Capítulo 2
La búsqueda
Habían llegado al lugar en donde todo había ocurrido. Hank había insistido en ir caminando, pero Carol se negó en redondo, una vez que decidió unirse a ellos. Los tres parecían determinados a encontrar su amiga y, aunque ella era más escéptica al respecto, no podía negar que deseaba que lo consiguieran.
Así pues, cargó con su fuerza sobrehumana al científico y volando le llevó a donde la Avispa había sido vista por última vez. En cuanto los pies de Pym tocaron el suelo, una lluvia de piedras le cayó encima, proveniente de un grupo de adolescentes, quienes le atacaban furiosos como si estuvieran atacando a un Skrull. Carol les gritó que se detuvieran, pero en respuesta, los jóvenes comenzaron a atacarla a ella también, hasta que un furioso Hombre Maravilla les amenazó con tirarles una enorme roca si no se marchaban. La amenaza se hizo más patente cuando Clint Barton y Thor se hicieron presentes en la escena, por lo que los jovencitos huyeron entre los escombros de los edificios destruidos.
-¿Por qué hicieron eso? – preguntó Pym indignado - ¿es que acaso no han visto suficiente destrucción? Pequeños vándalos…
Carol y Simon se miraron el uno al otro, sabiendo perfectamente que el motivo por el que los jovencitos habían atacado a Hank, era porque el skrull que había suplantado a su amigo fue uno de los más activos portavoces de los deseos de la Reina frente a la humanidad entera. Su imagen, no como skrull, sino con el rostro de Henry Pym, dio la vuelta al mundo en los noticieros en todas las lenguas, exigiendo la rendición de la raza humana. En un primer momento, Carol se había negado a llevarlo a Central Park caminando precisamente por ese motivo.
Era importante avisarle de ello al antaño Hombre Gigante, pero no parecía ser el momento adecuado para hacerlo. En esos momentos, Hank se había dado a la tarea de buscar rastros de energía y estaba demasiado concentrado en encontrar lo que fuera que le diera signos del paradero de Janet.
-Este tipo de energía es único… de hecho, no lo comprendo del todo. Tendré que analizarlo después para poder determinar cómo fue que transformaron a Janet en un catalizador – la máquina emitía pitidos extraños y estos aumentaban su volumen conforme se movía por el lugar.
-Henry, ¿podemos ayudarte en algo? – preguntó Carol, deseando ser un tanto más útil en la búsqueda.
-Por favor, que nadie se acerque, podrían distraerme o darme señales difusas ¿está toda esta zona despejada? – sin mantenerse parado en un solo sitio, Hank siguió recolectando lecturas de los restos de energía, hallando varios focos de la misma en un área amplia.
-Ya me encargué – una voz robótica se dejó escuchar, mientras el Hombre de Hierro aterrizaba cerca de Simon Williams – no hay nadie en un kilómetro a la redonda, tienes luz verde para hacer… lo que sea que estés haciendo amigo, al menos de momento.
-Busco a Janet – miró el científico a su amigo con confianza en sí mismo – y voy a encontrarla pronto – para después reanudar su tarea, escaneando cada rincón.
En silencio, los Vengadores montaron guardia en el lugar. De vez en cuando, llegaban algunos otros amigos y permanecían allí hasta que alguien más venía a relevarlos. No era sólo cuidar a Hank de cualquier ataque, sino que todos deseaban estar allí cuando Henry diera la noticia de que la había encontrado. La esperanza renació en los corazones de todos porque, si Jan volvía, las cosas no estarían tan mal, quizá todo tenía una solución, el mundo no estaba tan destrozado como todos imaginaban. En su momento, el aparentemente invencible Capitán América se había ido y poco a poco todos habían aprendido a aceptarlo, pero que Janet no estuviera más, que una fundadora, la única fundadora femenina, la valiente mujer que fungía como la madrina y el espíritu de los Vengadores se hubiera ido, era como una mala broma. Pronto estaría de nuevo riendo entre todos, hablando de lo tonto que sonaba el que todos la creyeran muerta.
Las horas pasaban, y Hank se negaba a probar alimento. Incluso Bobbi y Sue, quienes habían estado a su lado durante el escape de los abducidos, sabían que hacía algún tiempo que el hombre no comía de manera decente, pero incluso a ellas se negaba. No quería tener ni un segundo de descanso, no podía darse ese lujo, no hasta hallarla.
-Hank, debes comer y dormir, deja ese tonto experimento y descansa de una buena vez Señor obsesivo – escuchó la voz de su Avispa regañándolo en sus recuerdos.
-Cuando vuelvas, comeremos juntos Jan… iremos a cenar y te invitaré a bailar, te lo prometo cariño – susurró mientras analizaba un trozo de roca que tenía restos concentrados de la energía.
Anocheció y algunos de los Vengadores permanecieron allí. Logan estaba despierto, al igual que Thor. Spiderman estaba dormido y Reed Richards había sustituido a su esposa, a quien había mandado a dormir. Clint y Bobbi estaban abrazados, dormidos entre la hierba, custodiados por Carol Danvers y Jessica Drew, quienes permanecían regios al pie del cañón, esperando por noticias.
Veinticuatro horas después, las esperanzas se iban perdiendo al compás de la lluvia. Luke Cage y su esposa habían dado la alerta de que su bebé había desaparecido, por lo que un nutrido contingente de Vengadores había ido a buscar por todos los lugares posibles. El mismo Tony había tenido que marcharse, debido a que al parecer, sus posesiones estaban siendo inventariadas y confiscadas. Las noticias para el Hombre de Hierro habían ido de mal en peor, fue relevado de la noche a la mañana de su puesto como Director de SHIELD, la Mansión de los Vengadores había sido confiscada, por lo que todos fueron desalojados, Empresas Stark y todas sus afiliadas estaban siendo objeto de duras auditorías e incluso las armaduras que había hecho estaban siendo requisadas por el Gobierno de los Estados Unidos para ser entregadas (especialmente la de Iron Patriot) a nada más y nada menos que Norman Osborn, quien de la noche a la mañana se había vuelto el héroe que salvó al mundo de la Invasión.
Todo era caos para Tony Stark, pero si tan sólo Hank pudiera encontrar a Janet, sería una mortificación menos, una causa de alegría en medio de tantas malas noticias.
Casi treinta y nueve horas habían pasado y no había rastros de nada, ni siquiera un suspiro de la Avispa, ni una señal de que la búsqueda podía arrojar algún resultado. Incluso los Cage habían hallado a su nena y él seguía allí en Central Park. Pronto la respuesta se volvió evidente para todos: Jan no iba a volver. El problema era que Henry se negaba a detenerse, no importaba lo que le dijeran, todos estaban seguros de que se negaría en redondo a pesar de la insistencia de quien fuera.
Visión fue el primero, se acercó y trató de hacerle entrar en razón con la fría racionalidad de la que la Inteligencia Artificial estaba dotado. Hank simplemente le había pedido con firmeza que no se metiera, puesto que él era el creador de su creador y sabía lo que hacía. Cuando Reed Richards intentó hacerle notar que su búsqueda no había arrojado evidencia significativa de que Jan fuera a aparecer, Hank mencionó que tampoco había arrojado evidencia en contra y que él mejor que nadie conocía la amplitud de los universos alternos en los que estaba buscándola.
Estaba visto pues, que nadie lograría nada razonando con una de las mentes más brillantes del mundo; todo lo que cualquiera dijera, sería usado en su contra ya que, si algo caracterizaba a Hank Pym, no era una inteligencia superior como la de Reed Richards, o una maravillosa capacidad de vislumbrar el futuro, como la de Tony Stark; lo que le caracterizaba realmente, era su capacidad inusitada de hacer ver cualquier imposible, como algo posible, convertir cualquier cosa, por absurda que fuera, en una realidad. Fue cuando Clint lo intentó.
-Compañero, ya basta, a Jan no le gustaría que te obsesionaras con esto, debemos ser fuertes y entender que se acabó ¿no crees? – era espantoso ser quien sugiriera que la búsqueda terminara, pero era lo mejor. Henry sólo se limitó a ignorarlo y seguir escaneando pedazos de césped especialmente radiados.
-Déjala descansar socio… - había intentado Logan, donde Clint había fallado – las heroínas como ella merecen un buen descanso… - el recuerdo de Jean siempre estaba presente en su mente, por lo que sabía cómo se sentía el científico, sin embargo, tampoco recibió respuesta.
Parecía que nada podía hacer que Hank Pym cediera en su objetivo. Registró una y otra vez sin hallar nada, pasó varias veces por los mismos puntos y nada, la radiación comenzó a disminuir su concentración y él se negaba a concluir, se negaba a aceptarlo, no quería creer en la posibilidad de que Janet estuviera muerta.
-Tío Hank… por favor – la joven Cassie Lang tocó su hombro y con lágrimas en los ojos se plantó frente a él, obligándolo a verla – yo sé que duele, lo sé… pero tienes que dejarla ir… - tomó sus manos, que aferraban el aparato que había estado usando para escanear y le miró directamente, tratando de hacerle ver que no era el único herido, el único que había perdido a alguien – por favor tío Hank… déjala ir…
Pym la miró, como si fuera la primera vez. Desmejorado, enloquecido, desaliñado, demacrado… pintada en su rostro la angustia de saber que la búsqueda llegaba a su fin. Cassie, por su parte, había crecido, ya no era una pequeña niña, ya no era alguien a quien se necesitara cuidar, era una jovencita que pronto sería una mujer, ahora era ella quien protegía a los demás.
-Cassie… – sabía que la jovencita le comprendía, más que nadie ella conocía el dolor de perder a alguien amado en una guerra. Una de las últimas cosas de las que se enteró, fue del fallecimiento de Scott, pero nunca pudo estar allí para decirle a ella cuánto le había dolido la pérdida de su amigo también. Ella sólo se limitó a mirarlo con compasión y dolor.
-Él también se fue – la voz de la pequeña dama se quebró, haciendo que sus ojos se llenaran de lágrimas – murió para proteger este mundo y a sus seres amados – pero donde la tristeza se hacía presente, de pronto apareció un destello de decisión, de valor. Un valor que se parecía muchísimo al que en su momento la misma Janet había reflejado – ahora soy Estatura, y es mi turno de luchar por aquello en lo que él creyó… es nuestro turno de hacer todo lo posible para honrarlos – y con una triste sonrisa, la joven acarició la mejilla de su tío honorario, el hombre que le había dado sus poderes a su padre y que de algún modo, también le había dado a ella su poder actual.
-Hank Pym, creo que me estoy enamorando de ti – recordó la declaración de amor que le había hecho Janet en su primera aventura juntos, como equipo, aquélla ocasión en la que derrotaron al cosmoniano que había asesinado a Vernon Van Dyne… recordó su dulce voz juvenil, rebosante de sinceridad y de inocencia. Cassie era apenas un poco más pequeña de lo que lo había sido Janet cuando se puso el traje de la Maravillosa Avispa por primera vez. Sus motivaciones eran muy parecidas: ambas lo hicieron por un padre que falleció persiguiendo sus ideales. Ahora, la pequeña Cassie intentaba consolarlo, intentaba cuidar de él ¿No se suponía que debía ser al revés?
Gruesas gotas de agua comenzaron a caer del cielo, como si las nubes lloraran también a los caídos. ¿Cuántos más habrían fallecido sin que él lo supiera? – lo lamento linda, Scott era un gran hombre, un gran amigo… ¡lo lamento tanto! – y soltando su dispositivo de origen skrull, la abrazó y dejó que la lluvia simulara lágrimas en su rostro, sin poder realmente llorar, sin poder evitar que el nudo en su garganta creciera y el vacío en su estómago se hiciera más notorio.
Luego de un rato, en el que todos respetaron la escena privada entre la joven y el científico, un grupo de helicópteros negros llegó. Eran muy parecidos a los de SHIELD, pero eran negros completamente, sin insignia. Un agente habló entonces, por medio de altavoz, ordenando que todos los presentes abandonaran Central Park. El lugar sería acordonado, toda la tecnología tendría que ser entregada y todos aquéllos fuera de la ley, fuera del Registro, serían aprehendidos, todo por orden de Norman Osborn.
Hank Pym miró con dificultad en dirección a los reflectores que le apuntaban y sorprendido, miró cómo Carol se acercaba a dar un informe a esos tipos, explicando que estaban haciendo un memorial y que en cuanto terminara, podrían aprehender a todos. Simon lanzó una mirada significativa a Clint y luego a Luke y a su mujer y, mientras volaba hacia los helicópteros también, como cubriendo el campo visual de los agentes, en tierra varios de sus compañeros se fueron dispersando bajo la lluvia. Spiderman fue despertado de su sueño y en cuanto se dio cuenta de lo que ocurría, salió tan pronto como pudo de allí… Cassie se hizo pequeña y se escabulló por el húmedo césped. No comprendía lo que pasaba, ¿qué diablos era ese Registro? Finalmente, Thor, enfadado, exigió que les dejaran en paz con su pena, mientras blandiendo su martillo, hizo que varios relámpagos cegaran a los recién llegados, cubriendo lo que quedaba del escape de sus compañeros.
-¡Han escapado! Todas las unidades, salgan en busca de los renegados – indicó el agente con el altavoz – el Señor Osborn se enterará de esto – vio como amenazaba con la mirada a Carol y los demás – y serán ustedes quienes paguen las consecuencias.
La luz del reflector se detuvo en un cierto punto. Hank siguió con la mirada su trayectoria, a través de la lluvia y halló su aparato, tirado en el suelo. Sabía que si Osborn se hacía con el dispositivo, podría escudriñarlo hasta hallar la manera de hacerlo funcionar. Eso podría en peligro cada universo capaz de ser captado por la pequeña máquina, Osborn era un hombre codicioso, sediento de poder y conocimientos, por lo que toda civilización, independientemente de su tamaño estaba en peligro si era descubierta por él.
Levantó la vista y sus ojos se encontraron con los de Simon Williams, quien comprendiendo al instante, cubrió por un momento el reflector con su cuerpo, pasando en frente de él. Cuando la luz volvió a golpear de lleno en el piso, el aparato ya no estaba. Sólo estaba Hank de pie, mirando el lugar, bañado en agua por la lluvia torrencial que aún caía.
El helicóptero, aterrizó con trabajo en tierra firme y el agente bajó molesto, enfrentando a Pym, quien no lo miró, sólo siguió contemplando el suelo cabizbajo - ¿Qué han hecho? ¿Qué era eso que estaba en el suelo? ¿En dónde está? – inquisidor, el agente de Osborn comenzó a preguntar a todos los que aún se encontraban en la escena, obteniendo tantas respuestas como partidarios a su causa en el lugar – el Señor Osborn sabrá de todo esto, y ustedes tendrán que obedecer en todo lo que él requiera, porque ahora él es el rostro de Los Vengadores... esta vez se salieron con la suya, pero la próxima no tendrán tanta suerte. La ley está a favor de Norman Osborn, y ustedes saben que la ley se cumple – y acercando su rostro al de Hank, le espetó con desdén - quienes no cumplan con la ley o la entorpezcan, serán reconocidos como rebeldes y recibirán su castigo.
Hank no se movió de su lugar. Entre la lluvia, poco pudieron distinguirse sus azules ojos levantándose para enfrentar al tipo que le amenazaba – no te conozco amigo, tampoco sé nada sobre la ley de la que hablas… pero si te diré que no respondo ante criminales, por más que se crean héroes.
El rostro del agente era un poema a la estupefacción, no creyó que el científico le fuera a responder así, pero antes de que dijera o hiciera nada más, un fuerte brazo le alejó de Pym y la voz del señor del trueno se hizo escuchar – Mortal: tus amenazas no son más que un alarde vacío. Si tu preciado Osborn quiere venir a castigarnos, que lo haga él mismo, de otro modo, deja tu arrogancia aquí entre la lluvia y lárgate antes de que tengamos ocasión de defendernos por esta afrenta.
El agente se soltó como pudo del agarre del dios nórdico y dando dos pasos atrás, se acomodó la ropa, mirándolo retador - ¿Afrenta? ¡Yo sólo cumplo con mi trabajo!
-Y acaso mortal, ¿es tu trabajo importunarnos mientras recordamos a nuestros caídos? Por la belleza de la Ciudad Dorada, juro que si no te marchas ahora mismo y nos dejas con nuestro dolor, usaré sobre ti mi poderoso martillo – Thor apuntó con su arma al hombre, quien apretó los dientes con frustración, antes de darse media vuelta y dirigirse a su helicóptero a grandes zancadas. Aún no tenía suficiente autoridad, pero en cuanto se la dieran, se vengaría de esos pobres diablos que se hacían llamar héroes. Si todo seguía así, no tendría que esperar mucho, antes de que sus rostros estuvieran entre los más buscados y entonces, podría simplemente disparar a matar.
Mientras tanto, Pym sintió cómo los componentes de su máquina yacían aplastados bajo su pie. En un instante, tuvo que reducir y pisar el aparato de origen skrull para luego hundirlo en el césped mojado con el fin de que fuera indetectable. Afortunadamente, su aspecto verdoso favoreció que se confundiera con el lodo y el pasto del parque, pero el tratar así el aparato, hizo que se destrozara, sin posibilidades de volver a armarlo. Había usado componentes únicos para hacerlo, componentes que ya no había a mano. Aunque de todos modos, antes de que llegaran esos helicópteros, había decidido que no buscaría más.
-Jan, arriesgaste la vida por mí en ese hormiguero, atacando a una Reina con un simple trozo de alambre… nunca lo olvidaré… nunca… - recordó esa ocasión, en la que ella se negó a marcharse estando ellos atrapados con un ejército de hormigas rojas.
-Te confundes, mi adorable chiflado, mi vida carecería de sentido si yo te perdiera… -le había contestado ella en aquél tiempo.
-Mañana… mañana iré a solicitar los servicios funerarios… - comentó con voz apagada, apretando los puños con un nudo en la garganta – será algo simple, sencillo, pero – su voz se quiebra, pero las lágrimas se niegan a salir – quisiera que hubiera muchas flores… y que todos pudieran estar allí… es lo que ella habría querido.
-Yo te acompaño Hank – se escuchó la voz de Carol Danvers – y también me encargaré de que tengamos una tregua, al menos por ese día todos los Vengadores y amigos estaremos realmente unidos, sólo déjamelo a mí – se acercó a él, brindándole su apoyo, pero el científico simplemente dio vuelta y entre el césped y los escombros, caminó hasta su antiguo laboratorio, no quería saber ya nada más.
-Con todo te compensaré, como sea Jan, lo juro –había dicho en ese entonces.
Cuando llegó a su hogar, se sentó en el suelo, pensando detenida y largamente su siguiente movimiento - el megaverso… y el bajoverso… aún no te he encontrado Janet... - sentenció. Todavía no estaba listo para dejarla ir, y aunque los demás no supieran, continuaría su búsqueda, aunque tuviera que hacerla él sólo
Con todo te compensaré, como sea Jan. Lo juro...
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