Dolor color violeta.

—Vaya, que lugar tan, —pensó dos veces lo que le diría a su anfitrión, quien lo inspeccionaba con la mirada— sombrío.

Theodore alzó ambas cejas sin que su invitado lo notara, al parecer, estaba guardándose sus críticas para después, el porqué de ello era todo un enigma.

—Y bueno —dijo Theodore luego de hacerle una leve seña con la mano, para indicarle el camino a Neville— te agradecería que siguiéramos con la charla de hace un rato, pero, en un lugar más acogedor.

Caminaron por la elegante y oscura sala principal, donde en sus cuatro paredes, se encontraban altos cuadros de sus antepasados, cubiertos por finas sabanas de seda que sólo opacaban ligeramente el contenido de estos, de manera que, si ponías mayor atención sobre ellos, podrías apreciar los autoritarios y severos rostros ocultos detrás de las telas.

La habitación sólo era iluminada por 2 pequeñas filas de velas flotantes que atravesaban el techo, formando una cruz.

Había dos únicos muebles ahí. Una larga mesita de color marrón que no portaba nada más que un maletín a medio cerrar, donde se asomaban cientos de traviesos manuscritos con tachones. El otro mueble era un enorme sillón, con una estructura curva. Su extensión abarcaba de una esquina a otra y, puesto que era de un color vino, contrastaba a la perfección con el color negro que parecía no abandonar ninguna habitación en aquella mansión.

Ambos castaños pasaron de largo hasta llegar al final del pasillo, donde se encontraba una enorme pared de piedra, finalizando el recorrido.

Neville giró con discreción su rostro en todas direcciones, buscando en algún lugar un indicio de puerta, herradura o cualquier otro camino que estuviera cerca.

No sabía por qué Nott tenía algo así a mitad de la mansión, pero ciertamente, no le interesaba ni un poco saber su motivo.

Estaba por preguntarle si se quedarían ahí, parados frente a ese colosal muro, cuando notó que Theodore pronunciaba sin voz, un conjunto de hechizos.

—Actuaré como si tú y esta acción no fueran extrañas —Theodore, que está ahora había mantenido los ojos cerrados, abrió lentamente su ojo izquierdo, mirando con aburrimiento y desprecio a su invitado— pero me lo haces bastante difícil, cabe mencionar.

—Por favor, callate.

Un par de palabras más, y lo que antes había sido un impedimento en su camino ahora parecía desvanecerse, como si de una cascada se tratara, pero sin borrarse del paso.

—¿Toda tu casa está llena de cuartos falsos, pasadizos secretos y baratas ilusiones?

—¿Crees que sería tan estúpido como para decirte algo así? No hay ningún secreto en esta habitación —la paciencia del ojiazul se estaba acabando, el ex león nunca le había inspirado confianza—. Esta habitación era privada.

Los dos hombres se dispusieron a pasar del otro lado de la cascada, para hablar de lo que los había llevado ahí en primer lugar.

Cuando Longbottom, triunfalmente estuvo en la misteriosa habitación, un susurro salió sin su permiso.

—Hijo de perra.

*/

Harry andaba con pasos presurosos por su oficina, ser un Auror le quitaba mucho tiempo.

No lograba tener una vida social muy activa, hasta Ginny le había dicho que tomaran un breve descanso de su relación para poner en orden sus prioridades.

La única chica a la que había visitado casi diariamente ya no estaba más.

Un choque contra la espalda de alguien lo hizo regresar a la realidad.

—Disculpa, estaba distraído y...

—No tienes que darme explicaciones, Potter —un aristocrático Draco Malfoy, giró para encarar el castaño— pero si tienes que darte prisa, Theodore te ha mandado a su patronus e imagino que debe ser algo importante.

—De acuerdo. Gracias por el recado.

Mientras Harry caminaba lo más rápido que sus cansados pies le permitían, escuchó un sutil grito detrás de él.

—¡Consíguete un mensajero, Potter!

*/

—Con que esto era…

—Sí —Theodore se sentó en un sillón individual color rojo escarlata—. Hermione pasaba la mayor parte del día en este lugar.

Neville examinó la habitación de principio a fin, estantes y libreros que rozaban los techos con tan sólo un viejo sillón y un escritorio forrado por completo de libros a medio abrir.
Todo el cuarto era de un tenue color rojo con enormes ventanales, que hacían innecesaria cualquier otro tipo de luz, inclusive al anochecer.
El piso estaba cubierto por una gruesa alfombra con detalles de grecas en un tono dorado, recordándole a su antigua casa en sus tiempos de estudiantes.

Recargó su peso en uno de los ventanales y miró a Nott con notoria curiosidad.

No podía creer que Hermione hubiera elegido al ojiazul por encima de…

—¿Has venido para estar admirándome? De ser así no te hubieras molestado, te habría mandado una foto mía.

—Sé que Hermione te hizo creer que tus comentarios eran simpáticos, pero te aseguro que no es así.

—Hermione jamás me hizo creer eso —mencionó Theodore de manera cortante, para después agregar en tono de burla— pero ella amaba cada parte de mí, así que creo que por eso le parecía simpático.

Longbottom apretó sus puños a los costados.

—Sí, bueno eso no le interesa a nadie.

—Vas a decirme lo que ella te dijo antes de desaparecer, pero antes quisiera saber algo.

El ex león sólo le hizo una vaga señal, indicándole que siguiera.

—¿Qué es lo que Hermione estaba haciendo contigo, antes de desaparecer, en primer lugar?

*/

Hannah miró de reojo a su alrededor.

Se encontraba persiguiendo a una bruja desde 2 calles atrás y está no se había dado cuenta de eso.

Sabía que tenía que deshacerse de la chica que tenía en frente pero aún no tenía idea de cómo iba a hacer eso.

Se encontraban en un angosto y largo callejón que no dejaba pasar la luz del exterior, convirtiendo su tarea en algo absurdamente sencillo.

Estaba por alcanzarla cuando escuchó que algo vibraba en un lugar cercano.

Hannah volteó en todas direcciones, buscando al objeto del extraño fenómeno.

Tocó sus bolsillos en un vago intento por ponerle fin a la irritante y constante vibración. Su abrigo era de color negro, al igual que sus pantalones, sus zapatillas eran de un tono esmeralda al igual que su elegante bolso. Todo su atuendo parecía sacado de la portada más exclusiva y exageradamente cara de todo el mundo mágico.

Tuvo un ligero tropiezo que casi la hubiera hecho caer, pero no fue así.

Estaba empezando a desesperarse cuando observó que la rubia a la que seguía, sacó de uno de sus tantos bolsos, un artefacto desconocido para ella. Lo que significaba que debía ser un invento muggle o algo así.

—¿Es algo importante lo que tiene que decirme, quien sea que me esté llamando? Porque estoy ayudando a un pequeño amigo que necesita de todo mi tiempo y atención.

Hannah o sabía con quien hablaba y por qué la otra persona podía escucharla, pero decidió estar atenta a todo lo que ella contestara.

—¡Oh! ¿Y quieres que vaya contigo ahora mismo?

Después de una rápida pausa, Luna continuo con su charla.

—Te alcanzaré ahí, llevale un pequeño juguete para que logre distraerse con algo. No tardaré nada. Si puedes, te agradecería mucho que tratarás de hacer que se duerma, tal vez tarde un poco en llegar con ustedes.

Hannah observó cómo Lovegood doblaba en la esquina y un sonido muy conocido para ella hizo que corriera para detenerla.

Cuando dobló en la esquina, nadie estaba ahí.

—Mierda.

*/

—¿Han perdido la cabeza, por completo? —Harry se encontraba en medio de los dos agitados magos, impidiéndoles que se lanzaran más hechizos. Aunque para ser justos, Theodore sólo bloqueaba lo que le lanzaban. — Al parecer, veo que así es.

—No te metas, Potter.

—Cierra la boca, Nott. ¿cómo dejaste que esto se saliera de control? —cuestionó Harry, haciendo una ademan con las manos—. Pensé que eras más inteligente que nosotros, pero ya veo que me equivoque.

—Esto no se trata de inteligencia —Theodore estaba lo suficientemente molesto como para tratar de explicarle a Potter. Ni siquiera había controlado el tono furioso de su voz.

—Así es Harry, si esto se tratara de inteligencia, Nott, habría perdido desde antes de comenzar la batalla —contestó enseguida Neville.

—¿Y tú qué diablos haces aquí Neville? Hasta donde sé, tú y Hermione no terminaron bien su amistad, no es bueno que estés aquí y lo sabes perfectamente.

—¿No pueden olvidar lo rencores por un momento? —Neville miró a Harry como buscando comprensión— Vine a platicar con él y decidió atacarme.

—¿En serio? —preguntó el Auror con su característico tono arrogante— Es curioso que lo digas porque yo estoy aquí por ti.

—¿A qué te refieres?

—Le dije a los elfos domésticos de Hermione y Theodore, que me avisaran siempre que tú vinieras sin invitación —respondió Harry, sin mencionarle que el aviso había llegado de parte de Theodore y no por los elfos que él y Hermione no tenían.

—¿Por qué harías tal cosa? ¡Soy totalmente inofensivo!

—Hermione dudaba esa cuestión y me temo que…

—¡Hermione, exageró! —gritó Neville, poniendo en alerta a los otros chicos.

—¿En serio? —interrogó esta vez Theodore, con un deje de ironía—. Sólo mirate. Gritando y haciendo todo un escándalo, ¿ya te sientes más hombre que nosotros, Longbottom?

El susodicho estaba por atacar de nuevo a Nott cuando Harry, volvió a interponerse.

—Creo que mejor nos vamos antes de que esto se salga aún más de control. Theodore nos vemos después.

—Yo no quiero irme todavía.

—Ya has dicho todo, ahora vete con Potter o te sacaré yo mismo.

El de anteojos sólo le proporcionaba pequeños empujones a Neville. Lo sacaría a la fuerza él mismo si era necesario.

Cuando los susurros y reclamos fueron callados por el sonido de una puerta azotarse, Theodore se permitió respirar hondo y deslizarse al suelo con ayuda de la fría pared.

Se llevó las manos a la cabeza.

Dejó que un débil y lastimero gemido saliera de sus temblorosos labios.

Lo que Neville le había dicho debía ser falso.

Todo a su alrededor le daba vueltas y la cabeza empezaba a dolerle.

Y estando ahí, el único habitante de esa desmesurada mansión, sintiéndose pequeño ante todo lo vivido y lo recién escuchado, se permitió bajar la guardia.

Alguien podría atacarlo justo ahora y él no tendría oposición a eso.

Se sentía solo, muy solo y con el corazón roto.

Hermione…

…estaba embarazada.

*/

Luna, al cerrar la puerta de entrada de su pequeño departamento, revisó todas las esquinas y paredes del lugar.

No había mucho que revisar. A decir verdad, el departamento únicamente contaba con 3 recamaras donde no cabían ni dos camas individuales; las habitaciones no tenían ni un mueble y el color del lugar era un despintado color marrón.

Tenía que cerciorarse de que nadie hubiera entrado, no importaba si era visitante. Cualquiera podría ser un agresor en un mal momento.

Cuando estuvo totalmente segura de que no había entrado nadie, se posiciono en la habitación central y musitó unas complicadas palabras, mientras que, la pared que estaba frente a ella, empezaba a dividirse justo por la mitad.

Al finalizar el hechizo, un amplio corredor hizo su aparición frente a la rubia que no dudo un segundo en acelerar el paso y recorrer todo el pasillo, cuando esto pasó, una nube de polvo suave y luminoso llenó el lugar.

Luna cerró los ojos un instante para después atravesar la nube de brillante resplandor.

—¡Al fin llegas! Me quede de ver con Blaise para cenar y voy retrasada —le reprochó una voz conocida.

—¿Cuándo tenías planeado decirme que me ibas a dejar a la bebé a cargo hoy? —replicó Luna, abriendo los ojos de manera lenta y mirando a su amiga, que se encontraba con los brazos cruzados.

—¡Te lo dije desde hace dos meses! —Ginny no podía evitar mirar a la chica con una mezcla de asombro y diversión.

—¡Mentira! Yo recordaría eso, es algo muy importante que…

—Pero inclusive traje a Blaise para que no hubiera este tipo de reclamos, Luna —la rubia no supo cómo defenderse y no mencionó una sola palabra.

La pelirroja suspiró, se llevó una mano a la frente y sonrió al recordar el por qué dos chicas tan distintas estaban haciendo ese trabajo juntas.

Al ver la reacción de su amiga, Lovegood rio con toda libertad, contagiando a la menor de los Weasley.

—Sabes algo, Luna —habló la otra bruja, conteniéndose de reír. Poniendo una mano sobre el hombro de su acompañante— si quieres puedo avisarle a Blaise, que no podré ir hoy.

Compartieron una sonrisa antes de que la rubia negara con la cabeza.

—Estoy bien, a decir verdad —miró la encantadora habitación donde se encontraban. Todo era de un tono blanco con algunos detalles color violeta. Contaba con un gran baúl donde habían cientos de juguetes, una mesa para niños color rosa con sus respectivas sillitas y esparcidos por el suelo había uno que otro peluche, todos de distintos tamaños y por último, estaba la cuna de la pequeña Eleanor que ahora dormía plácidamente, sin mencionar que, en las esquinas superiores, tenía dos objetos; Uno de su padre y otro de su madre— ya extrañaba pasar tiempo con esta lindura.

—Pero la viste ayer, Luna —Ginny camino hacía la cuna y recogió su bolso con una gran sonrisa.

—Sí, pero eso fue hace muchas horas ¿no crees? —preguntó ella con tono inocente.

—Es verdad. Debo irme, pero ya sabes que si pasa algo puedes…

—Tú tranquila, nada nos ha pasado todavía así que hoy no tiene por qué ser distinto.

—Es… —cuando la pelirroja estaba por salir de la habitación, sintió un nudo en el estómago. Esa sensación no le gustaba nada—… verdad.

Luna, al notar lo tensa que ahora se encontraba su amiga se cuestionó si debería dejarla ir o no.

Ginny estaba por voltear a ver a Luna y decirle que no iría hasta que un sonido en la puerta distrajo a ambas mujeres, haciéndolas girar en dirección a la puerta.

Luna tomó a la bebé en sus brazos y la atrajo hacia su pecho, abrazándola con más fuerza de la necesaria, pero sin llegar a lastimarla.

Ginevra ya había sacado su varita y avanzaba con cautela. Atravesó la pared de polvo brillante que ocultaba el cuarto donde se encontraba Luna, y recorrió con cuidado los pocos pasos que le faltaban para llegar a la puerta.
Al girar la perilla tomó aire para darse más valor que el que ya había reunido y abrió con rapidez la puerta.

—¡Ginevra Molly Weasley, tenemos que irnos! Trae también a Luna, ¡Luna! —Zabini entró al departamento y buscó a la susodicha en todas direcciones.

Luna atravesó sola aquella especial pared al reconocer la voz del chico y lo miró con la cabeza ladeada.

—¿Pensé que tú y Ginny irían a …

—Lo sé, lo lamento preciosa —dijo, mirando a Ginny— pero Theodore está mal y tengo que saber porque, así que me acompañaran.

Las dos mujeres intercambiaron una mirada para luego, concentrarse otra vez en él chico.

—¿Por qué tenemos que ir nosotras? —indagó Luna.

—Por qué si no me equivoco, podría tratarse de algo de Hermione —al ver que las chicas estaban aún en sus sitios, cosa que lo extrañaba, recurrió a su último recurso—. Potter está ahí también, pero no me ha permitido pasar. Debe ser algo demasiado grave, o malo.

—¿Cómo sabes que Harry está ahí?

—¿Si les respondo prometen venir de una vez por todas conmigo?

Luna negó con vehemencia.

—Yo no podré ir.

Zabini se dobló a la mitad, tratando de relajarse, pero no insistió.

—¿Y tú, Ginny?

—Antes contestame.

—¡Bien! —gritó un desesperado Blaise— Draco me dijo que Theodore le había enviado un mensaje a Potter, lo cual me pareció muy extraño, ¿por qué no enviarnos ese mensaje a mí o al mismo Malfoy? En fin, lo único que se me ocurrió fue que, la persona que está o estuvo con él, debe ser alguien que no toleramos ni un poco Draco y yo, y esa persona sólo puede ser…

—Neville… —susurró con temor Luna.

—Tenemos que irnos, nena —repitió Blaise— tengo que regresar ahí.

*/

Una mujer de blanco cabello corto y lentes oscuros contemplaba a un rubio platino que se encontraba a unos pasos de distancia.

No sabía si él había notado su presencia, pero algo le decía que no era así.

Lo vio entrar a un bar de mala fama y sentarse en el asiento más alejado del local.

Sólo tenía que esperar a que se emborrachará, como ya era su costumbre y ella podría dejar la nota que era necesaria que tuviera ese chico Malfoy.

Curvó una sonrisa perversa, y tomó asiento, esperando que Draco empezará a tomar hasta la inconsciencia.

*/

Está claro que Hermione, no te contaba todo lo que le pasaba, ¿no?

Ella no tenía que explicarme todos los detalles de su día, no hacía falta.

¿No te interesaba saber lo que le pasaba o qué?

Claro que sí, pero si ella llegaba mal, lo único que me importaba era hacer mejor su día. Ya sabes, eso a veces requería hacerla gritar —Neville arqueó una ceja, extrañado— mi nombre.

El otro chico le lanzó una mirada asesina.

¿Toque la herida a medio sanar… —preguntó Theodore, levantándose de su asiento y encarando a Longbottom, quedando a centímetros de distancia del otro— …Neville?

¿Quién te crees, Nott? —lanzó de manera furibunda, acercándose más a Theodore, si eso era posible— Te recuerdo que antes de ti, yo estuve con Hermione.

¿Por ser su eterno amigo te refieres a que "estuviste" antes con ella? —se burló Theodore— Ella jamás te hizo caso. Jamás se imaginó ser la pareja de un chico como tú, tan ordinario y simple. Siempre persiguiéndola a todos lados sin un resultado a tu favor.

Cállate —amenazó Neville.

Por eso, cuando ella te rechazo directamente, no pudiste soportar la idea de haber pasado tantos años tras ella, tantos años queriéndola, dándole tu amor sin recibir nada a cambio que tuviste que tocarla —poco a poco, Theodore hizo retroceder a Neville hasta acorralarlo en una de las paredes de la gran biblioteca— ¡te atreviste a ponerle una mano encima! —gritó Theodore fuera de control, golpeando la pared tras del chico— Todos los días espero que alguien de Azkaban venga por ti, maldita basura —musitó con odio.

Me amarás más cuando sepas que Hermione te ocultaba su embarazo —Theodore lo miró con intensa curiosidad, pero sin permitirse creerle— apuesto que no lo sabías, mortífago.

Un peso del tamaño del mundo cayó sobre los hombros de un incrédulo Theodore Nott.

¿Crees que puedes engañarme, Longbottom? —tomó al ex león por el cuello de su camisa— ¿a mí? No me hagas reír —aunque por dentro, estaba temblando.

Si no me crees es tu problema, pero adivina porque Hermione desapareció por tanto tiempo. Una misión no es tan larga, ¿o sí, Theodore?

Una misión no tiene tiempo determinado —respondió, ya no tan seguro como antes.

Sólo regreso un mes contigo antes de que la asesinaran.

¡Cierra la boca! —lo aventó Theodore, directo al piso— ¿¡Cómo te atreves a venir a mi casa, a contarme una idiotez como esta!?

Antes de empezar a atacarlo, Neville le lanzó unos estudios a Nott.

Él, sin alzar el documento del piso, posó su mirada sobre el papel y lo que leyó, le quitó el aliento, enfriándole la sangre.

Positiva. Prueba de embarazo positiva.

Un grito en negación, hizo que el otro aprovechara para lanzarle una maldición imperdonable que no había llegado a su objetivo. Desatando un duelo, que podría haber sido mortal.

*/

¡Hoooooolaaaaaaaa!

¡Merlín!, me eh quedado sin palabras y eso que soy la que escribe esta historia. No quiero ni imaginar su impacto Cx

¡Dió mio!, es demasiado.

Bueno, espero que les esté gustando la historia, se moverá de forma rápida, o eso es lo que quiero.

Estoy muy atrasada pero no me daré por vencida o tendré pensamientos pesimistas.

Gracias a las personitas hermosas que se toman el tiempo para comentar, seguir y añadir esta historia a favoritos. Y respondiendo a sus comentarios:
Smithback: Gracias, ojalá te guste el capítulo.
tsuki-shiroi: Espero te guste lo que pasó después cx
AFuckingAngel: ¡Listo! Espero no mueras por el nuevo capítulo cx

Recordatorio, queridas amigas:
Este fanfic, como lo dice el summary…

Participa en el reto anual ¡Esto es random! Del foro "el triángulo, donde tres, están unidos."

El asombroso mundo de Harry Potter no me pertenece, es de la asombrosa J.K y blablá…

¡Hasta el próximo capítulo! Besitos en la frente para todas.