Scott Pilgrim © Bryan Lee O'Malley

Esta historia fue originalmente escrita por Voice4TheMute y, con su permiso, traducida al español por sadcore.


Voice4TheMute presenta:

«Existen diferentes tipos de amigos. Tienes amigos con los que ir de fiesta, amigos intelectuales, amigos con los que hacer los deberes, amigos vagos, amigos listillos... la lista sigue y sigue. Incluso aunque no lo admitamos, en cierto sentido, estamos todos usándolos. Todo el mundo tiene uno o dos amigos para cada ocasión. Tenemos amigos con los que cotillear, amigos que nos prestan dinero sin que piensen peor de nosotros, y amigos de los que podemos copiar los deberes. ¿Y por qué estoy mencionando esto? Bueno, normalmente esos grupos de amigos nuncan coincidirán juntos. Es algo así como querer mantener alejados a los amigos de la familia porque actúas diferente con cada uno. Pero están esas raras ocasiones en las que conoces a alguien y no tienes miedo de mostrarte tal y como eres. Estas personas son un grupo muy especial de amigos.

»Son tus mejores amigos.

»Y para conseguir este tipo de amigos, basta con comenzar con una conversación».

Una historia basada en Scott Pilgrim de Bryan Lee O'Malley.

«Bueno... sí que podría haber ido mejor...» pensé para mis adentros, dando una vuelta por la tarde. «Es decir... en mi primer día de escuela, había arruinado mi reputación, había empapado de refresco a la hija del decano, y me habían castigado». La cosa era que no estaba decepcionada. De hecho, estaba sonriendo. Fue un día productivo, ya sabes, ignorando los altibajos de humor en la escuela. «Aunque... el castigo pudo haber sido un poco más llevadero...»

Castigo

—La razón por la que estáis aquí, gusanos, es porque habéis conseguido romper las reglas de la escuela el primer día —nos dijo el decano Thomas a mí, a Scott, y a otros tres estudiantes en un aula después de clase. El decano no estaba contento cuando se enteró de que fui yo la que hizo de su hija un amasijo caldoso azucarado. Tampoco estaba contento cuando vio que Scott había empezado una pelea con unos estudiantes el primer día de clases, tanto como que apareciera durante el almuerzo y no por la mañana cuando debía—. Sois lo peor de lo peor. Y haciendo perder el tiempo a los estudiantes con vuestros chanchullos, estoy autorizado a perder el vuestro teniéndoos aquí en el campus. Así que quedad sentados, callad, y si escucho el más mínimo ruido podéis estar seguros de que ésta no será vuestra última vez en la clase —nos dijo, saliendo de la habitación. Se sabía que iba a pasar algo una vez se cerrasen esas puertas. Tan pronto como salió el decano Thomas y cerrara la puerta, vi lo que parecía una goma de borrar rosa golpear a Scott.

—¡Conque has venido a por más moratones, Pilgrim!

Ambos, Scott y yo, nos giramos para ver a tres chicos sentados justo tras nosotros. No tuve la oportunidad de verlos antes, ya que mi mente estaba ocupada aguantando el castigo. Estreché mis ojos mientras miraba atentamente a los tres chavales. Un tipo con un gorro negro, un grandote con las cejas gruesas, y un chico rubio con entradas. Estos chicos me sonaban. Recuerdo que Lauren, la chica del CEA, me habló sobre ellos. Edward, Austin, y Andrew creo. Otra cosa que vi fue que sus uniformes estaban tan destrozados como el de Scott.

—¡Oh! ¡Veo que has traído a tu novia también! —Le escuché decir al rubio mientras me señalaba. Vi inmediatamente a Scott golpear las manos mientras los fulminaba con la mirada.

—¡Ella no es mi novia! ¡Y si pensáis que voy a soportar un abuso verbal, entonces preparaos para recibir uno físico! —gritó Scott, levantando los puños.

—Edward, Austin, y Andrew. He escuchado hablar de vosotros —les dije, esperando que mi conversación los apaciguara de algún modo.

—Exacto. ¡Somos los Matones de Joel! —me dijo Edward, el chico del gorro negro.

—Oye... tú eres la niña a la que empujé. ¿Te gustó el baño de refresco? Je, supongo que no debiste abrir aquella lata —me dijo el grandote cuando el rubio le dio un golpecito en el hombro.

—Esto, Austin. Parece algo seca para alguien que se ha mojado con refresco.

—Sí. Qué perspicaz —le dije, descubriendo ahora quién era quién. El del gorro debía ser Edward, el grandote era Austin, y el rubio, Andrew—. Por si te interesa, ese baño de refresco que querías darme se lo ha llevado Alice. Y se puso chorreando a base de bien. Por eso estoy aquí —dije, cruzando los brazos. Era por su culpa el que estuviera aquí, y el porqué mi reputación se hubiera ido por el desagüe.

—¿Eh? ¿Se la llevó Alice? Bueno, supongo que no se fue para la rubia tonta a la que se suponía, pero es lo mismo, ¿me equivoco, tíos? —dijo Austin cuando ambos, Andrew y Edward, se unieron a sus risas. Pero las risas se detuvieron cuando Scott le dio un puñetazo a Austin justo en el centro de su cara cuadrada. Se cayó hacia atrás y perdió el equilibrio con la mesa tras su espalda, cayendo con un gran estrépito. Andrew y Edward pararon de reír y miraron cómo su supueso líder caía. Yo, por otro lado, tenía la boca abierta cuando vi a Scott lanzar aquel puñetazo. Fue la primera vez que había visto a alguien golpear a otra persona... y algo me decía que no iba a ser la última.

—¡Cállate la boca, gordito! ¡Creía que estábamos teniendo una pelea! —gritó Scott apartándose de su sitio. Austin fue ayudado por sus dos lacayos, mirando los amenazantes ojos de Scott.

—S-Scott. Tío... no puedes dar puñetazos así. Quiero decir, ya estamos castigados. ¡Si el decano Thomas vuelve...! —le advertí a Scott, pero Austin ya estaba en pie, y estaba enfadado.

—¡Se acabó, Pilgrim! ¡Vas a recibir tu segunda paliza del día! —le gritó cuando Scott juntó y golpeó sus puños.

—¡Vamos!

... y así, diez minutos más tarde...

—Muy bien, gusanos. Sé que he escuchado- ¡JESÚS BENDITO! ¿QUÉ HA PASADO AQUÍ? —dijo el decano Thomas cuando entró y vio los restos de la clase. Las mesas estaban del revés, los libros desperdigados por todo el suelo, y había una o dos ventanas rotas. Yo, por otra parte, estaba sentada diligentemente en mi pupitre, esperando que si parecía civilizada, no me metería en problemas. ¿Qué pasó con Scott y los otros? También estaban sentados en sus pupitres. Si estaban conscientes o no era otra historia.

—¡Señor! ¡Tuvieron otra pelea, señor! —grité, levantándome y dirigiéndome a él como si fuera un sargento de instrucción. ¿Quién sabe? A lo mejor funcionaba.

—¿¡Pero qué-! ¡Miller! ¿Lo has visto?

—¡Señor, sí, señor!

—¿Y no hiciste nada para detenerlos?

—¡Señor, soy una chica frágil, señor!

—¿Te estás burlando de mí?

—Eh... ¿no? ¿Señor?... ¿no? —dije, un poco confusa en cómo responder.

—¡SE ACABÓ! ¡CASTIGO PARA TODOS MAÑANA!

La vida en St. Joel 009: Amistad 101.

—Bueno, al menos sé que Scott me apoya... creo. Hablando del rey de Roma —dije cuando me vi frente a una casa. No era la mía, si no la de Scott Pilgrim. Tras aquel pequeño desastre, encontré la cartera de Scott en la clase. Supuse que podría usar eso como excusa para ver a mi nuevo, y cabezota, amigo. Eso... y devolverle su cartera. Caminé hasta la entrada y llamé. En unos minutos, un hombre con gafas abrió la puerta y me miró.

—¿Hola?

Mmm. ¡Hola! Soy Lisa. Compañera de clase de Scott y... —empecé mientras buscaba en mi bolsillo y sacaba la cartera—. Se le cayó esto cuando se fue —exageré. Estaba bastante segura de que sus padres sabían que había estado en una pelea hoy, pero quería darle a Scott el beneficio de la duda.

—Oh. Gracias por traerla. Scott está en el sótano —dijo, apartándose a un lado y dejándome entrar—. Soy su hermano, por cierto. ¡SCOTT! —gritó en la dirección que supuse era la del sótano.

—¿QUÉ? —Escuché la voz de Scott hacer eco por la casa.

—¡TIENES VISITA! —gritó su hermano. No escuchamos respuesta, pero me asintió—. Como ves, está abajo. Pasa —me dijo, y bajé las escaleras que conducían al sótano. Allí vi a Scott absorto con la televisión jugando a un videojuego.

—¡Hola! —le dije mientras bajaba las escaleras.

—¿Qué haces en mi casa? —dijo, bueno, gritó. No giró la cabeza para verme, ni creo que reconociera mi voz. Me acerqué y me senté en el sofá cerca de él.

—Tu hermano me ha dejado pasar —le dije, esperando que esta vez me mirara.

—¡Qué chorrada! ¡«No» vamos a ser amigos! —me dijo mientras machacaba los botones, y aún sin mirarme. Sus palabras me dolieron, pero tal vez si viera con quién estaba hablando, no sería tan hostil. Quiero decir, acordamos ser amigos, ¿no?

—¿Estás jugando a los videojuegos? —pregunté, esperando encontrar conversación con él con algo que le gustara. Pero sólo siguió jugando—. ¿Tienes limonada? —pregunté, sintiéndome un poco sedienta. Supuse que si iba a establecer algún tipo de conexión amistosa con él, debería sentirme cómoda también.

—¡Sí, y no! —gritó Scott de nuevo—. Solo hay té helado —Me sentí un poco incómoda con sus gritos. Ni siquiera tenía conocimiento de mi existencia aún. Probablemente pensara que era su hermano o algo...

—Le pediré un vaso a tu hermano —dije, levantándome y acercándome a las escaleras—. ¿Cómo se llama?

—Lawrence. ¿Quién eres tú? —Le escuché a Scott. Le miré, y al fin se giró y me miró.

—Lisa, ¿recuerdas? —le contesté, y aún tenía cara de no entender nada.

—¿Lisa?

—No importa. Lawrence, ¿verdad? Iré a buscarlo —dije mientras volvía a subir al primer piso y miraba a mi alrededor. Vi al tipo que abrió la puerta y me acerqué—. ¿Eres Lawrence? —pregunté mientras me miraba y asentía.

—Sí. Perdona que no me presentara antes.

—¿Puedo tomar té helado? —le pregunté y asintió mientras me alcanzaba un vaso.

—Disculpa a Scott. Cuando se pone a jugar, se pierde un poco en su mundo, ¿sabes? —me dijo mientras me echaba té—. No sé qué consigue con esos juegos. Aunque ha estado jugando bastante a los de lucha últimamente.

—Tal vez esté aprendiendo de ellos —dije, tomando el vaso y dándole un sorbo—. Mmm, gracias, Lawrence.

—¿Aprendiendo a luchar gracias a un videojuego? Lo dudo. —dijo, sirviéndose té a sí mismo también—. De nada, Lisa. Oh, y, ¿Lisa? —dijo cuando estuve apunto de regresar al sótano para hablar con Scott.

—¿Sí?

—Scott puede ser un poco difícil de tratar. Pero dale una oportunidad. Desde la mudanza, no ha estado muy dispuesto a hacer amigos así que... no te rindas con él, ¿vale? —Le sonreí mientras asentía de acuerdo.

—No te preocupes. También me pasa lo mismo. Y, a decir verdad, probablemente sea el único «amigo» que tenga. Ahora mismo —le dije mientras me dirigía hacia las escaleras—. Eh, Scott. Encontré el té helado.

—¿Me has traído un vaso? —Le escuché gritarme mientras le veía concentrado en el juego otra vez, y no a la persona con la que hablaba. Suspiré mientras me acercaba de vuelta al sofá.

Éste iba a ser un día muy largo...


Después de pasar casi toda la tarde en el sótano de Scott, cenando con su familia, e incluso jugando con su perro, no conseguí mejorar mi amistad con él. Siguió sin prestarme atención cuando estuvo con la consola, luego su atención cuando cenamos fue para la comida, y de nuevo concentrado en los juegos cuando estuve jugando con su perro. Con todo, mi intento de establecer una amistad real ayer... fracasó. ¡PERO! no me di por vencida. Supuse que podríamos hablar durante el almuerzo...

Almuerzo

—¡Hola! —saludé cuando vi a Scott sentado en la mesa del centro donde nadie se sentaba. Empecé a preguntarme si «alguien» se sentaba en esa mesa, pero deshice la idea. Estaba concentrada en conseguir al fin una amistad de verdad con él. Tomé asiento a su lado y puse mi bandeja de comida en la mesa. Aunque no dijo nada, y parecía que se traía su propio almuerzo. «No podía conectar con él con pequeñas charlas, tal vez le guste hablar sobre las clases»—. ¡Oye! ¿Conoces este libro? —le pregunté, sacando el libro de lectura y lo abrí por el trabajo de literatura. No respondió—. ¿Lo has leído? —Intenté de nuevo.

—¿Qué? ¡No! —gritó Scott otra vez y suspiré.

—Ahora toca lengua y literatura, ¿no? —pregunté de nuevo, esperando seguir algún tipo de conversación.

—¡Para! ¡Lárgate!

«Vale... tal vez no le interesara ese tema. ¿Tal vez fuera la comida? Es decir... parecía estar muy concentrado en la comida ahora mismo» pensé para mis adentros, cogiendo mi tenedor y removiendo la comida. —¿Has comprado alguna vez estas patatas fritas a la mexicana? ¿No es un poco racista esto?

—Mi madre me hace la comida —me dijo, y puse una sonrisita.

—Qué chico tan tierno e inocente —me metí un poco con él, pero no respondió. Volví a mirar mi comida y luego a él. «No funciona nada. No quiere hablar de las clases... ni de la comida... no quiere hablar y punto. Tal vez esto sea una causa perdida. Tal vez estoy perdiendo el tiempo». Me levanté y cogí mi bandeja—. ¿Supongo que te veré en clase...? —dije, mirándole, pero estaba ocupado comiendo su sandwich. Suspiré y me alejé de él. No creo que se diera cuenta de que me había ido.

No creo que le importase...


Al día siguiente...

Llegué temprano al campus. No estaba segura qué me había llevado a hacerlo, pero llegué bastante más temprano de lo que solía llegar. ¿Y qué estaba haciendo en el campus tan temprano? Estaba sentada bajo un árbol viendo las hojas caer. Es algo que hago a veces cuando estoy deprimida. Salir y tener... un momento sabático en la naturaleza. Pero quién iba a culparme... pasar los últimos dos días intentando conectar con alguien que no quería hablar conmigo, ni qué hablar de darse cuenta de que existo. Mi única oportunidad de tener un amigo, y ni siquiera participaba en las conversaciones. Supongo que debí haberlo sabido. Es decir... con todo lo que pasó el primer día, supongo que pedir un amigo es demasiado. Vi el autobús llegar con el resto de estudiantes y suspiré cuando salieron. Cogí la hoja más cercana a mí y comencé a examinarla cuando una voz familiar me llamó.

—Hey.

Alcé la vista por encima de la hoja para ver que Scott estaba mirándome con las manos en los bosillos.

—Hey —le saludé de vuelta y volví a mirar mi hoja. Esperaba que siguiera andando y que me ignorase como había hecho los dos últimos días...

... pero no lo hizo.

Le escuché acercarse y sentarse a mi lado, usando sus manos de apoyo cuando se inclinó hacia atrás. No sabía qué hacer. ¿Significa que quiere hablar? ¿De qué quiere hablar? ¿Es que le doy pena por estar aquí sola? No estaba segura del por qué él estaba aquí, pero había algo que necesitaba preguntarle antes de que pudiera responder cualquier pregunta que tuviera.

—¿Me odias? —le pregunté, apartando la mirada.

—No.

—Oh. Qué bien, creo —dije mientras le miraba, haciendo contacto visual—. ¿Entonces por qué estás aquí?

—Es un buen sitio para... sentarse y hablar, ¿no crees?


Continuará...