Capítulo 1 - La llegada.
El vidrio polarizado de aquella ventanilla era molesto a sus ojos. Por esta incomodidad es que se escuchaba el sonido de sus dedos golpeteando contra el asiento donde estaba sentada. La mirada de aquella muchacha, clavada hacia la imagen del exterior, emitía cierto brillo por su entusiasmo.
— ¡Me encanta! —fueron sus palabras. A su lado, una mujer de bata blanca prestaba su total atención a una planilla que tenía en manos. Parecía escribir algunas anotaciones ligadas al comportamiento de quien le hablaba.
— Percibo el entusiasmo que tienes, y creo que sé cuál es la razón.
— ¡Ah! ¿Cómo es que se dio cuenta? Creí que no prestaba atención a detalles tan pequeños.
— Es mi deber que toda mi atención gire alrededor suyo, Hatsune —soltó un ligero suspiro, al cual acompañó después con una sonrisa ligera. Habiendo terminado de escribir en la planilla, se dispuso a observar a la contraria.
Allí se encontraba Hatsune Miku, esa idol tan popular, ícono del mercado del software Vocaloid. Alguien que la viese por primera vez, tardaría en digerir que estuviera realmente ahí presente y que no fuese un holograma o el cosplay de algún fanático. En carne y hueso, el homúnculo parpadeó un par de veces manteniendo silencio, las facciones de su rostro demostraban que algo tenía para decir, pero dudaba en hacerlo o no.
— ¿Puedo bajar la ventanilla del vehículo? —ya, se atrevió a hablar del problemilla que le venía molestando.
La mujer, que por apariencia no debía superar los cincuenta años, se cómodo los lentes.
— El vidrio polarizado impide a los civiles que vean su rostro, la discreción es necesaria. ¿Realmente le gustaría que el primer día de su inserción en la sociedad, sea perseguida por fanáticos hasta su vivien-
— ¡Un segundo! Lo siento pero… —calló tras decir esas palabras. La diva parecía dudar si interrumpir o no a la mujer, sin caer en verdadera consciencia de que ya lo había hecho. Una sonrisa tenue se dibujó en su semblante, a la vez que alzaba el dedo índice de su mano. Iba a proseguir—. Hoy o mañana, en algún momento saldré a la calle y el resultado será el mismo. ¡No me molestaría encontrarme con personas que me conozcan! Quisiera ver el rostro de cada individuo que escuchó mi voz al menos una vez. Gracias a ellos estoy viva, ¿No es verdad?
— Es un deseo muy noble, el problema es que sus oyentes están en todas partes del mundo. Tampoco son unos cientos o miles, son millones.
— Ya veo… —desalentador resultó ser el tono de su respuesta. La sonrisa no se le borraba de la cara, pero sabía que era mejor no seguir insistiendo en el tema.
Hatsune quería bajar la ventanilla porque los vidrios polarizados no le permitían ver el paisaje y sus bellos colores. Era la primera vez que salía al exterior, que sus ojos observaban las calles y a las personas que las transitaban, los grandes carteles que pasaban anuncios digitales la deslumbraban, así como la infraestructura de varios edificios la absorbían casi por completo.
¡Pronto tendría tiempo y libertad para andar por donde quisiera! Su imaginación volaba más allá de las nubes. Cuando el rostro de un desconocido era captado por sus ocelos aguamarina, ella ya se imaginaba frente a los mismos entablando conversación… ¡Y quién sabe! Quizás también amistad.
— ¿Cuando será el primer concierto? —cuestionó.
— Dentro un mes, la idea es darle el tiempo suficiente para que se acostumbre a la vida fuera de los laboratorios.
— ¡Ah! Faltará mucho… ¿Hay algo que pueda hacer para pasar el tiempo? Me enseñaron que las personas disfrutan de otras actividades más allá de su trabajo.
— Le recomendaría que hablara ese tema con su tutor legal, el mismo tiene la obligación de brindarle una mano. Así tendrá, además, un motivo para entablar conversación.
— Oh… ¡No no! No querría eso para nada, ¡Sería una mala idea buscar conversación de esa forma! —desvió la mirada de la ventanilla sólo para mostrar su sorpresa a la mujer. Ella al ver esto, encarnó una ceja.
— ¿A qué se refiere? —fue lo único que preguntó.
— Quiero decir… hoy voy a conocer a la persona con la que viviré, ¿Verdad? Sería egoísta de mi parte llegar y bombardearle con preguntas que sólo me beneficiarían a mí. Es una persona ¡Una persona con sentimientos, una historia, y música en su interior! Quisiera saber cómo es la sinfonía que alberga en su corazón y…
No se detuvo.
Aquella joven cuando se entusiasmaba, o la conversación tocaba un punto que conmovía su espíritu artificial, un torbellino de ideologías y sentimientos afloraba en forma de palabras por su garganta. Uno podía escucharle hablar de esa manera durante minutos enteros sin perder el interés, quizás porque el ser humano no puede hacer caso omiso a las pasiones de sus semejantes.
El miembro del cuerpo médico le escuchó con suma atención, de vez en cuando anotaba algunas palabras sueltas en la planilla, y de vez en cuando se le formaban curvas en los labios, expresando de manera sutil un poco de felicidad.
Fue así como transcurrió la mayoría del viaje, porque el traslado en sí no estaba destinado a que durase tanto tiempo. Cuando Hatsune terminó de hablar, la mujer soltó un suspiro de buenas vibras.
— Escucharle hablar me hace sentir orgullosa del trabajo que hemos hecho —tras comprobar con una rápida mirada la ubicación del carro que las transportaba en las calles de la ciudad, tuvo la iniciativa de buscar entre los papeles una pequeña nota. Se la extendió después—. Tome, esto es para usted.
Ni bien Miku agarró el papel, se puso a examinarlo. Mientras tanto, quien le acompañaba se arrimó al asiento del conductor con tal de darle las indicaciones de dónde detenerse específicamente.
Número de Línea Móvil: +XX-XXX-XXX
"Debe ser el número de mi celular nuevo" fue lo que pensó.
Dirección de vivienda: XXXXXXXX XXX, Décimo piso, apartamento C.
Nombre del tutor legal: Tanaka XXXXXX.
— Tanaka-kun —palabras suaves que sus labios pronunciaron, inevitablemente un torbellino de emociones le colmó los sentidos hasta cristalizar sus ojos. Vaya muchacha tan fácil de conmover.
¿Él era la persona con la que viviría? ¡No veía a la hora de saber todo sobre su persona!
— Tanaka-san —corrigió la mujer, que a sabiendas por los lectores, le había escuchado—. Es su tutor legal y un joven nueve años mayor que usted.
Ni bien la advertencia fue dada, el vehículo detuvo su andar frente a un edificio al final de la calle. Miku no tardó en despedirse de la científica que le escoltó a su vivienda, habiendo insistido en que no necesitaba que se bajara con ella para controlar que todo estuviera en orden; pues la diva tenía la corazonada de que todo marcharía como corresponde e incluso de una manera mucho mejor.
El transporte arrancó y ella quedó sola en la vereda, observando la construcción donde viviría de ahora en más. La fachada no distaba de los típicos edificios promedios de Japón, donde vivían las personas con sueldos dignos a sus trabajos y tenían vidas totalmente comunes de corrientes.
Algunas miradas curiosas de los transeúntes se detuvieron en ella, por lo que no pudo evitar extender su brazo para saludarles. Visto esto como una señal de correspondencia y posibilidad para entablar conversación, se acercaron al homúnculo y le pidieron fotos. ¡No podía negarse, ni lo iba a hacer aunque pudiera! Para la joven de cabellos aguamarina, era el inicio de su nueva vida conociendo a todos sus oyentes, quienes le dieron la posibilidad de existir en la realidad. ¡Era de lo mejor! Por eso es que en cada foto mostró su sonrisa más amplia.
Una vez aquellos fans curiosos se despidieron, Hatsune tomó su pequeña maleta y entró al edificio con la llave que le dieron en los laboratorios. Pasó el lobby, saludó al portero, a quienes pasaban de casualidad, y entró en el ascensor. Un piso, dos, tres, cuatro, los contó mentalmente hasta llegar al décimo, lugar donde se detuvo.
El entusiasmo podía ser hasta abrumador, era sorprendente que un ser artificial tuviera tantas emociones fuertes por dentro. Le tembló el pulso de la mano que extendió para abrir la puerta y encarar el pasillo principal.
No tardó mucho tiempo en divisar una figura vistiendo ropas de gama oscura de espaldas a ella, aparentemente cerrando con llave la puerta del departamento C.
— ¡Ah! —exclamó una vez se percató de ello, y sus pasos encaminó hasta quedar detrás de él a una distancia prudente. El individuo en cuestión era, quizás, unos ocho o nueve centímetros más alto que ella—. ¡Tanaka-kun! ¡Muy buenos días!
El contrario, sin embargo, reaccionó de una manera no esperada. Todos los músculos de su cuerpo se tensaron en una fracción de segundo, y se sumergió en el rotundo silencio. Ni siquiera volteó para ver a la contraria, de sus labios no salió respuesta alguna.
La cantante, al notar la reacción ajena y la carencia de una respuesta, sintió dentro suyo la punzada del nerviosismo.
Silencio.
Aquella mano que ésta había preparado para mostrar un lindo saludo para cuando volteara, acabó siendo bajada hasta dejarla tendida. La sonrisa se volvió más tenue, sin perder su esencia.
¿Había dicho algo mal? Recordó entonces la corrección de la científica que le escoltó.
— Quisiera decir… ¡Tanaka-san! Perdóneme por el saludo tan repentino —nuevamente, el brazo que bajó se volvió a elevar, dejando reposar la palma de su mano sobre su pecho. Como si estuviera buscando fuerzas en su interior para comunicarse con la chispa de su espíritu—. Mi nombre es...
— … ¿Se está burlando? —tres palabras que salieron de los labios ajenos. Las mismas fueron dichas en tono suave, de la misma forma en que la voz se escucha cuando habla en un ambiente calmo. Sin embargo, si bien carecía de matices violentos, resultaron tan tajantes que cortaron en limpio las de Hatsune.
Era inusual, una sensación extraña oprimió el pecho de Miku durante pocos segundos. ¿Qué era? ¿Por qué le costó definir lo que sintió?
— ¿E-Eh?
Lo único que sabía era que esa punzada dejó un sentimiento de vacío por detrás, y que creció gradualmente al ver cómo el ajeno volteaba con tal de quedar enfrentados.
Ahí es que lo vio, un muchacho de lo más inusual. Los rasgos faciales del mismo no distaban de cualquier hombre asiático próximo a sus treinta años. Sin embargo, sus ojos decían lo contrario.
— Es el ícono del mercado Vocaloid, conocida y escuchada mundialmente, su voz y su imagen se reconocerían a kilómetros de distancia, ¿Y tenía la intención de presentarse como si no la conociera?
Hatsune veía un pantallazo de lo que aquellos orbes reflejaban, y no era nada más ni nada menos que grandes cantidades de dolor y angustia guardadas, a lo largo de los años, en las entrañas del alma.
El choque de personalidades fue tan fuerte, que dejó a la cantante en estado de shock durante un corto lapso de tiempo.
— ¿Se está burlando de mí?
Lo único que hizo fue desviar la mirada de la ajena, no quería indagar en la misma, se trataba de una reacción instintiva frente a lo desconocido e intimidante.
Acabó mirando sus manos extendidas a la altura de su pecho. Sus dedos jugueteaban entre ellos de manera inconsciente, producto del nerviosismo.
— Yo… no, ¡No! No tenía intenciones de burlarme, Tanaka-san. ¡Todo lo contrario! ¡Mi intención es que tengamos una buena relación! Será mi tutor legal, ¡Desearía saber sobre usted, conocerlo! No desearía bajo ningún medio generarle un malestar… —durante un instante se sintió una cobarde, trataba de que su voz sonare firme y llena de convicción, pero no se atrevía siquiera a mirarle a los ojos. Sentía que si lo hacía, se la iban a comer.
El silencio nuevamente imperó entre ellos dos, pero ahora la tensión fue mucho mayor.
¿Pero qué estaba pasando? ¿Así eran las relaciones sociales fuera de los laboratorios? ¿Los tutores legales solían ser así con quienes debían cuidar?
No entendía, Hatsune no entendía nada. Le daba la sensación de que no lo haría hoy, ni mañana ni el día siguiente a ese. Quizás pase toda su vida sin saber la razón detrás de esa mirada llena de trist-.
Un suspiro.
El contrario soltó un suspiro pesado, a leguas se notaba que liberó toda la tensión que le dominó. Pese a ello, Miku no dijo nada, apenas se animó a alzar la dirección de su mirada.
Lo hizo tarde, de todas formas. Tanaka comenzó a caminar y pasó al lado de la cantante sin tocarle un pelo. Fue una evasión rápida y eficiente, para cuando ella volteó con tal de verle las espaldas, él ya había llamado al ascensor.
— Tana-.
— Hable con el vecino, departamento B. Él es quien le está esperando.
El sonido de la puerta abriéndose, seguido de la figura de cabellos azabache adentrándose al ascensor, y finalmente la desaparición del mismo por su descenso hasta planta baja, fue esa secuencia de imágenes lo último que vio de su tutor.
…
— . . . —Hatsune parpadeó un par de veces. La sonrisa en su rostro se había borrado.
¿Qué fue eso?
¿No se supone que las bienvenidas son demasiado diferentes a lo que experimentó?
¿Por qué le dolía el pecho?
Ah… qué difícil es ser humano, ¿No?
Aunque claro, ella era uno artificial.
Respiró profundo, y con la manga del brazo trató de retener las lágrimas de sus cristalinos ojos. Eso sin embargo, no sirvió de nada para que dejaran de verse así, al borde del llanto.
Movió nuevamente sus pies, y esta vez se detuvo frente al apartamento cuya puerta relucía la letra "B".
Tocó el timbre y esperó. No pasaron más de dos minutos para que la puerta se abriera y mostraran un rostro nuevo.
Era otro muchacho, hebras castañas en sus puntas y rubio desde el cuero cabelludo, producto obvio de una intervención por parte de un peluquero. A juzgar por su rostro, tampoco estaba muy lejos de cumplir los treinta años.
Este, al ver a la cantante, abrió sus párpados y esbozó una cálida sonrisa.
Se le veía tan entusiasmado como ella cuando entró al edificio.
— ¡Muy buenos días! Te he estado esperando.
Alguien le estaba esperando, alguien quería darle una bienvenida. Ese gesto, quizás, fue un consuelo para su corazón conmocionado por el suceso reciente. Lentamente cerró los ojos, dejando que la sensación calmara sus alborotados pensamientos. Lágrimas a punto de brotar quedaron en los respectivos lagrimales, sin llegar a derramarse por su rostro. Poco a poco se asomó esa sonrisa que tanto quería entregar a quien la recibiera, siendo en este caso ese muchacho cuyo nombre desconocía.
— ¡Gracias por la bienvenida! Mi nombre es Miku Hatsune, ¡Y es un placer conocerlo!
¡Hoooola! ¡Muy buenas a todos! ¡Realmente espero que les haya gustado el capítulo! Sigo un pelín nerviosa por lo que pueda resultar de todo esto, ¡Pero hay que encarar estas cosas de frente, o nunca se llegará a nada! Así que de todo corazón agradezco que hayas llegado hasta aquí leyendo.
Gracias a Fatimasand por el comentario que dejó en el prólogo, ¡Me has motivado a seguir! -inserte aquí un corazoncito-.
¡Que todos tengan un bonito día, y hasta el próximo capítulo!
