Hola, aquí estoy de nuevo trayéndoles mi aporte para el evento de Halloween Rivamika 2017, creado por el grupo "La Hermandad RivaMika".

Este shot lo empecé dos semanas antes del evento, pero por una u otra cosa no había tenido el tiempo suficiente para terminarlo. Gracias a Sarah Usher que ha estado fungiendo como mi beta reader, y me sacó de muchos apuros con varias ideas. Este shot también va dedicado a Cerisier Jin. Si bebé, sé que te la pasas mentándomela, pero ten paciencia conmigo :c

ATENCIÓN: Por favor escuchen la canción The Monster de Eminem a dueto con Rihanna, fue lo que me inspiró para toda la trama.

Bueno nos los entretengo más, nos leemos más abajo ¡Corran a leer!

Disclaimer: Todos los personajes aquí mencionados pertenecen a Hajjime Isayama, yo sólo los uso para esta historia sin fines de lucro.

Día 5: Demonios


Cuento de Invierno

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La había estado observando. Había algo atrayente en ella. Fácilmente podría pasar por un ser puro, pero su alma estaba marcada.

Un día cualquiera para un demonio era ver cómo tentar a los humanos. Seres demasiado ingenuos y fáciles de manipular cuando se sentían identificados con algo. Él siempre aprovechaba aquellas satisfacciones personales para tentarlos y llevarlos a extremos inimaginables. Un alma más que se sumaba a las miles que él había llevado al infierno.

La primera vez que la vio, se dio cuenta que ella sería un poco más difícil de manipular. A pesar de que ella no era la pureza andando, las pocas veces que trató de tentarla, ella no había caído en sus jugadas. En todas y cada una de ellas se dio cuenta que estaba bien protegida por un Ángel que para su sorpresa siempre había sido su competencia cuando se trataba de llevarse un alma ya fuera del lado sombrío o que aquel ángel los lograra librar y llevarlos a la luz.

Le frustraba que siempre que tenía alguien en la mira Eren, apareciera y le pusiera las cosas difíciles. Si no mal recordaba, aquel ángel sólo había logrado arrebatarle siete almas.

—Así que ahora ella es la elegida

—¿Y a ti que te importa?

—No dejaré que te la lleves

—¿Acaso piensas que te la entregaré en bandeja de plata?

—Sé que no, pero haré todo lo que esté en mis manos para que no te la puedas llevar.

Aquella plática se había llevado a cabo después del tercer intento por corromper la peculiar alma gris. Pero Levi nunca se iba a rendir.

El tiempo era relativo cuando se trataba de ellos, aunque si pudiera establecer un rango a todo el tiempo dedicado a observarla y estudiar cada uno de sus gustos, gestos, etc. Podría decir que llevaba ya un año tras ella.

La época en la que se encontraban según los humanos era el siglo XVII. Había muchos temores hacia ellos, porque no sabían en qué momento un ser de oscuridad trataría de tentarlos. Incluso para protegerse iban a las iglesias a expiar sus pecados, sin saber que muchas veces la tentación se encontraba en la casa de Dios.

Los padres de Mikasa eran personas sumamente creyentes, asistían a misa fielmente cada domingo, ella siempre los acompañaba, no es como si ella tuviera una opción para negarse. Era parte de la instrucción de una señorita de sociedad. Pero ella internamente ponía en duda ciertos pasajes y sermones que escuchaba de los sacerdotes. Esa simple duda de la existencia de un dios todo poderoso era lo que había vuelto a su alma de un tono gris. Él sabía que si Eren jugaba bien sus cartas, ella se volvería toda luz, y él no lo podía permitir.

Todas las noches se las pasaba a un lado de ella, siguiendo sus pasos. Él sabía que en aquella gran casona donde ella vivía se escondía un libro de sumo valor, que contenía grandes secretos místicos. Así que tomando en cuenta este hecho comenzó un plan.

A altas horas de la noche la observaba detenidamente, y movía suavemente las frazadas que la cubrían. Actos que lograban que ella despertara. Aquellas acciones las llevó a cabo por un periodo de dos semanas, haciéndole creer a ella que era simple insomnio. Con el tiempo ella fue considerando la lectura como un pasatiempo que lograba que recuperara el sueño. Claro que ella no sabía que todo lo que hacía había sido previsto por un ente que deseaba su alma.

Las noches de insomnio y lectura dieron pie a que Levi diera pequeños sustos a la joven. Un ruido por aquí, un libro cayendo por allá, sonidos provenientes de la puerta cerrada con candado que había en la biblioteca familiar, y que Mikasa recordaba estaba prohibida desde que era muy pequeña. Incluso su padre le había comentado en alguna ocasión que ni si quiera él sabía que había dentro, pues llevaban al menos 4 generaciones que resguardaban aquella puerta sin saber lo que se encontraba ahí dentro.

Los ruidos, incluso las leves respiraciones que sentía cerca de su oído cuando pasaba cerca de aquella puerta comenzaron a despertar aún más su genuina curiosidad. Curiosidad que la llevó a que en varias ocasiones tomara a escondidas el manojo de llaves que su papá guardaba en su estudio, llevándose la decepción de que ninguna de las llaves que usó pudieron abrir aquella misteriosa puerta.

Levi no cabía de regocijo ante el comportamiento de la muchacha, su plan iba viento en popa. Sin embargo todo se vio arruinado cuando Eren, hizo su aparición justo en el momento en que Mikasa había logrado violar la cerradura de la puerta. Prácticamente aquel ángel le había azotado la puerta en las narices, dejando a una Mikasa turbada y a un demonio sumamente cabreado.

—¿Pensabas que lo lograrías?

—Tú deberías dejar de joderme

—¿Por qué te empeñas en hacerla caer?

—Eso a ti no te importa —bufó exasperado, ¿quién se creía ese ángel para arruinar todos sus intentos? ¿Por qué estaba empeñado en llevarla a la luz? Si era sincero, parecía que en esta ocasión su competencia iba aún más en serio, y el fin de esta batalla eterna entre ambos era obtener a Mikasa.

Sabía que debía recurrir a otro plan. Algo más drástico y sabía a quién acudir.

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—¿Qué es lo que quieres?

—¿Cómo sabes que quiero algo?

—Nadie viene como si nada a mí, sea humano o demonio, siempre hay algún interés de por medio. —Una chica de baja estatura, cabellos rubios y rostro malhumorado lo miraba con semblante desafiante. Ella sabía que Levi debía de estar en un gran problema para recurrir a ella.

—Es ese ángel.

—¿Eren?

—Si. —Su rostro hastiado reflejaba a su contraria que en verdad estaba muy necesitado de lo que fuera qué pensará que ella estaría dispuesta a hacer.

—¿Qué ofreces?

—Como siempre al grano Leonhart.

—¿Acaso crees que yo haría algo sin nada a cambio? Parece que no me conoces Levi. —Un amago de risa salió de los labios de la mujer.

—¿Cómo sigue tu padre? —En ese instante el rostro de ella cambió drásticamente por unos segundos. Levi sabía su debilidad. Leonhart era huérfana de madre, y su padre era todo lo que tenía. Era quién había velado sus sueños, sus pasos desde que ella tenía memoria. Ella era la luz de aquel hombre. El amor de un padre es tan inmenso que ignora cualquier cosa con tal de darle lo mejor a sus hijos. Pero sobre todo saca el coraje y todo lo necesario para que ellos sigan con vida. Y eso justamente había llevado casi a la ruina total a su padre.

A la edad de catorce años había caído accidentalmente en un río caudaloso que pasaba cerca de su hogar. La corriente la había llevado a estrellarse en repetidas ocasiones contra un cúmulo de rocas, y a eso se le tenía que sumar que era invierno. Las personas que pasaban cerca hicieron todo lo que pudieron para rescatarla, sin embargo había muerto. Con lo que nadie contaba era que pasados unos minutos por una extraña razón regresó a la vida, pero con serias lesiones. Su padre un humilde leñador había hecho lo imposible por llevarla con los mejores doctores de la zona. Annie no podía moverse al cien debido a los golpes que había recibido y el tiempo bajo agua helada en el que había estado. Aquel accidente en el que había muerto y revivido, no sólo trajo aquellas consecuencias, sino que también le había traído un don… Ver a seres tanto de luz como oscuridad, que todos llamaban comúnmente ángeles y demonios.

Con el tiempo las cuentas médicas eran tan elevadas que su padre no podía pagarlas, pero aun así seguía haciendo lo imposible porque ella volviera a caminar. En una ocasión, en el sanatorio en el que estaba vio cómo un joven azabache de piel pálida y ojos azul índigo, se llevaba consigo el alma de un enfermo. Ese ser al percibir la mirada de ella volteo y le intrigó que ella no se había inmutado al momento de cruzar miradas. Todo eso conllevó a que Levi comenzará a frecuentarla. En su momento el alma de Annie también era gris, pero era un gris oscuro. Levi no era tonto, y sabía que cumpliéndole algo simple, sumaría un alma más a su lista.

El resultado. Annie volvió a caminar, algo que todos llamaron "milagro", pero no era más que la obra del mismo rey de los infiernos. Ahora su alma estaba destinada a la oscuridad, pero aun así él le había advertido que en cualquier momento regresaría, por ello no había marcado su alma, sabía que en cualquier momento podría serle de ayuda. En varias ocasiones había vuelto a verla sólo para hablar con ella, así no tendría que soportar las charadas que Hanji decía cada que él tenía problemas con Eren.

Y ahora en ese momento ya sabía cómo cobrarle aquel "milagrito" a la rubia.

—Igual, las deudas aún no se terminan de pagar. Mi padre ya está grande, y no puede trabajar igual que hace unos años. —Su voz era cada vez más trémula. Amaba tanto a su padre que haría cualquier cosa por él—. Está enfermo, y ningún médico quiere atenderlo. No tenemos el dinero suficiente para pagar las cuentas que debe por mí, mucho menos para pagar un médico para él.

—Lo tendrás. Pero harás lo que yo diga. —La joven asintió lentamente mientras barajeaba todas sus posibilidades, sabía que no tenía otra salida ¿qué más daba? Su alma ya estaba condenada desde hace tiempo.

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Habían pasado dos meses desde que Mikasa no había vuelto a escuchar susurros al pasar frente a la puerta prohibida. Tampoco había vuelto a tener insomnio. Parecía que todo eso había quedado en el olvido.

Por su parte Eren se sentía aliviado al ver que Levi había desistido de tentar aquella pobre alma. Si Mikasa seguía obedientemente las palabras de sus padres en cuanto a religión su alma sería nuevamente blanca como la nieve. Así es como había entendido que su trabajo para con ella había llegado a su fin.

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Annie se encontraba de pie sobre un gran puente de piedra que atravesaba un gran río que abastecía de agua a varias aldeas. Jugaba con sus pies, meciendo su peso de atrás hacia adelante. Su semblante estoico, mirada perdida, ropas harapientas y un alma aparentemente destruida, fue lo que llamó la atención de Eren.

Se acercó a ella. Observó con detenimiento sus facciones. A pesar de que su rostro mostraba un semblante bastante duro, cada una de sus partes era hermoso. Ojos grandes azules, tez blanca y cremosa, pestañas largas y rizadas, labios delgados pero rosados. Todo convergía armoniosamente en ese pequeño rostro.

—¿Ya terminaste de examinarme? —Eren dio un pequeño salto al escuchar eso ¿Cómo era que ella lo había percibido?

—¿Puedes verme?

—Si te estoy hablando, eso significa que en efecto, te puedo ver ¿acaso eres estúpido? —soltó un bufido de fastidio, mientras volteaba a ver directamente a aquel ángel

—Ese vocabulario no es apto para una señori…

—¿Acaso eso importa? Puedes tener un léxico envidiable, pero puedes ser una basura de persona, seas hombre o mujer —enarcó una ceja al ver el rostro del ángel

—¿Cómo es que me puedes ver? —Eren trató de desviar ese cuestionamiento, no quería enfrentarse a una discusión sin fin que seguramente desencadenaría dudas en él.

—Un accidente. Morí unos instantes y regresé. Cuando abrí los ojos de nuevo, pude ver a los tuyos. —Annie tenía claro por palabras de Levi que se tenía que limitar a "ellos" para que Eren no sospechara nada.

—¿Sólo puedes vernos a nosotros? —inquirió un tanto dudoso.

—Si ¿por? —Una mentira más en su repertorio no haría gran diferencia.

—Simple curiosidad —dijo mientras se encogía de hombros.

—Para ser un ángel, eres demasiado curioso, yo pensé que los ángeles lo veían todo.

—No podemos ver todo, no somos Dios.

—Como sea ¿qué es lo que te trajo aquí?

—Pensé que querías matarte.

—¿Por qué querría matarme?

—No lo sé, tú dime.

—¿Acaso no puedo estar disfrutando de la vista del lugar?

—Yo nunca dije eso, es sólo que estabas y sigues estando demasiado cerca de la orilla del puente. —Annie miró hacia abajo, fijándose en aquel detalle. Con pasos decididos avanzó a una zona segura

Eren observó nuevamente a la joven, deleitándose con ello. Volvió a ver detenidamente el alma de ella, había algo atrayente en ella, y a pesar de que su color era gris, era un gris bastante bonito para él. Inspeccionó todo el perímetro alrededor de ellos, y se extrañó de no haber encontrado ningún demonio cerca «Tal vez el demonio que la atormenta no es tan poderoso»

El invierno había llegado, la aldea de Shiganshina se cubrió totalmente de blanco. Los altos pinos que la rodeaban se veían aún más espectaculares. Las tejas de las casas suavemente cubiertas de blanco, las chimeneas a su máxima capacidad para recibir con un calor acogedor a las personas que huían del frío. Todo conjugaba amenamente, que parecía aquella pequeña aldea parecía una hermosa postal.

Levi no podía estar más que contento, todo estaba saliendo muchísimo mejor de lo que él hubiese esperado. La muerte "natural" del vicario de la iglesia, había llevado a que el párroco de la misma solicitara un nuevo sacerdote que le ayudara con las grandes ocupaciones que siempre se presentaban en esa época del año. Pero un simple ser humano tan entregado como lo era el padre Nick nunca sospecharía que el mal se hospedaría en la casa de Dios.
Sí. Levi se había llevado consigo dos almas de sacerdotes, para poder tomar el lugar de ellos como vicario. Un demonio como él, dueño de todos los infiernos, podía hacer lo que se le diera en gana, tenía el poder suficiente como para confundir a los más entregados a ese ser supremo. Una simple transformación que lo hiciera parecer un vil humano y un hábito religioso, era todo lo que necesitaba.

A mediados de otoño había vuelto a perseguir a Mikasa, pero ahora en sueños. Pequeños encuentros fortuitos en el bosque. Miradas a la distancia. Simples roces de manos cuando chocaban entre una marea de gente. Esos sueños se presentaban a diario, pero por cada día que pasaba los encuentros eran cada vez más largos. Ella al despertar siempre sentía una gran curiosidad por el hombre que aparecía en sus sueños. Un hombre bastante guapo, que irradiaba virilidad por donde se le viera.

Llegó un punto donde ambos intercambiaban breves diálogos, y a la siguiente escena, su cuerpo yacía desnudo en una cama, aprisionado entre los fuertes brazos de aquel hombre desconocido, mientras sus labios recorrían cada extensión de piel que le era revelado. En otros más, se veía a ella a horcajadas sobre él, moviéndose a un ritmo frenético mientras él entraba y salía de ella, llevándolos a un éxtasis descomunal.

Al despertar de aquellos sueños, Mikasa se encontraba sudorosa y con una necesidad de calmar las ansias que sentía se expandía desde su lugar más íntimo hasta la punta de sus cabellos. Era un deseo tan febril el que sentía por ese hombre de ojos índigo, que en diversas ocasiones terminó consolándose a sí misma mientras recreaba las imágenes de sus sueños. Empero, después de aquellas acciones, sentía una culpa tan inmensa que no sabía qué hacer, le daba pena decirle a su madre todo lo que ocurría en sus sueños, lo más seguro es que le terminaría recriminando el tener ese tipo de sueños y la llevaría a la iglesia hasta que considerase que ya había expiado aquel pecado insano de la cópula con un desconocido.

Estuvo días sopesando aquello, llegando a la conclusión de que debía ir a la iglesia por su propio pie, confesar al sacerdote ese pecado, y llevar al pie de la letra la penitencia que le fuera impuesta.
Tomó su abrigo, vio a través de la ventana el paisaje del jardín trasero de su hogar, pudo deducir que pasaban de las cuatro de la tarde, tendría que apresurarse para estar de vuelta antes de que oscureciera. Dejó una nota a sus padres y salió corriendo a la parroquia del lugar.

Al llegar no se sorprendió de que estuviera vacía, ese invierno era más frío de lo que todos los habitantes de Shiganshina estaban acostumbrados a soportar. Observó detalladamente cada rincón del recinto, las imágenes que en antaño le habían causado escalofríos parecían ahora aún más siniestras. La tenue luz de las velas no hacía más que crear un ambiente de misterio, que a ella le empezaba a incomodar.

Caminó lentamente hasta llegar a las bancas centrales, se hincó y persignó, quedándose ensimismada mientras sus orbes de acero miraban con sumo interés el altar del lugar. Era un lugar hecho de mármol blanco y piedra de cantera negra. Colores opuestos, que de alguna manera convergían armoniosamente. Era como si el bien y el mal estuvieran en ese lugar, conviviendo en absurda paz.

—Hija, ¿deseas confesarte?— una voz ronca que provenía del confesionario que estaba a su costado izquierdo la sobresaltó, todo se veía tan solo que había pensado que en verdad no había nadie, ni siquiera el sacerdote en turno. Sabía por comentarios de su madre que había llegado un nuevo padre en el santuario, después de la muerte del padre Marlo, habían enviado desde el Vaticano un nuevo presbítero que apoyase al padre Nick. Ella en ningún momento lo había visto, pero por las pláticas de su madre con sus amigas, se había enterado que era un hombre joven de buen porte.

Se acercó cautelosa a aquel lugar, abrió la puerta con sumo cuidado de no hacer mucho ruido. Se arrodilló al estar dentro, cerrando la puerta tras de sí. Un sonido breve dio pie a que fijara sus ojos en la tela traslúcida que la separaba de su interlocutor.

—Ave María purísima

—Sin pecado concebida

—Dime hija, ¿cuáles son tus pecados? —Mikasa se tensó al creer percibir cierta malicia en aquella frase, sentía una sensación de que el sacerdote sabía por qué se encontraba ahí. Sentía que su alma estaba expuesta a él. Transcurrieron unos segundos de silencio, hasta que Mikasa logró sacar aquellos pensamientos irracionales de su mente.

—Padre, me acuso de haber pecado n-no, no sé cómo explicarlo.—Un suspiro de exasperación salió de sus labios, en verdad no sabía cómo decirlo. En su mente lo había dicho sin ningún problema, pero ahora se sentía indefensa, ¿Qué pensaría el sacerdote de ella? «Dirá que soy una depravada».

—Dímelo como creas necesario, estoy aquí para escucharte. —Esas simples palabras lograron que Mikasa pudiera relajarse un poco.

—Desde hace unos meses he tenido sueños raros, sin embargo en las últimas semanas, estos sueños han sido demasiado… —Demasiado, ¿qué? ¿Fuertes? ¿Cómo lo diría? Moriría de vergüenza. Mordió su labio inferior, estaba comenzando a arrepentirse de haber ido a confesión.

—No te prives de decirlo, así tu alma descansará. —Levi estaba divertido con la actitud de la muchacha, sabía que tarde o temprano ella recurriría a las instancias de Dios para liberarse de todo lo que estaba viviendo en sus sueños. Mentiría si dijera que no disfrutaba de asaltarla oníricamente, la energía que ella desprendía era tan cálida y adictiva, que se había sorprendido haciéndolo más de lo que él había planeado. Cada noche regresaba a la alcoba de la joven para observarla dormir, y antes de entrar en sus sueños, se deleitaba tocando suavemente su cuello, sus labios, sus tersas y largas piernas. Era como un ritual para él. Todo eso lo único que lograba era atizar sus ganas por poseerla carnalmente lo más pronto posible, contaba los días y esperaba expectante que ella llegara al punto en el que ahora se encontraban.

—Han sido sueños de satisfacción carnal. —Su voz salió tan abruptamente a causa de la vergüenza que la embargaba—. En mis sueños aparece un hombre. Al inicio sólo se limitaba a verme desde lejos, pero conforme pasaban los días, él se fue acercando cada vez a mí. Padre…— su voz comenzó a temblar, saliendo casi como un chillido—; he soñado que hago cosas indebidas con él. Cosas que sé sólo pueden pasar entre un marido y su mujer ¡siento que me estoy volviéndome loca! —Un tenue sollozo salió de sus labios. Se sentía sucia y no por lo sueños que tenía, sino por el hecho de desear cada día que la noche llegara pronto para poder perderse en las mieles que ese ser onírico le brindaba—. Padre, he pecado de pensamiento y le imploro la absolución.

Y ahí estaba, lo que él había estado esperando.

—Hija. —Su voz ronca volvió a inundar el lugar—. Estas conductas sólo tienen una penitencia, ¿en verdad quieres que absuelva ese pecado?

Sin dudarlo deslizó la madera para cubrir la tela traslucida por donde conversaba con ella. Se levantó, salió de su lugar y sin pensarlo dos veces jaló la puerta y se adentró al pequeño espacio donde se encontraba Mikasa. Todo había pasado tan rápidamente, que a ella no le dio tiempo de reaccionar. Cuando estaba a punto de articular palabra, fijó sus irises en el rostro del sacerdote, y el aire se quedó atascado en sus pulmones. Era él. El hombre que la torturaba con caricias indecorosas en sus sueños

— Ss-sí. —La respuesta llegó a oídos de Levi, quien al instante sonrió de manera perversa. Eso, lejos de intimidarla, enardeció el deseo que la consumía día con día.

La tomó de los hombros, con suma delicadeza, inspeccionando con detenimiento su rostro. Cuando al fin ella estuvo completamente erguida, la empujó bruscamente contra la pared del lugar. Los ojos de ambos se miraban con detenimiento. Gris contra índigo. Sin dudarlo, retiró una de sus manos del hombro de la joven y lo llevó a su nuca, para seguidamente estampar sus labios en los de ella.

¿Qué estaba haciendo? Ni ella lo sabía. Lo único cuerdo que podía decir era que, sus sueños se quedaban cortos a comparación de lo que estaba viviendo en carne propia. Se olvidó completamente del lugar en el que se encontraba, se olvidó de que ese hombre que tanto le fascinaba, era un simple presbítero de su comunidad. Los besos poco a poco fueron volviéndose más húmedos. Sus manos comenzaron a palpar sobre la ropa, el torso del contrario, deleitándose con la dureza de sus pectorales. Enroscó sus brazos alrededor de su cuello para atraerlo más hacia ella, mientras él acariciaba seductoramente su cintura y caderas. Estuvieron así por unos cuantos minutos más, hasta que el hombre decidió separar sus labios de los de ella, marcando un camino de besos hasta su cuello.

Mikasa comenzó a jadear al sentir como aquella boca succionaba su cuello, provocando que pequeñas corrientes eléctricas recorrieran todo su cuerpo. Pero lo que hizo que soltara un sonoro gemido fue cuando se percató que las manos masculinas habían subido hasta su cintura su falda, y se habían colado por entre sus piernas, rozando con suaves toquecitos su zona más sensible. Siendo incapaz de alejar esas manos, se restregó sobre ellas sin pudor. Una deliciosa fricción que le sacó aún más gemidos.

Por su parte, Levi no podía más, quería enterrarse en su tibia carne. Quería poseerla por completo. Marcarla como tanto había fantaseado. Porque sí, había llegado a la conclusión de que necesitaba de una reina, y ella era perfecta para ese puesto. Quería poder satisfacer sus deseos más primitivos con ella por la eternidad. Sin ningún tipo de consideración, tomó por los costados la prenda íntima que cubría su entrepierna, rasgándola. Ahogó un gemido de sorpresa, al sentir tan expuesto su sexo, pero los gráciles dedos de Levi le hicieron olvidarse de ello al introducirse en su cavidad. El suave vaivén que llevaba aquella mano comenzó a hacer estragos en ella. Sus gemidos eran cada vez más ruidosos. LevI no dudó en acallarlos con apasionados besos, introduciendo su lengua en la boca de la joven, recorriendo y saboreando cada rincón que le era expuesto. Ya no soportaba más, de manera rápida, con la mano que tenía libre se desbrochó lo necesario del hábito y de sus pantaloncillos, dejando expuesta su virilidad. Sin dudarlo, tomó una de las manos de la chica, y la dirigió a esa extensión de carne.

La tibieza de su mano era exquisita. Mikasa con lentos pero firmes movimientos comenzó a subir y bajar su mano. Estaba ansiosa, sus sueños habían sido suficientemente explícitos, y sabía lo que vendría a continuación. De un movimiento rápido, la tomó por la cintura levantándola lo suficiente para que ella enroscara sus largas piernas en su cadera. La apretó más contra la pared mientras se deleitaba acariciando las cremosas piernas de Mikasa. Alineó su pene a la entrada de ella, la vio directamente a los ojos, mientras ella jugueteaba con su nuca, incitándolo a que la besara, pero resistió ante esa tentación, invadiéndola con una ruda estocada. Los ojos de ella se oscurecieron aún más de placer al recibirlo. Sentirlo completamente dentro suyo, más los leves jadeos varoniles que salían de sus labios, y sus ojos quemándola con esa mirada era el mejor de los afrodisiacos. No resistió más, y pese a sentir cierta incomodidad al ser su primera experiencia, comenzó a mover suavemente sus caderas, obteniendo como premio unos roncos suspiros por parte de él. Aquellas acciones lo incitaron a iniciar un vaivén que los llevaría a la perdición.

Los gemidos de ambos comenzaron a inundar el recinto. Tomó una de las manos de ella entre la suya, y la dirigió a aquel lugar donde se volvían uno. La colocó sobre su núcleo de placer. Ambas manos comenzaron un agradable masaje sobre esa zona, mientras ambos se encargaban de succionar el cuello y labios del otro. Llegó un momento en que Mikasa sintió como un agradable e intenso calor se iba acumulando en donde se hacía uno con él. No resistió más aquella sensación, y la dejó explotar. Sus paredes comenzaron a contraerse, aprisionando el pene de Levi, llevándolo al más puro éxtasis. Unas penetraciones más y se dejó ir dentro de ella. Unos minutos de silencio los inundó mientras trataban de regularizar sus agitadas respiraciones.

Mikasa guió su mirada al rostro masculino, y no pudo resistir perderse en los orbes azules que la miraban con picardía. Poco a poco y sin perder contacto visual, se fue acercando lentamente a su rostro, fundiendo sus labios con los de él. Esta acción tomó desprevenido a Levi, quien tardó unos segundos en corresponder el beso. Beso que fue volviéndose cada vez más demandante. Las manos de Levi recorrieron delicadamente el rostro de la mujer, delineando cada facción, fue descendiendo por su cuello hasta toparse con el inicio del abrigo que ella portaba. Un gruñido de frustración fue acallado por los labios de ella. Una sonrisa pícara se dibujó en los labios femeninos, mientras con parsimonia desabrochaba los botones de su abrigo. Debajo de esa prenda llevaba un bonito y sencillo vestido largo color guinda de mangas largas con corte en diagonal al final, tenía un bonito escote que dejaba entrever el nacimiento de sus turgentes senos, que además se veían un tanto apretados por las cintas frontales que tenía el vestido para que se ciñera a su esbelta y curvilínea figura. El color contrastaba perfectamente con su piel blanquecina.

El hombre tragó duro ante aquella tentadora visión. Con sumo cuidado impropio de él, comenzó a desatar los lazos dorados de raso del vestido. Al terminar de hacerlo se llevó la espectacular sorpresa de que Mikasa llevaba un ligero camisón blanco, tan ligero que se podían ver las aureolas rosadas de sus senos. Sin ningún preámbulo rasgo esa tela que lo separaba de aquellos montes, provocando que saltaran ligeramente con ese tirón. Se quedó embelesado al verlos sin restricción. No resistió más y dirigió ambas manos a ellos, tomándolos firmemente, amasándolos, mientras volvía a unir sus labios con los de ella. Después dirigió su boca a la tibia y suave piel de sus senos, mordisqueando, chupando, dejando un camino de saliva sobre ellos. Apresando un pezón entre sus dientes, jalándolo con cierta rudeza, mientras al otro lo atendía con su mano.

En ningún momento se habían separado. Sintió como empezaba a crecer dentro de ella, hecho que la excitó sobremanera. Lo atrajo a ella con sus piernas y empezó a refregarse contra él, incitándolo a tomarla de nuevo. Levi no vaciló en su siguiente acción. La tomó firmemente de las nalgas, sin separarla de él, mientras lamía cada uno de sus senos, pateó la puerta del confesionario, caminó hasta llegar al altar, la colocó sobre la mesa de mármol negro, y se dedicó a subir completamente la falda de ella hasta su cintura para poder tener un gran panorama. Afortunadamente la mesa del altar tenía la altura perfecta, tanto que el sexo de ambos quedaban perfectamente alineados. Mikasa estaba tan perdida en el placer indescriptible que la consumía, que por instinto, y necesidad de sentirlo más dentro de ella, abrió sus piernas lo más que pudo, posicionando sus talones en cada esquina de la mesa, logrando que Levi tuviera un mejor ángulo para deslizarse en ella.

El choque de sus sexos, los gemidos de ella, el adictivo sabor de sus besos, de su piel, el estar mamando de sus senos, lo estaban llevando al borde de la locura, no se comparaba con ninguna de las mujeres que anteriormente había asaltado y llevado a la muerte al robarles su energía. Definitivamente había hecho una excelente elección. Ella era la elegida para el gran puesto que ahora le esperaba. Siguió embistiendo tan dentro de ella como le era posible, su estrechez le arrancaba fuertes gruñidos que eran acallados por la tierna piel de sus senos. No dejaba de lamerlos, de hacer infinitos caminillos de saliva que iban de los labios carnosos, seguían por la barbilla y descendían por su suave cuello hasta llegar nuevamente al nacimiento de los montes femeninos, donde se dedicaba a succionar dejando rojos cardenales.

Un estremecimiento desde su médula fue recorriendo todo su cuerpo hasta conglomerarse en sexo, signo inconfundible de un orgasmo potente. Siguió embistiendo con fuerza, separándose del cuerpo femenino para poder llevar un ritmo más rápido mientras se deleitaba con el sugerente movimiento de los senos de Mikasa, que con cada estocada rebotaban sin pudor frente a él. Las manos de la fémina se posaron sobre su propio pecho, tomando cada pezón entre los dedos de sus manos para poder masajearlos y estirarlos. En nada se comparaba su tacto con las manos ásperas de él, pero ver la mirada oscurecida de placer que él le brindo al percatarse de sus acciones, la llevaron a seguir deleitándolo. Una corriente eléctrica los abrumó a ambos llevándolos al orgasmo.

Sus paredes se contraían, mientras la semilla era derramada en su interior. No había nada mejor en ese momento que esa sensación de ser poseída de esa manera por un hombre como él.

Sin embargo, la realidad cayó sobre ella como balde de agua fría. Él era un sacerdote. Ella no joven dama de alta alcurnia en esa aldea ¿Por qué había caído? Ella debía permanecer casta hasta el matrimonio, sino sería su perdición. Mil pensamientos más revoloteaban en su cabeza, pero una mano acarició su fino rostro, distrayéndola de todo ese embrollo.

—Sí, soy yo el de los sueños, por si te lo preguntabas.

—Pp-pero ¿cómo es que estás aquí?

—Es algo sabrás en su momento

—Esto está mal ¡no debió pasar! —gritó desesperada—. ¡Eres un sacerdote!— soltando una risa sardónica, Levi tomó el rostro de la joven

—Eso no es impedimento, ¿acaso eso te importó cuando te tome dentro del confesionario? —Palabras rotundas, que ella sabía habían dado en el blanco. No, en ningún momento le importó toda esa locura por el simple hecho de que era él por el que ansiaba que la oscuridad llegara.

Salió suavemente de ella, acomodó sus ropas, y esperó a que ella arreglara sus prendas. Muy dentro de él se estaba regordeando por al fin haber cumplido su meta. La había marcado. Y no, no la había marcado como a cualquier alma. La había marcado como completamente suya en todos los aspectos. Cuando Eren regresara se llevaría la sorpresa de su eterna vida.

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Los meses subsecuentes habían traído consigo encuentros candentes entre ellos. No dudaban en entregarse al placer carnal en los lugares más recónditos de ese recinto santo. Tampoco dudaban al hacerlo a mitad del bosque. Habían llegado a un tácito acuerdo de distancia e indiferencia frente a toda la comunidad, pero las noches eran absolutamente de ellos.

Eren por su parte había prestado demasiada atención a aquella rubia, de la cual le estaba siendo imposible despegarse. Había seguido con su trabajo sí, pero siempre supervisaba a las almas cercanas a los lugares donde ella vivía. Muy dentro de él tenía un presentimiento de que algo malo estaba ocurriendo. Un día cualquiera, decidió despedirse de Annie, prometiéndole que regresaría en unos días a ver cómo seguía.

Emprendió camino hacia la aldea de Mikasa, rogaba a Dios que ella estuviera bien. Pero ninguna de sus plegarias había sido escuchada. Al llegar al pueblo a mitad de la noche, se dirigió al hogar de la muchacha, pero no la halló. La buscó por los alrededores, encontrándola en un claro a mitad del bosque. No estaba sola. Era Levi con quien estaba. No daba crédito a lo que sus ojos veían. Una joven mujer siendo embestida por un demonio, mientras ambos se profesaban palabras de amor eterno ¿Qué mierda había hecho Levi? ¿Qué artimañas usó para hacerla caer?

Había llegado demasiado tarde. Aquella alma ya estaba mancillada. Mancillada de la peor manera, que un ser de luz no podría por más que quisiera, revertir ese hecho.

Él estaba seguro de que Levi había perdido cualquier tipo de interés en ella después de que había interferido en cada una de sus jugarretas para marcar su alma. No supo qué más hacer, y se retiró del lugar.

Al día siguiente no dudó en buscarlo por todo el lugar, llevándose una segunda sorpresa al encontrarlo oficiando una misa en el templo de Dios. Esperó a que todo el oficio terminara. Levi lo había visto cuando entró a la iglesia y sabía lo que vendría después. Por eso al terminar sus labores eclesiásticas no dudó en tomar camino hacia el espeso bosque.

—¡Vaya! Hasta qué haces acto de presencia —dijo con socarronería—. Pensé que ya te habías olvidado de este lugar.

—No te hagas el gracioso Levi ¿qué es lo que has hecho?

—¿De qué hablas?

—¡No te hagas el que no sabe nada! —gritó exasperado— ¡Te vi!... ¡Los vi a ambos en el bosque! Y hoy te encuentro en forma humana, vestido de sacerdote oficiando una misa

Levi no pudo contener su risa y la dejó salir despotamente frente a Eren, no es como si él se fuera a reprimir frente a un insignificante ángel, cuando él era el rey.

—Bueno, al parecer tu estadía con la señorita Leonhart te tuvo bastante ocupado como para recordar a Mi-ka-sa —dijo divertido

—¿Annie? ¿Qué tiene que ver ella en esto?

—Al parecer hizo bastante bien su trabajo. —Eren comenzó a rememorar lo que había vivido con la rubia en los últimos ocho meses. Si analizaba detenidamente, había dejado en segundo plano su labor para con las almas que le habían sido asignadas, todo por estar al pendiente de Annie y de su padre.

Con el pasar de las semanas, se había encontrado extrañándola cuando tenía que irse a salvar algún alma. Hacía sus deberes lo más rápido que podía y regresaba a ella. Asimismo la actitud que ella tomó las veces que había mencionado el regresar a Shiganshina comenzó a tomar forma. Ella siempre se comportaba de manera cortante e incluso se atrevería a decir que se ponía triste cuando mencionaba que quería ir a visitar a Mikasa. La rubia alegaba que la dejaría sola por mucho tiempo, y que si Eren había hecho bien su trabajo con esa joven, no tenía de qué preocuparse, que confiara en que todo estaba tomando el camino debido.

Nunca se imaginó que ella fuera un simple peón en el tablero de Levi, y que él ingenuamente había caído en su trampa.

—Vaya, parece que alguien se terminó enamorando de una humana. —Una sonrisa cínica adornó los labios delgados del demonio.

—¿Cómo has podido hacer todo esto?

—Simple, ya estaba fastidiado de que arruinaras mis planes hacia Mikasa, sólo tuve que ir a visitar a una vieja amiga y ponerla justo en el momento correcto en tu camino.

—¿Vieja amiga?

—Supongo que te contó que hace unos años tuvo un accidente del que volvió a la vida —¿cómo era que Levi sabía eso?—. Pues verás —dijo divertido al ver la incertidumbre del muchacho—. Un día en que estaba haciendo mi trabajo me encontré con ella. Vio como me llevaba un alma. Me dio curiosidad al darme cuenta que ella me podía ver, me contó todo lo que le había ocurrido, yo sólo le ofrecí mi ayuda sin nada a cambio, pero vaya ella sabía que a final de cuentas su alma ya la tenía empeñada conmigo.—Todas las piezas comenzaron a encajar, todo lo que le había dicho Annie acerca de su accidente era cierto, sin embargo había omitido cierta información bastante relevante—. Así es mi querido Eren, yo fui el causante de que milagrosamente ella volviera a caminar. La verdad es que su personalidad taciturna me ha servido para desahogar mi estrés, siempre tiene las palabras exactas para decirme cómo llevar a cabo mi siguiente jugada de manera más limpia, y he aquí el resultado.

Eren no daba crédito a lo que oía. Annie lo había engañado. Su alma ya pertenecía a Levi.

—¿Pero cómo es…—Una risa volvió a salir de los labios de Levi.

—¿Qué cómo es que su alma no está marcada? Sí, sí, sí. No la he marcado aún, sabía que en algún momento me serviría no hacerlo, pero después de esto y de lo que le he dado, ella sabe que será marcada dentro de poco.

—¿Qué es lo que le has ofrecido?

—Yo no le ofrecí nada, ella fue la que me lo pidió.

—¿Y qué es eso que te pidió?

—¿Qué no es obvio? Simplemente ve la situación en la que se encuentran ella y su padre. —Puso los ojos en blanco mientras soltaba un bufido ¿es que acaso Eren era demasiado estúpido para deducir la petición de Leonhart?—. Dinero. El suficiente para vivir cómodamente el resto de su vida, y la salud de su padre. En estos momentos ya ha de haber descubierto el dinero que pidió, y su padre se ha de estar sintiendo de maravilla.

Eren estaba deshecho, había perdido dos almas que tenían potencial para ser como él, ¿cómo era que había sido tan idiota? No podía creer que se había dejado llevar por esos resquicios humanos a los cuales llamaban sentimientos. No podía creer que lo que él creyó correspondido, era una vil fachada.

—¿Acaso no te percataste del color de su alma?

—Era gris.

—En verdad eres estúpido. Sí, sí era gris, pero no cualquier gris. Es gris oscuro. Lo único que le falta es ser marcada para que su alma sea completamente negra.

—Es tu culpa, ¡Por ti es que ellas están ahora condenadas!

—No me des a mi todo el mérito o ¿es que acaso has olvidado que tu Dios les dio el libre albedrío? Ellas decidieron esto, yo nunca las obligue.

—Pero... ¡te aprovechaste de sus dudas!

—Así como tú lo haces para llevarlos al lado de la luz. —Eren se había quedado sin palabra. Era cierto, él… ellos, los suyos también se aprovechaban de las dudas de las personas para poder llevarlas al camino de la luz. En verdad estaba decepcionado de todo lo que ambas mujeres habían hecho. Tenía una firme fe en ellas, y lo que había obtenido era una puñalada por la espalda. Tibias lágrimas comenzaron a surcar su rostro. Estaba deshecho.

—Ya, ya, deja de llorar maldito mocoso. Parece que es lo único que sabes hacer cuando logro ganarte.

—¡Eres un monstruo!

—Soy el rey de los infiernos ¿acaso esperabas algo bueno de mí?

—¿No pudiste simplemente dejar en paz a Mikasa? Puedo llegar a entender lo de Annie, ¿Pero ella? ¿Porque aferrarte?

—Todo rey necesita una reina, ¿cierto? —Los ojos penetrantes de Levi taladradron la figura de Eren—. Una reina digna de mí. Ella es hermosa, fuerte, pasional. Tiene todo lo que necesito y deseo en una mujer.

—¡Infeliz!

—Sígueme insultando todo lo que quieras, eso no va a solucionar nada. —Los sollozos de Eren comenzaron a hacerse escuchar. Su luz siempre tan radiante comenzó a hacerse tenue. El dolor que sentía era indescriptible.

—Mejor deja de llorar, tengo una propuesta para ti. —Con un movimiento de manos, unas alas bellamente negras aparecieron frente a los ojos de Eren—. Si tanto amas a Annie, puedes tomarlas. —Vio incrédulo ese par de alas ¿Amaba a Annie? Sí. La amaba infinitamente, pero… ¿estaba dispuesto a renunciar a todo lo que él era por ella?

Definitivamente no. Él era un ángel. Un ser puro que tenía que rescatar a las almas de las más infames torturas que su contraparte les provocaba. Él había sido escogido por el mismísimo Dios ¿Cómo podría darle la espalda a ese ser superior que le había dado todo?

—Vaya que eres indeciso— No. Él no era indeciso, simplemente no tenía ya la fuerza para darle una respuesta. Amaba a Annie, pero no podría soportar ser repudiado por los suyos. Los humanos podían tener errores y enmendarlos, en el mejor de los casos, pero él, un ángel no tenía ninguna oportunidad. Simplemente sería escoria frente a Dios y sus hermanos.

Estaba tan ensimismado en esos pensamientos, que no se percató de que el demonio se había acercado demasiado a él. No lo advirtió hasta que sintió un inmenso dolor donde sus alas se unían a su cuerpo.

Su indecisión y falta de coraje por hacerle frente a Levi, lo llevó a perder lo más preciado que le quedaba. Sus blancas y puras alas. Un grito desgarrador salió de lo más profundo de su ser. Ahora estaba condenado a vagar en la tierra de los vivos por la eternidad.

—Eres demasiado lento, y yo tengo muchas cosas qué hacer —escupió mientras hacía pedazos las alas de aquel ángel.

Al no obtener ninguna respuesta, y ver que ese ser sólo se limitaba a llorar mientras apretaba fuertemente los puños, se retiró del lugar. Dejándolo sumido en su dolor.

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El verano había llegado a su punto culmen. Los árboles comenzaban a teñirse de naranja nuevamente, y el presbítero debía retirarse a una nueva iglesia.

Eren se limitaba a ver como todo el teatro orquestado por Levi estaba llegando a su fin en esa comunidad. No pudo evitar dirigir sus pasos a la mansión Ackerman, y observar a la distancia a Mikasa. Quien la viera diría que era un joven normal, sumamente bella. Pero él, un ángel caído. Un ángel privado de sus alas, podía ver el color de su alma. Ya no era gris, como la había conocido hacía más de un año. Ahora era negra. Pero no era cualquier negro. Era un negro brillante, que a su manera cegaba con su luz. Levi tenía razón, y odiaba admitirlo. Era una digna reina de los infiernos.

Deambuló por la plaza principal, y se percató que a mitad de ella, una joven rubia de baja estatura y bien vestida, lo miraba con sumo desinterés, mientras iba tomada de la mano de un joven alto de cabellos negros. Sintió una punzada al ver aquello, pero lo que sin duda fue aún más doloroso, fue ver el negro opaco de su alma.

Ya había sido marcada.

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Mikasa no podía negar los síntomas. La inminente verdad le había dado una bofetada, no tenía otra opción más que huir en cuanto Levi desapareciera de esa aldea.

Ya tenían un plan para ello. Y esperaba llevarlo a cabo en pocos días. El amor que le profesaba a él, era inmenso. Tan grande que no le importaba dejar todo. Tan grande que no le importaba en absoluto todos los pecados cometidos, porque el amor era el mandamiento por excelencia ¿no? Qué más daba si ella era una simple joven enamorada de un simple sacerdote. El amor no conocía barreras, según ella.

De la misma forma en que las estaciones están en constante cambio, ella dejó de ser la misma, sin saber que estaba marcada como la nueva reina, aquella que cargaba en su seno al heredero de las tinieblas.

Sintió una calidez embargarla. Sabía que él se encontraba cerca y lo confirmó cuando su mano presionó la suya. Al final, aún la intención más pura podía llegar a ser corrompida.

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¿Qué les pareció? Creo que me aventarán muchos tomatazos jajajaja Probablemente muchos se pregunten que paso con lo del dichoso libro encerrado en la biblioteca de los Ackerman, pues la idea principal se centraba en ese libro, pero conforme iba escribiendo y las recomendaciones de mi beta, ese libro quedó olvidado :v

El libro que quería meter en ese lugar era el Codez Gigas, busquen en internet la historia, y verán que es un libro "maldito". Bueno pero a pesar de haber dejado en el olvido ese libro, yo quede satisfecha con lo que escribí ¿apoco no me quedó chido*? XD

*Chido= lindo, bonito, perfecto, etc.

Bueno, pues espero sus reviews, que ya saben que todo escritor ama que le digan su opinión acerca de su trabajo. No leemos en el siguiente y último aporte :v

~Judith