Todos habían seguido con su vida, incluso su madre, pero en cambio la mente de Víctor se quedó estancada en el pasado y todos los días soñaba con el recuerdo de la carne de su padrastro ardiendo en su joven interior. Ya casi no recordaba el principio cuando la intimidad con Yakov era un doloroso infierno, ahora su cuerpo solo temblaba ante el anhelo de volver a ser empalado por su amante y bañarse en su esperma.

Sí, porque en eso se habían convertido con el paso del tiempo, en un par de impúdicos y enfermos amantes, luego de que las constantes violaciones por parte de Yakov condicionaran su mente infantil y él se terminara acostumbrando, trastornando, al punto de creer que lo disfrutaba y que estaba bien ser un niño penetrado por un adulto. Después de todo Yakov era el único hombre que siempre estaba ahí para él y eso debía ser amor, ¿no?

Este torcido romance a espaldas de Lilia continuó durante mucho tiempo, mientras Víctor dejaba de ser un pequeño de nueve, diez, once años que se sentaba en los muslos de su padrastro dándole la espalda, bajando y bajando para que la húmeda polla de Yakov se hundiera entre sus nalgas apretadas que casi rugían placenteramente al ser llenadas por completo, mientras frente a ellos se reproducía una porno en la pantalla de la televisión. Y a pesar de que la enorme invasión le hacía sentir que sus piernas quedaban inválidas, pronto los gemiditos de Víctor junto con los jadeos y gruñidos de Yakov se mezclaban con los exagerados sonidos orgásmicos del video.

El jovencito apoyaba sus manos en las rodillas del mayor para comenzar a impulsarse por su cuenta, enloqueciendo por el roce dentro de su sensible abertura cada vez que el depravado órgano de Yakov salía casi entero antes de volver a entrar, lo más hondo posible hasta tocar con su glande el punto más caliente dentro del albino, mientras desde atrás la lengua de Yakov se le metía en la boca serpenteando con la suya.

Y ahora con dieciséis años y una melena de nieve que caía lisa sobre su espalda hasta la cintura, la desarrollada anatomía de Víctor extrañaba ese culposo placer como un adicto al que se le ha negado su más destructivo vicio. Su mente estaba siendo consumida por una incontrolable necesidad corpórea, esa degenerada ilusión que tenía sobre el amor y el deseo.

Moviéndose como una sombra entre la penumbra de la casa, Víctor entreabrió la puerta de la habitación donde Yakov estaba recluido desde hace meses luego de un derrame cerebral. El adolescente se deslizó dentro de la oscura habitación, notando el frío en la planta de sus pies descalzos que inmediatamente comenzó una lucha con el obsceno calor que le exudaba por cada poro del cuerpo.

Guiado por el ruido de la máquina de oxígeno Víctor llegó junto a la cama, encendiendo la tenue luz de la lámpara en la mesita de al lado. Enseguida los pliegues en el rostro durmiente de Yakov se dejaron ver, poniendo en evidencia los años que le habían pasado por encima deteriorando su apariencia, sin embargo, el albino no podía hacer más que admirar esas arrugas y tocarlas con añoranza mientras la locura le brillaba en las pupilas.

— Ya estoy harto de esperar, Yakov. ¿Cuánto más piensas dejarme así? —Víctor destapó las cobijas, moviendo su mano directamente al nudo de la bata del anciano para desatarla y dejar su veterana desnudez al descubierto. Con solo contemplar esa vieja polla descansando sin vida entre los muslos de Yakov, el menor sintió una deliciosa quemazón expandiéndose por todo su recto— Cada vez me cuesta más convencer a mi madre para que no te desconecte.

El chico se mordió el labio, deshaciéndose de su propia bata de dormir que cayó hasta el suelo dejándolo libre de cualquier prenda. Se subió a la cama apoyando sus piernas a cada lado de Yakov y le acarició el rostro, con cuidado de no mover el tubo metido en su boca que lo ayudaba a respirar y mantenerse vivo.

— Te extraño, extraño sentirte. Tanto que podría morir.

Besó las mejillas de su padrastro, bajando por su cuello y luego por el resto de su cuerpo que ya mostraba manchas oscuras por la vejez, hasta llegar a esa prominente barriga que subía y bajaba al compás de su respiración serena. Enterró sus dedos entre el pelo púbico de Yakov, canoso y áspero, para después tomar su polla obesa y deleitarse con el tacto poroso de toda su longitud.

Víctor jadeó encantado mientras se pasaba la polla ajena por toda la cara, la lamió de arriba abajo y la sintió dentro de su boca, chupándola escandalosamente mientras su bonito rostro se coloreaba por el rubor de la excitación. Sin embargo, por más ahínco que pusiera aquel miembro apresado entre sus labios desesperados seguía muerto y flácido, sin ninguna disposición de darle placer tal como cada noche que Víctor venía a frotarse con el cuerpo inerte de Yakov, esperando alguna respuesta por parte del mayor que nunca se manifestaba.

Así que esta vez había traído ayuda. Separó las piernas de Yakov y dirigió un delgado consolador bajo sus testículos, presionando directamente sobre el agujero del anciano. Como sus músculos no se resistían y el tamaño del juguete era para principiantes, Víctor no tardó mucho en introducirlo exitosamente para encenderlo y que comenzara a vibrar. Tal estímulo en la próstata del viejo Feltsman logró repercutir en su polla que en poco tiempo empezó a alzarse lentamente, mientras que con su mano libre un sonriente Víctor se masturbaba.

— Ahh, sí. Por fin cooperas. —con mucha emoción se dedicó a chupar cada testículo de Yakov, rodeándolos con su lengua, metiéndolos uno a uno en sus mejillas y pellizcándole suavemente el escroto con los dientes, al mismo tiempo en que sus dedos hurgaban dentro de su propio culo.

Una vez que el sexo de Yakov estuvo erguido frente a sus ojos turquesa, Víctor se montó en el regazo ajeno, abriéndose las nalgas con una mano para alinear su lascivo agujero con la erección del Feltsman. La gruesa punta entró de inmediato haciéndolo suspirar, y luego con su propio peso se fue empalando con esa polla que por donde pasaba encendía la llama de sus músculos internos, haciendo que reaccionaran violentamente con múltiples contracciones que obligaron a Víctor a correrse con un grito en cuanto terminó de sentarse contra la pelvis de su padrastro.

Yakov continuó en su estado ceniciento mientras el joven respiraba agitado y con una sonrisa, apretando el culo para sentir bien la forma de la poderosa erección del mayor. Había pasado tanto desde la última vez que Víctor lo sintió más rico que antes, y sin perder tiempo se apoyó en el pecho de Yakov para empezar a saltar sobre él.

Sí, esto era lo que tanto había necesitado. Sentir la sangre corriendo dentro su cuerpo, sus vísceras ardiendo a punto de derretirse por la fruición y los deliciosos calambres por toda su columna que acababan en una explosión de chispas dentro de su cerebro excitado, todo provocado por los siete centímetros de grosor que le dilataban el ano. ¿Desde cuándo ya no podía vivir sin esto? ¿Por qué no podía tener amigos, salir a divertirse, disfrutar algún programa de televisión o simplemente compartir un rato con su madre sin sentir a cada segundo que estaba a punto de morir por no ser acariciado, lamido y vejado por Yakov?

Todo su mundo había sido trastocado por un viejo incapaz de controlar su morbo insano y ya no parecía tener posibilidades de volver a ser un chico normal, pues lo único que le importaba era tener sexo y más sexo con su padrastro a toda costa.

Antes de que lo notara, mientras aceleraba desesperadamente sus movimientos sobre la polla del anciano, Víctor ya tenía su rostro mojado por las lágrimas sin dejar de gemir a gritos, los cuales pasaron de ser placenteros a escucharse como los sollozos de un pequeño destruido que estaba sufriendo. Sus memorias se entremezclaron violentamente y volvió a sentirse como un niño de siete años que era violado hasta quedar inconsciente, volvió a sentir ese dolor y agobio quemándole la piel, la tortura de su entrada desgarrada sangrando sin parar. Y gritó de terror jalándose su propio cabello cuando algo del semen de Yakov fue expulsado dentro de él gracias al vibrador que aún lo estimulaba.

— ¡Sácala! ¡SÁCALA DE ADENTRO DE MÍ! ¡Déjame! ¡AAAHhh, mamá! ¡Mami, ayúdame! —totalmente fuera de sí el albino golpeó a Yakov con toda la rabia y el daño que nunca curaron, sino que simplemente fueron ocultados más y más adentro con cada embestida despiadada de este viejo desgraciado— Todo es tu culpa… ¡todo esto es tu maldita culpa! ¡¿EN QUÉ ME CONVERTISTE?!

Cuando su arrebato hubo terminado saltó fuera de la cama y el miembro de Yakov se deslizó afuera salpicando gotas de ese asqueroso esperma que empezó a rodas por los muslos de Víctor, el cual se agarraba la cabeza y miraba agitado cómo las máquinas médicas pitaban como locas luego de haberle arrancado a Yakov todos los cables y conductos que le permitían seguir con vida.

Y lejos de asustarse o arrepentirse, Víctor empezó a reír de una forma bastante perturbadora al percatarse de que ese hombre estaba muriendo. Volvió a acercarse a él y con mucho odio empujó el vibrador tan profundo en el culo de su tormento que de inmediato empezaron a caer hilos de sangre. Su risa eufórica duró unos cuantos minutos hasta que su rostro perdió cualquier expresión humana y en su interior solo quedó el vacío, no sabía que sentir ahora, o tal vez ya no había nada que sentir.

Tambaleándose, se dirigió completamente desnudo hacia la puerta y al abrirla una silueta alta y oscura lo esperaba. Nikolai Plisetsky era el nuevo esposo de Lilia, su nuevo padrastro, y éste había visto como Víctor se encargó de quitarse las cadenas de Yakov y se despojó de cualquier sentimiento hacia aquel hombre.

Nikolai sonrió acariciando el rostro del albino atravesado por los salados caminos que dejaron las lágrimas, y poco a poco Víctor también le sonrió de vuelta con la mirada perdida. El mayor le peinó un poco su melena desordenada para luego desviarse por el espléndido cuerpo de Víctor hasta llegar a una de sus finas manos, la cual tomó para que el joven la posara sobre su dura entrepierna.

Ahora que Víctor había quedado completamente vacío, él tenía el terreno libre para sembrar su propio dominio dentro de su hijo.