Capítulo 2
Meredith POV
De repente sentí que flotaba, podía ver mi cuerpo en la camilla y a Damon intentando revivirme.
Algo llamó mi atención, no tenía cuerpo, era invisible, podía traspasar las paredes, volé hacia el techo, crucé todo el hospital hasta llegar a la azotea, me sentía liviana, veía todo desde arriba con una nitidez increíble.
Una sensación de alivio me inundó.
Cerré los ojos, al volver a abrirlos estaba en un puente, unas luces a lo lejos se acercaban a mí.
Suspiré.
Esa sensación de alivio comenzaba a irse, sentía miedo, había algo en ese puente, algo familiar.
Las dos luces se acercaban más y más rápido –Nooooo –quería que acabara.
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Mientras tanto
Bella POV
–¡Hay que quitarle la manta! –exclamé mirando a Damon mientras tomaba la manta de calor –¡Rápido! ¡No hay tiempo que perder!
–Cargando a doscientos, ¡despejen! –Damon le dio una patada con el desfibrilador.
–¡Nooo! –lo empujé –No es así como debes hacerlo, la matarás ¡joder!
–¿Qué hago?
–Reanimación manual –tomé mi celular, busqué el número de Edward y le envié un texto.
"Sótano. Subnivel C. Urgente, emergencia. Vida o muerte –Bells"
–¡Ponle epinefrina, joder, Damon!
Agarró la medicación y se quedó paralizado.
–¡Intravenosa!
–Sí, lo sé, lo sé –comenzó a temblar.
–¡Pónsela en el suero! ¡Ya! –grité perdiendo el control.
–¿Qué mierda están haciendo? –Edward cruzó la puerta agitado.
–Está muriendo, no vuelve –indiqué negando.
–Fue un experimento, le detuvimos el corazón –explicó Damon.
–¿Están locos?
–¿Hace cuánto está así? –preguntó acercándose.
Miré mi reloj –Cu–cua–cuatro –tartamudeé.
–¿Cuatro qué?
–Cuatro minutos –admitió Damon.
–Las compresiones las hará Damon, tiene más fuerza, ¡súbete sobre ella! –ordenó –Carga el desfibrilador a trecientos sesenta, Bella ¡ya, ya!
Lo dejé cargando –Epinefrina –estiró su mano hacia mí.
–Ya le dimos –interrumpió Damon.
–¡No pares, joder! ¡Más epinefrina!
Le entregué la jeringa.
La inyectó.
–Algo está mal –susurró –¡Tiene hipoxia*, hay que intubar!
Busqué en los cajones un tubo –¿Dónde hay un puto tubo? –me desesperé.
–¡Tengo la bolsa! ¡Dame el tubo, Bella!
–¡No encuentro!
Damon paró la reanimación.
–¡Que no pares, Damon! –Edward lo cacheteó.
–¡Aquí! –encontré el tubo, se lo lancé –¡Atrápalo!
Metió el tubo por su garganta y luego conectó la bolsa.
–Dale aire, Bella –indicó dejándome su lugar.
–En 3, 2, 1 –Edward tomó las paletas de reanimación –¡Despejen!
La soltamos.
–¡Otra vez! ¡Despejen! –repitió el procedimiento.
Meredith despertó tosiendo, le quité el tubo con cuidado.
–¡Estás loca, Meredith, estás loca! –repetí.
–¿Qué pasa aquí? –Elena cruzó la puerta algo confundida.
Puse mis ojos en blanco, esto cada vez se enredaba más.
Al cabo de una hora estábamos en casa de Meredith
–¿Cómo te sientes? –revisé sus signos vitales.
–Estoy perfecta –sonrió.
–¿Cómo fue? –Elena parecía intrigada.
–Como si flotara, como si no tuviese cuerpo ¿comprendes? –preguntó rascándose la cabeza –podía volar, ver todo con una claridad diferente…
–¿Diferente?
–Sí, inexplicable.
–¡Oigan! ¡Tengo la grabación lista para verificar! –gritó Damon desde el comedor.
–¿Qué piensas de todo esto? –le pregunté a Edward.
–Pienso que es una estupidez, que podría haber muerto.
–No murió gracias a ti –aclaré.
–Esto fue un error –negó bufando.
–¿Llegaste a ver la luz, Mer? –preguntó Elena sentándose a su lado.
–Algo así –respondió sin más desarrollo.
–La actividad cognitiva ha cesado, tu corazón se detuvo en ese instante –señaló Damon la grabación –no hay respiración, ni pulso, ya van quince segundos muerta y ahí –señaló un punto específico –hay actividad cerebral en el cortex prefrontal.
–Como un pequeño rayo –susurró Elena.
–Es… eso es… pues –estaba atónita.
–No somos radiólogos, no sabemos qué es eso –Edward sonaba enfadado.
–Cuarenta segundos muerta –Damon lo ignoró –en el hipocampo hay una iluminación.
–Ese no es el hipocampo –lo interrumpí –es el área tegmental ventral, la parte más vieja del cerebro. Controla la sed, el hambre, el amor –aclaré.
–Es suficiente, me voy –Edward tomó su chaqueta y se alejó.
–Oye, no te vayas –Meredith le suplicó –Quédate un poco más.
–Esto no es lo mío, adiós –cruzó la puerta.
–A los sesenta segundos, la amígdala –señaló Damon rápidamente.
Observé la pantalla –¿Qué veías en ese momento, Meredith? –fruncí el ceño –la amígdala es la que controla la ira, el estrés.
–Yo…yo no lo recuerdo bien –parecía que mentía.
¿Pero porque mentir?
Me dirigí a su cocina y reparé algo de café –¿Quién más quiere?
–Yo –respondió Damon levantando la mano.
–¿Y Meredith? –me asomé, no la veía por ningún lado.
–Afuera, en el balcón, no sé qué es lo que hace, solo está ahí sentada –se encogió de hombros –es escalofriante –dijo luego moviendo sus manos en el aire.
–¡Damon! –lo empujé.
–Si el cerebro soltó químicos, aún puede que estén en su sistema, es todo, no creo que sea nada grave –sugirió Elena.
–Una vez tomé LSD* y no pude dormir por tres días, ¿pueden creerlo? –lanzó una carcajada.
–Eso es terrible, Damon –indiqué negando.
–Fue gracioso –replicó.
–Eres un imbécil a cuerdas –Elena sonrió irónicamente –Iré fuera a ver cómo se siente –salió al balcón para hacerle compañía.
Serví el café –Está lista –musité, al voltear, Meredith estaba detrás de mí –¡Ahhhh! –salté del susto.
–Tengo ganas de cocinar pan –sonrió.
–¿Qué?
–Cocinar pan –comenzó a sacar cosas de la alacena –¿Tú sabes cocinar, Bella?
Negué –No, no sé cocinar pan –miré a Damon confundida.
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Día siguiente 8:00 am
–Buen día –Edward ingresó en la sala, se sentó a mi lado –¿Y todo ese pan? ¿De quién es? –señaló la mesa principal.
–Meredith lo hizo anoche –respondí mirándole.
–¿Anoche?
–Sí, era una receta de su abuela al parecer –hice una pausa –Ah, ya me olvidaba, también corrió veinte kilómetros.
–¿Es broma?
Damon volteó –No, no lo es –negó riéndose.
–Silencio –indicó el Dr. Cullen al ingresar –¿Cuál es el primer caso del día?
Un compañero leyó el primer caso.
No tenía ni idea de que enfermedad podía poseer.
Me quedé en silencio.
–¿Teorías?
Meredith respondió muy segura de su respuesta.
–Bien, señorita Fell –Cullen sonrió alegrándose –caso resuelto, siguiente caso –señaló.
¿Lo había resuelto? ¿Así tan fácil?
Me quedé atónita.
–Mujer de cuarenta años –leyó Elena –ingresó con una confusión leve, no reconocía a su hermana, decía que era una impostora.
–¿Trauma cerebral? –pregunté.
–Ningún trauma cerebral, muy joven para demencia.
–Es el síndrome de capgras –interrumpió Meredith ansiosa.
Un silencio invadió la sala.
–Continúe, Fell –indicó Cullen acercándosele.
–Es una falla en el cerebro, afecta el reconocimiento facial.
–No es del texto de este año –informó él luego.
Se encogió de hombros –Estoy segura que es eso, tiene todos los síntomas.
–Sí, los tiene –admitió riendo –Parece que vamos mejorando ¿no?
–¿Qué fue eso? –dije en voz baja.
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Alrededor de las siete de la noche, luego del turno en el hospital nos dirigimos a un bar para relajarnos.
Meredith se sentó frente a un piano –¿Sabes tocar? –pregunté irónicamente.
–Eso creo –colocó las yemas de sus dedos sobre las teclas y comenzó a tocar una canción.
–¿Es broma? ¡Sí sabías tocar! –bufé.
–Creo que cuando tenía cinco mi madre me llevó a una clase, pero no volví jamás, no era lo mío.
Elena me miró y frunció el ceño.
–¿A los cinco años?
–Sí, a los cinco ¿puedes creerlo? –expresó.
–No –negué intentando comprender que le sucedía –¿Acaso esto es normal? –pregunté mirando a Edward.
Él negó rápidamente.
–Mi hermana si que sabía tocar el piano, ella… ella…
–¿Ella qué, Mer? –Elena tocó su hombro.
–Ella tocaba siempre esta canción –soltó las teclas.
–Es como si su cerebro se hubiese reprogramado, todo lo que una vez supo, leyó o aprendió, sale a la luz –comentó Elena.
–No me importa realmente porque ella ahora recordó todo eso, este experimento –Edward soltó la cerveza –se acabó.
Damon negó.
–¿Acaso crees que eres pionero en la medicina, Damon? ¿Qué ganaras un nobel? ¿Qué descubrirán algo increíble? –resonó su cuello –Esto es solo una fascinación morbosa, deben acabar esto, solo son niños jugando a ser científicos.
–Cálmate, Masen –Damon palmeó su espalda.
–No –se alejó lentamente.
–Me toca a mí –Damon se auto señaló.
–¿De qué hablas?
–Me toca a mí, ya lo decidí, es mi turno, lo haré –tomó un vaso de Vodka –Y ustedes estarán ahí para revivirme.
–Estás loco –Elena mordió su labio inferior.
–Mañana será un buen día para morir ¿no creen?
Meredith POV
Me miré al espejo, me sentía diferente.
Tomé el secador de cabello después de un relajante baño, al acabar lo desconecté y lo dejé sobre un estante, acomodé la cortina del baño dejándola abierta y cerré la ventana para irme a dormir.
Cuando volteé, la cortina del baño estaba cerrada.
–¿Pero…?
¿Acaso no la había abierto recién?
El cabello se me erizó.
Me acerqué y abrí la cortina con rapidez.
No había nada allí.
Tragué saliva algo nerviosa.
Me dirigí a la cocina para prepararme un té, cuando oí las argollas de la cortina moverse a través del fierro que la sostenía.
Volteé y miré a los lados, mi corazón latía fuerte.
Caminé lentamente hacia el baño, cuando me asomé, la bañera estaba repleta de agua.
–No, no –negué, yo no había dejado eso así.
Me acerqué, había algo en el fondo. ¿Qué era?
Parecía cabello, de repente dejé de respirar, me paralicé.
El cabello de color rojizo comenzaba a moverse, temblé llena de miedo.
Una mano salió del agua –Ahhhhhhhhhhhhh –grité resbalándome.
Cerré los ojos –¡No! –esperé unos segundos hasta volver a abrirlos.
Intenté levantarme del suelo.
La tina estaba vacía, no había agua, ni cabello, ni nada allí.
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*Hipoxia es un estado de deficiencia de oxígeno en la sangre, células y tejidos del organismo.
*El LSD es una de las sustancias químicas más potentes para cambiar el estado de ánimo. Se manufactura a partir del ácido lisérgico.
