Ansias de ti

Salazar daba clases al aire libre a un grupo de sus alumnos más avanzados. Estaba utilizando un árbol para agrandarlo y achicarlo.

Godric lo observaba a la distancia. Así era como más le gustaba verlo. Cuando enseñaba, Salazar rebozaba pasión. Sus ojos brillaban mientras trasmitía su sabiduría, y la sonrisa en su cara delataba el placer que aquello le producía. Solo había otro momento en el cual Godric lo veía así; una situación totalmente opuesta, donde en lugar de estar rodeado de sus aprendices, estaba en la intimidad solo con él.

Le gustaba verlo cuando estaba distraído, con la vista fija en la magia que producía en el tronco del árbol. Pero más le gustaba cuando Salazar levantaba la mirada y sus ojos se encontraban. Entonces le dirigía una sonrisa llena de complicidad, y a Godric lo invadía una sensación de vacío en el pecho. Y no era hasta media hora después, cuando se estaban besando en algún rincón escondido del castillo y podía aspirar su aroma, tocar su piel y sentir su cuerpo contra el suyo, que volvía a estar completo.