CAPITULO 2

Solo tenía un objetivo en su mente: sentirse cercana a él. Fue por eso que había ingresado en Garganta sin pensar donde podía aparecer. Para ella eso era lo de menos. Ahora comprendía su error al estar rodeada de todos esos Menos que aun cuando de primera no la habían visto ahora ya sabían que estaba ahí y estaban a punto de atacarla. Con ayuda del "Shiten Koushun" pudo repeler un Cero logrando herir al que lo había lanzado. Agradecía que hubiese estado atenta en el mismo momento en que llegó a Hueco Mundo, porque si no fuera por eso ahora lo más seguro que estaría muerta.

¿En qué estaría pensando cuando decidió entrar en Garganta sin avisarle a nadie? Lo más seguro sería que en Karakura creyeran que una vez más la habían vuelto a secuestrar… aunque ella seguía diciendo que esa vez con Ulquiorra no fue un secuestro. Ella había ido por voluntad propia. Lo mejor que podría hacer en ese momento sería volver por donde vino… lo haría pero justo en ese momento no podía. Una vez más estaba siendo atacada por Menos.

Corriendo y tratando de defenderse en el proceso buscó un nuevo refugio que la alejara de esos Menos aunque fuera por unos minutos ¡no llevaba ni cinco minutos y ya estaba agotada!, tendría que decirle a Tatsuki que la ayudara a entrenar en cuanto volviera.

.

.

–No puede ser… –Un simple susurro que sin querer salió de sus labios en cuanto se quedo completamente quieta. ¿De verdad estaba sintiendo el reiatsu de Orihime Inoue en Hueco Mundo? ¿Qué estaba haciendo ahí? Y lo más importante… ¿¡Por qué estaba en el bosque de los Menos!? ¿Acaso quería morir? ¡No! Eso no podía ser.

Sin importarle nada más, dejo todo tirado y corrió por los pasillos de Las Noches, sin importarse si alguien la veía correr como una loca, lo más importante en esos momento era encontrar a Orihime Inoue y sacarla de ese bosque lo más pronto posible. A ella no podía pasarle nada.

Aunque en una de esas si la dejaba sola podría hacer que volviera a cumplir con sus responsabilidades al verdadero rey de todo Hueco Mundo, porque obviamente que este aparecería en cuanto viera que ella estaba en peligro. ¿Pero de verdad que eso pasaría? No podía arriesgarse en algo así. Una vez más volvió a correr hacia el bosque.

Prefería seguir gobernando antes de ver a la reina muerta. ¿Qué sería de ellos si ella llegaba a morir? El verdadero rey enfurecería y ni Hueco Mundo, Sociedad de Almas o los humanos podrían hacer algo.

.

.

Estaba temblando por mientras que estaba escondida detrás de un árbol, prácticamente rezando para sí que los Menos se cansaran de buscarla.

Sabía que las probabilidades de que eso pasara eran nulas. Los Menos parecía que habían encontrado una diversión y esa era: cazarla a ella. Cuando veía que sus escondites estaban por ser descubiertos volvía a correr tratando de perderlos de vista.

Después de unos minutos se dio cuenta que cada vez que corría en vez de salir de ese lugar parecía que se internaba cada vez más en él. Habían muchos más Menos que al principio.

Dio la vuelta para tratar de volver por donde había venido solo para encontrar a otro Menos preparándose para lanzarle un Cero.

– ¿Es que no saben que más hacer que atacarme? –les grito por mientras que repelía el ataque. Ya estaba bastante cansada con esa situación.

No entendía por qué pudo abrir Garganta, pero si hubiese sido un poco más inteligente nunca abría entrado… ahora se encontraba en ese bosque con muy pocas probabilidades de salir viva y eso la hacía que estuviera aterrada.

Con los ojos buscó un nuevo lugar para esconderse y encontró una cueva. ¡Ahí sí que sería imposible que la encontraran! Como pudo se dirigió hacia la cueva tratando de no llamar la atención de los Menos, consiguiéndolo.

Aun cuando estaba a oscura pudo respirar aliviada. Solo esperaría un rato a que los Menos se alejaran y luego saldría para volver a Karakura. Para volver a la vida que nunca tendría que haber dejado. Llamar a sus amigas y decirles que se encontraba bien y que iba a volver a buscarlas. Divertirse con ellas y dejar de pensar en él. Y por las noches recordar cómo eran las cosas cuando estaban juntos en Las Noches. ¿Qué importara que eso sonara masoquista? Así era como iba a vivir por el resto de su vida, no creía que fuera capaz de volver a enamorarse. Así que solo le quedaba el recuerdo.

Tan ensimismada pensando en ese futuro para nada prometedor que no se dio cuenta que una vez más la habían encontrado hasta que fue muy tarde. Estaba a punto de disparar el Cero. ¡Le iba a dar de lleno! Si eso la tocaba… no viviría.

Sus ojos se llenaron de lágrimas y junto sus manos a la altura del pecho por mientras que susurraba sus últimas palabras.

–Ulquiorra-san –el sentimiento que puso en su nombre al saber que nunca más podría pronunciarlo, el anhelo con que lo dijo daban muestras de eso. Una pequeña lágrima rodo por su rostro antes de que fuera atacada.

La cueva explotó.

Orihime abrió sus ojos para ver que estaba protegida por su escudo. ¿En qué momento lo había activado? Al mirar más allá vio que un hombre estaba dándole la espalda con una mano estirada como si hubiese detenido algo un momento atrás.

El hombre se dio la vuelta y ella pudo ver quién era. Esta vez sus lágrimas no dejaban de caer.

Tenía que estar soñando, lo que veía no podía ser… él estaba muerto. ¡Ella misma lo había visto desaparecer!

En ese momento tenía unas pequeñas diferencias de cómo era antes, el hueco en su pecho no estaba, y su cabeza estaba despejada dejando que el pelo le cayera por ambos lados libre. Lo único que mantenía eran las "lágrimas" verdes que tenía en su rostro.

Al mirarla una vez más levanto su mano, pero esta vez para apuntarla a ella. Vio como se formaba un Cero en ella.

– ¿Ulquiorra-san? –No podía creer que a quien estuviera apuntando con un Cero fuera a ella, pero así era. Una vez más cerró los ojos esperando la muerte pero como la vez anterior están no llegó.

Al abrirlos una vez más se dio cuenta que había alguien más ahí. Aun de espaldas también la reconoció: Harribel.

–Llegué a tiempo –la escuchó decir en voz baja.

– ¿Harribel-san? –le preguntó sin saber que estaba pasando ahí. Esta sin escucharla o simplemente ignorándola dirigió su atención al hombre.

– ¿Por qué la estabas atacando? –le demandó una respuesta sin dejar de mirarlo, atenta por si tendría que volver a defenderse.

Ulquiorra las miro a ambas antes de hablar.

– ¿Quién sois?