¡Buenas tardes o lo que corresponda a todos los que estén leyendo! (El saludo más largo no podía ser, ¿eh?... En fin xD).
Lamento no haber subido antes el capítulo, pero se me complicó un poco todo (problemas de wifi y todas esas cosas xD).
Agradezco mucho los favoritos y seguidores que se animaron a seguir (valga la redundancia) este fic y sobre todo agradezco el comentario de AnikaSukino 5d, que por cierto, no sé si te llegó la contestación al comentario (reconozco que con esta página me siento en pañales, aún tengo que pillarle el tranquillo XD) pero reitero el hecho de que me alegra que te esté gustando este fic y que si te suena es porque lo subí antes a Fanfic (aunque ahora estoy haciendo ciertas correcciones jajaj). Espero que también te guste este segundo capítulo ^^
Bueno a ella y a todos los demás que lo lean, está claro jajaj. ¡Recordad que la letra en negrita y cursiva son los pensamientos de los personajes!
Sin más distracciones: ¡Dentro capítulo!
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CAPÍTULO 2: Encuentros en sueños
El joven pelirrosa aún seguía desconcertado por la realidad que aparentaba aquel sueño. El pequeño y suave contacto que mantuvo con aquella chica, Lucy, le había parecido tan real que le resultaba demasiado difícil creer lo contrario. Solo había que pararse a pensar en lo detallado que veía todo: el paisaje en el que se hallaban, los rasgos y facciones de la chica, sus gestos, indumentaria… Todo, absolutamente todo.
El maúllo de Happy, reclamando la atención de su dueño, cortó sus pensamientos y lo obligó a reaccionar ante su llamada. Llenó un bol con el pienso que había en la pesada bolsa de comida para gatos y después cogió el otro cuenco vacío para rellenarlo con un poco de leche, dejando así que su pequeño compañero pudiese disfrutar de la comida… O quizás debería de decir merienda, siendo las horas que eran: las seis de la tarde.
Antes de comer algo, Natsu decidió que lo mejor que podría hacer por el momento sería tomarse una buena ducha si no quería ponerse malo… aunque, francamente, dudaba mucho de que ello sirviese de algo, pues había permanecido demasiado tiempo con las ropas mojadas. Se dio una rápida ducha de agua caliente para mitigar la sensación de frío que recorría su piel por culpa de su siesta, la cual lo había dejado completamente destemplado. Aquello no era más que el anuncio de su futura gripe o, siendo positivos, resfriado. En lo que duraba su baño, este no pudo evitar volver a pensar en el tema de antes: Lucy.
¿Por qué ese sueño lo tenía tan atontado? Solo era un sueño… Extraño, pero a fin de cuentas, un sueño.
Sí, solo un sueño. Un sueño, en el que ella sabía tu nombre – le recordó amablemente su cerebro.
Era cierto… Ella parecía conocerlo, pero él no la reconocía. Preguntas y más preguntas sin respuesta rondaban por su cabeza. Se frotó los ojos, cansado, con una de sus manos, mientras que con la otra se apoyaba en la pared que tenía al frente.
Vamos Natsu, no seas estúpido, no te comas la cabeza con algo que no tiene importancia… Solo fue un sueño… Un hermoso y agradable sueño.
Salió del baño y se puso la ropa de andar por casa: pantalones largos de chándal de color blanco y una camiseta floja granate. Se dirigió a la cocina y por el camino le daban unos pequeños ataques de tos.
Mierda – pensó para sí. El descuido le estaba pasando factura…
Echó un vistazo a la nevera y no había nada que le llamase la atención. No es que tuviese mucha hambre, algo raro en él, pero tampoco podía quedarse sin meter nada en el estómago. Optó por tomar una sopa, de estas que venían en un sobre y se preparaban en menos de cinco minutos, pues algo caliente le sentaría muy bien a esa sensación de revoltura que amenazaba a su estómago. Una vez preparada, se sentó en la mesa del comedor y la tomó con tranquilidad. La presencia de la tos era cada vez más fuerte. Natsu presagiaba que aquella noche no iba a ser una de las mejores.
Miró a sus alrededores y le deprimió el ambiente tan solitario que se desprendía de su casa. Menos mal que estaba Happy con él… El felino le daba un toque de color y calidez a aquel sitio considerado como su hogar, que se había vuelto demasiado solitario desde la desaparición de su padre… Igneel.
¿Dónde estaría ahora?
Habían pasado demasiados años y Natsu no volvió a tener noticias sobre él desde su partida a aquella excavación arqueológica… El joven cerró fuertemente los ojos para tratar de apartar ese tema de su cabeza. No necesitaba recordar cosas dolorosas, ya se encontraba lo suficientemente mal… No hacía falta echar más leña al fuego. Al abrir los ojos tuvo un primer plano de su mochila tirada de cualquier manera en el suelo.
- Mmmm… Quizá debería de ponerme con la tarea… – pensó en alto.
Aunque no sabía para qué… Al final, casi siempre, acababa teniendo todos los ejercicios mal, pero bueno… Hacer los deberes era su trabajo como estudiante. Cogió perezoso la mochila y se le escapó un pequeño quejido al ver la tarea acumulada de las diferentes asignaturas. Los profesores tenían la mala costumbre de pensar que la materia que impartían era la única que tenían sus queridos alumnos… Y no era así.
Natsu se centró como pudo en su tarea, pues tenía una facilidad increíble para perder la concentración en cualquier cosa que se apareciera en su campo de visión. Si a eso se le suma el malestar que estaba sintiendo, era obvio que le requería muchísimo esfuerzo encargarse de sus obligaciones.
Una vez que estableció su propio ritmo, él iba haciendo ejercicios sin parar. Uno tras otro: lengua, inglés, matemáticas, historia, economía… resolviendo cuestiones sin pausa, pero sin prisa hasta que hizo un pequeño descanso. Tenía la cabeza cuadrada de tantos problemas, textos y fórmulas. Tal era así que ya comenzaba a entremezclar unas cosas con otras… Echó un rápido vistazo al reloj de la cocina. Las siete.
Imposible – se manifestó la mente del muchacho.
¿Cómo era aquello factible? No podía haber pasado solo una hora desde que se levantó de la siesta e hizo todo lo demás: ducharse, comer, los deberes… Ese reloj tendría que estar mal, le estarían fallando las pilas. Natsu se incorporó de su asiento y fue a verificar por sí mismo la verdadera hora. Para su sorpresa, los relojes de pulsera le decían lo mismo: las siete. Bueno, pasadas las siete… ¿Aquello se trataba de algún tipo de vacile?... Finalmente, recurrió a su último recurso: su móvil. Las siete y cinco.
A ver, era cierto que para él el tiempo se le pasaba muy lento, dolorosamente lento… pero también era cierto que estaba haciendo algo que no le gustaba y aquella sensación, en ese tipo de circunstancias, era normal. Pero ver aquello era pasarse. No le entraba en la cabeza aquella anomalía en el flujo del tiempo… Decidió no darle más vueltas al asunto. Solo le provocaría mayores dolores de cabeza que no necesitaba.
Reinició nuevamente su cometida hasta terminar todo el trabajo pendiente que le habían impuesto. Una vez que hubo terminado, se sintió cansado, terriblemente extenuado. Le dolía la cabeza, en el centro de su frente. No se trataba de fiebre, tan solo era dolor. Los ojos igual, tenía la vista cansada y algo emborronada. Finalmente, también sentía una ligera molestia en la zona de las cervicales por mantener la misma posición durante demasiado tiempo… Al menos, demasiado tiempo para él, aunque los relojes se dedicasen a contradecirle.
Por su parte, Happy estaba a los pies del sofá, hecho bolita, durmiendo muy tranquilamente. Natsu rellenó nuevamente los recipientes alimenticios y se fue directo a su cama. Aprovecharía ese momento para tomar un buen y merecido descanso, su cuerpo lo necesitaba desesperadamente. Es más: lo pedía a gritos.
Se fue a su cuarto y se metió en la cama, buscando la posición más óptima que asegurase su descanso sin el riesgo de que la tos lo atacara en medio de la madrugada. Cerró los ojos y no tardó mucho tiempo en caer bajo el influjo del sueño.
En el momento que abrió los ojos, este se encontraba en un sitio muy animado. Se oía la música a todo volumen, además de otras voces que hablaban por los micrófonos anunciando los premios. Se veían muchos puestos variados: de comida, como el de los perritos calientes y el del algodón de azúcar; de juegos, tales como el lanzamiento de dardos a unos globos, o el del lanzamiento de la pelota contra unos botes metálicos; de venta de artesanías, ropa, peluches…; Por otro lado, también se veían ciertas atracciones colocadas en distintos puntos de aquel espacio invadido por una marea de gente. Desde el saltamontes hasta una especie de montaña rusa.
Observar todo aquello hizo sospechar a Natsu que se encontraba en medio de una feria.
La gente parecía feliz a pesar de la muchedumbre. Se oían los gritos eufóricos de los niños, también los de aquellas personas, algo más mayores que los primeros, llevados los mismos por la adrenalina que sentían al subir a ciertas atracciones que conllevaban algún peligro.
El joven pelirrosa se hallaba sentado en un banco blanco, tosiendo. Su tos había empeorado, pero aquello no suponía una molestia. Dirigió su mirada a un lado y allí estaba ella. La chica que había invadido su sueño. Ahora con sus cabellos recogidos en una cola de lado y vistiendo una blusa azul junto con unos shorts claritos y sandalias blancas.
- Lucy… – murmuró entre sorprendido y alegre el muchacho.
- Hola Natsu – saludaba con cariño y con la sonrisa que había mostrado en su anterior sueño – Te ves un poco pálido… ¿Estás bien?– expresaba algo preocupada, posando una de sus delicadas manos sobre su frente.
Qué agradable – pensó Natsu al sentir el contacto de su mano contra su piel. Estaba algo más fresca y aquello le hacía bien.
- Es un resfriado tonto, no te preocupes… – que raro… algo en todo eso le parecía familiar.
- ¿Seguro que no hay problema? Siempre podemos volver otro día… – expresaba un tanto preocupada la rubia.
¿Problema? ¿Qué problema iba a haber en un sueño? – se preguntaba Natsu algo descolocado ante las respuestas que le proporcionaba aquel sueño.
- No te preocupes, Lucy… ¿Qué hacemos aquí? – preguntó curioso mirando a sus alrededores.
- Quería pasar el rato contigo, y que nos divirtiésemos… Pero estás malito – comentaba ella haciendo un pequeño puchero para inmediatamente después mostrarle una tierna sonrisa, mientras acariciaba con dulzura sus cabellos.
La calidez que transmitía tan solo los dedos de aquella chica lo abrumaba. ¿Cómo podía hacerle sentir de esa manera aquel ligero contacto? ¿Cómo podía sentirse tan bien al lado de una persona a la que apenas conocía? Mejor dicho… ¿Cómo es que el contacto con la chica de sus sueños lo llegaba a afectar tanto? La confusión se manifestó en la mirada del muchacho…
- ¿Natsu? – lo llamó la rubia.
- Lucy… – respondió este agarrando la mano que ella había posado sobre su cabello como algo automático. Aquel gesto por su parte le había chocado – Lucy… – repitió una vez que se recuperó del aturdimiento – ¿Quién eres en realidad?
Ella le dedicó una mirada profunda, observando sus ojos jade, mientras que él hacía el mismo escrutinio de su mirada café. No hubo respuesta. Solo se intercambiaban miradas en las que ambos sentían complicidad. Sin necesidad de palabras, ellos podían llegar a entenderse mutuamente.
Sin darse cuenta, sus rostros se habían acercado demasiado. Habían caído presos de un hechizo que ellos mismos se habían lanzado a través de su mirada. A pesar del ruido y del bullicio que los rodeaba, ellos no oían nada. Estaban envueltos en su propio universo. Un universo en el que solo estaban ella y él.
Natsu apartó la vista de sus ojos a sus labios. Ni muy finos ni muy carnosos, rosados y ligeramente entreabiertos. En ningún momento sintió tal necesidad de comerle la boca a alguien como la estaba sintiendo ahora. Se acercó más a ella y se paró a unos escasos milímetros de su boca…
¿Qué estaba haciendo? ¡Se había vuelto loco! – … Solo es un sueño – lo calmaba su mente. Ella dio un pequeño suspiro que él sintió contra sus labios y ese acto por poco hace que la escasa cordura que le quedaba lo abandone. Estuvo a punto de besarla cuando ella apoyó ambas manos en sus mejillas y le dijo sin apartar la vista de sus labios.
- Tienes que despertar…
¿Qué?
Natsu se había incorporado súbitamente de su cama con la respiración entrecortada. Otra vez.
- ¡No! ¡Otra vez, no!– expresó Natsu molesto.
Su encuentro con Lucy había sido un sueño. Un sueño que podría haber sido uno de los mejores que habría tenido en su vida si no le hubiese obligado a despertarse…
Joder Natsu, deseas a una chica ficticia. Definitivamente has llegado a la demencia.
Miró su móvil: las ocho de la mañana.
… ¿En serio? ¿Tan tarde era siendo aquel sueño tan corto? Pero ahora había otra cosa que le inquietaba… ¿Por qué había vuelto a soñar con ella? Aquello le preocupaba más de lo que debería… ¿Tendría algún significado especial?
Natsu trató de tranquilizarse y se fue preparando para ir al instituto. La lluvia seguía haciendo acto de presencia al igual que la estampa grisácea del cielo. El día era igual o más deprimente que el de ayer y su tos era aún mayor. De hecho, el joven de cabellos rosados comenzaba a sentir otros síntomas del catarro como la congestión nasal. Pero ahora mismo su mente estaba en otra cosa... Y no era precisamente en sus malestares físicos.
Llamó a un taxi, pues de coger el bus llegaría demasiado tarde al instituto. Aquello suponía un pequeño dolor para sus bolsillos, pero tampoco se podía permitir las faltas. Además, quería consultar con sus amigos la rareza de su sueño reiterado.
Una vez que llegó al centro académico, lo esperaban, como siempre, Gajeel y Gray, quienes se sorprendieron por su llegada en taxi. Ambos sabían lo reacio que era Natsu a la hora de coger uno, pero luego vieron su cara y sacaron sus propias conjeturas.
- Tienes muy mala cara, flamitas – le decía Gray algo preocupado. Natsu no solía enfermar con facilidad.
- El stripper tiene razón… ¿Ayer te olvidaste de cambiar de ropa, Salamander? Gehe – rió de forma maliciosa el pelinegro de piercings. El mencionado solo pudo pensar en lo bien que lo conocía Gajeel.
- Algo así… – no tenía ni fuerzas para llamarle por alguno de sus muchos motes que le había puesto.
- Si estás tan mal… deberías de haberte quedado en casa, cabeza hueca – casi lo regaña Gray.
- No puedo… Tengo demasiadas faltas… – comentaba Natsu mientras los tres se dirigían hacia su aula correspondiente – Oye… ¿Puedo haceros una pregunta? – ambos chicos lo miraron extrañados por los repentinos modales que presentaba el pelirrosa.
- ¿Qué te preocupa Salamander?
- Ayer me ha pasado una cosa extraña… Cuando eché la siesta y cuando me fui a dormir después, soñé con la misma persona…
- ¿Con quién? – preguntó interesado el moreno de cabellos más cortos.
- Con una chica que no conozco. Se hace llamar Lucy, pero es… rara.
- ¿Rara? – repitió extrañado Gajeel.
- Sí, no sé… No la conozco, pero ella me conoce… Y que esa misma chica se me haya vuelto a aparecer nuevamente en mis sueños tan seguido, es raro… ¿Qué creéis que significa?
- Que deberías de dejar de ver porno antes de dormir y buscarte una novia – decía con gracia Gray. La respuesta de Gajeel ante su comentario fue su risa peculiar.
- Joder cubito de hielo, os estoy preguntando en serio – expresó ligeramente molesto Natsu.
- No sé por qué te alteras tanto, a fin de cuentas es un sueño… ¿Y qué si se repite? Si es algo bueno... mejor que mejor, ¿no? – decía Gray restándole importancia.
- Tiene razón Salamander, no tienes que preocuparte tanto por eso… Es una chorrada.
- …– calló Natsu.
Tendría que haberlo sabido. No podía hablar de ese tipo de cosas con ellos. Para ellos, aquel suceso no resultaba nada especial, era algo sin importancia… ¿Cómo iba a resultar especial algo que ni ellos mismos vivían? No pueden saber lo desconcertado que se sentía por aquella rubia. Simplemente lo considerarían un loco por comportarse de aquella forma tan paranoica por un estúpido sueño… Por ese estúpido y hermoso sueño...
Maldita seas, Lucy.
Las clases dieron su inicio y comenzaron con la corrección de ejercicios. Como había previsto Natsu, la mayoría que él había resuelto estaban mal. Casi siempre por un fallo tonto. Esta vez tenía una buena excusa: no estaba en sus mejores condiciones. Las clases terminaron y, por suerte, ese día los profesores no se habían pasado con los deberes. La condición de Natsu empeoraba por momentos, por lo que fue directo a casa para echarse una buena siesta.
Esperaba que esta vez no le sucediese otro de sus sueños extraños, pero estaba claro que aquello era pedir demasiado. Echó su siesta, esta vez en su cama, con las persianas totalmente bajadas y tapado hasta arriba con las mantas, pues cuando estaba así siempre se sentía destemplado. Antes de ponerse a dormir, tomó algo para que le ayudase con la congestión nasal y no sintiera aquella sensación de ahogo tan característico cuando uno estaba así.
Cuando recuperó la visión, tras unos instantes inmerso en una imagen totalmente oscura, Natsu se encontraba al aire libre con ropa de invierno. Había otras personas vestidas de igual forma que él: con el abrigo, jersey, guantes, gorro, bufanda, pantalones de tela gruesa y botas. Delante de él había una gran pista de patinaje de hielo y dentro de esta se podía ver a: niños que se estaban acostumbrando a caminar sobre dicha superficie con unas botas especiales para ello; parejas de amantes acarameladas que pasaban un rato juntos; gente que se movía con gracia por toda la pista, deleitando con su técnica a aquellos que no podían ni dar dos pasos sobre dicha pista… Se podría decir que había una gran variedad de individuos en un mismo espacio "cerrado".
A su lado, Natsu percibió como alguien trataba de calentar sus manos con su aliento. Se dio la vuelta y se trataba nada más y nada menos que de Lucy. Eso hizo que Natsu entrase en pánico por un instante… ¿Cómo es posible que otra vez la volviera ver? Tres de tres, desde que comenzó a suceder aquello. Tres veces seguidas.
Pero el pánico se esfumó cuando vio lo adorable que se veía Lucy en ese momento, con la cabeza gacha y con ambas manos enguantadas tapando su enrojecida nariz, mientras trataba de calentarlas con su aliento. Con aquel jersey de cuello alto azul celeste y la chaqueta de punto blanco. Con la boina de lana blanca que tapaba sus orejas y parte de su frente y con aquellos pantalones azul marino que demostraban su buena figura...
- Brr…Qué frío – decía mientras frotaba sus brazos – ¡Hola Natsu! – saludó la chica de cabellos dorados alzando su mano al cielo y con una amplia sonrisa – ¿Cómo estás?
- Bueno, al menos no siento frío – rió el chico – ¿Y tú cómo estás Luce? – ¿Luce?
- Completamente helada pero… ¡Quiero patinar! – decía muy animada la chica. Su entusiasmo lo contagió.
Ella se adelantó hasta pararse frente a él y le agarró del brazo, tirando del mismo. Natsu la miraba con una ceja enarcada, algo divertido, por la actitud que presentaba la chica.
- Venga, ¡vamos, vamos! – decía mientras lo arrastraba a la pista de patinaje.
Pagaron la entrada para poder patinar y antes de salir a la pista se cambiaron de zapatos para poner las botas de patinaje sobre hielo. Natsu estaba pensando cómo narices iba a hacer para mantener el equilibrio con tan solo esa fina cuchilla...
Salieron al exterior y al fin pisaron la pista. Natsu se sentía un poco torpe, porque no estaba acostumbrado a ese tipo de patines y mantenerse en pie era un auténtico suplicio. Sin embargo, Lucy se movía con toda la libertad y gracia del mundo. Verla, hacía parecer que patinar sobre hielo era tan fácil…
- ¿Qué pasa Natsu? – decía la chica al ver que este se aferraba a la barandilla que delimitaba la pista.
- No sé patinar – rió avergonzado el chico. Lucy se acercó a él y le agarró de la mano.
Y de nuevo con aquel contacto Natsu sintió otro cosquilleo en su interior. Cuántas emociones con tan pocas acciones le provocaba aquella rubia de sus sueños…
Se dejó guiar por su mano, mientras que Lucy pacientemente le enseñaba a patinar medianamente bien sobre hielo. Poco a poco, Natsu sentía que iba mejorando y ambos sonreían por los progresos, pero hubo un momento en que llegó lo inevitable: Natsu cayó de culo sobre el frío hielo. Lucy no pudo evitar reír a carcajada limpia y el pelirrosa sintió que aquello era música para sus oídos. Desde el momento que la vio reír de esa forma se prometió a sí mismo que siempre la vería así, que siempre la haría sonreír, independientemente de que aquello se tratase de un sueño.
Gray tenía razón. Si era bueno… ¿qué había de malo en disfrutar de aquello? Nada, absolutamente nada de malo. La chica seguía riendo melosamente y a Natsu se le escapó una sonrisa dulce al verla así.
- ¡No te rías! – le dijo Natsu fingiendo enfado.
- Lo siento – respondió la chica como pudo una vez que recuperó el aliento – Ven – decía ofreciéndole su mano como ayuda para que pudiera levantarse.
Él la aceptó y se impulsó para incorporarse, quedando los dos muy juntos. Natsu veía desde arriba a Lucy y notó como sus respiraciones se entrecortaban. Y de pronto recordó el sueño de ayer. El casi beso que estuvieron a punto de darse.
Natsu inconscientemente acarició su mejilla suavemente y Lucy solo alzó la mirada encontrándose con sus espectaculares ojos jades. Las caricias sobre su mejilla continuaban y la muchacha solo pudo dejarse llevar por el contacto afectuoso que había establecido el chico por iniciativa propia. Cerró sus ojos para sentirlo con mayor intensidad. Natsu se inclinó sobre ella, apoyando su frente sobre la de ella. Era increíble, pero se sentía sumamente bien con aquella chica, le envolvía un sentimiento familiar que le gustaba y sentía que había hecho algo parecido con anterioridad, aunque solo era una sensación…
Ella apoyó sus manos en su pecho y soltó un leve suspiro. Se acurrucó contra él y desplazó sus brazos hacia su espalda, envolviéndolo en un abrazo.
- Despierta… – susurró en un tono que no supo identificar.
Natsu estaba sentado en la cama sintiendo una sensación de vacío en su corazón ante la desaparición de su presencia. En ese preciso instante Natsu fue consciente de su deseo de que aquel sueño nunca terminase.
- ... Eres un sueño que necesito en mi realidad – murmuró Natsu perdido en sus pensamientos.
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¡Oishh que monosos estos dos! xD Probablemente sigáis un poco confundidos con lo que está pasando en la historia o puede que no, pero en el caso de que os encontréis en la primera situación, puedo asegurar y aseguro que todo se esclarecerá. No obstante, hay que esperar un poquitín más ^^
Os mando un beso, un fuerte abrazo y con esto... ¡Me despido!
¡Nos veremos en el próximo capítulo! ^^
