Numero 2: Combinación.


Ciel Phantomhive es renombrado popularmente como orgulloso, caprichoso, manipulador y otros tantos sinónimos… Por todos estos caracteres de su gran personalidad, que algunos catalogarían de desagradable e insoportable, cualquiera pensaría que el Conde Phantomhive, empresario a temprana edad y dueño de una impresionante residencia de generaciones nobles, es mejor jefe que compañero o amigo.

Lo que ellos no saben es que él es - además de mejor, en un puesto inamovible- mucho más equilibrado cuando está al mando y maneja las fichas, a los peones, las piezas. El jamás se involucraría en el trabajo sucio sino en el peor de todos, sin quejarse, sin reclamar porque sabe que en los Fondos Bajos no tiene oportunidad de salir limpio, ni física o espiritualmente. Porque ese es su trabajo, desde antes de nacer, que se le encomendó por el solo hecho de ser un Phantomhive.

Por esta y otras cosas, Ciel Phantomhive era el amo, el jefe, el mandador, el rey.

Jamás se reduciría a ser el salvador, el héroe justiciero (porque apenas y puede cumplir una orden de la Reina sin ensuciar todavía más su condenada alma al Infierno), el honesto ciudadano, el socio incorruptible, el comprensivo y sacrificado capitán de un equipo que daría su vida por él, pero él jamás por la de nadie.

Y Sebastián lo sabía. En el recaía el trabajo de la basura, de encargarse del desperdicio y echarlo fuera del camino de su amo, para no ensuciar su ropa y no molestarlo con cosas tan insulsas como "ese rastro de sangre en su zapato" o "no toque algo tan insignificante", refiriéndose al oficial policial, que echo su futuro a perder por salvar la vida de su joven amo.

Sebastián, el mayordomo que a veces hace papel de tutor del niño, sabia a la perfección que su amo nunca se rebajaría a sacrificarse por cualquiera, que tomaría el lugar de sufrimiento por otro, que tendería su mano a otro ser humano, a menos que le debiera algo. Por ello, reconoce los instintos sociales de Ciel como bajos, casi nulos, que lo llevaban a un camino de soledad y desesperanza. Que su incapacidad para adaptarse a los cambios y hacerles frente (Como paso en la primera semana que estuvieron en el Circo de Noe) estaba completamente fuera de su control. La falta de Ciel, su habilidad para la antipatía, la crueldad y la manipulación lo hacen intratable, superior en todos los sentidos, demasiado inteligente para que, incluso Sebastián, pueda engañarle con éxito. A veces el niño se deja engañar, se confía demasiado y el Michaelis acaba jugándole una broma para que reaccione, para que se enfurezca y le grite todas las barbaridades que se aprendió y que por decencia no puede decir por los pasillos en voz alta, más que en esa habitación, cuando su mayordomo está presente.

Ciel no es un compañero apto, no es un aliado del que te puedas valer, no es un conocido con quien estar en paz y tampoco un amigo leal. Es demasiado autoritario para ser compañero de cualquiera sin hacer oír su opinión y gritar sus demandas como órdenes a vil y siniestra. Era muy suspicaz y desconfiado, manipulador y ruin, para formar una alianza con él, pues perderás, por más éxitos y beneficios consigas en el camino, él te acabara arruinando. También es un altanero, un codicioso, un pirata buscando tesoros de los que todos se burlan, que dicen que no encontrara, que el buscara sin descanso porque así es el, imparable y persistente, no te escuchara, ni le importaran ni tu opinión o tus consejos, te echara de un empujón a causa que le molestas y no le sirves.

Y Sebastián tiene muy claro que será así por siempre, que no importa si está actuando para ganar más víctimas o informantes, porque Ciel siempre será el titiritero que maneja a su antojo a los otros, porque cuando los conoce y encuentra la cuerda por donde manipularlos lo hace, sin dudar, sin dilemas de moral, sin ningún tipo de preocupación por su juguete. Ciel es el capitán más feroz y obstinado de una tripulación fiel, entregada a sus deseos y dedicados a su bienestar, a la que tampoco le sería gran problema ver perecer entre las llamas, ni al barco de su mansión hundirse en un mar de cenizas irreparables, tampoco los recuerdos felices que alguna vez tuvo.

Aun con todo eso, Sebastián conoce otra faceta que su amo trata de esconderle, de disimular, cada vez que van a una misión y la resuelven juntos.

Ellos son un equipo.

Si, asombroso, insólito, pero con un Ciel dando las ordenes y un Sebastián de lo más obediente es probable, de una forma extraña y retorcida, y si, ambos se consideran un gran equipo. O al menos eso insinuó el demonio una vez, como parte de una broma, para darse cuenta que Ciel pensaba para esa corriente y que era verdad. Ambos eran suficientes, eran potencialmente mejores que el resto y podían contra todo, usando el ingenio malévolo de Ciel y la fuerza sobrenatural de Sebastián, podían sobresalir, dejando todo hecho y resuelto.

¿Y porque son un equipo?, suele preguntarse Sebastián, evitando pensamientos como que son los estándares del contrato y porque Ciel es su amo y por lo tanto debe obedecerlo. Un día, se le ilumino una idea. Ellos eran un gran equipo, resistente y activo, porque combinaban perfectamente. No era solo Ciel quien decía haz esto y lo otro, no era solo Sebastián quien iba y venía haciendo cumplir cada una de sus palabras. Era porque la mezcla entre sus personalidades, sus formas de pensar y su poder eran bases para el triunfo.

No solo Ciel daba estrategias, Sebastián también podía aportar y hacer lo suyo, sin tomar en cuenta lo que necesariamente quería su amo. Sebastián se aparecía siempre para salvaguardar al pequeño, secuestrado o prisionero, en peligro o en colapso, mientras que este solo le contestaba con un "llegas tarde". Ciel ingeniaba todo movimiento como si en vez de perderse en un laberinto de peligros y misterios ya se conociera de antemano el plano del laberinto y supiera salir de él, memorizándose donde estaba cada monstruo enemigo o sacrificio para el momento indicado, para después fingir que todo había sido mera casualidad, una coincidencia de acciones increíblemente apiladas a su plan y sorprender una vez a Sebastián por como su mente, biológicamente infantil y poco madura, se volvió tan audaz y controladora. Su amo era un ser humano extraordinario.

El poder de Ciel era más intelectual, más maquiavélico y dirigente que el poder arrasador, demoníaco, destructor que Sebastián tenia para acatar cualquier orden suya. Por esto mismo, se complementaban.

Pero cuando cae la noche y el roce de sus pieles se hace tan suave como la delicadeza de las sabanas, tienen una respuesta falsa para llamarse cómplices. "Que porque quiero sentir esto antes de morir", "Que porque el deseo de su alma me ha hecho querer saborear su cuerpo", "Que porque solo confió en ti para algo tan extremo", "Que porque me gusta palmear su alma mientras le toco y porque aquí, en esta cama, yo soy quien tiene el control y le enseño los secretos de las artes de cama", y las excusas siguen, se las dicen a la cara, para no reconocer que los encuentros nocturnos tienen un significado más allá de lo que aparentan.

Porque, en la noche, se convierten en cómplices de una mentira autoinducida, de un engaño cruel y repetitivo.

"Porque solo quiero sentir esto contigo", sería la sincera respuesta de Ciel si su orgullo no lo obligase a justificarse con cualquier argumento barato cuando se acuna en el pecho de Sebastián, mientras este le acaricia el cabello.

"Porque esta obsesiva pasión me ciega de necesidad por usted", es lo que piensa Sebastián y lo que trata de demostrar tanto de día como de noche, para hacerle saber a su joven amo que piensa en él, fuera y dentro de las condiciones del contrato, con o sin razón.

Ambos hacían buen equipo, cierto, en muchos sentidos, pero fallaban en la misión de montar una escena que no era tal, sin embargo, trataban de ignorarlo, porque les "funcionaba" y eso era suficiente. Solo un montaje.

Eran perfectos juntos y por eso querían despedirse, mirarse a las caras sin arruinar esa perfecta mentira. Convencidos que el amor que se tenían era solo un accesorio y nada más.

Porque el amor es lo más inútil que existe.

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¿Muy dramático? Si, a veces van a ser así. Un poco amargo, a veces bajo.

Gracias por leer.