Bien, unos cuantos gritos completamente explícitos más tarde... Francia les quita el cobertor de plumas de encima porque se MUERE de calor, se deja caer de lado al suelo, al lado del inglés, sonriendo como idiota. Inglaterra esta aun con la espalda contra el suelo, todo sudado por el calor y el esfuerzo físico, jadeando y con los ojos cerrados en forma de corazón.
—Perfecto... este día... amo este día... —susurra jadeando igual, pasándose una mano por el pecho.
Está, está justo, está maldita estúpida y asquerosa sensación de que, no solo el universo está en perfecto orden, sino que además es bonito como la más complicada danza en perfecta armonía es la que siempre acaba metiéndole en estos líos y haciéndole pasar vergüenzas. Francia le mira a los ojos y le sonríe cómplice
—Yo lo odio —susurra cuando ha conseguido tener aliento de nuevo, mirándole y ríe él mismo por la mentira obvia. Francia sonríe con ojitos de corazón y le besa el hombro.
—¿A dónde vamos a ir ahora?
—A la ducha —se ríe.
—¿Qué tienes tú con la ducha hoy? —protesta abrazándole.
—Sé que te molesta, eres como un gato —se incorpora un poco tomando un eclair de la bandeja.
—Ehh! ¡Comida! ¿De dónde estás sacándola?
—Son míos —se ríe comiéndoselo. No que haya ido a la boulangerie favorita de Francia de todo Paris antes de llegar y haya pedido específicamente su dulce favorito.
—¡Quiero!
—Pues ve a comprarte.
—Ehh... damee —se le acerca con la boca abierta intentando morderle el dulce.
Inglaterra intenta apartarse y en el camino le ensucia la cara con la nata.
—Ehhh! —protesta intentando lamerse la nata y fallando miserablemente.
El británico se ríe acabándoselo y toma un poco de la nata de la cara de Francia con el dedo.
Francia abre la boca esperando que le meta el dedo con nata a ella pero se lo lleva a su boca
—Ehhh! —protesta otra vez yendo tras su dedo y tomándolo con la mano.
Inglaterra se incorpora un poco para llegar primero
—Noooo... eso es injusto —mira la charola e intenta ir por otro pastelillo estirándose por encima del inglés.
—Noooo —intenta hacerle cosquillas así que esconde la mano dejando de estirarse por él.
—¡Eso no se vale!
Inglaterra se ríe.
—En teoría hoy es el día de ser complaciente, ¿sabes?
—Soy complaciente... conmigo.
—Non! Es complaciente conmigo... yo soy complaciente contigo.
—¡Que vas a serlo!
—¿Me dirás que no te he complacido? —pregunta con media sonrisa.
—Pues claro —se sonroja y se incorpora para ir por otro.
—Ah, claro... y porque tú lo digas lo creo.
—Yes —lo toma y también la taza de té. Francia consigue estirarse un poco para tomar el pastelito y sonríe.
—Eh! —protesta dejando el té al lado después de darle un sorbo, empezando a comérselo del otro lado. Y van a hacer el enorme y mono cliché de darse un beso al final del eclaire. Francia se ríe.
Un beso/pelea con risas y babosadas... y embarramiento de cara, porque la crema se pega en la barbita del francés y si lo pienso bien es un buen método para conseguir que al menos se lave la cara. Se relame pensando que realmente son sus pastelillos favoritos, sorprendiéndose un poco (en realidad no tanto) de que Inglaterra lo sepa tan bien, quién se ríe tomándose el té y mirándole
—¿Cuál es la sorpresa? —pregunta sonriéndole y pasándose una mano por el pelo.
—No voy a decírtelo —se acaba el té y se cubre con el edredón, poniéndose de pie.
—¿Y qué pretendes? —toma un borde del edredón
—Ducharme —lucha porque lo suelte.
—Bien, me vestiré —sonríe cínico sabiendo que no va a aceptarlo.
—¡No, no, tu a la ducha también!
—Contigo o me visto.
—¡No! ¡Tú solo! ¡Tienes que oler bien!
—Yo huelo bien siempre —se levanta en su desnudez absoluta sin soltarle el edredón.
—¡No! —se sonroja un poco.
—Ya te lo he dicho, o juntos o me visto —sonríe.
—But...
—Solo baño, nada de toqueteo —sonríe.
—Of course not! —se sonroja porque justo estaba pensando en ello.
—¿Por qué no? ¿Quieres toquetearme?
—¡No! I mean... yes... I mean! Of course no toqueteos!
—Bien... baño sin toqueteos. Debe ser simple, como cuando éramos niños —ya, claro, entonces no lo toqueteabas...
—¡No, como de pequeños no! —replica y Francia se ríe.
—Vale, puede que de pequeños estuviera especialmente interesado en tus regiones vitales —como si ahora no lo estuvieras.
—¡Por eso! ¡Tú solo!
—Yo... ¿yo solo? Non, cher... juntos. Juntos o nada.
Inglaterra aprieta los ojos.
—¿No era que tenías que ser complaciente?
—Soy complaciente —sonríe cínicamente.
—No, no lo eres cuando no quieres hacer lo que te pido —replica.
—Yo lo que quiero es pasar tiempo contigo hoy, mon amour —le abraza del cuello y le mira a los ojos.
—¡Pues ya iremos todo el día a hacer cosas juntos! —exclama sin pensar.
Francia le mira un instante a los ojos y le abraza sinceramente, cerrando los ojos y soltando el aire por la nariz. Sonríe.
Inglaterra Levanta las cejas quedándose parado porque no esperaba eso. El francés le abraza un ratito, con fuerza, antes de besarle el hombro suavemente.
—Vale, voy a ducharme al cuarto de visitas si así te acomoda más —susurra con los labios sobre su hombro.
El británico traga saliva, se humedece los labios y asiente mientras él le toma de la cintura y le separa y, prepárate, Inglaterra... que la que sigue es la pregunta del millón.
—¿Qué me pongo?
—¿Eh? —pregunta Inglaterra pensando que ha oído mal.
—No me has dicho a dónde iremos... no es lo mismo ponerme de pajarita, que de traje de lino o de traje normal, o... casual. ¿Qué me pongo? —sonríe
—Vamos a... no vayas en tejanos, pero... no te pongas pajarita —vacila pensando que le está pidiendo cosas sobre ropa ¡LE ESTA PIDIENDO COSAS SOBRE MODA! El francés parpadea.
—Estás hablando de que me puedo poner más o menos el cincuenta por ciento de todo mi guardarropa, cher —le mira a los ojos.
—Ni te vistas de blanco —añade pensando en lo que van a hacer en la tarde.
—Creo que... ven —le empuja un poco—. Tienes prohibido elegir una mala combinación, pero dime exactamente con qué es, detesto ir vestido incorrectamente.
—Ah... yo... —se pone nervioso porque esa es, de repente, mucha responsabilidad, pero se deja tirar.
—Tuu... quoi? —Entran a un cuarto que debe ser más o menos de las dimensiones de las bodegas de Inglaterra, en donde hay ropa como para que Francia se vista unos diez años seguidos sin repetir atuendos.
—Nothing...
—Tenemos... una clasificación sencilla. Ropa casual informal, business casual, smart casual. semiformal. Camisas estampadas, trajes para cocktail, corbatas, atuendos formales y etiqueta, Jaquettes, Smokings, Habits —indica mientras va señalando las paredes dando la vuelta sobre sí mismo —. Los zapatos y cinturones están en el otro cuarto.
—Ehm... —parpadea dejando de mirarle el culo por un instante—. Aja? —pregunta como si supiera de que habla, esperando que le dé más información para deducir.
—¿Qué aplica para hoy? Semiformal? O smart casual? Puedo llevar un pull-over o necesito un veste?
—Un pull... over? —propone aleatoriamente.
—¿De verdad quieres que vaya de sweater? Cachemire?
—Pues... no, lo... lo otro
Francia sonríe de lado e inclina la cabeza.
—¿Tirantes?
Niega.
—Estás diciendo lo que sea por decirlo, ¿verdad?
—¡No! —se hace el ofendido como si no fuera así exactamente.
—Bien. ¿Zapatos de cabritilla o de cocodrilo?
—Ehm...
—Como me eches a perder mis zapatos —sonríe divertido al ver que no tiene idea.
—Ah, no se van a echar a perder...
—¿Te parecen bien zapatos de cocodrilo, pantalón gris oscuro, camisa blanca y suéter rosa?
Inglaterra parpadea y asiente sin tener ni idea, pero si lo propone, debe no estar tan mal.
—¿Rosa pálido?
—Eh... yes? —pregunta nervioso como si fuera un niño al que le preguntaran la lección y no la supiera. Francia hace los ojos en blanco
—¿Cómo pude enamorarme de ti...? no se usa el rosa pálido este año, ¡se usa el rosa fosforescente! —protesta.
—Really? —pregunta porque eso suena absolutamente... pero nunca se sabe—. Ehm... justo eso quise decir.
—Ya, claro. Ve a ducharte y ahora me visto y ya nos podremos ir. Ya me di cuenta de que esto no es tu departamento… quizás termine vestido como de hace tres temporadas, sería un escándalo —"protesta" empezando a descolgar un MONTÓN de ropa, porque para conseguir vestirse tiene que probarse al menos cinco atuendos diferentes.
—¡No! —protesta—. Dúchate, elige cinco combinaciones, me las muestras y te digo cual.
—Eso suena divertido... —sonríe —. Elegiré las combinaciones en lo que tú te duchas.
—¡Dúchate tú también!
—De verdad no entiendo qué necedad tienes hoy con la ducha —protesta haciendo los ojos en blanco y girando a la puerta, levantando los brazos dramáticamente.
Inglaterra le mira el culo otra vez. Francia se gira a mirarle atrapándolo in fraganti, así que aparta la vista, se sonroja y le empuja.
—Lo entenderás cuando estemos ahí.
—Vale, vale... lo entenderé cuando estemos ahí —sonríe yendo a ducharse de manera tal que, una buena hora y media más tarde, si no es que más... después de probarse unos diez atuendos y de tener a Inglaterra haaaaarto de verle cambiarse ropa, después de peinarse, perfumarse y comprobar que esté todo perfectamente bien y en orden, Francia termina por estar listo para salir.
Inglaterra suspira y mira su reloj, el tiempo justo para salir. Sonríe, sabiendo que era una buena idea ir tan pronto.
—¿Llegaremos tarde? —pregunta el francés mirándose por última vez en el espejo del recibidor y pasándose una mano por el pelo
—Yes —miente por si acaso decide que quiere volver a cambiarse, ya ha sido bastante traumática la primera vez que le ha dicho por error que a él todo le quedaba bien y si podían acabar con eso.
—Me gustan mucho las sorpresas —admite en el linde de la puerta, con las manos en los bolsillos porque está nervioso y no quiere que se note.
—Shite! —finge molestarse andando hacia el Rolls Royce con el que ha venido y está aparcado en el jardín.
—Tais-toi... —protesta y sonríe al ver al Rolls Royce, porque siempre lo saca para eventos importantes; se pone un poquito más nervioso, porque... bueno, siempre tiene algo de especial que Inglaterra haga cosas así de manera más o menos abierta. Se detiene junto a la puerta del coche esperando a que le abra como buen caballero.
—¿Te han cortado las manos? —se burla como el hooligan que es, un poco nervioso, yendo al lado del conductor.
—Siempre dispuesto a echar a perder todo lo bonito que haces —protesta haciendo los ojos en blanco y abriéndose la puerta.
En el asiento hay un ramo de rosas, Inglaterra se sienta en el lugar del conductor sin mirarle. Francia sonríe, con ojitos de corazón levantando las rosas y sentándose.
—Me has traído flores.
—No! No son para ti... yo... —vacila encendiendo el motor.
—Este es el mejor día del año —susurra abrazando sus flores en el asiento del copiloto y poniéndose el cinturón de seguridad.
—Yo lo odio.
—No lo odias.
—Sí lo hago —responde conduciendo por la ciudad hacia el este, mirándole de reojo.
Francia huele las rosas y observa la ciudad pasar por delante suyo sin soltar el ramo, irradiando felicidad y buen humor.
—Por cierto... —empieza Inglaterra como si nada, al llegar al extrarradio.
—Oui? —pregunta mirándole de reojo.
—Vamos a un... sitio que... ehm... —vacila—. El caso es que hubo un problema con... ehm... bueno que yo entendí que solo... ejem. En resumen, tienes que llamarme Arthur.
—Agthug? ¿Y eso por?
—Bueno, fue lo primero que se me ocurrió. Tú eres Fran... Frans... Francis o Fransuas o como se diga.
—François? —sonríe divertido—, y el Roi Agthug... A donde vamos que necesitamos un nombre, mon amour?
—A un lugar... en el que habrá más personas.
—Oh... eso es diferente —sonríe levantando las cejas y mirándole de reojo. El inglés le mira también y se reacomoda en su sitio.
—¿Y qué tiene este lugar tan misterioso? ¿Vamos a... hacer algo? ¿A mirar algo? ¿A convivir con la gente?
—Yes... hacer algo con más personas y puede que convivir con ellos un poco —asiente.
—¿Cómo conseguimos que monsieur huraño planeara algo así? —pregunta sin tono ofensivo levantando una mano y acariciándole la mejilla.
—Porque eres un tonto y te odio y odio este día y yo no quería venir —lloriquea.
—Adoro este día —sentencia el francés cada vez más emocionado poniéndole una mano en la pierna y mirando el camino tratando de averiguar qué puede ser a lo que van. Toma el desvió hacia Vincennes saliendo de la autopista.
—¡Y son unos tontos porque todos los franceses sois idiotas y no sabéis escribir y me hicieron confundirme!
—Vincennes... ¿qué hay en Vincennes que pueda... confundirte? ¿Lo confundiste con algo? —pregunta levantando una ceja—. Hay un zoo en Vincennes y un teatro... ¿Con qué lo confundiste?
—No, no, no vamos al zoo ni al teatro —responde—. Es otra actividad y lo que pasó es que me confundieron diciéndome que era especial para... matrimonios y lo que es, es que es para parejas, no hace falta que haya boda por en medio... —vacila. Francia le mira de reojo y sonríe aún más.
—Les has dicho que estamos casados... ¿qué apellido francés tenemos? Valois? Bonnefoy?
—Shut up! —protesta sonrojándose—. ¡Estaba mal expresado en el folleto! ¡No es mi culpa!
—¿Podemos contarles de la boda? ¿Podemos?
—¿Qué boda? —nervioso—. ¡No hagas peor la mentira!
—Pues una hipotética, como siempre la hemos imaginado.
Inglaterra aprieta los ojos por que no está seguro de que pueda evitar que lo haga, diga lo que diga, mientras se acerca al Château.
—De hecho, en realidad, podríamos contar una historia que sea cierta... alguna de una coronación o la misma vez que firmamos el entente... podemos contar eso como nuestra noche de bodas —sonríe el galo.
—¡Ni se te ocurra contar nada como noche de bodas! —se detiene en la puerta—. Baja y di que tienes reserva a nombre de Kirkland. Voy a aparcar.
—Kirkland? Mon dieu... además me mandas solo —protesta abriendo la puerta, acercándose al inglés y dándole un beso en los labios antes de bajarse con todo y su ramo de rosas, sonriendo de oreja a oreja.
—Pues... yo voy a apar... —empieza a defenderse y se calla con el beso.
—Je t'aime —sentencia mirándole por la ventanilla antes de que arranque.
Inglaterra se sonroja y se va corriendo haciendo rechinar un poco la goma de los neumáticos hacia el parking. Francia mira a todos lados en absoluta actitud de ADMIRENME, rebotando en sus propios pies mientras camina hacia la entrada.
