Capítulo 1. Venganza
A mediados del siglo 19, en la oscura noche de Londres, en la mansión Phantomhive se escuchaba el estruendo de unas armas al ser disparadas, ocasionando eco en el lugar.
—¿Dónde está Ciel?. —Preguntaba con preocupación una mujer de cabellos rubios, que tenía sostenido dos armas en cada mano, mientras que con la mirada buscaba a su hijo, pues no podía moverse de su posición, si lo hacía sería la derrota completa para ellos.
—Rose, tranquila él debe estar bien, fue entrenado para esto. —Habló su acompañante con total confianza en sus palabras puesto que no podía darse el lujo de caer en pánico porque tenía que ser la fuerza y el aliento de su esposa y aún más, cualquier error les costaría la vida.
—Ethan, terminemos con esto y vayamos a buscar a Ciel. —Dicho eso, se escuchó en la planta alta dos disparos, el corazón de ambos se les aceleró y sin pensar se movieron de su lugar, al llegar, un cuerpo inerte rodaba por ellas, rápidamente se dieron cuenta que no se trataba de su hijo.
—Me quede sin balas. —Dijo con total tranquilidad un joven ojiazul que de mala gana sacudía una espada ensangrentada.
—¡Ciel!. —Hablaron al unísono la pareja que se sentía felices por ver a su hijo de 13 años con vida. —El joven despreocupado bajo las escaleras y fue recibido con un fuerte abrazo
—Estoy bien, no exageren. —Alegó el peli azul con molestia, pero en realidad le gustaba aquellas muestras de afecto que le daban sus padres.
De repente la puerta de acceso a la mansión fue derribada, y en ella emergieron varias personas mostrando sus colmillos
—Vampiros… llegaron más… —Ethan, intercambio miradas con su esposa, ella sin decir más asintió tomando la mano de Ciel para correr hacia la cocina en donde escaparían fueran de la mansión
Ella confiaba que su marido los alcanzaría, aparte no era la primera vez que pasaban por una situación así.
—No podemos abandonarlo. —Grito Ciel a mitad de camino, soltándose del agarre de su madre
—Ciel, cariño, tenemos que movernos tu padre nos alcanzará él es muy fuerte. —Sus palabras sonaban apacibles, a pesar de que por dentro le dolía dejar a su marido ahí solo, sin embargo, tenía que ser fuerte por su hijo.
—Confiemos en que el regresara ¿si?. —El chico aceptó sin más y ambos continuaron su camino hacia la cocina.
Mientras tanto Ethan disparaba con atinada puntería hacia el corazón de aquellos vampiros y con su otra mano cercenaba sus cabezas con el sable que tenía en su otra mano, sus habilidades superan a un humano normal, se movía con agilidad, sin embargo, comenzaba a cansarse, pero al menos ya había logrado algo de tiempo para que su familia escapara sana y salva.
Para su suerte solo se trataban de vampiros neófitos, es decir, humanos convertidos en vampiros, de los cuales podía ser asesinados con la luz del sol, cercenando sus cabezas o destruyendo su corazón con unas balas especiales que usaban. Sin embargo, tendría problemas si una sangre pura se aparecía, ellos son diferentes y más poderosos sólo pueden ser asesinados cercenando su cabeza, pero sería un trabajo difícil.
Al notar que ya quedaban pocos vampiros y que ya se había quedado sin municiones, decidió que era momento de huir para alcanzar a su familia, con el sable en mano comenzó a pasar en medio de ellos cortándolos con velocidad y agilidad, cuando estaba a punto de matar a un vampiro, unas filosas cuchillas se clavaron en su brazo, haciendo que suelte el sable.
—Vaya, vaya, ¿Qué tenemos aquí? —Habló un hombre alto, delgado de piel pálida, sus ojos carmín brillaban con intensidad, mientras que de sus labios se formaba una sonrisa ladina mostrando unos colmillos blanquecinos puntiagudos.
A los ojos de cualquier persona sería la criatura más hermosa del mundo, tan perfecta, como una hermosa obra de arte, pero, para los ojos de Ethan, es la criatura más atroz que jamás debió existir.
—¡Tu!, debí imaginarlo. —Espetaba Ethan con rabia —¿Qué es lo que quiere una sangre pura en mi casa?
—Qué pregunta más estúpida, tú sabes a lo que vine. —El azabache se acercó a Ethan lo tomó del cuello y lo azoto contra la pared.
—No eres tan fuerte como pensé o acaso la edad te ha vuelto tan débil. —Con burla se expresó el azabache, apretando cada vez más el cuello de aquel ser mortal, disfrutaba sentir como se estrujaba cada membrana de aquel delicado pescuezo, al menos lo estaba haciendo sufrir, aunque no tanto como él había sufrido cuando los Phantomhive le arrebató aquellos seres que más amaba, ¡no!, aquel sufrimiento que vivió no se comparaba con nada, pensaba él ojo carmín
—Sebastián, no hay rastros de su familia. —Dijo una joven pelirroja que descendía de las escaleras, el joven vampiro chasqueo la lengua y soltaba a Ethan, no le servía de nada si solo a él mataba. El castaño tosía intentando nuevamente respirar.
—¿Meyrin, buscaste bien?. —Cuestiono con impaciencia el azabache puesto que no podía permitirse ningún error, aquella familia debía morir esa noche
—Si, y nos los encontré.
Sebastián miró a Ethan con desde, para después cerrar los ojos y concentrarse, en segundos los abrió sonriendo.
—Ustedes encárguense de él. —Sebastián dio un par de pasos, pero se detuvo al sentir el sable clavado en su pecho.
—¡No permitiré que toques a mi familia!. —Gritaba Ethan, sosteniendo el mango del sable, Meyrin no se dio cuenta de aquel movimiento del castaño, que no pudo defender a Sebastián, enojada por haber herido a su adorado azabache le propina un fuerte golpe haciendo que caiga al suelo, estaba a punto de darle otro golpe, pero fue detenida
—Espera Meyrin. —Sebastián se saca el sable de su pecho y se da la vuelta para encarar a Ethan.
—Que patético resultaste ser, como cazador, eres consciente que estas estúpidas armas no pueden dañar a una sangre pura como yo. —Sonrió y lamió el filo del sable que estaba manchado con su propia sangre, se acercó al peli castaño mostrando sus colmillos.
Un fuerte alarido se escuchó dentro de la mansión, llegando a los oídos de madre e hijo que aún se encontraban cerca de la mansión y por ende detuvieron su paso.
—Ethan…algo debió pasar… —Murmuró Rose, miró a Ciel, se colocó a su altura. —Hijo deberás adelantarte por tu cuenta…
—¿Que? ¡No!, ¡yo voy contigo! —Gritó Ciel con desespero, en el fondo tenía un gran presentimiento, no quería dejar ir a su madre, pero igual no quería quedarse solo ya que dolorosamente intuía que probablemente su padre ya no siguiera con vida.
—No cariño, tienes que irte, prometo que te alcanzaré junto con tu padre.
—Acarició la mejilla de su hijo con ternura, para luego darle algunas municiones. Ella quería asegurarse que al menos su hijo se salvara, porque presentía que había llegado el momento de pagar por aquella acción que hizo junto a su esposo en el pasado, sin embargo, su pequeño hijo no tenía la culpa de lo que ellos habían cometido, por lo que deseaba que él quedara fuera de la mira de aquel hombre.
—Prométeme que pase lo que pase no te detendrás.
—Pero… mamá…
—Promételo Ciel. —Dijo con seriedad Rose, el chico se limitó a asentir
—Cuídate mi niño, te veré pronto. —Lo abraza con fervor mientras que Ciel siente como si fuera la última vez que lo haría, le da un beso en su mejilla para después alentarlo a que se valla
Con los ojos cristalinos comienza a correr adentrándose al bosque, las lágrimas comenzaban a rodar en sus mejillas, rápidamente se las limpió para mirar con claridad su camino, para su suerte la luna iluminaba su andar, continuó corriendo hasta que escuchó varios disiparon que pronto cesaron.
—Madre… —Murmuró deteniendo su paso, se da la vuelta para regresar, pero recuerda su promesa, empuña las manos y con dolor en su pecho se dispone a irse, pero un cuervo parado en las ramas de un árbol llama su atención, sus ojos del ave brillaron en tono carmesí, alarmado por ello, Ciel comienza a correr hasta donde su fuerza humana le permita, mientras lo hacía sacaba un arma que guardaba en su costado, sabía que pronto algo o alguien lo alcanzaría.
De repente el camino se le acaba llegando a un acantilado, miró a todas direcciones buscando alguna manera de escapar, alzó la mirada encontrándose con aquel cuervo que volaba en círculos, en eso escuchó unos pasos y rápidamente se dio la vuelta, encontrándose cara a cara con aquel hermoso ser.
—Me harías un gran favor si tan solo te avientas al acantilado, realmente no quiero perder mi tiempo contigo. —Expreso con fastidio el azabache al encontrarse con aquel joven humano, del cual pensaba en lo débil que debía ser, después de todo solo es un niño, que más podía hacer; solo rogar por su patética vida ya que con un simple golpe todo terminaría, al menos eso es lo que pensaba aquel vampiro.
—¡Maldito bastardo!, ¿Qué hiciste con mis padres?. —Sebastián sonrió y comenzó a lamer sus uñas afiladas que estaban manchadas de sangre.
—Digamos que solo fueron unos deliciosos aperitivos. —Ciel se impactó con su comentario que sintió doler su corazón, su única familia ya no estaba, ahora él estaba completamente solo.
—¿Qué pasa, vas a llorar? —Cuestionó con burla
Ciel bajo la mirada, claramente quería llorar, pero no era el momento para ello, empuño una de sus manos libres con enojo, mientras que con la otra apretaba el mango del revólver, alzó la mirada fulminándolo, lo apuntó con el arma y con precisión le dispara corriendo hacia él.
—¡Estúpido! —Se carcajeo Sebastián, cuando noto que ya estaba cerca, quiso usar sus filosas garras para desgarrarlo por completo como lo había hecho con la madre del joven.
Ciel predijo aquel movimiento de parte del ojicarmin que lo esquivo dando un salto para después apoyarse del antebrazo del vampiro y dar otro salto hacia atrás, en breve sacó varias dagas y con velocidad se los lanzó hiriéndolo por la espalda.
—No eres débil como imagine, pero supongo que es normal, ya que eres hijo de unos desagradables cazadores.
—No te permito que hables así de ellos. —Vociferó con molestia el ojiazul y de nueva cuenta se arriesgó a atacar disparándole y haciéndole leves cortes con una daga que aún conservaba.
Al ser de baja estatura podía moverse fácilmente esquivando los ataques de Sebastián, el joven planeaba seguir con vida y victorioso, por lo que se estaba enfocando en cansarlo para tener la oportunidad de cercenar su cabeza.
Por otro lado, Sebastián había usado la mayoría de su energía con los padres de Ciel, que comenzaba a agotarse, sin embargo, no se dejaría vencer por un simple humano, mucho menos por un niño, enfadado le lanza una bola de fuego del cual el joven logra esquivar.
Agitado el ojiazul comienza a pensar en cómo le hará ahora que Sebastián ha comenzado a usar sus verdaderos poderes, y es que los sangres puras poseen diversas habilidades desde control mental hasta ataques con fuego u otro tipo de elemento.
Sebastián noto lo cansado que ya estaba el niño que en su mente ideó algo, lanzó una tira de fuego hacia la dirección del ojiazul, pero de nueva cuenta lo esquivo, pero al hacerlo, el ojicarmin se movió rápidamente y lo tomó por el cuello, justo como lo había planeado.
—¡Te tengo! —Sonrió triunfante, apretando levemente su cuello ya que aún no quería matarlo, quería verlo sufrir.
—Ugh… —Se quejó el niño mientras pataleaba e intentaba zafarse de aquel ser, aun no quería morir, aun quería pelear, por más que las probabilidades sean nulas de que ganara, él aún quería luchar, y más por su deseo de venganza.
Dejó de forcejear al sentir que aún tenía en su mano aquella daga, pero al tener los brazos cortos solo podía hacer una cosa, agarró fuertemente la daga y rasgo con profundidad su ojo derecho
—¡Maldito mocoso! —Grito Sebastián al mismo tiempo que lo lanzaba con fuerza, el pequeño se aporreo contra un árbol escupiendo sangre por el impacto.
Intentó levantarse, pero solo sintió las contundentes patadas que le daba aquel vampiro del cual se encontraba bastante enfadado. Cuando apaciguó su sentir se alejó del pequeño.
—Tan frágil que es el cuerpo humano... que desperdicio... —Con su mano se limpiaba la sangre que chorreaba de su ojo derecho, del cual estaba tardando en curar.
—E-Eso... es todo... —Dijo Ciel colocándose de pie, a pesar de que le dolía todo su cuerpo.
—Admito que eres muy valiente, pero eso no te servirá para salir con vida de aquí. —Le da una patada, como si se tratara de una muñeca de trapo, lanzándolo cerca del borde del acantilado.
Con dificultad se coloca de nuevo de pie, sintiendo un fuerte dolor en su brazo, aquel golpe le había roto su brazo, pero a pesar de ello, no perdía su semblante, que estaba cargada de odio hacia aquel vampiro
—Es increíble que en todo este tiempo no hayas mostrado ni una pizca de miedo, realmente eres un humano interesante...
Se acercó al joven, se colocó a su altura y con sus dedos, le limpio la sangre que resbalaba desde su sien hasta su mejilla, como si se tratara de una tierna caricia, para después lamer sus dedos.
—Delicioso… —Miró al niño con su único ojo bueno, dándose cuenta de sus hermosos ojos zafiros, del cual quedó cautivado, sin pensar pasó su pulgar acariciando su párpado inferior de uno de los ojos del pequeño.
—Hermosos… igual a… —Se interrumpió y se sumió en aquellos recuerdos de aquellos seres que amo tanto y que le fue arrebatado por los Phantomhive.
Ciel no decía nada, ni siquiera se sorprendía antes las acciones de aquel ser, después de todo ellos no sienten piedad ante nada, ni siquiera amor, solo se divierten con su presa y este no sería la excepción, o al menos es lo que pensaba el joven, más sin embargo aquel contacto lo hacía sentir extraño, como si se tratara de un familiar que lo acariciaba con amor.
Mentalmente se negó a aquel pensamiento y sentir, entonces se dio cuenta que Sebastián estaba distraído, por lo que pensó que su única escapatoria era cegar al vampiro para poder huir y más ahora que lo tenía tan cerca, rápidamente alzo su brazo para clavarle la daga en su ojo izquierdo, pero su ataque fue detenido.
—Me hubiera gustado tenerte como mascota, pero eso ya no será posible. —Dicho eso le rompió la muñeca donde tenía empuñado la daga haciendo que lo suelte.
—¡Aaah! —Chilló el niño sintiendo como sus huesos eran rotos por la fuerza bruta de aquel vampiro.
En segundos sintió otro dolor, pero ahora en su cuello, aquel vampiro le había clavado los colmillos para alimentarse, colocó su brazo en la cintura del niño y lo alzó al colocarse de pie, sus ojos brillaban con intensidad, Ciel ya no podía defenderse ya no tenía fuerzas lo único que sentía era como el líquido vital de su cuerpo le era arrebatado por aquel ser, pronto moriría.
Se quejó levemente cuando Sebastián saco sus colmillos de su pálida piel, para después sentir como lo sostenía de su cuello con una mano, sin apretarlo.
—Sería piadoso de mi parte matarte al instante, pero no lo soy, así que espero que disfrutes de la caída. —Su cuerpo flotaba por el acantilado, su único sostén ante aquella caída era aquel agarre.
El joven humano lo miró sin emoción, no le importaba las palabras crueles de aquel vampiro, ni siquiera la manera en que iba morir, lo único que le complacía es que pronto se reuniría con sus amados padres. Lentamente aquellos fríos dedos lo soltaron, la imagen de Sebastián se fue perdiendo de su vista y rápidamente la caída llegó, pero no sintió ningún dolor, al igual que no murió al instante, aunque pronto lo haría, su corazón latía lentamente, respiraba entrecortado, el final estaba cerca, pronto los vería de nuevo, su corazón dio sus últimos latidos, 1,2,3,4, cerro lentamente sus ojos dando fin a su corta vida humana.
