¡Hola! Bueno, les agradezco por haber leído el primer capítulo, espero que este sea de su total agrado. También mandar un cordial saludo a quienes comentaron en el anterior capítulo. Olvidé decirles anteriormente que Dragon Ball ni sus sagas me pertenencen, son propiedad exclusiva de su creador, Akira Toriyama.


Capítulo II.

Estaba mal, tremendamente mal. Él empezó uniendo sus labios tímidamente a los suyos. No podía hacerlo, no debía hacerlo. Él estaba casado, la diferencia de edades era de trece años, Gohan era su amigo, tenía una reputación y ella, ¡por Kami! Era menor de edad.

Pero no podía parar, ninguno lo haría, y menos cuando ella se veía tan adorable y dulce cerrando sus párpados para disfrutar del beso.

Él se sentía como un monstruo, pues después de eso, sabía que le sería imposible olvidarse de Pan.

Y recordó la primera vez que ella fue a visitarlo a la C.C. unas cuantas semanas después de conocerse en la reunión.


La voz de la recepcionista al teléfono interrumpió sus labores.

—Señor Briefs, una pequeña pregunta por usted; su nombre es Son Pan. —La gran sonrisa por parte de Trunks no se hizo esperar.

—Por favor, hazla pasar. —dijo.

—De acuerdo. —por su voz, él pudo deducir que la recepcionista sonreía ampliamente.

Cerca de dos minutos después, escuchó dos leves golpes en la puerta de su oficina, y ya sabiendo quién era, la invitó a pasar.

—Hola, Trunks. — le saludó ella. Aún llevaba su uniforme escolar.

—Hola, Pan. -devolvió el saludo. —Veo que no te dio tiempo de cambiarte, ¿verdad? —ella sonrió.

—Eres muy observador. —dijo con diversión. De repente, se puso seria, cosa que no pasó desapercibida por Trunks.

— ¿Qué sucede?

—Creo que la recepcionista necesita hacerse un examen de la vista. —exclamó haciendo un mohín.

— ¿Por qué lo dices, ha sucedido algo? — preguntó profundamente preocupado.

—Es que no dejó de sonreírme desde que entré a la empresa y cuando llegué con ella me preguntó "¿Qué es lo que se te ofrece, pequeña?" y yo no soy ninguna pequeña. —exclamó con tono enfadado.

—No te enojes, ella siempre es así. —contestó. — ¿A qué debo tu visita? —le preguntó, entrelazando sus manos sobre el escritorio y mirándola fijamente, cosa que incomodó un poco a Pan.

—Me dijiste que viniera a visitarte, ¿no? Eso hago, a menos que te interrumpa en algo. — dijo con sinceridad.

—No, no, de ninguna manera interrumpes, es sólo que pensé que me habías olvidado, como ahora pones más atención a mi hermana... —mencionó con voz dramática y graciosa.

— ¡Jamás! -aseguró ella entre risas. —Vine con Bra hasta su casa y pensábamos iniciar con nuestro proyecto escolar, pero llegó su madre y nos invitó a ir de compras; Bra estaba emocionada y yo no quise ir, preferí venir aquí. —se encogió de hombros al terminar y volteó el rostro a otro lado.

— ¡Oh, eres muy cruel! ¿Dices que si mi madre no la hubiera llevado de compras, no habrías venido a verme. — exclamó llevándose una mano al pecho.

—No, de cualquier manera tenía planeado venir a verte. —lo relajó, riéndose por su forma de actuar.

—Bien, eso me alegra bastante. Dime, ¿cómo es el mundo normal? — Trunks en verdad necesitaba una pequeña distracción, se sentía morir por el estrés y esa plática auguraba ser un buen distractor.

—Pues como siempre; problemas aquí, problemas allá, las escuelas siguen existiendo y las ciudades funcionando —explicó brevemente.

—Creo que formulé la pregunta equivocada —aflojó un poco su corbata. — ¿Cómo ha estado tu vida?

—Bien, supongo. No tengo nada de quejarme —respondió escuetamente.

—Muy bien, eso me alegra. -sonrió de nuevo.

— ¿Y cómo va tu vida? — fue turno de ella de preguntar.

—Terriblemente ocupada. Debo revisar varios contratos, la semana que viene saldré de la ciudad por toda una semana y, -buscó entre sus papeles —debo firmar los cheques de todos en la empresa.

— ¿Y por qué? — cuestionó con curiosidad, Pan.

—Pues porque soy el presidente de la empresa, es mi trabajo; los trabajadores no cobrarían su sueldo si no lo hiciera, se necesita mi firma —agitó un bolígrafo que tomó sobre su escritorio.

—Tu trabajo no se ve divertido, es muy aburrido tener que estar encerrado aquí sin poder divertirte ni nada eso, ¿no? — Sus preguntas inocentes le llegaban al alma. ¿Existía un ser más precioso que Pan? Podría ser, pero Trunks comenzaba a preferirla.

—No siempre; salgo a las seis, a las ocho en ocasiones, cerca de las diez si hay demasiado trabajo pero creo que vale la pena. -se explicó. -En mis viajes de negocios he tenido la oportunidad de visitar muchos sitios lindos, también es reconfortante saber que las personas se benefician con los productos que esta empresa les proporciona.

—Aún así, tú no te ves más feliz por ello. - Y su honestidad tan brutal no era suficiente para apagar el encanto que producía en Trunks. Éste, se vio obligado a sonreírle, de nuevo.

—Creo que en eso tienes mucha razón, no soy muy feliz pero sigo vivo.

—Pero vivir sin felicidad es equivalente a no vivir de verdad —respondió, sorprendiéndolo.

—Entonces soy una clase de zombie creado por la rutina —dijo con sorna.

—Deberías dejar de sonreír tanto; después te dolerá el rostro —le advirtió; él no pudo evitar una carcajada.

—Primero me dices que no soy feliz, y después que no sonría tanto. Está bien, —se levantó de su asiento y caminó por su oficina, entrelazando sus manos por detrás —dígame, mi lady, cómo he de complacerla. -hizo una graciosa reverencia y Pan explotó en risas. Una vez que se hubo calmado y Trunks pudo dejar de sentirse estúpido por hacer tonterías, ella habló.

—Te invitaré a tomar un helado un día de estos. Es más, cuando regreses de tu viaje, iremos por un helado, ¿qué te parece? - preguntó con emoción.

—Me parece bien, nunca una chica me había invitado a tomar un helado, ¿me dejarás pagar? —Ella negó con la cabeza.

—Si soy yo quien te está invitando, entonces seré yo quien pague —dijo firmemente.

—Está bien. - Se sonrieron. Él cada vez más a gusto por su compañía y ella sintiendo por vez primera un extraño hormigueo en el estómago. Trunks estaba dispuesto a hablar, cuando la recepcionista les interrumpió.

—Disculpe, señor Briefs, su hermana está aquí, en recepción, preguntando por la señorita Son Pan. -tan educada como siempre, su voz se escuchó al otro lado de la línea. La susodicha hizo una mueca y él se apresuró a responder.

—Dile que baja en un instante. -respondió levemente decepcionado.

— ¿En serio debo irme? Bra es tan impertinente —lanzó un bufido.

—Lo sé, pero mientras sigamos con vida podremos vernos cuantas veces querramos. —le sonrió.

—No lo olvides, tenemos un asunto pendiente —le advirtió y él volvió a sonreírle; con esa sonrisa se despidió, le dijo todo, como si ninguno tuviera que decirse nada porque se conocían perfectamente, tal como... si fueran almas gemelas. El pensamiento lo sobresaltó. El primero de muchos, el primero de tantos.

El inicio de algo que resultaría imparable.

Pasó el tiempo y con ello el regreso de Trunks luego que su viaje se alargara por diez agotadores días. Cansado y sin ganas de nada regresó a la misma rutina de siempre en la oficina. A pesar de su ocupado trabajo, no olvidó que tenía un 'asunto pendiente' con cierta chica de trece años. Se corrigió mentalmente.

No, Pan ya tenía catorce, había cumplido años mientras él estaba de viaje y con más razón debía verla.

Debía.

Esa palabra no le estaba gustando. Es decir, ¡sentía necesidad de verla, la había extrañado y mucho! Y eso lo confundía pues las sensaciones agradables se juntaban en su pecho con la presencia, física o mental, de Pan. Tan vez fuera por su manera de ser, su forma de hablar tan directa e inocente, o porque ella lo hacía sonreír.

Él era hombre de palabra y el día acordado se vistió de manera casual, se dirigió con seguridad a la heladería que estaba cerca del colegio de Bra, y se preparó para lo que fuera.

Ella estaba sentada en una mesa que quedaba en un rincón, jugueteando con una servilleta y con una expresión totalmente despreocupada. A Trunks le pareció una hermosa estampa y se acercó a ella lo más pronto posible. Al verlo llegar, los ojos de la chica brillaron de manera especial.

— Hola, Pan, ¿cómo has estado? -preguntó él.

—Bien, casi de maravilla —la sonrisa de Trunks permanecía. —Aunque creo que te extrañé un poco —se sinceró.

—No tendrías porqué, apenas nos hemos visto —expresó con certeza.

—Pues... —jugueteó con su cabello. —No sé cómo explicarlo, siento que... no necesito haberte visto muchas ocasiones, es como... Como si ya te conociera, ¿entiendes?— Trunks puso una mano en su barbilla y se recargó en el respaldo de la silla.

—Te entiendo, es algo bastante peculiar, casi como si ya nos hubieramos conocido antes, ¿te refieres a eso? —.Vio a Pan negar con la cabeza.

—No, me refiero a que no necesito de eso para tenerte la confianza que te tengo y para extrañarte como lo hice. Fuiste mi primer amigo en mucho tiempo. —Trunks se sorprendió, suus mejillas se sonrojaron inexplicablemente y le dio una sonrisa tímida. Ella era muy directa y eso nunca dejaría de agradarle.

—Me halagas en verdad. —dijo él. — ¿Qué te parece si pedimos nuestros helados? Así platicaremos mejor —ella aceptó la propuesta. Unos minutos después, ambos disfrutaban de sus helados: Pan, de chocolate y Trunks, de galletas.

—Deberías dejar de sonreírme tanto, de verdad —dijo ella mirándolo. —Das miedo; pareces un loco —se burló.

—No te mofes de éste loco —Trunks se señaló. —Si te soy sincero, no puedo evitar sonreír.

—No entiendo por qué, solo dejas de sonreír y ya —se encogió de hombros ella.

-Bueno, eso significa que quieres que ponga mi cara seria, la de hombre de negocios y que no te sonría, ¿verdad?- comentó, sin dejar de comer su helado.

—No tan radical. —respondió ella. -Sólo... No sonrías tan ampliamente.

—Está bien —esbozó una leve sonrisa. — ¿Así está bien? -Pan afirmó con un movimiento de cabeza. Trunks no sabría, hasta un año después, que la razón de tal petición, era que a ella su sonrisa la ponía nerviosa, demasiado a decir verdad.

—No te he traído ningún regalo por tu cumpleaños. Para ser sincero, no tengo idea de qué podría gustarte —explicó un tanto avergonzado.

—No quiero nada, en verdad, tengo todo lo que necesito —le sonrió.

—Debe haber aunque sea una cosa que quieras o desees; pídelo, que no será problema para mí conseguirlo —le aseguró. Pan vio que él no dejaría de insistir y fingió meditarlo.

—En serio, no quiero nada por ahora pero veo que no estás dispuesto a rendirte y haremos esto: cuando yo necesite o quiera pedirte algo, tú me ayudarás sin objeciones— le extendió su mano para cerrar el trato, mano que él no tardó en estrechar, sintiéndose de nuevo lleno de alegría ante el suave contacto. Cerraron un trato que más adelante sería cobrado, desatando un remolino imparable de caos.