Este capítulo salió más rápido de lo que creí...

¡Hola a todos! Eh, pues... nada. Mis clases, en teoría, comenzaron el 1ero de Agosto pero dado que mi facultad sigue tomada, tengo chance de estar un día más sin clases.

¡Y recién se arregla mi problema con el internet!

Quisiera publicar más seguido pero... no quiero prometerlo. Tengo miedo de no cumplir mi palabra.


- ¡Fratello! ¡Estaba tan preocupado! –Un par de brazos lo rodearon mientras sentía las mejillas del menor contra las suyas. Unas lágrimas se asomaban por sus ojos.

- ¡Maldición, Feliciano! ¡Sólo tardé 30 minutos! –batallaba contra su gemelo hasta llegar al perchero y dejar el sombrero y el saco colgados y la bolsa de las compras a buen recaudo.

- Pero... pero... –estaba al borde del llanto.- ¡Las calles son peligrosas! ¡Y más si es de noche! –seguía aferrándose a él como un koala. Si no fuera su hermano, hace rato lo habría botado a patadas…

- Pero estoy bien, ¿lo ves? –Trataba de sonar dulce y calmado pero su voz se oía bastante cansada. Lidiar con su hermano era difícil a veces… no porque él no sea lindo, es sólo que no se acostumbraba a tanta efusividad y a las muestras de afecto por parte de Feli. Dio un pesado suspiro mientras avanzaba hacia el pequeño comedor del apartamento- ¿Por qué mejor no cenamos? Además… traje un poco de tiramisú –señaló la bolsa para luego sonreír forzadamente.

El menor cambió la preocupación de su rostro por una alegría que sólo podía conseguirse cuando mencionaban su postre favorito. Lo cierto es que Feliciano era bastante fácil de leer…

La cena transcurrió sin problemas, contando una anécdota del trabajo que había inventado de camino a casa. El menor le oía ilusionado, asintiendo y comentando lo afortunado que era al tener un hermano así.

"Sí, claro…"

¿Qué haría Feliciano al enterarse? Estaba seguro que toda esa imagen perfecta se destrozaría…

Oyó atentamente a su hermano cuando éste hablaba sobre la Universidad, sus notas y lo fácil que se le hacían los trabajos en clase… también oyó sus reclamos y berrinches al mencionar a su horrible tarea y sus trabajos de investigación. Lo importante es que le iba bien… y eso bastaba para que Lovino se sintiera contento y tuviera de nuevo fuerzas para pelear otro día más…

La cena acabó e insistió en hacer la limpieza de los trastes a cambio de que Feli fuese a dormir temprano y descansara bien para sus clases de mañana. Se puso un mandil blanco con un par de tomates bordados que su hermano había hecho con sus propias manos para él y fue directo a la cocina. Abrió el grifo, tomó la esponja y comenzó a enjabonar los pocillos mientras pensaba una y otra vez en el español.

¿Qué mierda tenía en la cabeza? Dejó las cosas a un lado, se echó un poco de agua en la cara y retomó su tarea. Él también tenía que descansar.

Unos minutos más y ya había acabado, la cocina estaba limpia o, al menos, parecía decente; las labores de limpieza nunca se le habían dado bien. Se quitó el mandil y apagó las luces para luego ir a la recámara de su hermano y verlo dormir plácidamente. Sonrió mientras lo arropaba y apagaba la lámpara del velador y se dirigía a su propio cuarto para descansar del día que había tenido.

Lo que nunca había esperado fue soñar con aquel torero bailando sobre el escenario, siendo él el único espectador presente en la sala… sólo que ahora, Antonio no lucía esa radiante sonrisa que lo caracterizaba.

Los verdes lucían apagados y el resto de su rostro estaba contraído en una mueca de aflicción.

Había vuelto al mismo Night Club, tenía un cigarrillo entre los labios y una copa de vino frente a él mientras la belga lo miraba curiosa del otro lado de la mesa.

- ¿Me dirás que fue lo que pasó anoche con Antonio? –su mirada felina le indicaba que sus intenciones no eran sanas.

- ¿Qué crees que pasó con él? –los labios se movieron lo suficiente para emitir la frase sin hacer que cayera el cigarro. Dio una profunda calada, tomó el tabaco entre sus dedos y lo alejó de su boca para exhalar el humo de una forma bastante grácil.

- ¿Quieres la lista completa o la resumida?

¡¿Tenía una lista?! La cara de Lovino era un poema…

- ¡¿Qué demonios tienes en la cabeza Em- Kitty?! –se levantó de golpe, dejando su porte de malote a un lado sintiéndose indignado por la respuesta.

- Es broma, es broma –rió delicadamente a la vez que se inclinaba en dirección a él- ¿Lo hiciste con él o no?

Los colores se le subieron al rostro.

- ¡No soy un jodido homosexual! –tiró el cigarro con fuerza sobre la cigarrera en la mesa- ¡¿Cómo diablos se te ocurre pensar eso?!

- No lo sé… es difícil resistirse ¿no? –Los ojos verdes afilados estaban acabando con él.

Se sentó de golpe y se cruzó de brazos. Ahora que lo mencionaba…

- ¿Por qué permites que se hagan estas cosas en tu local? –Hasta él tenía sus límites. La verdad, no se esperaba que Emma cruzara los suyos.

- Es una historia larga –suspiró mientras el semblante acusador cambiaba. Se acomodó en su sitio para luego colocar los codos sobre la mesa y apoyar el mentón sobre sus manos mientras su mirada se dirigía al escenario.

- Tengo tiempo. –Se llevó la copa a los labios y le dio un sorbo, se acomodó en la silla y miró expectante a la rubia.

- ¿Qué puedo decir, Romano? No lo hago por dinero si es lo que crees. –jugó con su cabello en el momento en el que el presentador anunciaba el estelar de la noche.– Tampoco quiero estar en la tarea de supervisar a mis empleados sobre qué hacen y qué no. –suspiró para girar el rostro y verlo a los ojos.- Yo sólo les doy el espacio, ellos deciden el límite. Mientras no falten al trabajo, mientras ellos estén de acuerdo y su seguridad esté garantizada… pueden hacer lo que crean conveniente.

- Debes ganar algo… -la rubia negó con la cabeza- ¿Es que acaso no te importa la reputación de tu Club? –Volvió a mover la cabeza de un lado a otro y se quedó asombrado. No esperaba esa respuesta.

La belga sólo levantó las manos en un claro gesto de desinterés mientras relajaba los hombros.

- De ser así, no tendríamos el salón lleno todas las noches. –Volvió a acomodarse mientras entrelazaba sus manos y apoyaba los codos en la mesa. -Es una ganancia neta para ellos porque, como te consta, nosotros cobramos el derecho al box y el show especial que, de por sí, es directamente para ellos. Lo que pase dentro de esas paredes, como extra, no es de mi interés… mientras respeten el inmobiliario, está bien para mí. –cruzó sus brazos a la altura del pecho, mirando desafiante al italiano.

Lovino tragó saliva. Sus dudas no habían sido del todo resueltas, aún habían cosas que no tenían sentido…

- Una noche más –tomó la copa y volvió a tomar un trago sin romper el contacto visual. Colocó el cristal sobre la mesa para luego imitar la posición de la rubia.- Una noche más con Antonio.

Emma sonrió de oreja a oreja para luego ponerse de pie y acercarse al asiento del castaño, extendió la mano y ésta no tardó en ser estrechada por el mafioso. Su sonrisa no había disminuido en lo absoluto.

- Déjame hacer los preparativos y, en cuanto acabe la función, tocará tu puerta. -rompió el agarre y se giró dándole la espalda.- Desde luego, siempre es un placer hacer negocios contigo, Romano.

Cuando menos se había dado cuenta, Emma ya se había perdido en la multitud por lo que él dirigió la mirada hacia el escenario dispuesto a observar lo que quedaba del espectáculo.

La sonrisa del Torero era igual de radiante como la noche anterior pero sus ojos no reflejaban la alegría que el resto de su rostro transmitía.

"¿Por qué?"

Sentados frente a frente desde hace casi media hora. Lovino tenía un vaso de whiskey en las rocas entre las manos y Antonio evitaba mirarlo a los ojos. El cuarto estaba sumergido en un profundo silencio.

El español llevaba casi toda su estadía en la habitación preguntándose qué diablos tenía el italiano en la cabeza. Al principio se le ocurrió que tal vez fuera un psicópata que sólo lo estudiaba para asaltarlo cuando saliera del Club, a los pocos minutos creyó que tal vez era un voyeurista o quizás tuviese un extraño fetiche del cual no se sentía aún del todo seguro para compartir…

Había visto ya tantas cosas que tenía la certeza de que existían muy pocas que de verdad hicieran que despertara el asombro en él. Levantó la cabeza y se topó con los ojos verde amarillento del contrario que lo miraban fijamente.

- ¿Cuánto tiempo llevas en esto? –bebió del vaso sin romper el contacto visual que había establecido.

Antonio tragó algo de saliva con nervios. ¿Cómo rayos se le ocurría preguntar eso?

- Eso no está incluido dentro del show –rio nervioso tratando de parecer lo más cortés posible. Se colocó otra vez la falsa sonrisa en el rostro para tratar de sonar lo más natural posible.

Lovino se inclinó sobre el asiento con cara de pocos amigos, sacó un par de billetes y los colocó sobre la mesa.

- ¿Y ahora sí? –sonrió de lado al ver al español abrir grande los ojos y dirigirlos hacia el dinero.

- ¿Qué quieres saber? –se recompuso en cuanto pudo y se sentó correctamente, dejando esa pose sumisa por una más embustera. Cruzó los brazos sobre su pecho al comprobar la dirección en la que iban las intenciones del italiano.

Si iba a ser una jodida rata de laboratorio, al menos que lo vea como en realidad era.

- Ya te hice la pregunta ¿Es necesario que te la repita? –El castaño se reclinó en su asiento y cruzó los brazos a la par que hacía lo mismo con sus piernas.

- Hace unos meses, no más de 7.

- ¿Es todo? –Enarcó una ceja mirándolo frustrado.

- Respuestas puntuales para preguntas puntuales. –sonrió ¿Qué creía? ¿Qué le iba a contar toda su vida acaso?

El italiano separó sus brazos para sacar otro par de billetes y colocárselos frente al español.

- ¿Tus razones?

- Personales –Se acomodó en su sitio. Se estaba poniendo interesante.

- ¿Cuáles? –la curiosidad destellaba en esos verdes claro. Las respuestas eran bastante pobres.

- Son otros 10 euros –sonrió confiado.- No es mi culpa que no formules bien las preguntas.

- Bien –sacó otro par de billetes más. Mierda ¿cuánto le quedaba?- ¿Cuáles son tus razones personales?.

- Necesidad y familia, -suspiró- Pueden ser una mala combinación ¿sabes?

- Como si no lo supiera –susurró en un volumen inaudible al momento en que sus gestos se suavizaban y miraba hacia otro lado. Recuperó rápidamente el semblante que tenía y volvió a observarlo directamente -¿Lo has hecho por dinero? –no pudo evitar que sus mejillas se colorearan un poco. Era directo pero igual seguía siendo bastante incómodo preguntarle algo como eso a alguien.

- ¿Cómo? –Dudó un poco hasta que lo pilló, rió al entender a qué se refería. Tuvo que contener un suspiro ante lo tierno que se veía el italiano ¿En serio alguien como él podía ser un mafioso?

Antonio sabía bien como moverse en el contexto donde se hallaba. Preguntó sutilmente sobre el tipo que había pagado por sus servicios la otra noche aunque las respuestas no le habían convencido del todo. Romano tenía una fama… y no calzaba con lo que él había visto.

- Eso.. –movió la cabeza y tosió tratando de afinar su garganta- No me hagas repetirlo ¡maldición! –lanzó otros 10 euros hacia la pila de billetes-

- Bien, bien.. –sonrió un poco– Sí, lo he hecho –por un momento su felicidad eterna se rompió y sintió el vacío que tenía dentro. Aceptarlo no era algo de lo que estuviese muy orgulloso que digamos.

- ¿Con cuántos? -¿No pensaba parar? No podía evitarlo, a cada respuesta inevitablemente se formaban otras preguntas. Sacó el dinero y lo amontonó al resto.-

- Sinceramente, he perdido la cuenta… -No es como si hiciera un diario con todos los nombres de sus compañeros de cama.

- ¿Hombres? ¿Mujeres? ¿Cuál de los dos? –Lovino no podía ocultar su curiosidad al ver cómo es que Antonio se veía más alicaido. Pagó por una pregunta más

- Ambos –suspiró resignado mientras relajaba los hombros

¿Cómo es que terminó en una situación así? Hasta el sexo parecía algo menos íntimo que estar en este interrogatorio remunerado.

- Eso te hace gay –Antonio rodó los ojos mientras negaba con la cabeza y recuperaba la actitud jovial que lo acompañaba.- ¿Entonces? –Enarcó una ceja ante la negativa del español.

El Torero estiró la palma de la mano y Lovino rechinó los dientes a medida que maldecía y colocaba otros 10 euros, haciendo que Antonio sonriera.

- Aunque no lo creas, soy heterosexual… -rio un poco. Era bastante irónico dado que los recuerdos de sus experiencias sexuales eran mayoritariamente protagonizados por hombres- Aunque, siendo sinceros, ha habido algunos encuentros con hombres que llegaron a ser bastante divertidos… -la actitud pensante que ponía no ayudaba en nada y menos la brillante sonrisa inocente con la que habló– Supongo que luego de eso debería definirme como bisexual.

¿Cómo mierda podía estar tan suelto de huesos hablando de eso? No entendía… metió una mano en el bolsillo para tomar un poco más de dinero y, al no hallarlo, empezó a hundir más la mano y fruncir el ceño a lo que Antonio sonrió.

El español levantó la vista hacia el reloj y suspiró aliviado. El "show" se había acabado.

Se levantó rápido y tomó el dinero sobre la mesa llamando la atención del italiano.

- Fue un placer, señor… Romano ¿verdad? –Lovino sonrió ante la mención del nombre- pero ya se terminó el tiempo.

Caminó lentamente y, a unos pasos de la puerta, se giró.

- Una última pregunta, como cortesía de la casa…

El italiano tenía mil cosas en la cabeza por preguntar y no podía decidirse por ninguna. El español no tardaría en salir y cruzar la puerta por lo que se levantó y, dejando al azar lo que sea que a su cabeza se le ocurriera, lo miró a la cara.

- ¿Lo disfrutas?

La expresión alegre se había ido por completo, sus ojos se habían apagado y esa sonrisa se había extinguido sin dejar rastro. El Torero se dio la vuelta rápidamente abriendo la perilla.

- No… -lo dijo casi en un susurro, apenas audible para el mafioso.

Escuchó el sonido de la puerta al cerrarse para recién ir al perchero y tomar su abrigo y el sombrero. Salió de la habitación apresuradamente evitando dirigirle la palabra a la belga que lo despedía. Tenía que correr si quería llegar a tiempo para Feliciano…

¿Pero cómo poder concentrarse si estaba peor que cuando inició todo esto?

Maldita sea su estúpida curiosidad… necesitaba más respuestas.