Aquí está el segundo capítulo, gracias a los que leyeron el primero.

Los personajes de esta historia pertenecen a J.K. Rowling.

Harry nunca se había sentido más avergonzado en su vida. Llevaba bastante tiempo sin ver a Ginny, y cuando por fin se encontraba con ella, él estaba en un estado de ebriedad bastante lamentable.

Cuando Hermione miró a Ron y Harry se apresuró a reprenderlos.

-¿¡SE PUEDE SABER POR QUÉ LLEGARON EN ESTE ESTADO!? – gritó Hermione en un tono que a Harry le recordó bastante al a señora Weasley.

- Mi amor... – se apresuró a decir Ron con bastante melosidad – estábamos festejando nuestro compromiso.

A Harry no le preocupaba mucho esta pequeña discusión entre Ron y Hermione. Habían tenido peleas mucho más grandes en el pasado y siempre se habían reconciliado pues su amor era más grande que cualquier tontería que fuera causa de alguna de sus discusiones.

En ese momento estaba más preocupado en lo tonto que debía verse frente a Ginny, quien lo miraba risueña.

La pelirroja se levantó de su asiento y le dijo al joven de cabello negro:

- ¡Harry! ¡Cuánto tiempo sin verte!-.

Y a continuación rodeó a Harry con sus brazos. Este le correspondió el abrazo, rezando que la muchacha no percibiera su olor a alcohol.

- ¿Quieres ir a la cocina? – Lo invitó la joven – Creo que estos dos necesitan un tiempo a solas.

Harry siguió a la pelirroja hasta la cocina.

- ¿Qué tal te ha ido Harry? – preguntó.

- Bastante bien – respondió Harry, a quien le costaba bastante hacer una oración debido a todo el alcohol que se encontraba en su sangre en esos momentos.

- Veo que vienes bastante tomado. – Comentó Ginny, lo que hizo que Harry se ruborizara – No te preocupes, conozco un remedio mágico que ayuda a que se te pase el efecto del alcohol más pronto. Me parece que Hermione tiene todos los ingredientes necesarios aquí. En un momento te lo preparó.

- Gracias – Fue todo lo que se le ocurrió decir a Harry.

Ginny se movía con bastante rapidez mientras preparaba la poción, lo cual lo mareaba un poco, por lo que apoyó la cabeza en la barra que había en la cocina, la cual estaba cerca del pequeño comedor del departamento.

Poco rato después la pelirroja había terminado su trabajo.

- Tómatelo, te sentirás mejor – le ofreció la chica un vaso que contenía una sustancia cristalina que parecía agua.

Cuando lo probo le dieron nauseas, pero resistió las ganas de vomitar por miedo de hacer el ridículo frente a Ginny. El líquido pasó por su garganta dejando un sabor como a leche con miel y Harry se alegró al notar que poco a poco recuperaba la conciencia.

- Si que me sirvió – le dijo Harry a la pelirroja agradecido - ¿De dónde sacaste el conocimiento para combatir la cruda?

- Como deportista voy a muchas fiestas, – respondió ella – y no puedes llegar a los entrenamientos con resaca, te expulsarían, así que mis compañeras de equipo y yo hemos encontrado algunos truquitos para no llegar en este estado. Es bastante útil si eres una parrandera desenfrenada como yo.

Harry rió.

- ¿Así que serás la dama de honor de Hermione? – preguntó el joven.

- Si, es por eso que he venido. – Contestó – Ron me escribió diciéndome que se había comprometido con Hermione y me dijo que estaba considerando tenerme a mí como dama de honor ya que soy su única hermana y la mejor amiga de Hermione. Me voy a tomar un descanso hasta que sea la final del campeonato de Quidditch para ayudar Hermione con los preparativos de la boda. Es por eso que vine a su casa. Quería hablar con ella y con mi hermano, pero no pensé que Ron fuera a llegar así.

El joven se sintió apenado. En parte era su culpa, pues él fue el que había invitado a Ron a tomarse unos tragos para celebrar.

- ¿Y en donde te quedarás mientras estas aquí? – dijo Harry para cambiar el tema.

- Por ahora en la Madriguera, mientras encuentro un departamento para rentar-

En ese momento Harry tuvo la loca idea de invitarla a quedarse a dormir en su departamento y cuando estaba a punto de proponérselo Hermione irrumpió en la cocina.

- No es por ser grosera, – se disculpó la castaña – pero ya es tarde y creo que deberían irse.

- Si tienes razón – dijo Ginny – Hasta luego. Nos vemos mañana para hablar de la boda ¿de acuerdo?

Y se despidió de Hermione con un beso en la mejilla.

- Si yo también me voy – Harry también se despidió de Hermione, lamentando que esta los hubiera interrumpido. – Adiós

También se despidió de Ginny con un abrazo.

Y ambos desaparecieron para ir a sus respectivos hogares.


Harry se despertó al día siguiente con un dolor de cabeza a pesar de que la noche anterior se había tomado la no tan milagrosa poción que le había preparado Ginny.

Tenía que ir a la Madriguera temprano para hablar con Ron sobre sus labores como el padrino de la boda. Solo esperaba que Hermione no siguiera enojada con ellos por haber llegado borrachos la noche anterior.

Cuando llegó a la Madriguera se encontró con Ginny y Hermione, quienes hablaban sobre en donde sería la ceremonia, y se alegró al ver que su amiga estaba de bastante buen humor y al parecer ya se había olvidado de lo sucedido.

- La fiesta será en un salón de fiestas muggle. – decía Hermione – Ya le he avisado a los familiares de Ron que no pueden usar magia ni hacer mención de ella pues ninguno de mis parientes sabe de su existencia; además de mis padres, claro. ¡Ah! ¡Hola Harry!

Lo saludó Hermione al notar su presencia.

- ¡Hola Harry! – Lo saludó también Ginny quien para Harry se miraba bastante guapa, pues llevaba una minifalda negra con una blusa de cuadros fucsia que hacía juego y unos tacones negros.

Harry no pudo evitar notar las largas piernas de la pelirroja, las cuales estaban cubiertas de pecas.

- Ron está arriba esperándote, quiere hablar contigo – le informó Hermione sacando a Harry de sus pensamientos.

El joven subió las escaleras y entró en la que antes era la habitación de Ron. Allí encontró a su amigo quien estaba platicando con su hermano mayor George.

- ¡Hola Harry! Pasa a sentarte. – Le dijo amablemente George. – Justamente estábamos hablando de ti.

- ¿Ha sí? ¿Sobre qué? – preguntó Harry curioso.

- Sobre tus tareas como padrino, por supuesto – dijo Ron. – No te preocupes, compartirás el trabajo con George, así que no será tan difícil. El es mi segundo padrino.

- ¿Y exactamente que hace un padrino? – Preguntó el joven de lentes – Además de pagar, claro.

- ¡No seas tonto Harry! – Exclamó George - ¡Deja que Hermione y Ginny se encarguen de todo! Ya sabes cómo son las mujeres, les encanta controlar todos los detalles. Tú y yo nos encargaremos de algo más importante: la despedida de soltero de Ron.

- Y por lo del dinero ni te apures – le explicó su mejor amigo – Hermione y yo vamos a pagar todo.

- Bueno nosotros también pondremos algo de nuestras billeteras, ¿verdad George? – insinuó Harry.

- ¡Claro! Nosotros pagaremos la despedida de soltero. – Respondió George – Además ¿no se supone que los padres de la novia pagan la boda?

- Hermione no quiere pedirle dinero a sus padres – aclaró Ron – prefiere que nosotros paguemos todo. Pero ya verás que al final terminará pidiéndoles dinero, pero por ahora hay que dejar que piense que nosotros nos haremos cargo de todos los gastos.

- Buenos, en fin, a lo que venimos – dijo George cambiando de tema - ¿Qué se te ocurre para la despedida de soltero de Ron?

- No sé... – Vaciló Hary – ¿Por qué no mejor tú me dices que ideas tienes y yo te digo si me parece o no?

- ¡Harry no puedes dejar todo en manos de George! – Exclamó Ron - ¡Nunca se sabe que se le vaya a ocurrir a su mente retorcida!

- No te preocupes hermanito, te prometo que saldrás vivo de la fiesta – sentenció George.

Después de una larga plática y de varias bromas de George sobre si deberían contratar desnudistas o no (lo cual hizo ruborizar a Ron, aunque tampoco descartó la idea) Harry bajó a la sala donde estaba Ginny.

- ¿Cómo te ha ido con Ron? – preguntó ella en cuanto vio a Harry.

- Bien, supongo ¿y a ti como te ha ido con Hermione?

- Esta medio loquita – respondió Ginny divertida – sólo espero que no sea una de esas novias neuróticas, porque apenas vamos empezando con los preparativos de la boda.

Harry alcanzó a percibir un aroma a flores que era bastante seductor. Al parecer este olor provenía de Ginny.

- ¿Aún no has encontrado un lugar para ti sola? – preguntó Harry, quien quería sacar el tema para poder invitarla a quedarse en su departamento.

- Pues he estado buscando departamentos en zonas exclusivas para magos y hasta en edificios muggles pero aún no he encontrado nada – respondió Ginny.

- Tengo una loca idea – dijo Harry como si se le acabara de ocurrir aquello - ¿Por qué no te quedas conmigo en mi apartamento? Tengo una habitación extra libre.

- No lo sé Harry...- contestó Ginny indecisa – no quiero molestar a mis padres, pero tampoco me gustaría molestarte a ti.

- ¡Claro que no serás una molestia! – dijo Harry animándola.

- Supongo que está bien – dijo Ginny – claro que tendrás que dejarme pagar la mitad del alquiler y de todos los demás gastos.

- Trato hecho – sentenció Harry, mientras pensaba en una forma de decirle a Ron que iba a vivir con su hermana.


- ¡Estás loco! – exclamó Ron cuando Harry le dio la noticia de que viviría con su hermana menor.

Los dos estaban en una tienda de esmóquines muggle, ambos estaban probándose trajes para la boda.

- ¿Por qué te parece mala idea? – Se defendió Harry – Tu hermana necesita un lugar donde quedarse y a mí no me vendría mal compartir los gastos de la casa con alguien.

- Mira Harry, - comenzó a decir Ron – la quiero mucho, pero he vivido poco más de 16 años con ella y es un poco difícil tratarla, es muy testaruda. Además no me encanta la idea de que mi mejor amigo y mi hermanita vivan solos en el mismo lugar.

- ¿De verdad crees que me aprovecharía de tu hermana? Ella también es como una hermana para mí – le dijo a su mejor amigo - ¿Qué acaso no confías en mí?

- Claro que si confío en ti Harry – le explicó el pelirrojo – es solo que he escuchado a varios hombres expresarse de mi hermana de una forma que no me gusta. Estoy consciente de que mi hermana es considerada guapa por varios hombres, no me gustaría que tu cayeras en sus "encantos". Además ella estaba enamorada de ti cuando íbamos en Hogwarts, ¿recuerdas?

- ¿Y por qué habría de molestarte que tu hermana y yo saliéramos? – preguntó Harry sin pensar.

- No me molestaría, simplemente sería raro para mí – dijo Ron.

Se habían probado varios trajes, aunque para Harry todos se miraban igual, y a Ron no le sentaba bien eso de vestir trajes muggles porque estaba acostumbrado a llevar túnicas de gala para magos.

Ron salió del vestidor con un esmoquin azul celeste y un sombrero a juego.

Harry se echó a reír a carcajadas.

- ¡Te miras ridículo! – se burló Harry.

- Muchas gracias – respondió Ron sarcástico ante la burla. – Mejor regresamos otro día con Hermione, ella sabe sobre estos trajes muggles mejor que tú y yo. Además creo que le gustaría elegirlo ella para que haga juego con su vestido de novia.

- Por cierto, ¿Cuándo piensa comprarlo? –preguntó Harry mientras Ron se metía al probador para ponerse su ropa normal.

- Creo que irá mañana con algo así como un "modisto" muggle con Ginny y una prima suya que también será dama de honor, – respondió Ron – también irán a elegir los vestidos para las damas de honor.

Ron salió del probador con su ropa y los dos amigos salieron de la tienda y buscaron en la calle un lugar donde fuera seguro desaparecerse sin que los vieran algunos muggles.

- Entonces ¿puede Ginny venir a vivir a mi departamento? – preguntó Harry antes de que se desaparecieran en un callejón.

- No creo que necesites mi aprobación – contestó Ron – Si ella ya te dijo que sí no puedo hacer nada más. Solo te advierto que a veces es un poco mandona.

- No te preocupes Ron, creo que puedo manejarlo.-

Y los dos amigos desaparecieron para poder llegar a sus departamentos.


Esa noche Ginny llegó al departamento de Harry para dejar todas sus cosas e instalarse. No eran demasiadas cosas, en su mayoría era ropa y uno que otro artículo domestico mágico y libros. Harry le enseño la habitación en la que dormiría, que era contigua a en la que dormía él.

- Muchísimas gracias Harry – dijo Ginny otra vez después de habérselo repetido varias veces desde que había llegado.

- No hay porque Ginny. – dijo Harry – Si necesitas algo estaré en mi habitación. Ya es hora de dormir así que buenas noches. Te dejo para que te instales en tu habitación.

- Si, buenas noches Harry. Creo que primero tomaré un baño. –

- Muy bien, el baño esta en el pasillo.-

Harry se dirigió a su habitación para ponerse su pijama y entró en las cobijas. Al poco rato le dieron ganas de orinar y salió del cuarto para dirigirse al baño y se encontró con una Ginny mojada envuelta en una toalla blanca que dejaba poco a la imaginación.

- ¡Perdón! – se apresuró a disculparse Harry quien sentía como se le encendían las mejillas.

- No, es culpa mía – le dijo Ginny quien se había puesto roja – olvidé mi bata.

Y dicho esto corrió a su habitación dejando en el pasillo a un Harry muy confundido.

Esa noche Harry no pudo dormir bien. En su mente se llevaba a cabo una batalla personal.

Es la hermana de Ron.

Se decía constantemente.

No puede haber algo entre ustedes porque es la hermanita de Ron.

Pero a cada rato se le venía la imagen de Ginny a la cabeza y recordaba cómo se miraban las curvas de la pelirroja en aquella diminuta toalla.

Eres un pervertido.

Fue lo último que pensó antes de quedarse dormido.

Para su no tan mala suerte tuvo un sueño que involucraba a Ginny en una situación que era digna para que todos los hermanos Weasley le lanzaran una maldición Cruciatus.

En la mañana despertó con una sensación de culpabilidad y un bulto en la entrepierna.

Harry pensó que iba a ser muy difícil vivir con Ginny, aunque no por las razones que Ron le había advertido.

¿Qué tal? Espero que este capítulo haya sido mejor que el anterior y que por favor me digan que piensan de mi historia en sus reviews.