Prosa II

"Slowly, gently, night unfurls its splendour. Grasp it, sense it, tremulous and tender
Turn your face away from the garish light of day. Turn your thoughts away from cold, unfeeling light.
And listen to the music of the night…
"


La tumba contra la pared mientras sus manos recorren con furia las piernas desnudas. Las medias interrumpen el contacto de piel con piel, pero eso sólo lo provoca más.

Olvida su recato, su reputación, olvida quién es cuando está con ella. No le importa estar comprometido, no le interesa lo más mínimo aquella mujer pomposa que alega de su buen nombre y de su orgullo por tenerlo como futuro marido. ¡Al cuerno ella y toda la familia Parkinson!

A él le gusta otra. Le gusta ese ángel que se retuerce entre sus brazos y gime sin pudor, y eso a él lo vuelve loco, porque esos gritos son para y por él.
Se despoja de su chaqueta traída de Paris y de su camisa de sastre, y se sorprende a sí mismo al encontrarse medio desnudo mientras aún la besa con desesperación.
Sus manos recorren el corsé y aferra con fuerza los pechos que se salen de la tela. Ella curva el cuello, y él, vuelto loco, baja sus labios por la piel. Se desespera. Hace días que no la veía, un martirio doloroso, su cuerpo ya no aguantaba, y tenerla ahí sin poseerla aún, era agónico.

—Gime para mí—le suplica, y ella le concede su deseo. Enrrosca las piernas a su cintura, y él apoya las manos en la pared.

Quita con fuerza el corsé y agarra un pezón con su boca al mismo tiempo que entra en ella.

Los gritos son devastadores y excitantes. Pero no les importa. La embiste contra la pared, y ella se aferra como un animal a su cuerpo. Gritan y se ahogan.

Pero no les importa, y no les importará. Después de todo, fuera del camerino, la degradación, el sexo y el alcohol, va a cubrir el desenfreno de pasión que existe en su pequeña guarida.