II

ANONIMATO


Helena estaba preocupada, desde hace 3 semanas no había visto a Death Mask.

Durante la primera semana no se molestó en pensar en ello ya que usualmente sus encuentros se daban cada ciento tiempo sin que Helena se lo esperase. Pero ya había pasado poco más de un mes y ni siquiera se había manifestado por medio segundo frente a su florería.

Ella no lo entendía.

¿Acaso él había regresado a Grecia sin despedirse de ella? ¿Se habría ido así sin más a su hogar? ¿Por qué no volvía a visitarla hasta su negocio como hacía antes para visitarla a ella y a sus hermanos?

¿Acaso se había aburrido de Asgard? ¿Se habría aburrido de ella?

Todos los Santos Dorados retornaron a Grecia apenas se terminó la guerra contra el dios Loki; por boca de la señorita Lyfia, Helena sabía que todos ellos estaban bien y aparentemente se entrenaban para buscar a sus sucesores después de saber que Hades había sido derrotado también por los famosos Santos de Bronce, quienes también eran bien recordados en Asgard.

Obviamente, mientras hablaba, Lyfia puso especial atención en el joven de Leo.

«Entonces sí se fue» pensó Helena acomodando unas orquídeas blancas junto a las rosas del mismo color pálido y puro.

¿Qué estaría haciendo? ¿Entrenando? ¿Buscando a su sucesor?

Esa misma tarde, Helena cerraría temprano su florería, encargaría a sus hermanos con una anciana simpática que conoció hace un tiempo y correría a velocidad record hasta el Palacio Valhalla donde posiblemente la señorita Lyfia le podría dar algunas respuestas.

Helena normalmente no tomaba estas decisiones tan impulsivas y hasta arriesgadas considerando lo traviesos que eran sus hermanos cuando no los vigilaba. Pero ya no podía más con esta ignorancia.

Cuando hizo lo que se propuso, nunca esperó que en ausencia de Lyfia quien entrenaba su meditación, la señorita Fleur la llevase con la mismísima dama Hilda.

Esta amablemente la invitó a sentarse y beber té con ella.

—Death Mask de Cáncer —musitó la dama Hilda—, ¿hablas del Caballero de Athena que se quedó en Asgard?

—A-así es —respondió Helena no tan segura de querer decirle los motivos reales a la dama Hilda de su duda.

Frente a todos los entendidos, era común que la florista se preocupase por el Caballero de Athena, después de todo, Death Mask de Cáncer y Afrodita de Piscis habían salvado la vida de Helena por lo que ella los estimaba a ambos. Eso todos los sabían.

Sin embargo no podía ser sabio declarar a los cuatro vientos que ellos dos no sólo se estimaban. Afirmar que eran amantes sería una estupidez ya que nunca habían oficializado nada; ni Death Mask había tocado el tema ni ella le había pedido que lo hicieran, por lo que ahora, Helena temía abrir la boca de más y cometer un gravísimo error que no solo podría acarrearle problemas a su vida sino a la de él también.

—Me temo que Athena ha solicitado verlo a él y al resto de sus Caballeros Dorados en el Santuario —respondió sin preguntarle nada.

Era como si la sacerdotisa comprendiese lo que Helena sentía al oír eso, como si quisiera evitarle penurias. Sin duda la astucia y la discreción de la dama Hilda iba más allá de lo que dictaba su deber… por eso y mucho más la dama Hilda era sumamente especial para Asgard.

Por ser quien era, la gente del pueblo estaba más que agradecido por haber conocido a la grácil sacerdotisa y por haber estado protegidos bajo su ala delicada durante muchos años.

—Cuando Athena hizo el comunicado —continuó la dama—, Fleur fue en su búsqueda. De eso ya hace dos semanas. Esa misma noche partió a Grecia —bebió con elegancia de su taza—. No quisiera entrometerme en asuntos que no me competen, pero no te tienes que preocupar —sonrió afable—. Él mismo dijo que volvería apenas la reunión entre Caballeros terminase.

Pero Helena no estuvo tan segura de eso.

«No volverá» tratando de fingir alivio, Helena bajó la mirada sin decirle nada a la dama, luego del té le agradeció su información y partió de regreso a su humilde casa donde sus hermanos la esperaban.

Sacudiendo la nieve de su suéter, Helena fue sorprendida con una carta.

—¿Quién la envía? —cuestionó a los menores al ver que sólo tenía el nombre "Helena" escrito en el sobre.

—No sabemos —respondió uno de ellos sin darle importancia al asunto—, lo encontramos debajo de la puerta cuando la señora Lena nos trajo. Dijo que era mejor dártelo a ti.

Ya más tarde hablaría con ellos acerca de lo importante que era revisar siempre el remitente de una carta.

Luego de la cena, Helena mandó a dormir a sus hermanos y ella se marchó con los ánimos por los suelos hasta su alcoba donde se sentó en la cama y abrió el sobre. Siendo franca, no estaba de ánimos para leer nada, sin embargo podría ser algo importante.

Escrito en su propio idioma, de una forma bastante básica, estaba escrito lo siguiente:

"Para Helena:

Es mejor que te rindas, un hombre cómo él nunca será para ti.

Eres poca cosa.

Dicen que todas las bestias tienen a una debilidad. Para tu infinita desgracia, tú no eres la de él.

¿Sabes siquiera todos los pecados que carga? ¿Sabes cuánta sangre tiene en sus manos malditas? ¿Crees que conoces su pasado o el tipo de bastardo que es muy en el fondo? ¿Al menos tienes alguna idea de todo el mal que ha causado a gente inocente?

Tú no eres una ganga, pero él tampoco es la gran cosa.

No es más que un bastardo al que su armadura no reconoce como amo y alguien al que sus propios compañeros venderían como carroña si pudiesen hacerlo.

Él no sólo ha asesinado a sangre fría a sus enemigos. También ha asesinado a gente que ningún daño le hacía, entre ellos mujeres y niños. Ha mandado a niños de la edad de tus queridos hermanos al infierno y ha gozado mucho haciéndolo.

¿Ya te sientes estúpida por confiar en alguien así?

Tú no sólo eres más que un objeto que él usa para sentirse mejor consigo mismo por todo el daño que ha hecho. Y ni siquiera contigo se siente libre de sus pecados. Lo peor. Él no piensa cambiar de verdad.

Ha vuelto a Grecia donde repetirá su historia hasta la muerte como si tú nunca hubieses existido.

Te puedo asegurar que en cuanto ese maldito tenga la oportunidad volverá a hacer lo que le dé la gana y al poco tiempo se olvidará hasta de tu nombre. Porque para su egoísta existencia, tú eres menos que nada.

Mi consejo: No lo esperes. Olvídalo.

Ahora mismo seguro estará durmiendo entre las piernas de otra pobre ingenua.

¿Alguna vez durmió entre las tuyas? ¿O no fuiste lo suficientemente buena para él para que te diese ese desagradable honor?".

Los ojos de Helena recorrieron todas y cada una de las palabras vez.

Ignoró la debilidad de su vista por un momento. Las letras se hicieron borrosas para ella y sin embargo eso no le importó ni un cuerno.

No había nombre de su remitente, ni siquiera un alias o algo que la ayudase a entender quién pudo haberle mandado tal cosa. Las formas de los símbolos eran poco claros y aun así Helena se las arregló para leer la maldita carta en medio de la oscuridad.

"Ahora mismo seguro está durmiendo entre las piernas de otra pobre ingenua".

Apretando la quijada e inhalando profundamente, Helena arrugó la carta entre sus manos sintiendo que algo se estrujaba en su pecho. Saber si su corazón se rompió o sólo se derritió era difícil de descifrar.

Y por otro lado, quitando de en medio sus sentimientos, esto le dio mucho miedo.

Sea quien sea este cobarde anónimo, no sólo le había recalcado a ella que Death Mask tenía un pasado demasiado oscuro que Helena no estaba segura de querer conocer todavía, sino que además, indudablemente éste misterioso remitente lo conocía de algo a él; también que la conocía a ella y de alguna forma se había enterado de lo que pasaba entre ambos.

Lo más terrorífico del asunto era que este sujeto también debería estar al tanto de que Death Mask estaba en el Santuario, muy, muy lejos de Asgard. Lo que dejaba a Helena a su entera merced en caso de querer vengarse de él por algo, usándola a ella. O peor, a sus hermanitos.

Al final, con la rabia empezando a embargarla, Helena trató de pensar en positivo, quitarle un poco de interes a esta tontería y no dejarse intimidar.

Si este sujeto quería jugar, iban a jugar los dos. Mañana mismo pondría una denuncia ante el Valhalla y le pedía su discreción a la señorita Lyfia. Si había alguien queriendo dañarla a ella o a sus hermanos para vengarse de uno de los Santos que ayudaron a deshacerse del malvado dios Loki, que lo intentase pero que se atuviese a las consecuencias.

Helena no iba a volver a ser la víctima. Quedarse parada esperando lo peor no era una opción si estaba sola en esto. Y si algo había aprendido del propio Death Mask era que anónimamente cualquiera era valiente para lanzar amenazas, pero las cosas que volvían a equilibrar cuando demostrabas tu fuerza por encima de una amenaza inferior.

Con enfado dobló la carta y la rompió en dos. Luego en cuatro, luego en ocho y no dejó de desbaratarla hasta haberla convertido en pedazos lo suficientemente pequeños, los cuales dejó rápido sobre la mesa para después encender la chimenea con toda su ira y arrojarlos a las llamas.

No le importó cuánto tardó en encender el fuego; valió la pena ver la carta siendo consumida.

Con una mirada que asustaría al mismísimo Loki, Helena tomó una silla y se sentó frente a la chimenea. El viento de afuera había enmudecido para ella y sólo la compañía del tronar de la leña ante las llamas la acompañaba.

A diferencia de lo que muchos podrían creer Helena no estaba asustada ni un poco del imbécil o la imbécil que había mandado esa carta, la cual vio consumirse hasta el final. Sólo podía sentir enfado por el anonimato.

Si era verdad todo lo que decía o no tampoco le importó pues quien quiera que dejase una nota así sin dar la cara no podrá ser de fiar. Sea como sea, debía ir con cuidado.

A ella no le gustaba pensar en Death Mask como un animal, pero todas sus acciones lo contradecían. A ella no le quedaban apelativos cariñosos para referirse a él si éste lo único que hacía era partirla en trozos una y otra vez cuando se iba de su cama.

Romperla en pedazos justamente como ella había hecho con esa carta.

En el fondo a Helena no le costaba mucho creer en esas palabras, Death Mask realmente lucía como si conseguir mujeres (o matarlas) no le costase mucho trabajo. ¿Pero sería capaz de olvidarla a ella? ¿Su historia juntos no significaría nada para él? ¿Había sido ella sólo otra puta desechable en su lista?

«Jamás acordamos nada» se recordó, ella podría sentirse traicionada por su olvido y abandono, pero a la hora de la verdad Death Mask nunca la obligó a nada. Ni a aceptar el dinero que él ganaba en apuestas para tratar su enfermedad. Ni mucho menos la obligó a tener sexo con él.

¿Pero qué era más doloroso? ¿Sentirse estúpida o saber que si le veía otra vez no podría reclamarle absolutamente nada sin culparse a sí misma por maquillarse cosas en su cabeza que no tenían sentido ni razón de ser?

Para empezar él no le había prometido quedarse a su lado; nunca le juró lealtad ni tampoco ser solo de ella. Sin embargo a Helena le ardía en el fondo de su pecho el recordarse que ella misma sí se sentía en compromiso con Death Mask y por eso evitaba sonreír mucho para sus clientes masculinos.

¿Acaso él te pidió exclusividad? No, Death Mask jamás la celó ni le ordenó nada.

Cuando él visitaba su negocio simplemente se sentaba junto a sus hermanos y los entretenía mientras ella trabajaba con la seguridad de que nadie iba a hacerles daño. Ni siquiera un estúpido ladronzuelo que quisiera pasarse de listo por verla a ella al frente de una florería.

¿Entonces por qué se sentía tan molesta? ¿Tan usada y ofendida? ¿Tan estúpida?

Ni siquiera se dio cuenta del momento en el que sus lágrimas habían empezado a abandonar sus ojos con fuerza para resbalar a su mentón y caer en picada sobre su regazo.

Sus manos temblaban furiosamente mientras su cuerpo se congelaba poco a poco. Aún con el fuego enfrente, el cuerpo de Helena se entumeció como si el invierno la hubiese contagiado, o como si el rompimiento de su corazón la hubiera enfermado en menos de un minuto.

Se llevó una de sus manos frías a la boca, acallando sus sollozos lastimeros; no quería despertar a sus hermanos y tener que decirles que ya nadie iba ir a buscarlos a la florería con historias interesantes ni juegos con rocas.

—CONTINUARÁ—


¡Gracias por leer!

A decir verdad siempre he pensado que todos merecen su oportunidad para redimirse, y creo que Death Mask lo logró en SOG. Su empeño por hacer que Helena recuperara su salud me conmovió; nada que ver con el antiguo DM que nada le importaba salvo "demostrar" su dominio sobre sus enemigos.

Esas fueron de las pocas cosas que (en mi opinión) hicieron que la saga valiese la pena.

¡Espero que les haya gustado este capítulo! Ojalá pueda publicar el siguiente capítulo pronto. Saludos y que la fuerza del cosmos los guíe siempre.

Gracias por leer y comentar:

camilo navas, Violet Ladii, y LucyKae.

¡Para quienes no lo sepan! También escribo un fic pro-AlbaficaxAgasha. Por si desean leerlo está en mi perfil y se llama Besa la Traición.

¡Saludos y hasta la próxima!


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