Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer; sin embargo la trama es mía.

CapítulobeteadoporJulieDeSousaRK

Capítulo Uno

—Maldición —masculló Isabella Swan, al ver el estúpido gato que corría llevando de manera triunfante su calcetín. Se puso en pie lo más rápido que pudo y corrió tratando de tomar al gato de la cola antes de que se escabullera debajo de la cama—. Señor bigotes, vuelva aquí ahora mismo.

Señor bigotes se acomodó hasta el fondo de la cama y dejó su nueva presa a un lado de él, mientras comenzaba a lamerse la pata delantera ignorando por completo sus órdenes. Condenado gato, pensó.

Si su bonito calcetín blanco, terminaba hecho jirones debajo de la cama, tal y como le había sucedido al par que el señor bigotes se había llevado una semana antes, ella tendría que pensar seriamente en devolver el gato a Alice. No pensaba tener otro par de calcetines rotos. Con ese era el tercero de la semana, sin contar el de la semana pasada, y el de la antepasada y, mucho antes.

—Señor bigotes, me veré obligada a jalar la cama y recuperar mi prenda —dijo resuelta. El gato continuó lamiendo su pata y luego dejó de hacerlo. Bien, pensó Bella, eso era buena señal. Pero entonces, el gato soltó un enorme bostezo y se echó en su lugar llevando su calcetín por delante para empezar a jugar con él—. ¡Oh, no, Señor bigotes, no se atreva a hacerlo trizas!

Bella se levantó del suelo y corrió fuera de la habitación. Se detuvo un momento en la cocina, ¿dónde estaba la escoba? ¡Ajá! Ya la había visto. Corrió de regreso y se agachó de nuevo para sacar a señor bigotes por la fuerza.

Bella se detuvo en seco. El señor bigotes ya no estaba debajo de la cama, el muy condenado animal se había escapado. Levantó horrorizada la cabeza y encontró la vía de escape del ladrón. La ventana. Corrió hasta asomarse por el balcón. ¡Ay, Dios! Señor Bigotes caminaba por el balcón de su vecina y se pavoneaba como un… como un… ¡Ahhrrg! Gimió colérica. Era el colmo que estuviese peleando con un gato.

—Pues muy bien, tengo otros pares de calcetines, no necesito ese —se estiró un poco sobre el alfeizar y jaló el ala de la ventana—. ¡Ah! Y se queda afuera —farfulló cerrando de un golpe.

Tenía apenas tres meses con el gato y estaba de más decir que era el peor compañero de cuarto que había tenido. ¡Vaya! Pero es que el gato ni siquiera era de ella. Alice, su ex compañera de cuarto lo había dejado ahí, después de mudarse a otro piso.

La muy canalla le había dejado al gato porque en su nueva unidad, no le permitían tener animales. ¡Ah! Pero ya buscaría la forma de cobrarle los cuidados del gato. A ella ni siquiera le agradaban. Es más, estornudaba cada que el señor bigotes se le acercaba.

Alice se había graduado el semestre pasado, por lo que se consiguió un trabajo nada más recibir sus papeles y había tenido que mudarse. Antes habían llevado los gastos de la habitación por mitad; pero ahora que no estaba, tenía que apañárselas sola. Empezando por los cuidados del gato, pensó renuente a cambiar de tema.

Y como si el universo hubiese conspirado a su favor, su teléfono celular comenzó a sonar. Era Alice. ¡Aja! Iba a decirle un par de cosas, empezando por decirle que le daba tres días para conseguir un mejor lugar para el gato y terminando, por cobrarle los gastos de manutención.

—Dime —murmuró, mientras sacaba su bolso del closet. Del otro lado de la línea hubo un silencio, y cuando pensó que nadie iba a contestar escuchó la voz de Alice.

—Bella, cariño, ¿se puede saber qué carajos pasa contigo? —Bella dejó la bolsa en la cama para comenzar a meter sus papeles.

—¿Qué pasa de qué?

—Recibí la llamada de la casera, no has pagado el mes —Bella arrugó el ceño. Levantó la mirada hacia el calendario que colgaba encima del escritorio. Pero si apenas estaban a dos días de terminar el mes. Oh, bueno, se acercó un poco más al escritorio. ¡Cielo santo! Si había vencido hacía dos días.

—No me había dado cuenta, juro que se me pasó, pero… ¡Oye! ¡Bruja! —gritó volviendo a un lado de la cama—, necesito que te lleves al señor bigotes de aquí.

—¿Qué sucede con señor bigotes?

—Que esta semana he perdido más calcetines de las que te puedes imaginar, y no quiero pensar lo que empezará a robar una vez haya agotado mis últimos pares —la voz de Alice se hizo ligera, y de pronto, la escuchó romper en carcajadas—, no es gracioso. Sabes que apenas puedo soportarlo a menos de un metro.

—Prometo que paso por él este fin de semana; pero tenle consideración, es más, ¿quién te hará compañía?

—Créeme que no necesito la compañía de un gato para ser feliz.

—Estás siendo injusta con señor bigotes —refutó Alice. Bella negó sabiendo que no la podía ver. Tomó su bolsa y rebuscó dentro la llave de la casa.

—La que está siendo injusta eres tú, llevas una semana sin aparecerte por aquí.

—Lo siento mucho, Bell, he tenido un par de días bastante complicados. Mi nuevo jefe es un ogro y espero quitármelo de encima la siguiente semana.

—¿Quitártelo de encima?

—Se va de viaje dos semanas, a eso me refiero.

—Menos mal —Alice se carcajeó de nuevo.

—En todo caso, iré a recoger al señor bigotes.

—Más te vale, no quiero empezar a quitar la primera de sus preciadas vidas.

Luego, Alice colgó la llamada y Bella miró la hora en su teléfono. ¡Era tardísimo, no iba alcanzar la primera clase!

Metió la llave dentro de la cerradura y miró por última vez el interior del departamento. No olvidaba nada, de eso estaba segura. Se miró por última vez ella. Bien, todo en orden.

A continuación, corrió al elevador y una vez fuera, comenzó a correr rumbo al estacionamiento para ir por su auto. Cinco minutos después, estaba llegando a la universidad. Y para su mala suerte, todos los lugares estaban ocupados. Era de esperarse, iba tarde. Levantó la vista por encima del volante. Ocupado, ocupado, ocupado. Se detuvo. Ahí había un lugar. Maniobró un poco, hasta que logró meter de reversa el automóvil.

Dio una última mirada al espejo, estaba libre, entonces metió reversa hasta que el auto chocó contra algo y se detuvo horrorizada. ¡Ay, Dios! Había golpeado el auto que estaba a un lado. Era un bonito auto del año, en color negro.

Suspiró resignada. Era lo único que le faltaba, tener que acarrearse más deudas. Pero si no había roto ni un espejo, ni siquiera maltrataba a señor bigotes, como para que la suerte estuviese en su contra.

Tal vez lo que le hacía falta era bañarse con yerbajos para alejar la mala fortuna. Se aseguraría de comentárselo a Alice, cuando fuera para pedirle un consejo. Por lo pronto, necesitaba atender el problema que tenía encima.

Levantó la mirada de nuevo sobre el volante. Miró a la derecha y luego a la izquierda. Nadie la había visto, no tenía por qué preocuparse, iría a la universidad y, si para cuando volviese, el dueño aún no había aparecido, tomaría su auto y se iría, en todo caso nadie podía culparla.

Una vez fuera del coche, se encaminó rumbo a la entrada. Todos los chicos estaban dentro en las cátedras, menos mal.

Estaba en su último semestre de carrera y lo único que necesitaba, era acreditar las materias para poder irse directo a prácticas profesionales; aunque con su primer retardo, sería un poco difícil alcanzar esas anheladas notas.

Se plantó frente a la puerta del salón y luego giró el pomo de la puerta para entrar. El interior estaba iluminado por las luces de las lámparas. Bella rodó los ojos por los innumerables asientos vacíos. ¡Santo cielos! Ya no había nadie en el salón.

Oh, bueno, sí había alguien. Frente al escritorio, había un chico acomodándose los puños de la camisa. Bella se acercó y carraspeó para que él se girara.

—¿Cómo es posible que ya han salido todos? —el chico miró el salón vacío, como si estuviese rectificando lo que ella había dicho. Sus ojos verdes la inspeccionaron después, de pies a cabeza. A Bella le dio un vuelco el estómago. El chico era guapísimo y ya de cerca, olía delicioso.

El cabello castaño le caía desalbardado, sobre la cara dándole un aire de frescura y juventud. Se apuntaría investigar cuántas veces se lo cruzaría en clases.

—Ya —dijo como si tal cosa—, sólo hay una actividad.

—¿Sólo una actividad y ya?

—Ajá —respondió él. Nada simpático para desaliento de Bella. Lo miró de nuevo, era de esperarse; a pesar de su cara salpicada de juventud, su aspecto no era muy moderno. Ese traje le acentuaba perfecto, pero lo hacía verse demasiado formal.

—¿Qué tipo de profesor hace eso? Se supone que la clase dura dos horas, si no me equivoco —le contradijo.

—Ah, pues al parecer duró menos de dos horas.

—Menos de quince minutos —aseguró ella—. Debe ser de ese tipo de ogros que quiere mantener controlada la clase.

—¿Ah, sí? —dijo él más interesado. Se giró después de terminar con los puños para aconcharse del escritorio. Bella miró con agrado como la camisa blanca se le pegaba a los fuertes brazos. Tragó con fuerza.

—Sí, el tipo hijo de puta que reprueba a las personas sólo porque le cayeron mal.

—Parece que lo conoces.

—No es necesario conocerlo, solo hay dos tipos de maestros; los que dan la clase completa y los que no, porque se sienten los sabelotodo. Él es del tipo sabelotodo.

El chico soltó una carcajada. Su risa hizo eco en el salón vacío.

—Eres muy graciosa.

—Menos mal que no amargada —Bella sonrió y levantó la mano para continuar—. Soy Isabella Swan; pero llámame Bella, creo que estamos en la misma clase.

Él también levantó la mano para estrechar la de ella. A Bella le recorrió un aguijonazo de electricidad, nada más tocarlo.

—Mucho gusto Bella, yo soy Edward Cullen —le susurró, sonriendo como diablillo y luego agregó: —, el hijo de puta sabelotodo, tu profesor de relaciones industriales.

Y entonces, a Bella se le borró la sonrisa de la cara.

Continuará…

Muchísimas gracias a las chicas que se tomaron la molestia de comentar el prólogo. Saben que el review es la mejor paga de las autoras y como ya decía, muchas me han manoseado, agregaron a favoritos y dieron follow, pero no dejaron rw hahaha pobre de mí.

No se olviden de pasarse por el grupo de facebook Girls Danperjaz donde a partir de éste capítulo, estaré dejando adelantos. Y también si no han leído mi otro fic Un dulce contrato, denle una oportunidad.

Y sin más me retiro.

patymdn

Abigz

Nina

Guest

Cinderella Cullen

soledadcullen

¡Recuerden que leer y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo!