COMIDA CHINA AL DOS POR UNO

PLATILLO I


Había llegado al planeta donde residía su hermana con esos samuráis de pura casualidad, una parada para seguir continuando el viaje. Abuto lo convenció ya que la nave no tenía combustible y había que abastecerse de alimentos, así que él simplemente ordenó que lo hicieran y salió a dar un paseo a ver si se encontraba con alguien interesante

Tal fue su suerte que se encontró con el policía de la Tierra, que tiempo atrás le dio un prometedor combate, si no hubiera sido por la explosión de la nave tal vez hubiera habido un vencedor.

—Policía de la Tierra —llamó su atención con unos cuantos disparos hacia su persona, pero él esquivo todos.

—Genial otro inmigrante ilegal por aquí. —Se quejó mientras volteaba a verlo e iba desenfundando su katana.

—Decidí pasar a hacer una visita rápida, así que espero que hagas más interesante esta parada.

Ambos ya se encontraban en pose de combate, no fue necesario decir más palabras porque ahora sus armas eran quienes se encontraban.

El samurái le estaba dando un entretenido combate, tanto que hasta estaba teniendo otro tipo de sensaciones en un lugar muy diferente. Sabía que ahí se lograba sentir cosas, no era tan ignorante en las cuestiones biológicas pero simplemente no le llamaban la atención hasta ahora. Nunca en un combate se había emocionado cada fibra de su ser.

Y por andar distraído, el hombre frente a él le había logrado hacer una cortada en su mejilla, manchando su espada con su sangre, cosa que el castaño vio tan interesante que se acercó su arma a la boca y la lamió, ese gesto le pareció endemoniadamente atractivo que lo dejó con ganas de probar su rojo líquido vital.

Y así fue, enterró la punta de su fiel parasol en su pierna, haciendo a ese hombre sangrar una cantidad considerable de sangre, una parte quedó en su arma y otra en su uniforme negro, apenas y parecía percibidle e imitó la acción que él hizo, probó ese rojo que le parecía tan interesante y en el momento que tuvo el sabor en su boca supo que quería más de esa peculiar bebida. Pero mientras andaba en sus pensamientos, su enemigo con una gran velocidad ya se encontraba en su espalda para darle la estocada final, pero para defenderse uso su sombrilla que al tocar la espada fue partida por la mitad.

—Vaya samurái san, aun en ese estado puede seguir peleando. —Porque desde la herida que le hizo, el hombre había perdido una gran cantidad de sangre que lo estaba llevando al cansancio. Él solo sonrió, como si no le importara estar en desventaja, tal vez era un adicto a las peleas igual que él. Había escuchado que los polos iguales se repelan, pero entonces porque no podía quitar sus zafiros del fuego que parecía que quería quemarlo

Otra estocada y parecía que iba por su cuello, pero detuvo el brazo del enemigo con su mano, haciendo que con la velocidad que traía el samurái cayera encima de él y sus labios chocaran fugazmente.

Después de eso, el samurái se levantó rápidamente y abandono el lugar con el apoyo de su espada como bastón. Mientras que el joven de la trenza se quedó en el suelo analizando lo que había pasado, por extraño que parezca ese contacto físico no le molesto en lo más mínimo, al contrario le había parecido interesante. Tocó con su mano sus labios, aun traían el rojo de su enemigo en ellas, ese sabor le pareció tan adictivo.

—Bueno, esta pelea no puede terminar si no hay un vencedor. —Se puso de pie, sacudió el polvo de su ropa y empezó a seguir el rastro de sangre que había dejado su oponente.

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—Samurái san. —Lo saludo cuando el aludido entró a su habitación.

—¿Qué haces aquí? O mejor dicho ¿Cómo llegaste? —interrogó mientras suspiraba y nuevamente tomaba su espada, no tenía ni media hora que había sido curado de la herida que le hizo en el combate anterior y ya él se encontraba nuevamente ahí.

—Tranquilo policía de la Tierra, sé que en su estado actual no podrías darme una buena pelea —respondió con su sonrisa engañosa. —Solo tenía interés en que tipo de vida llevaba un asesino de tu calibre.

Paseaba alrededor de la habitación observando cada rincón, al parecer iba en serio con no pelear con él, así que envaino su espada y después procedió a quitarse el saco y el pañuelo que lo distinguía como alto mandatario del Shinsengumi, se sentó encima de su futon aún doblado, mientras observaba a su peculiar visita.

—Sougo —una voz se escuchó a través de la puerta, cosa que puso tenso al oficial mientras que el otro buscaba armas en el closet, cosa que aprovechó para empujarlo dentro y esconderlo ahí.

—Dígame Kondou san. —El mencionado ya había abierto la habitación de su subordinado, mientras que él se encontraba cerrando la puerta del armario.

—Tienes una visita —dijo mientras dejaba pasar a una muchachita de cabello y ropas rojizas.

—¿Quién le avisó? —interrogó mientras observaba con mirada de pocos amigos a esa molesta visita, igual o peor que la que había recibido antes de ella.

—Vine a ver qué tan destrozado te había dejado mi hermano para ver si así podría cobrar una pensión jugosa porque enviude por el cumplimento de tu deber. Pero parece que estas bien —exclamó mientras tocaba la pierna donde anteriormente fue herido, porque aunque hubiera cambiado el uniforme pareciera que ella tenía rayos láser para detectar heridas —. Eres igual de malo que él escondiendo las heridas, espero que no te sobre esfuerces. Gorila no lo deje salir a menos que su pierna ya este sanada, —dijo dirigiéndose al superior del cuartel —. En cuanto a ti, espero que lo hayas dejado igual o peor, porque si no fue así me burlare de ti. Iré a un trabajo con la Yorozuya, así que pórtate bien, si me entero que trabajaste en ese estado, regresando te partiré a golpes yo —exclamó como despedida para después besar a su novio en los labios —. ¿Por qué tienes tu sangre en tu boca?—interrogo al terminar el beso. Pero él no le respondió nada —. Ok ya entendí, no quieres que nadie te vea en tal estado. Me marchó. Nos vemos en tres semanas, tal vez.

—Adiós china, nadie necesita tus cuidados y no puedes tener acceso a la pensión porque ni siquiera estamos casados —respondió mientras la chica abandonaba la habitación.

—La chinita se preocupa por ti, deberías ser más atento con ella, quisiera que Otae san se preocupara cuando yo salgo herido —se lamentaba el gorila.

—Ella solo venía a burlarse —respondió, mientras se acostaba otra vez al futon —. Kondou san me gustaría descansar un rato.

—Está bien Sougo, fue un día pesado para ti. —Porque además de luchar con el pirata había capturado un grupo de patriotas antes.

—Gracias.

Apenas el comandante abandono la habitación y cerró la puerta tras de sí, la otra molesta visita apareció saliendo de su escondite

—Vaya, ¿qué clase de relación tienes con mi hermanita? —preguntó interesado donde momentos atrás había estado su familiar.

—No necesito tu estúpida aprobación.

—¿El pelado lo sabe?

—No sé y no es mi problema —. Ahora se encontraba desabrochando su camisa —. Te correría a golpes de aquí, pero no tengo las ganas para hacerlo, se un buen chino y no rompas nada y si sales que nadie te vea.

—¿Has traído a mi hermana antes?—cuestionaba por alguna razón eso le molestaba pero no porque se haya metido con ella.

—Algunas veces se ha quedado aquí —dijo sin mucha importancia, desdoblando su colcha, realmente quería descansar.

—Me pregunto qué clase de cosas has hecho con ella —dijo cuándo se encontraba encima de él, con sus rostros muy cerca.

—Algunas que el novio no tiene la obligación de decirle al hermano mayor —dijo mientras más se fundían sus miradas.

Kamui redujo la distancia entre los dos y volvió a probar los labios que hace momentos atrás había saboreado, pero esta vez lo haría más tiempo, exploró su cavidad bucal y al igual que su hermana dijo tenía el sabor de su sangre en ellos, pero a él no le pareció asqueroso como había dicho, él lo percibió delicioso y adictivo

—Tal vez cosas como estas —exclamó cuando había separado sus labios y pasaba sus dedos por el torso desnudo de él.

Él joven herido como pudo intento patear a su agresor con su pierna buena, lo cual resulto en un fracaso porque él ya la había detenido.

—No me imaginé que dos chinos cayeran por mí, ¿acaso es oferta de dos por uno? —comentó sarcásticamente mientras analizaba su posición.

—¿Y te gusta así? —interrogó mientras aprisionaba más al joven bajo su cuerpo.

—Prefiero ser yo el de arriba —respondió con frialdad en su mirar.

—Es bueno experimentar con otro tipo de sensaciones. —Él sin permiso alguno estaba tocando su parte erógena entre sus piernas sobre la tela. Al parecer estaba haciendo bien su trabajo porque ya comenzaba a notar excitación por parte del joven bajo de él —. Parece que te está gustando lo que hago —comentó con tono juguetón.

—Pues con esa trenza y esa cara pareces mujer, igual de plana que tu hermana cuando empezamos... —No pudo continuar con su insulto porque lo que el hombre arriba de él le estaba haciendo sentir cosas que lo hacían perder la concentración.

No pudo seguir con si hablar porque el joven que anteriormente le estaba dando placer se encontraba estrujándolo muy fuerte, al punto de parecer arrancárselo.

—¿Así que piensas en mi tonta hermana cuando te hago esto? —La fuerza de su agarré incrementó —. Es de mala educación hacer eso. —Con violencia desabrochó el cinturón y pantalón y empezó a darle otro tipo de placer con su boca.

—Sougo. —Una voz y unos pasos se escucharon cerca de su habitación, él procedió a hacerse de lado, mientras arrinconaba al hombre entre sus piernas contra la pared. Y después se hizo el dormido.

—Déjalo Toushi —exclamó el gorila cuando el vicecomandante ya había abierto la puerta —. Está cansado, dijo que dormiría, se lo merece.

—Está bien. —Dio un suspiro cansado y observó el cuerpo "dormido" para después cerrar, ya que no había entrado.

—Hemos tenido muchas interrupciones, —dijo Kamui mientras se levantaba, dejando inconcluso su labor —. Vendré en la noche para continuar con la diversión. —Le dio otro beso en la boca tan pasional como el de momentos atrás mientras detenía los puños del castaño hacia su persona —. Adiós~ —se despidió para después abandonar el cuartel con el sigilo de un gato.

Maldito chino me las pagaras —grito para sus adentros, pues tenía que encargarse de quien había despertado momentos atrás.