Los personajes no son míos, pertenecen a J.K. Rowling. La historia es de mi autoría aunque con influencia de algunas caricaturas y demás *-*

NOTA: Lo que está subrayado son pensamientos.


Capítulo 2. MIONE I


Un par de claros párpados se abrieron dejando a la vista dos iris marrones. Sus soñolientos ojos miraron el calendario mágico colgado en la pared donde estaba la ventana a los jardines del colegio, que señalaba encerrando en un círculo dorado la fecha: martes 3 de noviembre; la castaña debía levantarse para asistir a su primera clase, Historia de la magia.

Como era su costumbre, despertó a las seis y media de la mañana ignorando que apenas había logrado dormir poco más de tres horas y que el desayuno era a las ocho. Calzó sus pantuflas, tomó una toalla de baño de su baúl y caminó hacia el baño calladamente entre las camas de Lavender, Parvati y Fay para no despertarlas.

Tomó una ducha caliente que la fortificó al cien por ciento; se vistió el uniforme y túnica de Hogwarts con los colores de su casa… oh, vaya que adoraba ese atuendo, tener la túnica puesta le daba fuerza y seguridad, era como si hubiese nacido con ella; por último guardó pergaminos, plumas y libros (su reloj favorito también) necesarios para las clases de ese día, después de Historia de la magia tendría Pociones. Buscó el libro de Elaboración de pociones avanzadas de sexto curso por todos lados pero no lo encontró, juraría que lo había dejado sobre su buró antes de dormir, aunque con las prisas de la madrugada, era muy probable que lo olvidara en el Depósito.

Bajó a la sala común en la que sólo había un par de chicos de quinto año muy apurados haciendo los deberes, nadie conocido. Aún faltaba poco menos de una hora para que fuera servido el desayuno, así que Hermione decidió que lo mejor sería ir un rato a la biblioteca, ya encontraría a sus amigos en el Gran Comedor.

Los pasillos estaban casi desiertos, y la biblioteca totalmente desolada a excepción de la señora Pince. La castaña tomó un libro titulado Alquimia, arte y ciencias antiguas, y se sentó a leer en la mesa más alejada de la puerta.

Cuando el reloj marcó las ocho con dos minutos, la bruja dejó el libro en su estante y se fue directo al Gran Comedor.

Por el camino vio a Lavender y Parvati cuchicheando entre ellas, y le pareció escuchar "La perfecta señorita Weasley…" seguido de risas, ¿eran tan cotillas como para estar hablando de Ginny que era un año menor?

Cruzó el umbral del salón. Sus amigos aún no llegaban… "Debí imaginarlo, siempre llegan tarde…" pero igualmente caminó a la mesa de Gryffindor y tomó asiento al lado de dicha pelirroja más pequeña.

— ¡Hola, Hermione! —la saludó—, ¿y mi hermano? Creí que ya estaría contigo.

— ¿Ron? —preguntó, aunque supuso que a él se refería ya que siempre estaban con Harry—. No, debe seguir durmiendo, ¡es tan holgazán!

La castaña tomó un par de empanadas con avena y se las llevó a la boca. Bebió un sorbo de agua de su copa y al dirigir la mirada a la entrada vio llegar a un azabache despeinado y un pelirrojo.

Sus dos amigos al ver donde estaba sentada, fueron directo a su lugar; los saludó con una sonrisa radiante. Al primero que miró fue a Harry e instintivamente recordó que el muchacho le había prestado su capa y no se la había devuelto.

— ¡Harry! Se me ha olvidado devolverte lo que me prestaste ayer —dijo frunciendo el entrecejo, aunque ya esperaba un "No te preocupes, Hermione".

Pero la respuesta no fue esa.

— …¿Qué fue lo que te presté? —preguntó confundido el de anteojos tomando su lugar.

Ron con imprudencia apartó un poco a Harry de su sitio y se sentó entre los dos, lo que no se esperaba era lo que haría después.

— Buenos días, amor —saludó el pelirrojo y dio un rápido beso en los labios de la castaña.

— ¡RONALD! ¡¿Qué te sucede?! —farfulló una muy sonrojada y asustada Hermione, apartándose bruscamente de su amigo.

— ¿De qué hablas, Mione? —el Weasley rebuscaba en su cerebro intentando recordar algo que hubiese hecho antes como para haberla enfadado.

— Te veo en Historia, Harry —dijo la castaña levantándose indignada de la mesa sin voltear a ver a Ron.

"¡Por Merlín! ¿Por qué Ron me besó? ¿Qué le ocurre?"

Estaba subiendo la escalinata de mármol cuando alguien la jaló de la túnica.

— ¡Espera, Hermione! —exclamó una bruja de larga cabellera rojiza— ¿Qué fue lo que pasó en el comedor?

"¿Por qué Ginny me habla tanto ahora? Es hermana de uno de mis amigos pero ¡nunca charlamos!".

— ¿Acaso no lo viste, Ginny? ¡Ronald me besó! —se explicó reflejando la sorpresa que había sido para ella.

— ¿Y? Es tu novio, ¿no?

— ¡¿Pero de qué estás…?!

— Siempre te besa en las mañanas al despertar, ¿Por qué reaccionaste con él así el día de hoy? —cuestionó una pelirroja muy inquisidora.

"¿Qué…? ¿Dijo siempre?".

— ¿Estás bien, Hermione? —preguntó preocupada la menor al ver como la castaña palidecía al color de la cera.

— Yo… sí… tengo que ir por algo a la biblioteca… —se excusó, mientras se alejaba a rápidas zancadas por la escalera.

— ¡Hablaremos más tarde de esto, Hermione Granger! —gritó la muchachita desde el vestíbulo mientras la veía marchar.

"¿Qué es lo que está pasando?"

Esta vez prestó un poco más de atención a su alrededor. Algunos Slytherin que pasaban a su lado se burlaban de ella pero no como siempre lo hacían, escuchaba a algunos decir cosas como "La señora de comadreja" o "La bestia y el troll".

Avanzó con pasos más veloces al cuarto piso y se internó entre los altos estantes de libros de la biblioteca.

"No tenía el libro de pociones en la habitación, Harry no recordaba haberme prestado su capa y es muy posible que ni siquiera la tenga yo, Ron me besó porque resulta ser mi novio…"

— ¡Auch! —gimió después de pellizcarse el brazo.

"Y definitivamente esto no es un sueño. ¿Cómo…?"

— ¡EL FILTRO DEL OLVIDO! —gritó, haciendo que unos cuantos alumnos que estaban ahí se giraran hacia ella.

— ¡SILENCIO! —replicó molesta la señora Pince.— ¡¿No ves que esto es una biblioteca?!

— Perdón… —susurró.

"¡Debieron ser los vapores!"

Una idea le llegó a la cabeza:

"¿Y si en realidad he olvidado todo? Tal vez mi poción la hice bien y al inhalar los vapores he confundido los recuerdos… Tendré que fingir que todo va bien en lo que descubro que me ocurrió"

Salió de la biblioteca y bajó al primer piso al aula 4F, quedaban pocos minutos para que empezara la clase. Cuando llegó y entró, sus amigos ya estaban sentados en una mesa, Ron se puso de pie y se acercó a ella.

— Mione, discúlpame por hacer algo que te molestara, no fue mi intención… —lloriqueó el pelirrojo muy afligido tocando insistentemente un rizo castaño de la bruja.

— Ya, ya, Ron, no estoy molesta contigo, sólo me sentí mal y por eso fui tan grosera… —se excusó apartando las largos manos del mago de su cabello.

— ¡Excelente! —su rostro se desfiguró ahora en una embelesada sonrisa—. ¿Quieres sentarte conmigo? Le puedo decir a Harry que…

"¿En serio, Ron? ¿No me preguntas si ya estoy bien o algo así? ¡Vaya, novio!"

— ¡No, no! Digo… Me sentaré con... Neville —dijo viendo la única silla desocupada—, para que ustedes platiquen sus cosas de hombres, de quidditch o lo que sea…

El Weasley le dio un beso en la mejilla a Hermione y se fue de vuelta con el azabache. El profesor Binns seguía dando tan aburridas sus clases que el grupo entero dormía o dormitaba, Hermione era la única soportando el efecto soporífero, al menos eso seguía siendo normal; se centró en tomar todos los apuntes posibles para distraer su mente; todo iba bien hasta que una bola de pergamino cayó encima de sus apuntes. Lo alisó, tenía un mensaje escrito con una elegante y perfecta caligrafía que no conocía:

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Vi lo del comedor y lo fría que fuiste con tu Weasley hace un rato,
¿Qué pasa, Granger? ¿Ya no quieres a tu sucia comadreja?

D.M.

.

"¿D.M.? ¿Draco Malfoy? Pero esta clase no la compartimos con Slytherin…"

Giró la cabeza a la izquierda y luego a la derecha, todos estaban apoyados en las mesas con los ojos cerrados durmiendo (Seamus tenía la boca abierta y babeaba), algunos con túnicas negras con el interior del gorro en color escarlata, pero también habían túnicas con verde esmeralda; según lo que ella sabía deberían ser los de Ravenclaw los que ocupasen esos sitios. Pero no vio a Draco Malfoy, a no ser que…

Dio un giro de 180° y dos asientos atrás se encontró con un par de fríos ojos de mercurio observándola. Con el afilado y pálido rostro apoyado en las manos, le dedicó una arrogante sonrisa de lado.

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A ti que te importa, hurón albino.

H.G.

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Hermione escribió en el reverso del pergamino, lo arrugó y devolvió a su dueño lanzándolo del mismo modo que el Slytherin. Continuó tomando apuntes que el resto de la clase no volvieron a ser interrumpidos.

Al acabar las dos horas de Historia, guardó los útiles en su mochila y caminó con Neville a la salida donde se topó con Malfoy: éste le sonrió con suficiencia y la empujó para él atravesar la puerta primero, seguido por sus gorilones.

Los leones bajaron a las mazmorras para tomar su segunda clase, Pociones. Neville temblaba cada vez que debían ir allí, el profesor Snape era su miedo más grande como había sido demostrado en Defensa Contra las Artes Oscuras el año pasado, con el profesor Lupin.

Para alivio de Hermione, esa clase la compartirían con los de Hufflepuff y no con las serpientes como lo recordaba. La puerta del aula seguía cerrada por lo que se enfilaron ambas casas conforme iban llegando.

Harry y Ron llegaron unos segundos después y se formaron detrás de Neville y Hermione; el pelirrojo puso una de sus manos sobre el hombro de la castaña y poco a poco lo iba deslizando para atraer a su novia hacia él. Incómoda, la bruja se dio la vuelta con brusquedad para que el Weasley retirara su brazo.

— Mione, ¿Nos sentamos juntos? —pidió el pelirrojo suplicante—. Tú eres brillante en pociones, necesitaré que me ayudes.

"En verdad, Ron, diciendo eso se nota que nunca has tenido una novia"

— Espero que no te moleste, Ron, pero quiero sentarme con Harry, necesito hablar con él. ¿Puedo, Harry…?

— Claro que sí, Hermione —respondió el azabache muy sonriente.

— De acuerdo —bufó el Weasley poniéndose rojo como tomate—. Puedo confiar en MI NOVIA y en mi AMIGO —recalcó exageradamente las palabras esperando ingenuamente a que estas se convirtieran en afilados cuchillos y atravesaran al "niño que vivió" si intentaba pasarse de listo.

Snape no tardó en llegar con su acostumbrada túnica que ondeaba como alas de murciélago, abrió las puertas del oscuro salón e indicó a los estudiantes a que entraran. Ron se sentó con Lavender, y Harry y Hermione tomaron una mesa al fondo del aula.

— ¿De qué querías que habláramos, Hermione? —preguntó en voz baja mirando a la castaña con sus bonitos ojos verdes.

"¿Ahora qué le digo? ¿Qué sólo lo dije para alejarme de Ron?... O puedo decirle lo que me está pasando, ¡claro!, Harry es inteligente (aunque holgazán) pero podrá ayudarme"

— Harry, eres mi mejor amigo y por eso… —susurró—…por eso necesito…

— Silencio, ahora —cortó la conversación el profesor—. Abran su libro en la página 26, quiero una muestra decente de Poción Herbicida para cuando terminen las dos horas de clase, y… —con un movimiento de su varita, hizo aparecer en la pizarra un escrito— esa será la tarea.

En la pizarra decía:

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TAREA: Escribir un ensayo de cuarenta y cinco centímetros sobre las hierbas más utilizadas en la elaboración de pociones y sus efectos.

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— No quiero escuchar ni un solo murmullo, o en caso contrario descontaré veinte puntos a sus respectivas casas.

— Mejor hablemos al salir —musitó la bruja, a lo que su amigo le respondió asintiendo con la cabeza.

Después de esa tediosa clase doble con el siniestro profesor, se dirigieron al vestíbulo, donde Ron los alcanzó para entrar al Gran Comedor. Ron voló a la mesa, se sentó junto a su hermana y lo primero que hizo fue engullir tres empanadas de calabaza, un trozo de rosbif y una cucharada de budín.

— Tenía mufa hambe defde que defpeté en Hiftodia —dijo el pelirrojo con la boca llena cuando su novia y su amigo se sentaron enfrente de él, a lo que los dos no pudieron evitar soltar una carcajada.

Mientras el Weasley seguía atragantándose con todo lo que veía en la mesa, Hermione le habló a Harry.

— Harry —dijo en voz baja—, tengo que decirte algo, confío en ti.

— ¿Qué es lo que pasa, Hermione? —inquirió dejando de comer.

— Es sobre la razón por la que he estado actuando raro el día de hoy…

— Ya lo suponía… quieres terminar con Ron, ¿cierto? —suspiró el ojiverde—, lo mejor es que seas sincera pero se lo digas con cuidado, ya sabes que se cabrea en…

— ¡No es eso! —exclamó manteniendo la voz lo suficientemente bajo para los demás—, esto es más serio...

— ¿Es por alguien más? —soltó el azabache abriendo los ojos desmesuradamente.

— ¡NO! —exclamó demasiado alto que todos a su alrededor voltearon a verla. Recuperó su inaudible volumen y siguió—, tengo recuerdos en mi mente que no encajan con lo que está pasando aquí, el día de ayer vinimos al comedor para cenar como cada día y ustedes dos eran mis inseparables mejores amigos, ¡hoy desperté y resulta que Ron es mi novio!

— Eso no puede ser, ustedes llevan saliendo desde antes del principio del curso —dijo el Gryffindor desconcertado—, ¿cómo puede ser que no recuerdes estos meses?

— No lo sé y me preocupa, puede que haya tenido una clase de amnesia, o esté en un mundo adverso al mío…

"Mundo adverso, ¡cómo no se me ocurrió antes!"

— Hermione, ¿No comerás? —interrumpió Ginny mirándola furibunda.

— ¿Ah? —su estómago rugió desesperado pidiendo algo de alimento—, sí, muero de hambre.

Los leones terminaron de comer y las migajas desaparecieron de los platos cuando se dio por terminado el banquete.

Como ya no tenían ninguna otra clase el resto del día, subieron a la torre, dijeron "Luces de hadas" (contraseña que la castaña memorizó en ese instante) y entraron por el hueco que ocultaba el retrato de la Señora Gorda. La sala común se veía como siempre, decorada con colores escarlata y dorado, muy alegre con las bromas continuas de los indisciplinados gemelos que charlaban con los niños de primer y segundo año. Hermione se sentó frente a la chimenea en un sofá con Harry; Ron se fue a sentar con Lavender mientras los veía malhumorado desde el otro lado de la sala.

— …y desde las vacaciones, cuando fuimos al Mundial de quidditch, Ron te pidió que fueras su novia.

— ¿Me lo pidió en algo de quidditch? ¡Ronald nunca aprende! —exclamó la castaña ocasionando que el "niño que vivió" riera a carcajadas.

— Ja ja, definitivamente me sorprendió que aceptaras, pero yo siempre los imaginé juntos y a veces eso me asustaba —declaró el azabache—. Ahora, cuéntame que fue lo último que pasó antes de que despertaras el día de hoy.

— Bien… tuvimos clase con Snape, dijo que la mitad del grupo reprobó, cabe decir que la clase la compartíamos con Slytherin y no Hufflepuff… adivina quienes eran los reprobados… —Harry rodó los ojos debajo de sus gafas— Entonces pidió que entregáramos una poción nivel ÉXTASIS en dos semanas para aprobar.

— Suena algo muy propio de Snape —refunfuñó el chico de la cicatriz.

— A mí me había calificado con un Supera las expectativas y por lo tanto quería mejorar mi calificación, tomé un libro de sexto curso del armario y encontré una poción que me llamó la atención, el Filtro del olvido.

— Aguarda… ¡¿Tuviste un Supera las expectativas y querías mejorar?! —reclamó el mago a lo que la castaña asintió sonrojándose—. Volviendo a lo de tu problema, creo que está claro, apuesto a que a una hora que todos dormían intentaste prepararlo… —Hermione asintió. — Lo lograste con éxito pero accidentalmente lo bebiste y por eso no recuerdas nada desde las vacaciones, ¡Filtro del olvido!

— No, Harry… no lo logré. Ya había sospechado eso pero es muy contradictorio, Snape no les ha pedido hacer ninguna poción nivel ÉXTASIS, ¿O sí?

— No…

— ¡Entonces en este mundo, nada de eso pudo pasar! Creo que es descartable la amnesia…

— Déjame entender… Quieres decir que… ¿Tú no eres la Hermione que conozco?

— Puede ser una teoría…

Los dos muchachos dejaron de hablar y pasaron alrededor de cinco minutos escudriñándose como perfectos desconocidos, hasta que una bruja de cabello rojo los interrumpió.

— Hermione, tenemos que hablar —dijo con firmeza la Weasley.

— Sí, ya voy…

Se levantó del sofá y dejó sentado solo a Harry que se encontraba en shock todavía por la loca conversación con su mejor amiga, ¿era posible que ella fuera otra Hermione?

— ¿Qué pasa, Ginny? —inquirió la castaña al ver su rostro furioso.

— ¿Qué es lo que estás haciendo? Primero te molestas por nada con mi tonto hermano, después lo eludes, ¡y ahora pasas todo el rato secreteando con Harry Potter! —estalló la menuda pelirroja— ¡¿Ya no quieres a Ron?! ¡¿Estás engañándolo con su mejor amigo?!

— ¡Claro que no! —respondió enojada por la acusación—. Ginny, sólo he pasado un día distanciada de Ron, ¿cómo puedes creer que lo engaño?

— Porque desde que volvimos a clases ustedes nunca se separaban, poco faltaba para que entraran al baño juntos; y de pronto te separas de él y no quieres besarlo…

— Ginny, lo que pasa es que… no he tenido un buen día… y no quiero fastidiar a Ronald con mis disgustos, es todo.

"Y no miento, Ron se volvería demente si le cuento esto…"

— Está bien, Mione, te creo —se disculpó la menor—. Confieso que me dieron celos que charlaras sólo para Harry, como el pasaba tanto tiempo contigo, puede que también sienta algo por ti…

— ¡Por Merlín, no! Él me ve como una hermana, y si platicaba sólo con él es porque es mi mejor amigo y me entiende cuando hablo de objetos muggles —las dos chicas rieron por lo último.

Regresaron cada una con sus amigos. Cuando Hermione vio por la ventana, se dio cuenta que ya era de noche, debió haber pasado toda la tarde conversando con Harry. Se despidió de su amigo, con la mano le hizo un ademán a Ron de que se iría a dormir y sin esperar respuesta por parte del torpe muchacho, subió las escaleras a su dormitorio y se encerró. No había nadie más, mejor para ella que las cotillas de sus compañeras de cuarto no estuvieran ahí.

Caminó hasta su cama, se deshizo de su preciado uniforme y se vistió una vieja pijama color azul claro. Se acostó y cerró las cortinas del dosel. Deseaba con ansias que al volver a despertar, todo fuera con normalidad… pero sabía que eso no pasaría.