Masashi Kishimoto. Todos lo derechos de personajes reservados.
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Desde que probó su cuerpo, desde que su lengua saboreó cada resquicio de la bronceada piel, de sentir el bramido de su aliento caliente susurrarle palabras obscenas, la pasional entrega en cada encuentro sexual… Sasuke se volvió adicto.
Aquella enloquecedora sensación de besar a Naruto era el éxtasis, el acariciar sus finas hebras como trigales dorados suaves como cobriza seda, de ver empañados esos ojos azules velados por el placer, de perderse en la fruición de sus curvas canela, el regodearse en su húmeda, asfixiante y palpitante estrechez, de embestirlo salvajemente al compás de sus gemidos.
Sasuke lo sabe, Naruto es el cielo, es como heroína, blanca por la pureza de sus sentimientos, del amor que le profesa, no con palabras sino con hechos de cama, aunque el rubio muera lentamente. Y tóxica, como veneno circundando en su sangre, grabándose en su pálida piel, domando su mente sedienta por más, cada vez más y más, solo Naruto está en cada pensamiento, solo Naruto gobierna.
Naruto es su droga… es su heroína.
2. Heroína
Una semana ha pasado desde aquel día, desde que el pacto entre sábanas de seda fina fue consumado y Sasuke no puede estar más satisfecho. Naruto le pertenece, en cuerpo y alma, su deseo se ha cumplido, tiene al dobe en sus manos.
Desde aquel instante Sasuke no lo ha dejado, mostrando un lado posesivo que jamás imaginó con ninguno de sus juguetes, ni siquiera tiene que inventarse excusas tontas, pues sus padres están complacidos, que aquellos lazos que creyeron quebrados se hayan restablecido… si supieran la verdad oculta.
Y a pesar que Naruto tiene en claro su posición de muñeca fina, agradece cada milésima que pasa al lado de su amor egoísta, desviviéndose por complacerlo, por interpretar su papel a la perfección, el papel de exótica puta, fragante y dispuesta, tal como a él le gusta.
Ahora caminan por los pasillos y como siempre Naruto solo cumple con ser el bufón, el que todos señalan y apuntan en la clandestinidad, sonriéndole con hipocresía, solo por ser el mejor amigo del Uchiha.
- Sasuke ahora vuelvo – anuncia esperando un gesto aprobatorio, el cual consigue luego de escasos segundos.
Al alejarse, las miradas se tornan impacientes… Todos lo saben, Sasuke es perfecto; rico, inteligente y atractivo. Sin defectos, casi onírico como salido de un sueño, lo único que opaca su resplandor es aquel compañero al que todos ven con desprecio y envidia, que siempre va a su lado con una alegre sonrisa.
También todos saben del hábito de Sasuke, de casanova empedernido de sátiro de una noche, hasta su novia, la futura esposa, pero no le importa y prefiere pasarlo por alto, además al final ella será la única Uchiha. Todos lo saben y esperan pacientes, que la ébano mirada, seductora y atrayente voltee, esperanzados que Sasuke las elija, de tener la fortuna de ser su compañía.
Pero algo raro sucede, los ojos de Sasuke, fríos y agrestes tienen un brillo indescifrable nunca antes visto casi… cálido, pero no por ello menos atractivo, ya no mira a nadie, y la gente empieza a comentar. Quién será la afortunada susurran en los pasillos, es el chisme de la semana y todos quieren conocerla, porque Sasuke es hetereo, solo le van las chicas y recientemente un chico… de doradas hebras, pero eso es un secreto.
Hoy, Sasuke está de suerte, las clases se han suspendido gracias a una reunión de maestros y piensa aprovechar el tiempo, ahora busca a Naruto e ir juntos a casa. Y llevar a cabo su sádica fantasía, atarlo a su cama, tan solo con una cadena de cuero negro adornando su cuello y con botas altas de látex enfundando sus torneados muslos. Se relame los labios, imaginándose la erótica posición. Sumiso, obediente, deseoso por satisfacer todos los caprichos de su amo y señor.
Algo lo saca de su pervertido ensueño, unas voces, un sollozo quedo, busca de donde proviene, la enfermería. Se acerca con sigilo y atisba la rubia cabellera, Sasuke frunce el ceño con molestia y rencor, al ver a la joven de hebras color rosa chillón demasiado cerca de su dorada adicción.
- Pero Naruto yo… - calla la doctora entristecida, las lágrimas empapan su nacarado rostro, no soporta el vacío en su pecho, como una vorágine que la consume, dejándola hueca y vacía.
- Sakura chan – trata de calmarla inútilmente, tan solo la abraza, y siente la desesperación en el férreo contacto y el dolor resignado en las lágrimas que empapan su camisa a cuadros.
Naruto no puede ignorar aquel sentimiento y una gota salada ensombrece su rostro, apiadándose de la joven, de su única amiga, uniéndose a su sufrir, aceptando que va a morir.
Cuando Sakura lo conoció sintió el repudio al igual que los demás, un chico llamativo sí, pero extraño, esa falsa sonrisa no logró engañarla hasta que supo la razón y lo vio en aquella alba sala, almizclada entre cloro y alcohol, entre batas blancas.
Su segunda impresión fue acercársele, no con pena pero sí con interés, el interés que profesaba por su profesión. Naruto pasó a ser un conejillo de indias y entre medicación y dolorosos tratamientos se tomó la molestia de conocerlo, de percibir la verdad, su fortaleza, su autentica sonrisa y aprendió a quererlo, ser su compañía, una amiga y confidente.
Naruto lo agradece, sabe que Sakura lo quiere, sabe de sus esfuerzos y su obsesión por salvarlo, pero es hora de dejarla ir, al igual que a su madre, hora de que ambas sean felices.
- Recuerda tenemos una cita pendiente dattebayo – menciona con picardía cambiando el doloroso tema.
Sakura tan solo sonríe, se lo había prometido, presentarle a su prometido durante el yozakura* mientras viste un hermoso kimono y comen takoyaki en el centro de plaza.
- Es una cita – balbucea acompasada, tratando de calmar su llanto pasando el dorso de su mano por sus mejillas, tratando de ser fuerte por su pequeño amigo rubio.
Sasuke escucha cada palabra, y sus ojos se muestran biliosos, como aguda ponzoña al contemplar cada gesto y caricia, tan dulce y mimosa. Naruto tiene un fulgor en su azulada mirada, ese que no le muestra a él desde la tierna infancia.
Aprieta sus puños en un acto conciente de celos, y la insana obsesión lo corroe. Todo lo de Naruto le pertenece, su cuerpo, su corazón, su sonrisa… Se desquita con uno de los lejanos casilleros para no ser descubierto, asestando un fuerte golpe, dejando la marca de sus nudillos sobre el metal y su mano ensangrentada.
Naruto se las pagaría y se enteraría de quién es Sasuke Uchiha.
***
Un suspiro dolorido escapa de sus labios, mientras se columpia de lado a lado, la suave brisa mece sus cabellos y el trinar de las aves agolpa sus tímpanos. Mira el cielo azul, totalmente despejado, con resignación y frustración. Han pasado tres días… de insoportable agonía, Sasuke lo ignora y ha vuelto a las andanzas, restregándole en su cara que ya no le hace falta.
Sabía que la ilusión se terminaría tarde o temprano, haciendo que su corazón se quiebre en pedazos. Se conformaba con el solo ser un objeto, de satisfacer la lujuria y el descaro, pero ahora nada ha quedado.
Naruto es fuerte y lo acepta, sin dejar escapar ninguna lágrima, pero sí una mueca torcida, melancólica y acongojada. Al menos, aunque fuera un breve momento, disfrutó de Sasuke y pudo complacerlo, con eso le bastaba.
Un grito fuerte, sincero y desolador brota de su garganta, entremezclando la vorágine claroscuro de sus sentimientos, liberando el dolor, alejando la tristeza, enterrando el pasado. Empieza a reír con una estruendosa carcajada, algo alocada y divertida. Más tranquilo y con fuerzas renovadas levanta sus puños en señal de lucha y entra a la casa.
Hoy su madre ha salido, sabiendo que ira al festival y estará bien acompañado. Ya no quiere preocupar a Kushina y le ha mentido con respecto a Sasuke, que esta muy ocupado y que le disculpe, ella sonríe dudando de su veracidad, pero ante la insistencia lo deja solo. Naruto está listo, viste con una yukata, suave de color naranja simple pero llamativa y cálida tal como su idiosincrasia.
- ¡Sakura chan! – grita animoso para llamar su atención.
La doctora de mirada jade voltea, alzando la mano a manera de saludo. A su lado, un joven de símil apariencia a la de su ébano tormento le sonríe. Una sonrisa sibilina y algo desconcertante, pero extrañamente agradable.
- Él, es Sai – presento emocionada – mi prometido – agregó con un tenue sonrojo en sus nacaradas mejillas.
- Es un gusto Naruto kun, la fea me ha hablado mucho de ti – estrechó la mano del menor justo a tiempo, antes de sentir un golpe en su nuca, cortesía de su dulce novia.
- Igualmente dattebayo – no pudo evitar una risilla entre nervioso y divertido, realmente eran una pareja singular, pero Sakura irradiaba felicidad, de encontrar a su persona especial, quién correspondiese aquel maravilloso sentimiento, como la envidiaba.
Entre el bullicio de la gente y las incandescentes farolas prosiguieron su camino, observando la variedad de puestos, los atrayentes anuncios multicolores, la clásica decoración y los tenderos intentando captar la atención con una amplia sonrisa y sobretodo la armonía de disfrutar un grato momento.
- Ahora vuelvo, voy al aseo ttebayo – Naruto se excusa, tan solo quiere alejarse, dejar que su mandíbula descansara de falsas sonrisas, de aparentar que todo estaba bien y correr hasta que sus piernas se quebraran, pero el destino es caprichoso y no quería permitirlo.
Frente a él, con su pose elegante de dios supremo, los ojos fríos como glaciares, vistiendo su yukata negra ensalzando su inminente y esotérica belleza... Sasuke lo miraba fijamente, con su sonrisa arrogante mientras que colgado de su brazo la radiante novia que, con sus ojos azulados le encaraba su triunfo.
Los pasos se vuelven trémulos, la respiración agitada y solo desea que la tierra se abra, a pesar de su iniciativa, de sus esfuerzos por olvidarlo, su mente y corazón se contradicen, su cabeza ruega por que se aleje, y el pálpito en su pecho clama por volver a ser tan solo un juguete.
- Naruto kun - la varonil voz interrumpe su ensueño. Sasuke frunce el ceño ante aquel desconocido, tan parecido y opuesto.
- ¿Te sientes bien? - el azabache indaga con cortesía mientras ve a la pareja y les ofrece una falsa sonrisa. Posa su mano sobre el hombro canela, en un gesto protector, de amigo sincero. Sai lo sabe, Sakura se lo ha contado y a pesar de la indiscreción de su amiga Naruto está contento, que aquel joven venga en su auxilio.
- Sí - asiente, y las dudas se disipan lentamente retornando la fortaleza, la suficiente entereza para caminar sin mirar atrás. Trata de seguir, pero le es imposible, la mano de Sasuke apresa su muñeca, lo detiene con fuerza, coraje e ira, ordenándole con aquel gesto fiero que lo siga.
Ino siente como un deja vu agolpa su pecho, Sasuke vuelve a anteponer a Naruto, la deja sola entre el tumulto y eso no le gusta. Ella sabe de los juguetes del Uchiha, que todos son pasajeros y descartables, pero que significa Naruto y cuanta importancia tiene... La duda la corroe y martiriza su rubia cabeza, ante el peligro inminente.
De perder a Sasuke para siempre.
***
El dorado cuerpo cae entre las sábanas de seda mientras sus labios son apresados por los de Sasuke, la vehemencia y el dominio imperan mientras sus lenguas chocan, desesperadas por saborearse, con picantes movimientos y un travieso jugueteo.
- No quiero que la vuelvas a verlos – ordena con voz ronca y sensual, mientras rasga la yukata naranja, dejando la desnudez expuesta, deleitándose con aquella angelical visión, entre inocente y pecadora, entre dulce y seductora.
Sasuke extrañaba ese hormigueo que solo la sedosa piel de Naruto le provoca, el embriagarse con su fragancia mientras lame su cuello y escucha de esa boquita reprimidos jadeos, intentos fallidos por expresar su pasión, quizás por vergüenza o pudor, quizás por seguir el sucio juego a sabiendas que solo lo excita más.
Pellizca las erectas tetillas, siguiéndole su ávida boca, succionando, catando cada tramo… bajando por las sinuosas curvas. Delinea el vientre plano y marcado, besando los muslos cobrizos y las marcas violáceas no tardan en aparecer. Sasuke sonríe con lascivia al ejercer su derecho de propiedad y percibir los espasmos placenteros en el cuerpo ajeno.
- Eres mío… - susurra besando nuevamente los sonrosados labios, tiernos y dulces como néctar, y aquella sensación narcótica lo invade. Para Sasuke estaba claro, Naruto es su heroína y como buen adicto jamás volvería a cometer el error de dejarla escapar de sus manos.
Pero el azabache no se olvida del castigo, de preferir a la de cabellos rosas antes que ha su persona y piensa tatuarlo en su piel, haciéndole entender quién es su dueño. Naruto a pesar de dolor espoleando como herraduras al rojo vivo sobre cuerpo y sin importarle el insoportable escozor y el profuso sangrado escurriendo de su entrada sonríe, en un gesto verdadero y cariñoso. Sonríe porque ha causado en Sasuke celos posesivos, que su mente y su cuerpo lo deseen con desesperación, ahora solo él existe. Solo Sasuke y Naruto, en aquel cuarto oscuro, perlados por el sudor, sucumbiendo a sus instintos, moviéndose en una caótica danza, friccionándose como animales salvajes, buscando profundizar aquel enloquecedor contacto, hasta alcanzar el éxtasis.
Por primera vez el rubio se atrevió a besar los labios de su amado y este respondió con vehemencia, desesperado por sentir la calidez que emanaba de la húmeda boca, de entrelazar su lengua y probar cada resquicio. Naruto volvió a sonreír mientras su respiración se acompasaba y se aferraba al fuerte y níveo pecho, con una idea resonando en su cabeza.
Quizás, cabía la remota esperanza de dejar el título de juguete para convertirse en algo más…
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* Continuación del Hanami (festividad de los cerezos en flor) durante la noche.
Gracias a Haneko-chan, Kuroko du Lioncourt y KiRiZaRi Hotachi por sus comentarios.
