II. Sed
Hada Azul -Storybrooke
Paz, un exceso de paz era lo que me preocupaba a mí. Se acababa de romper una de las leyes de la magia y esta era la calma que precedía a la tempestad. Tenía miedo, podía sentirlo en toda mi esencia. Las hadas estaban preocupadas, todas ellas, pero no podían sentir lo mismo que yo, no en vano era el hada más poderosa. El poder es una carga y yo era la que tenía que llevar esto sobre mis hombros. Emma había hecho mal en abrir la boca más de la cuenta con la persona inapropiada. El dolor de un padre o una madre al perder a su hijo es algo que yo no experimentaría nunca, ni el amor, ni el odio, yo era un hada, solo sabía hacer el bien… pero sin sentir. Los sentimientos son peligrosos para las hadas, nublan nuestro buen juicio, nublan nuestro poder, por eso las hadas no nos enamoramos ni sentimos nada respecto a nadie. Nos limitamos a hacer el bien. Era el precio que teníamos que pagar para ayudar a los demás. Cuando un hada comienza a sentir algo como el amor entonces tarde o temprano se le caen las alas. Nova no lo veía, pero yo sí. A sus alas le quedaban poco tiempo, no lo había dicho y al ver su sonrisa dulce y entregada nadie lo diría, pero ella llevaba mucho tiempo luchando contra lo que sentía por el enano. A Campanilla ya le había sucedido, pero era fuerte, ella sería otro tipo de hada, puede que una nueva generación de hadas. ¿Seríamos más poderosas si tuviéramos más sentimientos? No iba a pararme a comprobarlo.
La cafetería de la Abuelita estaba tranquila. Yo le daba vueltas a mi café, pendiente de la puerta de la cafetería. -¿Algo más, Azul? -Ruby parecía diferente, tenía la mirada apagada.
-No, querida -me quedé mirándola -te veo triste.
-Una mala noche. Las tiene cualquiera.
-Pero tú llevas más de una mala noche.
-Eso es cosa mía.
Erick/El fantasma de la Ópera -Mundo en Blanco&Negro -Flashback
La función había sido magnífica, Christine, mi Christine había cantado como un ángel esta noche. La gente la aplaudía, sobre todo ese maldito vizconde de Changy, ese hombre que se la iba a llevar… a no ser que yo consiguiera aquello que Drácula buscaba, la vasija, esa vasija con el poder de controlar el hielo como quien respira. Yo era un genio, pero la magia no era mi fuerte, de hecho lo que yo dominaba era el ilusionismo. El trabajo que me había encargado Drácula podía llegar a escaparse de lo normal, no estaba seguro de poder conseguir esa vasija.
Tampoco sabía si lo iba a conseguir… o si lo quería conseguir. Drácula había prometido "Salir a cenar" con Raoul… pero eso no era garantía de que Christine me amara, probablemente mi faz siguiera espantándola. Y lo peor de todo es que necesitaba más cosas para despertar a Mina. No era solo la vasija, era quién estaba dentro. Pocos conocían la historia de la bruja que en su interior estaba encerrada.
-El conde ha hecho un trato con Rumplestilskin -la voz de un conocido me llamó la atención. ¿Cómo sabía que mi palco habitual era el cinco?
-Hola Víctor -lo saludé sin mirarle a la cara. Ese ladrón de tumbas… lo había conocido por casualidad, yo no es que saliera mucho, a la gente no le gustaba ver a un hombre que se tapaba media cara por tenerla deformada.
-No puede salir nada bueno de Rumplestilskin, siempre va por sus propios intereses.
-¿Y quién no?
-No lo entiendes, son Drácula y el Ser Oscuro, si crees que podrás salir bien parado estás loco.
-Me da igual lo que suceda conmigo… -miré a Christine en el escenario, a la que seguían aplaudiendo y lanzando rosas -ella nunca me amará.
-No lo hará nunca si estás muerto. Yo no recogería esa vasija.
-¿Qué interés tienes en que yo no ayude al conde?
-¿Sabes quién está ahí dentro?
Mr. Gold -Storybrooke
Eran las tres de la madrugada, Bella dormía plácidamente en nuestra cama. Era el momento, la sangre estaba en el sistema de Neal cuando murió, así que estaría arañando el ataúd en estos momentos. Salí en silencio de la casa y fui al cementerio. Tenía que sacar a mi hijo de su ataúd. No sabía lo que me encontraría pero por lo menos eso era mejor que dejar a mi hijo pudriéndose en la tierra cuando aún le quedaba mucho por vivir. Un padre que ha sufrido lo que yo he sufrido por tener a mi hijo conmigo no puede ponerse a pensar en los pros y los contra de la situación. Tenía la sangre, se la di, ya no había vuelta atrás.
Cavé sin usar la magia, estaba tan desesperado por reunirme con él que no me había puesto a pensar en aquello. Me daba igual mi cojera, me daba igual perder tiempo. Cuando llevaba una profundidad prudencial comencé a oír los arañazos -¡Tranquilo Bae! ¡Tu papá está aquí para rescatarte! -cavé desesperado y cuando retiré la tapa y lo vi me asusté. No era mi hijo, lo que había ahí dentro no era ni un vampiro. Salió dando un grito, parecía un animal, un animal con forma de humano y de ojos rojos como la sangre. Se lanzó a por mí, quería morderme pero conseguí apaciguarlo con un hechizo.
-¡Drácula! -Grité al cielo. No podía escucharme, pero yo lo maldecía donde quiera que estuviese -¡Drácula! ¡Maldito seas, maldita sanguijuela! ¡MALDITO SEAS!
Era un vampiro irracional, debí suponer que el conde no iba a darme lo que le pedía, no después de ver lo que le había hecho a Mina. Fue un plan perfecto. Inmolar a Mina de aquella manera para atrapar a Elsa fue la idea más brillante que nunca tuvo Jonathan Harker, iba acompañado de un hechicero cuyo nombre ni recuerdo, estaban decididos a cazar todo lo que se les pusiera por delante y a Harker no le tembló el pulso cuando tuvo que poner a su esposa de cebo para cazar a Elsa. Yo podía haberla liberado, pero preferí que él y ese asombroso Fantasma de la Ópera buscaran a Elsa como quien busca una aguja en un pajar.
Me llevé a mi hijo en brazos, como si fuera aún un niño, lo encerré en el sótano de mi casa y lo reforcé con magia. Luego subí al dormitorio, tenía que hablar con la persona más importante de mi vida después de Bae: con mi mujer.
-Bella…
-¿Pasa algo Rumple? -preguntó con voz somnolienta. Yo me abracé a ella y lloré, lloré todo lo que me hacía falta. Siempre iba a terminar fastidiándolo todo, esa era la historia de mi vida. Si yo jamás conseguía la felicidad… era simplemente por mi culpa.
Emma Swan -Storybrooke
-Emma ¿¡pero tú te estás oyendo!? -Regina me miraba como si estuviera loca. -Esto es demasiado fuerte incluso para que lo pienses tú.
-Piénsalo Regina ¡piénsalo!
-Mira, Emma, sé que te sientes culpable por lo que ha pasado… pero por primera vez en mucho tiempo el pueblo está tranquilo. No pienso dejar que se vuelva a sumergir en el caos porque creas que mi hermana ronda por ahí.
-Regina…
-Emma, déjalo estar -dijo dando un suspiro. La miré y no pude evitar dejar escapar una lágrima… detrás de otra.
-Lo siento tanto, Regina. -Ahí estaba de nuevo, en su despacho, como tantas otras veces. Nos peleábamos, discutíamos y llegábamos a acuerdos, pero esta vez dudaba que ella pudiese perdonarme. Ella me miró y suspiró.
-Emma, lo hecho, hecho está. No hay vuelta atrás. Muchas gracias por la yegua, pero ahora necesito estar sola. Vete con tu pirata… y ya mañana hablaremos.
Salí del despacho de Regina algo cabizbaja, no sé si por todo lo que había pasado o porque el que estaba fuera esperándome era Killian. Ese era otro asunto. No sabía qué sentía, no sabía qué hacer ni cómo actuar.
Ahí estaba esperándome apoyado en un coche, no le había contado mis sospechas sobre Zelena pero por la reacción de Regina creo que con que lo supieran ella y mi familia, que se había quedado a cuadros cuando lo dije en el establo, creo que sobraba, como bien había dicho la madre de mi hijo no era necesario alarmar a todo el pueblo después de tanto tiempo de ajetreo. Se acercó y me dio un tierno beso que yo respondí. Me miraba como si fuera un ciego que mirara la luz del sol por primera vez y eso me pesaba, porque yo nunca lo miraría así ni lo besaría con la misma ternura con la que él lo hacía, o puede que sí, pero mi corazón estaba demasiado destrozado después de ver como Neal moría entre mis brazos. -¿Te apetece caminar? -preguntó él mientras enredaba su única mano entre mis cabellos.
-Sí… creo que me vendría bien dar un paseo.
Drácula -Mundo en Blanco&Negro -Flashback
Volvía a estar en las catacumbas del Teatro de la Ópera. Sabía que el músico desfigurado pensaba abandonar mi oferta, pero eso era algo que no pensaba dejar que ocurriera, tenía la felicidad al alcance de mi mano y no pensaba volver a dejar pasar la oportunidad de una eternidad al lado de mi Mina, ya la dejé ser feliz una vez al lado de un hombre que no la merecía y que la condenó a estar muerta en vida incluso después de su muerte. Él y Abraham Van Helsing. Lo más triste de todo es que Harker ya ha muerto y a Van Helsing le perdí la pista, aunque me llegaron rumores de que había encontrado la manera de viajar entre mundos. De todas formas, ahora ya debe estar pudriéndose bajo tierra.
-Mi querido Erick -lo saludé mientras me acercaba con sigilo al piano.
-Conde -saludó sin apartar la cabeza de su música.
-¿Cómo van sus investigaciones?
-No voy a seguir adelante. Christine jamás me amará, con Raoul o sin él, así que no pienso embarcarme en una empresa que no me concierne.
-Creo que no sabe con quién está tratando. -Él dejó de tocar, una pena, pues era un auténtico virtuoso del piano, era una música melodiosa, triste. -Se ha ido ¿no es cierto?
-Lo amaba tanto que estuvo a punto de quedarse con un engendro como yo para que él pudiera vivir.
-Te comprendo, amigo.
-Yo no soy tu amigo. -En ese momento solté una carcajada y lo miré con los ojos encendidos.
-Yo tampoco soy tu amigo, lo he intentado por las buenas, pero no has querido ayudarme. -Me planté entre él y el piano y lo miré amenazador, como el depredador que era -Tú eres el único que puede conseguir lo que necesito para traer a Mina.
-¡No pienso despertar a la Reina de las Nieves!
-Entonces tu Christine morirá. No sabes con quién estás jugando. El mismísimo Rumplestilskin lo lamentará algún día. Cuando quiera traer de vuelta a ese hijo suyo y vea que en realidad es un animal irracional gritará tan fuerte mi nombre que se oirá en todos los rincones del universo.
-¿Qué has hecho exactamente? -Respiré profundo y lo miré con una sonrisa perversa en los labios.
-Le he dado sangre de mi mano izquierda en lugar de la derecha. -Reí tan fuerte que mi risa se escuchaba por todos los rincones de las catacumbas del Teatro de la Ópera.
Killian Jones -Storybroooke
Había algo que no iba bien. Lo notaba en Emma, sabía que su gran amor había sido el padre de su hijo y probablemente tuviera que darle algo de tiempo. La pérdida de Bae no solo le había afectado a ella, para mí también fue un momento extremadamente amargo. Él no debería haber muerto, tenía a Emma con la que podía empezar de nuevo y a su hijo…
Para mí Neal, o Bae siempre fue como un hijo. Milah y yo teníamos pensado volver a por el chico pero al final no pudo ser y el destino me lo envió a mí y me lo arrebató de una misma manera. En ese momento deseé haber sido yo el padre del muchacho. Pagué mi cuenta a la camarera que se quedó un momento delante de la mesa como si quisiera decirme algo -¿Ruby? ¿Te pasa algo?
Ella dio un suspiro y me miró -No, no es nada… esto Garfio… ¿llevas mucha prisa?
-Un poco, tengo que ir a recoger a Emma, está en casa de Regina. -A ella se le ensombreció la mirada. Cogió el pago y con un gesto se despidió de mí. Me había perdido varias veces entre sus sábanas. Había sido un error, puesto que la había utilizado para olvidar a Emma, pero tanto ella como yo sabíamos que entre nosotros no había nada especial.
Salí y me dirigí a la casa de la alcaldesa, no tuve que esperar mucho pues Emma no tardó en salir. Estaba cabizbaja, desde que trajimos a Marianne y Regina se había vuelto a quedar sola Emma lo estaba pasando fatal. –Hola Swan –la saludé cuando salió, la rodeé con mi brazo bueno y le besé la frente. Me enamoré de esa mujer cuando la vi, después de trescientos años yo volvía a amar y había tenido que ser la mujer del hijo de mi Milah… la vida es impredecible. –Alegra esa cara –le pedí cono ojos de cachorro.
–No puedo, Killian… tendría que haberte hecho caso… no tendría que haber traído a Marianne –dio un suspiro y se separó un poco de mí, muchas veces me preguntaba si ella me quería… cada día estaba un poco más distante… y dentro de mí, sabía que ella siempre amaría a Neal.
–Vamos a dar un paseo por el bosque.
–Sí… me parece buena idea –susurró y cuando yo le tendí mi mano la cogió, pero con desgana.
Continuamos caminando hacia el bosque, hablábamos de cosas banales, aunque sabía que ella llevaba clavada la espina de la culpa, pero por lo menos trataba de distraerla y de que por un momento dejara de pensar en aquello.
– ¿Has oído eso? –me preguntó en un tramo del bosque, lo cierto es que se había escuchado movimiento entre los árboles, pero no me preocupé, debía de ser algún animalillo.
–Será algún animal –dije despreocupado.
–No… algo me dice que no es ningún animal.
–Yo no he notado nada raro –pero al momento algo cayó sobre mí. Si era un animal debía de ser muy grande… pero no era un animal, era una persona… una persona a la que no había esperado volver a ver. – ¡Neal! –de su boca solo provenían gruñidos, era agresivo y forcejeaba conmigo para dejarme inmóvil, pero no iba a tener tanta suerte. Cuando lo miré a los ojos se me heló la sangre… ojos rojos – ¡Emma corre! –grité. Sabía que yo no iba a salir de esta. No con un irracional, porque Neal no se había convertido en un vampiro de los racionales, como los de las novelas románticas, este era mucho peor, era un vampiro que se comportaba como un animal, con el instinto muy agudo y sin nada de la persona que había sido, como si se hubiera vuelto loco, la humanidad había volado. Solo esperaba que Emma corriese y pudiera salvar su vida a cambio de que el vampiro se diera un festín con mi sangre.
-¡Neal!
-¡Emma corre! ¡No puedes hacer nada! ¡Corre!
Seguí forcejeando con Neal, luchando para retrasar el momento en el que clavaría sus dientes en mi yugular. Pero algo lo detuvo, levantó la cabeza y salió corriendo dejándome a mí a un lado, como si ya no le importara. Nada distraía a un irracional de su presa, esa clase de vampiros eran así, unos animales sin conocimiento.
Cuando levanté la cabeza vi el por qué, y fue algo que me dejó helado. En ese momento supe lo que significaba el amor verdadero y supe que eso sería la muerte de los dos. Del hijo de mi enemigo y de la mujer a la que amo.
Emma Swan – Storybrooke
No podía abandonarlo, no iba a dejarlo. Le dije a Rumplestilskin que no lo hiciera e inocente de mí creí que el Oscuro había bebido la poción. Ahora lo que Neal tenía encima era un destino peor que la muerte… y había sido por mi culpa. Ahora tenía que arreglar este entuerto y por supuesto no iba a dejar que Garfio muriera. Así que no lo dudé ni un segundo. Me clavé un bolígrafo en la muñeca. Asqueroso y dolió muchísimo, pero lo hice. El olor de la sangre lo atrajo. Cuando esos ojos rojos como la sangre que salía de la herida me miraron supe que estaba perdida. Supe que posiblemente no saliera de esta y que había cometido un error.
Él se lanzó a la herida y comenzó a sorber sangre, pero al segundo sorbo levantó la cabeza y me miró. –Emma –comenzó a llorar –Emma no –me abrazó y me acarició el pelo. Era increíble lo que había pasado. A escasos metros Garfio nos miraba con los ojos como platos. Por lo visto Neal estaba teniendo un comportamiento anormal para lo que se había convertido. –Emma yo… no sé… no dejes que…
-Neal… tranquilo –le acaricié la cabeza y me separé para mirarlo, aún estaba fuerte, podía darle un poco más –bebe, Neal, solo un trago más –le ofrecí la muñeca herida, si con beber mi sangre volvía a la realidad ahí tenía la primera carta que jugar para recuperarlo.
-Es increíble –susurró Garfio mientras Neal tomaba el último trago de sangre –Los vampiros irracionales olvidan hasta cómo hablar.
–Garfio… -Neal lo miró suplicante –por favor… no la dejes… mátame
-¡NO! –Grité a los dos –Neal, pienso salvarte, sé que podré hacerlo –me giré hacia Killian con la amenaza reflejada en mis ojos –y a ti ni se te ocurra hacerle nada… te mataré con mis propias manos si te acercas.
Killian Jones – Neverland – Flashback
Los vientos eran favorables y nos alejábamos de la costa. Cada vez que sobrevivía a un ataque de esos niños endemoniados me tocaba mirar durante un rato el retrato de Milah para recordar la noble causa que me había llevado a ir al peor mundo que pueda existir. La echaba de menos, cada minuto del día la recordaba y añoraba los buenos momentos a su lado. Esa mujer me había robado el corazón con una sola mirada… aunque el suyo sabía que en el fondo pertenecía al marido con el que se sentía resentida y al hijo de ambos. Al que yo me dedicaba a buscar por toda esa maldita isla desde que cometí el error de entregárselo a Pan.
-Capitán.
-Dime, Smee –entrecerré los ojos y luego miré a mi regordete acompañante.
-Hay un hombre a la deriva… creo que le interesará.
- ¿Por qué crees que puede interesarme?
-Lleva muchos artilugios raros.
El inútil de William Smee me llevó hacia el hombre que acababan de sacar del agua mientras yo estaba en el camarote perdido en mis pensamientos. Era un hombre de unos cuarenta y muchos, lleno de cicatrices y acompañado de una sofisticada ballesta, no había visto nunca una igual.
-Soy Garfio, Capitán del Jolly Roger.
-Mi nombre es Abraham Van Helsing.
Bella – Storybrooke
-Así que por eso sabes tanto sobre vampiros –se aclaró la bibliotecaria.
-Sí, junto a Van Helsing aprendí mucho sobre aquellos seres, hombres lobo, vampiros, metamórficos y monstruos varios. Era un tipo simpático… pero acabamos bastante mal… no quería ayudarlo a cazar sirenas, estaba obsesionado con ellas… y yo no me mezclo con esos bichos asquerosos.
Rumple estaba abatido. Lo que había hecho nos había acarreado problemas a todos… sobre todo al propio Neal y a Emma por extensión. –Garfio, lo único que quiero saber es si ese tal Van Helsing sigue vivo y si puede curar a mi hijo. –Era la primera vez que veía a Rumple con tanta tranquilidad a Garfio. Emma estaba sentada al lado de mi marido con un semblante inexpresivo. No tenía mucha relación con Emma a decir verdad pero sabía que Neal la amaba con locura.
-La última vez que lo vi estaba intentando encontrar la manera de curar el vampirismo. Lo consiguió una vez pero con una vampira recién convertida.
-Mina Harker –susurró Rumple –El amor de Drácula.
-Efectivamente… pero ella terminó… bastante mal por lo que tengo entendido.
En ese momento sonó un golpe en la mesa y Emma nos miró a todos iracunda.
-Me da igual lo que le pasara a Mina, yo lo que quiero saber es si el tal Van Helsing puede ayudar al padre de mi hijo. –Se notaba en su mirada que estaba cansada, demasiadas emociones para un día y también había perdido mucha sangre –Quiero que lo averigües –miró a Killian casi con odio. Parece mentira que hace unos días ella y el pirata se estuvieran dando besos por los rincones. –Mientras voy a ver cómo está Neal. –Ella tenía el pelo despeinado y unas profundas ojeras. Llevábamos aquí toda la noche y el reloj ya marcaba las cuatro de la madrugada. Los padres de Emma ya habían estado aquí hasta tarde, pero se fueron para meter en la cunita al pequeño Neal.
-Emma, deberías ir a dormir –le sugerí con algo de timidez, lo cierto es que Emma es una mujer que impone bastante, con una sola mirada es capaz de hacerte retroceder y ahora era una auténtica fiera acorralada. Ahora ella y Rumple jugaban por primera vez en el mismo equipo. Él estaba abatido por lo que le había hecho a su propio hijo, lo había convertido en un monstruo.
-No voy a dormir hasta que salga el sol… tengo que ayudar a Neal y si para eso tengo que ser una criatura de la noche durante un tiempo lo seré.
En ese momento Garfio se levantó golpeando la mesa con el garfio y mirando a Emma muy serio. –No permitiré que te consumas en vida. No hay manera de salvarlo, es un vampiro irracional. N…
-No te atrevas a decidir por mí, Killian Jones –A contrario de lo que yo pensaba que iba a pasar, Emma no se puso histérica ni gritó. –Mi sangre le devuelve la razón, pide perdón por hacerme daño… no voy a dejar que nada se interponga en mi camino. En el fondo sabes que siempre va a ser él.
Esas palabras sentenciaron al pirata, que cayó a plomo en la silla. Triste como no lo había visto jamás. Estaba tan alicaído que incluso a mí, que había tratado de matarme dos veces, me daba pena verlo así.
-Emma… -Rumple la miró con los ojos brillantes, lleno de gratitud -Gracias.
-No me las des -la sheriff hablaba mientras caminaba hacia el sótano, que Rumple había reforzado con magia para que Neal no se volviera a escapar. -Pienso matarte cuando haya curado a Neal, eres un maldito peligro.
Sé que he tardado mucho en escribir el segundo cap! Pero espero que no sea así para los próximos! Espero vuestras reviews, que son lo que animan al escritor a seguir escribiendo :)
