Te quiero;Solo mio.

(Segunda parte)

Intentar tirarle el vino enésima, cuando se supone que intentaba apaciguarle, no había sido muy inteligente.

— ¿No te parece un gesto infantil? — se acercó repentinamente a su pequeño conejo y le quitó la copa vacía que apretaba en la mano. Colin sintió que sus rodillas se debilitaban —. Pareces tan tonto e insensible como tu hermano, mi niño, y ese comportamiento tiene que ser castigado.

— Y... usted me va a castigar, ¿no es así? — retrocedió sintiendo que su cadera tocaba la esquina del escritorio. Lo desafiaba con la mirada en tanto su cabello resplandecía a la luz de la lámpara del escritorio.

Sus ojos lo recorrían con lentitud, y el pequeño morocho se sentía atemorizado por su amenazante altura, y por los fuertes hombros que iban disminuyendo hasta unirse a unas caderas firmes, envueltas en la costosa tela negra que ceñía ese cuerpo bien trabajado y lleno de fuerza.

Era más alto que la mayoría de los ingleses, tal vez debido al forastero que había seducido a su madre en los montes donde crecían las flores silvestres. Merlín no era tan bajo, pero.… el rubio media cabeza de ventaja.

Realmente no podía imaginarse a Uthere Pendragon; sin su escolta de mandriles, seduciendo a una mujer para luego marcharse como si nada.

Algo le decía que debía empezar a creer en lo inimaginable.

Arthuro Pendragon.

Cada letra; era un peso lleno de misterio.

Era distinto a todo lo que Colin había conocido. Él había sufrido hambre, frío y burlas, así que, ¿cómo podía afectarle que Colin, fuera frío y se burlara de él? Pero nada de esto revelaban los ojos que lo cautivaban con sus destellos platinados, atrapándolo en el siniestro brillo de sus profundidades.

— Las personas como usted — le dijo —, que dirigen lugares como éste, provocan a aquellos que no pueden resistirse al juego.

— ¿De verdad? preguntó aburrido —. Una vez oí a tu hermano refiriéndose a ti como su pedante hermano.

Colin se sonrojó.

— ¡Alguien como usted sabe cómo tender una trampa!

— ¿Así que has decidido pensar que yo tenté a tu hermano, como una serpiente?

— Es uno de los disfraces del diablo, ¿no es así? — replicó con tono desafiante.

— ¿Entonces ya no soy el maldito Ingles que te hostiga en las calles, y me he convertido en el diablo? — hablaba con sarcasmo, pero en esos ojos de un azul intenso, no había señales de que, al decirle eso, lo hubiera hecho perder el control.

— ¿Por qué le pidió a Gwaine que administrara este club? No sería porque es usted magnánimo, ¿verdad? Usted sabía perfectamente que le gustaba jugar a las cartas, apostar a los caballos y hacer otras clases de apuestas. Gwaine no puede vivir sin jugar y usted lo sabía.

— Tal vez yo necesitaba probar algo, mi queridísimo Merlín, por ejemplo, que es el privilegio lo que corrompe, y no la pobreza.

— Si eso es lo que piensa de Gwaine, entonces no tiene sentido que usted quiera... —Colin se interrumpió, pues no podía expresar con palabras lo que su cuerpo sabía con seguridad.

— ¿Estás insinuando que lo que quiero es a ti?

—tenía un aire burlón —. ¿Piensas que sólo he estado esperando por ti durante estos últimos seis años?

— No... — la burla en sus ojos provocó que un estremecimiento sacudiera el cuerpo de Colin.

Los recuerdos volvieron nuevamente a él.


— ¡Morgana!, ¡Estas bien!— Alguien quito a la chica de encima de Merlín y este respiro aliviado. — Deja de molestar a este muchacho. — Merlín subió la mirada del suelo y la fijo nuevamente en el rubio que sujetaba el brazo de la muchacha recién salvada de ser arrollada.

Si las miradas; pudieran abrir las puertas del alma, Merlín estaba seguro de que aquel príncipe se habría robado la suya. No sabía qué hacer o decir. Ese hombre era demasiado apuesto como para atreverse a hablarle... es mas, de solo pensarlo su rostro se ruborizaba como una tonta adolescente.

Arturo carraspeo recordando qué el tiempo seguía con o sin ellos. Soltó bruscamente a Morgana y se arrodilló ante el muchacho — ¿Como te encuentras?, ¿te has lastimado?, ¿cuál es tu nombre? ¿Tienes alguna herida? ¿Vives cerca? — Colin qué solo se hundía mas en aquellos ojos, cayo en shock por tanta preguntadera. ¿Estaba preocupado por él?

Se sonrojo mas de lo que un ser humano normal, podría hacerlo.

Estoy bien. — Se levanto del suelo, cuando el muchacho rubio, le tendió la mano para ayudarle; pero siendo tan tímido, ante contacto ajeno, se negó a aceptar su ayuda. — Siento solo un poco de dolor en el brazo izquierdo, creo que... caí sobre él, pero no es nada.

— Nada, eh — dando un paso hacia él. — Solo déjame ver...

—¿ Que? — empezó a decir Merlín —, ¡Oiga! — El príncipe lo sujetó por la muñeca —. ¡Suélteme!

— ¿Por qué? ¿Qué vas a hacer...?— El rubio intento quitarle su viejo abrigo marrón para examinarle el brazo.

Las niñas se quedaron sorprendidas ante la forma de actuar de su hermano mayor pero, solo observaron atentamente.

Uno de los jóvenes guardaespaldas, se puso a la par de las señoritas, sin entender del todo, lo que pasaba. El otro corrió hasta la orilla de la vereda y, un motociclista llego a su lado; sin pensarlo dos veces, se monto en la moto, emprendiendo su marcha detrás del auto que casi atropella a la chica.

Merlín apenas y pudo sorprenderse por aquella rápida reacción de sus escoltas, dado que luchaba por quitarse al rubio de enzima.

— ¡Suéltame, Idiota! ¿Quién le ha dado permiso de ponerme las manos encima?

— Usted barrio el espacio personal de mi queridísima hermana apenas unos segundos atrás. ¿Por que no puedo adueñarme del suyo?

Un susurro se perdió entre el alborotó. — ¿Queridísima hermana...? — Morgana se permitió una mueca de incredibilidad.

¿Ese era su hermano? No, enserio.

¿Lo era?

Morgause, que estaba a un costado de ella, le miro y pudo ver la misma pregunta naciendo en sus ojos. Ambas se sonrieron empezando a negar ante el cambio drástico, de aquel que creían; Era un robot… y, no un hombre de carne y hueso.

— ¿Qué? ¿Es estupido?

El rubio frunció el ceño y sujeto al pre-adolescente del cuello de su chaqueta marrón. — ¡Cómo te atreves!

— ¡Yo solo intentaba salvarle la vida!

— No o te creo. Estabas mirándonos a la distancia. ¿Que tan real es el dolor de tu brazo? Quizás, estabas aleado con ese conductor...No será que buscas agradarnos, para entrar a nuestra organización. claro esta, que salvando a la insulsa hija de un Líder de la mafia, te pondría en un buen lugar de posibilidades.

— ¡Insulsa! — Se indigno, Morgana.

— ¿Que?!, ¡No!,¡Diablos!; ni siquiera sé quienes son ustedes.

— Ellos son Pendragon, Yo soy un Pendragon. Merlín se sobresalto, ante la intromisión de aquella fuerte y demandante voz. Arturo apretó sus labios en una mueca de molestia y soltó al chico, separándose de él — Uther Pendragon para ser precisos... ¿Quien desea saberlo?

El hombre del bastón se abría paso entre los jóvenes que rodeaba al príncipe y a Colin — ¿Se puede saber que esta sucediendo, aquí?

— ¿Merlin?, — Un hombre de unos cuarentaitantos años, observo extrañado al morocho de ojos azules. — ¿Qué haces aquí?, muchachito.

— yo...— Merlín se sonrojo al instante, el padre Onorio estaba frente a él, venia a tan solo, unos pasos del tal, Uther Pendragon.

El rubio sonrío al mirar a Colin maldiciendo en voz baja mientras buscaba estúpidamente algún lugar donde esconderse o enterrar su cabeza como un avestruz, divertido, alzó una ceja — ¿Te llamas Merlín? — pregunto, sin preguntar realmente.

Mientras.

Morgause tubo un ataque repentino.

No, tranquilos, nada serio, solo se largo a reir, sin soltar su preciado globo y abrazándose a su estomago ante tal nombrecito. — Lo...lo siento...— No podía evitarlo, ese chico se llamaba ¿Merlin? y su hermano casualmente se llamaba; Arturo... Su hermana era Morgana y... — JAJAJA — Bien, que aparezca ese idiota primo suyo, por favor y teníamos todo un teatro en plena calle.

Morgana que miraba como su hermana se desasía a carcajadas; juraba y perjuraba qué en cualquier momento, caería muerta..., de risa.

—"¡Morgause!", tus modales.

— Si — Morgause trago nerviosa ante el reclamo de su padre —, lo siento.

Sus ojos brillaban con mucha diversión.

La damisela salvada por el joven morocho, salto hacia su padre sin poder contener su evidente emoción — ¡Tenías que haber visto a Merlín, Papá!, Si hubieras visto, con qué habilidad actuó, a pesar de que yo estaba estancada al suelo, sin saber para donde ir...

Observo la presión de los dedos de su hija sobre su brazo, dejando qué un calor familiar lo envolviera. Morgana, no era de tomar contacto con la gente, en especial con él — ¿Estancada? — Uther miro a su hijo mayor en busca de respuestas.

Arturo tosió falsamente a un lado, en un intento de aclarar su garganta y decir las palabras correctas. Luego recordó qué le importaba muy poco si lo eran o no.

— Veras, padre… — Sonrío cínicamente — Morgana, estupidamente soltó su globo y corrió por él… — Su hermana le envío una mirada filosa pero no le importo — ...Imprudente como siempre — Sus manos se alzaron — y sin mirar por donde; cruzo la calle y un auto, casi… y aquí esta el tema… casi, la atropella…, de no ser por este muchacho y, claro está — tranquilamente agrego devolviéndole la mirada —, por qué está mujer es demasiado estupida y necia.

— ¡Callate!

Morgause tiro del vestido, pidiéndole en silencio que no discutiera. Morgana solo resoplo, asistiendo.

Mientras observaba a las extrañas chicas, escucho una voz conocida a su espalda — ¡Merlin! — Grito su hermano, desesperado, intentando cruzar la calle para llegar a él, del otro lado de la acera.

Bueno, al menos recordaba qué existía.

El sonido de un golpe seco, regreso a Merlín a la escena anterior. Observo sorprendido y, horrorizado, como su príncipe trastabillada y se sujetaba la mejilla izquierda. El bastón se blandía triunfante en el aire, — Creí haberte advertido qué cuidaras de tus hermanas.

—Ellas no...— Un segundo golpe acabo en el rostro furioso del rubio, el cuero de aquel muchacho, se notaba resistente pero… un color rojizo empezaba a resaltar en su bronceada piel.

Otro golpe en la mejilla derecha, hizo ceñir más de lo normal, el ceño de Merlín. — ¡Basta!, deténgase… — Apretó los dientes — ¡ Es un animal!, no peor que eso….— Pensó. y, justo cuando estuvo apunto de gritarle unas cuantas cositas a ese viejo, sintió una mano en el hombro, era su hermano, deteniéndolo — No te metas.

— pero...— Gwaine apretó con fuerza el hombro herido de su hermano, seguramente, sin saber que estaba herido. Entrecerró los ojos, por el dolor y mordió su labio inferior ahogando un quejido.

— Ese hombre — Gwaine susurro acercándose confidencialmente a su oído —, es... por así decirlo; El padre de la mafia, Merlín.

Merlin maldijo frente a su hermano en un idioma qué a Morgana y Morgause les llamo la atención, pero a la distancia, dos seguían enfrascados en su duelo padre e hijo.

Merlín se movió en dirección a Uther pero Gwaine le sujeto por debajo de las axilas y tiro de él hacia arriba, contra su pecho, inmovilizándolo. — No seas estupido. — Su hombro volvió a dolerle; aún mas que antes. — ¡Te matará!.

Respiro hondo y con voz suave ordeno, girando su rostro hacia su hermano. — Suéltame. — Ese destello, dorado, qué a Gwaine dejaba absorto y temeroso, permitió a Merlín ser liberado de inmediato.

— Entiéndelo de una buena vez, ese hombre podría matar a todo Londres, con solo levantar un pulgar…, piensa en nuestros padres.

Sorprendido ante tal descubrimiento, volvió su mirada al rubio quien lo observaba fijamente a los ojos, casi pudo distinguir una extraña luz de agradecimiento silencioso, através de sus oscuras y tormentosas pupilas.

Merlín no supo que hacer ante aquella actitud, avergonzado, corrió el rostro y miro hacia otro lado.

Resoplo.

Gwaine tenia la puta razón, además, él era solo un niño después de todo.

Odiaba sentir tal impotencia.

Se mantuvo de pie muy a pesar del dolor que debió haber sentido. De alguna forma, se sentía algo alegre, ese chico había intentado enfrentarse a su padre aun escuchando qué eran de la mafia. Entendía que quisiera proteger a los suyos, pero veía la duda de dejarlo solo en esa lucha. Arthuro prefirió en el fondo de su aplastado corazón, que lo hiciera. Su padre no era para nada, benevolente. Sus adversarios no se discriminaban por raza, color o edad… si, enfrentabas a Uther, enfrentabas la muerte.

Sus dudas se despejaron al notar que el chico no tenia interés alguno en agradarle a alguien como su padre.

Escupió la sangre que escapaba de su labio partido, conservando su sonrisa y mirada altiva . Su padre estaba enfadado, pero aquellos golpes, eran los mas suaves, que había padecido en ese día.

Se consideraba un hombre resistente, no por vanidad, si no, porqué una mujer le había roto el corazón hacia apenas unas horas y aun así, no había demostrado su dolor ante aquella traición, de su parte.

Su padre le regalo otro golpe; esta vez con el puño qué fue aparar a su estomago, pero no callo al suelo, no. Se mantuvo de pie y con aquella mirada encendida dirigida a ese hombre llamado; Uther, volvió a ofrecerse para más golpes.

— No te detengas, se que no es lo mejor que tienes.

Negó ante el sadismo de su hijo — Sabes, qué detesto golpearte Arturo, pero es la única forma en que comprendes; lo que te ordeno.

— Volverá a pasar...— Se paro recto y miro con soberbia al hombre parado frente a él —, padre. — La voz del rubio, salio casi ronca — Y, yo, te invito, golpéame todo lo que quieras, no dejare de ser lo que soy…. Ni tu lo que eres… — y cualquiera se daba cuenta de que también estaba apretando los dientes, quizás para no morderse la lengua de rabia.

El hombre no parecía contento con solo eso…, destapo la punta de su bastón, que parecía cumplir dos funciones, al menos, eso daba a entender el filo de acero en la punta.

Las hermanas se tomaron las manos, el joven guardaespaldas; solo se mantuvo en su sitio, como una pieza de ajedrez.

El padrecito Onorio, se mantuvo con seriedad al margen del asunto.

Gwaine no paresia sorprendido, si, incomodo.

Merlín se estremeció, pero el rubio parecía más relajado qué antes.

Uther sostuvo el filo en el cuello de su propio hijo, en tan solo un par de movimientos. — No te arriesgue a que busque otras formas de disciplinarte, Arthur…. — suspiro y alejando la punta del cuello, le golpeo el hombro con el dorso, un par de veces. — Eres testarudo, tanto o mas qué yo, por eso, deberías estar sabiendo; hasta qué punto, puede llegar mi paciencia.

El hombre camuflo nuevamente, su arma y en un parpadeo, nuevamente; tenia el bastón colgando en su antebrazo, se quito los guantes negros y se los lanzo a su lacayo. — ¡Vámonos!

— Pero…, ¡Papá!, él me salvo — Morgana se sentía molesta de abandonar a su salvador así, sin siquiera agradecerle apropiadamente.

Uther, quien ya se encaminaba a la limusina se giro y observo a Merlin .— ¿te interesa ser parte de nuestra organización — No se lo estaba preguntando exactamente.

— ¿de carniceros? — El morocho se perdió, la media sonrisa que se escapaba entre los labios del rubio. —, No gracias. — El hombre miro a Merlín con evidente disgusto y, luego largo una pequeña carcajada para terminar negando y sonriéndole.

Ese gesto asusto al morocho. ¿Porque le había sonreído?

Esos sujetos estaban todos locos.

— Lo pensaras...— asistió —, por mi esta bien.

¿Que?, pero si...

— No. — Merlín intento verse lo mas serio y creíble que pudo, siendo tan joven.

— Digas lo que digas, presiento que terminaras con nosotros "Los carniceros"— Otra vez le mostró esa sonrisa desagradable —, algún día...

Algún día, estoy seguro.

El hombre se perdió dentro de la lemosina.

— Gracias — Morgana, beso su Mejilla —, por salvarme... — susurro, agachando su rostro —...mi ángel...

— eh? — dijo, confundido y ella salio corriendo entre risas tímidas en busca de su padre.

Merlin se toco la mejilla algo sonrojado, era la primera vez qué una chica que no era de la familia, le demostraba su agradecimiento, de esa forma.

Morgause, levanto las manos y movió sus dedos en un saludo infantil.

Le dio la espalda y luego de dos pasos, se detuvo y dudando unos segundos, se giro y regreso en un parpadeo hasta donde estaba Merlín — ¿ah? —, coloco el globo en su mano, le sonrío y se alejo dejando a un Merlin anonadado, viendo como la pequeña rubia corría hacia la limosina.

—¡AHHH!— Grito, al ser tironeado de la muñeca, dueña de la mano que sujetaba el globo, la misma que estaba ligada a su hombro herido.

— ¡Joder! — Al abrir los ojos, cerrados ante el dolor, descubrió que estaba casi rozando la nariz de aquel rubio, solo por que este se había inclinado hacia él.

Su pequeña boca se abrió como pez boqueando bajo el agua, se sobresalto al instante, dando un paso atrás, sin ser liberado por el mayor.

— Nos volveremos a encontrar — aseguro con vos profunda —, eso te lo puedo apostar.

— ¡Oye! suelta a mi hermano.

Arturo miro con enfado al castaño. Gwaine perdió su valentía al reflejarse en esos ojos endemoniados.

Merlin en cambio, observo los moretones renaciendo en el hermoso rostro de aquel príncipe de cejas fruncidas. ¿Como se vería…?

Se sobre salto y agrando los ojos aterrado, noto, que las manos del príncipe, lo sujetaban con rudeza del cuello de su camisa y lo alzaban del suelo, dado que aun no era muy alto, con solo trece años de edad.

—te estaré vigilando.

Esas era la promesa o designio de un desastre por venir…

Mientras andaban hacia su hogar, Merlín no sentía su cuerpo, o tan siquiera la herida en el hombro, nada. Sus piernas se movían por inercia, y sus manos sudorosas no podían dejar de estar juntas.

—Tranquilo — Se sobresalto y miro a su hermano que caminaba a su lado —, a personas como él no le interesan andrajosos como nosotros, Merlín.

Acercó una de sus frías manos a la mejilla de su hermano —. No hay fiebre — dijo casi para sí mismo —. Te curarás. — Le acaricio el cabello y siguió con la mirada a una muchacha que caminaba en dirección opuesta, por lo que empezó a caminar de espaldas, mirándola irse. silbo y noto la platica con su hermano menor. —Se olvidara de todo, mañana o tal vez, en unas horas.

—¿tu crees?

Se hundió de hombros restándole importancia —Seguro.

Pero…

Gwaine se había equivocado, porque un Pendragon jamás olvida... y, Arthuro había cumplido su amenaza; por que a la distancia podía sentirlo observándolo.


— Entonces, ¿qué estás insinuando?

— Que usted obtuvo Camelot y quiere que yo esté incluido en el trato porque soy el hijo de la mujer que rechazo a su padre hace treinta años. Suena a buena venganza; tomarme como su sirviente y tener a mi hermano en sus manos.¿Quiere demostrarle algo a su padre? — Colin habló con firmeza, desafiándolo con su mirada —.¿Es verdad o no, señor Pendragon? Usted ha hecho dinero, y ahora quiere convertirse en algo mas grande... No importa lo que piense de su padre, él nació siendo un caballero de impresionante linaje, aunque muriera, lo haria convertido en el hombre mas poderoso de Londres.

Usted quiere ser mejor que eso.

— ¿Piensas que estoy tratando de invertir el orden de los factores... o sea, que habiendo nacido en la pobreza, ahora quiero convertirme en el nuevo depredador de Londres? ¿Que quiero ganarle a mi padre en su propio juego?

— Sí, eso creo.

— ¿Haciéndote mi sirviente?

— No soy adivino.

Arturo no pudo evitar reírse ante el ingenio del morocho.

Colin, ignoro como su pecho se contraía y suprimía a su corazón que deseaba escaparse por su boca. seguramente estaba oyendo mal. Esa sonrisa acompañada de esa risa, era solo una ilusión.

— Así que, para alcanzar lo que ambiciono, ¿le tendí una trampa a tu hermano?

— No lo conseguirá de otra manera.

— Ten cuidado… — Merlín sintió una corriente eléctrica en su mejilla — soy un hombre; con muchas cartas bajo la manga — recorriéndolo, con demasiada descarga enzima, eran mas voltios que una radio encendida dentro de una tina de baño — tengo mis métodos..., no lo olvides —, cuando los dedos del rubio le acariciaron se estremeció y maldijo a su cuerpo, por eso.

— No lo are. Entonces; le tendió o no; una trampa a mi hermano.

— Me siento demasiado acusado por tus ojos, como para responderte.

— ¿No fue así?

— Digamos que... corrí un riesgo.

Un suspiro estremeció a Colin. La verdad no siempre era agradable, pero al menos lo sabía.

— ¿Te parece muy alarmante la perspectiva? — mientras hablaba había colocado sus manos tibias y fuertes dentro de la chaqueta de Colin, apoyándolas sobre sus caderas —. ¿No ves ninguna ventaja? No tendrás que trabajar para ese falso clarividente, ni será necesario que uses la misma ropa hasta que pase de moda. En cambio, serás mi mano derecha en Camelot, y yo no tendré que informar a la policía del desfalco de tu hermano. Creo que la condena por ese delito es bastante severa... la tuya, conmigo, será mucho más benigna.

Con movimientos deliberados, le quitó la chaqueta de jean y con descaro miró detenidamente los primeros botones abiertos de su camisa, que al ceñirse a su esbelto cuerpo, lo hacían, un trozó bastante tentador para el león hambriento qué el rubio llevaba dentro.

— Tienes refinamiento y la apariencia de un ángel, uno muy hermoso,"Colin'',— rió burlón, al verlo moverse incomodo e intentar decir algo, pero las palabras se le habían detenido en la garganta y Arthuro tenia muchas ganas de buscarlas con su lengua — y ya que soy un hombre rico, que puede permitirse lo mejor, te he escogido a ti. ¿Recuerdas la primera vez que nos conocimos?

— Sí — replicó —, lo confundí con un príncipe y termino siendo el mismo lucifer en persona.

Sus ojos se entrecerraron cuando Colin dijo eso y, como para castigarlo de la manera más efectiva, lo atrajo hacia si rodeándolo con sus brazos; su aliento ardiente rozaba su mejilla.

— Te lo advierto, mi querido Merlín, cada golpe tuyo será recompensado con un beso, y no te gusta la idea de que te bese, ¿verdad?

Colin lo miró tenso y desafiante... desde el día que lo había visto bajar de aquella limosina, había estado oculto en las sombras de su vida, esperando con paciencia, planeando el momento, en que él se encontraría preso en sus brazos.

Por que muy dentro de él, le decía que sus destinos estaban mas ligados qué una tuerca a un tornillo…

— ¿Tengo que... entregarme a usted? — pronunció estas palabras con voz apenas audible. — No me inter...interesan los hombres.

— ¿Sugieres alguna otra solución?

¡Demonios!

El no era un jodido homo-fóbico, ni tampoco tenia una orientación sexual definida, dado que no conocía casi nada, sobre el romance. Las mujeres con las que había salido... siempre terminaban huyendo de él. Un pequeño vistazo en aquellos ojos azules, le hacían entender por qué…

Aunque.

Tenia que admitir que ese hombre le parecía muy atractivo..., pero de ahí, ah... ¡No!…,No…., No. No, el no podía... pero, si no lo hacia... su hermano...

— Yo... yo no tengo experiencia en estos asuntos, señor Pendragon, pero si lo que quiere es... acostarse conmigo.

Las palabras salieron con esfuerzo para después permanecer en silencio durante un momento, el cual Colin rompió cuando las garras de él enfurecido León parecieron romperle la cadera.

— Nunca — dijo, apretando los dientes —, nunca vuelvas a hablarme de esa manera.

El levantó la vista para encontrarse con aquellos ojos brillantes, por fin había provocado su ira. Su corazón palpitó al darse cuenta de que este ingles duro, tenía los principios morales que hicieron que su madre se encerrara por meses, alejada de su pueblo, cuando supo que estaba esperando al hijo de un desconocido.

— Gwaine y yo hemos vivido en un infierno desde que usted entró en nuestras vidas — le reprochó enfadado.

Su respuesta fue cumplir la amenaza que le había hecho y era inútil tratar de apartarlo de sí.

Colin fue prácticamente abordado por el rubio, dejándolo totalmente sorprendido, jamás hubiera creído que lo haría. Su fuerza lo hacía sentir indefenso. Los músculos de sus brazos eran como cables de acero alrededor de su escuálido y debilucho cuerpo y su boca fue el recipiente indefenso de un impetuoso beso. Colin no sabía cómo responder a las caricias de un hombre, aun cuando hubiera querido, hacerlo...

Ninguna de las mujeres que había conocido, y con los que había salido, lo hicieron desear que sucediese lo que en este momento le estaba ocurriendo. Ninguna de esas jóvenes, expertas o no, se habían atrevido a romper sus defensas.

En cambio, este hombre lo había derrotado, manteniéndolo muy cerca de él con una mano colocada al final de la espalda, apretándolo contra los firmes músculos y el calor de su cuerpo. Soltó su boca y ahora sus labios buscaban las suaves curvas de su cuello, y cuanto más se esforzaba Colin para evitar sus labios, más insistentes se volvían.

Bueno, que lo bese... que lo tome… nunca la hará sentir nada. ¡Nop!. Nada, excepto desprecio por la trampa que le tendió a Gwaine, por los trucos que utilizó con el. No opuso resistencia sabiendo que el cazador disfrutaba del tormento de su presa.

El rubiales se apartó de él dejándole sentir su aliento tibio en la piel.

— Pareces hecho de hielo — dijo él con voz baja.

— ¿Esperaba que me rindiera a sus caricias? — lo provocó. — Ya le dije; no me interesan los hombres...

— Dame tiempo, mi niño. Los Ingleses somos famosos por nuestra insistencia.

— ¿Y por qué es famosa su ascendencia italiana?— estando así, tan cerca, Colin pudo apreciar los prominentes huesos de su cara bajo la piel bronceada. Con sólo mirarlo, y sentir su calor, se sentía debilitado. ¿Cómo podría impedir que un hombre así obtuviera de el lo que quería? Como Gwaine bahía dicho...

Los Pendragon siempre obtenían lo que querían.

— ¿Que quiere de nosotros? — no pudo resistir hacer la pregunta.

— Lo sabrás pronto ¿de acuerdo?

— Está muy seguro, ¿no es así, señor Pendragon?

— Sugiero que me llames Arthur, ahora que ya nos conocemos más íntimamente.

Los ojos de Colin brillaron con rebeldía.

— Si conociera otro medio para liberar a Gwaine de sus garras, entonces usted no podría ponerme las manos encima.

— Sería una lástima — bajó las manos; acariciando sus costados cubiertos de tela aspera —. Me gusta lo que siento, que eres una chico que ha protegido su cuerpo. Como te dije, los Ingleses no suelen interesarse o casarse con quien se han entregado a otros... La vida de mi madre fue infeliz, porque no supo dominar sus deseos.

— Olvida qué no soy una mujer; pero tal parece que la historia se repetirá — tembló al sentir sus caricias, y su pudor resultó ofendido por las libertades que él se permitía, como si ya estuviera tomando posesión de él.

Arturo arqueó una ceja, inquisitivo.

— ¿Por qué lo dices?

— Naturalmente; soy hombre como tu.

—No.—Se irrito, siempre lo hacia cuando tenia que expilcarse— no eso... "que la historia se repetirá"

— Porque espero ser tan infeliz como su madre. ¿No se imaginará que siento algo por usted?

— Claro que no, pero sientes mucho afecto por Gwain y ese viejo…, ¿Gaius?, ¿no?. Sin duda encontrare lo que te haga feliz.

— ¿Esta de broma? — sus ojos revelaron angustia —. Tan sólo dejenos en paz.

— No. Eso seria estupido...— lo soltó para inclinarse y estudiar el calendario sobre el escritorio —. Creo que tendré tiempo para casarme contigo en un par de meses, ¿te parece bien?

Colin se quedó aturdido. Esto no era una broma, aunque lo pareciera. Era tan real como la lluvia que golpeaba las ventanas, tan real como el olor a humo, cuando Arturo encendió un puro y entreabrió las cortinas para contemplar la noche.

— Habla, enserio...

— Te llevaré a casa — dijo.

— No, puedo tomar un taxi o simplemente caminar…

— Insisto —su silueta se proyectaba sobre la tela de color rojo oscuro, igual que cuando el había entrado en su oficina, una hora antes. Había ocurrido tanto en esa hora. Se había adueñado de su vida... no podía describirlo de otra manera.

— De verdad pretende que me case con usted, ¿no es así? — las palabras que pronunciaba parecían casi irreales y, sin embargo, eran más importantes que cualquier cosa que el hubiera dicho alguna vez.

— Tienes otra alternativa — afirmó él.

— ¡Eso es mentira!

Arthuro, se encogió de hombros. Por su nariz bien delineada salió el humo del puro.

—Para obtener lo que quieres en esta vida debes ser decidido, y nadie puede cambiar nuestra personalidad. Tu hermano sería un ganador, y no un perdedor, si se molestara en estudiar la manera de ser de su prójimo. En vez de ello, está encerrado en sí mismo y es egoísta hasta la médula.

—Tal vez es un rasgo familiar —respondió Colin—. No esté muy seguro de que yo no lo estoy utilizando para obtener su fortuna. Después de todo, usted, alguna vez; me culpo de intentar entrar en su familia por puro interés…

— Si estuvieran persiguiendo mi fortuna, habrías aceptado la proposición de mi padre hace seis años, cuando salvaste a Morgana.

—Tal vez en ese momento no sabía que rebajar para ganarse la vida puede ser aburrido. Tal vez no me había dado cuenta de que comprar un abrigo de segunda mano, no es tan grato como si me lo regalara un hombre rico.

Los ojos de Arturo recorrieron su chaqueta de Jean.

— El único rasgo familiar que compartes con tu hermano, es el color. Estarás encantador envuelto en un abrigo de visón color champaña. — se rio. —Volaremos a Argentina para casarnos, pues nunca lograría hacerlo mas rápido.

Bueno, el asunto está resuelto.

— ¡Qué dominante es usted! — Colin despreciaba cada parte de su poderoso cuerpo, cada cabello rubio de su cabeza, cada pensamiento que cruzaba por su mente cuando la recorría con la mirada—. Supongo que comprar y vender personas es fácil para un Ingles. Veo que no le preocupa el hecho de que está comprándome.

Él sacudió la cabeza con lentitud.

—Vales cada moneda que he pagado, chiquillo. Eres una ganga por el precio.

— ¡Miserable! —Colin sintió temor al ver el cinismo que se reflejaba en sus ojos—. ¡Usted es una prueba viviente de que el diablo cuida de los suyos!

—Quién sabe, quizá él me engendró — rió con voz ronca—. Se dice que los antiguos dioses y los sátiros vagan por los montes, y por la expresión de tu mirada, es obvio que estás preguntándote cuándo verás mis pezuñas.

—Yo... espero que cumpla su palabra en lo que se refiere a mi hermano.

—Un Ingles nunca falta a su palabra, Colin. Un trato es un trato.

— ¡Parece que habláramos de negocios!

— ¿Prefieres que te diga palabras apasionadas? ¿Te gustaría oír que me recuerdas a esa planta extraña, de color blanco, que flota en los estanques del jardín?

Colin se quedó mirando esa cara que era muy semejante a la que los Ingleses habían acuñado en sus monedas en el pasado. El nudo perfecto de su corbata gris, resaltaba en el cuello de la camisa; su traje, que parecía una suave armadura sobre su cuerpo, hacía juego con ese mismo tono de gris. No era guapo, porque esa palabra melosa era la que usaban las revistas para las estrellas de cine.

Arthuro Pendragon era un hombre impresionante.

—Quisiera irme a casa —murmuró—. Necesito estar solo.

—Te llevaré —pero no se movió durante algunos momentos y, de nuevo, Colin se sintió atrapado en el Oceano de sus ojos. Su mirada lo ponía nervioso y se dirigió a la puerta moviendo el picaporte, pero sin resultado. —La puerta se abre sólo cuando oprimo un botón que está debajo de mi escritorio —Colin se quedó en la puerta mientras él se dirigía a su escritorio, donde apagó su puro en un cenicero de cristal—. Te voy a llevar a casa, Colin, así que deja de estar tan nervioso, actuando como si quisieras escapar.

— ¡Si tan sólo pudiera!

— ¿Y dejar que Gwaine sufra en la cárcel? He apretado el botón, Merlin... puedes salir, no te detengo. Escapa y estarás libre de tus compromisos. Es muy sencillo.

Clavó los ojos en la puerta y su impulso fue hacer exactamente lo que él había sugerido. ¿Por qué no lo hacía? Gwaine no era digno de su sacrificio. Era un hombre egoísta y tonto y estaba muy seguro de que el lo defendería hasta el final, a cualquier precio.

Pero, oculto en el adulto en que se había convertido, estaba el niño de cabellos castaños con el que jugaba en el campo, paseaba a caballo y pescaba en los arroyos.

— ¿No te vas?

— Usted... dijo que me llevaría a casa —Colin levantó el cuello de la chaqueta, que le cubrió la mitad de la cara, y precedió a Pendragon; bajó por la escalera y salió a la calle donde el pavimento estaba mojado por la lluvia.

Tembló por el viento frío de la noche y sintió la lluvia en su rostro mientras observaba que un lujoso auto salía de la caballeriza que estaba junto al club. Se abrió la puerta y Colin se deslizó al interior del coche entregándose a la lujosa sensación que daba la piel, al tiempo que se reclinaba en el asiento.

— El cinturón de seguridad —murmuró él.

Lo sujetó, sintiéndose atado de muchas formas.

— ¿Nunca se te ha ocurrido que algunas cosas son inevitables? — lo miró brevemente antes de conducir el auto a la avenida. —Pregúntaselo a ese adivino.

— Se llama Sir Gaius, y no hay necesidad de ser irónico.

— ¿Quién es irónico? ¿Por qué crees que le puse a mi club el nombre de Camelot? Hay una fuerte tendencia entre los Ingleses a ser supersticiosos.

— Debió llamarlo: "Club Maquiavelico".

Oyó su acostumbrada risa, breve y ronca, y no habló más del asunto. Colin observaba los limpiadores del parabrisas que se movían sin cesar, apartando la lluvia que, al instante, volvía a cubrirlo.

Decidió que consultaría a Sir Gaius... tal vez sus estrellas pudieran revelarle, en el último momento, alguna forma de ayudar a Gwaine sin que el llegara a ser propiedad de los Pendragon.

Al igual que Camelot, el sólo sería uno más de sus posesiones, otro símbolo de categoría del empresario italiano, un mafioso, que hace lo que quiere...

— ¡Qué suspiro tan profundo! — comentó él.

—Esta noche ha sido algo especial, ¿no le parece?

El Jaguar se detuvo frente al edificio alto donde Colin tenía su pequeño apartamento.

—No... voy a invitarlo a entrar —no lograba soltar el cinturón de seguridad porque sus manos temblaban—. Necesito estar solo.

—Merlin —sus manos firmes se posaron sobre sus hombros—, tenemos que hacer planes para la boda, así que tendremos que vernos muy pronto. Cenaremos juntos; estoy libre el jueves por la noche.

—Parece muy seguro de que yo también esté libre.

— ¿Y no es así? —sus ojos examinaron su palidez, y su boca en forma de corazón tenía un aspecto muy atractivo. De súbito, se inclinó hacia el y su boca rozó la de Colin—. ¡No tiembles tanto, chiquillo!

—Si espera pasión, va a sufrir un desengaño. Yo... yo no me siento así.

—Todo es posible —su voz tenía una nota burlona—. Te llamaré por teléfono para la cita del jueves por la noche, y me gustaría que estuvieras disponible. Si tu jefe te necesita, le dirás que ya tienes un compromiso.

Colin sintió que estas palabras le herían.

—Por favor, déjeme ir, estoy cansado.

— Bueno, por lo menos, podrás dormir tranquilo en lo que se refiere a tu hermano. No lo voy a enviar a prisión.

Sus manos lo soltaron y el salió desapareciendo en la noche fría y lluviosa. Aún sentía sus brazos mientras subía corriendo por la escalera que conducía a la puerta principal del edificio. El auto no se alejó hasta que el entró.

—«Es insoportable, arrogante y descortés», —pensó Merlín mientras se apoyaba en la puerta de su departamento. Su pequeña gatita negra, se cruzo entremedio de sus pies y araño los jeans de su dueño, en busca de atención. Pero…, Colin estaba muy ocupado, enojándose con el rubio, por lo qué no pensaba en otra cosa.

Se alejo de la puerta y suspirando, tomo a Freya entre sus brazos y la guío hasta la cocina en busca de algo de leche. En cuanto abrió la puerta de la heladera, sintió una presencia mas en la casa. Se acerco por el pasa platos, notando que su hermano estaba recostado en el sillón.

Se enderezó siendo seguido por la mirada del menor. —. Te acostaste con Pendragon, supongo.

— ¿Qué?, pero como se atrevía su hermano a decirle eso.

Un momento…

— ¡tu lo sabias!

La situacion era desastrosa para ambos hermanos. A juzgar por lo quee Merlin veia a los pies de su hermano y el olor que emanaba tan fuerte de el. Esté había estado en las ultimas horas, consumido mas alcohol, que agua en toda su vida.

Merlin estaba empezando a sospechar que no debió haberse despertado en la mañana.

Pero… lo peor vino, diez minutos después, con ambos en la azotea del departamento.