Una gota.
Dos gotas.
El lugar estaba muy oscuro, intentaba enfocar la mirada a cualquier punto pero era imposible de hacerlo.
Mis ojos cansados dolían por haber llorado tanto.
Cinco gotas.
Seis gotas.
El sonido de las gotas de, lo que yo creía que era un grifo un poco abierto, me mantenía despierta. No sabía cuándo fue que llegué aquí, pero mi estómago me dolía y no recordaba haber comido algo por mucho tiempo.
Treinta y cuatro gotas.
Treinta y cinco gotas.
De repente noté algo junto a la palma de mi mano.
Mi libro.
Suspiré con felicidad y lo tomé con las dos manos, dirigiéndolo directo a mi pecho. Notando como mis nudillos hacían contacto con mi ropa sucia, sintiendo a través de ellos el pesado latido de mi corazón.
Quería que llegara el momento de salir de aquí, poder estirar mis extremidades libremente, sin sentir el dolor y la incomodidad que le causaba esta posición a mis piernas. Pero a la vez, sabía que salir de aquí significaba una sola cosa.
Otra subasta.
Odiaba las subastas.
Las odiaba desde el primer día que fui a una de ellas.
Fue al día siguiente, después de salir de la casa de mi señora, o eso creía, no estaba muy segura acerca de eso.
Me habían dicho que me comportara al entrar con las manos esposadas a un lujoso e iluminado lugar.
La gente se veía muy divertida, llevaban colgantes dorados demasiado grandes para sus cuellos, pantalones coloridos, peinados divertidos, incluso mujeres rapadas con un símbolo gracioso en la cabeza.
Quise sonreír, pero el tirón de las cadenas me hizo volver a la realidad, jalando mi mente de las nubes.
Intenté que mi libro no se resbalara de entre mis dedos, lo cual era un trabajo difícil señalando que mis manos estaban demasiado unidas por las esposas.
Oí una voz al acercarme a un elaborado escenario, igual a uno de esos que salía en los concursos de la televisión que tenía mi señora en su habitación.
Me sentí eufórica, nunca había podido ver uno igual.
Pero luego escuche la voz.
''Apenas una niña'' gritó por el micrófono un hombre con una bata blanca.
Desde el momento en que lo vi, sabía que no me caería bien. Incluso su voz rasposa hacia que se me helara la piel, su larga barba hacia juego con los pequeños mechones que sobresalían de su, apenas, rapada cabeza.
¿Por qué todos tienen peinados graciosos?
Mi acompañante me subió al escenario, y en el momento en que lo pisé, sentí una avalancha de emociones, pero no eran de las buenas, de las que creía que sentiría si estuviera en uno de esos concursos de la televisión.
No me sentía una estrella televisiva. En cambio, me sentía más diminuta que eso mientras todos los ojos se posaban sobre mí, como esperando que hiciera algo. Me sentía más bien como un pequeño bicho raro. 'Como un Quién' pensé. Me sentía como uno de esos pequeños ciudadanos que vivían en ese pequeño diente de León, pero sin un Horton que me cuidara mientras todas estas personas comenzaban a susurrar entre sí.
''¡Quiero ver esas paletas elevarse!'' volvió a hablar aquel hombre, haciendo que me estremeciera.
¿Paletas?
''¿Qué tal si comenzamos por un precio justo?'' Caminó hacia mí lentamente, inspeccionándome con los ojos hasta que volvió a girarse hacia el publico ''3.000$''
Miré como algunas personas comenzaban a alzar sus manos junto con unos carteles con números incrustados, con la forma de una raquera de Tenis.
Pero este lugar era pequeño y cerrado. No había espacio para jugar, no había ni siquiera líneas que marcasen la gran cancha de tenis.
Las personas seguían elevando sus raquetas de tenis mientras aquel hombre seguía diciendo números al azar, a su gusto.
No estaba muy emocionada acerca de esto.
Me sudaban las manos, me temblaban las rodillas y me dolían las muñecas por las esposas.
Después de unos momentos, el gran ruido de un martillo golpeando un trozo de madera me llamo la atención.
Era aquel hombre espantoso con una sonrisa de satisfacción en su rostro. Volteó a verme mientras otro hombre del público caminaba hacia mí con petulancia, haciendo que mirara a mi acompañante con miedo.
No quería estar aquí, quería ir con la señora. Estos hombres me daban muchos escalofríos.
''Ven aquí preciosa'' sonrío cuando por fin me alcanzó y tomó mis muñecas, haciendo que casi soltara el libro en el suelo. Intenté zafarme con movimientos bruscos, mientras este hombre trataba de controlarme.
El hombre espantoso de la bata, tras ver mi resistencia, se forzó hacia adelante, pero antes de que llegara a mí comencé a sollozar.
La gente comenzó a susurrar de nuevo.
''¡Cállate!'' gritó el hombre que me tenía sujetada, haciendo que comenzara a patalear.
Fue un golpe de suerte, la verdad. Uno de mis pies llegó a una de sus pantorrillas, haciendo que aquel hombre gimiera de dolor, mientras lo miraba con los ojos abiertos de la sorpresa. No quería hacerle daño.
Me gire rápidamente y me encontré con mi acompañante, escuché el grito del hombre de bata justo detrás de mí, lo que hizo que me tirara al lado de mi acompañante. Él podría llevarme junto a mi señora, él lo haría ¡Conoce el camino a casa!
Me sujete a una de sus piernas, maniobrando mi libro entre las manos, mientras el hombre de la bata se acercaba a mí.
Alcé la cabeza para mirar a mi acompañante, y con lágrimas en los ojos por el dolor en mi pecho le rogué.
''¡Lléveme con mi señora!'' lloré apoyada en él, mirando sus rasgos. ''¡Por favor!'' supliqué.
''John, entrégamela'' sentí al hombre de la bata sujetándome, contradiciendo mis palabras.
Mi acompañante, 'John' según había escuchado. Miró al hombre detrás de mí antes de poner sus manos en mis hombros, separándome lentamente de su pierna.
''¡No!'' Me sujete más fuerte y gemí mientras sentía el tirón de un tercero.
Miré con sorpresa al hombre tenebroso, el que ya se había recuperado de la patada en la pierna.
''Te daré algo por lo cual llorar, mocosa''
Él intento tomarme de las esposas de nuevo, pero al ver que sujetaba algo con fuerza, lo arrancó de mí.
Mi libro.
Miré lentamente como arrojaba mi libro al suelo, volviendo a sujetarme de las esposas.
Con paso apresurado, él me alejaba de mi libro, hacia una habitación. Intente con todas mis fuerzas ir a buscarlo, mientras sujetaba el sollozo que sentía que aparecería en cuestión de segundos.
Miré lentamente como John se agachó a inspeccionar el objeto, y antes de que pudiera hacer o decir algo, una puerta se cerró ante mis ojos y la visión de mi libro se esfumó en un instante.
Mi mano izquierda comenzó a temblar sin control cuando el hombre me soltó.
Mi libro. Mi libro.
Necesitaba mi libro.
''No sabes con quién te has metido, niña'' dijo con ira en la voz.
Intenté sujetar mi temblorosa mano, pero antes de que pudiera hacer algo, sentí un golpe y todo se volvió oscuro.
Y temí lo peor.
Mi intención no era hacer daño a nadie, no podía controlarlo.
Simplemente no podía.
-
Al día siguiente, John me devolvió el libro, pero no quería tocarlo con mis manos llenas de un tinte de color rojo.
No quería manchar las páginas.
El sonrió de lado y las colocó a un costado de mis piernas, a través de la pequeña jaula.
Él parecía un poco trastornado, con miedo en sus ojos, pero trataba de ocultarlo como sea.
-
La historia no acabó ahí. Ellos siguieron con el intento de conseguirme compradores, tratando de ocultar lo que había pasado esa noche con el hombre tenebroso, catalogando todo lo que la gente decía sobre mí como un mito.
Nadie volvió a saber del hombre tenebroso.
John había dicho a los participantes de la subasta de ese día que el hombre había renunciado a las subastas, para no levantar sospechas.
Me seguían llevando a subastas, pero mis compradores al final de la noche, exigían la devolución de su dinero inmediatamente después de pasar dos segundos en la misma habitación en la que yo me encontraba.
No era mi intención causar tanto espanto a la gente.
Yo solo quería leer mi libro antes de acostarme.
Pero la gente no escuchaba.
Lo hacía por defensa propia, solía decir la señora cada vez que no podía controlarme.
Y Dios sabía que quería controlarme.
Cuatrocientos setenta y cinco
Cuatrocientos setenta y seis
La espalda me dolía y los ojos me picaban. Estaba muy cansada de llorar. Quería ir a casa, quería ir a recostarme en una hamaca en el patio trasero, leer mi libro hasta que el sol se pusiera entre los árboles, y esperar a que me llamaran para tomar un baño.
¿A quién engañaba? Ni siquiera tenía casa, ya no. No podría ir a ningún lado después de esto. Nada volvería a ser lo mismo.
Además, ni siquiera cuando estaba con la señora podía ir al patio trasero, porque debían esconderme, debían mantenerme segura en el salón para que nadie pudiera llevarme lejos de ellos.
'Pero lo hicieron de todos modos' pensé subconscientemente, acordándome de que me separaron de ellos.
Mi mano izquierda comenzó a temblar tras el recuerdo.
''No otra vez'' susurré
Pero no dejaba de moverse por sí sola.
''¡He dicho que pares!'' Grité mientras me sujetaba la mano izquierda con la derecha, dejando el libro a un lado.
Creo que no fue una de las mejores ideas que tuve desde que llegue aquí. Puesto que los pasos no se hicieron esperar después de mi abrupto.
Me pegue a uno de los lados de la jaula, intentando ocultarme, sabiendo que no serviría de nada.
¿A qué otro lugar podría irme?
Las luces me cegaron e intente cerrar los ojos, esperando que por arte de magia desapareciera de este lugar antes de que el hombre llegara aquí abajo.
Se escucharon los rápidos pasos viniendo de unas escaleras, temblé ante la anticipación de ser golpeada de nuevo. No creía que lo podría soportar una vez más.
Cuando volví a abrir los ojos, el hombre apareció a unos metros de mí, viéndose angustiado. Me miró y con el ceño fruncido tomo las llaves que se encontraban en el gancho que estaba colgado a un metro de la altura del piso sucio.
Me quede quieta tratando de no molestarlo, pidiendo en silencio que no me hiciera daño.
El corrió con paso apresurado hacia mi jaula y fue allí donde escuche las sirenas.
''La policía'' murmuré dudosa, lamentándome inmediatamente al darme cuenta de que lo había dicho en voz alta.
El hombre me miró con enojo detrás de los barrotes, con la llave en la mano, dudando sobre lo que estaba a punto de hacer.
La policía estaba cerca, y él estaba angustiado por lo que podría pasar si me encontraran aquí.
Con un suspiró reanudo su movimiento.
Todo paso demasiado rápido. Sujeto el candado que se encontraba por la perilla de la jaula y metió la llave en el agujero de este, cuando por fin el candado cedió con un clic, el metió su mano para agarrarme de mi brazo rápidamente.
''Mira, no tengo tiempo para lidiar contigo'' dijo acercándose a mi ''Necesito que te largues de mi vista ahora mismo, sin alertar a la policía'' murmuro más cerca y con rabia, mientras seguía sujetándome fuerte ''Si llegas a delatarnos, te aseguro mocosa, que será lo último que hagas en tu asquerosa vida''
Temblé un poco, y sabía que él lo había notado.
''Te sacaré por una de las ventanas traseras, y correrás lo más lejos posible antes de que uno de ellos pueda verte''
Asentí con fuerza tratando de hacer que me soltara, pero eso solo empeoró.
El me arrastró hacia las escaleras, y cuando salimos de, lo que ahora sabía que era un sótano, pude distinguir los diferentes tonos de colores de las luces de los policías que se escapaban a través de las cortinas.
''¡Abran la puerta!'' escuché tras unos breves e insistentes golpes en la puerta.
''¡Anda, camina estúpida!''
Fui arrastrada a una de las cocinas que se encontraba al lado opuesto de la puerta principal, allí me esperaba otro hombre, escondiendo bajo el grifo un arma. La misma arma que había apuntado al señor el día en que me sacaron de la casa de la señora.
''Jonh, abre la maldita ventana por el amor de Dios''
El hombre se levanto del lugar tras haberse asegurado de esconder bien el arma, y corrió una de las ventanas a un lado, haciendo que la fría brisa inundara la casa de un asalto.
El hombre me jaló del brazo hacia la ventana y sabía que tendría que comenzar a andar por mí misma. Me subí a una mesada que se encontraba al lado del grifo donde se había encontrado John y me tire hacia el lado opuesto. El viento chocó por mi cara y olí la yerba recién cortada del patio trasero. Miré detrás de mí para encontrar la mirada escrutadora de aquel hombre y temblé un poco ante los recuerdos de sus malos tratos.
''Ahora corre maldita sea''
Nunca pensé que podría correr tan rápido, pero lo hice. Corrí tan rápido como mis pies me lo permitían, el suelo estaba húmedo, el vestido desgastado que llevaba puesto me impedía correr más de lo que podía. Mire alrededor y me di cuenta que la yerba comenzaba a elevarse cada vez mas alto.
Fue cuando ya no sabía de dónde había empezado a correr, que me había dado cuenta de algo que hizo que mi corazón se detuviera por un momento.
Mi libro.
Había dejado mi libro en la jaula del sótano.
No podía creerlo.
Trate de reprimir el quejido que quería abandonar mi pecho, pero no pude detenerlo. Caí de rodillas sobre la yerba sintiendo que me faltaba el aire.
Tal vez si regresaba podía..
No.
No regresaría ahora. Ya no podía.
Sabía que era mi única oportunidad de escapar, mi única oportunidad para no volver a ver a aquel hombre.
No podía regresar porque sabía que estarían esperándome, para volver a torturarme de nuevo. Y no quería.
Pero mi libro..
¡No!
No podía volver allí, necesitaba alejarme lo más rápido posible. Ya no importa que ese libro hubiese sido el único que pudiese hacerme sonreír desde que había abandonado la casa de la señora, que hubiese sido el único amigo en el cual podía confiar en la oscuridad de aquel ducto de ventilación.
No importaba ya que en aquellas páginas desgastadas se hayan impregnado todos los recuerdos buenos que trataba de esconder de la gente, para mantenerlos para mí misma.
Pero..
¿A quién quería engañar de nuevo?
Volvería por mi libro.
Me levante de la yerba secando mis lágrimas con el dorso de mi vestido, y giré para ver de dónde había empezado a correr.
Y ya no lo encontré.
La inmensa yerba se extendía a mi alrededor, no podía saber dónde me encontraba, no había ninguna luz alrededor para que pudiera guiarme. La luna estaba oculta tras algunas nubes. No sabía qué hacer, y ya no sabía con qué determinación había comenzado.
Y mi mano comenzó a temblar.
''No me hagas esto ahora'' susurre a través de las lagrimas.
Decidí que lo mejor sería correr en línea recta, porque algo me decía que sería el camino correcto. Sujete mi mano izquierda con fuerza, mientras mis pies volvieron a abrir el camino hacia un lugar desconocido.
No sabía cuánto había corrido ya, no sabía cuántas lágrimas había derramado ya. Mis piernas comenzaron a tambalearse. Un momento después mi mano paró de temblar, por lo que puse las dos al frente tratando de abrir camino entre la yerba, moviendola hacia un lado con cansancio, antes de tropezar con una esquina dura en el suelo. Me tambaleé sobre mis dos pies y miré el espacio vacío de yerba donde me encontraba, luego a mis pies descalzos para ver sobre qué estaba parada.
Cemento.
Liso y duro cemento.
Sentí una luz reflejada sobre mí por la esquina de mi ojo izquierdo, y antes de que pudiera girar la cabeza, me di cuenta que un auto venía a toda velocidad hacia mí.
Sabía que sería muy tarde antes de que mis piernas cansadas pudieran moverse, y lo único que pude hacer para salvarme, era dejar que mi mano temblase libremente y que la oscuridad se hiciera cargo de mí.
Y así lo hice.
Centro Policial, West Side Lemon Nro 21.
''Aquí está el café mientras espera, señora. No dude que el jefe lo atenderá en unos breves segundos''
''¿Breves?'' murmuró indignada la mujer que se encontraba en la recepción de aquel edificio ''¡Mi niña está perdida y dice que debo esperar aquí como si nada!''
''Señora, no la podemos ayudar si se pone nerviosa''
'' ¡Yo no estoy nerviosa por el amor de Dios!''
'' ¡Señora, baje la voz!''
''¿Cómo se atreve a gritarle a una mujer de edad!?''
''No la podemos ayudar si-''
''¿Qué clase de educación le dio su madre?!'' la cortó.
''Señora baje la voz'' murmuró la recepcionista ''Maldita sea, siempre lo mismo''
''Oh Dios, virgen pura'' dijo indignada ''¡Es usted una vulgar!'' gritó indignada la mujer, sujetándose el pecho.
''¿Cómo se atrev-''
'' ¡Abran paso!'' se escuchó un grito tras las puertas principales del edificio, cortando las voces de las dos mujeres que dirigieron sus miradas hacia donde se encontraba el escándalo.
Uno de los policías entró cojeando mientras llevaba a una niña cargada en brazos, se movía con una mirada de dolor en el rostro, así que uno de los guardias sujeto a la niña para ayudarlo.
Detrás de ellos entró uno de los hombres sujetado por un brazo por otro de los guardias, mientras este agarraba un trozo de tela, que parecía haber sido arrancado de su uniforme, sobre su frente ensangrentada.
''¡Llamen al comandante y lleven a estos dos hombres a la enfermería!'' ordenó uno de los policías.
Cinco guardias escoltaron a los hombres heridos hacia una de las puertas que se encontraba a unos metros cerca de la señora de la recepción. Ésta solo miró la escena distante, con el ceño fruncido, mientras se llevaban a aquella niña hacia el lado contrario de la habitación.
''Bueno, ahora creo que deberá esperar más que 'breves segundos' por el comandante'' sonrió la recepcionista, haciendo que la mujer la mirara con reconocimiento, sabiendo que el comandante atendería ese caso más rápido que la desaparición de su niña.
Después de todo, era muy común que su niña desapareciera una vez al mes, ahora ya no la tomaban mucho en serio por la normalidad del caso. Todos sabían que la niña volvería a aparecerse, como siempre lo hacía, pero no por eso la mujer dejaría de preocuparse por ella.
Era su niñera, por supuesto que debía de preocuparse.
Ella sonrió a la recepcionista después de unos momentos.
Ella no se rendiría tan fácilmente.
''Está despertando'' comentó una mujer, mientras que un hombre miraba extraño a aquella niña.
¿Cómo era posible que el coche de sus dos oficiales llegara con la parte delantera destruida, ocasionando heridas a dos de sus hombres y esta niña no tuviera ningún rasguño?
Él tomó asiento mientras la niña con el vestido sucio, que se encontraba recostada en uno de los sofás de la oficina, comenzaba a parpadear tratando de enfocar su mirada en el techo. Cuando por fin pudo hacerlo, giro su cabeza hacia donde se encontraban el comandante y una de sus oficiales.
Ella se veía muy asustada en cuestión de segundos.
Sus ojos se abrieron como platos, y se irguió rápidamente en el sofá, mientras se retraía lo más lejos de la mano tranquilizadora de aquella mujer con el uniforme.
''No queremos hacerte daño'' le susurró la oficial. Holly, se leía por su placa.
La niña cerró los ojos tratando de contener un gemido, su cuerpo le temblaba de pánico.
''Hey, tranquilízate. No te haremos nada, lo prometemos''
Holly quiso acercarse a la niña, lo que hizo que esta se asustara más, presa del pánico comenzó a echar lágrimas, mientras se sujetaba el vestido con fuerza.
''Holly, mantente alejada'' ordenó el comandante.
La niña suspiró por un momento, mientras se sujetaba las dos manos cerca del pecho.
El comandante se vio impasible.
''¿Cómo te llamas?'' preguntó serio. La niña se estremeció ante su tono de voz y el hombre suspiró cansado.
Él intento reformular su pregunta, pero antes de que lo hiciera una persona irrumpió en la habitación.
''¡Mi niña está perdida y el comandante está evitándome!'' gritó la señora, haciendo que la mujer, el comandante y la niña se exaltaran ante la interrupción.
''¡Maldita sea Maribel! ¿Qué estás haciendo aquí?'' se frustró el comandante. La niña guardó silencio por unos segundos, mirando a la mujer que se encontraba con el ceño fruncido mirándola a ella.
Hubo un momento de silencio antes de que aquella mujer escuchara una pequeña voz en su mente.
'Santana' le dijo.
''¿Santana?'' murmuró confundida la señora ante la aparición extraña de la voz, haciendo que la niña abriera los ojos con sorpresa.
El comandante miró la interacción sin saber qué hacer y antes de que pudieran hacer algo más, formuló su pregunta. ''Maribel, ¿Conoces a esta niña?''
'Ayuda, por favor ' volvió a escuchar en su mente.
Miró a la niña, quien tenía ojos suplicantes lazandole señales de humo.
¿De dónde había venido esa voz?
Maribel no sabe lo que le pasó para decir lo que iba a decir.
''Sí, su nombre es Santana.. '' dijo haciendo una pausa ''Santana Mason''
La niña la miró confundida ante el sonido extraño de aquel apellido.
''¿Es un pariente suyo?'' preguntó con voz baja la mujer que estaba cerca de Will, buscando algo en la computadora.
''Sí, es.. Es mi nieta'' volvió a mentir la mujer. Viendo a la niña inquieta en el sofá.
''Perdón Maribel, pero no tenemos archivos de una Santana Mason'' murmuró Emma, haciendo que a la mujer se le pusieran los pelos de punta.
''¿De qué estás hablando Maribel?'' se irritó el comandante, tratando de entender lo que estaba pasando en la habitación.
'Me asustan' volvió a escuchar la pequeña voz en su cabeza.
''Era hija de Gloria, pero cuando intentaron cruzar la frontera de forma ilegal, la mataron para que la policía no encontrara a los culpables. Pensé que también lo hicieron con mi nieta, pero aquí está'' volvió a decir con un nudo en la garganta. ¿Por qué estaba mintiendo? ¿Por qué volvió a recordar a su hija? ¿A qué quería llegar?
Holly volvió a teclear en la computadora hasta encontrar el nombre de una mujer en los archivos de defunción 'Gloria Mason', pero seguía sin aparecer una Santana Mason.
''Todavía no encuentro el nombre de Santana Mason'' cortó, mientras el comandante trataba de estudiar la situación.
La niña se inquietaba cada vez más.
''Porque no las hay'' dijo la mujer, tratando de llegar a algo que la saque de este lío, ni siquiera sabía por qué estaba mintiendo. ''Santana no tenía los papeles al cruzar la frontera'' Comenzaba a creer que iría al infierno por esto. Que Dios perdone todas sus mentiras.
''Maribel, ¿te estás dando cuenta que esto es un delito contra el Estado?'' comentó el comandante, tocándose la barbilla.
Maribel volvió a mirar a la niña, tratando de oír nuevamente la voz, pero no encontraba nada.
''No sabía que seguía viva'' trató ''Gloria me había mandado una carta diciendo que vendría a Gran Bretaña, y que me haría conocer a mi nueva nieta, y una foto de la pequeña. No sabía que intentaría atravesar la frontera de forma ilegal. La siguiente visita que tuve fue de un fiscal diciéndome que mi hija había muerto.''
La mujer tembló, no sabía cómo se había inventado una historia tan rápido. Aunque la historia de la muerte de su hija era real, no sabía por qué estaba tratando de añadir cuentos inexistentes de esta niña que ni siquiera conocía.
''Maribel, encontramos a esta niña en medio de la interestatal, un coche de policía casi la atropella. Necesitamos que hable para poder creerte'' frunció el ceño el comandante, tratando de juntar todos los cabos sueltos.
Santana miró atenta a lo que ocurría, como la mujer estaba inventando historias sobre ella.
Maribel se acercó lentamente a la niña, tomando asiento junto a ella. Para sorpresa del comandante, la niña no se inmutó.
Mariel estiró una de sus manos, y la colocó sobre el hombro de Santana, tratando de tranquilizarla.
''Santana, necesito que hables con estos señores para que podamos ir a casa y tomar un chocolate caliente'' murmuró en voz alta la mujer, para que el comandante oyera lo que estaba diciendo.
Santana se concentró en una sola palabra.
'Casa'
''No creo que irán a casa tan pronto Maribel. Necesitamos que después de esto, rellenes un papel por el testimonio. Y no creo que la secretaría te dejará llevarte a tu nieta sin más, pedirán un juicio después de esto. La niña prácticamente no existe en los registros. Necesitaremos una muestra de ADN y pruebas que avalen la existencia de la hija de Gloria''
Maribel no había pensado en todo eso, ¿Qué debía hacer? Estaba jodida hasta los huesos.
Su cabeza comenzó a girar mientras bajaba la mano del hombro de la niña.
Santana sintió la reacción de la señora, y lo entendió.
'Ir a casa' pensó, sin darse cuenta que la mujer también había oído eso en la suya.
La mujer volvió su cabeza a la niña sentada junto a ella, sin entender muy bien lo que estaba pasando o el motivo de por qué se estaba metiendo en todos estos líos.
''No hay problema, pero esta noche me llevaré a mi nieta'' comentó sin más. Planeando algo en su mente. El comandante sabía que no podía detener a la mujer por mucho tiempo, la conocía lo suficiente para saber lo terca y astuta que era.
''Solo si la niña comienza a hablar''
Los ojos se dirigieron a Santana, y ella volvió a sentirse demasiado diminuta ante las miradas.
Ella quería ir a casa, y no sabía porque quería ir con esta señora en vez de quedarse en la estación policial. No le gustaba el lugar. Sabía que para poder ir a hacer lo que la mujer le había prometido, necesitaba comenzar a hablar.
''Soy Santana y tengo 11 años…''
Lo había dicho todo, menos de su vida con el señor y la señora, sabía que eso no era relevante a la historia de la mujer que la estaba defendiendo ahora mismo, pero les habló de las subastas, les habló de los hombres, les habló de su libro.
Y la dejaron ir por el momento.
Ella no lo había creído si no fuera por la fuerte mano sujetando su propia. Las personas la miraban al salir de la oficina, el comandante las dejaba ir, pero con la promesa de que volverían para las pruebas y el juicio.
Pero la estaban dejando ir.
Miró a la mujer que la tenía sujeta a ella, mientras notaba la forma rígida de su caminar, parecía como que le costaba mantenerse en pie, sintiendo el peso de la situación sobre sus hombros.
Y aunque Santana no lo dedujera en ese instante, sabía que no volverían a la estación policial.
La mujer, aunque no sabía por qué, ya tenía planeado darle un hogar, y si quería hacer eso, no debía ser arrestada por falso testimonio.
Cuando salieron del lugar, la luz del sol comenzaba a ocultarse, por lo que tenía que planear todo para el amanecer.
La mujer volvió su cabeza para mirar a Santana, dándole una sonrisa apretada para tranquilizarla.
No sabía muy bien lo que haría, su plan no era muy sólido por el momento.
Pero ella estaba dispuesta a hacer algo por esta niña que no conocía bien.
Sabía que la niña era especial, pero no sabía cómo lo sabía.
¿Había enloquecido ya?
¿O en realidad eran esas voces que escuchaba en su cabeza las de Santana?
Ella sacudió su cabeza al visualizar su auto en el estacionamiento, y cuando más se acercaba a ello, pudo divisar un objeto por su parabrisas.
Ella escucho un exhalación profunda detrás de ella, y se volteó para darse cuenta que Santana miraba el objeto con los ojos abiertos de sorpresa.
Un libro.
Un colorido libro colocado perfectamente en el vidrio de su parabrisas.
Ella extendió la mano y lo inspeccionó con atención, pensando que era algún nuevo método publicitario.
Cuando volvió a mirar a la morena tras ella, frunció el ceño al ver que le temblaban las manos, estaba inquieta, mirando a sus alrededores en intervalos de tiempos para volver al libro en sus manos.
La mujer se acercó un poco a ella, poniendo una de sus manos en el hombro de la niña para tranquilizarla.
''Hey, hey'' dijo tratando de llamar su atención ''Tranquila, respira un poco'' murmuró, tocándole el cabello lentamente. Santana cerró los ojos y lanzó un suspiro desigual, antes de volver a abrir los ojos para ver el libro.
La mujer sonrió.
''¿Quieres esto?'' le preguntó, Santana asintió temblando un poco, y la mujer le cedió el libro, mientras volvía a levantarse en una posición recta.
Santana miró el libro. Era su libro. Tenía las páginas un poco arrugadas y la mancha granate en una de las páginas del inicio.
¿Pero cómo había llegado aquí?
Volvió a mirar angustiada los alrededores para encontrar a alguien, pero fue en vano. No había ninguna sombra en el estacionamiento.
La mujer sonrió al oír el suspiro de alivio de la pequeña después de unos segundos, y con tranquilidad la ayudó a subir al auto.
Ella arrancó el motor mientras dudaba en teclear el número de un hombre que sabía que la ayudaría en este caso.
Ella miró a Santana, que estaba perdida mirando la tapa del libro, como si no creyese que estaba en sus manos.
La mujer sonrió.
'Tal vez a Santana le gustaban los libros' pensó
Ella asintió a sí misma y pulsó la tecla de llamada para tomar la decisión de su vida.
Debía comenzar a despedirse de su niña problemática en la mansión donde trabajaba.
Porque era hora de preparar las maletas.
Era hora de volver a los Estados Unidos.
¡Gracias por leer y perdón por la larga espera! Sean libres de comentar algún error o sugerencia.
¡Saludos!
