Disclaimer: Los personajes son de S. Meyer,yo solo juego un poquito con ellos. Ba-ba-da.
24 de Diciembre. 11:46 am y... ¡Aquí traigo la 2da viñeta! Sólo he domido, uhm, ¡6 horas! ¡Oh, waoh! ...en fin (mi mal humor aumenta cuando no duermo).
Bueno, actualizo con muchísima prisa. Muchas gracias a Lady Juli (que fue la primera en comentar y también tenía que actualizar hoy ;) ), a Cassi-x (que siempre es un gran apoyo), y a St. Corpse (que gracias a sus futuros excelentes escritos del Carlisle/Edward someteremos al FF).
¡Besos!. Feliz 24 (?).
House Of Wolves
ii. Cómo hemos cambiado.
Seth siente un pequeño déjà vu al mirar la escena. Su madre, su hermana y él, sentados en la mesa del comedor con los platos intactos frente a ellos. Pero ahí falta algo.
Ya no bromean, ni sonríen, ni mucho menos ríen. Ya no esperan a nadie más para que se les una a la mesa.
El recuerdo de Harry pesa como una losa de una tonelada sobre la nuca. Seth está harto de todo esto. Quiere librarse de la losa; quiere levantar la cabeza para ver que la vida no es tan horrible como dicen Leah o su madre. Seth sabe que la vida está llena de cosas malas, al igual que de cosas buenas.
Desea poder rasgar con sus propios dedos esos silencios incómodos que ahora se crean en su familia y gritar "¡Pero cómo hemos cambiado!".
Ahora eran los tres mosqueteros—como les llamaba Harry—contra el mundo que les había despojado de ese elemento que era tan importante para mantener completa su felicidad. Junto con su padre, se había marchado el optimismo y la ingenuidad que reinaba en aquella casa.
Seth mira a su madre, la bella Sue Clearwater, con su —actualmente— siempre demacrado rostro por la pena. Siente cómo algo le pesa en el pecho cuando la ve.
Ahora, sus ojos negros revolotean hacia su hermana Leah. La envenenada Leah. Su rostro no muestra emoción ninguna, simplemente remueve desinteresadamente la comida de su plato. Desde lo de Sam, su hermana se había vuelto una niña... difícil. A eso ahora se le sumaba el incidente de su padre, lo que daba como resultado a una chica imposible.
Ya vuelve otra vez ese nudo a posarse en la garganta de Seth. Se muerde la lengua para no gritar de pura desesperación.
Intenta con todas sus fuerzas no ponerse a temblar como un desquiciado. Seguramente a su madre no le haga mucha gracia cenar en Navidad con un lobo en la mesa.
Leah, que ha notado el leve temblor, le mira con una ceja alzada. Seth solamente aprieta sus dientes y pide en un susurro forzado:
—Leah, pásame la sal.
Ella, forma una mueca cruel en sus labios y responde con altiveza:
—Cógela tú, enano.
