El Escarabajo Dorado - Jim Mizuhara

Capítulo 2

Un espejo enmarcado en bronce colgaba de la pared y llegaba hasta el suelo, cuando Max fue a mirarse, casi se desmayó. Era él mismo, salvo que… con unos diez años menos. Hasta sus ropas le quedaban grandes, los arrastraba al caminar. Su voz quedó aguda como lo tenía a esa edad.

- ¡Kaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaai¿Qué me pasó, qué me pasó?

- No tengo ni idea, pero… ¿qué tienes en la mano¿¿estuviste tocando algo?

- Kai, loquepasaesquecuandotutefuisteenlacocinadecidímiraryencontré…

- Despacio, Max, despacio. No hables atropelladamente. Cuéntame de a poco.

- Ah, está bien… cuando te fuiste en la cocina decidí mirar un poco y encontré este escarabajo dentro de aquella caja de vidrio, lo restregué para que brille más y solamente eso… uf…

- Quédate un poco allí, buscaré algo.

De un estante Kai extrajo un libro de capas azules, todas las hojas eran manuscritas, con rapidez pasaba las hojas amarillentas; era el catálogo de las piezas existentes en la casa, además de todo el abuelo de Kai era metódico, catalogaba todas las piezas que adquiría con números y descripción detallada. Casi al final Kai halló lo que deseaba.

Artículo 65088 – Escarabajo de oro: adquirido en El Cairo (Egipto), oro con rubíes incrustados. Supuestamente perteneciente a la dinastía de Ramsés III, pero no comprobado ni verificado por autoridades competentes. Antiguas leyendas egipcias atribuyen al escarabajo el poder del renacimiento, y más extensivamente rejuvenecimiento. Pequeños escarabajos como este eran colocados en tumbas con la finalidad de proteger el difunto cuando retorne a su cuerpo carnal, sin que sufriera decomposición. Los jóvenes usaban a modo de joyas para supuestamente conservar la juventud, y aún persisten tales leyendas en esas zonas, mismo sin haber comprobación hasta los días de hoy.

De una vez Kai cerró el polvoriento libro, la razón de todo lo ocurrido era evidente. Max sería niño hasta que… nadie sabía hasta cuándo iba a durar eso. Tampoco conocía el remedio para esto. "¿Y ahora que haré? O lo llevo a su casa o queda a mi cuidado", meditaba Kai, cuando una vocecita llamó por él.

- Kaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaai… estoy con hambre…

- Sí, Max, ya almorzaremos, pero primero te pondré otra ropa, esa que tienes no es la adecuada por el momento.

- ¿Y de dónde lo sacarás?

- Si recuerdo bien, tengo varias guardadas en algún armario, eran mías cuando era pequeño. Ordenaré que el mayordomo los busque. ¡Dimitri! Ven aquí inmediatamente.

- Aquí estoy, señor… oh, que niño adorable¿a quién pertenece?

- Después te explicaré, Dimitri, ahora buscarás una caja de mis ropas de pequeño. Puedes retirarte.

Tomándole de la mano Kai llevó a Max hasta su habitación esperando que Dimitri lleve la caja. Poco después el mayordomo se presentó con la caja, dejándolos solos después; lo primero que Kai sacó fue una camisa de seda amarilla con bordados de plata en el cuello, seguidos de los calzones que le hacían juego.

- Bien, veamos… ¡vaya! Esta era mi preferida cuando era chico¿te gustaría quedarte con esta?

- ¡Sí!

- Entonces desvístete.

- ¿Aquí… en tu frente?

- Claro¿qué problema hay?

- ¡Es que tengo vergüenza!

- Está bien, me pondré de espalda… pero vamos con eso.

- Kai¡no mires! No mires ya te dije!

- ¿Listo?

- Ya, ahora sí.

Kai se volteó para mirarlo, no pudo reprimir una sonrisa. Parecía un ángel, estaba simplemente hermoso, poseía nuevamente la expresión de inocencia de tiempos anteriores. Al verle a Kai sonreír Max se sonrojó ligeramente, percibió que lo admiraba.

- Ahora podemos ir a comer.

- ¡Síííí!

Puso a Max en la silla, pero no alcanzaba la mesa, entonces lo hizo sentar sobre varios libros más hasta alcanzar lo necesario. Kai ordenó servir la comida, pero Max hizo una mueca de disgusto.

- ¿Qué pasa ahora? Tienes que comer.

- ¡No me gusta eso!

- Pero siempre te ha gustado el pescado.

- ¡No me gusta, no me gusta, no me gustaaaaaaaa!

- ¿Y qué quieres comer entonces?

- ¡Hamburguesa!

- Señor, ayúdame… ¡Dimitri! Ordena a la cocinera que haga hamburguesas. Con muchísima mostaza, si te conozco bien.

- ¡Eso, eso!

Diez minutos después llegó el nuevo pedido, rebozante del amarillo condimento. Rápidamente se los comió, para sorpresa de Kai, no creyó en la velocidad con que los devoró.

- ¿Quieres más?

- No, gracias… ya estoy satisfecho.

- Excelente, ahora esperarás a que termine de almorzar, después conversaremos.

- Está bien.

Un silencio nuevamente se hizo, mientras Kai comía Max lo miraba con su expresión angelical, sonriendo. Esto molestó a Kai, aquella mirada no era muy inocente que digamos…

- ¿Qué miras tanto, Max?

- Ah, Kai, es que… ¡eres bonito, nada más!

El último bocado casi atragantó al ruso, quedó sorprendido por la respuesta. Ahora los problemas aumentaban.

- Cof, cof… qué… cof, cof… ¿qué dijiste?

- Hum, no quiero decirlo nuevamente, me da vergüenza.

- Me encuentras bonito¿eso es?

- Sí, e-eso es… - las mejillas del rubio tomaron el color de las guindas maduras - ¿no te enojarás conmigo si te digo eso, verdad?

- No… no. En realidad, no pienses que me enojaré contigo.

- Ya que has terminado¿de qué quieres hablarme?

- Bueno, te haré varias preguntas, tienes que contestarme todas.

- Puedes hacerlo.

- ¿Hasta qué punto de tu vida recuerdas las cosas?

- Recuerdo todo, desde que llegué del aeropuerto.

- ¿Y antes?

- Ah, en Estados Unidos, estoy haciendo la universidad, en el curso de Medicina, y antes estuve en el colegio, y…

- ¿De modo que recuerdas absolutamente toda tu vida?

- Sí, todo. No perdí mi memoria. Solamente mi cuerpo es diferente, aunque a veces los pensamientos se me mezclan y hago y digo cosas que correspondían a la edad que tengo ahora. Soy mitad niño, mitad adulto, o un niño con pensamientos de adulto, no sé, es muy confuso, ya estoy cansado.

"De modo que… recuerda todavía el amor que sentía por mí…", pensó Kai. El problema era que ahora Max tenía menos dificultades de expresarlo, le diría cualquier pensamiento suyo sin ninguna traba. Pero ahora él era un niño… y no podría acercársele tanto¿o sí?.

- Ahora tengo sueño. Tengo que dormir.

- Está bien, puedes irte.

- Pero… ¿no me llevarás a la cama?

- Oh, casi olvidé, después de todo eres chico otra vez. Toma mi mano.

- No…, quiero que me lleves en brazos.

- ¿Qué? No te hagas del difícil ahora.

- Si no me llevas en brazos voy a llorar – contestó Max, pequeñas gotas ya temblaban en sus cándidos ojos, ahora tenía una facilidad tremenda para soltar el llanto.

- Uf… está bien, ven aquí.

De un jalada lo puso en brazos, Max se abrazó tiernamente al cuello de Kai, un cierto brillo de malicia destellaban en los azules orbes del rubio. Su respiración fue tornándose gradualmente pausada y profunda mientras Kai lo conducía a su habitación, sujetándolo contra su pecho y pensando en mil cosas, todavía estaba confundido con todos los hechos. Finalmente entraron a la habitación, lo depositó sobre la cama teniéndolo por dormido; iba saliendo cuando una vocecita susurró en la semioscuridad:

- ¿No me darás el beso de despedida, Kai?

- Ahora definitivamente estás exagerando, Max, no me hagas perder la paciencia.

- Si no lo haces, yo… yo… snif, sniffff…

- ¡Por los cielos! Está bien, cualquier cosa con tal que no llores.

Aproximó su rostro a la dorada cabellera del niño, depositó un suave beso en su cabeza; ya iba retirándose pero dos manos sujetaron su cabeza, la misma voz pero con un tono distinto anunció:

- No es a ese tipo de beso que yo me refería, Kai…

Luego de eso Max dio un beso verdaderamente apasionado en los labios de Kai, con una avidez incomun. El repentino contacto hizo el ruso recordar cuando amaba a este muchachito pecoso, quizás por la misma edad que tenía hoy, las tardes que pasaban en las plazas, después de los entrenamientos, besándose hasta no poder más, y recordaba el gusto de esos labios, como si hubiera sido ayer, que los acariciaba tiernamente mientras pasaba su lengua entre ellos… ¡Un momento! Kai regresó a la realidad, se percató de lo que hacía y precipitadamente se separó de Max, completamente trastornado. Caminando a largos pasos llegó a la puerta.

- Estuvo delicioso, Kai… que duermas bien también tú.

Sin contestarle cerró la puerta, encargando al mayordomo que no dejara al diablillo encerrado en aquel cuarto que saliera. Encogiéndose de hombros el mayordomo asintió, controlaría la puerta constantemente. Kai fue a su habitación con rapidez, dando dos vueltas a la cerradura de la puerta, no quería que nadie entrara; se acomodó en su cama dispuesto a raciocinar y sacar conclusiones.

Aquel escarabajo de oro era el origen de todo, nunca lo manoseaban y hoy, justo hoy… alguien lo hizo para comprobar su eficacia, y ese alguien era Max. Ahora era un niño, o casi eso, pues sus pensamientos continuaban los mismos; la única solución que resultaba aceptable era intentar localizar a alguien que entendiera de esta confusa historia, y principalmente como deshacer los efectos del hechizo. Talvez habría un conocedor en El Cairo, necesitaba hablar con cualquiera que sea, y contaba con el hecho de que todo esto sea reversible.

El segundo problema, no más fácil de resolver, era el propio Max. Se revelaba como un… ¡tarado, y para colmo se aprovechaba de la situación para hacerle y decirle lo que quisiera a Kai. Como el ruso no se oponía a nada, bajo la amenaza del chico de soltar el llanto, satisfacía sus deseos como hacía mucho pensaba realizar; a Max eso no le parecía problema, lo estaba pasando de maravillas, pero Kai no sabía si tratarle como el niño que era o el adulto que había sido, pero de cualquier forma Max, en sus versiones pequeño y grande, lo amaba con una entrega absoluta, nunca decayó su cariño hacia Kai, y en la condición actual no tenía dificultades de contarle lo que sentía hacia él. Encima andaba con una expresión angelical y un aire tan inocente que cualquier cosa que decía era gracioso, no había forma de fastidiarse con él. Mismo así el amor era amor, y continuaría sea cual fuere las circunstancias.

El cansancio iba venciendo la vista de Kai, el sueño también lo hizo olvidar un poco de los problemas, durmió profundamente. Cuando despertó, algunas horas después, sintió un bulto entre sus brazos, algo tibio, respiraba con un ritmo pausado… de golpe Kai miró bien entre las sábanas, encontrando a Max recostado sobre él. Dormía con total relajamiento, el otro le dio unas leves sacudidas para despertarlo.

- Max¿cómo conseguiste entrar aquí? La puerta está trancada, solamente yo tengo las llaves.

- Humm… fue fácil, noté que tu mayordomo revisaba cada momento la puerta del cuarto, y resolví entrar por el tubo de calefacción.

- ¿Por el tubo… de calefacción?

- Sí, con mi tamaño no es difícil. Y el mayordomo estará vigilando todavía.

- Entonces a levantarnos.

- ¡No, por favor, quédate más un poco – agregó Max, con una sonrisa no-tan-inocente, su rostro tomó nuevamente un tono rosado pero más subido – me gusta estar así, abrazados juntos, como antes hacíamos…

- Como tú dijiste, eso fue antes. No podemos…

- Déjame vivir la ilusión hoy, ahora, no me importa que pasará después. Siempre te quise. Recordarás que, más o menos a la edad que tengo ahora, fue la primera vez que nos besamos¿recuerdas?

- Recuerdo, y exactamente ahora creo que cometí un error aquel día. Si pudiera volver al pasado y rectificar mi error, haría – dijo Kai, se separaba lentamente del lecho.

- No digas idioteces… sé bien que tú me deseas, solamente ocultas eso mejor que yo. Pero yo, ahora, en la edad que estoy… no consigo mentirte ni esconder mis sentimientos… desde que llegué aquí te estuve casi devorando con la mirada, pero me callaba… y en este estado no consigo guardarme más ese secreto…

- Por favor, Max, no intentes nada… mismo que estuvieras en lo cierto y me muera de deseos por ti, y te quisiera todavía, lo cual es verdad… no puedo más acercarme, eres niño otra vez, y yo…

- ¿Cómo? Tienes que tratarme como el adulto que ya soy, no como el niño que visualizas… acércate más…

- ¡No quiero!… o sea, sí quiero, pero… ¡déjame en paz!

Con brusquedad Kai se levantó, salió por la puerta en dirección a la sala, se sentía totalmente desequilibrado. Con la mirada clavada en el infinito se acomodó en uno de los sillones, estaba con la cabeza en las nubes y aún no pasaron 24 horas desde que Max volvió a la niñez. "Solamente puede ser un tormento enviado del infierno", pensaba Kai, "me hará la vida imposible hasta que consiga lo que quiere, usará toda su situación actual a su favor y… aunque quiera convencerme no conseguirá, es un pequeño, no puedo… pero a veces no sé si aguantaré tanto tiempo…"

En ese instante entró en el recinto Dimitri, el mayordomo, con una expresión desaprobatoria. Algo lo molestaba.

- ¿Qué quieres, Dimitri? – preguntó Kai, ningún problema podría ser más grande que el suyo.

- Señor Kai, usted está siendo muy desconsiderado con el adorable niño rubio que trajo… ahora está en su habitación, llorando desconsoladamente. Debería darle más atención. Reclama su presencia.

- Déjalo así como está, además tienes que saber una cosa: ese niño es un encargado de enloquecerme, todavía hará cosas peores, portanto haz algo para que calle y punto. Si posible haz que una de las empleadas lo cuide y se mantenga bien alejado de mi presencia.

- Pero señor…

- ¡No discutas, Dimitri! Haz lo que te ordeno.

El mayordomo dio media vuelta y retornó a sus tareas, mientras eso Kai tomó una guía telefónica, buscaba frenéticamente alguien con quien hablar del problema que tenía. En Rusia ciertamente no iba existir un especialista, si bien que… talvez en el museo hubiera.

Con rapidez marcó todos los números del museo, esperaba ansiosamente que lo atendieran, finalmente una persona contestó.

- Museo Nacional¿en qué puedo ayudarle?

- Hola, mi nombre es Kai, deseo hablar con el encargado del Departamento de Egiptología del museo, si posible.

- Ah, lamentablemente el profesor está de viaje, volverá solamente dentro de tres semanas. ¿Desea dejar algún mensaje? Supongo que su caso no es tan grave como para apresurarse¿verdad?

- Más de lo que usted piensa. Veré qué hago, gracias de todos modos.

Al colgar el teléfono, Kai sintió más desespero, estaba solo y nadie lo ayudaba. No podía ser eterno esto.

Se sentó nuevamente en el sillón, cuando una estridente vocecilla fue aumentando. Max se acercaba a toda prisa, en realidad corriendo.

- ¡Allá vooooooooooy!

Dio un tropezón con la alfombra de la sala y continuó su trayecto deslizándose por el pulido piso de granito. Una gran sonrisa se dibujó en su rostro al verse frente a Kai nuevamente.

- ¡Kai, porelamordedios, ayúdameeeee!

- ¿Qué pasa?

- ¡Esa empleada que tienes, es demente! Imagínate que quiere meterme en la bañera, restregarme con cepillo y jabón… ¡Argh! Detesto bañarme.

- Pero tendrás que hacerlo, no puedes quedarte sucio todos los días.

- Hum, si tiene que ser así… prefiero que tú lo hagas.

- ¿Quieres que yo… te bañe?

- ¡Sííí! Será divertido, y además – agregó con la vista clavada al suelo – me gustaría sentir tus manos… tocándome…

- ¡Definitivamente no! No sé cuándo comprenderás que lo nuestro ya pasó, es inútil recomenzar. Un dia regresarás y ya no nos veremos más, esto solamente servirá para estropear nuestros corazones, la separación será dolorosa si comenzamos nuevamente.

- A mí edad actual, el mañana no importa, lo que cuenta es el hoy. Y si no quieres bañarme, yo… snifff…

- ¡No, señor! Basta de chantaje emocional, puedes morirte deshidratado por llorar, no te prestaré más atención. Obedecerás lo que te ordene la empleada. Vete.

- No me iré – contestó Max, sujetándose con fuerza por las piernas de Kai – únicamente si me sacas de aquí.

- ¡Suéltame! Vamos, ahora. Me estoy enojando… contaré hasta 3, si no me sueltas usaré más fuerza para soltarte… 1… 2… y… ¡3!…

No hubo sacudidas que separaran a Max de las piernas de Kai, estrechaba con mucha fuerza. Cansado y vencido, Kai accedió irritadamente al pedido del ojiazul.

- ¡Está bien! Te daré el baño, pero no creas que será agradable, te restregaré hasta la lengua con jabón común. Y será bueno que seas resistente al ahogamiento, porque te hundiré mucho.

- No serías capaz…

- No me desafies para comprobarlo.

De la mano condujo Kai al pequeño Max por series de puertas, hasta llegar a una gran bañera azul claro de porcelana, sus dorados grifos vertían agua fría y caliente, una hilera de frascos conteniendo esencias y perfumes estaban cuidadosamente ordenados en un alero cerca de la ventana enrejada. Kai abrió ambos grifos, el agua salpicaba por los bordes y en cuestión de minutos estaba llena de agua tibia. De un armario extrajo un cepillo de cerdas blandas, así también como un gran trozo de jabón.

- ¿Cuánto tiempo esperarás para desvestirte? No esperes que lo haga yo, es suficiente que haya aceptado bañarte.

- Solamente te contemplaba… bien, ahora me desvestiré.

Con deliberados movimientos Max quitaba cada pieza de ropa, aparentemente ahora no tenía vergüenza que Kai lo viera. Cuando ya estaba desnudo, se volteó para encontrarse con una expresión azorada en el rostro del ruso, le era imposible esconder su admiración. Max se sentía bien al verle así, tenía certeza que el amor del ruso tampoco decayó, estaba comprobado; con cortos pasitos se puso al borde de la bañera, pero era bajo y no alcanzaba a entrar.

- Creo que debes ayudarme aquí, Kai.

- Ah, sí, sí, claro…

Delicadamente lo tomó en brazos, poniéndole en el agua y haciéndolo estremecer por el contacto. Kai procedió a arremangarse la camisa, tomó el cepillo y comenzó a restregar minuciosamente la espalda del rubio, en ese momento prefirió no pensar en nada, quedó con la mente en blanco.

- Kai, esto se siente muy, muy bien…

Con la misma minuciosidad lo enjuagaba, sentir la suave y tierna piel del pequeño le producía escalofríos al ruso, posteriormente se encargó de enjabonarle las piernas y el abdomen, la situación iba tornándose intolerable. Intentaba no mirar al ojiazul, pero no disimulaba su interés, sus pensamientos y deseos se atropellaban unos a otros.

- ¿Por qué no pones tu mano aquí, Kai? – preguntó Max con picardía, tomándole una de las manos y conduciéndolo hacia cierta parte de su entrepierna.

Sin darse cuenta Kai se vio tocándole, pasando continuamente su atrevida mano por todo el cuerpo del chico, principalmente por sus entrepiernas. Lo que espantaba al ruso era que su conciencia no le remordía de forma alguna, de cierta manera hasta lo disfrutaba.

- Ahhhh, Kai, por favor, no pares… esto está cada vez mejor…

Súbitamente vio lo que realmente hacía, su raciocinio volvió a funcionarle y le hizo entender la gravedad de su acción. Paró bruscamente, aceleró su tarea con el fin de terminarlo más pronto.

- ¿Por qué te detuviste? – inquirió Max, una expresión de contrariedad se dibujó en su rostro.

- Basta… vamos parar con eso, no puedo continuar. Esto no es correcto.

- Te resistes a hacer algo que nos gusta a nosotros dos – suspiró – si te entendiera mejor creo que hoy estaríamos casados.

- Talvez, pero nadie me entiende. Ni yo me entiendo a veces.

- Kai, soy el chico de 19 años que conoces… - dijo tomándole nuevamente de la mano.

- ¡Déjame, no me obligues a hacer nada! Ya estás limpio ahora, aquí tienes la toalla.

- Como quieras – dijo quedamente, envolviéndose con la toalla – pero no pienses que será la última vez que ocurre algo entre nosotros.

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Aquí les dejo el segundo capítulo de este pervertido fic, espero que les guste, y continuen dejando reviews!

Nicolaieva Dimitri: A Maxie no le pasa nada... solamente Kai se verá en un lío mayor futuramente...

Neko-ilî: Maxie se revelará más y más atrevido en los próximos capítulos. No pierdas.

Ty Hiwatari: No apareces más por el MSN, conversamos cualquier día de estos. Gracias por el review.

Riou-Jendow: Uno de los reviews más buenos que recibí fue el tuyo, mil gracias por las observaciones, eres muy inteligente. Agradezco también tus elogios, siempre hago cuestión de la ortografía impecable. Ojalá acompañes esta historia hasta el final y continua dejando mensajes.