Mientras maniobraba el Audi a través del laberinto de taxis, camiones de reparto y equipos de trabajo que daban la sensación de vivir en las calles de Nueva York, Tony decidió no pensar demasiado en el hecho que sabía dónde vivía Steve. Una mierda de edificio sin ascensor en Brooklyn, no muy diferente al que había sido, por un tiempo, al menos, su departamento en Boston. Ese particular edificio con riesgo de incendio que desde hace mucho tiempo había sido puesto en venta durante el boom inmobiliario donde la mitad de Boston decidió aburguesarse, pero Nueva York se aferró a los departamentos de mierda como si fueran las viejas perlas de su abuela, una reliquia familiar que a nadie le gustaba, pero que debía mantener alrededor suyo, mitad por sentimentalismo, mitad por obligación. En el asiento de al lado, la esquina del folder manila con los papeles del divorcio se asomaba por debajo de la manga de su abrigo. Había pasado parte de la noche anterior revisándolos. Pepper servicialmente había marcado las rúbricas con unas, extrañamente exuberantes, notas adhesivas de un amarillo brillante que ponían 'Firme aquí'.

El papeleo no había cambiado mucho desde la primera vez. Referencias a la separación original. Una declaración en donde confirmaba que la realización del divorcio había sido decidida por ambos. Una renuncia. Sabía que esa había sido la pieza clave. Steve no tendría una buena demanda, le aseguro su abogado. Poniendo en juego el ser despedido.

Pero…pero. Siempre, el pero. Pero, habría una pelea, una pública, sería una inspiración para la prensa sensacionalista por meses, lo cual le daría a Steve más influencia de la que Tony quería que tuviera.

Al menos, si llegaba a ese punto, podría pagarle, Dios, esa idea dolió, pensó amargamente. Se preguntó, no por primera vez, que había hecho Steve con todo el dinero, además de aquella primera pequeña escapada de compras que Tony había llegado a ver de cerca. Era bueno saber que él no valía tanto como una nueva televisión y un X-box, supuso, pero cinco millones de dólares era mucho dinero para haberlo gastado, incluso en un década.

Tony estacionó el auto en un espacio en medio del camino debajo de una señal de No Estacionar a una cuadra del edificio de Steve y apagó el motor. Recostó hacia atrás el asiento por un momento mientras el aire caliente comenzaba a filtrarse fuera del coche. Era febrero, y la nieve había venido e ido, al menos por ahora, dejando un oscuro fango lodoso a su paso y un cielo gris que parecía combinar. Happy iba a enloquecer cuando viera el carro. Alguna cosa sobre sal en la carrocería. Jaló el folder de debajo de su abrigo y lo volteo abriéndolo, revisando los papeles y sus emocionantes notas que imploraban a Steve firmar aquí. Lo arrojó de nuevo sobre su abrigo y apoyó sus manos sobre el volante, golpeándolo levemente con las yemas de los dedos.

Su celular comenzó a vibrar insistente desde el bolsillo de su abrigo, lo sacó, viendo el familiar rostro de Pepper en la pantalla. Presionó el botón de envió al buzón de voz, escuchando luego como pronto aparecía una notificación arriba en la pantalla. Ella quería ver cómo iba, por supuesto, lo había sabido antes de presionar el botón de reproducir. Técnicamente, había dicho que iba a hacer esto en la mañana, que fueran casi las cuatro de la tarde, significaba que debía haber terminado hace mucho.

Muy bien, estaba haciendo tiempo.

No estaba seguro como debía sentirse sobre volver a ver a Steve luego de tanto tiempo. Lo que había comenzado como una desconcertada especie de decepción transformándose en profundo odio, tanto por su propia estupidez como dirigida hacia Steve, desde hace mucho que se había convertido en algo parecido a la aceptación. Amarga aceptación, quizá, a veces, pero aceptación de todos modos. Fue parte de su formación, después de todo. Para mejor o peor, pensó triste, mientras se sacaba los lentes de sol y los guardaba en su bolsillo de pecho. Ya no era el ciego en que se había convertido en los años desde que se marchó del MIT. O incluso por las razones que lo motivaron a ello. Él había conseguido aún más que su querido, viejo padre, y cada vez que se fijaba, la línea seguía avanzando, saltando muy por delante de él, hasta que finalmente se dio cuenta que estaba persiguiendo algo que nunca iba a tener.

Así que, no estaba seguro qué lo había mantenido terminando planos, uno tras otro, esta mañana. Había una parte suya que casi disfrutaba la sola idea de aparecerse en el departamento horroroso de Steve. Aparecerse y alardear. Dejar que Steve mirase, de cerca y en persona, lo que pudo haber tenido. Por cualquier cálculo que quisiera utilizar, Tony se estaba ganando la vida. Seguro. No era capaz de no admitirlo.

Por supuesto, nada de eso explicaba porque estaba sentado aquí acurrucado en su auto cerca de la entrada posterior de una cafetería, vigilando a alguien descargar bolsas de soda y recipientes de CO2.

Tony abrió la puerta del carro con demasiada fuerza, haciendo que rebotara un poco, y salió. Una ráfaga de viento helado sorprendió a su saco, azotándolo mientras la brisa golpeaba el callejón donde había aparcado. Se inclinó hacia dentro del carro para agarrar su abrigo y el folder con todos los papeles, pasó el folder de mano a mano mientras sus brazos se metían en las mangas del abrigo. Sus manos recorrieron de arriba abajo sus brazos para calentarse, luego palmeó su bolsillo, sintiendo el sólido peso de su teléfono.

Elevó las manos hacia su cara y exhaló por un rato para calentarlas, luego acomodó la carpeta bajo uno de sus brazos y metió las manos en los bolsillos. Probablemente Pepper estaba preocupada. Realmente debió haberle devuelto la llamada. Al menos un texto. No lo hizo, simplemente avanzó hacia la calle, donde corrientes de peatones fluían de aquí para allá con las cabezas agachadas debido a la brisa helada. El viento lo golpeó de nuevo tan pronto como estuvo fuera del callejón, como si estuviera acechándolo. Dios, estaba helado, pensó con un escalofrió, encogiendo sus hombros.

Apropiado, supuso. Siempre hacia frio cuando conoció a Steve.

Honestamente, Ty era un total y absoluto imbécil. Pensó Tony con disgusto mientras avanzaba- tropezando, mierda, lo que sea- a través del Dot, como era llamado, por su zona redonda llena de pasto en el centro. Frente a él las delgadas piernas de 'La Grande Voile'* se alzaron, pareciendo soportar demasiado peso. Se parecía un poco a un escarabajo espinoso, si entrecerraba los ojos. O, quizá ese era el whisky hablando. O el vodka. O el…qué demonios había sido, ¿aguardiente?

Ese era un punto, Ty era un imbécil que tomaba como un desgraciado proporciones épicas, y luego habían jugado ese pequeño jueguito suyo antes. Siempre acababa con Tony en la mierda, todas las malditas veces, pero seguía volviendo por alguna estúpida razón. Porque podía supuso. Porque siempre podía regresar a Ty y obtener algo a cambio. Atención, o lo que sea que pasara. Porque Ty hacia mamadas como un Maldito Dios-Aspiradora en las raras ocasiones que le parecía mejor dar que recibir, porque Howard casi aprobaba la manera en que había conseguido pasar por algo como homologación, porque Howard estaba impresionado, es que Tony podía hacer que alguien como Tiberius Stone notara su existencia.

Porque no era nada sino un insaciable haciendo la misma cosa esperando diferentes resultados, pensó decaído, rascando su frente con la mano que sostenía una botella, o intentando. Finalmente, terminó golpeando su nariz con la botella, haciendo que el líquido ámbar cayera por los costados. Porque era mejor que no hacerlo, lo que decía algo acerca de su vida.

Además de las mamadas.

Aun así, incluso aunque no encajaba, ser tratado como si fuera invisible hasta que paso el tiempo, como si fuera un maldito regalo de anfitrión. Pero esta noche, estaba harto. H-a-r-t-o. Por qué había siquiera ido a la estúpida fiesta en primer lugar estaba fuera de su conocimiento. Ni siquiera era algo para estudiantes de postgrado, solo un sótano sucio como la mierda con barra libre y con suficiente polvo en el aire para hacer que pareciera que todo el mundo necesitaba cinco botellas de Head & Shoulders**. Debió haber escuchado a Rhodey. Técnicamente, había sido algo obvio, pero no iba a llamar a Rhodey ahora y hacerlo más real, solo porque hacia frío y había dejado su abrigo atrás, en el Estudio Cincuenta–Perdóname Por Haber Pecado.

Encogió sus hombros contra el frío mientras el viento azotaba los edificios. El monolito barnizado de negro de La Grande Voile se elevó frente suyo, prominente, como si estuviera atrapando las ráfagas, pero en realidad ofreciendo poca protección contra el viento. Necesitaba un taxi. Necesitaba un taxi o un lugar donde acurrucarse y morir. Uno de los dos. Eso, o tendría que encontrar un teléfono público. Llamar a Rhodey y hacer que arrastrase su trasero todo el camino desde Tang hasta aquí en una media hora de borracho y recogerlo. Podría esconderse en uno de los laboratorios para pasar la noche. Beiderman tenía ese sofá en su oficina que parecía como si algo hubiera vivido allí, pero podría dormir ahí por una noche. A salvo de una charla sobre Principios y Aplicaciones de Te Lo Dije del General Anticuado.

Además, tenía Robótica en la mañana con Tedrake, que, seguramente, era pan comido, pero iba a empezar perdiendo la hora de laboratorio si llegaba tarde de nuevo, y por 'tarde', se refería a faltar, ya que, en realidad, él construía mierda con sus sets erectores que eran prácticamente tan avanzados como los pequeños insectos móviles que Tedrake amaba tanto. Evolución no lineal de robots, y una mierda. Se mofó mentalmente Tony. ¿Dónde estaba la diversión en eso?

Tony se detuvo, porque hacer dos cosas al mismo tiempo no era en ese momento aconsejable, y volcó la botella que cargaba en su boca, bebiéndose el resto en un par de largos tragos. Retuvo la botella vacía lejos, mirándola acusadoramente, sacudió las ultimas pequeñas gotas dentro de su boca. Su estómago protesto enviando bilis a su garganta, como un asqueroso canario en una mina de carbón***, antes de forzarla a retroceder.

Ah, sí, el dulce sabor del ácido estomacal mezclado con alcohol fresco. Como no extrañarte, pensó Tony, elevando la botella vacía como un saludo burlesco al Edificio 54, el cual destacaba sobre el Dot y todo lo demás, habiendo eludido los códigos de altura siendo construido en pilotes de mierda. Si había una manera de saltearte los códigos, con o a través de una regla, confía en un ingeniero para encontrarlas.

Tony movió la cabeza hacia atrás y admiró el edificio de concreto con sus cúpulas meteorológicas sobresaliendo como la punta de un alfiler en la cima y una red de ventanas perfectamente simétricas que ocasionalmente se iluminaba deletreando IHTFP****, el eslogan no oficial del instituto. Tony lo miro un instante considerando brevemente como se vería deletreando JODETE TY. Inspirador, sin duda. Y Howard pensaba que carecía de apreciación por la arquitectura. Demonios, amaba el 54. Una vez tiró calabazas desde la cima acompañado de una banda musical del Primer Oeste, viéndolas explotar con sorpresiva satisfacción cuando golpeaban en el Dot. Ugh. Mierda. Su estómago decidió en ese momento agitarse cuando su mente evocó las imágenes de vísceras naranjas explotando, las cuales terminaron amontonadas por todas partes del Dot en la mañana, cuando los fiesteros disfrazados dejaron toda la zona oliendo ese dulce, mantecoso y apetitoso olor a calabaza, dejado en el aire. Mierda, pensó Tony, deteniéndose brevemente y agarrando su estómago, el cual se enturbió y se agitó como estuviera cabalgando una gran ola. En serio, cerebro, solo…solo detente.

Se acercó hacia uno de los grandes cubos verdes de basura que se interponía justo a la salida del edificio Dreyfus y arrojó la botella allí. Bueno, lo intentó. Lo que sea. Tony se inclinó para recoger la botella del suelo por el cuello, jalando, forcejeando con sus dedos que no cooperaban y la envió deslizándose a través de la acera de concreto donde rodo hacia el resto. Joder, maldita sea. Una multa de 500 dólares, o eso advertía el pequeño cartel en la valla metálica junto al cubo de basura. Se echó a reír, incluso cuando sabía que no era divertido, y eso hizo que le pareciera más gracioso. Casi como un histérico. Rebusco su billetera sacándola de su bolsillo, contó algunos billetes, luego metió quinientos dentro de la botella.

Toma tu maldito dinero, pensó. La tiró tan lejos como pudo, lo cual no fue particularmente lejos según el sonido de los cristales rotos, que con esa velocidad y el objetivo sin duda era la parte inferior de dicha botella. Alzó las manos al aire en señal de triunfo, de cualquier forma, calculó mal la vuelta de la victoria, retorciendo sus propios pies juntos, enviándolo a un tambaleo. Rápidamente se estabilizó en dirección del tacho, agarrando la tapa que tronó entre sus manos mientras caía encima de la maldita cosa, derramando la basura de ayer y a él en la acera. Es lo mismo, supuso, rodando a un lado posando su mejilla en el piso contra el frio cemento.

Puta mierda.

El olor lo golpeó entonces, enfermizo dulce y podrido, algún mix diabólico de refrescos, rosquillas y bebidas de café que poco se parecía al actual café. Gimió y se empujó hacia arriba con las manos justo a tiempo para evitar ahogarse en un charco de basura y su propio vómito, así que la ironía iba a tener que tomar un maldito número.

"Umgh," Tony se las arregló para ahogarse en arrebatos de tos y resoplidos de cosas que no quería pensar fuera de su nariz y boca. Dios, que miserable, pensó, apretando los ojos cerrados mientras su estómago trataba de rebelarse de nuevo. Todo esto era la maldita culpa de Ty, de cualquier modo. Le encantaría esto, pensó. Tomaría una maldita fotografía. Probablemente le mandaría una copia a Howard. Aquí está tu hijo en una pila de basura. Ambos podían sentarse alrededor a fumar y jugar a "descubre la diferencia" juntos. Tan genial cuando tu novio podía realmente encontrar el hobbie de intercambiar cosas con tus padres. "Mierda," exclamó Tony en voz alta. Quería levantarse, y quería no volver a moverse nunca, no obstante, por ahora, la única opción disponible para él era la inmovilidad. "Mierda, mierda, mierda." Si abría los ojos y miraba alrededor, iba a vomitar de nuevo. No había duda. De hecho, probablemente no había duda, punto final, se modificó mientras su estómago se cerraba.

"Tú…ah, ¿te encuentras bien?" una voz de un hombre preguntó de algún lugar a su izquierda.

"De maravilla," contestó Tony inconsciente, luego tosió muy fuerte, una tos mojada que mandó saliva volando.

"Uh-huh," dijo la voz. Tony escuchó el sonido de zapatos y el tintineo de llaves a su lado y consiguió ladear la cabeza lo suficiente para ver un par de botas debajo de unos oscurosDios mío, poliésterpantalones azul marino. Un guardia de seguridad, probablemente. Putamadre, si era sancionado por tirar basura, tendría que abandonar el mundo. Comprar provisiones. Mudarse a Montana. Poner animales muertos como aviso en sus paredes y mandar toda su correspondencia usando palabras cortadas de revistas.

"¿Estás seguro?" preguntó la voz, sonando en algún punto entre dudoso y divertido, teniendo el efecto de realmente fastidiar a Tony, porque, cierto, estaba en sus manos y rodillas en una pila de basura y vómito y su a-veces-ex era un capullo de mierda, pero aún era Tony Stark, e incluso en su peor día, no iba a ser tratado con condescendencia por el Detective Donut aquí.

"Mejor que nunca. ¿Por qué?" Preguntó Tony con todo el desprecio que pudo conseguir, vomitando luego lo que sea que quedara en su estómago encima de las prendas sintéticas y botas de cuero falso. Probablemente una mejora, tuvo tiempo de pensar, desplomándose rápidamente hacia adelante y desmayándose de una puta vez.

El primer pensamiento de Tony cuando parpadearon sus ojos fue que estaba mojado. Su segundo pensamiento fue que tenía frio. Su tercer pensamiento fue algo del estilo de "¿¡Qué mierda me han hecho!? Lo cual podría haber gritado mientras alguienSargento Tocino, jodido imbécil, maldito sealo ponía derecho mientras él farfullaba y trataba de mantener sus brazos arriba para proteger sus ojos de los chorros de agua.

Estaba sentado desplomado contra la pared en el fondo de una cabina de plástico bajo la boquilla de la ducha que estaba ahora chorreando gotas de agua encima de su cabeza en donde se deslizaban hacia un lado de su rostro. Sus pies estaban descalzos y acurrucados a mitad del camino de un desagüe metálico. Sus ropas se habían pegado a su piel, aunque, por el lado positivo, no olía como basura o vómito. Tony estiró su camisa, haciendo una burbuja con esta por un momento antes de que regresara contra su piel.

"Puedes gritarme todo lo que quieras," dijo el hombre mientras se alejaba, dejando a Tony sentado allí, mirándolo incrédulo. ¿Cómo le había sucedido esto a él?

Su propio imitador de Sheriff se inclinó sobre un amplio lavado de plástico blanco, rociando algo con la boquilla del grifo. Sus zapatos, imaginó Tony, mirando al hombre. Estaba descalzo, también, se dio cuenta Tony. Dos pares de medias, una blanca, otra gris, estaban colgando por el borde del lavabo. Él estaba con un uniforme, un oscuro mono azul marino, con un gran cinturón de cuero con varias bolsas sobresaliendo enrollado alrededor de su cintura. Un gran anillo de llaves estaba colgando de una de las presillas del cinturón, una gran linterna negra colgaba de otra. Un conserje. Jodida noche de mierda. Limpiará el pasillo Tony, pensó con una embriagadora sensación de alivio. No había forma que algún soplón fuera a ir arrastrándose a Howard Stark con esto. "Nadie te escuchará."

"¿Este es el momento cuando me dices chille como un cerdo?" preguntó Tony, deslizándose fuera de debajo de la ducha, pasando una mano sobre su rostro para sacar el agua fuera de sus ojos. Santa mierda, estaba empapado. "¿Qué mierda me hiciste? ¿Dónde demonios estoy?" Miro a su alrededor tratando de orientarse. Estaba en alguna especie de caja forrada de plástico, con varias boquillas y caños que sobresalían. Sobre su cabeza, justo debajo de su némesis, la regadera, de hace un momento, grandes letras remarcadas enunciaban DESCONTAMINACIÓN, con un gráfico debajo que señalaba como lavarse los ojos y la boca. "Me pusiste en una ducha descontaminante," dijo Tony, analizando las palabras mientras su mente intentaba acoplarse al giro de acontecimientos. "Me. Pusiste. En. Una. Maldita. Ducha. Descontaminante."

"Vomitaste encima mío y te desmayaste," le dijo el conserje. "No podía hacer que reaccionaras nada. Me preocupe un poco, allí. Iba a avisar, pero-vomitaste en mi radio y dijiste que ningún hospital porque alguna especie de té haría una fotografía"

"Me pusiste en una ducha descontaminante," repitió Tony, porque eso era la única cosa que su mente parecía ser capaz de enfocar en ese momento. "En la- oh, Dios, ¿Animales o Experimentos?***** Demonios."

"¿Animales o experimentos? Oh, ha, ya veo. Química, no biología," dijo el conserje. "Deberías tomar algo de agua," sugirió el conserje. Tony lo vio cerrar el grifo y coger una bota, luego la otra, boca abajo dejando que al agua escurrirse.

"Si me rocías de nuevo, encontraré algo aquí que haga parecer la caída de sodio del año pasado, como si fuera una botella de coca cola con mentas," advirtió Tony.

"Claro que podrías," el conserje estuvo de acuerdo con un pequeño resoplido de risa. "No te rociaré de nuevo. Prometido. Ten, toma esto," ofreció, inclinándose para alcanzar una pequeña bolsa de trabajo amarillenta al lado de sus pies desnudos. Huh, el chico conserje está en buena forma, pensó Tony distante, entonces todo lo demás salió de su cabeza excepto el pensamiento que 'buena forma' no le empezaba a hacer justicia al actual, al dios viviente en forma humana quien estaba en ese momento sosteniendo una botella de agua hacia Tony con una mirada expectante.

Bueno, siéntete libre de empujarme en cualquier tipo de ducha que quieras en cualquier momento, pensó Tony para sí mismo, echando un vistazo hacia el hombre y luego siguió su recorrido con un arranque de tos. Tony se estiró tambaleante hacia delante en un intento de coger la botella, tropezando con el borde de la ducha. El Dios del Mantenimiento agarró su brazo estabilizándolo. Tony cogió la botella, desenroscando la tapa y empezó a tragar, encontrándose a su mismo después escupiéndolo en ráfagas acuosas al frente de la camisa del Sexy Conserje.

Y personasRhodeytenían la audacia de sugerir que no sabía cómo dar una buena impresión.

"Whoa, hey. Pequeños sorbos, ¿de acuerdo? Bebe, luego respira. No al mismo tiempo. Toma," continuó el Sexy Conserje, extendiendo una bolsa de plástico con una pieza de pan blanco plegado en el interior hacia el centro del pecho de Tony. Tony se estiró y lo tomó automáticamente, quedándose mirándola con confusión. "Solo tiene mermelada. No mantequilla de maní ni nada más. Come algo cuando pienses que tu estómago está listo, hay algunas batas de laboratorio por aquí que los estudiantes usan, y algunos de los profesores dejan una muda de ropa en sus oficinas en caso que se queden atrapados por la nieve. Dame un segundo, y te encontraré algo seco para que te pongas. Oh, me llamo Steve, por cierto, Steve Rogers," dijo, extendiendo una mano.

Tony tomó la mano de manera automática, sacudiéndola de arriba abajo lentamente. "Tony, Uh, Tony"

"Hay una lavandería fuera, en la avenida Massachusetts, si quieres limpiar esas ropas" dijo Steve, señalando con la cabeza hacia donde Tony seguía diligentemente sacudiendo su mano, o más bien para una manera de mantenerlo, lo que era increíble porque se habían duchado juntos y ya se habían dado la mano, entonces, en serio, excepto por el vómito y el desmayo, esto estaba yendo bien. Tony miro la regadera e imploró en silencio que solo lo ahogara. "Tengo algunas monedas. Las guardaba para la máquina dispensadora. No está lejos. Puedo acompañarte, si quieres."

La lengua de Tony estaba a punto de señalar que nunca jamás iba a vestir esas ropas de nuevo, pero se detuvo. Una aventura a la lavandería de noche con el ridículamente guapo profesional de conserje sonaba mucho mejor que tomar un taxi a casa solo para enfrentarse a su compañero de cuarto criticón quien probablemente estaría esperándolo. "Seguro. Gracias. Eso sería genial".

"Ah, toma" dijo rápidamente Steve, dirigiendo una mano por su cabello como si estuviera nervioso. "¿Por qué no te pones esto por ahora, y te busco algo para que te cambies?" Estaba sosteniendo una gruesa chaqueta marrón con un bolsillo en el frente y una línea anaranjada que definía el término horroroso, pero tenía una placa de identificación en el frente que decía 'S. Rogers,' en letras negras. Tony de repente fue consciente que estaba muy mojado y muy frio. ¿De verdad tenían que mantener el laboratorio de química lo bastante frio como para conservar carne? Jesús, pensó con un escalofrío. Agarró la chaqueta y metió sus brazos en la mangas, luego tuvo que arremangarlas para evitar que cubrieran sus manos, haciéndolo ver incluso más ridículo. Tony saltó encima del mostrador al lado del lavabo aplastando los pantalones mojados y envolviendo la chaqueta a su alrededor.

"Te sentirías mejor si comieras un poco," instó Steve, señalando con la cabeza a su mano. Tony miró abajo y se dio cuenta que aún tenía la bolsa de plástico con medio sándwich aferrado en una mano, ya que no sabía cómo decir que prefería comer granola de los escritorios del departamento de filosofía, lo abrió y dio un gran mordisco.

Steve sonrió, como si estuviera complacido, así que Tony dio otro mordisco. "Estabueno," murmuró mientras masticaba. Estaba horrible, pero que demonios? Todo iba a tener sabor a vómito de cualquier forma hasta que encontrara un pote de enjuague bucal.

"Ahora vuelvo. No vayas a ninguna parte, ¿de acuerdo, Tony?" le dijo Steve. "Oh Huh. Estas temblando," observó Steve con el ceño fruncido. El más adorable surco que Tony había visto apareció en el medio de la frente de Steve. "Aquí…uh, esto esta… uh, ¿está bien?" preguntó Steve, sus manos revoloteando a ambos lados de los brazos de Tony, como si estuviera pidiendo permiso. Tony lo miró. Oh. Estaba esperando por su consentimiento.

Tony se encontró asintiendo, con la boca súbitamente seca mientras Steve empezaba a frotar enérgico los brazos de Tony para calentarlos. Los ojos de Steve le mostraron a los suyos, azules y brillantes. El azul del fuego, pensó Tony para sí mismo, mientras la mirada de Steve se alejaba, moviéndola aquí y allá pero nunca de vuelta a Tony. "¿Estas mejor?" preguntó Steve después de un rato.

"Bastante," contestó honesto Tony. "No demores mucho. Podría necesitar que me agarres el cabello de nuevo. Hey, uh-uh. Deja tus zapatos aquí," dijo Tony, agitando la mano con el sándwich en ella, en la dirección de donde Steve estaba sacando sus botas mojadas.

"¿Por qué?" preguntó Steve, mirando con confusión a Tony, a sus botas y al resto del cuarto, como si se hubiera perdido alguna parte vital del rompecabezas.

"No puedes deshacerte de mí de esa forma," dijo Tony. "No tengo monedas."

"No voy a dejarte, Tony," dijo Steve con un movimiento de cabeza, pero llevó los zapatos húmedos y los puso en el piso, debajo de donde los pies de Tony colgaban de la encimera.


*La Grande Voile: Imagen- : / / listart . mit . edu / public – art – map / la – grande – voile – big - sail

**Head & Shoulders: Es una marca de shampoo.

***Canary in a coal mine: Esta expresión se refiere a una especie de aviso, referida a que antes se usaban los canarios para identificar si había gas irú en las minas y saber si debían de evacuarlas.

****IHTFP-I Hate This Fucking Place-: "Odio este maldito lugar"

*****Squirms or stinks: Si es squirms es biología, si es stinks es química, si no funciona es Física y si no lo entiendes es Matemáticas. Son apodos para estas asignaturas. En vista que no hay apodos parecidos en español me di la libertad de dárselos.

Gracias por leer!