Parte 2
Elsa camino con los brazos cruzados a través del corredor, su bata de dormir arrastrándose silenciosamente por el suelo. Pasada la medianoche los pasillos cercanos a la recamara real se mantenían con un silencio tan profundo que, aun con sus delicadas y esponjosas pantuflas azul claro, sus pisadas se escuchaban sutilmente como si se tratasen de murmullos extranjeros. La luz de la luna se pintaba en el piso a través de cortinas entreabiertas, dibujando curiosas formas de luz.
Dio vuelta en el corredor de la derecha y dio un bostezo. Gruño malhumorada por el hecho de que el sueño parecía volverle justo después de haber salido de la cama, donde estuvo horas girando y retorciéndose sin poder pegar los ojos. Se detuvo frente al salón secundario de reuniones, la puerta de madera oscura, y se arqueo pesadamente antes de entrar.
A diferencia del salón principal, con exquisitos cuadros de la familia real, mesa con doce sillas en roble precioso y amplio espacio para los consejeros y guardianes de los que se reunían, este contaba solo con una mesa cuadrada de cuatro sillas, una pintura del reino de Arendelle en increíble detalle y ventanas dobles cubiertas con una pesada cortina de tela roja con detalles dorados. Era utilizado mayormente para reuniones personales con visitantes y embajadores o, como en el caso de esta noche, tener un momento a solas sin que nadie tenga la oportunidad de molestarte.
Era por este motivo que la presencia de Kristoff la había sorprendido.
Estaba sentado con los pies sobre la mesa, su cabello completamente desordenado. En una mano tenia un vaso de cristal hasta la mitad con un liquido color rojizo y al lado de sus pies una botella de vidrio oscuro y otro vaso que emparejaba el juego. Había halado las cortinas y entreabierto las ventanas, por lo que la habitación tenía un aspecto pálido, estéril y una temperatura inferior a las del palacio.
Miro a Elsa directamente a los ojos, reconociendo su presencia. Tomo un sorbo del vaso y lo levanto en un gesto de salud.
-A tu salud mi reina. -Dijo, tan serio como la situación lo permitía. Una sombra de sonrisa paso por su rostro pero se desvaneció por completo al ver la mirada de expectativa de Elsa. Miro de reojo la solitaria habitación y, entendiendo que buscaba lo mismo que el, se levanto de la silla. -No te preocupes. Ya te dejo sola.
Antes de que llegase a la puerta Elsa lo intercepto. Le palpo el pecho un par de veces y señalo con delicadeza hacia la silla donde estaba sentado. Kristoff se encogió de hombros y retomo su lugar, esta vez sin subir los pies, y Elsa se sentó en la silla a su derecha. Kristoff tomo el segundo vaso, lo lleno hasta la mitad y se lo paso a Elsa sin decir palabra. La reina lo acerco a su nariz, reconoció el dulce y delicioso aroma del vino, y sonrió amargamente. Concentro su poder en los dedos lo suficiente para enfriar el contenido antes de tomar un primer, casi imperceptible sorbo.
Kristoff asintió con la cabeza y levanto su vaso nuevamente. Elsa reciproco el gesto y los dos tomaron en silencio por un par de minutos, escuchando la brisa nocturna silbar por entre las ventanas, las impresionantes montañas de nieve una enorme y tenebrosa sombra en lo lejos del horizonte. Después de un tiempo Kristoff se encontraba llenando su vaso por tercera vez cuando Elsa estaba completando su primero. Antes de que pudiese ver el fondo Kristoff se inclino y acerco la botella, vertiendo el vino con notable experticia.
-Le pregunte a Anna si estaba bien que tomara alguna botella de vez en cuando. -Dijo semi sonriente.
Elsa le quito importancia con un movimiento de la mano -Normalmente las usamos para hacer felices a embajadores y monarcas. Además eres familia, así que todo esto es tuyo. Disfruta.
Kristoff asintió, sintiendo un leve abrume por las palabras de Elsa. Nunca se acostumbraría a sentirse dueño de tanto, pero estaba feliz de la forma en la que Elsa lo veía. Familia.
-Eres buena bebiéndolo. Anna no tolera siquiera el olor.
-Tengo que. No son pocos los imbéciles reyes y príncipes que dicen no confiar en alguien que no bebe a la hora de firmar tratados y acuerdos. Por lo menos puedo elegir que tomar. -Tomo un nuevo sorbo de vino el cual cayo perfectamente en su estomago. -No te imaginas las aberraciones que algunos traen de sus tierras marcado como "Alcohol", orgullosos de sus brebajes y honrados de que los acepte como obsequios reales.
Elsa hiso una mueca exagerada de asco que causo un ataque de risa en Kristoff.
-Esas son las botellas de dudosas formas que hay en la bodega?
-Esas mismas. Algunas ni los soldados las quieren.
-Ni los soldados las quieren! -Repitió Kristoff sorprendido, bebiendo de su vaso como si de agua se tratase. -Tierras exóticas, no?
Elsa se encogió de hombros, riendo de forma contenta. Nuevamente mantuvieron silencio bajo la luz de la luna, su piel pálida brillando con la misma delicadeza que el cabello rubio de Kristoff. Se llevo una mano al cuello y se doblo perezosamente, su frente fruncida y los ojos cerrados.
-Así que -Empezó Kristoff -Hay algo de lo que quieras hablar?
-Por qué piensas eso? -Pregunto Elsa con una invitadora sonrisa.
Kristoff alzo el vaso -Todos los que vienen a este cuarto lo hacen para estar solos y pensar, y a diferencia mía tu viniste sin una botella. No sabías que estaba aquí, así que si me pediste que me quedara era porque querías hablar.
Elsa se rio, recostándose en su silla. Doblo la cabeza para un lado y levanto un dedo. -Eso significa que tu también tienes cosas en tu mente que no te dejan dormir.
-Eso no lo niego.
Elsa entrecerró los ojos de manera juzgadora. -Tiene que ver con mi hermana?
-Kristoff lanzo las cejas hacia arriba y se llevo el vaso a la boca. Sin embargo empezó a reírse descontroladamente luego de haber recordado los eventos de hacia unas horas, casi ahogándose en el vino. Elsa abrió la boca con sorpresa y le dio un manotazo en el brazo, el cual no pareció sentir en lo mas mínimo.
-Kristoff, eres irremediable!
-Que hice ahora? -Pregunto con fingido dolor, aunque apenas podía mantener la cara seria por la risa que estaba conteniendo. -Tú fuiste la que preguntaste Elsa. Además, como sabes que lo que tengo en la mente es negro e inapropiado?
-Elsa cruzo los brazos y arqueo una ceja. -Es negro e inapropiado lo que está en tu cabeza Kristoff?
La mirada de Kristoff tomo un aspecto completamente serio por un segundo, antes de desboronarse por completo en una carcajada. Elsa gruño con exasperación mientras tomaba un sorbo de vino. Al final la risa de Kristoff se le termino contagiando.
-Hey! Sabes qué? -Empezó Elsa, lanzado las manos al aire. -Mientras estén felices, por mi es más que suficiente. Vuélvanse locos niños.
Ambos chocaron las manos en el aire, riendo y asintiendo. Elsa le mostro todos los dientes en una sonrisa, agradecida de tener alguien como Kristoff con el que podía hablar sin sentirse juzgada en lo mas mínimo. Se sentía segura en una forma que solo un hermano mayor podría hacerla sentir, algo que ningún guardia, muralla o poderes de hielo podía emular.
Kristoff miro a Elsa desde lo alto, su ser tan fino y delicado como el vaso que tenía en sus manos. Se dio cuenta por su mirada que lo que sea que la tenia sin dormir volvía a acosar sus pensamientos. Su boca se torno en una fina línea y dejo el vaso en la mesa, acercando su silla a la de ella. Elsa abrió la boca un par de veces pero termino retrocediendo, incapaz de articular palabra. Finalmente tomo un nuevo sorbo de vino y exhalo pesadamente, un dedo recorriendo el contorno del vaso vagamente.
-Mis consejeros reales están buscando pretendientes -exclamo finalmente con una agria sonrisa. -Una reina sin poder dormir porque sus consejeros le están buscando un novio No es eso lo mas patético que has escuchado en tu vida?
-Por qué? Pregunto Kristoff con una mirada de desagrado.
-Política -Elsa se encogió de hombros resignada. -Yo con él es bueno para Arendelle, y el conmigo es bueno para su reino. Así es como funciona.
-Suena como una pendejada.
-Es lo que es. Es una de mis muchas responsabilidades. -La voz de Elsa sonó melancólica, como alguien que ya se ha resignado ante algo inevitable. Su mirada se perdió en la ventana, contemplando las montañas de su reino, su rostro tomando una tonalidad rosada a causa del vino. Finalmente se giro para mirar a Kristoff. -No lo sé, es como esperar un mal que nunca llega pero que te está mirando en el horizonte sabes? Es estúpido y una pérdida de energía, pero no puedes evitar tenerlo en una esquina de tu cerebro.
Kristoff asintió en silencio. Ambos se miraron y sin ningún motivo alguno se sonrieron. Kristoff se reclino en su silla y silbo distraídamente.
-Te gustaría casarte por amor? -Kristoff se arrepintió de haber hecho esa pregunta. Sabía que solo una de las dos tenía esa oportunidad y le había tocado a Anna. Elsa, sin embargo, miro hacia arriba y se rio de lo que estaba pensando antes de decirlo.
-Amar nunca ha sido mi fuerte Kristoff, de seguro Anna te lo ha contado. -Tomo un mechón de cabello y jugó con el por unos segundos. -Te confieso que si me gustaría? Que quien sea que me toque me deje quererlo.
Las palabras de Elsa dejaron sorprendido a Kristoff, quien no pudo evitar sonreír de oreja a oreja. Elsa oculto su rostro entre sus manos, riéndose avergonzadamente.
-No, no. No te me detengas ahora. A que te refieres con eso?
-Me refiero a que quiero aprender a ser afectiva con los demás. Anna es mi tesoro y la adoro, me encanta abrazarla y estar cerca de ella, y quiero poder hacer eso con quien me toque pasar el resto de mis días. Sé que quien elijan sabrá que tipo de persona soy y de lo que soy capaz, por lo que no querrá saber nada de mi fuera del nivel político, pero me voy a esforzar porque al menos se sienta bien al lado mío, aun cuando este de forma obligada. Quiero poder agarrar su mano, bailar con él, preguntarle como estuvo su día. Sabes por qué? Porque si tenemos que compartir nuestras vidas de forma obligada quiero que sea al menos tolerable para ambos.
Kristoff no le dio tiempo a Elsa de reaccionar. Con sorprendente velocidad se levanto del asiento y tomo a Elsa de la cintura, levantándola como si no pesara una onza. Elsa lanzo un grito de terror cuando sintió su cuerpo sobre el aire. Golpeo y pataleo entre chirridos y rizas mientras Kristoff la alzaba sobre ella, sonriendo con una cara de tonto.
-Kristoff, estás loco?! -Grito Elsa, el vino haciéndola sentir como si estuviese flotando en las nubes. -Bájame!
Kristoff hiso lo que le ordenaron, depositando a Elsa con sumo cuidado sobre la mesa. Aun con la altura adicional ella tenía que levantar la mirada para verlo a los ojos. Kristoff agarro sus mejillas y las pellizco juguetonamente. Elsa no tenía la más remota idea de como reaccionar.
-Estas borracho Kristoff.
-Y tu estas tan llena de amor que es imposible no adorarte. -Dijo Kristoff con la cara menos sería posible.
-Que pesado eres, burlándote de mi de esa forma. -Le dijo, golpeándole el pecho con la fuerza de un copo de nieve. -Sabes que soy la reina de este lugar? Deberías respetarme un poquito.
-Se que lo eres, pero ahora mismo eres mi cuñada y estamos hablando de la genial esposa que serás.
-Oh, por favor!
-Tengo cara de estar bromeando? -Pregunto Kristoff, haciendo un esfuerzo sobrehumano por no estallar de risa. Le coloco una de sus masivas manos sobre su cabeza y la froto con la misma delicadeza que alguien frotaría un gato. Elsa sonrió a gusto por el gesto como si fuera una niña consentida. -Lo digo en serio Elsa, lo vas a hacer bien. Mírame a mí. Crecí entre troles y animales y he logrado evitar que Anna me bote hasta ahora. Noventa por ciento es amor y el otro diez es pura suerte Ten un poco de fe en el amor que hay en ese corazón tuyo. Sé que le darás un muy, MUY buen uso. -Tomo ambos vasos y sirvió en ellos el resto de vino. Le paso uno a Elsa y choco los vidrios a modo de brindis. -Además, eres Elsa, la famosa reina que puede congelar pueblos enteros. El hombre que te toca será el mas amoroso del mundo con tal de poder dar un vistazo debajo de tu falda.
Elsa golpeo la cabeza de Kristoff, su cara llena de sorpresa y desaprobación.
-Depravado! -Dijo Elsa, llevándose una mano a la frente, sin poder evitar reírse de la bruta sinceridad de aquella montaña rubia que tenía enfrente. Se termino el contenido de su vaso, su cuerpo temblando sutilmente debido al exceso al que estaba llegando.
Kristoff levanto una ceja y sonrió con malicia. Dejo su vaso sin terminar sobre la mesa y se acerco a Elsa.
-Créeme, si te dijera que fue lo que Anna me pidió hacer, que hiso que viniera a beber a mitad de la noche, es a ella a la que llamarías depravada.
Elsa miro a Kristoff a los ojos y negó con la cabeza por un largo tiempo. Suspiro, se levanto de la mesa sin decir palabra y camino con pasos lentos y analizados hasta la puerta. Kristoff se limito a levantar dos pulgares y asentir como si hubiese hecho la mejor hazaña de su vida, todos sus dientes en la boca.
-No puedo lidiar contigo algunas veces, lo sabías Kristoff? Eres una fuerza indetenible. -Dijo, negando nuevamente con la cabeza.
Kristoff la alcanzo fuera de la puerta y la rodeo con un brazo. Aun cuando gruño y se resistió dos veces, al final termino cediendo, golpeándolo en las costillas con el codo. Mientras caminaban por los desiertos pasillos se reían de varias cosas y de nada a la vez, zigzagueando de un lado al otro, como dos hermanos que se tenían la espalda del otro. Elsa se arrimo del cuerpo de Kristoff, recordando las cosas que solo el se atrevía a decirle, queriendo golpearlo en la nariz y abrazarlo al mismo tiempo. Más tarde se daría cuenta de que iba a dormir plácidamente esa noche, sin ningún pensamiento perturbándole la mente.
Fin.
