capitulo 2 arriba como dije antes ni la historia ni los personajes son mios lastima pero bueno sigamos con el capitulo

...

CUANDO dejaron a los ruidosos fotógrafos atrás, sakura subió al yate, con el sol del atardecer dándole reflejos dorados a la pulida superficie de cubierta. shaoran le presentó a la tripulación y el servicio, unas doce personas en emociones, los nervios, lo extraño del sitio que la rodeaba la habían dejado exhausta. ¿O era el hecho de que, hasta que tocaran tierra de nuevo, estaba literalmente atrapada en aquel falso matrimonio? Quizá nunca podría , sakura buscó aire. ¿Qué había hecho? ¿Qué había hecho? Shaoran la tomó del brazo y la llevó a un enorme camarote decorado en tonos verdes. Al otro lado de los cristales, veía el mar de color azul zafiro. El efecto era sedante.

—¿Quieres una copa? —preguntó shaoran, quitándose la chaqueta.

—No, gracias.

—Un poco de coñac te ayudaría.

Nada la ayudaría hasta que saliera de aquel yate. Pero no podía decirle eso y no podía permitir que él sospechara.

shaoran tiró la chaqueta sobre la cama.

—Quizás un baño de espuma te vendría bien. Supongo que no tendrías esos lujos en el convento.

—No. Más bien, duchas frías.

—¿Crees que estarás cómoda aquí?

Ella miró la cama, con un edredón de seda verde y montañas de almohadones. De las ventanas colgaban visillos de seda azul cielo, la misma tela que tapizaba el sofá. Un tremendo contraste con su habitación del convento.

—Sí.

—Me alegro —sonrió shaoran, mientras se desabrochaba los botones de la camisa, revelando un torso ancho cubierto de suave vello oscuro.

sakura apartó la mirada. La visión de aquel torso desnudo la turbaba. Sin embargo, se encontró a sí misma volviendo la cabeza, fascinada y asustada a la vez. shaoran parecía perfectamente cómodo mientras se quitaba la camisa, mostrando unos brazos fuertes y fibrosos.

—¿Dónde está mi ropa?

—En el armario. Puedes ponerte algo más cómodo, si quieres. Tomaremos una merienda ligera en cubierta y cenaremos después, alrededor de las diez.

La típica hora de la cena en japon.

Pero no el típico hombre japones.

En ese momento, su cerebro registró lo que acababa de decir.

«Tu ropa está en el armario».

—¿Vamos a compartir esta habitación?

—Por supuesto —contestó él.

sakura dio un paso atrás, a la defensiva.

—Ese no era el acuerdo.

—Compartir cama no es un acto sexual.

—Pero casi.

—Supongo que habrás compartido cama con un hombre alguna vez.

No mencionó a su marido. No hacía falta. sakura sabía perfectamente lo que estaba pensando.

—A pesar de eso, me gustaría tener mi propia habitación.

shaoran dio un paso hacia ella y, sin pedir permiso, la estrechó contra sí, buscando su boca.

Un calor desconocido recorrió sus venas, instalándose entre sus piernas. Cuando él abrió sus labios con la lengua, no pudo resistir. Todo lo contrario; abrió la boca, se arqueó hacia él buscando el calor que le faltaba desde la muerte de su madre, desde mucho antes...

shaoran deslizó una mano hasta su trasero y la apretó contra su cuerpo. sakura sintió el roce de su erección y sus pezones se endurecieron. Estaba demasiado cerca, pero no lo suficiente. Demasiadas sensaciones y se quedaban cortas. Todo era un caos en su no era el trato. ¿Qué estaba haciendo?

Pero no se apartó, no podía hacerlo, sorprendida por sus encontradas emociones. Él pasó la lengua por sus labios y su gemido de protesta debió sonar más como uno de deseo y shaoran emitió un sonido ronco, feroz, hambriento. La estaba probando, explorando, incendiándola. Aquello no era un matrimonio de conveniencia.

sakura sentía fuego líquido entre las piernas. Era un fuego que no quería, que no podía controlar. Entonces, shaoran se apartó y la miró a los ojos.

—¿Camas separadas? No lo creo —dijo con voz ronca.

Después de eso, se fue a hablar con el capitán y sakura se metió en la ducha para lavarse la cara con jabón como si quisiera borrar toda traza de shaoran li y de sus besos.

¿Quién se había creído que era, besándola de esa forma, tocándola, tratándola como si fuera una de sus posesiones?

Ese no era el trato que había hecho con ella.

Habían pasado siglos desde la última vez que pudo disfrutar de una larga ducha de agua caliente y se lavó el pelo con un champú que olía a frutas exóticas.

Shaoran li no ahorraba en nada. Ni en yates, ni en esposas, ni en artículos de baño.

De repente, el yate empezó a moverse.

¡Se marchaban de tomoeda, por fin!

Cubierta con una toalla, salió de la ducha y se dirigió a la ventana. Un millón de emociones la agitaban. Llevaba tanto tiempo deseando salir de tomoeda, pero... ¡salir como la esposa de un chino!

Cuando notó que levaban el ancla, su corazón se aceleró. Cualquier cosa podría pasarle a partir de entonces.

Satisfecha, observó desde la ventana el puerto que se alejaba, la pequeña ciudad haciéndose más y más pequeña hasta que millas de agua separaban el yate de la costa rocosa.

Por fin, la cuidad se convirtió en un puntito en medio del mar. Cuando desapareció por fin y solo podía ver el cielo y el mar uniéndose en el horizonte, dejó escapar el aire que guardaba en los pulmones, con los ojos llenos de lágrimas.

Respiró de nuevo para darse ánimos y, de repente, todo le pareció más fácil, como si le hubieran quitado un peso de encima.

Libre. Era libre. Le pareció que había pasado una eternidad desde que salió de allí la primera vez. Había sido una eternidad. No solo la muerte de su madre, sino el sanatorio, el horrible matrimonio con yukito, el niño...

El niño.

Dejándose caer sobre la cama, sakura se cubrió la cara con las manos. El dolor la consumía y dejó escapar un sollozo, torturada por los recuerdos.

«hien, te echo de menos, te echo de menos, te echo de menos...»

Era demasiado horrible, demasiado doloroso.

No podía hacerlo, no podía dejarse llevar por el dolor otra vez. Los médicos la habían enseñado a luchar, a mantener los recuerdos a cierta distancia. sakura apretó las palmas de las manos sobre los ojos hasta que no podía ver nada* oír nada, sentir nada.

Poco a poco, se fue calmando, meciéndose, inconscientemente repitiendo los movimientos que usaba para calmar a hien cuando no podía dormir. Adelante y atrás, adelante y atrás, hasta que el monstruo que había dentro de ella se quedaba dormido.Y poco a poco, el dolor fue borrándose, quedándose en su interior, un poderoso gigante a las profundamente, levantó la cabeza y se vio a sí misma reflejada en un antiguo espejo sobre la có ojos muy abiertos, los labios temblorosos. En su expresión había miedo y odio.¿Cómo no iba a haber odio? Había hecho una cosa terrible, imperdonable. No odiaba a nadie como a sí la vio salir a cubierta, una visión vestida de largo vestido de seda le llegaba hasta los tobillos y se pegaba a su piel. Con el pelo rubio recogido en un moño, tenía un aspecto increíblemente femenino y vulnerable que lo hizo sentir un posesivo ó a sakura kinomoto ocho años antes, en una reunión que tuvo lugar en casa de fujitaka kinomoto en tomoeda. Ella era muy joven entonces y había entrado en la habitación para decirle algo a su reunión se interrumpió y fujitaka reaccionó de forma furibunda, dándole una bofetada a la niña delante de todos, el sonido de aquel golpe haciendo eco en la sala de tenía dieciocho años entonces y era el extranjero, el nuevo, al final de la habitación. Se había quedado estupefacto cuando fujitaka golpeó a la niña; había sido una bofetada salvaje que le dejó una marca en la mejilla. Pero ella no había protestado. Simplemente, miró a su padre con los ojos llenos de lágrimas antes de salir corriendo de la habitación.Y la reunión continuó como si nada hubiera pasado .Pero algo había pasado. A shaoran le había pasado algo. sakura se acercaba a él en ese momento con pasos inseguros, como se había acercado a su padre aquel dí silencio, le ofreció una copa de champán y entonces se percató de que tenía las pestañas húmedas, los ojos verdes enrojecidos. Había estado llorando.

—¿Te arrepientes de haberte casado conmigo?

—No quiero hablar de eso —contestó ella, volviendo la cara.

De nuevo, shaoran sintió el deseo de tomarla en sus brazos, de besar su piel... Un día la conocería mejor que nadie. Un día descubriría todos sus miró su copa de champán como si no la viera. El yate se movía a cierta velocidad y la brisa soltaba algún mechón de pelo, que acariciaba sus mejillas como le habría gustado acariciarla a él.

—¿Dónde quieres ir, sakura?

—Lejos de japon.

—Hecho.

De repente, ella levantó la cara y lo miró con curiosidad.

—Ni siquiera sé dónde vives.

—Vivo en Hong Kong casi todo el tiempo. Pero también tengo casas en Londres, en Provenza y en la costa de Amalfi.

—Un hombre inquieto, ¿no? shaoran sonrió.

—¿Ves? Ya me conoces.

Un joven con chaqueta blanca apareció entonces en cubierta para informar que la merienda estaba preparada y shaoran la tomó de la mano para acompañarla a la mesa.

—Estás muy guapa de rosa.

Ella dejó la copa al lado del centro de flores.

—No tenemos que aparentar que esto es algo más que un negocio.

—Por su propia naturaleza, el matrimonio es un negocio —dijo shaoran, sentándose frente a ella—. Pero eso no significa que deba ser estéril, frío e intolerable. Y tampoco quiere decir que no tengamos que celebrar nuestra unión.

—¿Y qué estamos celebrando? ¿Tus ganancias? ¿Tu alianza con mi padre?

—Todo eso.

—Prefiero no celebrarlo, gracias —dijo sakura entonces.

—¿Qué tal si celebramos tu belleza?

—Tampoco me apetece beber por eso.

—¿No crees que eres preciosa?

—Sé que no lo soy.

—Yo te encuentro bellísima.

—Quizás últimamente has tenido poca compañía femenina. shaoran sonrió.

—He tenido muy buena compañía. Pero tú me fascinas. Eres una belleza atormentada, ¿lo sabes? Ella se puso pálida.

—Esta conversación me hace sentir incómoda.

—Lo siento.

Pero no parecía arrepentido, pensó sakura.

Había decidido mantener las distancias, permanecer ausente, hacer todo lo posible para alejarse de shaoran li, pero se encontraba atraída hacia él de una forma que no podía un extraño. Había sido comprado por su padre y solo quería la fortuna de los kinomoto. Entonces, ¿por qué se aceleraba su corazón cuando estaba cerca? ¿Por qué deseaba a un hombre que nunca podría amarla, al que ella nunca podría amar?

sakura cerró los ojos, diciéndose a sí misma que era una araña y estaba tejiendo su tela. Si se dejaba atrapar, se la comería, como una araña se come a una mosca. Tenía que sobrevivir. sakura cruzó las piernas como si intentara fortificarse, hacerse impenetrable. Lo alejaría de ella, trazaría una línea invisible que no podría shaoran alargó un brazo para arrastrar su silla hacia él. No tenía intención de dejarla escapar.

—No tengas miedo —le dijo, al ver su expresión.

—No lo tengo —murmuró sakura, intentando sonar fría y ausente.

—Tu pulso se ha acelerado.

Era cierto. Su corazón se había acelerado y se sentía mareada. Aquello era un error, un terrible error. Y lo único que podía hacer era jugar con las cartas que tenía en la mano.

—Estoy perfectamente. Quizá necesitas gafas. Shaoran sonrió de nuevo.

—No las necesito —dijo, antes de volver a ponerse serio—. ¿Por qué tienes tan pobre opinión de ti misma?

El repentino cambio de tema la dejó tan sorprendida que tuvo que parpadear, preguntándose si había oído bien.¿Por qué tenía tan pobre opinión de sí misma?, le preguntaba. ¿Qué sabía él? Había hecho algo tan terrible, tan horroroso, que su mente se había bloqueado. Estuvo meses en un sanatorio hasta que pudo recuperarse.

—¿Qué sabes tú de mí?

—Sé que eres una mujer inteligente, bella, sensible y seguramente encantadora —dijo shaoran, rozando su mejilla con un dedo. sakura apartó la cara, pero él la tomó por la barbilla para obligarla a mirarlo—. ¿Por qué no has huido de tu padre hace años?

La dulzura que había en su voz estuvo a punto de conmoverla. Nadie, excepto su madre, le había hablado con tanta dulzura. Y eso la hacía sentir... como un ser humano.

Sus ojos se llenaron de lágrimas y, para disimular, tomó de nuevo la copa de champán.

—No sigas, por favor.

—Quiero entender.

—No hay nada que entender. Soy lo que mi padre dice que soy: desobediente, rebelde, insensata.

—¿Lo eres? —preguntó él.

—Claro que sí. Soy hija de mi padre.

Había querido que aquello sonara como una frivolidad, pero le había salido con una nota de desesperación, en lugar de arrogancia. De repente, sakura se sintió completamente desnuda delante de él y se agarró a la copa de champán como si su vida dependiera de ello. ¿Y si shaoran descubría la verdad?

—Tenemos que llevarnos bien...

—Déjame ir, por favor —lo interrumpió ella .Puedes quedarte con el dinero, con las joyas... Yo no quiero nada.

— No podrías sobrevivir sin dinero, sakura. Nunca has sido pobre, no sabes lo que es.

—Prefiero ser pobre y libre. Por favor, déjame ir.

Los ojos oscuros del hombre se clavaron en ella.

—No puedo. Te necesito demasiado.

sakura apretó el delgado pie de la copa con tal fuerza que se partió por la mitad. Uno de los cristales se clavó en su dedo.

Fue todo como a cámara lenta. sakura miraba la sangre como si no fuera suya. Ni siquiera se había dado cuenta de que la copa se había roto. shaoran lanzó una maldición mientras tomaba una servilleta de lino para tapar la herida.

—Estoy bien —protestó ella.

—No es verdad. Te está saliendo mucha sangre y puede que tengan que darte puntos.

—Ya dejará de sangrar.

—Tienes un trozo de cristal. No te muevas.

Con expresión concentrada, shaoran le quitó el trocito de cristal clavado en el dedo. sakura hizo una mueca de dolor y la expresión del hombre cambió por completo. Sus ojos se volvieron tan oscuros que podía verse en ellos.

—No quiero hacerte daño.

—No has sido tú. He sido yo.

—Aún así.

«Aún así». Como si tuviera el poder de curar todas sus heridas, de devolverle la paz a su corazón. No era solo un marido, sino un curandero. ¿No sería estupendo? Los ojos de sakura se llenaron de lágrimas y tuvo que morderse los labios, abrumada por el deseo de sentirse entera, de sentirse ella misma otra vez.

shaoran tiró el trocito de cristal en el cenicero.

—¿Ves? No era nada —intentó sonreír sakura.

Algo en las manos del hombre la hacía sentir... segura. Qué absurda ilusión. ¿Qué podía ser más injusto?

—Tu padre me dijo que no podía confiar en ti. Pero no sabía que se refería a mis copas.

Bajo el tono irónico notó cierta preocupación, pero inmediatamente se regañó a sí misma. Aquello no era un matrimonio de verdad y ella era una novia muy cara. Tenía que cuidarla para que no se «estropease».

Incapaz de hablar, miró las manos del hombre, grandes, bronceadas, con dedos largos y cuidados. Apretaba la servilleta con tanta consideración, con tanta habilidad, que podría haber sido un carpintero, un cirujano.

Pero, legalmente, era su marido. Su marido. Un escalofrío la recorrió entera, pero no un escalofrío de miedo, sino de anticipación.

Su imaginación empezaba a desbordarse.

Nerviosa, lo miró a los ojos y su corazón se encogió, como si fuera una mosquita muerta, en lugar de una de las mujeres más ricas de japon. Pero el dinero no da confianza, seguridad en uno mismo... ni felicidad. Nadie sabía eso mejor que ella.

—Mi padre... ¿te dijo que no podías confiar en mí?

—Sí.

sakura se puso colorada. ¿Qué más le habría contado su padre? Ella sabía muy bien que la sinceridad de fujitaka kinomoto podía ser brutal. Muchas veces le había hecho daño, como a su madre, con sus salvajes réplicas. Nadie era suficientemente bueno para él. Sobre todo, su familia.

—No pienses más en él —dijo shaoran entonces—. Te estás torturando.

Ella se sentía expuesta, vulnerable. Aquel hombre parecía capaz de leer sus pensamientos.

—Mejor que lo haga yo, no tú —sonrió, intentando parecer arrogante.

Otras veces había luchado contra sus demonios y había ganado. Ganaría de nuevo. Y lo haría sin la ayuda ni la interferencia de shaoran li.

—Deja que vuelva a mirar la herida —insistió él, levantando la servilleta—. No es nada. Creí que era más importante.

—Gracias, «doctor».

—De nada.

Debería haber sonreído, haber dicho algo alegre y frivolo. Pero solo la miró a los ojos muy serio. sakura hubiera podido jurar que veía sus miedos, sus secretos...

¿Qué veía cuando la miraba de esa forma?

—No voy a desmayarme si eso es lo que te preocupa, shaoran.

Había querido que fuera una broma, pero tampoco entonces sonrió. Al contrario, apretó los labios, muy serio.

—Es la primera vez que me llamas por mi nombre.

¿Qué le estaba haciendo? Estaba ablandando su corazón, rompiendo sus defensas. No podía permitirlo, no dejaría que la desmantelase, que la desguazase como hacía con sus barcos. Nadie entraba dentro de ella. Nadie.

Cuanto antes llegaran a tokyo, mejor.

sakura se levantó con las piernas temblorosas.

—No tengo apetito. Si no te importa, me voy a mi habitación.

—Muy bien. ¿Por qué no descansas un poco en «nuestra» habitación? Más tarde te llevarán la cena.

TRAS la solitaria cena, sakura se puso un pijama de satén lila, con pantalones anchos y camisa abotonada. De todos sus pijamas, aquel era el menos favorecedor y el que nunca habría elegido una recién casada.

Recién casada. Hasta la palabra se le quedaba atragantada. Pero ella no era una recién casada, era una impostora y al día siguiente no estaría allí. shaoran anularía el matrimonio y los dos podrían seguir adelante con sus vidas y olvidar aquel vergonzoso episodio.

sakura se metió en la cama e intentó dormir, pero le resultaba imposible. La luz de la luna entraba por los visillos y el movimiento del yate la mantenía despierta y extrañamente turbada. Se sentía viva, sus sentidos alerta. Volviéndose hacia un lado, escuchó el sonido de las olas golpeando el caso y el crujido de las maderas en cubierta.¿Aparecería shaoran en la habitación? ¿Pretendería compartir la cama con ella?

¿Cómo había podido pensar que podría controlar a un hombre como shaoran li ? Debía haber perdido la cabeza. No era exactamente igual que su padre, pero sí muy parecido. Era un hombre que siempre conseguía lo que quería. Y él quería hijos. La idea hizo que se le encogiera el estómago. Pero no debía asustarse, se dijo. Al día siguiente atracarían en tokyo, suficientemente grande y populosa como para poder escapar. Solo tenía que esperar su poco más calmada, se dejó llevar por el sonido de las olas y poco después se había quedado despertó horas después, sintiendo un cuerpo cerca del suyo. Cuando abrió los ojos, descubrió que shaoran estaba tumbado a su lado, su largo y musculoso cuerpo a unos centímetros de ella, casi tocá se quedó paralizada cuando él levantó una mano y enredó los dedos en su pelo. Tan lentamente como le fue posible, se echó hacia atrás, casi hasta el borde de la cama, y vio que él dejaba caer la mano sobre el colchón.

La tranquila respiración del hombre le decía que estaba quedándose dormido, pero cuando casi estaba segura, shaoran le pasó una pierna por encima. Sentía las caderas del hombre apretando las suyas, los muslos pegados a sus piernas, la entrepierna a su trasero...A pesar del clamor de protesta dentro de su corazón, su cuerpo despertó a la vida como electrificado.

sakura abrió los ojos de nuevo. No podía ir a ninguna parte. Estaba al borde de la cama y si se movía un centímetro acabaría en el suelo.

Cuando sus sentidos empezaron a responder ante el calor del hombre, sus miedos aumentaron. Nunca había conocido a nadie que despertara en ella tan contradictorias emociones. Desconfianza, deseo, miedo, sorpresa.

Usando el codo, trató de empujarlo, pero él no se movió. Volvió a empujar... Nada. Y sentía su aliento quemándole el cuello. sakura maldijo en silencio a aquel hombre que la turbaba tanto. La tenía atrapada. Si se movía hacia delante, caería al suelo; si se echaba hacia atrás, acabaría encima de él.

De repente, se dio cuenta de que no todo «él» estaba dormido.

Una parte de shaoran estaba muy despierta y el delgado pijama de algodón no podía disimular su impresionante tamaño. Mortificada, se mordió los labios intentando olvidar aquella presión en su trasero. Pero cuanto más se negaba aquella erección, más rígida se volvía al contacto con su piel, creando deseo y fuego líquido entre sus ía incluso notar la punta y eso hacía que sintiera escalofríos, que sus más íntimos músculos se contrajeran. Nunca lo admitiría, pero lo deseaba, deseaba sentirlo dentro... y aquel deseo carnal era más de lo que podía soportar. Nunca había sido una mujer sexual, pero shaoran li la hacía desear cosas que nunca antes había deseado, que ni siquiera había experimentado.

sakura se movió un poco hacia atrás. No para alejarse, todo lo contrario. Solo rezaba para que shaoran estuviera tan profundamente dormido que no se diera cuenta del efecto que ejercía en ella. Al moverse, rozó su entrepierna contra la punta de su miembro, atormentándose a sí la oscuridad, con los brazos alrededor de sí misma y notando su erección en una parte tan íntima, podía imaginarse haciendo el amor, podía imaginarlo dentro de ella...sakura tuvo que ahogar un gemido.

De repente, shaoran le pasó un brazo por la cintura, apretándola contra él aún más. Ella se encontró encajada entre sus muslos, su miembro casi clavándose a través del pijama.

Su corazón latía acelerado, el aliento se le quedaba en la garganta. Aquello era una tortura. Una tortura exquisita de la peor clase.

—Duérmete —susurró él entonces.

sakura se mordió los labios. Estaba despierto.

—No puedo.

—Sí puedes. Cierra los ojos y deja de pensar.

¡Pensar! No estaba pensando. Estaba sintiendo y su cuerpo le pedía más sensaciones. Deseaba acción y no estaba pasando nada. Absolutamente nada. ¿Cómo iba a dormirse?

Para él era fácil dormir, él no estaba a punto de explotar. Pero por fin, se durmió.

Cuando se despertó, el sol brillaba en el cielo y shaoran había desaparecido.

Después de ducharse, sakura se puso una falda de lino blanca y una camiseta sin mangas e intentó negarse a sí misma que estaba deseando ver a shaoran.

La experiencia de la noche anterior la había dejado alterada. Pero debía reconocer que había algo muy cálido en aquel hombre, algo que la hacía desear que él la amase.

Después de ponerse unas sandalias, salió prácticamente corriendo del camarote. Uno de los ayudantes la recibió en cubierta y la llevó hasta la mesa del desayuno, en la que había fruta fresca, bollos recién hechos, yogur y café.

Pero shaoran no estaba allí.

La desilusión fue tan grande que la sorprendió. No entendía por qué le interesaba un extraño. Se había casado con él para escapar de su padre, no para vivir una historia de amor...

Casi se le cayó la taza de café. Le gustaba mucho shaoran li. Demasiado. ¿No esperaría un final feliz? Aquel no era un matrimonio de verdad. No era una luna de miel de verdad.

Tenía que espabilarse, se dijo. Aquella situación la estaba volviendo loca.

sakura dejó el croissant a medias y se levantó de la silla para mirar el mar. Al lado del yate había una motora.

De última generación, pintada de un blanco brillante, la motora no estaba allí el día anterior. ¿Habría ido alguien a visitar a shaoran?, se preguntó. ¿O pensaría él ir de excursión a alguna parte?

Fuera como fuera, aquella motora podría ser su forma de escapar.

Cuando se apoyó sobre la borda, caliente por el sol, decidió no pensarlo más. Aquella absurda atracción que sentía por shaoran era muy peligrosa y no era momento de pensar más. Tenía que actuar.

Después de bajar la escalerilla, sakura entró en la cabina. Una llave colgaba del contacto. ¡Era su oportunidad!

Entonces, una sombra se asomó desde el yate.

—¿Vas a alguna parte? shaoran.

sakura se apoyó en los mandos para disimular. Tenía que irse, debía irse, debía arrancar la motora y desaparecer.

Pero no podía moverse, paralizada por algo que no era miedo.

—No —contestó.

—¿Te gusta la motora? —preguntó él entonces.

—¿Es tuya?

—Sí. La compré en Florida.

sakura levantó los ojos. Shaoran llevaba un pantalón corto de color caqui que dejaba al descubierto sus poderosas piernas y una camiseta blanca que había visto días mejores.

Parecía un hombre tranquilo, seguro de sí mismo, claramente chino. No había rabia en sus ojos, no había furia en su expresión.

Sin embargo, debía haber intuido que ella quería escaparse.

—¿Vamos a ir de excursión?

—Sí. Ven, sube a ponerte el bañador —dijo él entonces, alargando el brazo para ayudarla—. Hay una playa preciosa que me gusta visitar cada vez que voy a tokyo.

—A mí no me gusta la playa. shaoran la observó, los brazos cruzados sobre el pecho, la camiseta ajustada a sus anchos hombros.

—Pues lo siento, pero vamos a ir. Ve a ponerte el bañador, sakura. Vamos a nadar un rato.

Maldiciéndolo en silencio, ella volvió al camarote y se puso un biquini que no había usado en mucho tiempo. Era un biquini bastante conservador, un poco alto de pierna, pero nada indecente. Y la parte de arriba cubría todo lo que debía cubrir, casi como un sujetador deportivo.

Nada demasiado excitante, pensó, observando su pálida imagen en el espejo. Cuidar de su madre la había hecho adelgazar mucho y era normal que las monjas siempre estuvieran diciéndole que comiera. Estaba delgadísima.

sakura decidió empezar a comer mejor. Nada de cafés solos para desayunar. Comería más frutas y verduras, más legumbres, carne y pescado.

El teléfono la sobresaltó entonces. Era shaoran.

—¿Vas a subir o tengo que ir a buscarte?

—Ya voy.

Lo último que necesitaba era estar a solas con él en el dormitorio.

shaoran soltó la cuerda que ataba la motora al yate y unos minutos después estaban volando sobre el mar. El viento movía el pelo de sakura y ella in-tentaba apartarlo de su cara inútilmente.

—¿Demasiado rápido? —gritó shaoran, sonriendo.

—¡No!

La velocidad le gustaba. Casi tanto como el bri¬llante sol y el azul del mar. Estaba envuelta en sen¬saciones, la velocidad de la motora, el ruido de la máquina, el viento moviendo su pelo... No podía sentirse más viva.

—Supongo que habrás pasado mucho tiempo en el agua con tu padre.

—¿Con mi padre? Nunca. Las gotas de agua mojaban su cara y su pelo y sakura sonrió, encantada.

—No le gusta divertirse, ¿verdad?

—No, pero no quiero hablar de él. Esta motora es fabulosa.

shaoran rio, una risa ronca y muy masculina. Podía imaginarse a sí misma entre sus brazos, apretada contra él como lo había estado la noche anterior.

Rabiosa, se obligó a sí misma a matar aquellos pensamientos. shaoran era un hombre despreciable y manipulador que la había obligado a casarse con él.

La alegría de viajar en la motora se esfumó y sakura fue sentada durante el resto de la excursión.

Pero shaoran le dio un golpecito en el hombro para mostrarle una pequeña isla y tuvo que volver a sonreír. Él hacía que todo fuera tan interesante, tan amistoso, que no podía evitar responder de la mis¬ma forma.

Y eso la ponía furiosa. No solo con él, sino con ella misma. ¿No tenía sentido común? ¿No podía controlarse?

Poco después, llegaban a una playa de arena blanca.

Estaban solos. Completamente solos.

sakura sintió miedo entonces. Miedo porque aquella playa solitaria era como el paraíso para dos amantes. Una comida, un baño y después... hacer el amor sobre la arena.

shaoran se quitó la camiseta y, por el rabillo del ojo, ella admiró los músculos de su estómago pla¬no. Parecía tan duro que hubiera deseado tocarlo. Era un deseo que no podía evitar y que la hacía ex¬perimentar un hormigueo entre las piernas.

Quería algo de shaoran que no había deseado de ningún hombre. Deseaba algo que, hasta entonces, no sabía que existiera.

Él la miró entonces y sakura intuyó que sabía lo que estaba pensando.

Sus pezones se endurecieron y sintió que sus labios se hinchaban deseando sus besos. Todo por una mirada.

Si la tocaba, se derretiría. Tomaría su mano y lo obligaría a acariciarla por todas partes, su estómago, sus pechos, sus caderas, sus muslos... Apretaría la boca contra la de él para saborear sus labios, para bebérselo.

¿Qué le estaba pasando?

sakura se levantó, agitada. No podía ser. Así no, no con él.

Entonces escuchó un chapuzón. Shaoran se había tirado al agua y nadaba hacia una roca donde ató la motora. Después, volvió a buscarla.

—Toma mi mano.

—No, gracias —murmuró ella.

—¿Te pasa algo?

Claro que le pasaba. Estaba perdiendo el control y eso no podía ocurrir. No con él.

Habían pasado cuatro años desde que terminó su matrimonio con yukito y durante todos aquellos años no había estado con otro hombre. Cuatro años y... se estaba volviendo loca.

—Puedo hacerlo sola.

Sin decir una palabra, él tomó las toallas y después de dejarlas sobre la arena, volvió a tirarse al agua. sakura lo observó dar brazadas de atleta mientras se quitaba la ropa.

Nadó un rato en el agua cristalina y cuando se cansó, volvió a la playa y se sentó para observarlo. Estaba nadando de espaldas, despacio, los brazos golpeando el agua de forma rítmica.

Poseidón. El rey del océano.

De repente, sakura vio llegar otra motora que atracó muy cerca de ellos. Era un grupo de gente, dos o tres familias, que colocaron las toallas en la arena mientras los niños jugaban y reían en el agua.

shaoran apareció a su lado entonces, chorreando, el vello castaño de su pecho rizado y brillante. Cuando se dejó caer a su lado, sakura se apartó.

—¿Estás nerviosa?

—No.

—Estamos casados, sakura. Esto tiene que ser una relación de verdad.

—No puede ser una relación de verdad.

La expresión de angustia en el rostro femenino no le pasó desapercibida y, molesto, empezó a jugar con puñado de arena.

—¿Por qué te has casado conmigo? ¿Por qué cambiaste de opinión?

Ella levantó la cabeza, el pelo mojado pegándose a sus hombros.

—¿Qué?

—Cambiaste de opinión sobre casarte conmigo. ¿Por qué? —insistió shaoran, echando arena sobre su muslo.

sakura cerró las piernas, atrapando la mano del hombre sin querer. Cuando las abrió, él soltó una carcajada.

—Qué tonto eres.

—Me gusta.

—Aparta la mano.

shaoran se puso serio entonces.

—Quiero un matrimonio, sakura. Te quiero a ti.

—Dijiste que me darías tiempo.

—Y lo estoy haciendo. ¿Cuánto tiempo necesitas? Te sientes atraída por mí...

—Tienes mucha imaginación —lo interrumpió

Él sonrió, disfrutando del fuego de aquellos ojos verde. Le gustaba verla enfadada, le gustaba ver el reto en su mirada.

—La verdad es que tengo una imaginación desbocada y muchas ideas que me gustaría probar contigo.

—Pues me temo que yo no tengo tanta experiencia como tú. Creo que sería mejor que buscaras una mujer que pueda satisfacer sus necesidades mejor que yo.

—No quiero una amante. Te quiero a ti, sakura.

—No.

—¿Por qué no puedo desearte?

—Porque no me conoces — contestó ella, ente¬rrando las manos en la arena—. Y no puedes desear a alguien a quien acabas de conocer.

—¿Porqué no?

—Porque... no está bien.

— Ah, el sentido de la moral. Te casas con un hombre al que no conoces para escapar de tu padre, pero no puedes caer tan bajo como para desearlo.

—No es eso.

—Es eso exactamente. Te sería mucho más fácil soportar este acuerdo si te vieras obligada a sopor¬tar que te tocase. Entonces podrías culparme solo a mí. Pero la verdad es que deseas que te toque y eso te pone furiosa.

sakura se levantó de un salto y empezó a quitarse la arena de las piernas.

—No te deseo y no quiero saber nada de ti.

—Un poco tarde para eso, ¿no?

Ella volvió la cabeza para mirar hacia el mar. Y, de repente, se quedó inmóvil. Horrorizada, lanzó un grito de angustia.

Había visto a un niño flotando boca abajo en el agua y corrió hacia él, frenética.

«Respira», decía mentalmente, mientras le daba la vuelta. «Respira».

El niño empezó a moverse, mirándola a través de sus gafas de buceo con cara de susto.

No estaba muerto. Estaba buceando.

sakura apretó el cuerpecito del niño contra su pecho.

La gente corrió hacia ella. Mujeres, hombres, todos gritando a la vez.

—Déjeme —le dijo el crío, enfadado—. Déjeme, señora.

Por encima de la conmoción, vio la mirada de shaoran, sus ojos cafes fijos en ella. No había furia en aquellos ojos, ninguna expresión en absoluto. Lentamente, sakura dejó al niño en el agua.

Una mujer, su madre seguramente, lo tomó en brazos y empezó a decirle palabras furiosas. Pero sakura no oía nada, no sentía nada, abrumada por el horrible recuerdo de otra muerte.

shaoran la tomó por los hombros con delicadeza.

—¿Nos vamos?

Ella asintió, percatándose vagamente del cuerpo del hombre pegado al suyo, como un escudo para protegerla de los otros.

Una vez en la motora, se sentó, angustiada, sin poder decir una palabra. shaoran condujo en silencio durante todo el camino.

sakura no podía mirarlo, no podía hablar, hundida en su dolor, desesperada.

Tenía un nudo en el estómago y, sujetándose el pelo, se apoyó sobre la borda para vomitar.

hien. Su hien.

shaoran había visto su rostro cuando le dio la vuelta al niño en el agua. Había visto su expresión aterrorizada, la expresión de alguien que ve un fantasma.

Después de ducharse, se puso unos pantalones negros y una camisa blanca, pensativo.

sakura no había querido hablar sobre lo que había ocurrido en la playa y él no le había pedido una explicación.

Pero los dos sabían que había ido a salvar al niño viendo a alguien que no era, pensando en alguien que no era.

Shaoran había visto suficiente como para estar seriamente preocupado. El fantasma de sakura la perseguiría para siempre si él no la ayudaba. Tenía que hacer algo... ¿pero qué?

Mientras se ponía la chaqueta del esmoquin, se alegraba de que fueran a salir aquella noche. Cenarían en la hermosa cuidad de kyoto y aquella pequeña fiesta sería buena para sakura después de lo que había pasado por la tarde.

Le había dicho que era una cena formal y mientras se ponía la pajarita blanca, se preguntó qué se pondría.

La imaginaba con un vestido de seda o de terciopelo, largo hasta los pies, pero nada sería tan seductor como el biquini que había llevado en la playa.

El biquini, de color rosa, se pegaba a ella como una segunda piel. Y mojado, revelaba la forma de sus pezones, el contorno de su trasero, los huesos de las caderas... Hubiera deseado tomarla allí mismo, en la arena, colocarse encima y enterrarse en ella.

Después de colocarse la pajarita frente al espejo, shaoran apagó la luz del cuarto de baño. Había llegado la hora de ver a su mujer.

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hola de nuevo segundo capitulo de la historia espero les guste y espero sus comentarios