¡Hola! Aquí estoy de nuevo con el segundo capítulo de este fic; muchas gracias a Hiltory-Chan & nura jenova por sus alentadores reviews, espero les guste este nuevo cap & ¡gracias de nuevo!
Los personajes de Bleach pertenecen a Tite Kubo.
Capítulo 2:
Breakfast of feelings
…
Un rayo de sol despertó a la chica de su posible "pesadilla". Aún no terminaba de creer que la noche pasada hubiera leído tales palabras en su laptop.Abrió los ojos con pesadez, como si parecieran doler - no más que su corazón -, se incorporó mirando su solitaria habitación rosa; miró al reloj, notando que eran las 12 del día con algunos minutos, también notó que no se había cambiado, llevaba la misma ropa de ayer al regresar de su última clase y echarse a llorar hasta dormirse. Dio un pequeño suspiro, como dándose cuenta de que, efectivamente, había pasado lo inevitable.
Parecía que aquella soledad que había costado tanto esfuerzo ahuyentar, regresaba poco a poco. Pasó mucho tiempo que no se sentía así… Desde la muerte de Sora, su hermano mayor, hace unos años. Trató de moverse, pero parecía que sus miembros no estaban conectados al cerebro de la chica, hasta que después de unos minutos se levantó lentamente de la cama, quedándose unos momentos de pie. Caminó hacia la ventana. Hacía un buen tiempo, el sol estaba tan radiante como nunca, el cielo estaba totalmente despejado y se podían escuchar a lo lejos los cantos de los pajarillos.
No parecía el fin del mundo después de todo.
La chica trató de no pensar en lo ocurrido la noche anterior y fue directamente a la ducha. Entrando al baño y al encontrarse con el espejo, se miró en el mismo; como quien ve a un extraño. Ahí estaba ella, tan diferente. Notó sus ojos hinchados, su larga melena despeinada, unas obscuras ojeras dibujadas bajo sus grises ojos & su aspecto desalentador. No se reconocía.
Tocó su cara, cuales manos que descubren una nueva textura por primera vez. Pasó su mano por la frente y enseguida pasándola por su anaranjado cabello, tratando de acomodarlo, como si eso fuese a hacer alguna diferencia en su aspecto. Estaba mal. Eso no podía cambiarse ni con todo el maquillaje del mundo. No era algo físico, y menos que se pudiera arreglar siquiera en horas. Definitivamente no.
Abrió la regadera y comenzó a quitarse la ropa. Entró en el chorro de agua caliente al tiempo que empezaba a ordenar sus pensamientos y tomando lo ocurrido con más calma. Asimilando poco a poco que las cosas estaban a punto de cambiar radicalmente.
¿Por qué habría de cortarla tan de repente? Si ella le había dado todo. Mil recuerdos se deslizaron por la mente de Orihime, como si todo el tiempo que pasaron juntos; desde el instituto, se hiciera una película rápida en su cabeza, mientras ella masajeaba su largo cabello con el shampoo. Tendría que hacerse a la idea de que esos recuerdos no volverían, no por lo menos un año y medio, que es lo que tardaría Kurosaki en regresar, si es que lo hacía; pero muy en el fondo dudaba que eso fuera a pasar.
Debí suponerlo. Pensó abrumada. Yo habría hecho cualquier cosa por él, pero ahora me doy cuenta de que él no sentía lo mismo por mí. Ni siquiera pudo haber escrito un final más convincente para lo que teníamos, pudo haber pensado en algo mejor. Tonto. De hecho, pudo haber llamado, no sé… algo menos humillante que un estúpido mail. Jamás lo hubiera visto venir, tal vez estaba tan ciega por él…
Unas lágrimas esbozaron de los ojos de la chica, al tiempo que pensaba todas esas cosas. No habría problema, todas esas lágrimas, palabras, recuerdos e incluso sentimientos tenían que irse junto con la espuma en el agua que corría por el cuerpo de la chica. Así es, todo eso tenía que irse por aquella coladera, ya no iba a dejar que, a pesar de lo lejos que estaba el innombrable, continuara haciéndole daño. Ya no.
Seguramente él se la pasaba feliz de la vida en Londres, saliendo con sus amigos, conociendo nuevos lugares, tal vez… con un nuevo y londinense amor. ¿Y ella? Sufriendo y sintiendo golpes en su frágil corazón.
Ya no.
¿Por qué tenía ella que ser la que siempre llevaba la carga pesada? No era justo.
Al salir de la ducha, enredo su cuerpo en una toalla. Caminó hacia el espejo y con su mano quitó lo empeñado en el mismo, haciendo un círculo; se miró al espejo, ya con un semblante diferente. Ya no era el de chica asustada e indefensa, con un roto corazón. Algo cambió. Era una chica distinta a la que hace unos momentos entró a la ducha. Efectivamente, dejó ir por la coladera todos esos sentimientos y recuerdos que apesadumbraban su corazón, dejó ir todo lo que la hacía débil y decidió con convicción que NADIE, NUNCA, iba a volver a hacerla sufrir. Decidió que era la última vez que alguien se atrevería a lastimarla. Que de ahora en adelante, ella iba a poner una barrera inmensa para que nadie pudiera aproximarse siquiera a su roto corazón; se convertiría en alguien inalcanzable.
Está decidido. Así será.
…
La chica salió de la ducha siendo una nueva Orihime Inoue. Se cambió y así, de la nada, tuvo una "brillante" idea. Se mudaría de aquella cuidad, lo meditó muchas veces, mucho antes de que iniciara algo con Ichigo, pero había algo que no le daba la suficiente convicción. Hoy era el día, ya estaba decidido.
¿Por qué habría de quedarse? Lo único bueno que había en aquel lugar, era su mejor amiga Tatsuki & la tumba de Sora. Sólo eso, lo demás no le traía ningún buen recuerdo al menos, por ejemplo sus padres. Le enfermaba la idea de pensar en ellos, nada más.
Comenzó a hacer maletas con las cosas necesarias, muy pocas. Ya lo había preparado todo en su mente; tenía un plan. Había estado ahorrando dinero desde, hace un año, cuando encontró un trabajo en una cafetería cerca de casa. Realmente no había tenido en qué gastar ese dinero, no tenía que pagar alquiler & vivía ella sola en casa, desde que Sora murió; a veces llegaba a tener visitas, pero eso no hacía que sus salidas monetarias incrementaran. Tenía bastante dinero ahorrado, el suficiente para tomar un vuelo a cualquier otra ciudad, rentar una habitación, tal vez un apartamento y salir a buscar un trabajo. Sí, eso haría.
Al terminar de hacer la maleta, salió de su habitación y se dirigió afuera, como queriéndose despedir de aquella casa. Dio unos pasos fuera y se giró hacia la casa. Tomó una gran bocanada de aire, miró a su alrededor y tras unos instantes de silencio dijo, como despidiéndose de la casa:
- Me voy.
Se dirigió primero a ver a Tatsuki. Al llegar a su casa tocó el timbre y ella salió a recibir a quien fuera que llamaba a su puerta.
La joven de cabello azulado y complexión delgada pero atlética asomó la cabeza por la puerta que medio abrió, viendo que, quien la visitaba era su mejor amiga.
- ¡Hime…! ¿cómo estás? Ven pasa…
- Tatsuki – dijo en tono un poco serio, interrumpiendo y evitando la mirada de su amiga –
- ¿Qué pasa? ¿Te encuentras bien?
- ¡Hmm! Sí… si, no pasa nada. Sólo vengo a despedirme.
- ¿Eh? – la peliazul miró a la pelirroja estupefacta, incrédula- ¿De qué demonios hablas, Hime? –Casi gritó y la miraba con el ceño fruncido-
- Sí, bueno… No te asustes, me voy por un tiempo, quiero alejarme de todos, no sé si me entiendas; necesito… encontrarme a mí misma. – explicó la pelirroja atarantadamente mientras miraba hacia sus zapatos –
- ¿Pero porqué? ¿A dónde vas? ¡Explícame! – exigía su amiga –
De repente Orihime, sin decir más, abrazó a su amiga fuertemente y le dio un beso en la mejilla, al tiempo que se alejaba de ella con paso apresurado.
- Te lo explicaré todo cuando llegue, te llamaré, ¡lo prometo! – la chica se alejó corriendo, diciéndole adiós a su amiga con la mano.
- Hime… - dijo casi susurrando parada en el marco de su puerta, con una mirada triste-
La chica corrió hacia el cementerio, en donde yacía ahora su hermano Sora. Caminó por los verdes pastos del lugar, respirando lentamente al mismo tiempo que se acercaba a la tumba de su querido hermano.
Al llegar, se quedó parada frente a la lápida, dejando una flor frente a la piedra que estaba grabada con el nombre de Sora Inoue. Dio un largo suspiro y esperó unos segundo mirando dicha piedra oval, mientras se llevaba una mano a su corazón. Inhaló…
Sora… No sabes cuánta falta me has hecho. Me encantaría que, por lo menos tu espíritu estuviera aquí y me diera alguna señal de aprobación para hacer esto… Tú sabes mejor que nadie que aquí no hay buenos recuerdos; por lo menos para mí, solo el tuyo. Estaré bien… y– unas lágrimas salieron de sus ojos – volveré, Sora. Te quiero.
La chica secó las lágrimas rápidamente con el puño de su suéter, como si Sora estuviera ahí diciéndole que fuera fuerte y que no llorara, que todo iba a salir bien. Puso sus manos a los costados de su cuerpo, con los puños cerrados y apretando. Pensó que sería mejor salir de ahí lo más pronto posible, ya que, si cambiaba de opinión, todo estaría perdido.
Dio media vuelta, tomo su maleta y salió apresuradamente de ese lugar.
Todo estará bien.
Continuará...
