Disclaimer: Todos ellos le pertenecen a la SM hasta sus almas son de la SM. La trama es mía.
Género: Drama/Terror/Quizás romance.
Advertencia: No sé.
Aviso: Copie sus RR asodjasd –lapatean- y los pegué para no perderlos (?) anoquewna. Eso.
Canción: Cleansing Cream – Brown Eyed Girls (BEG)
Grita; capítulo II
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Sus puños estaban cerrados con fuerza, trataba de controlarse, pero no podía. Estuvo a punto de darle la mejor paliza a Taemin pero alguien lo había impedido, cerró sus ojos tratando de no explotar. Sus dedos apretaron con fuerza su tabique nasal. La sangre le hervía, no estaba seguro de poder controlarse. Abrió sus ojos en cuanto sintió que él entró.
La rabia se apoderó de su ser rápidamente, se levantó del sillón en el cual se encontraba y lo acorralo contra una pared. El otro permanecía serio.
— ¿Qué pretendías? —le gritó a Key. Este no le respondió y aquello aumentó la rabia de Jonghyun— ¡Responde! —le gritó nuevamente estampado con fuerza su palma en el rostro de Kibum.
Se separó de él y caminó hasta la ventana. Key elevó su mano hasta el lugar afectado, no podía creer que él le hubiese golpeado. Sus ojos se llenaron de lágrimas no por el dolor físico sino por su dolor interior. Estaba lloviendo, Jonghyun no quería seguir hablando, el arrepentimiento lo estaba matando, tenía demasiado orgullo como disculparse por el acto cometido hace unos segundos. Key caminó hasta el sillón nuevamente, mirando como las lágrimas impactaban el suelo, el dolor de sus mejillas se había extinguido pero el de su corazón seguía ardiendo con fuerza.
Se levantó con delicadeza del sillón, cogió su bolso y caminó hasta la puerta, en cuanto sus dedos tocaron la plateada perilla, la voz arrepentida de Jonghyun le detuvo.
—Sabes que lo siento, ¿verdad? —Key quiso bufar por la insensibilidad de sus palabras, otra vez. Esta no era la primera vez que Jonghyun se atrevía a levantarle la mano, pero él ya estaba harto de ese comportamiento, si no cambiaba, no quedaba otra que decirle adiós.
—Cuando esa disculpa sea verdadera, búscame. Cuando sepas lo que valgo, llámame, cuando realmente sepas ser humano, cuéntame—abrió la puerta y dejó que la fría lluvia mojara su cuerpo. Cerró la puerta y comenzó a caminar hasta su hogar.
Apenas sintió la puerta cerrarse un grito gutural abandonó su garganta. Golpeó repetidas veces la pared, rompiendo la piel de sus nudillos. Pateó la mesa de centro y quebró un vaso con sus manos. El cristal incrustado no le hacia doler, le dolía que Key se hubiese marchado y no se quedara como siempre lo hacia, sumiso ante las ordenes de él.
La puerta volvió a abrirse, Jonghyun volteó esperanzado con una sonrisa de triunfo en su rostro que fuera Key, pero todo aquello se borró en cuanto entro un mojado Onew.
— ¿Peleaste nuevamente? —preguntó tomando asiento en donde hace unos minutos había estado Key. Jonghyun pasó una mano por su rostro, frustrado.
—Eso no te incumbe —comentó acercándose, Onew sonrió con autosuficiencia. Camino hasta donde se encontraba el otro muchacho sentado e imito el acto, pero sentándose sobre él. Rodeó el cuello de Onew con sus formados brazos y atrajo sus labios a los de él.
El mayor lo besó con rudeza, mordiendo su labio y acariciando sus muslos. Se dejo tocar más y más por Onew. El beso comenzó a profundizarse al igual que sus caricias. Sobre las piernas del mayor yacía un semidesnudo Jonghyun, que si culpa ni remordimiento entregó su cuerpo para que Onew lo "amara" como siempre lo hacia cuando peleaba con Key.
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Las lágrimas caían con furia y golpeaban la carta que estaba escribiendo. Sus sollozos no podían oírse, había colocado la música lo más fuerte que podía. Sus padres no estaban, pero podrían llegar en cualquier momento. Su mano tiritaba notoriamente mientras escribía aquella carta en donde relataba que no podía continuar en aquel colegio, en el cual su vida cada día se hacia más corta y dolorosa. Era una decisión cobarde, pero simplemente él creía que no había otra. El último punto en su carta y estaba listo para acabar con lo que la gente llamada vida.
Con las manos tiritándole más y más, abrió el cajón de su mesita de noche, extrayendo un frasco enorme de pastillas, un cóctel. Las puso en su mano, estaba decidido a terminar con su vida. Puso una, tres, cinco, hasta nuevo en su boca, tragándolas una tras otra. En pocos minutos el frasco se vacío completamente, un tanto mareado y adolorido se recostó en su cama, cerró los ojos y esperó la muerte.
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— ¡Mi bebe por Dios! ¿Qué ha pasado? ¡Míralo! —sentía unos suaves toques en su piel, se sentía bien. La luz artificial le molestaba la vista, había un fuerte olor a lejía, morfina y otras cosas, personas murmuraban cosas incoherentes para él, se sentía cansado. Abrió sus ojos lentamente, lo primero que vio fue a su madre con los ojos hinchados y a su padre mirándole con decepción. No quería decirle los motivos, en la carta no los especificaba, de todas formas él era el único al que el grupito molestaba.
Su madre le preguntaba los motivos mientras lloraba. Él no podía hablar, se sentía un perdedor por no lograr su muerte. Tampoco quería decirle algo respecto a Jonghyun, tenía miedo de que al hablar hubiese consecuencias.
Esa misma noche, Taemin tomó la decisión de cambiar su vida, se había aburrido de ser el blanco de odio, ser golpeado constantemente, todo eso cambiaría y Jonghyun y su grupo se arrepentirían de haberlo molestado por años.
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El cuerpo desnudo y cara sonrojada se encontraba junto a él. Abrazada a su pecho, le hacia sentirse el hombre más feliz de la tierra. La chica dormía placidamente, la noche pasada se habían unido en un solo ser, la pasión desatada, los besos entregados, la leve capa de sudor perlado que cubría ambos cuerpos, los jadeos constantes, gemidos, caricias; todo eso abundaba aún en su mente y le provocaba reír, reír de felicidad claro.
Tocaron dos veces la puerta, Minho abrió sus ojos asustado y despertó a la bella muchacha que estaba a su lado, se quedaron helados sin saber que hacer.
—Minho, abre la puerta por favor —llamó desde afuera su tutor. El joven estiró su mano hasta donde se encontraba su camisa y se la paso a la muchacha quien oculto sus ropas bajo la cama, la chica corrió a esconderse en el baño privado que tenía el joven.
Este último lentamente camino hasta la puerta, quitó el pestillo y abrió fingió somnolencia. Su tutor negó con su cabeza y entro a la habitación.
—Prepárate, hoy es tu primer día —el joven asintió—.El nombre del chico es Taemin, va en tu clase—Minho le miró sin comprender.
—Él es el hijo del ladrón de mi empresa. Él es el hijo del sujeto que tiene mi dinero, necesito la información que si no me equivoco está en su hogar —el atractivo muchacho captó de forma inmediata la idea, por una parte se sentía mal haciendo esto y por otra la adrenalina de cometer ciertos "delitos" estaban comenzando a circular lentamente por sus venas.
—Tendrás que esperar que el chico se reintegre al colegio nuevamente, tuvo un accidente o algo así.
Sonrió y cerró la puerta.
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Limpió con el torso de su mano su frente sudorosa, bebió con violencia agua del botellón que se encontraba en el suelo de su escondite, al menos así le llamaba. Llevaba un tiempo sin asistir a clases, ya casi ni recordaba. Las heridas en su cuerpo habían desaparecido.
Puso sus maños en puño y golpeó con fuerza el saco de arena que estaba frente a él. Una, dos, tres y hasta diez veces seguidas lo golpeaba. Jadeante dio un salto, sacando de su bolsillo aquel arma de brillo enceguecedor, delgada pero peligrosa navaja. Con un corte limpio abrió el saco de arena. Taemin cayó en cuclillas con la navaja en su mano. Sonrió, estaba listo.
—Desearan no haberme molestado —murmuró guardando sus cosas. En sus ojos se podía ver la locura, la ira y su sed de venganza.
...
Chan! Maigait. Dejen RR muchos RR para compensar mi dolor emocional de cambiarme de cuenta. Las amito.
Alpha.
