Blackberry.
Calma y lucidez. Albus y Valerie.
-Lo sentimos mucho, es una verdadera pena. -dijo el sanador en San Mungo.- Pero no tienen de qué preocuparse. Los embarazos ectópicos son muy frecuentes en madre primerizas y muy habitualmente vuelven a quedarse embarazadas pronto. Ahora les daremos estas pociones para que la señora expulse el embrión. Estoy seguro qué no tendrá ningún problema.
Dejó encima de la mesa tres botes pequeños, llenos de sustancias de colores, que Albus miró con asco. Nunca le había dado asco una poción, jamás. Adoraba Pociones en Hogwarts. Pero a aquellos tres botes no podía ni mirarlos.
-Los dejaré solos para que la señora pueda vestirse tranquila. -dijo el sanador, al notar el ánimo de la pareja. Salió de la consulta. Valerie se sentó en la camilla y Albus se apuró a ir a su lado. Cogió un pañuelo y limpió el gel que el doctor había esparcido sobre el vientre de su mujer para confirmarles que no había latido.
Albus ayudó a Valerie a bajar de la camilla, se sacó la bata y la ayudó a vestirse, en silencio. La pelirroja parecía estar ausente, con la mirada perdida y los ojos aguados. La llevó bajo su brazo, contra su pecho y ella se abrazó a él. Albus cogió con su mano libre las pociones y las metió en el bolso de Valerie. Salieron de la consulta y el sanador estaba en la puerta.
-Ya nos vamos. Muchas gracias. -le dijo Albus, apenas en un susurro.
-Nos vemos la semana que viene, señores Potter. -les dijo él. Albus asintió apretando los labios y sacó a su mujer de la sala donde tres embarazadas más esperaban para entrar a la consulta.
Valerie no quería estar embarazada, la asustaba mucho el tema de llevar un bebé dentro de ella. No era que no quisiera tener hijos -aunque la idea tampoco le emocionara- pero es que le aterrorizaba el tema del embarazo. Pero Albus la convenció con que iba a estar preciosa gorda, que le iba a encantar llevar a su hijo dentro… Pero fue cuando Valerie vio la enorme barriga de Avani -que estaba esperando a su primera hija- que decidió que ella quería una.
Se fueron por la Red Flu a su nuevo apartamento. Albus dejó a la pelirroja en el sillón y se agachó delante de sus rodillas, con las manos sobre sus caderas, mirándola a los ojos.
-¿Qué quieres? -le preguntó en un susurro. Un bebé pensó Valerie. Pero apretó los labios y negó con la cabeza.- ¿Nada? ¿No quieres comer nada? ¿Te hago un café, un té…?
-No… -dijo ella con la voz rota, acariciando la mejilla de Albus. Cogió aire muy profundamente, recogiendo el valor que necesitaba para hablar.- ¿Podrías ir a contárselo a tus padres? Necesito un momento sola.
-Sí. -dijo Albus levantándose. Se inclinó sobre ella y le dio un beso en los labios.- Te quiero. -le susurró contra ellos.
-Te quiero, Albus. -le dijo ella. Albus suspiró y cogió su varita para aparecerse en el salón de Grimmauld Place. Allí encontró a su madre, con su rotulador y su revista de Quidditch. Y Harry al escucharlo inmediatamente apareció por la puerta, Albus supuso que venía de la cocina.
-Hola, mi vida… -le dijo Ginny, sonriendo y volviendo la mirada a la revista, distraída.
-Hola, ma… -dijo Albus.
-Albus, ¿qué pasa? -preguntó Harry, frunciendo el ceño, preocupado. Albus se dejó caer en el sillón al lado de su madre y bufó. Ginny rápidamente la revista sobre la mesilla del sillón y se giró hacia su hijo. Albus se tapó la cara con las manos y sintió a su padre sentarse a su lado.
-Valerie estaba embarazada… Pero hoy fuimos a San Mungo y… -explicó el mediano de los Potter. No pudo seguir hablando, pero sus padres no eran idiotas. Sabían perfectamente lo que estaba pasando. Ginny lo abrazó y Albus apoyó la cabeza en el hombro de ésta. Harry le acarició el brazo.
-¿Está todo bien con Valerie? -preguntó Harry.- ¿Ella está sana?
-Sí, ella está bien, físicamente. -dijo Albus.
-Eso es lo importante, Albus. -le recordó Harry. Los dos se miraron a los ojos.- Ya vendrán los embarazos y los niños. Lo importante es que tu mujer está bien físicamente.
-Y ella es una chica fuerte, va a estar bien emocionalmente. -le dijo Ginny.- ¿Dónde está?
-En casa, me pidió que me fuera, quería estar sola. Pero ya voy a volver… -dijo Albus, frotándose los ojos.- No la quiero dejar sola.
-Mejor vuelve sí… -dijo Ginny, frotando enérgicamente su espalda y dándole un beso en la mejilla.- Todo va a estar bien, Albus.
-Sí… Gracias. -les dijo Albus, antes de volver a aparecerse en su apartamento.
Lo último que había visto en Grimmauld Place había sido a sus padres abrazándose y consolándose uno al otro. Eso debía hacer él con Valerie. En silencio la buscó por el salón, cocina, la habitación… Hasta que la encontró metida en la bañera, abrazada a sus rodillas. Se adentró en el baño y se arrodilló delante de la bañera. Valerie ni lo miró.
-Te dije que me dejaras sola. -dijo Valerie apoyando la mejilla en las rodillas y girando la cara para que Albus no la viera llorar.
-Y yo no te voy a hacer caso. -dijo Albus. Se levantó y cogió de la repisa del lavabo una bola de color mora. Se agachó para dejarla en el agua y que empezara a deshacerse bajo la mirada de su mujer, mientras él se desnudaba.- Hazme un sitio. -le pidió a la pelirroja metiendo un pie en el agua ardiendo de la bañera. Valerie se movió hacia delante, dejándole sitio a su espalda.
-Quiero estar sola, Albus. -le volvió a decir ella, con la voz completamente rota y casi temblando.
-Ya lo sé… -le dijo él, posando sus manos en los brazos de Valerie. Esperó unos segundos y fue ella quien terminó rompiéndose y dejándose abrazar. Albus la dejó recostarse sobre su pecho, mientras él la abrazaba. Valerie lloró a moco tendido sobre los brazos de Albus, tiró de las manos de éste pidiendo que la abrazara más fuerte y el auror le obedeció.
La pelirroja, después de unos minutos en los que solo se escucharon sus llantos, se giró un poco para mirar a Albus, que tenía los ojos rojos. La pelirroja llevó las manos hasta la cara de Albus que cerró los ojos ante el contacto y le dio repetidos besos sobre la mejilla, trazando un sendero de besos hasta su boca, donde apenas dejó que sus labios rozaran los de Albus.
Escribo poco de estos dos... Hoy tocó algo más amargo.
