de que de cualquier manera no podrían adoptarla, ya que sus abuelos paternos quienes vivían en Maine, habían reclamado la custodia de Rebecca. Sin embargo, no había noche en la que Ray no recordara el rechazo de Rebecca preguntándose:

-¿Qué tengo de malo? ¿Qué hice mal para que no me quisiera?

El timbre sonó indicando que había una emergencia sacando al pelirrojo de sus recuerdos, rápido se puso su uniforme, y bajó por el tubo.

-Tenemos una aparición corpórea clase 3 en Flushing Meadows #1435 –dijo Janine con el teléfono en la mano.

Todos se prepararon, se llevaron sus armas de protones y trampas y subieron al auto de prisa. Mientras Winston conducía el Ecto-1, Ray miraba por la ventanilla meditabundo.

-¿Por qué, Rebecca? –Pensaba el pelirrojo- ¿Por qué no me quisiste a mí? ¿Qué tengo yo de malo?