Hola! pues aqui, subiendo el segundo capitulo a mi fic! espero les guste! les advierto que este capitulo tiene mucho lemmon! si no les gusta leer lemmon y slash, no lean :D
Nuevamente les digo: los personajes no son mios, son de Step. Meyer :D yo solo juego con la historia!
Capítulo 2. "Secuestro"
Edward POV.
Las semanas pasaban rápidamente, ya habían pasado casi un mes desde que llegamos a este lugar. Alice, Emmett y yo nos habíamos vuelto inseparables. Estábamos todo el día juntos, excepto en el trabajo; aunque ahí si estaba con Emmett, era lo importante.
Nuestra relación había crecido mucho. Alice era estupenda, actuó como si no le hubiera dicho nada. Obviamente cuando tenía algo que decir lo decía directamente.
Al principio Emmett y yo nos quedábamos toda la mañana juntos. Pues Alice estaba en la escuela, después íbamos por ella y comíamos en algún lugar. Y toda la tarde me la pasaba con Emmett en la construcción. Me dolía todo el cuerpo, pues el ejercicio era demasiado, pero valía la pena.
Ahora Alice está de vacaciones. Así que toda la mañana estamos los tres juntos. Es imposible aburrirte cuando estas con ellos. Y también era imposible no perderme en los ojos azules de Emmett. A veces me quedaba mirando demasiado tiempo y Alice me avisaba que Emmett se estaba dando cuenta de mis miradas.
Mi padre ya conocía a Emmett, pues lo vio un día en la construcción y sabia que yo me quedaba con el todo el día. Hoy había invitado a cenar a Alice y a Emmett a mi casa a petición de mi padre. Los quería conocer.
La primer conversación que tuve acerca de Emmett con mi padre fue algo incomoda. Acababa de llegar yo del trabajo, Emmett me había traído pues yo me rehusaba a conducir mi coche. Prefería que Emmett me trajera a casa.
Abrí la puerta y mi padre me estaba esperando para cenar.
-¿te trajo Emmett? –inquirió mi padre.
-así es –conteste.
-sabes algo hijo… tal vez no te lo debería de decir. Pero te quiero y quiero que te cuides. Tal vez Emmett está tomando su relación algo… formal –dijo el dejándome impactado.
-¿Cómo dices?
-hoy hable con una empleada del hospital. Le pregunte por Emmett, solo por curiosidad. Además quería saber con quién se juntaba mi hijo –mi padre pensó un poco lo que iba a decir-. Me dijo… me dijo que Emmett era homosexual. –lo dijo con demasiada seriedad.
-bueno, eso no tiene nada de malo –dije yo-. Puede seguir siendo mi amigo.
-por supuesto que sí. Solo que, creo que necesitabas saberlo, tal vez el muchacho se está haciendo ilusiones…
-no te preocupes papa. Yo soy el que quiere pasar tiempo con él. Me aburro mucho en casa y es… mi mejor amigo.
-claro, bueno hijo… te apoyo en cualquiera que sea tu decisión. Siempre serás mi Edward –la manera que lo dijo me impresiono. Era como si supiera que yo era gay y que me gustaba Emmett. La manera en que dijo "te apoyo en tu decisión" fue como decir "te apoyo si eres gay, siempre te querré igual".
Mi padre a veces me daba miedo. Después de esa charla no tuve otra más acerca de Emmett.
Me sentía algo dolido porque Emmett no me hubiese contado nada de sus gustos. Jamás me había dicho. Aunque las personas del pueblo tampoco decían nada. Ya había preguntado a tres personas diferentes acerca de Emmett, esperando que alguien me dijera que Emmett era Gay.
La primera fue una amiga de mi padre. Estábamos conversando sobre cómo era mi estancia en este lugar. Le conteste que me sentía muy a gusto y le pregunte por mis nuevos amigos. Alice y Emmett. Me contesto que los dos eran jóvenes increíbles, muy trabajadores y muy buenos. Que estaba feliz de que hubiera encontrado unos amigos así, y no a los brabucones del pueblo.
Y las otras dos me dijeron casi lo mismo. Al parecer Emmett y Alice eran los populares del pueblo.
Pensándolo bien, eran los únicos hasta ahorita que podrían ser populares en un pueblo así.
Los dos se vestían de maravilla, no como pueblerinos. Alice compraba su ropa en tiendas de prestigio en la ciudad y Emmett dejaba que Alice lo vistiera. Todos hablaban maravillas de ellos. Como si todos quisieran tenerlos de hijos.
Uno de las personas a las que pregunte de ellos fue a una joven de decimo grado. Estaba fascinada con Alice, decía que de grande quería ser como ella, y que Emmett era el mejor amigo que alguien pudiera tener. Y que admiraba a los dos. Y también sus amigas.
Todos hablaban cosas extraordinarias de ellos. Pero ninguno me dijo si Emmett era gay. Tal vez no era tan público como Alice me había dicho, o tal vez, en este pueblo, realmente no les importa tanto los gustos y preferencias sexuales. Algo así en Phoenix era enorme, todos lo sabían y criticaban, pero no aquí.
-El joven Emmett llego a la casa –me anuncio Romina, la sirvienta
-gracias Romina –le dije con una sonrisa. Romina me caía bien.
Camine por el enorme pasillo de la casa hasta que llegue con Emmett.
-adelante Emmett. Mi padre aún no llega… ¿Dónde está Alice?
-se quedo haciendo unos trabajos para su padre, en un momento nos alcanza –contesto el acercándose a mí.
-ven sígueme –le dije y me dirigí a la habitación multimedia, ahí había un sofá y una televisión enorme. Varios CD's y películas.
-¿A dónde vamos? –pregunto él.
-esperaremos a mi padre en la sala multimedia –le dije mientras abría la puerta de la habitación.
Me hice a un lado para que Emmett pasara.
-¡romina! –grite
-¿si, señor? –contesto ella desde el final del pasillo.
-si llegan Alice o mi padre nos tocas la puerta por favor –le dije y me adentre en la habitación. Emmett miraba todo lo que había dentro.
-¿te gusta? –le pregunte.
-es increíble
Camine unos pasos para sentarme en el sofá café. Emmett me imito y se sentó a un lado mío.
-¿en dónde está tu padre? –pregunto.
-está en el trabajo, tenía un paciente que se retraso.
Me quede viendo su hermoso rostro. Llevaba puesto una playera color arena y un pantalón de manta un tono más claro que la playera. Era un atuendo muy fresco. En este pueblo hacia demasiada calor.
Esperamos a Alice y a mi padre. La primera en llegar fue Alice. Le mostré toda la casa porque quería conocerla. Cuando mi padre llego nos fuimos a la mesa y cenamos. Mi padre converso con Alice y Emmett y les estuvo cuestionando acerca de sus familias. Al principio tenía miedo que a mi padre se le ocurriera cuestionar a Emmett sobre su elección sexual. Pero no lo hiso.
La cena no tuvo ningún acontecimiento realmente importante. Mi padre recibió una llamada y después de disculparse con nosotros salió al hospital, al parecer alguien había tenido un accidente.
Después de cenar los tres nos dirigimos a mi habitación.
-¿Qué es esto? –pregunto Alice horrorizada.
-mi habitación –conteste confundido.
-pero ¡por dios! ¿No tienes gusto de la moda o que te pasa?
-es solo una habitación Alice –le dijo Emmett-. A mí me parece perfecta
Se adentro en mi habitación con Alice detrás de él.
-Edward. ¿Puedo remodelarla? –Alice me miro con ojos de suplica.
-Alice no tengo nada nuevo. Todo lo que tengo esta aquí.
-perfecto. Es todo lo que necesito. A ver… -sus ojos curiosos empezaron a examinar todo-. Ok. Ustedes dos –nos señalo con su pequeño dedo-. Se irán a aquella esquina –señalo hacia la esquina frente a nosotros.
Emmett camino hacia allá con una sonrisa en los labios. Atrayente –pensé.
-Emmett, tápale los ojos a Edward, no quiero que vea nada –le ordeno Alice.
Emmett estaba pegado a la pared por órdenes de Alice. Yo me puse frente a él y deje que hiciera lo que Alice le había dicho. No era muy inteligente discutir con Alice, ella siempre ganaba.
Emmett elevo sus manos a mi rostro y lentamente las coloco en mis ojos.
-tranquilo, así es Alice –me susurro al oído provocándome un escalofríos.
Mi corazón latía fuertemente por el contacto de Emmett. Sus manos grandes y rudas estaban en mi rostro, sujetándome con delicadeza.
Mi respiración se agito un poco al darme cuenta de lo cerca que estaban nuestros cuerpos, sentía sus pectorales rosar mi espalda. Me fui acercando cada vez más a él, lentamente para que no lo notara. Sentí su pecho presionado en mi espalda. Y todo su cuerpo rosar con el mío. El también respiraba rápido y entrecortadamente.
-¿Qué esta asiendo? –le pregunte cuando escuche el ruido que hacen los objetos al ser arrastrados.
-esta… está loca. Deja que termine –me contesto entre risas. Al contestarme y reírse su cuerpo se movía y me excitaba. Cada respiración que el daba hacia que su pecho se presionara contra mi espalda.
-¿quieres ayuda con eso? –pregunto Emmett.
-nop –contesto Alice.
Escuche algo pesado arrastrarse de un extremo a otro.
Me relaje. Entonces sentí algo más…
Justamente en mi glúteo derecho sentía un bulto suave. No pude resistirme a él. Empecé a mover mis caderas casualmente y sentí como su miembro rosaba mis glúteos, al parecer él no se había dado cuenta. Estaba bromeando con Alice sobre algo. Pero yo no les prestaba atención. Su miembro era enorme. Lo podía sentir atreves de esa delgada tela que llevaba como pantalón. Me apreté un poco más a él. Sentí su miembro apretarse contra mi muslo. Era grande, y ni siquiera estaba en erección. No podía arriesgarme a que Emmett se diera cuenta. Respire lentamente para calmarme. La espera fue larga, porque la tentación me invadía cada vez más. No tengo idea del tiempo que Alice tardo. Emmett me susurraba cosas al oído. Cosas que estaba haciendo Alice. Eso solo aumentaba mis nervios. Pues su vos era dulce, masculina y sensual.
No tengo idea cuanto tiempo estuvimos así. Pero fue eterno y de mucha tentación.
-ya. Suéltalo Emmett –dijo Alice.
Abrí los ojos y vi todo lo que Alice había hecho.
Si no fuera porque estaba viendo mis cosas, había pensado en que me cambiaron de habitación. Todo estaba realmente perfecto, guardado, acomodado, la cama la había movido de un extremo a otro, ahora estaba junto a la ventana. En el centro había un gran espacio libre, un espacio que antes no había. En medio de la habitación había una alfombra que jamás había visto. Era color café y quedaba perfecto con mis muebles.
-¿y esa alfombra? –pregunte.
Emmett se rio por lo bajo.
-es tu antigua alfombra, estaba debajo de la cama, solo que estaba hacia otro lado.
Se dirigió a ella y levanto un extremo de la alfombra. Por debajo era azul y estaba muy sucia. Ese color si lo reconocí, era el que estaba debajo de mi cama.
-y bueno ¿te gusta? –inquirió ella con impaciencia.
-es… perfecta. ¡Me encanta!
Una sonrisa inundo su rostro.
-¡mira! –Alice empezó a revolotear por todos lados de la habitación. Trate de escucharla pero no pude; pues en ese momento Emmett froto mis brazos con sus manos. Cada que él me tocaba una corriente eléctrica me inundaba. Se acercó a mi oído y me dijo:
-así es Alice. Acostúmbrate.
Gire mi cabeza para verlo. Sus manos se detuvieron a la altura de mis bíceps y se quedaron ahí. Nuestros rostros quedaron demasiado juntos. Podía ver a la perfección sus hermosos ojos. Sus labios tentadores. Respirar su aliento. Sentí que nos acercábamos, estábamos a escasos centímetros.
Emmett cerró los ojos y me acerque a él. Pero me detuve. Eso no era correcto. Entonces baje mi cabeza apenado, todo eso paso en escasos 5 segundos.
Cuando me levante la cabeza para ver a Alice aún no se daba cuenta de lo que pasaba entre nosotros. Emmett soltó mis brazos y respiro tres veces.
-la cama va en ese lugar porque da buenas energías –decía Alice mientras señalaba la cama pegada a la ventana.
Se escucharon tres golpes en la puerta.
-Adelante –Grite.
Era romina.
-Señor, su padre está al teléfono –me dijo. Camine hacia la puerta y tome el teléfono que estaba en la mano de romina.
-ahorita regreso –murmure hacia Emmett y Alice.
Escuche los gritos de felicidad de Alice mientras le mostraba todo a Emmett.
-¿sí? –conteste.
-Edward, hijo lo siento. Tengo que quedarme en el hospital hasta mañana –dijo él.
-¿está todo bien, papa?
-no, unos jóvenes tuvieron un accidente, cuatro están en terapia intensiva. Tengo que quedarme a ayudar…
-por supuesto, no te preocupes.
-Puedes decirles a tus amigos que se queden a dormir –me sugirió el.
-¡por supuesto! –acepte rápidamente-. Se quedar aquí –le asegure-. ¡Gracias papa!
-Edward –dijo el-. Cuídate hijo.
-claro, tu también. Nos vemos –colgué el teléfono para ir con los chicos. Antes de entrar a la habitación deje el teléfono sobre una pequeña mesa que estaba afuera.
-Era mi padre –les dije. Emmett estaba sentado en mi cama y Alice examinaba algunas cosas que tenía en una repisa.
-¿ya viene en de regreso? –me pregunto Emmett.
-no, se quedara en el hospital. Al parecer unos jóvenes se accidentaron –les informe.
-pues que mal –contesto Alice aún inspeccionando mis cosas.
-Me dijo que los invitara a dormir en mi casa –les dije.
Emmett me miro directo a los ojos con una sonrisa disimulada. Y Alice se giro con rapidez para verme.
-sí, sí, si –empezó a revolotear-. Veamos películas, contemos historias… si –estaba extasiada.
-no lo sé… -murmuro Emmett. Eso bajo mi ánimo, pero el de Alice no.
-¡por favor! –Grito Alice-. Veremos películas, jugaremos, estaremos toda la noche con Edward…
-tengo que pedir permiso –le dijo Emmett.
-hay ¡por favor Emmett! Tú mama claro que te deja
-está bien Alice, pero tú tienes que pedir permiso
-¡claro claro! –Giro rápidamente su rostro para verme-. ¿Tienes un teléfono?
-sí, claro –abrí la puerta y tome el teléfono que había dejado afuera-. Toma.- se lo entregue.
Alice lo tomo. Marco un numero y se puso el teléfono en el oído. Empezó a caminar por toda la habitación.
Me dirigí hacia donde estaba Emmett y me senté a su lado.
-si no quieres quedarte, no lo hagas –le dije.
-no. Claro que quiero quedarme –contesto él con alegría-. Es solo que… nada –agito su cabeza hacia los lados.
-¡sí! –grito Alice exaltándome.
-genial –murmuro Emmett.
-¡Edward! ¡Quiero ver una película!
Emmett POV.
-Genial –murmure divertido. Alice se quedaría a dormir, eso significaba que yo también.
-¡Edward! ¡Quiero ver una película! –grito mientras daba un pequeño salto.
Edward se puso de pie y yo detrás de él. Alice fue la primera en salir de la habitación.
Cuando salimos Romina, la mujer que hacia el aseo en la casa estaba en el pasillo.
-Romina, preparas las dos habitaciones de huéspedes. Se quedaran a dormir Emmett y Alice –le ordeno Edward.
-por supuesto señor –le contesto ella-. Pero… una habitación esta en remodelación –dijo con vergüenza.
-claro, por supuesto –dijo él mientras pensaba.
-yo puedo quedarme en la sala –le dije.
-para nada –contesto el- te quedaras en mi habitación. Romina prepara la habitación para Alice, por favor.
La noticia de dormir en la misma habitación que Edward me impacto. Me puse nervioso solo de pensarlo. Estar en la misma habitación que el… mi corazón empezó a latir con fuerza.
Alice y Edward habían avanzado. Se dirigían a la habitación de multimedia.
Los seguí con un poco de esfuerzo. Me comportaba como un niño. Pero era imposible no hacerlo. Edward era mi todo. Estaba realmente enamorado de él. Antes yo había sido muy sincero. Siempre tomaba la iniciativa con mis parejas. Pero no con él. No podía decirle a el que yo era gay. No podía dejar que esta relación se acabara. Tal vez el no sienta lo mismo hacia mí. Y me deje de hablar… la idea de perderlo me altero. Trate de no pensar en eso.
Mientras caminaba tome mi teléfono celular y marque a mi casa.
-¿mama?
-no, soy yo –contesto mi padre.
-papá me quedare a dormir en casa de Edward –le avise.
-¿y eso por qué?
-Alice se quiere quedar para ver películas.
-a claro. Bueno se cuidan –colgó.
Qué bueno que mi padre contesto. Si hubiera sido mama, hubiera tenido que darle un montón de explicaciones.
Cuando entre en la habitación Alice estaba en el apartamento de los DVD's y Edward sentado en el sofá.
Era un sofá pequeño, de piel.
Me senté a su lado.
-¿quieres que te preste el teléfono? –dijo él.
-no Edd, gracias, ya les marque de mi móvil –le conteste con una sonrisa.
Sus labios se abrieron en una media sonrisa. Dejaron al descubierto sus dientes blancos, perfectos.
-está bien –Alice atrajo mi atención-. Quiero ver esta –agito una caja de color negro con letras blancas.
-esa es de terror –comento Edward-. No querrás verla.
-¿da miedo? –pregunto Alice acercándose a nosotros.
-sí, un poco. Pero más bien tiene muchas escenas sangrientas
-excelente –camino rápido hacia el reproductor de DVD arriba de la enorme televisión.
Esta habitación valía más que mi casa.
-sabes Emmett… -comenzó a decirme Edward-. Eres sensacional. Una persona maravillosa.
Me ruborice. Lo sentí. Sonreí con timidez.
-gracias. Tú también eres increíble –conteste.
Alice estaba frente a nosotros. De pie y mirándonos.
-me sentare en el suelo –dijo.
-oh, lo siento. Siéntate aquí –le dije poniéndome de pie.
-no, de verdad. Aquí estoy bien –me dijo. ¿Qué le ocurría?
-Alice –la llamo Edward-. En aquel lugar –señalo unas puertas de madera-. Hay algunos sillones. Puedes sacar unos…
-claro, gracias –Alice se puso de pie y abrió las puertas. No pude ver lo que había adentro, pero escuche el asombro de Alice.
-Edward ¿no tienes en que gastar el dinero? ¡Tienes muchos sillones y cojines!
Vi como sacaba un sofá de piel negro, era redondo y estaba relleno de pequeñas bolas de plástico suave. Yo tenía uno como ese hace mucho. Eran realmente cómodos.
Lo coloco frente a nosotros, pues al sentarse quedaba casi pegada al suelo y no nos estorbaba en la visión.
Los créditos iníciales comenzaron en la película.
El sofá en el que estábamos sentados Edward y yo era muy pequeño, apenas cabían dos personas. Su pierna estaba pegada a la mía.
La luz de la televisión hacia que su rostro se viera hermoso. Perfecto.
La película transcurrió. No puse mucha atención. Pero daba la impresión de estar interesante.
Alice se la paso gritando. Casi al principio Alice había pedido unas cobijas a romina. A pesar de que el calor era sofocante, dentro de la casa se sentía un poco fresco a esta hora.
La historia de la película era de un grupo de jóvenes perdidos en una isla. Donde habitaban fantasmas y caníbales. Los trituraban y mutilaban antes de comérselos.
No me llamo mucho la atención.
Cuando termino Alice se quedo viendo los créditos sin despegar los ojos de la pantalla
-¿te gusto? –le pregunto Edward con una sonrisa. Estaba divertido.
-esta… interesante –contesto ella. Jaja, al parecer la película le había causado un trauma.- ¡por dios! ¡Vieron como se salvaron esos dos últimos! ¡La pareja era increíble! ¡Toda esa sangre! ¡Me encanto ver como se los comían!
Bueno, me equivoque. No le causo ningún trauma.
-creo que tengo que dormir –nos dijo Alice mientras se ponía de pie-. ¿Qué hora es?
-las… dos de la mañana –contesto Edward
-¿es enserio? –le pregunte. El tiempo se me había pasado rapidísimo.
-sí. Creo que también necesito dormir –dijo él.
-claro, yo también.
-entonces… -se puso Edward de pie y apago el televisor. Nos salimos de la habitación y esperamos a que el saliera.
-bueno, Emmett. Puedes ir a la habitación. Ahorita voy para allá, llevare a Alice a la suya.
-claro Edd –le conteste.
-hasta mañana Emmett –Alice se despidió de mi mientras Edward la dirigía hacia las escaleras.
Camine hacia la habitación de Edward. Al entrar me dirigí a la cama, era grande y cómoda. Me senté en un extremo y me puse a admirar su habitación.
Edward tardo un momento en llegar.
-creo que hay un problema –me dijo.
-¿Qué pasa? –le pregunte preocupado.
-algo paso con la luz. Los climas no quieren encender –me explico apenado.
-no te preocupes, jamás he dormido con clima –le sonreí.
-la noche no esta tan caliente –admitió el-. Bueno… ahí está el baño, si quieres ducharte –señalo una puerta a un lado del closet.
-sí, te lo agradezco –le dije.
Camino hacia el enorme closet y abrió unas puertas.
-toma –me entrego unas prendas-. Un short y una playera –me dijo.
-muchas gracias –las tome entre mis manos.
-puedes tomar una toalla de ahí –me señalo una puerta pequeña alado de la puerta del baño.
-gracias –le dije. Me puse de pie y deje la ropa que Edward me prestó en la cama para ir por una toalla.
Abrí la puerta que había señalado y tome una de las tantas toallas que había en ese lugar.
-ahorita regreso –me dijo Edward antes de salir de la habitación.
Entre al baño. Dios era enorme. Y muy lujoso. Había un enorme espejo en la pared izquierda y hasta el fondo había una puerta corrediza, me dirigí a ese lugar y la abrí. Era la regadera. Había un espacio donde había una tina para jacuzzi y un espacio para ducha normal.
Coloque la toalla en la pared derecha, ahí había un gancho para las toallas.
Me quite la camisa y después el pantalón. Cuando iba a quitarme la ropa interior escuche una puerta al cerrarse y me gire para ver. Demonios había dejado la puerta abierta. Camine hacia ella y la cerré, Edward había entrado en la habitación y estaba sentado en su cama.
Me quite toda la ropa y me dirigí a la regadera.
Abrí la llave y deje que el agua fría relajara mi cuerpo.
Termine rápido, me estaba muriendo de sueño.
Cuando termine de ducharme me seque con la toalla y busque la ropa que Edward me había prestado. Demonios, la deje sobre la cama. Me anude la toalla en la cintura y tome mi ropa sucia.
Abrí la puerta y Salí.
-deje la ropa en la cama –le dije a Edward.
Cuando lo vi me impresione.
Ya lo había visto sin camisa. Pero verlo así me sorprendió.
Estaba sin camisa y llevaba una toalla demasiado corta, arriba del muslo, y estaba anudada en su cintura, pero la toalla era corta. Así que dejaba una ranura que dejaba ver su muslo derecho, desee con todo mi corazón poder ver algo más. Pero él se metió al baño rápido y me dejo ahí, parado como un idiota.
Me puse la ropa que me prestó. Era un short de tela blanca y una playera blanca también. Me puse la misma ropa interior que llevaba puesta y solo me puse el short.
La ropa que me había quitado la doble y la puse en un mueble que había a la entrada.
Edward salió del baño con un short hasta la rodilla y una playera gris.
-acuéstate Emmett –me dijo mientras cruzaba la toalla en un gancho del closet.
-¿Dónde dormiré?
-en la cama, conmigo –contesto el-. Claro, si no te molesta.
-no, para nada. –conteste.
Dormir en la misma habitación que Edward ya era increíble, dormir en su cama era aún mas, y dormir en su cama con él, era lo mejor que pude haber soñado.
Tal vez la noche pudo ser algo incomoda pero no. Por más que trate de no dormir para disfrutar a Edward tan cerca de mí. No lo logre, quede dormido en poco tiempo.
-Emmett –murmuro Edward en la noche, ya había pasado tiempo después de habernos dormido.
-¿Qué pasa Edward? –le pregunte preocupado.
No escuche nada más. Así que me gire para verlo.
Estaba dormido. Edward hablaba en sueños.
-Emmett –murmuro nuevamente.
Recosté mi cabeza en la almohada y me quede viendo su hermoso rostro angelical dormido.
-Emmett… Emmett te amo –sus palabras me traspasaron. Jamás espere escuchar eso, no de él. Fue increíble, realmente increíble-. Emmett te amo, te amo –murmuro varias veces. Mi corazón latía desenfrenadamente-. Protégeme Emmett. Te amo, desde que te vi –por un momento pensé que estaba despierto, pero no. Mi corazón no dejo de latir. Sin poder evitarlo, con mi mano derecha acaricie su mejilla.
Después de eso no volvió a decir nada. Pero con eso basto.
Edward me amaba, Edward me amaba.
Me arme de valor, planeaba decirle lo que yo sentía por el de una vez por todas.
Edward POV.
Al día siguiente la primera en irse fue Alice, había recibido una llamada de su madre, y después de almorzar se fue. Le dije a Emmett que se quedara. Hoy teníamos trabajo y le dije que podíamos irnos juntos.
Emmett accedió con facilidad. Hoy romina no vendría a trabajar, así que él me ayudo a arreglar un poco las habitaciones que habíamos utilizado. Mi padre no regresaría hasta en la noche.
Estuvimos todo el día platicando. Jamás se nos terminaban los temas para platicar.
Estuvimos escuchando música y el examino mis colecciones.
Me había dicho que tenía que hablar conmigo, así que lo lleve a la sala de estar. Nos sentamos en el sofá y espere a que comenzara a hablar.
Emmett POV.
Estábamos sentados en el sofá. Por fin se lo confesaría. Me sentía nervioso. Pero después de lo de anoche, no podía resistirme más.
-Edward… -comencé-. Edward esto es difícil para mí –sus ojos verdes me traspasaban-. No sé ni cómo empezar –admití. El sonrió y esa sonrisa me dio valor-. Edward, soy Gay –solté de pronto-. Su rostro se lleno de sorpresa, pero no de rechazo. Me siguió mirando esperando a que continuara-. Me gustan los hombres… bueno, no todos los hombres –corregí-. Me gustas tú –ahora su expresión cambio, la sorpresa paso al asombro, sus ojos se abrieron como platos, pero no me detuve, ya había empezado, ahora terminaría-. Me gustas desde que te conocí Edward y creo que necesitabas saberlo. Porque lo que siento por ti no es solo atracción, me gustas… y… y te amo Edward.
Espere su respuesta. Tal vez rechazo, tal vez no. Pero no podía adivinarlo.
-Emmett yo… -espere su rechazo, ahora mi idea no parecía tan buena-. Tu también me gustas Emmett –sus palabras me llenaron el corazón. Mi estomago sintió algo que jamás había sentido-. Creo… creo que también… te amo.
No pude resistirme más después de eso. Incline mi cabeza lentamente y el hiso lo mismo.
Sentí su respiración chocar contra mí. Mi corazón latió más fuerte.
Sentí sus labios rosar los míos. Mi respiración se agito. Nuestros labios quedaron unidos. Los movimos lentamente con nervios y un poco de tensión. Este momento era perfecto, me olvide de todo y me deje llevar.
El dulce beso se intensifico. Edward, sin despegar sus labios de los míos, se arrodillo en el sofá y coloco sus manos alrededor de mi cuello. Mis manos sujetaron sus caderas.
Sentí su lengua rosar mis labios y me éxito. Saque lentamente mi lengua entre besos.
El beso era increíble. Jamás había sentido algo como esto. No podía pensar en nada más. Solo quería tenerlo entre mis brazos.
Nos tiramos en el suelo y ni siquiera nos importo. El estaba arriba de mí y nos besábamos con pasión.
Sus manos acariciaban mi rostro y se enredaban en mi cabello.
Empecé a acariciar su espalda, descendí por sus glúteos y le acaricie ambas piernas.
Edward llevaba un short de tela delgada. Mis manos se metieron entre el short acariciando sus piernas. Las acaricie de arriba abajo, memorizando cada parte de el.
Sentí su miembro apretarse a mi muslo derecho. Después lo sentí endurecerse, eso me excito y mi pene también se erecto. Sujete sus glúteos con fuerzas y los apreté mas a mí, sintiendo su erección apretarse sobre mi cuerpo.
Sus manos volaron hasta mi cintura, se metieron entre mi playera y me acariciaron.
Recorrieron mi abdomen y llegaron a mi pecho. Sus dedos jugaban con mis pezones. Estaba totalmente excitado.
-Emmett –gimió entre besos. Eso me excito aun más.
Me gire para quedar yo arriba de él. Me senté sobre él y sentí su pene debajo de mis glúteos. Me quite la camisa y lo bese nuevamente. Sus manos acariciaban mi espalda.
Metí mis manos dentro de su camisa y lo acaricie. Descendí con mis labios hasta su cuello, saboreando su dulce piel. Con mis manos retire su camisa y la arroje en algún lugar de la sala.
Sujete fuertemente sus muñecas y las coloque arriba de su cabeza.
Descendí besando cada parte de su desnudes. Llegue hasta el cuello y mordí un poco.
Edward gimió.
-Emmett –decía entre gemidos.
Bese uno de sus pezones excitados y saque mi lengua para jugar con ellos. Los bese ambos mientras Edward gemía de placer.
Descendí más hacia abajo, dejando un camino de saliva durante el proceso. Mordí su abdomen y él se retorció. Regrese rápidamente a su boca y lo bese nuevamente. Sus manos se soltaron de mi agarre y me sujetaron del cabello.
-te amo Edward –le dije entre besos
-te amo Emmett –me respondió.
Nuestros cuerpos se rosaban. Sentía sus pezones tallar contra mi pecho, trate de hacer que mis pezones ya excitados jugaran con los suyos, provocándome una excitación mayor.
No podríamos llegar a la habitación. Empezamos a desnudarnos ahí.
Edward deslizo sus manos hasta mi cintura y desabrocho mi pantalón. Después las llevo a mis glúteos, los apretó con fuerza. Nuestros labios seguían en un bezo voraz y nuestras lenguas luchaban por entrar en la boca del otro.
Con mis manos, temblando, desabroche el short de Edward. Acaricie su erectado miembro. El gimió.
Empecé a dar pequeñas embestidas.
Con gran esfuerzo baje su short hasta dejarlo en ropa interior. Acaricie su miembro sobre la delgada tela del bóxer. Edward se retorcía en el piso y me besaba más ferozmente.
Metí mi mano entre el elástico del bóxer para acariciarlo.
-Emmett –dijo el entrecortadamente. Pero mis besos lo silenciaron.
Tome el elástico con mis dos manos y trate de bajarlo. Pero las manos de Edward me sujetaron.
-Emmett –volvió a decir entre besos. Separe un poco mis labios para dejarlo hablar-. Emmett… no… no estoy listo.-murmuro.
Me recosté en el suelo a un lado de el. Y deje mi rostro a centímetros del suyo.
-te amo, y te deseo. Pero no estoy listo –volvió a decir. Escucharlo decirme te amo era incomparable con nada.
-yo también te amo –le asegure-. Y no te obligare jamás a nada.
El bajo la mirada.
-Edward –le hable. El me miro. Con mi mano derecha sujete su barbilla y la eleve hacia mí para darle un pequeño beso en los labios. Dulce. Había soñado tanto con este día, pero jamás obligaría a Edward a nada- te amo.
Me recosté en el suelo, mi brazo izquierdo pasaba por debajo del cuello de Edward y mi mano estaba sobre su hombro izquierdo. Mi mano derecha la coloque detrás de mi cabeza y me quede mirando el techo de la casa.
Edward se recostó sobre mi pecho y con su mano izquierda me abrazo.
Mi mano derecha voló hasta su cabeza y acaricie con ternura su cabello.
Nos quedamos recostados sobre el suelo mucho tiempo.
Sentí su erección disminuir sobre mi pierna. Esto momento aún era mejor que el de hace un rato.
Yo recostado sobre el suelo y Edward recostado sobre mí. Lo amaba, lo amaba mucho.
Después de un momento Edward dijo.
-creo que tenemos que ir a trabajar.
-quiero quedarme aquí –le dije después de un suspiro.
-yo también –admitió el.
Nos quedamos en silencio un momento más.
-Emmett… -comenzó a decir el mientras su mano jugaba con mi pecho-. No quiero que esto jamás termine.
-yo tampoco. No te atrevas a pensarlo
-esto… ¿se hará público? –pregunto.
-por mi estaría magnifico, no soportaría estar contigo y sin ti al mismo tiempo. Pero no tienes que hacerlo, podemos mantenerlo en secreto.
-no, no. Yo quiero hacerlo público, quiero tenerte siempre para mí.
-pues así será –lo estreche más hacia mí.
-creo… que tengo que decírselo a mi padre –su rostro se giro para verme.
Lo mire. Sus ojos verdes eran hermosos y no había duda en ellos. Ni temor.
-si eso es lo que quieres… -le dije.
-es lo que quiero. –aseguro-. Esperemos a que llegue.
-¡¿Qué? –me sorprendió-. ¡¿Piensas decírselo ahora?
-si Emmett ¿crees que podría vivir sin ti un día más? No soy tan fuerte –me aseguro.
-yo tampoco –le dije con una enorme sonrisa.
Escuchamos una puerta al abrirse.
-¡demonios! –dijimos los dos al mismo tiempo.
Nos pusimos de pie, Edward se vistió rápidamente y yo me puse la camisa, abroche mi pantalón y acomode un poco la sala.
-¿Edward? –hablo el Doctor.
-¡estamos en la sala! –le grito Edward acomodándose la playera.
Escuche los pasos aproximarse.
-buenas tardes Doctor -lo salude.
-buenas tardes muchacho.
-Hola papá, ¿estás bien? –Edward se acerco a él.
-sí, sí. Dormí casi toda la noche en el hospital. No hubo necesidad de estar despierto. Pero no podía venirme a casa –le contesto el Doctor.
-papá… tengo que hablar contigo –le dijo. Jamás me espere esto. Edward hablaba muy enserio sobre todo.
-si ¿Qué pasa hijo?
-creo que será mejor que te sientes –le invito Edward.
Edward se sentó en el sofá y me jalo para que yo me sentara. El doctor se sentó en un sofá frente a nosotros.
-te escucho Edward –dijo el doctor mientras nos miraba a ambos.
-Papá… esto es muy difícil –tal vez este sea el momento más incomodo de mi vida –pensé-. Emmett y yo… Papá, soy Gay. –le soltó de pronto. El doctor abrió los ojos y lo miro fijamente-. Soy gay y estoy enamorado de Emmett.-mi respiración se acelero-. Lo amo papá. Esto es difícil, pero lo amo. –le aseguro. Tomo mi mano y la coloco sobre su pierna, la apretó fuertemente-. No sé qué es lo que pienses tú. Pero esta es mi vida. Si no te gusta puedo irme de la casa…
-calla Edward –le dijo su padre. Yo no podía ni siquiera hablar-. Hijo… -el doctor movió la cabeza hacia los lados-. Edward eres mi hijo, y te apoyo. Te amo y quiero que seas feliz. Pero… ¿estás seguro de esto?
-estoy seguro papá –le contesto con seguridad.
-te amo hijo, sea cual sea tu decisión. Pero no quiero que sufras… -ahora sus ojos se postraron en mí. Era momento de hablar, pero por alguna razón había olvidado cómo se hacía.
-Señor, yo jamás dañaría a Edward. Lo amo, lo amo de verdad. –logre soltarle.
Después de un momento el Doctor hablo nuevamente.
-bueno, apoyo su decisión –se puso de pie-. Iré a ducharme, me siento muy cansado.
-claro, ve papá. Gracias –le dijo Edward con confusión.
-no tienes nada que agradecer. Les agradezco a ustedes que hayan sido honestos conmigo.
Nos vio una vez más y sonrió. Salió de la habitación y hasta entonces me relaje.
-jamás pensé eso de el –murmuro Edward.
-yo tampoco –lo apoye.
-Te amo Emmett –lo dijo una vez más, suspire. Estaba totalmente enamorado de él.
-yo te amo a ti Edward –lo mire a los ojos.
Edward POV.
Confesárselo a mi padre había sido muy fácil. Ahora teníamos que decírselo a Alice. Seguro se pondría muy feliz. Emmett y yo habíamos quedado en cenar con ella en un restaurante del pueblo.
Estuvimos toda la tarde trabajando y ahora regresábamos a nuestras casas para ducharnos e irnos con Alice a cenar.
Cuando entre a la casa mi padre estaba ahí, tal vez esperándome, o tal vez solo estaba ahí.
-hola papá –lo salude mientras cerraba la puerta-. Iré a cenar con Emmett y Alice –le anuncie.
-Edward… -comenzó. Obviamente, me estaba esperando. Tal vez no dijo nada porque ahí estaba Emmett… los nervios empezaron a molestarme-. Entonces… tu y Emmett…. ¿tú y Emmett son pareja? Son… ¿son novios?
Muy buena pregunta ¿Qué éramos? Emmett jamás me pidió que fuéramos novios. Pero ¿acaso los besos y las palabras no demuestran eso?
-pues lo estamos intentando –le conteste.
-y ¿estás seguro de que eso es lo que quieres?
-si –lo mire a los ojos. No demostré nada de temor o dudas.
-¿ya pensaste en la opinión de las personas? No es que a mí me importe –corrigió-. Pero tal vez a ti si…
-si papá, lo sé. Pero no me importa. De verdad, amo a Emmett, es lo que siempre quise…
Mi padre suspiro.
-sabes que siempre tendrás mi apoyo. Son tus decisiones hijo…
-gracias papá, es lo único que quiero.
-bueno, adelante. Corre con tu amado, hijo mío –me sonrió como nunca lo había hecho.
-gracias papá –le dije antes de reírme.
Siempre tuve miedo el confesarle esta parte de mi vida a mi padre, sin saber que me apoyaría. Me pude haber evitado muchos problemas...
Mientras me duchaba recordé el momento en que Emmett y yo estuvimos juntos.
Jamás había sentido algo así. Sus manos acariciándome, sentir un cuerpo tan musculoso sobre el mío, sentir sus labios. Saborear su lengua… estuvimos a punto de tener sexo, pero no pude. Los recuerdos de mi pasado me invadieron, arruinando ese momento…
¿Algún día le diría eso a Emmett? ¿Dejaría de amarme si se lo confieso? ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo decirle a Emmett que mi antigua pareja me violo?
El simple hecho de recordar hiso que mi estomago se contrajera.
Era noche y Mike y yo habíamos quedado para cenar en su casa. Yo ya estaba arto de él. Era muy posesivo conmigo y siempre me ignoraba en público, pues él era el popular. Aunque aseguraba que me amaba.
Mike era alguien hermoso, no tanto como Emmett, nadie era como Emmett. Pero si me gustaba mucho. Esa noche llegue a su casa y el estaba tomado. Había bebido una botella de vino él solo.
-¿Mike? ¿Mike estas bien? –corrí a levantarlo del suelo.
-te amo Edward –me dijo.
-yo también, pero levántate ¿Qué te ocurrió? –le conteste sin en realidad sentir nada por él.
Me tomo entre sus manos y me beso.
-Mike estas ebrio –me queje
-estoy perfecto.
-Mike quiero terminar contigo. Estoy cansado de esto. Ya no lo soporto –le solté de pronto.
-¿Qué? ¿Qué estás diciendo Edward?
-ya no te quiero Mike. Olvidemos todo.
-¡no! No ¡tú no puedes dejarme!
-¡se acabo Mike!
Sus manos me tomaron de los hombros y me apretaron con fuerza.
-no, esto no se acabo…
-Mike me lastimas –me queje y trate de soltarme de su agarre.
-no te irás Edward, no sin haberte acostado conmigo –ahora su voz estaba llena de odio.
-¡Mike estas ebrio! ¡Suéltame!
Lo empuje y logre soltarme, me puse de pie trate de ir hacia la puerta.
Pero algo duro golpeo mi cabeza e hiso que callera al suelo.
-no lo harás Edward Cullen –jamás había escuchado a Mike así.
Me gire con lentitud a causa del dolor.
Mike estaba frente a mí. Me tomo entre sus brazos sin que yo pudiera evitarlo. El golpe en la cabeza había inhibido mis sentidos.
Todo giraba a mí alrededor.
Entonces note en donde estábamos. Era la habitación de Mike.
Trate de buscarlo con la mirada, se estaba quitando la camisa. Dejo ver su torso desnudo, blanco y musculoso.
Lo sentí arriba de mí y comenzó a besarme.
-Mike… -trate de decir pero no podía hablar.
Ninguna resistencia podía poner. Apenas podía moverme pero me esforcé.
Mike tenía muchas fuerzas. Sujeto mi rostro y comenzó a besarme con fuerza, su aliento apestaba a alcohol. Me quito la camisa y beso mi cuerpo.
Sentí su erección apretarse contra mis piernas. Nada me respondía. Solo podía sentir todo lo que me hacía, pero no podía resistirme.
Sus labios volvieron a mi boca y me beso nuevamente. Esta vez me mordió el labio inferior y logre ver un poco de sangre en su boca, sangre mía.
Desabrocho mis pantalones y me despojo de mi ropa interior.
En ese momento trate de mover mis manos, pero no pude. No podía hacer nada, más que ver, oír, oler y sentir.
-de todo esto me había perdido –murmuro él con maldad.
Lo vi desabrochando su pantalón. Se despojo de él, su miembro se podía ver atreves de los calzoncillos que llevaba Mike, estaba erecto. Se quito la ropa interior y camino hacia mí, se subió a la cama y me acaricio con sus duras manos.
Camino de rodillas hasta ponerse a mi lado.
Sujeto mi cabeza jalando de mis cabellos y la elevo. Apreté los labios sabiendo que es lo que el trataría de hacer. Puso la cabeza de su pene en mis labios y empujo para que entrara, pero no lo deje. Con su mano izquierda jalo mas de mi cabello y con la izquierda abrió mi boca, sentí su pene entrar. Empezó a dar pequeñas embestías y a gritar. Me sentí humillado, no podía hacer nada.
Trate de cerrar la boca y morderlo pero no tenía fuerzas, y lo poco que pude hacer al parecer lo excito mas.
Después de un momento salió de mí y empezó a besarme.
-espere mucho tiempo por esto…
Lo perdí de vista.
Pero sentí sus manos sujetar mis muslos. Me prepare para lo que venía. Había leído muchas veces sobre esto y el estar tenso solo empeoraba el dolor. Lo recomendable era relajarte, trate de hacerlo pero no pude.
Uno de sus dedos entro en mí con fuerza. El dolor fue mucho, pero hubo un ligero toque de placer inevitable.
-¿te gusta? –pregunto con maldad.
Sentí otro segundo dedo entrar en mi. Los movía hacia los lados y el dolor se hacía más grande, aunque con él, el placer. Yo no quería sentir placer, pero no podía evitarlo.
Saco los dedos y espero un momento. Entonces lo sentí.
Su pene empezó a entrar en mí, sentí milímetro a milímetro su glande al entrar. Fue muy doloroso, lo sentía muy grueso y dolía. Sus manos sujetaron mis muslos y me elevaron en el aire.
Sentí su pene resbalar más hacia adentro, el dolor fue insoportable. Mis ojos se nublaron y lagrimas brotaron de ellos. Comenzó a dar pequeñas embestidas…
El dolor era mucho. Además de la humillación que sentía…
Me estremecí. Mis ojos se llenaron de lágrimas al recordar aquel momento. Tome agua entre mis manos y me lave la cara.
No pude evitar pensar en eso mientras Emmett me acariciaba. Era un trauma y tenía que superarlo. No iba a dejar que esa sombra me persiguiera.
Agite mi cabeza hacia los lados para deshacerme de esa idea.
Emmett POV.
Me senté en una de las mesas vacías, Alice y yo habíamos llegado un poco temprano. Mientras Alice platicaba con unas niñas de 9 grado que le habían hablado para una fiesta o algo así, yo me puse a recordar lo que había pasado con Edward.
Ese momento había sido tan perfecto. Su cuerpo era perfecto, sus labios, sus besos.
Hoy les había confesado a mis padres que me había enamorado de Edward. Les conté una parte de lo que había pasado, solo una pequeña parte. No les conté ningún detalle morboso. Y me felicitaron, me dijeron que era un buen chico y que esperaban que fuera feliz con él.
Alice se sentó en la mesa e interrumpió mis pensamientos.
-¿viste a esas chicas? –me pregunto entre risas.
-sip
-nos invitaron a una fiesta.
-¿en serio? ¿Y qué es tan gracioso? –siempre nos invitaban a fiestas.
-bueno… les dije que eras Gay –se rio.
-bueno, eso también ya lo sabían –le recordé.
-sí, pero su respuesta fue tan rara y graciosa.
Su risa provoco que yo también me riera.
-ya dime Alice ¿Qué te dijeron?
-la chica rubia dijo: si, eso ya lo sabía –imito una voz de niña-. Y es una verdadera lástima, pero creo… que si van ustedes la fiesta estará mejor. Mas personas irían si ustedes dos van.
-no puedo creerlo –la popularidad de Alice en la universidad había crecido. Tanto que hasta nos requerían en fiestas para aumentar el número de asistencia.
-¡sí! Y me dijeron que eras muy lindo y que muchos de sus amigos querían ser como tu
-¿enserio eso te dijo? –inquirí asombrado.
-¡sí! ¿No te das cuenta? ¡Hasta ahorita somos los más populares del pueblo!
-¿tú crees?
-¡si Emmett! Y ahora que está aquí Edward, a los ojos de todos, somos más populares. Pues nos hicimos los mejores amigos del chico nuevo del pueblo. Del chico de la gran ciudad ¡Del chico con más dinero del pueblo!
-es increíble que tú pienses así –la reprimí. No me gustaba que le hablara a Edward por popularidad.
-Emmett, tu sabes que me da igual ser popular o no, jamás nos hemos esforzado por ser populares, pero lo somos. Y yo jamás le hable a Edward por popularidad. Tu sabes que no soy así… me ofendes Emmett –bajo la mirada e izo su puchero de bebe.
-Alice, sabes que estaba bromeando. Claro que te creo tonta. Te conozco desde que naciste ¿Cómo podría pensar algo así de ti?
Alice sonrió. De verdad era una gran actriz. Tal vez debería estudiar actuación…
-ahí viene tu gran amor Emmett –susurro Alice mirando por detrás de mí.
Me gire para ver y era Edward. Llevaba puesta una camisa de manga larga color negra. Y unos pantalones de vestir color gris. Los botones de la camisa estaban desabrochados y dejaban ver una parte de su pecho.
-hola a los dos –nos saludo Edward, llevaba el cabello alborotado, sexy-. ¿Llego tarde?
-nop, nosotros llegamos temprano –le dijo Alice. Edward y Alice se habían hecho muy amigos. Los tres éramos muy unidos. Y con esta noticia lo seriamos más.
-muero de hambre –gruño Alice mientras le hacia una seña a la mesera.
Edward se sentó a un lado mío, y por debajo de la mesa tomo mi mano. Lo mire a los ojos y me perdí en ellos.
-¿Qué van a ordenar? –la mesera me distrajo.
-yo quiero una hamburguesa con papas –le ordeno Alice-. Y una limonada.
-¿es enserio? –le pregunte ¿Alice comiendo hamburguesa?
-sí, me muero de hambre.
-¿ustedes señores? –nos pregunto la chica. Creo haberla visto en la escuela. Si recuerdo bien estaba un año antes que yo. Era linda.
-¿Emmett? –escuche la dulce voz de Edward hablarme.
-¿sí? –pregunte perdiéndome de nuevo en sus ojos.
-tienes que ordenar –me recordó.
-a sí, claro. Me traes lo mismo que a ella –le dije un poco apenado.
-a mi igual –dijo Edward.
-En un momento les traigo su orden –la mesera anoto unas ultimas cosas en el block de notas y se marchó.
Alice se quedo mirando a lo lejos. Edward sujeto con más fuerza mi mano.
-Alice tengo que confesarte algo –le dije y atraje por completo su atención
-Tenemos que confesarte algo –me corrigió Edward.
-¿Qué pasa? –inquirió ella confundida.
-Edward y yo… Edward y yo ya estamos saliendo –le dije por fin.
-¡¿Qué? –Gritó- ¡¿Es enserio? ¡¿Ustedes dos ya son…?
-¡Shhh! –casi le pongo la mano en la boca para silenciarla. Casi todos se habían girado a vernos. Me ruborice.
-¿es enserio? –pregunto en un tono de voz normal.
-si Alice –le aseguro Edward-. Emmett y yo… ¿somos novios? –la última frase la formulo en pregunta.
-pues, admito que deseo ser más que tu novio, pues "novio" es un término que no abarca todo lo que he logrado sentir por ti. Pero si, se podría decir que somos novios.
-me encantas –me susurro Edward. No podía evitar no perderme en su voz cada que hablaba de esa manera.
-pues me siento muy feliz por ustedes, admito que al principio yo quería a Edward para mí. Pero de verdad los felicito y les deseo lo mejor. Hacen una genial pareja ¿alguien más lo sabe aparte de mi? –cuando Alice comenzaba a hablar, nadie la podría callar.
-nada mas mi padre –le dijo Edward.
-los míos también ya saben –les anuncie.
-¿es enserio? –me pregunto Edward.
-sí, se los dije antes de venir –le sonreí y él me devolvió la sonrisa.
-haber, esperen, esperen, esperen ¿tu papá lo sabe Edward? –Alice parecía asombrada.
-sí. Se lo dijimos Emmett y yo antes de salir a trabajar.
-¿y qué dijo? –por una parte se pudo notar la molestia de Alice al darse cuenta que no fue la primera en saberlo, y por otra parte, la preocupación por lo que Edward le iba a contestar.
-nada. Dijo que me apoyaba en todo y que estaba feliz que por fin hubiera encontrado a alguien que me quisiera como yo a él…
-yo no solo te quiero –lo corregí-. Yo te amo, Edward.
-yo también te amo Emmett –me aseguro.
-¿no creen que es un poco pronto para decirse eso? –nos interrogo Alice. Bueno, la hora de las preguntas comenzaba.
-yo estoy seguro de mis sentimientos, y lo sabes –le dije.
Alice aparto la mirada de mí y la fijo en Edward.
-yo también Alice. De verdad, les juro a ambos…
-no tienes porque jurarme nada, te creo –lo silencie antes de que terminara.
-está bien, te juro Alice, que amo a Emmett, lo amo como a nadie en mi vida –también era imposible no sentir esto en mi estomago siempre que Edward decía que me amaba.
-está bien. Te creo, pero si le haces algo a Emmett yo te juro que…
-Jamás dañaría a Emmett –Edward toco mi barba con su dedo largo y blanco.
Alice se aclaro la garganta para llamar nuestra atención.
-aquí tienen –la mesera coloco los platos en la mesa. Después nos entrego a los tres las limonadas que habíamos pedido.
-gracias –dijimos los tres. Uno tras de otro.
-bueno chicos, a celebrar –Alice tomo la hamburguesa entre sus pequeñas y blancas manos y le dio una pequeña mordida.
-en verdad no lo creo –murmure al verla.
-ya déjame Emmett –mascullo entre dientes.
-déjala comer a gusto Emmy –susurro Edward.
-¿Cómo me dijiste? –le pregunte fascinado.
-creo que dije Emmy –contesto él.
-Emmy… -examine el nombre, me encantaba-. Te amo Eddy
Entonces me percate de las risas de Alice.
Estaba completamente roja, casi atragantándose con la comida.
-¿Alice? –trate de moverla un poco. Tenía la cabeza contra la mesa y las manos tensas, su cuerpo se movía muy raro.
-¡Dios! –grito y empezó a reírse nuevamente-. ¡Son tan cursis! ¡Emmy y Eddy la pareja mas gay que conozco! –estallo en carcajadas nuevamente.
-déjanos en paz Alice –gire mis ojos y mordí mi hamburguesa.
Alice no volvió a hacer ningún comentario. Al parecer si tenía mucha hambre. Era muy difícil hacerla callar en una conversación.
Cuando terminamos de cenar Alice comenzó con sus preguntas.
-¿será publico o solo entre nosotros? –nos pregunto con impaciencia.
-Publico –contestamos al unisonó.
-no quiero separarme jamás de el –le asegure.
-no quiero que él jamás se separe de mi –la voz de Edward siempre sonaba tan atrayente. Era una voz dulce, sensual. Una voz de hombre joven. Atrayente.
-chicos –la voz de una mujer me exalto, también a Edward y a Alice. Era la mesera que nos había atendido-. Lamento mucho las molestias, pero hay mucha gente esperando un lugar. Si ya terminaron ¿podrían dar su asiento a alguien?
-claro –le dijo Alice antes de ponerse de pie.
-no te preocupes –la anime. Su rostro estaba rosado y apenado por lo que nos había dicho. Supuse que fue obligada a hacerlo.
Alice se adelanto para hacer fila para pagar. Yo espere a Edward.
Tome su mano derecha con mi izquierda y la sujete con fuerzas. El me miro y sonrió. Apretó mi mano con dulzura y caminamos hacia Alice. Sin que nos importaran las miradas.
Después de pagar la cuenta del restaurante, caminamos hacia la salida y Alice dijo:
-es muy temprano. Tenemos toda la noche libre, hagamos algo.
-vamos a donde quieran –dijo Edward aún con su mano entrelazada con la mía-. Ustedes conocen mejor este lugar.
-bueno, primero que nada tenemos que ir a dejar un auto –sugirió Alice-. Dejemos el auto de Emmett en su casa y nos vamos los tres en el tuyo, Edward.
-por mi está bien –dijo él.
-perfecto –acepte.
-¿puedo manejar? –Alice empezó a hacer un puchero.
-claro, ten mucho cuidado –le entregue las llaves de mi auto.
-¡si! –Salto de alegría-. Nos vemos en casa de Emmett –nos dijo antes de salir corriendo hacia el auto.
Edward y yo caminamos hasta su auto con nuestras manos unidas. Antes de subirnos al flamante convertible tome su rostro entre mis manos y le di un pequeño beso. Saboreando aquellos labios perfectos, tiernos y carnosos.
Con una sonrisa ambos subimos al auto.
Lo encendió con un suave ronroneo.
-no sé que me hiciste Emmett –dijo él mientras ponía en marcha el auto.
-¿Por qué lo dices?
-me tienes completamente perdido. Me enamore de ti de una manera imposible.
Simplemente no podía acostumbrarme a esas palabras.
-Edward te amo. Siempre y por siempre –le dije.
Tome su mano derecha y entrelazamos los dedos. Descansándolas en su muslo.
Condujo en silencio hasta mi casa. Era imposible que alguien no se girara para ver el auto por donde quiera que pasáramos.
Edward se estaciono detrás de mi auto y ambos esperamos a Alice. Solté su mano para que pudiera cambiar la palanca de velocidades.
Cuando Alice entro lo primero que dijo fue:
-¿puedes quitarle el techo al auto?
-Alice, afuera hace demasiado calor –la reprimí. Edward llevaba el clima encendido.
-tu jamás has encendido el clima –me replico.
-pero Edward si –le recordé.
-tranquilos, no hace tanto calor –presiono un botón y lentamente el auto fue quedando descapotado.
-gracias Edward –dijo ella feliz-. ¿Les puedo pedir otra cosa?
-lo que quieras –la animo Edward.
-¿pueden besarse? Es que quiero verlos –admitió avergonzada y divertida.
-Alice –me reí de su petición. Edward también se rio entre dientes.
-¿por favor? –insistió.
Me acerque lentamente a Edward y cerré mis ojos para besarlo. Fue un beso tierno y rápido.
-que aburridos –murmuro ella-. ¿Puedo ver uno con más pasión?
Edward se ruborizo. Creo que yo también.
Entonces nos besamos. Nos besamos de verdad.
Nuestros labios luchaban, danzaban. De pronto el mundo se volvió gris y el único color era Edward. Sentí su lengua recorrer mis labios. Abrí mi boca y entro en mí. La sentí disfrutar de mí, saboree cada parte de ella y cuando la retiro saque yo la mía.
Alice se aclaro la garganta pero la ignoramos.
-hola buenas noches –una voz femenina nos hablo.
Edward cerró su boca de sorpresa, sin darse cuenta que mi labio inferior quedo entre sus dientes.
Aunque sentí dolor fue excitante. Por reflejo me retire de él y sentí sus dientes filosos resbalar en mi labio.
Nos giramos para ver quién nos hablaba. Era una joven alta y rubia. Edward se puso rojo completamente y yo también. El labio me dolió un poco. Lo mordí y me dio el ligero sabor a sangre. Rápidamente saque mi lengua y la lamí. Edward me había mordido demasiado fuerte.
-buenas noches –repitió ella-. Esta noche tenemos una fiesta. Y estaríamos felices si ustedes nos acompañan.
Nadie dijo nada. Solo nos miramos entre nosotros.
-pues… no tenemos nada que hacer –admitió Alice.
-por favor, se van a divertir –insistió la chica. ¿Nos estaba rogando para que fuéramos a su fiesta? Eso parecía.
-claro –acepte.
-gracias ¡Los esperamos! –nos dijo antes de retirarse y subirse a un auto que estaba estacionado en medio de la calle.
-pudiste habernos avisado –le dijo Edward a Alice.
-les avise. Pero estaban ocupados tratando de chuparse la garganta.
-tú nos pediste que nos besáramos –le recordé.
-pues sí. La verdad, si no fueran pareja, les pediría un beso a cada uno –Edward y yo pusimos los ojos en blanco y Edward encendió el auto.
-entonces ¿A dónde vamos? –nos pregunto.
-pues tenemos una fiesta… ¿vamos? –Alice se recargo en los asientos para vernos.
-vamos –contestamos Edward y yo al mismo tiempo.
A pesar de ser noche, el pueblo no se veía obscuro. Había un montón de lámparas y luces adornando las calles. Por donde quiera que pasábamos la gente se nos quedaba mirando.
-es impresionante –dijo Edward- ustedes son tan populares.
-¿Por qué lo dices? –pregunte yo.
-por dios ¿no me digan que no se han dado cuenta?
Ninguno de los dos contestos. Era obvio que éramos populares en el pueblo. Pero no "tan populares"
-Alice es la más popular en la escuela –empezó a decirnos Edward-. Es la chica que todos quieren como amiga. Y tú –me señalo con un movimiento de cabeza-. Eres el chico guapo del pueblo y el mejor amigo de la popular. Ambos son muy queridos por todos.
-tú también eres nuestro amigo –le recordó Alice-. Alice, la popular de la escuela. Emmett, el chico guapo y Edward, el chico millonario. Los tres somos los mejores.
-creo que tienes razón –Edward rio entre dientes-. Todos querían hablarme cuando llegue. Incluso me dijeron que no me convenían ustedes de amigos…
-¿eso es enserio? –le pregunte sorprendido. Alice también iba a hacerlo pero yo lo hice primero, así que solo se limito a escuchar.
-sí. Unos chicos me dijeron que ustedes no me convenían de amigos. Aunque no les preste atención, pues mi corazón ya esta flechado –me sonroje-. Después me encontré con una de ellas en el súper y me dijo: no les hagas caso, no quieren que te juntes con ellos, porque, de por sí ya son muy famosos en el pueblo. Contigo serian más…
-¿eso es verdad? –ahora fue Alice la que pregunto.
-sí. Se los estoy diciendo por algo… ¿Cómo lograron ser populares?
Eso era una pregunta difícil. Jamás quise ser popular, ni siquiera me esforcé. Ni siquiera hice nada para serlo…
-no lo sé –Alice también pensaba como yo, pero ella tenía más formas de expresarlo. Así que ella fue la que hablo.-. Pues desde siempre fuimos muy modernos. Comprábamos nuestra ropa fuera del pueblo, en las tiendas grandes. Nos gustan las fiestas, siempre estamos haciendo algo. Simplemente nos divertimos –explico confundida-. Jamás quise ser popular. Es divertido, todos te prestan atención, pero nunca hicimos nada para serlo… una vez en séptimo grado me invitaron al grupo de las "populares" del colegio –bueno, Alice había empezado con sus historias. Solo nos quedaba escucharlas y ser felices-. Me dijeron que era muy hermosa –eso era cierto. Incluso podría ser la más hermosa del pueblo. Siempre andaba vestida a la última moda y con ropa fina. Además su piel era blanca y sedosa. A pesar de las horas expuestas al sol. Pero mi piel también era así, ni una marca de sol tenia… tal vez era algo de familia…- pero no acepte, jamás me habían gustado ellas. Se creían superiores y se sentían las mejores del pueblo. Entonces mi popularidad aumento, pues yo era la chica que había rechazado a Rebecca y su club. Y mi mejor amigo era Emmett. El guapo del colegio, el chico deporte. Todas querían ser su novia, o mínimo su amiga. Pero Emmett siempre fue reservado. Hacía deporte por que le gustaba, no por ser el mejor del colegio. Y Rebecca una vez le declaro su amor; y Emmett la rechazo, desde ahí nosotros fuimos los "populares". Odio esa palabra –mascullo Alice-. "populares" los últimos 10 minutos la hemos pronunciado unas 100 veces. Jamás la volveré a decir…
-Alice perdón que te interrumpa… -Hablo Edward-. ¿A dónde vamos?
-a la fiesta –contesto Alice con confusión.
-sí, ya lo sé. Pero ¿para donde voy? ¿En qué dirección o qué?
Edward había conducido sin rumbo. Ahora estábamos por la casa del alcalde.
-a claro –Alice le dio una dirección. Pero no puse atención.
Nuevamente me perdí en los hermosos ojos de Edward. En su finos labios y su rostro perfecto.
-¿les gustan las compras? –nos pregunto Edward sin despegar los ojos de la calle.
-¡sí! –Rápidamente contesto Alice-. ¡Me encantan! ¡Tenemos una programada! ¡Tienes que venir con nosotros!
-¡claro! ¿En donde compran? –Edward miraba a Alice por el retrovisor.
-pues no muy lejos, en las ciudades de alrededor… -contesto Alice. Yo aún contemplaba cada gesto que él hacía.
-bueno… ¿Qué les parece Miami?
-¡¿Qué? ¡¿Hablas en serio? –Alice estallo-. ¡Sería estupendo! Pero jamás conseguiremos dinero para ir a Miami… -se lamento.
-yo puedo invitarlos –nos dijo el-. Mi padre tiene un avión privado, y por el dinero… ni se preocupen.
-¡eso es grandioso Edward!
-no abusaremos de tu padre –le recrimine a Edward.
-no es ningún abuso Emm. Yo los estoy invitando…
-¡por favor Emmett! ¡Es mi sueño! ¡Por dios! ¡Es Miami! -Alice estaba eufórica-. Podemos pagar por el viaje y todo eso… ¡podemos juntar dinero para no molestar al Doctor! ¡Solo di que si Emm! –en realidad jamás pensé poder ganarle a Alice, así que solo acepte.
-está bien Alice, solo si llevamos nuestro dinero –la anime.
-¡Sí! –grito poniéndose de pie en el auto.
-de ninguna manera dejare que me paguen –contesto Edward-. Acepta mi regalo Emmett…
-no puedo aceptar algo así Edd. –le dije con una pequeña sonrisa.
-¿me amas? –me pregunto.
-sabes que sí. Te amo mucho –le conteste.
-acéptame el regalo Emm…
-eso es chantaje Edward…
-¿no me vas a aceptar un regalo? –sonó algo molesto. Era muy sexy cuando se molestaba.
-dejémoslo en "tal vez" –le dije. Vi un montón de luces frente a nosotros y varios autos estacionados. Habíamos llegado a la fiesta.
-¡sí! –grito Alice olfateando el triunfo.
Apenas y Edward estaciono el coche, Alice ya había bajado. Presionando un botón Edward subió la capucha del Auto.
Le di un rápido, pero dulce, beso en los labios y bajamos del coche. Ere imposible no querer besarlo cada que estaba con él.
Caminamos los tres juntos. La fiesta era al aire libre, en un campo de soccer. Era el único lugar lo suficientemente grande para hacer una fiesta de este tipo.
La música sonaba y contagiaba la alegría. Alice ensancho su sonrisa y los tres entramos al lugar.
Un montón de luces alumbraban la pista de baile, y otras más las mesas que se habían puesto para los invitados.
Cuando entramos Alice localizo una mesa sola. Caminamos detrás de ella. Estaba casi hasta el fondo. Como ya era costumbre todos nos miraban. En primer lugar porque habíamos asistido a la fiesta, en segundo, por el tipo de ropa que llevábamos puesta. Supuse. Todos iban casuales, jeans de mezclilla, playeras, lo típico de un pueblo. Solo algunas chicas levaban vestido… pero nadie en comparación a nosotros.
Alice, en primer lugar, llevaba un vestido hermoso. Era color negro, resaltaba su tono de piel ante la luz. El vestido era muy pegado del torso, resaltando sus perfectas curvas. Llegaba a la mitad del muslo, sus piernas perfectas y tonificadas quedaban al descubierto. Y llevaba unos zapatos de tacón muy altos. Tenían plataforma en el frente y un tacón demasiado delgado. Se veía perfecta. Lista para una alfombra roja. Llevaba unos detalles en plateado. Era inevitable preguntarse el precio de su atuendo. Tal vez algunos 350 dólares. Ese vestido lo había comprado en una tienda muy cara y fina, yo desconocía la marca, pero Alice siempre vestía lo último en moda. Y esos zapatos los compro también en una tienda especial para zapato fino.
Su atuendo era completamente fuera de lugar en aquel campo de soccer. Pero eso solo la hacía verse atrayente y se hacía notar entre todos.
Yo llevaba puesto una camisa de manga larga color morada, y un chaleco de vestir color gris. Un pantalón gris y converse negros.
Alice siempre compraba mis cosas, tenis, ropa, accesorios. Ella era la que compraba todo. Yo solo era su acompañante y un muñeco al cual vestir.
Y Edward, bueno… Edward simplemente era perfecto. Siempre vestía elegante. Sus zapatos brillaban con la luz y su piel resaltaba.
Había algo raro en este pueblo. Nosotros. Los tres teníamos la piel más blanca que habíamos conocido. Ni una marca de sol había en nosotros. Tal vez Edward se cuidaba mucho en ese aspecto… aunque en su ciudad hacia demasiado calor y el sol siempre brillaba en el cielo.
Y Alice y yo siempre estábamos haciendo algo que implicaba estar debajo del sol. Pero no había ninguna marca de él en nosotros… algún día tendría que preguntarle al doctor…
-¡hola! –Nos saludo la chica que nos había invitado-. ¡Qué bueno que pudieron venir! ¡Es un honor contar con su presencia! –bueno, demasiado formal. Creo que debería tomar clases de normalidad. Su lenguaje es muy formal.
-no, para nada. Gracias por invitarnos –le contesto Alice.
-adelante, tomen lo que quieran. La barra está abierta –nos señalo la barra de bebidas. Se me hiso agua la boca.
-gracias –contestamos los tres.
Caminamos hacia la mesa que habíamos visto, no había nadie en ella.
Los primeros 40 minutos fueron incómodos. Siempre estaban mirándonos. Incluso Edward se puso nervioso. Después nos relajamos. Empezamos a bailar. Beber, disfrutar la fiesta.
Ya no quedaban muchas personas en el lugar. Pero la música seguía. Yo había bebido demasiado. Ya sentía la carga del alcohol. Creo que incluso estaba un poco ebrio.
Edward si estaba ebrio. Pero estábamos felices. Disfrutamos nuestra primera fiesta juntos. Al final nadie nos miraba fuera de lo normal. Obviamente Alice había tomado el control del equipo de música y todos bailaban la selección de Alice.
-¡chicos! –Nos grito Alice por arriba del sonido de la música-. ¡Creo que tenemos que irnos!
-¡no quiero irme! –le grito Edward mientras seguíamos bailando.
-¡ya es muy tarde y ustedes dos están ebrios! –nos recordó.
Bueno eso era verdad. Aunque aún tenía conciencia de mí, no podía negar que estaba un poco ebrio.
Tome a Edward de la mano y lo saque de la pista de baile.
-es hora de irnos Edd –le susurre al oído.
-no quiero irme –replico.
-Alice fue por el coche. Ella nos llevara hasta la casa. –le dije ignorándolo.
Lo saque de la fiesta jalándolo. Alice ya nos esperaba en el auto.
-tenía mucho que no me divertía así –le dije mientras entraba junto con Edward a los asientos traseros.
-fue una fiesta increíble –me apoyo Alice.
Edward se recargo en mi hombro y ahí se quedo todo el camino sin decir nada.
Llegamos a la casa de Edward y Alice estaciono el auto.
-ve a la casa, Alice –le dije abriendo la puerta-. Yo me quedo con Edward.
Sin replicar asintió con la cabeza. Baje a Edward del coche y cerré la puerta.
-¡cuídense! –nos grito con la ventanilla abajo-. Emmett, si sigue así, dale un poco de café. Tal vez los dos deberían tomar.
-no te preocupes, estamos bien –le dije y me di media vuelta. Edward iba caminando casi colgado de mi hombro.
Cuando llegamos a la puerta, antes de abrirla se puso frente a mí y me dijo:
-Emmett, te amo. Y quiero ser tuyo –dicho esto su mano derecha voló hasta mi cintura y con su mano izquierda me abrazo acercándome a él y dándome un beso.
Con su mano derecha descendió hasta mi muslo. Después la subió nuevamente y la coloco sobre mi miembro. Empezó a masajear suavemente y me provoco una erección. El se rio entre besos por que había logrado lo que quería. Empezó a mover su mano de arriba abajo, acariciando mi erección.
-quiero tener sexo contigo Emmett –dijo una vez mas y abrió la puerta llevándome al interior de la casa.
Carlisle POV.
Desperté en la madrugada y vi el reloj, eran las 3:47am.
En los últimos días no había ingerido nada de líquido por estar en el hospital y ahora tenía síntomas de deshidratación. Me puse de pie y camine hasta la puerta de mi habitación. La casa se sentía tan sola en la noche. Tal vez mi hijo ya está dormido…
Baje las escaleras para ir por un poco de agua. La luz del pasillo provocó un ardor en mis ojos. Cuando llegue a la cocina me dirigí al refrigerador y tome un poco de agua helada.
Estuve un momento sentado en una de las sillas de la cocina. El agua había saciado un poco mi sed, pero aún tenia la boca reseca.
Me puse de pie y deje el vaso sobre la barra. Estaba por salir de la cocina cuando escuche ruidos.
La puerta de un carro al abrirse, voces de hombres. Pero no distinguí ninguna palabra. Pero era la vos de Emmett y tal vez la otra era de Edward.
Estuve a punto de irme, pero preferí recibirlos y darme cuenta en el estado que venía Edward.
Cuando estaba por salir de la cocina unas palabras impactaron en mis oídos.
-quiero tener sexo contigo Emmett –esa era la voz de Edward. Me paralicé y al escuchar la puerta abrirse me pegue a la pared.
Esas palabras me dejaron aturdido. Debí haberme ido cuando pude. Ahora no sabía si salir o quedarme. No quería presenciar un momento así. No estaba preparado; amaba a mi hijo, pero no estaba suficientemente preparado para ver una escena de ese tipo.
Pegado a la pared escuche algunos ruidos provenientes de la sala principal.
Rápidamente deduje que eran besos. Por mi mala suerte no había otra salida de la cocina, solo había una y para salir tenía que pasar por la sala principal y no quería ver nada de lo que estuviera ocurriendo en ese lugar…
-Edward… -escuche a Emmett murmurar. Maldición-. Edward te amo, pero no puedo hacer esto.
-¿Qué dices?
-te amo. Pero no estoy listo para tener relaciones contigo.
-no… ¿no me deseas? –mi hijo sonaba extraño. Por el tono de su voz y el acento deduje que había bebido alcohol.
-te deseo –contesto Emmett-. Te deseo demasiado. Pero quiero que cuando esto pase, estemos los dos sobrios y consientes.
-estoy lo suficientemente consiente –se escucharon mas besos.
-no lo estas Edward –volvió a decir Emmett-. Quiero que este momento sea especial. Ahora no me siento listo. Te amo, y por eso quiero hacerlo todo como se debe. Cuando realmente estemos preparados y no tengamos ni una gota de alcohol privando nuestras sensaciones…
Por alguna razón sentí alivio. Alivio por la actuación de Emmett. Hasta ahora había tenido dudas y temores. Dudas de lo que sentía Emmett hacia mi hijo, y temores por qué Edward sufriera. Pero Emmett era muy maduro y realmente amaba a Edward. Lo acababa de demostrar. Me sentí feliz por mi hijo. Había encontrado alguien que realmente lo ama. Mi hijo merecía ser feliz.
-creo que tienes razón –acepto Edward.
Hubo un silencio total en toda la casa.
-¿puedes quedarte a dormir conmigo?
-no lo sé Edward…
-por favor –suplico-. Solo quiero estar contigo. Prometo no hacer nada malo.
Alguien se rio por lo bajo.
-¿tu papa no se molesta? –le pregunto Emmett.
-no, por supuesto que no –contesto mi hijo.
-vamos a dormir Edward. Necesitamos descansar
Escuche pasos acercarse, por un instante pensé que venían hacia la cocina. Pero después escuche los pasos de alguien subiendo los escalones y me relaje.
Ahora tengo la completa seguridad que mi hijo está en las mejores manos.
Edward POV.
Entramos en mi habitación. Todo me daba vueltas. Ni siquiera pude caminar hacia mi cama.
Pero las fuertes y grandes manos de Emmett me sujetaron.
-te amo –le susurre y me gire para besarlo.
Comencé a desabrochar su camisa y el chaleco que llevaba sobre esta.
-prometiste portarte bien –me recordó.
-solo te estoy quitando esto –le murmure entre besos-. No piensas dormir vestido ¿verdad?
Le quite la camisa y la arroje hacia una esquina de la habitación.
-llévame a mi cama –le pedí. Creo que había ingerido demasiado alcohol.
Me tomo de los hombros y me llevo hacia ella. Me sentó en una esquina.
Me quede admirando su cuerpo. Su abdomen marcado y su pecho enorme y fuerte. Sus brazos grandes. Era perfecto. Y era todo mío.
Se desabrocho el cinturón y después su pantalón. Quito sus zapatos a punta pie. Lentamente bajo sus pantalones despojándose de ellos. Sus piernas eran muy musculosas. Quedo semidesnudo frente a mí. Llevaba un bóxer muy corto y ajustado. Moría de ganas de ver lo que había debajo de el. Pero prometí no hacer nada.
Me puse de pie tambaleándome y él me sujeto. Me empecé a desvestir.
-¿Qué haces? –me pregunto sujetando mis manos antes de que me quitara la ropa interior y quedara desnudo frente a él.
-hace demasiada calor –me queje.
-encenderé el clima –me contesto.
-¿Por qué no puedo dormir desnudo? Deseo hacerlo.
-por qué no lo soportaría –contesto y se alejo de mí para encender el clima con el control remoto-. Ya es demasiada tentación dormir contigo. Mucha más tentación dormir contigo en ropa interior. Si te quitas eso –señalo mi bóxer-. No creo poder resistirme.
-no quiero que te resistas –le conteste y comencé a bajar lentamente el bóxer.
-creo que será mejor que hoy duerma en mi casa –murmuro con seriedad.
-¡no! No por favor, por favor. Quédate
-¿me prometes no hacer nada que me provoque demasiado?
-prometido –le dije.
Se acerco a mí y me tomo de los hombros, paso su mano derecha por mi espalda y el tacto de su piel desnuda me provoco una reacción demasiado agradable.
Con su mano izquierda aparto la ropa de cama y la puso hacia los pies.
Me recosté rápidamente en la cama y deje un espacio para Emmett. Mi cuerpo descanso completamente y me sentí muy aliviado. Emmett se metió a la cama y se recostó boca arriba. Me recosté de forma que parte de mi torso quedo arriba de él y mi mano abrazaba su pecho desnudo. Entre nosotros solo había una pequeña capa de tela que nos limitaba. La ropa interior.
Con su brazo derecho me abrazo fuertemente y me estrecho hacia él. Mi cabeza quedo perfectamente debajo de su barbilla. La cama era muy cómoda, pero esta posición era perfecta. Rápidamente quede inconsciente incapaz de saber nada más.
Emmett POV.
Edward se durmió tan deprisa que ni siquiera me di cuenta. Estaba recostado sobre mi pecho.
Su pierna pasaba sobre mí. Era imposible no desearlo. Su piel era completamente blanca. Su pierna estaba desnuda y su muslo se apretaba contra mi miembro. Lleve mi mano izquierda hacia su muslo y lo acaricie. En esa posición su ropa interior se restiro hasta casi dejar ver su glúteo. Me excite. Subí mi mano hasta llegar a su glúteo y la metí por debajo del bóxer. Su piel estaba caliente y su glúteo era duro y suave a la vez. Retire mi mano de su glúteo y la lleve hacia su abdomen. Acariciando un poco de su cuerpo. Descendí hasta llegar al elástico de su ropa interior y metí mi mano. Con mis dedos rose un poco de vello púbico y me excite, estuve a punto de acariciar mas pero me detuve. Y lleve mi mano hacia su espalda estrechándolo más hacia mí.
Lo amaba y no podría aprovecharme de él en este estado.
Mi erección empezó a disminuir. Aunque su muslo aun la tocaba.
Su miembro estaba pegado a mi cintura y tampoco pude evitar resistirme a él.
Aunque no estaba erecto podía sentir lo grande que era. Mi erección creció nuevamente.
Maldición, yo estaba demasiado caliente, tenía que bajar esta calentura de alguna manera.
Retire a Edward con cuidado y lo recosté en la cama. Me levante lentamente para no despertarlo.
Mi primer pensamiento fue ir al baño a masturbarme, pero antes me dirigí hacia la salida. Tenía que beber un poco de agua fría el alcohol hacia efecto nuevamente, pues me dolía mucho la cabeza y tenía demasiada sed.
Salí de la habitación y camine por el pasillo para dirigirme a la cocina. Algo llamo mi atención. Por donde iba caminando había una puerta abierta. Tal vez alguien la había dejado así. Cuando pase por ahí el aire frio impacto en mi cuerpo. Habían dejado la puerta abierta y tenían el clima encendido. Me dirigí a ella para cerrarla pero mis ojos captaron algo más.
Se filtraba una luz hacia la habitación y dejaba ver muy claro lo que había dentro de ella. Era una habitación elegante y espaciosa. Pero lo que realmente atrajo mi atención fue ver al doctor dormido sobre su cama.
Estaba completamente desnudo y una sábana blanca cubría únicamente su miembro.
Su cuerpo desnudo era perfecto. No tan perfecto como el de Edward, pues el doctor ya era alguien adulto. Pero tenía su cuerpo muy ejercitado. También era muy blanco y tenía algunos músculos marcados. Trate de alejarme, porque esto no estaba bien. Pero el doctor se movió y la sabana dejo de cubrirlo. Dejo ver su pene erecto. Estaba completamente erecto y era enorme. Sus testículos estaban rosados y también eran muy grandes. Rápidamente cerré la puerta y me aleje de ahí. Yo no podía hacerle esto a Edward. Lo amaba demasiado. Y no podía engañarlo ni siquiera con el pensamiento.
Camine rápido hacia la habitación y al entrar me estremecí al contacto de mis pies desnudos con el piso helado a causa del clima. Me dirigí al baño y cerré la puerta.
Saque mi pene del bóxer y comencé a masajearlo. Moví mi mano lentamente de arriba hacia abajo, bombeando mi erección.
Retire el prepucio de mi pene y acaricie el glande provocándome un estremecimiento. Comencé a mover mi mano con más rapidez. Deje descubierta toda la cabeza y acaricie la ranura del glande. Con mi mano izquierda acariciaba el glande mientras con la derecha bombeaba el pene.
Estuve un largo rato así. Y cuando sentí que ya me venía con mi dedo índice toque la ranura del glande y con mi mano derecha seguí bombeando. Salieron varios gemidos de entre mis labios. Retire mi mano izquierda y me sujete de la pared. Masturbe con más rapidez y con un estremecimiento eyacule. El primer fluido salió disparado y se estampo contra la pared. Ligeras contracciones recorrían mi cuerpo en un orgasmo largo. Seguí moviendo mi mano hasta sacar todo el semen. Cuando termine me limpie la mano con papel higiénico y limpie mi pene. También limpie la pared que había manchado.
La masturbación me ayudo mucho. Pues pude dormir toda la noche sin ninguna tentación. Mi mente estaba clara y no volví a pensar en tener sexo con Edward, al menos no durante esa noche.
Al siguiente día me fui temprano, Edward se quedo dormido.
Cuando Salí de la casa no había nadie, ni las personas de limpieza ni Carlisle. Había tenido una noche maravillosa a lado de Edward. Simplemente lo amaba, el era la única luz que ahora alumbraba mi vida.
Cuando llegue a mi casa me duche y en menos de veinte minutos Alice ya había llegado.
-Buenos días cariño –dijo mi madre mientras abría la puerta.
Camine de la cocina a la sala para recibir a Alice. Mi padre estaba sentado en el sofá leyendo el periódico.
-Hola Emm –me saludo Alice cuando entre en la habitación.
Mi madre llevaba en las manos un plato con fruta.
-hola Alie –la salude con un beso en la mejilla-. ¿Todo bien? ¿No dormiste mal o algo?
-no, para nada ¿y tú? Ya me dijeron que no llegaste a dormir…
-me quede con Edward –le dije bajando la mirada.
-entonces, ustedes dos, ya…
-no Alice, claro que no –me sonroje. ¿Cómo se le ocurría hacer esto frente a mis padres?
En ese momento sonó mi teléfono celular, era el número de Edward.
-¿Edward?
-Si emm –contesto el-. Tengo una mala noticia
-¿Qué pasa? –me recargue en la pared, Alice le había quitado un poco de fruta a mi madre y mi papá aún seguía en el sofá.
-tenemos que ir a la cuidad. Mi papá necesita comprar algunas cosas…
-¿es mucho tiempo? –le pregunte al notar la preocupación en su voz.
-si… -me dijo-. Tres días.
-hay Edward, no es mucho tiempo –lo anime.
-no te veré en tres días Emm, si es mucho tiempo.
-diviértete Edward. Me compras algo –le dije.
-claro –aun estaba triste-. Nos vemos en tres días Emm, te amo.
-Te amo Edward –le conteste. Fue algo incomodo decirlo frente a mis padres, pero no me importaba.
Estuve con el teléfono en el oído todavía después de que Edward colgó. Suspire.
-¿Qué dice Edward? –me pregunto Alice con un montón de fruta en otro plano.
-tiene que ir a la ciudad por tres días –le informe.
-hubiéramos ido con el –me dijo.
-va con el Doctor.
-Ah. Bueno, tenemos que hacer algo para no aburrirnos.
-sí, descansar –me dirigí al sofá y me senté a ver el televisor.
Dos días pasaron sin nada importante, Edward no se había comunicado. Supuse que había olvidado su celular. Alice estaba aquí en la casa, ayudaba a mi madre con un nuevo proyecto, querían poner un jardín frente a la casa.
Ahora estábamos todos adentro. Yo estaba sentado en la mesa comiendo uno sándwich. Mi madre y Alice estaban dibujando en unas hojas blancas y mi padre estaba sentado viendo un partido de futbol.
De pronto sonó el timbre de la casa.
-Buenos días doctor Cullen –dijo mi madre, instantáneamente me puse de pie y me dirigí a la puerta. Edward había llegado. Pero ¿Qué hacia el doctor aquí?
Cuando llegue a la puerta el doctor ya había entrado y la puerta estaba cerrada, llevaba una camisa morada y un pantalón color gris. Alice y mi padre estaban parados frente a él. Todos para recibirlo.
-Buenos días –contesto él. Algo había en su voz, en su semblante… me preocupo- ¿esta Edward con ustedes?
-no –contesto mi madre con dudas, se giro a verme y después al doctor-. Dijo que iban a ir a la ciudad…
-ese era el plan, pero Edward no aparece. Tiene dos días sin comunicarse… ¿no tienen idea en donde pueda estar? –El Doctor Cullen sonaba muy preocupado. Maldición.
-¿Cómo que no aparece? –le pregunte acercándome.
-no está, simplemente desapareció. Dijo que vendría a verte pero jamás regreso…
-No, el solo me hablo… -¿Dónde demonios estabas Edward?
-tal vez se fue a la ciudad antes que usted… -sugirió mi padre.
-su coche está en la casa, el venia caminando… -atajo el doctor.
Comencé a preocuparme. ¿Dónde podría estar?
En ese momento son mi teléfono celular.
Todos se exaltaron, pues el silencio se había apoderado de la habitación. Tome mi teléfono y lo vi. Era el número de Edward.
-¡Edward! ¡¿En dónde diablos estas? Tu padre está en mi casa y….
-Edward está bien, solo tienes que hacer lo que yo te ordene y lo mantendré con vida.- una voz masculina me silencio del otro lado del teléfono. Obviamente ese no era Edward.
-¿Edward? –pregunte a sabiendas de que no hablaba con el-. ¿Quién habla?
-soy el único que puede hacer preguntas aquí. Cállate y escúchame. Recibirás un paquete, ábrelo y has exactamente lo que dice… el tiempo corre.
-¡¿Quién Habla? –me desespere. Todos en la habitación me miraban.
"¡Emmett!" –grito Edward atreves del teléfono. Su voz me traspasó el corazón.
-¡Edward! –le grite yo.
"Emmett ayúdame" –grito el de nuevo-. "¡es una casa roja fuera del pueblo!"
-¡cállate estúpido! –grito nuevamente la voz masculina.
El sonido de un fierro al golpear con algo silencio la habitación. Y nuevamente hablo la voz de hombre.
-¿lo quieres vivo? harás lo que yo ordene.
El teléfono perdió la línea. No podía creer nada. Todo era… horrible.
-¿Qué pasa? –susurro Alice.
-¡¿Qué pasa Emmett? –grito mi madre.
-Edward esta… secuestrado… -el sonido de mis propias palabras me atravesaron como un rayo y mi corazón se paralizo… Edward esta… Secuestrado.
En el próximo capítulo:
-A la CIA no le importa la vida de Edward –nos dijo el agente-. Lo único que quieren es atrapar al secuestrador. No les importa si en el proceso muere la víctima.
Sus palabras simplemente me paralizaron. Imposible hacer o decir algo…
-Jasper ¡tienes que hacer algo! –Le grito Alice-. ¡Edward no puede morir!
-¿Qué dijiste? –le pregunte poniéndome de pie. Reaccione demasiado tarde-. ¡¿Qué diablos dijiste?
-Tranquilízate Emmett –Jasper también se puso de pie y me miro a los ojos.
-¿Cómo quieres que me tranquilice agente Jasper? –le dije con desprecio.
-¡tranquilízate! –me grito y puso sus manos en mis hombros. Su profunda mirada me traspaso.
¿Tranquilizarme? Edward estaba secuestrado. Pedían 10 millones de dólares para rescatarlo. La CIA tenía muchos de sus mejores agentes en cubierto en todo el pueblo y su mejor agente estaba en mi casa diciéndome que la organización no planea dejar a Edward con vida… ¡¿Cómo demonios podría tranquilizarme?
-Actuaremos por separado –susurro Jasper-. Actuaremos por separado –remarco con ánimo y se giro para ver a Alice.
De alguna u otra panera esas palabras lograron tranquilizarme…
La CIA no se esperaba esto y mucho menos el secuestrador… Actuaríamos por separado.
Mi corazón volvió a latir…
Les gusto? espero que si! lamento mi mala ortografia! :P el capitulo fue un poco largo, pero espero con todo mi corazon que les haya gustado! Ahora...
¿Quieren que continue el Fic? ¿Quieren saber que pasara con Edward y Emmett?
POR FAVOR! DEJEN REVIEWS!
