Capítulo I
El Ángel De La Muerte
Sin duda la memoria del ser humano es frágil.
Doce largos años habían pasado desde la trágica muerte del Cuarto Hokage y en la villa de Konoha nadie supo que aquella noche se había usado el sello prohibido ni mucho menos que en el segundo contenedor, una niña con el cabello rojo había desaparecido. Los aldeanos eran felices con lo que les habían contado de aquella historia y no necesitaban indagar más sobre ella.
Sin embargo, la vida a veces da muchos rodeos y en la aldea de Suna (a muchos kilómetros de Konoha) una niña de doce años caminaba por una calle transitada. Su cabello rojo a la luz del sol adquiría el color de la sangre fresca. En sus ojos grises se podía ver que su vida no había sido fácil; se distinguía una tristeza que solo estaba a la par de un odio tan profundo como el abismo de la soledad en que se hallaba.
La gente de la calle se apartaba del camino de aquella niña, como si fuese alguna clase de bicho o estuviera enferma de alguna cosa contagiosa. Aunque la realidad era más cruel que esas tristes suposiciones; aquellos seres culpaban a esa niña por el monstruo que dormía en su cuerpo. Ellos la odiaban y por esa razón ella los odiaba a ellos también. Todas aquellas miradas no hacían más que herir el alma de la pequeña. Cada día era lo mismo: una y otra vez los aldeanos se empeñaban en mostrar un rencor inmerecido hacia la niña.
Caminaba con algo de prisa pues ya iba retrasada y por esa razón fue que no se percató de que un hombre de mediana edad que sostenía un Kunai en la mano derecha la esperaba con los ojos llenos de odio. La niña realmente temía y odiaba hacerle daño a la gente de la aldea pero eran ellos o ella.
La niña en cuestión sabía que esas personas nunca se tocarían el corazón para con ella así que sin ni siquiera parpadear y con un seco movimiento su brazo derecho se hundió en el pecho de aquel sujeto quien solo vomitó sangre antes de que la niña le arrancara el corazón y lo aplastara frente a toda la multitud. La impresión que tuvo aquel espectáculo causó que toda la muchedumbre gritara de pánico.
—¡Es el ángel de la muerte!—gritó una mujer histérica al ver como ante sus ojos el cadáver del hombre terminaba de desangrarse en mitad de la calle.
La niña reprimió el llanto: detestaba asesinar personas. Pero eran ellos o ella, eso era lo que se decía a sí misma cuando esta clase de incidentes pasaban; les dio la espalda a todos los presentes, colocó la máscara de frialdad en su rostro, y continúo con su camino (con la sangre del hombre goteando desde su brazo derecho).
La pelirroja sabía que no podía llegar tarde, ya casi era la hora del crepúsculo y él no podría soportar más allá de la puesta del sol. Unos minutos después ya no escuchaba el griterío de la gente en la calle. Logró llegar a la entrada de la villa con el corazón en un puño…y solo unos metros más adelante se encontró con la persona que más quería en el mundo, el único que podía entender el asco que sentía al tener la sangre de tantos en su alma: Gaara.
—Naoki—saludó el niño sin voltearse siquiera—.Ya te dije que no es necesario que me acompañes—comenzó a reprocharle.
—Y yo te dije que eres mi amigo, Gaara—susurró Naoki—. Además no podría tolerar que nuevamente te atacaran los aldeanos.
La niña se mordía nerviosamente el labio, cosa que causó que Gaara sonriera tímidamente:
—Lo sé, eres tan terca como yo.
Hacía seis años que eran amigos. Tiempo en el que habían logrado mantener una relación de casi-hermanos. Que a los demás habitantes de la villa les pareciera otra cosa… ya era no era asunto suyo. Desde que Naoki lo había ayudado a suprimir el Shukaku cuando este se salió de control, cuando Gaara supo que su propio padre lo había mandado a asesinar, se habían vuelto inseparables.
—Es la hora—anunció la chica—. Pondré una barrera en tu mente y otra alrededor nuestro, así no habrá ningún incidente con los malditos aldeanos.
—¿Has matado a alguien?
La pregunta del chico pelirrojo la tomó tan desprevenida que durante un minuto solo lo miró confundida, sin pronunciar palabra.
—No ha sido nada, solo otro hombre con complejo de asesino —la niña sonrió cálidamente—. Pero parece ser que esos idiotas olvidan que yo soy el ángel de la muerte.
—¿Sabes? Eres muy mala mintiendo —la regañó el chico—.Tú y yo sabemos que te sientes terriblemente mal por haber tomado otra vida, aunque esos malditos bichos que se hacen llamar personas se lo merezcan.
—Lo sé, no te enfades—pidió la niña sentándose al lado de su amigo—. Me conoces incluso más que yo misma y sabes que aunque los odie con todo mí ser no tolero causar algún tipo de mal a los aldeanos.
El niño asintió y con un suspiro de frustración cerró los parpados que estaban llenos de unas negras ojeras. Desde que Naoki y Gaara se habían vuelto amigos, una vez al mes la niña usaba su poderoso chakra para permitir que su amigo durmiera plácidamente, ya que al tener cautivo al Shukaku cuando el niño se dormía, el monstruo despertaba y aquello era terrible…
Naoki cerró los ojos.
—Gaara… recuéstate en mi regazo, así estarás más cómodo—dijo la niña y lo ayudó a acostarse; sonrió para calmar a Gaara que estaba un poco nervioso pues realmente temía herir lo único bueno que tenía en la vida.
—Arte ninja: Barrera del Cielo Infernal —la niña pelirroja liberó una parte de su enorme reserva de chakra e inmediatamente unas gruesas cadenas de color dorado salieron de su pecho y se enredaron alrededor de ambos
Cuando Gaara sintió el chakra de su amiga se relajó por completo.
—No tienes que cuidar de mí…
—Eres mi amigo por sobre todas las cosas, incluyendo al maldito mapache —los ojos de Gaara parpadearon sorprendidos, y estuvo a punto de decir algo cuando la niña apoyó su mano en la frente del chico—. Duerme tranquilo que yo velaré tu sueño… —al instante el chico quedó sumido en un profundo sueño.
No pasó mucho tiempo para que el mapache demonio intentara escapar de su prisión, pero Naoki apretó los dientes e incrementó el chakra en la barrera interior de Gaara. La criatura luchaba para salir pero la niña sabía que no podía permitir que escapara…Gaara necesitaba dormir, tenía que cuidar de él, quien se encontraba vulnerable ante el horror de cargar con Shukaku.
Horas después llegó el amanecer y cierto chico pelirrojo abrió los ojos que luego de dormir varias horas parecían más brillantes, aquel exótico color verdi–azul se encontró mirando a su amiga que también abrió los ojos, y la luz solar hizo que el color se hiciera tan gris como la plata liquida.
—¿Has dormido? —la pregunta hizo que Naoki se sonrojara.
—Bueno… no —la verdad escapó de sus labios sin pensarlo—, supuse que necesitarías varias horas para poder soportar la reunión con tu padre, más tarde —desvió la mirada nerviosa, el chico tenia la habilidad de saber cuándo mentía y Gaara nunca debía enterarse de que los sentimientos que ella tenía hacia él ya no eran simplemente de amistad.
Como todas las noches en que ayudaba al chico a dormir ella se limitaba a contemplar la paz que se adueñaba del rostro del pelirrojo mientras el chakra de la niña permitía que la mente de su amigo estuviera a salvo del mapache.
Ciertamente aquella relación cordial que mantenían se debía en gran medida a que ambos tenían monstruos dentro de sus cuerpos: lo que hacía que fueran odiados por toda la aldea, incluyendo al Kazekage y a los hermanos de Gaara: Kankurou y Temari. Estos últimos detestaban tener que cuidar de su hermano menor porque el siempre era blanco de intentos de asesinato que terminaban justo como el hombre que había intentado matar a Naoki la tarde anterior.
—Señorita Naoki—llamó la voz de una chica y cuando la pelirroja se giró se encontró con una joven Chunnin de unos quince años que temblaba de miedo.
—¿Qué se te ofrece?—respondió con una sonrisa
—Bue…bueno… Lord Kazekage… pidió que ustedes dos, el joven Kankurou y la señorita Temari se encontraran con él en su oficina —dijo rápidamente y luego se fue corriendo ante la fulminante mirada de los chicos, detestaban que los mandaran llamaran como si fuesen alguna clase de animales.
La oficina del Kazekage se encontraba abarrotada de los altos miembros del consejo de Suna, así que cuando Gaara y Naoki entraron muchos de ellos gritaron con el miedo plantado en sus caras, ahí se encontraron con Kankurou, Temari y el maestro de estos: Baki.
—¿Qué rayos es lo que queréis, montón de imbéciles?
—Tranquilízate, Gaara—le susurró Naoki y lo tomó de la mano. Al instante todos se relajaron un poco.
Mientras todos temblaban de miedo la puerta volvió a abrirse y por ella entró el Yondaime Kazekage, un hombre de media altura con un cabello rojo que parecía casi descolorido; detrás de él iban varios ANBU armados y con las máscaras para ocultar su identidad.
—Padre—saludaron Kankurou, Temari y los demás se inclinaron respetuosamente ante aquel hombre pero Naoki y Gaara permanecían de pie y en sus miradas se podía ver que odiaban a aquel hombre (por ser un maldito con ellos desde que ambos eran unos niños de cinco años).
—¿Es cierto que mataste a un hombre, Naoki? —fue lo primero que preguntó el hombre.
—Si ya sabe la respuesta, ¿qué caso tiene que pregunte? —la voz de la niña resultaba increíblemente fría para solo tener doce años. Los demás solo miraban atentos la escena que tenían delante, muchos sin poder creer lo que veían; nunca nadie le había hablado de aquella manera al Kazekage.
Pero sobre todo lo que más les asombraba era que podían ver como aquella niña ayudaba al que llamaban "demonio", ella lo tranquilizaba.
—Ciertamente eres el Ángel de la muerte…—los ojos de Gaara parecían querer atravesarlo. Sin embargo, Naoki apretó la mano de su amigo y eso le hizo reaccionar.
—¿Para qué nos llamaste, si no nos soportas? —ahora era el turno de Naoki para hablar.
—Es simple, en una semana serán los exámenes Chunnin en Konoha y quiero que se presenten. Ustedes son los mejores de la aldea.
Durante largo tiempo se hizo el silencio solo roto por el martilleo incesante del ritmo alocado de los corazones de todos los que estaban ahí, Gaara era consciente de que esperaban usarlos para mostrar poder, un poder que no tenían.
—¿Tú qué dices? —preguntó Gaara a Naoki
—¡Creo que son puras chorradas! ¡Solo pretenden utilizarnos!
—Muchos pensamos que su deber es permitir que se les utilice por el bien de la aldea —dijo uno de los grandes ancianos.
—¿Quieren morir?—murmuró Gaara, que sentía como temblaba Naoki. Ella era muy frágil respecto a sus emociones, no podía soportar ninguna clase de alusión al hecho de cargar con el Kiuuby porque aquello era por mucho la causa de que estuviera tan sola.
—No, Gaara—la voz de Naoki sonaba tensa pero se giró y se encontró con los ojos de su amigo; los que estaban sedientos de sangre—. Escucha, creo que será bueno que nos alejemos de Suna por un tiempo… —esto último lo susurró tan bajo que solo el pelirrojo pudo escucharlo.
—Muy bien, lo haremos—todos estuvieron a punto de soltar el aire que habían contenido—. Pero…—volvieron a ponerse tensos—. Naoki y yo lo presentaremos como un dueto, no quiero a nadie más en mi equipo —los ANBU que estaban presentes se sorprendieron ya que ellos sabían que el examen era sumamente difícil.
—Excelente—dijo el Kazekage—. Arreglaré todo según sus condiciones, deben marcharse de inmediato pues Konoha está a tres días de distancia.
Con esas palabras les dio la espalda a los dos niños que comprendieron que ya no tenían nada que hacer ahí. Se giraron y se dirigieron hacia la puerta; cuando les faltaban unos pasos para llegar el Kazekage volvió a hablar:
—Kankurou y Temari también irán. ¡Asegúrense de que pasen el examen!
.
El trayecto a Konoha les llevó los tres días previstos por el Kazekage, extrañamente el viaje resulto en un cómodo silencio de parte de Kankurou y Temari quienes no le dirigían la palabra a los dos pelirrojos. Cada noche del viaje Naoki se sentaba junto a su amigo y veía las estrellas hasta que el cansancio la vencía, luego Gaara la recostaba sobre sus piernas y cuando nadie lo veía contemplaba el rostro sereno de la única de entre todos que lo aceptaba como era, sin juzgarlo.
El chico veía con asombro como aquella niña parecía tan feliz de descansar a su lado, como si él fuera una persona normal y no alguien que de perder el control podría matarla. Admiraba a Naoki por su fuerza de voluntad, era a la vez tan frágil como la porcelana y tan fuerte como el roble más grande de un enorme bosque. Solo Gaara sabía que aquella niña sufría más de lo que demostraba. Pues ante los demás ella actuaba como una asesina sanguinaria pero en la oscuridad de la soledad ella lloraba por aquellos que la odiaban y que intentaban deshacerse de ella.
La quería por ser tan linda como la más hermosa rosa y tan pura como la nieve que caía en invierno (aunque él nunca había visto nevar) quizás esa fuera una buena comparación para aquella niña, que hacía de su mundo un lugar más luminoso. Su único rayo de luz en aquel poso de oscuridad.
Al llegar a Konoha Gaara y Naoki se detuvieron en la mesa de informes para preguntar por un hotel donde hospedarse durante su estadía. Mientras los chicos se encargaban de aquello Kankurou y Temari aprovecharon esa oportunidad para poner distancia entre ellos.
Temari acababa de cumplir los trece años. Tenía el cabello castaño claro y los ojos de color chocolate oscuro; Kankurou por otro lado tenia quince años, usaba ropa oscura y pintaba su cara con unos extraños símbolos de color morado. Caminaban despacio pero algo intranquilos, pues sabían que ni ha Gaara y mucho menos a Naoki les gustaría que los dejaran atrás. Sobre todo luego de que el Kazekage les hubiera ordenado que se aseguraran de que pasaran el examen.
De pronto un niño chocó contra Kankurou y este se molestó bastante con el pequeño (no mayor de ocho años).
—Me has hecho daño, montón de basura—dijo y tomó al niño por el cuello de la camiseta.
—No lo hagas que si no luego nos echarán la bronca —le advirtió Temari.
Unos metros más adelante podían ver otros cuatro chicos dos de los cuales ya eran Genin.
—Lo siento mucho, ha sido culpa mía…—una chica con el cabello rosa hablo.
—¡Oye tu, suéltale ahora mismo–tebbayo!—la voz era de un chico de cabello rubio y ropa de color anaranjado fuerte.
El chico de Suna frunció el ceño pues extrañamente aquel chico le recordó a Naoki –el ángel de la muerte– puesto que vestían casi de la misma forma y su forma de hablar tenía algún parecido (ambos usaban palabras extrañas, aunque la chica solo lo hacía cuando sus emociones eran demasiado intensas).
—Divirtámonos un poco, antes de que lleguen los jefes.
—Suéltame—el chico que Kankurou tenía por el cuello pataleaba intentando liberarse.
—No eres más que un mocoso insolente—murmuró Kankurou y apretó el agarre haciendo que el aire comenzara a faltarle al pobre niño.
El chico rubio apretó los puños con frustración, todo lo que le decía a Kankurou parecía no importarle.
—¡Escúchame! ¡Si no le sueltas ahora mismo lo pagarás caro, idiota!
—¡¿Pero qué crees que haces?! ¡Tú eres el idiota! —susurró la chica de cabello rosa mientras le tapaba la boca al chico rubio.
—Me pones enfermo…idiota—Kankurou tenía una sonrisa confiada en el rostro que con la pintura morada le hacía ver un poco sádico—. No soporto a los renacuajos, especialmente a los renacuajos maleducados… me dan ganas de aniquilarlos —las palabras de Kankurou hicieron que los otros se pusieran a temblar pues parecían tan frías… era como si no le importara matarlos en ese mismo momento.
—Bueno yo no tengo nada que ver en esto—la voz de Temari parecía un poco resignada. Su hermano mayor siempre intentaba probar que era mejor que Gaara.
—Vale, después de este—señaló al niño que tenía casi asfixiado—, me encargaré del otro escandaloso…
—Konohamaru —murmuraron los dos niños más pequeños.
Fue en ese momento que algo se impactó en la mano que sostenía al niño que tenía de nombre Konohamaru: una piedrita, lo que hizo que Kankurou soltara al niño y se girara para ver quien la había lanzado. En la rama de un árbol cercano estaba un chico de doce años con el cabello y ojos negros, vestía una camiseta de cuello alto azul y un short color crema, además de la bolsa de herramientas ninja.
—¿Quién te crees que eres, comportándote así en nuestra villa?—preguntó el chico del árbol.
—¡Sasuke!—la chica de pelo rosa soltó un gritito un poco raro al chico que ya tenía otra piedra en la mano, listo para lanzarla.
—¡Mierda, otro crio pesado!—murmuró Kankurou pensando en su hermano menor y fulmino con la mirada a Sasuke que apretó la piedra en la mano y la convirtió en polvo.
—¡Piérdete!
—¡Como mola! —la chica de cabello rosa seguía con un comportamiento algo raro.
Konohamaru había aprovechado ese momento de distracción para correr hacia donde estaban los demás chicos.
—Naruto nii-chan, ¡tú no molas nada!—le dijo al chico rubio quien se ruborizo un poco.
—¡Podría derrotar a ese como si nada–tebbayo!—le respondió a Konohamaru quien le volteo el rostro para mirar a otro lado, haciendo que Naruto se molestara.
—¡Oye, gran hombre! ¡Baja si te atreves! —Kankurou estaba retando a Sasuke—. A los niñatos como tú, que se creen superiores, los soporto aún menos—Kankurou se quitó de la espalda algo que parecía un sarcófago pero este estaba cubierto de vendajes.
—¿Vas a utilizar a Karasu?—preguntó Temari.
En aquel momento dos cosas pasaron y ambas resultaron tan aterradoras que todos se estremecieron un poco.
—Kankurou, detente —una voz suave llegó del otro lado del árbol donde estaba Sasuke quien rápidamente se giró y se encontró con un chico pelirrojo con ojos verdi–azules que reflejaban algo extraño.
—¡Ustedes, imbéciles! —dijo otra voz proveniente de la espalda de Temari, quien se giró tan rápido que los huesos del cuello le crujieron—. ¡Ensucian el nombre de nuestra villa! —en esta ocasión provenía de una chica de cabello rojo como la sangre y ojos grises como la plata liquida.
Esas apariciones tan repentinas causaron que todos los chicos se sobresaltaran y las pupilas se les dilataran de pánico:
—Ga… Gaara—murmuró Kankurou con una voz increíblemente suave.
—Naoki—Temari parecía al borde de un colapso, lo que resultaba un poco aterrador.
Sasuke, Naruto y Konohamaru miraban a los dos recién llegados con algo de temor pues sus miradas no eran como las de cualquier chico, era como si… como si…
—¿Se les ha olvidado a que hemos venido a Konoha?—volvió a decir el chico de pelo rojo, a los ojos de los miembros de Konoha; casi parecía como si los otros dos les temieran a él y la chica, a pesar de que ambos parecían ser menores que Kankurou y Temari.
Kankurou y Temari se quedaron en silencio durante un rato lo que no hizo más que empeorar las cosas.
—¿Y bien Temari, Se les ha olvidado?—la chica tenía un brazo sobre los hombros de la rubia, como si estuviera lista para lanzarla hacia alguna parte.
—E…Estos chicos empezaron y… —murmuró Kankurou.
—¡Cállate…! —dijo Gaara y Kankurou cometió el error de mirarlo a los ojos lo que hizo que casi se cagara de miedo ahí mismo—. ¡O te mato! —lo amenazó y Kankurou sabía que el pelirrojo cumplía su palabra.
—V…Vale, es culpa mía… lo siento, lo siento mucho…
—¿Y tú, Temari, no piensas disculparte con estos chicos tan monos?—preguntó Naoki y en el acto a la rubia le recorrió un escalofrió.
—Discúlpenos, por favor…—dijo la rubia inmediatamente e hizo una respetuosa inclinación.
—Buena chica, ¿ves? No te costaba nada—Naoki se separó de la chica y en un solo parpadeo se encontró al lado de Gaara, sosteniéndose al árbol con su chakra.
—Chicos, de verdad disculpen a este par de imbéciles —la chica sonrió cálidamente lo que hizo que Sasuke sintiera un extraño cosquilleo—. Vale, Gaara, es hora de irnos.
Para sorpresa de todos, el chico se desintegró en arena y reapareció en el suelo completamente ileso, en cuanto a la chica simplemente se soltó, lo que hizo que la chica de cabello rosa gritara:
—¡¿Pero qué…?!—sin embargo, Naoki solo dio medio giró en el aire y cayó de pie.
Aquello dejó a todos tan asombrados que apenas reaccionaron cuando comenzaron a caminar, con Kankurou y Temari tras ellos —¡¿A qué esperan?! ¡No hemos venido aquí a jugar! —dijo Gaara y de inmediato los otros dos aceleraron el paso.
—Hey, ¡esperen! —dijo la chica de cabello rosa.
—¿Qué?—preguntó Temari, sin girarse siquiera.
—A juzgar por vuestras cintas son ninjas de la aldea de Suna, ¿verdad? Puede que el país del viento y el de fuego sean aliados pero está prohibido que Shinobi's extranjeros entren en otras villas sin permiso. ¿Qué les trae a este país?
—¡Vosotros deberíais saberlo mejor que nadie! ¿De verdad que no se han enterado? —respondió Temari—. Aquí tienes mi pasaporte. —dijo mostrando el mencionado papel —. Tienes razón, somos Genin´s de la aldea de Suna y estamos aquí para presentar el examen de selección de Chunnin—posteriormente siguieron su camino.
—Hey, ¡ustedes! —llamó Sasuke, que ya había bajado del árbol—. ¿Cómo se llaman?
Temari se giró un poco ruborizada:
—¿Te refieres a mí?
—No, los dos de cabello rojo—Gaara y Naoki se giraron lo que hizo que Temari y Kankurou retrocedieran un poco.
—Yo soy Sabaku No Gaara —dijo el chico—. Yo también quiero saber tu nombre ¿Cuál es?
—Sasuke Uchiha —respondió—. ¿Y el de la chica?
—Yo no doy mi nombre a patéticos perdedores—dijo Naoki y el chico rubio soltó una enorme carcajada.
La niña de cabello rojo supo de inmediato que aquel chico de cabello negro era de esos que se creen superiores a los demás. Además notó que la chica de cabello rosa estaba loquita por él y aquello no hizo más que frustrarla.
—¡Una chica que no está loquita por ti, Sasuke! ¡Y te ha llamado Perdedor Patético! ¡Creo que ya me agrada! —Naruto seguía destornillándose de risa en el suelo.
—¡Tu! ¡¿Cómo te atreves a llamar perdedor patético a Sasuke?!—la chica de cabello rosa estaba furiosa.
—¡Cállate, fenómeno de cabello raro! ¡Apuesto a que se la pasa haciéndose el chulito en todas partes y que todas las niñatas están loquitas por este tipo! —dijo y Naruto volvió a desternillarse de risa, lo que hizo que Naoki sonriera.
—¡Tienes toda la razón… eh…! —dijo Naruto pero se sorprendió cuando en un parpadeo la chica se encontraba a su lado.
—¿Sabes? —murmuró en su oído—. Hace rato tuviste mucho valor al llamar idiota a Kankurou, y me agrada la gente que tiene valor, así que tu puedes saber mi nombre, solo asegúrate de que ese perdedor —señaló a Sasuke—. No lo sepa ¿ok? —Naruto asintió—. Me llamo Naoki Namikaze—luego la pelirroja se separó del rubio y le sonrió.
—Yo soy Naruto Uzumaki y algún día seré Hokage.
Los ojos de ambos niños se encontraron y para los espectadores parecía como si conocieran de toda la vida. Al verlos así de juntos cualquiera pensaría que tenían algún tipo de lazo entre ellos.
—Tú puedes ser eso y más —dijo la chica con una enorme sinceridad—. Aunque no te conozco se que eres fuerte, más fuerte que todos los que estamos aquí, yo incluida —Naruto se quedó de piedra ante esas palabras, luego cuando Naoki se inclinó y le quitó el protector frontal no podía ni mover un musculo; la pelirroja le besó la frente y puso la cinta en su lugar—: Es un hechizo de buena suerte—explicó—. ¡Hasta pronto, Naruto Uzumaki! —el rubio parpadeó sorprendido y después la chica y sus compañeros habían desaparecido.
Sakura –la de cabello rosa–, Sasuke, Konohamaru y los otros dos niños estaban en completo silencio ante lo sucedido, y tardaron diez minutos para poder moverse de donde estaban clavados.
—¿Qué rayos…fue eso…Naruto? —dijo Sasuke finalmente.
—Ella… ¡Me dijo su nombre! Y a ti no–tebbayo, además te llamó "patético perdedor"—de pronto parecía como si Sasuke se hubiera tragado una anguila viva.
.
Los cuatro chicos de Suna se hospedarían un hotel que les habían recomendado los guardias de la entrada de Konoha, parecía ser un lugar tranquilo: las habitaciones eran amplias y cómodas. Naoki y Gaara tenían una doble habitación pues la pelirroja era reacia a separarse del chico. No lo juzgaba pero sabía que si perdía el control las cosas pasarían a estar peor de lo que ya estaban.
—Deberías descansar —murmuró Gaara a su amiga, quien solo pudo sonreír para tranquilizar a su amigo que era bastante sobreprotector con ella.
—No es necesario que te preocupes por mí, Gaara—Naoki estaba feliz, lejos de Suna nadie la trataba como si fuese una paria y eso le daba la tranquilidad que no había tenido en años.
—No seas terca —la regañó—. Fue un largo viaje y casi no has dormido…
—Estoy bien —lo cortó la pelirroja y descubrió con asombro que los rostros de ambos estaban a pocos centímetros de distancia, solo tenía que acercarse un poco y…
Para Sabaku No Gaara, Naoki Namikaze era la niña más tierna y gentil que él hubiera conocido nunca, aunque también era temible y poderosa (más cuando la hacían enojar). Él la conocía a la perfección; sabía que le encantaba el chocolate y que acostumbraba a mirar el cielo durante las noches, como si esperase algo o a alguien… ella no hablaba mucho de sus sentimientos pero él conocía cada una de sus expresiones y sabía perfectamente cuando algo la molestaba o la entristecía.
Conocía cada detalle de la personalidad de aquella niña, y quizás solo había un secreto entre ellos y eso era acerca de la verdadera familia de la pelirroja. Un secreto que incluso la misma niña no conocía, había sido criada por el Yondaime Kazekage hasta los cinco años, cuando él había sufrido un cambio de personalidad y había empezado a tratarla a ella y a Gaara como si fueran basura.
Repentinamente los labios rosas de su amiga se unieron a los suyos y en ese momento sintió como algo calentaba su pecho, algo que nunca había sentido. No entendía por qué pero él deseaba que ese instante nunca terminara y que aquello no fuera una de las ilusiones que a veces le mostraba el Shukaku. Y así como el calor lo inundó este desapareció dejando en su lugar un sentimiento que no supo identificar.
—Gaara… yo… yo… —la niña de cabello rojo no podía creer que hubiera cedido a su deseo y le hubiera robado un beso a su mejor amigo, aquel que siempre la protegía y se preocupaba por ella—. Lo siento… no debí…
—Tranquila… —Gaara la calló con su mano aun sin poder olvidar la sensación que le habían provocado los labios de su amiga, nadie jamás se había atrevido a hacer algo parecido y eso le producía una cierta satisfacción: por fin sentía que su soledad se alejaba, cada vez que estaba con la niña un poco de su pureza se colaba en él, su rayo de sol—. Está bien, no te preocupes.
.
Los cuatro días restantes para el examen pasaron rápidamente y Naoki no había hablado con su amigo más de lo que lo hacía con Temari. Mientras en la habitación del lado derecho un plan se estaba tramando, algo que terminaría de diferentes maneras para todos, seguramente si esa "conspiración" llegara a oídos de los dos pelirrojos las consecuencias se desencadenarían y terminarían con un montón de cadáveres esparcidos en pedazos muy pequeños: Irreconocibles.
Sería estúpido negar que Sabaku No Kankurou, no estuviera celoso. Lo estaba, durante mucho tiempo él había deseado que Naoki Namikaze lo mirara de la misma forma en que veía a su hermano pequeño, el cual no se daba cuenta en absoluto de aquello. El sabía que Gaara era lo suficientemente estúpido como para no notar que la que se decía su mejor amiga lo amaba.
Esa era la razón de tras de las futuras acciones que desencadenarían seguramente en un guerra: Suna vs Konoha.
En cuanto a Temari ella solamente haría cualquier cosa que se le ordenara, su padre le había inculcado perfectamente el valor de la obediencia. A base de un lavado de cerebro que había terminado cuando ella acepto ser absolutamente sumisa ante cualquier orden. Era un arma y un arma nunca toma decisiones, solo obedece a la mano que la empuña.
Las órdenes de los dos hermanos debían ser un secreto, pero pronto se llegaría el momento en que todo quedaría al descubierto. Los exámenes Chunnin tenían más de un propósito.
