Escrito por Valkyriene.
Hetalia:
The Doomsday Clock
Capítulo #1
~ Tiempo ~
¡Quiuvole gente! ¿Cómo les ha ido? Yo espero que mejor que a mí. 7v7
Últimamente los estudios me están haciendo guacamole el cerebro, y las prácticas deportivas el cuerpo, por eso no he podido actualizar rápidamente estos últimos meses. A parte de estar editando los otros Fics (agregando y quitando guiones, acentos, comas, puntos, etc. todo eso ortográfico :v).
Pero buaaaano… poco a poco se van dando las cosas. Hue, Hue, Hue~.
Que disfruten este capítulo, porque yo lo hice al escribirlo. :D
ADVERTENCIA/DISCLAIMER:
● Hetalia y sus personajes no me pertenece, son propiedad de Hidekaz Himaruya.
● Rated T (13+): No recomendado para menores de 13 años por contener violencia, lenguaje levemente grosero, y temas adultos sugeridos.
● Esta obra no está diseñada con fines discriminantes ni racistas. Se creó para brindar conocimiento y entretenimiento al espectador.
…
- Datos importantes -
Humor negro moderado / Constantes debates filosóficos, históricos, políticos y religiosos / Temas conspirativos / Uso indiscriminado de acrobacias y tecnología militar / Mundo Utópico.
"—Noticias de hoy…"
"—La competencia de Estados Unidos y Rusia por demostrar superioridad ha causado indignación en la población mundial."
"—El escándalo sobre corrupción dentro de la FIFA ha tenido graves descensos monetarios a nivel internacional. Vaya teatro con el que nos mantienen hipnotizados."
"—Los bombardeos a países del Oriente Medio continúan."
"—Se calcula que esta guerra ha dejado 300.000 muertos, la mayoría civiles."
"—Corea del Norte sigue amenazando con atacar a las superpotencia."
"—Manifestación termina en tiroteo. El saldo es de 7 muertos, todos ellos civiles."
"—Fallece de sobredosis el periodista apodado "D. B Cooper", nombre que se le dio por su anonimato e investigaciones desapercibidas. Familiares dicen que él no tenía problemas con las drogas."
"—Pedofilia y corrupción en el Vaticano."
"—El ciberactivismo es un gran problema para el gobierno."
"—Atentados en Europa y Norteamérica podría volverse cotidianos si el gobierno sigue haciéndose de la vista gorda."
"—Encuentran mega laboratorio clandestino en frontera Estados Unidos-México. Era manejado por ex militares de la CIA."
"—Millones de personas marchan por la justicia."
"—La venta de armas continúa."
"—Estas son las entrevistas a los sobrevivientes de los ataques ocurridos el pasado mes de febrero.
—¡Estamos hartos! ¡Estamos cansados! ¡¿Dónde quedó nuestra humanidad?!
—¡Nadie sabe la verdad; nadie comprende lo que pasa! Entonces, ¡¿cuál es la realidad?!"
"—El Reloj del Apocalipsis nunca había estado tan cerca de la media noche. 3 minutos para las 12. 3 minutos para nuestra muerte. 3 minutos para nuestra extinción."
"—¡¿Quién es quién es esta guerra?!"
Una gran campanada suena.
—¿Por qué? —la voz aguda, de un niño pequeño, era la que inundaba el panorama completamente negro—. ¿Por qué lo hizo, señor?
Otra gran campanada retumbó por todo el lugar.
El estadounidense abrió los ojos de golpe, mirando a todos lados, atónito y temeroso.
—What the fuck?! —gritó al percatarse de en donde se encontraba—. What the fuck?! —volvió a gritar.
Se encontraba en medio de una ciudad post-apocalíptica, llena de mares de sangre y cuerpos aparentando ser peces en el agua; no había más que cuervos en los aires e incendios forestales. Pero… espera, ¿un incendio forestal en una ciudad? No. Eso no es posible. Quizás se tratase de un parque que formaba parte de la ciudad.
—Señor.
El rubio estaba sentado abrazándose las rodillas, meciéndose como un niñito esperando su castigo. Llorando a grandes cataratas, negando con la cabeza.
—Señor.
—Perdónenme… perdónenme… yo… yo no pude… yo —trataba de hablar, pero los jadeos al estar llorando se lo impedían—. Yo soy… hero?
—Señor.
Desesperando al escuchar repetitivamente la palabra "señor",decidió voltear para ver quien le llamaba.
Su cuerpo se tensó, su piel se erizo, y trató de no vomitar ante tal fétido olor, haciéndose bolita, tapándose la nariz y boca con su mano.
El cuerpo de un niño en estado avanzado de descomposición yacía en el suelo, muerto y completamente destrozado del torso para abajo.
—God… ¿qué rayos está pasando? —trató de mantener la calma.
—Señor —el cuerpo frente a él le habló, haciendo que el rubio se asustara y diera un brinco hacia atrás, dejándose caer para después arrastrarse lo más lejos posible con la ayuda de manos y piernas—, usted causó esto a Nueva York —el estadounidense abrió los ojos como platos y varias lágrimas derramaron por sus mejillas—, usted… me causo esto.
—¡¿Qué?! —de pronto sintió que alguien lo tomó por el hombro, y al girase pudo ver una escena muy familiar: dos edificios de estructura gemela siendo derribadas—. ¡No! —quiso correr a auxiliar, pero la mano que posó sobre su hombro le apretó hasta romperle el hombro—. ¡AGH! —gritó de dolor y después fue lanzado bruscamente hacia la pared.
Ahora veía todo borroso y danzante, como un vértigo que da antes de una fuerte bajada de una montaña rusa.
—¿América se encuentra feliz?
—¿Qué? —alzó la vista al reconocer la voz, y tragó a seco al ver que el ruso le apuntaba a la cabeza con un revólver. Trató de ponerse de pie con ayuda de su brazo, pero este estaba en mal estado (roto, desde el hombro hasta la muñeca).
—¿El "hero" —la palabra se distorsionó— piensa escapar?
—¡No! ¡Yo no…
Quitó el seguro del arma, soltó una risita y dijo:
—Nunca aceptas tu deber como nación —dicho eso disparó.
—¡América!
—¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo?
—América, ¿estás bien? —preguntó el canadiense, al ver que este sudaba como vil animal.
—Si… eso creo —se encontraban sentados en los asientos de pasajeros de un helicóptero militar estadounidense, al parecer sobrevolando por la ciudad de Washington.
—Oh, ¿en serio?
—Sí.
—Ok —el ojivioleta sonrió, se puso de pie y de una manera bestial tomó a su hermano por el cuello de la chaqueta.
—Hey! Bro! ¡¿Qué mierda haces?! —trató de zafarse, pero solo lograba hacer que su gemelo apretara más el cuello.
—Dijiste que estabas bien —comenzó a caminar hacia la puerta del helicóptero.
—¡No, no, no, no, no! ¿Qué haces? ¡No! ¡Detente! —el canadiense había sacado la mitad del cuerpo del estadounidense hacia la intemperie.
Vaya que sería una caída muy, muy dolorosa.
—¿Por qué habría de hacerlo? —soltó a su hermano y este inmediatamente sintió la fuerza de gravedad atraerle hacia al suelo.
Todo parecía ir en cámara lenta. Podía ver como el helicóptero se hacía más pequeño y como la sonrisa del canadiense se hacía más grande.
¿Era su fin?
—¡KYAA! —abrió los ojos completamente agitado, sentándose de golpe—. Estoy vivo —toqueteó todo su cuerpo, verificando que nada hiciese falta—. ¡¿Todo… fue un sueño?! —miró a su alrededor, dándose cuenta que encontraba en su habitación.
NUEVA YORK, ESTADOS UNIDOS
27 DE ENERO
5:41 AM.
Dio un gran suspiro, secó el sudor de su frente y se dejó caer a la almohada.
—¿Qué fue todo eso? —instantáneamente hizo una lista mental de los sucesos ocurridos en su sueño.
Se quedó pensativo hasta que sonó el despertador de las 6:00 am.
—No vuelvo a cenar helado.
Se sentó en la orilla de la cama, estiró su cuerpo y bostezó.
—Hoy será un día pesado.
Con un brinco resorte se puso de pie y se dispuso a vestirse atléticamente, con un short y una playera blanca; terminando de abrocharse las agujetas hizo algunos calentamientos, se puso una sudadera azul con franjas blancas y rojas, tomó sus llaves y salió de lugar preparando música en su iPhone.
—El tiempo es oro —se colocó los audífonos y comenzó a trotar.
[Alpha Noize & Desembra - Sweet Weakness]
Mientras trotaba ponía un cronómetro de 40 minutos en el celular, a la vez que subía el volumen de la música.
—¡Buenos días, señora Liz! —dijo a una ancianita que se encontraba regando las plantas de la entrada del edificio.
—¡Oh, buenos días, señor!
—¡Nada de señor! ¡Solo América! —dijo corriendo de espaldas.
—¡Ok, América!
—¡Lindo día! —la nación volvió la vista y prosiguió con su camino.
—¡Igualmente!
—¡¿Cómo?! —preguntó curioso un joven que se encontraba pasando por ahí. Parecía dirigirse a estudiar.
—¿Hmn? —la anciana volteó.
—¿Ese era…?
—¡Ah!, eso —rió—. Sí.
—¡No puedo creerlo! ¡Mis amigos no me lo creerán!
—Es una nación —la viejecilla comenzó a regar nuevamente las plantas.
—¡Increíble! —se rascó la cabeza—. Creí que eran un mito o una leyenda.
—Yo pensaba lo mismo, jovencito.
—¿En serio?
—Sí. Fue gracias al tiempo que logre conocerlos.
—Oh. ¡Genial! —hizo el saludo militar con dirección hacia la nación, acomodó su corbata y prosiguió con su camino—. Un gusto, señora.
—El placer fue mío —vio cómo se alejaba el muchacho, y después esbozó una sonrisa—. Corre, joven, corre… que el tiempo en cualquier momento se detendrá —pensó, esbozando ahora una sonrisa misteriosa.
—¿"Gracias al tiempo logró conocerlos"? —se inquirió el muchacho a sí mismo, viendo de reojo a la ancianita.
El ambiente realmente era frío, pero no nevado. Extrañamente no había caído nieve en dos semanas. La gente no sabía si tomarlo como ventaja o preocuparse por el grave cambio climático que sufría el planeta.
"—¡Y hoy tendremos a una invitada muy especial! —el noticiero que apantallaba la televisión de un café llamó la atención de los clientes y peatones que pasaban por ahí—. ¿Alguna vez han escuchado hablar sobre las naciones? —dijo la reportera."
"—Claro, Catherine —respondió su compañero."
"—No a esa clase de naciones, Derek."
"—¿Qué?"
"—Me refiero a las naciones humanas."
"—Yes! Mi abuelo solía contarme historias sobre esas personas —el reportero sonrió infantilmente—. Me dijo haber conocido al mismísimo Estados Unidos de América durante la Guerra Fría."
La nación rubia pasó trotando frente al café, pero no se percató de la noticia pues tenía la música sumamente alta. Llegó a un alto peatonal y se detuvo (esto porque el semáforo estaba en verde), trotando en su mismo lugar junto a más personas. Cuando el tintineo indicó que podían pasar, el estadounidense siguió con su marcha sin siquiera detenerse un momento.
La gente era sumamente activa. Salían y entraban a tiendas y edificios; bajaba y subían de transportes públicos, como el metro y camión; corrían, reían, etc.
Por algo al lugar se le apoda como "la ciudad que nunca duerme".
Un golpe de aire obligó al estadounidense a ponerse el gorro de la sudadera.
"—¿En serio ella estará aquí? —se escuchaba en la radio de un auto, en el cual, viajaba una familia completa."
"—Sí. Así es. Por fin habrá alguien que aclare nuestras dudas, ¿verdad?"
"—¡Esto va a ser increíble! —sonrió inocente—. Sabes…"
Las calles cada vez se quedaban más vacías, el sonido desaparecía y el ritmo de la música fluía cada vez mar rápido en la sangre del rubio; tomó vuelo, trepó por un bote de basura y comenzó a escalar un edificio, sujetándose de varias tuberías y escaleras que se encontraban a su alcance.
—Hello, Mr. Pumpkin! —saludó a un gatito que se asomaba por la ventana. Dentro de la casa podría verse a un amo de casa viendo el noticiero.
"—Debe sentirse genial tener tanto poder político y social —el hombre acomodó unas hojas que posaban sobre la mesa."
"—¡Vaya que sí!"
La nación estaba a punto de caer por culpa del sudor de sus manos, pero logró sujetarse de una barda perteneciente a una ventana.
"—También imagínate ser inmortal… pero… un inmortal desde el inicio de los tiempos… ¡Dios! ¡Estoy muy nervioso!"
"—Se nota —río."
—Al fin —con ayuda de su rodilla se impulsó hasta la parte de arriba del edificio, logrado así si objetivo: llegar a la cima.
Se limpió el sudor de la frente con la manga y se quitó el gorro, dejando ver su sudado y alborotado cabello.
Una bella vista era apreciada por el americano: la Estatua de la Libertad siendo iluminada por los rayos del sol.
—¡Bien! —de su boca salió vapor, debido al frío.
Sacó su celular, y exactamente un segundo, después sonó la alarma del cronómetro.
—Te gane, tortuga —giró su vista al amanecer, se llevó una mano al pecho y gritó a todo pulmón—. ¡Les protegeré, les defenderé y les amaré porque… yo-soy-su-héroe! —esto último lo dijo sostenidamente.
[…]
La puerta se abrió.
Dejó las llaves sobre la mesa de centro de la sala, abrió una soda y su cuerpo se desplomó sobre el sofá.
"—¡Y aquí está a quien tanto esperaban!"
—Mierda…
"—¡La Dra. Cassandra Tanner*(1)! —la gente del set inmediatamente aplaudió."
Golpeó su rostro contra la almohadilla del sofá.
—No apague la tele.
7:00 AM.
Su iPhone sonó, así que con algo de flojera lo sacó de su bolsillo.
—¿Un Whatsapp?
"Iggy: Esto es una broma, ¿verdad? —[Carita enojada]—"
Arqueó la ceja con confusión.
"¿Qué? —[Carita sonriente con gotita]—"
"Iggy: Really?"
"En serio no sé a qué te refieres, HAHAHA!"
"¿No ves las noticias?"
"—[Carita al revés]—"
"Iggy: —[Grabando audio…]—"
El ojiazul tomó un sorbo de la soda e inmediatamente el audio llegó; reproduciéndolo al instante.
"Digamos que están hablando de nosotros en televisión internacional, idiot!"
—¿Eh? —volteó a ver a la pantalla.
En la barra inferior tenía el título: "NACIONES HUMANAS: VERDAD, MENTIRA O TEORÍA". Por otra parte, en la barra de noticias internacionales (que está en constante movimiento) se leía: "ONU: Hoy se lleva a cabo la Reunión Mundial en el edificio de la Sede de Organizaciones Unidas en Nueva York.", "América del Norte: Siguen en pie los debates acerca de la introducción del Amero.", "Rusia: El presidente dice que es tiempo de un Nuevo Orden Mundial."
—What the fuck?
En la Tv. podía verse una mujer de cabello castaño mal peinado, gafas circulares, con una bata blanca arrugada, blusa azul cielo, jeans blancos y zapatos de enfermera.
"—Dra. Tanner, es un honor tenerla aquí con nosotros —dijo la mujer, sentada a su derecha."
"—El placer es mío —se acomodó los gafas."
"—Y, díganos —el hombre, sentado a su otra extremidad dio inicio—: ¿Cómo está eso de las naciones? —buscó entre las hojas un papel en específico—. Usted es la única que podría explicarnos con claridad este tema."
"—Pues, ¿cuál sería su primera pregunta? —la doctora sonrió orgullosa."
El rubio se puso de pie, quitándose la sudadera. Bostezó y después se dirigió al baño. No sin antes pasar a tomar una toalla.
"—Mmm… por dónde empezar —se llevó la mano a la barbilla—. Empecemos por la más fácil: ¿Realmente existen?"
Abrió la regadera y comenzó a quitarse las prendas, hasta quedar completamente al desnudo. Se adentró a la ducha para que poco a poco sus pectorales fueran humedeciéndose. Sus piernas eran grandes y fornidas al igual que sus brazos. Su cuello grueso era adornado por unas placas militares, las cuales por ninguna razón se quitaba.
"—Sí —ante esa respuesta, todo el set se quedó catatónico."
Como toda nación, su cuerpo poseía cicatrices. Unas más grandes que otras, pero, la que más llamaba la atención, era una que se encontraba en su hombro derecho, pues era camuflada por un tatuaje de un águila tribal (que empezaba desde la imperfección y terminaba hasta la mitad del brazo).
"—¡Lo sabía! —dijo el hombre exaltado—. Y, y, y, y, ellos… ellas… ¡Ah! ¡¿Qué hacen?, ¿cómo son?, ¿qué edad tienen?, ¿cómo nacieron?!"
"—Wow… esas son muchas preguntas."
La gente en su casa, trabajo o tiendas veía u oía el noticiero, sorprendidos.
Cerró la llave del agua y se colocó la toalla en la cintura. Se encaminó hacia el lavamanos, y al llegar a su destino, pasó una mano por el espejo empañado, dejando ver su rostro y cabellos mojados.
—Creo que fue mala idea hacerme este tatuaje… haha —dijo tocando su hombro—. Tengo por entendido que varias naciones tienen uno.
Unos ejemplos serian: Francia, que tiene una rosa tribal en la cadera; Canadá, una hoja de maple jodidamente épica en el omoplato; su vecino del sur unas alas pequeñas en la espalda. Muchas naciones tienen por lo menos un tatuaje, pero en un lugar discreto y difícil de ver.
"—Las naciones son personas asombrosas, pues poseen una fuerza subnormal y tienen conocimientos que ningún otro humano posee…"
El rubio salió del baño secándose el cabello con una toalla más pequeña.
"—Son ágiles y valientes, y harían lo que sea por salvar lo que más aman."
Vio un momento la televisión y después el reloj de péndulo que estaba a un lado de la ventana. Solo habían pasado 32 minutos.
"—Su inteligencia varía, pero sigue siendo más alta que la de un humano normal."
"—Genial —dijo la reportera—, y díganos: ¿realmente ellos son inmortales?"
"—Ah… s-sí, creo."
"—¡¿Cómo?! Vamos, cuente, cuente."
El rubio ahora sabía perfectamente que hablaban de su especie.
"—No tengo mucha información de cómo eso es posible, pero tengo por hecho que ellos no mueren, y están "condenados" a la juventud eterna."
"—¿Condenados?, pff… eso debería ser una gran bendición —dijo el hombre."
"—¿Bendición? ¿En serio?"
La sonrisa que tenía desapareció al escuchar esas palabras.
"—Tan solo imagínese no poder morir… no saber qué hay después de la muerte; ver cómo la gente que amas poco a poco va cayendo uno por uno —acomodó sus lentes y dejó ver el gris de sus ojos—. En el caso de estos humanos tener que soportar las guerras y desastres naturales que sufre el país con dolores inimaginables: sentir que tus órganos se muelen, convulsiones, infartos. ¿Eso es una bendición?"
"—Eso… creo que… creo que tiene razón."
"—Si, la tengo. No tienen familia ni autoridad sobre su propio gobierno. Eso es una gran desventaja de ser una nación. De ser inmortal —cruzó las piernas—. La vida de estas personas tiene un inicio pero no tiene un final."
Apretó los dientes con rabia.
"—Para ellos, el tiempo no existe."
—Bullshit —dijo apagando la tele.
Se quedó viendo un momento el negro de la plasma, dejó caer el control al suelo, y se dio media vuelta para dirigirse a su cuarto, cerrando la puerta de golpe.
[…]
¿Qué se celebra el 27 de enero?
A)Día Mundial de la Educación Ambiental
B)Día Mundial de la Radio
C)Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto
D)Día de Conmemoración de todas las Víctimas de la Guerra Química
[…]
SEDE DE LA ORGANIZACIÓN DE NACIONES UNIDAS
7:58 AM.
El rubio entró cabizbajo por la puerta principal del gran edificio. En las afueras de este había banderas de diferentes nacionalidades, debido a la importantísima reunión que se llevaría a cabo dentro de unos momentos. Gente sumamente elegante y poderosa merodeaba por toda el área, mientras que algunos de rangos inferiores trabajaban.
—Maldita sea —recordó aquellas palabras que le había dicho el ruso en sus sueños: "Nunca aceptas tu deber como nación"—. Que sueño tan extraño.
—Guten morgen, América.
Al reconocer la voz sonrió:
—¡Alemania! —ambos estrecharon las manos.
—¿Qué tal tu viaje?
—Meh… como siempre; nada que reportar.
—Ya veo —desvió la mirada.
—Y, ¿tú? ¿Cómo te encuentras?
—¿Eh?
El europeo no volvió a repetir la pregunta, simplemente se le quedo viendo de forma hostigadora, esperando a recibir una respuesta, y él americano sabía perfectamente que respuesta quería oír.
—Bueno, yo…
—Bonjour~.
—¡Gracias! —pensó.
—Buenos días, Francia —dijeron los rubios al unísono.
—¿Cómo les ha ido?
—Bien —dijo el alemán.
—No me quejo —dijo el americano.
—¡Ahí están, aru~!
—¡Ve~!
Ambas naciones llegaron a la par.
—¿Nos estaban buscando? —preguntó el de rizos rubios.
—Sí, así es, aru~ —respondió el asiático—. Bueno, no… aru~.
—¿Qué?
—Estábamos en la cafetería y escuchamos que habían llegado algunas naciones, aru~ —sonrió—. Aquí también están muy interesados por nosotros, aru~.
—Oh, y, ¿llegaron juntos? —dijo Alemania.
—No. Fue simple coincidencia encontrarnos en la cafetería —respondió el italiano—. Ambos teníamos hambre, ve~.
—Qué raro —nótese el sarcasmo.
—Dó-bra-ye ú-tra~.
—¡Rusia! —el chino sonrió y saludó dando una pequeña reverencia.
—Hola, China —volteó a ver a los demás—. Chicos.
—Buen día, Rusia —le dijo el alemán.
—¿Cómo han estado? —preguntó acomodándose la corbata con una sonrisa infantil.
—¡¿Todavía te atreves a preguntar?! —América pensó—. Bien. No hay nada de que quejarse —dijo.
—Ni tú te la crees —Rusia pensó—. Me alegra —dijo.
—Y, ¿tú, Rusia? —preguntó el francés.
—Lo mismo digo.
Francia insultó internamente al ruso.
Las cámaras de seguridad enfocaron hacia las naciones.
~En una habitación oscura…~
—Rusia, eres frio.
—Tú eres gordo… y feo.
—¡¿Qué?! ¡¿Cómo te atreves a decirle eso al hero?!
—Ya van a empezar, aru~.
—¡Oigan! ¿Han visto a Inglaterra~?
—Francia, creo que tienes una pequeña obsesión hacia Inglaterra, ¿no lo crees?
—No es obsesión; es amour~.
—Sí, Alemania —dijo el italiano—. ¡No lo entiendes porque nunca has estado enamorado, ve~!
—¡¿Quién te dijo eso?!
—¿Si has estado enamorado? —Francia e Italia preguntaron al unísono.
—¡Mierda! ¡¿Qué hice?!
—¡Alemania! ¡Dime!
—¡Gordo comunista!
—¡Cerdo capitalista!
Todo lo que hacían, todo lo que decían, era grabado y almacenado en un USB. Una pestaña se abrió en la pantalla de la computadora. Dicha pestaña soltaba información de las naciones, como su altura, su peso, su clasificación, etc. Lo curioso es que su edad aparecía con un signo de interrogación.
—Perfecto —sonrió de lado, maquiavélicamente.
~… De regreso~
—Señores —todos giraron al hablante—. Lamento interrumpir, pero la reunión está a punto de comenzar. Por favor, pasen.
El celular del ruso sonó.
—Adelántense, enseguida los alcanzo ¿da? —dijo sacando el Smartphone de su chaqueta.
—Como digas —el francés se puso en marcha.
—¿Sabías que la pasta italiana está hecha en China, aru~?
—¡Espera! ¡¿Qué?! ¡No! —el italiano comenzó a chillar.
—Bien hecho, China —Alemania se dio un golpe en la frente.
—Jijiji.
El ojivioleta espero a que todos se alejaran y subieran por el ascensor.
—Estoy oyendo*(2) —dijo al contestar.
—Leosia*(3).
—Oh, eres tú. ¿Por qué me llamas de un número desconocido?
—Porque todo se fue a la mierda.
[…]
—¡Esa mujer está realmente equivocada!
—Inglaterra-san, tranquilo —trataba de apaciguar la situación.
—¡No! ¿Qué se cree? Bloody hell, no sabe qué es ser una nación…
Las puertas se abrieron.
—Iggy~ —el francés se abalanzó sobre el inglés.
—¡Aléjate!
—¡Mira, Alemania! Allá están España y Romano —apuntó a unas sillas cercanas a la ventana, donde también se encontraba el prusiano—. Nos separamos cuando llegamos al edificio.
—Lo mismo paso con mi hermano. Y por lo visto, nadie llegó con su superior.
Ambos se acercaron a los anteriormente mencionados.
El lugar está repleto de naciones parlanchinas. Se les podía ver regados por toda la sala, tomando un café, chismeando, usando el celular o cualquier otra cosa cotidiana que haría cualquier humano.
—¡Iggy, Japón! —el estadounidense se acercó a ellos. A los demás los saludo agitando la mano.
—América-san, buenos días —dijo dando una breve reverencia.
—Buenos días.
—¿Cómo has estado? —preguntó Inglaterra.
—Bien, eso creo… y, ¿ustedes?
—¿Tú qué crees? —el inglés respondió sarcásticamente.
—Muy bien, y… no es por ser grosero, pero debo ir a saludar a Alemania-san e Italia-kun.
—Adelante —dijo el francés. Recordando que este llegó directamente con Inglaterra.
—Realmente se ve muy mal —Inglaterra siguió al nipón con la mirada.
—No lo culpo —el estadounidense hizo lo mismo.
Los tres guardaron silencio.
—Y, ¿tú, Francia? —preguntó el inglés.
—Ni yo mismo lo sé —se llevó las manos a los bolsillos—. Pero me siento feliz porque tengo tu corbata.
—¿Qué? —miró su cuello y notó que no la tenía—. ¡¿Ah, sí?! ¡Pues yo tengo tu reloj! —en un abrir y cerrar de ojos arrancó el objeto de la muñeca del francés.
—¡También tengo tu celular!
—¡Y yo tengo tus llaves!
—¡Pues tengo tu cartera! —sonrió pícaramente—. Que saque desde tú trasero.
—What?!
—¿Qué mierda? —los demás les veían con cara de "wtf".
—¿Llegue temprano? —la puerta se abrió, y una nación muy parecida a América entró por ella.
—¿Cana… ¿Cómo?, rayos… Eh… ¡Oh, sí! ¡Canadá! Llegas justo a tiempo, bro.
—Eh… qué bien —dijo—. Aun se olvida de mi nombre —pensó angustiado—. Me pregunto si realmente le importo, como a mí me importa.
—Y, ¿bien? ¿Qué tal te ha ido?
—No podría decirte que bien —apartó la mirada.
Francia e Inglaterra dejaron de pelear y dirigieron la mirada hacia el canadiense al haberlo escuchado.
—¡¿Eh?! ¡¿Por qué?, ¿algo pasó?, ¿qué sucede?, ¿te encuentras bien?!
—Eh… hey, bro. Tranquilo… no es nada grave —dijo moviendo las manos de arriba a abajo para que se calmase.
—¿Seguro?
—¿Inglaterra? ¿Francia? —dijo al ver que estos se acercaban.
—Lamentamos entrometernos, pero, últimamente tú, Canadá, has actuado extraño —Francia se cruzó de brazos y se recargó en la silla más cercana—. Y aunque no lo creas, te conozco perfectamente —suspiró—… te conocemos perfectamente —dirigió la mirada al inglés.
El ojivioleta miró a los tres con admiración. Podía sentir una vibra sumamente positiva. Realmente él les importaba.
—No contestas las llamadas, ni mensajes, los correos electrónicos o los whats —dijo Inglaterra.
—Me dejas en visto en Facebook y no has publicado algo nuevo en tus redes sociales —el estadounidense saco su iPhone y demostró la evidencia: ni fotos, ni tweets, ni likes. Nada—. Por lo visto, no soy el único que sospecha —pensó—. Ahora, me siento más cómodo, sobre todo porque cuando ellos me ayudan -Canadá, Francia e Inglaterra- en algo. Se siente tan… tan… —el canadiense tomó el celular.
—Yo… realmente no sé cómo explicarlo —regresó el aparato a su respectivo dueño después de haberlo inspeccionado.
—Dinos, quizás podamos ayudarte, mon amour.
—Después de todo, somos como —Inglaterra acomodó su garganta y se sonrojo—… f-familia.
—Familia… eso era. "Familiar" —el estadounidense pensó.
—Bueno. Últimamente me he sentido extraño, ya saben: de esas veces en las que sientes que tu cuerpo se mueve por su propia cuenta —dijo mirando las palmas de sus manos—. Y no solo eso. Hay veces en las que les grito o respondo a mis superiores.
Se sacaron de onda. ¿Canadá?, ¿gritando? ¿Respondiendo? Algo realmente no andaba bien.
—Pe-pero no crea que es por voluntad. Simplemente sucede.
—¿Qué sientes cuando sucede eso? —preguntó el inglés.
—Pues… me siento débil y agotado, como si hubiese corrido 20 maratones. Otras veces me siento mareado y pierdo por completo la visibilidad. Una vez me tuve que sostener del sillón para no desplomarme.
—Y, ¿sucede antes o después? —Francia se llevó una mano a la barbilla, de forma sexy y pensante.
—Después… después de contestar agresivamente.
—¿Qué pasa antes, dude? —preguntó América—. Pobre, parece como si lo estuviéramos interrogando… ¡AHAHA! Inglaterra: el policía malo; Francia: el policía bueno; América: el hero —se imaginó a los tres rodeando al canadiense mientras estaba amordazado a una silla.
—Me siento interrogado —el canadiense pensó—. Antes… no lo sé. Siento impotencia, miedo, ira, tristeza. Emociones negativas.
—¿Se puede saber cuándo ocurre? —inquirió nuevamente el americano.
—Cuando estoy estresado o cuando ocurre algún daño a mi país, agh… —se llevó una mano al ojo izquierdo.
—Are you ok? —preguntó Inglaterra, preocupado.
—Sí, es solo… otro síntoma. Debe ser porque no dormí bien y subí corriendo las escaleras. Debo estar sofocado.
—Te dejare mi lugar, está cerca de la ventana.
—Gracias, América —miró a las naciones europeas—. ¿No es mucha molestia? Estoy sentado entre ustedes dos.
—Nah. Es interesante hablar contigo —dijo Francia—. Pareces serio, pero eres todo lo contrario.
—Aparte nos caes mejor que América —Inglaterra rió.
—What?!
—Todos tomen asiento —dijeron los jefes de las naciones, que en ese momento entraron por la puerta sin previo aviso.
8:30 AM.
Italia siguió de reojo a la nación canadiense mientras se dirigía a su asiento. Había escuchado toda la plática de los rubios, mientras el fingía hablar con su grupo.
—China, ¿has visto a Rusia? —preguntó Bielorrusia, quien le había tocado sentarse junto a él de cabellos largos.
—N-no, aru~ —se congeló al reconocer la voz.
—¿Seguro? —su mirada y aura asesina paralizaron más al asiático.
—A-a-ahora que lo recuerdo, aru~ —tragó saliva—, se quedó en el primer piso hablando por teléfono, a-a-aru~.
—Gracias —se enderezó en su lugar.
El chino suspiró.
Lituania veía a la bielorrusa peinar su cabello:
—Soy un maldito masoquista —susurró.
Todos tomaron asiento a lado de su respectiva bandera pegada a la mesa.
—Tú cabello es lindo —Bielorrusia tocó la coleta de caballo del chino—. Nunca lo cortes.
China, asustado, confundido y sonrojado, asintió rápidamente.
—Todos, apaguen celulares y colóquenlos frente a ustedes —ordenó el presidente de América.
—¿Qué? —preguntaron varias naciones al unísono.
Los murmullos y preguntas eran de esperarse. Más que nada porque ningún jefe dijo nada al respecto, solo ordenaron seguir las órdenes del hombre.
Todo parecía haber sido ensayado.
—¿América? —le habló su jefe, parándose a un lado de él. Los demás superiores se colocaron a un lado de su nación, tomando asiento.
—¿Si, señor? —volteó a verlo confundido.
—¿Por qué no estás en tu lugar?
—Oh, lamento no decirle antes. Decidí cambiar de lugar con Canadá.
El hombre volteó a ver alarmado hacia la nación mencionada.
—Se sentía un poco mal, así que le cedí mi lugar. Como todo buen hero hubiese hecho, HAHAHA…
El jefe del americano tomó el respaldo de la silla donde se encontraba sentada dicha nación y la giró hasta quedar frente a frente con el rubio:
—¡Escúchame bien! —ante tal orden, dicha entre dientes, América abrió los ojos como platos, tensando su cuerpo, empezando a sudar de pies a cabeza—. ¡Vuelves a hacer un movimiento sin autorización, yo te juro, TE JURO, que las consecuencias serán muy graves! ¡¿Entendido?!
El ojiazul no respondió, pero trato de decir algo.
—¡¿Entendiste, sí o no?! —esta vez lo dijo un poco más alto, llamando la atención de las naciones más cercanas: Bélgica y Liechtenstein.
Alguien llamó a la belga picándole el hombro:
—¿Qué?
Era Suiza, quien le dijo que guardara silencio, llevándose un dedo a los labios.
Ambas naciones femeninas ladearon la cabeza con confusión.
—¡¿Sí o no, América?!
—S-s-s-sí… sí señor, entiendo… entiendo.
Soltó de golpe la silla, negó con la cabeza y se dirigió a los demás.
Todos inmediatamente guardaron silencio.
—¿Hace falta alguien?
—Yo. Lamento la tardanza —dijo Rusia, quien entró por la puerta. Caminó hasta llegar a su lugar y con mucha discreción le susurró algo a su jefe:
—No —respondió su superior.
Rusia volteó a ver al chino, y, al captar la atención de este, negó con la cabeza mordiéndose los labios. China tragó saliva a seco, y, con el rostro sumamente agüitado, se cruzó de brazos recargándose en el respaldar de la silla.
—¿Qué traen entre manos? —América logró notar dicha escena. De reojo vio como el ruso apagaba y dejaba frente a él su celular.
—Bien, parece que estamos todos. Entonces —dijo el presidente de los Estados Unidos, dando un gran suspiro. Sabía que esto iba a ser muy, pero muy estresante. Buscó entre las hojas de un maletín que estaba sobre la mesa, sacó una en específico y la colocó frente a su nación—, lee esto, en voz alta.
América, extrañado, tomó la hoja, y, al leer el título, sintió como su piel se erizaba lentamente.
—T-Tratado de Paz… Nuclear.
[…]
El tic tac del mega reloj colgado sobre la puerta no hacía más que llenar el hueco de silencio en la sala.
Aquellas palabras dichas hace unos momentos, habían dejado perplejos a todas las naciones. En especial aquellas pertenecientes al NPT*(4), pues eran quienes cargaban con la responsabilidad desde tiempos inmemorables.
Guerra. Muerte. Apocalipsis. Palabras jodidamente escalofriantes.
Nación. Culpable. Asesino. Palabras hirientes.
Tiempo. Palabra inesperada.
9:37 AM.
—¿Alguna duda? —el jefe de América mordía su labio inferior. Sabía perfectamente lo que sucedería.
—Yo —el presidente ruso se puso de pie.
—¿Cuál es tu pregunta?
—No. No es duda; es observación.
—Pues adelante.
—El único culpable, aquí presente, es América —él y luego todos fijaron la mirada en la nación.
—¡¿A qué se refiere?! —preguntó el inglés, sumamente preocupado.
—Pues, Estados Unidos de América es la única nación que ha lanzado un arma nuclear a una población civil, es el país que más contamina, es el país que más guerras ha tenido, ¡y que! continúa teniendo.
Eso fue un golpe bajo. El ojiazul sintió todo venirse encima.
—No es respetado; es temido —el jefe del ruso no paraba de escupir veneno a la nación.
—Y, ¿ustedes no lo son? —dijo el superior del francés, arqueando una ceja.
—No es nada coherente que ustedes, los franceses, digan eso —dijo el jefe de Inglaterra.
—Es algo que no debería importarles —dijo el presidente de China.
—S-señor… ¿Qué… qué está haciendo, aru~?
—Silencio.
—Sí, señor, aru~.
—No estoy de humor para opinar, mucho menos en una idiotez como esta.
—No eres más que un cobarde.
—¡Esto me importa una mierda!
—Típico.
Esta vez los papeles habían sido intercambiados: quienes hacían el desmadre eran los superiores y los que permanecían callados observando el mundo arder eran las naciones.
—¡América es la culpable! ¡Es el "genio" que creó ese estúpido reloj! —el jefe del ruso golpeó la mesa, callando a todos momentáneamente.
—¡Es el genio que mantiene un puto balance mundial! —el presidente de dicha nación se puso a la defensiva.
—¡Y lo rompe cuando un capricho interfiere!
Las miradas de los jefes de América y Rusia chocaron, creando una gran tensión en toda la sala. Los grandes aliados de estas dos naciones entraron en un nerviosismo extremo.
Silencio. Nadie hablaba. Empezaba a tornarse incómodo, pero…
Un pato de goma golpeó una ventana, graznando.
—¡Idiotas, déjenme entrar! —se escuchó a lo lejos, o bien, a las afueras.
—Continuaremos el viernes.
"¡A la mierda todo! ¡Yo salgo primero!" Todos se pusieron de pie y salieron lo más rápido posible del lugar.
[…]
10:01 AM.
—Esta reunión fue una mierda total —América salió del edificio, caminando junto a Alemania, Inglaterra, Italia y Rusia.
—Exacto —dijo el inglés—. No tuvo sentido y no llegamos a ningún acuerdo.
Las naciones fueron quienes salieron primero, segundos después, sus jefes, sin siquiera cruzarles la mirada. Simplemente se dirigieron a sus autos. Muy raro, por cierto. Es cotidiano que las naciones se vayan junto a sus superiores, pero esta vez fue diferente. Llegaron y se fueron por separado.
El celular del americano sonó.
—¡Ve~, conozco esa canción!
—¡Bonfire! —dijeron al unísono América e Italia.
—Knife Party? —preguntó el inglés.
—Sip —asintió y luego atendió la llamada—. Hello?
—Sr. America?
—¿Sí, diga? ¿Quién habla?
—Soy el Teniente General Davis*(5).
—Permítame —alejó un poco el celular de su oído—. Chicos —se dirigió a las naciones que le acompañaban—, tengo que atender esto. ¿Me darían un segundo?
—Sí —respondió el alemán.
—Gracias —pegó el aparato nuevamente a su oreja y tomó una distancia de cinco metros.
—Esa canción es épica —Inglaterra la buscaba en su iPhone—. ¡Aquí está! —la reprodujo en volumen bajo.
—¿Podrías pasármela, da?
Tarareó con un "sí".
—Ahora sí. América el hero a su servicio~.
—Tenemos novedades, buenas y malas. ¿Cuál quiere oír primero?
~En El Pentágono…~
—Creo que la buena.
El Teniente General, de cabello dorado y ojos miel, observaba desde la ventana interna su oficina como los empleados de El Pentágono hacían su trabajo.
—Hemos detenido a Nathaniel Brown*(6) —dijo tomando asiento, para después observar una hermosa foto de su esposa e hija en un retrato de su escritorio.
—¡¿En serio?! ¡Wow! ¿Se puede saber el cómo?
—Creo que esa sería la mala —tomó la fotografía con su mano libre.
—What?
~... De regreso~
Picaron el hombro del ojiazul.
—América, nos retiramos —dijo el alemán.
—Ok~. Cuidado en el camino.
—See you later —Inglaterra dio media vuelta y se despidió agitando la mano.
—Ciao~ —el italiano salió tras el inglés.
Todos se fueron, dejando al americano completamente solo, aun hablando por teléfono.
—No entiendo. ¿Podría explicarme?
—Tiene que venir mañana a las 3:30 de la tarde.
—Entendido, señor, pero, ¿por qué? —arqueó una ceja con confusión.
—Porque, aunque usted no lo crea, o simplemente no parezca, es una situación de alto riesgo…
Una parvada de aves blancas paso sobre la cabeza del rubio.
—…La humanidad…
Las personas nunca pueden mantenerse quietas. Nunca se detienen. Van de lado a lado; se caen, pero se levantan con o sin ayuda, y viven. Más que nada viven.
—…corre peligro.
Ante dicha oración, la mente de América se contrajo en recuerdos trágicos.
—América. Por favor, no me decepcione.
—No lo haré.
—10-80 (Nos reunimos en…), piso 3, en mi oficina.
—Entendido.
Lo último que escuchó, antes de guardar el teléfono, fue el sonido hueco de la llamada al colgar.
—¿Algo más?
—America.
—¿Eh? ¿Señor? —volteó intimidado—. ¿Cuánto tiempo lleva ahí? ¿No se había ido? —pensó.
—Ven —dijo moviéndole el dedo índice para que se acercara.
—¿Sucede algo? —preguntó al detenerse frente a él.
—Por así decirlo.
—¿Cómo?
—Te espero a las mañana 3:00 en la Casa Blanca. Tengo que hablar seriamente contigo.
—¿Q-q-qué? ¿H-hice algo malo? —inquirió preocupado.
—No, no por ahora. Tienes que ir a atender a un invitado muy —alargó la palabra— especial.
—Eh… comprendo. Pero, tengo que ir…
—No llegues tarde.
—¡Pero!…
—P-u-n-t-u-a-l —tan solo eso, se dio media vuelta y entró al auto, largándose del lugar.
Rascó su nuca y frunció el ceño con disgusto.
—¡KYAAAAA! —gritó alborotándose cabello, como queriéndolo arrancar—. ¡Y, ¿ahora?!
Continuará…
*(1) Cassandra Tanner. Este personaje no existe en el mundo de Hetalia, y tengo por entendido que tampoco en la vida real. Simplemente la metí para que empiece a dar sentido a la trama de la historia.
*(2) Estoy oyendo. En Rusia es la manera de contestar una llamada.
*(3) Leosia. No, no es que me haya golpeado la cabeza con el teclado al intentar escribir "Rusia". Leosia es como se pronuncia en un idioma… ¿sabes cuál es? Pista: Es un país asiático.
*(4) NPT, Nuclear Non-Proliferation Treaty. En español: Tratado de No Proliferación Nuclear,es un tratado abierto a la firma el 1 de julio de 1968 que restringe la posesión de armas nucleares. La gran mayoría de los Estados soberanos (190) forman parte del tratado. Sólo a cinco Estados se les permite en el tratado la posesión de armas nucleares: los Estados Unidos (firmante en 1968), el Reino Unido (1968), Francia (1992), la Unión Soviética (1968, sustituida en la actualidad por Rusia), y la República Popular de China (1992). La condición especial de estos cinco países, llamados Estados Nuclearmente Armados (NWS o Nuclear Weapons States) se definió a partir de que eran los únicos estados que habían detonado un ensayo nuclear hasta 1967. Ellos son también los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
*(5) Teniente General Davis. Al igual que Cassandra, es un personaje que implemente para el sentido la trama. Por el momento, ambos no robaran protagonismo.
*(6) Nathaniel Brown. Lo mismo que lo anterior.
Respuesta: C.
…
Reviews Guest/Independientes.
Cosmos: ¡Hey, muchas gracias por leer! Me alegra que hayas sentido eso. Es una buena señal, para mí, de que ahí la llevo. Las naciones latinas jugaran un papel secundario pero importante, así que espera a ver a tu amada nación en acción. ¡Viva Venezuela! :D
…
Nota de autora:
¡Kla, kla, kla! ¿Qué tal? ¿Les gusto? ¿Sí? ¿No? ¿Duda? ¿Qué creen que le haga falta? ¿Pan? ¿Sangre, muerte y destrucción?... esa última está por venir. Creo yo haber mejorado mi redacción xD. Pero a decir verdad, este capítulo no me gustó mucho que digamos, porque las cosas sucedieron muy rápido y casi no se explicó nada.
Quiero responder una pregunta que me hizo mi queridísima Yuseidey, la cual es muy probable que todos tengan:
¿Por qué T-M?
La respuesta es muy fácil, solamente que la omití en la introducción… jeje… je… je… (Se sonroja)… Bueno, la clasificación variará en los capítulos, porque habrá unos más violentos que otros, otros más sexuales que otros, etc., etc. Y en el momento que aparezcan los capítulos "M" será cuando cambie la clasificación del Fic.
¡No olviden dejar sus favs. Y follows! Y si ven una falta de ortografía o un error de dedo, no se preocupen, estaré corrigiendo muy seguido.
Nos leemos dentro de poco… si se puede c:
No se pierdan los próximos capítulos porque se viene Uyuyui~.
Omake~
Hermandad
Vivir todos en una sola casa, por mucho tiempo, creo que no es buena idea.
—Oye, Inglaterra, ¿sabes en donde deje mi celular? —el canadiense entró a la sala, buscando por debajo de los cojines del sillón.
—No —dijo sin apartar la mirada de su libro.
—Quizá lo dejaste en el auto —dijo el francés, sentado al lado del ojiverde.
—Cierto… ahora regreso —tan solo eso salió del lugar.
Alemania, Italia, China y Japón jugaban cartas sentados en el suelo, mientras el estadounidense hacia palomitas en la cocina.
—Poker de As, aru~ —el chino ganó.
—Pff… mierda —Alemania, junto a Japón, lanzó sus cartas.
—Realmente eres bueno, China-san.
—¡Romano! —gritó el italiano.
—¡¿Qué?! —se escuchó a lo lejos.
—¿Dónde estás?
—Haciendo agua de limón.
—¡Voy a ayudarte, ve~!
Japón se dejó caer de espaldas y se estiró. Giró su cabeza, quedando su mirada debajo del sillón…
—Espera… eso… es… —su rostro se puso pálido—. ¡CUCARACHA!
Todos gritaron, pegando un brinco, mientras se ocultaban detrás del sillón.
—¡¿Qué pasa?! —el americano llegó corriendo con su arma lista. Los Italias llegaron detrás de él; al ver lo que pasaba no pudo evitar echarse reír—. ¡HAHAHAHA! ¿En serio? Es solo una cucarachita…
—¿Qué? ¿Por eso que nos escondimos? —dijo el francés.
—Meh, yo le mato —el inglés se sacó la pantufla.
Un paso, dos pasos, tres pasos… el insecto comenzó a volar.
—BLOODY HELL!
Nuevamente gritaron y comenzaron a lanzarle todo al insecto. Incluso dispararon y trataron de quemarlo con un lanzallamas, creado con un aerosol y un encendedor.
—¡Alto! —dijo Romano, e inmediatamente todos se detuvieron a seco—. ¿Dónde está?
Voltearon a ver a todos lados, buscando alguna señal de vida o un cadáver diminuto.
La puerta se abrió.
—¡Hey, Francia! Tenías razón. Mi celular estaba en el auto —la cucaracha posó sobre su cabeza— ¿?
Japón sacó su katana. Alemania, América e Inglaterra prepararon sus pistolas. Francia prendió el aerosol. Los demás tomaron lo que tenían a su alcance, como una lámpara, un control remoto y un recogedor.
—¡KYAAA! —pobre Canadá.
Una explosión se vio desde el espacio.
La señal se corta, poniéndose toda la pantalla en franjas de colores.
(¡▲!) Este FanFic es "ficticio". Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
