Segunda entrega de esta serie de one shots maravillosos acerca de los hermanos Winchester. Ahora le toca el turno a los sentimientos. Dean está angustiado por algo y Sam lo sabe… veamos cómo se las arreglan en estas circunstancias los bro. Gracias por leer, (inserto emoticón triste) aunque sólo Eva ha sido tan gentil de dejarme comentario. ¡GRACIAS EVA!

Besos a todos y sigo esperando sus opiniones, ya que la autora (Megan) y yo los esperamos ansiosamente!

TRISTEZA

Están en la ruta. Dean está conduciendo, mirando hacia delante, la vista fija en el horizonte. Sólo ha respondido con monosílabos desde que comenzó el día.

Sam lo mira con el rabillo del ojo, para que Dean no se de cuenta que lo está mirando, y lo sabe hacer perfectamente.

"¿Qué?" le pregunta Dean.

Sam casi sonríe. Saber que Sam lo está mirando y que simula que no lo está haciendo, es algo que Dean ha hecho perfectamente, también.

"Nada. ¿Estás bien?" le pregunta lanzándole una mirada al hermano, ahora que sabe que lo está mirando. Dean está un poco pálido, sus ojos verdes se ven húmedos.

"Estoy bien" es la tensa respuesta del rubio.

"Está bien." Sam mira hacia fuera otra vez.

El asunto es que él sabe sin dudarlo que Dean no está bien.

Y también sabe porqué.

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Dean traga con angustia, aparca el Impala en el estacionamiento del motel.

"Voy a reservar un cuarto." le ofrece Sam, saliendo del automóvil.

Dean lo ve alejarse hacia la oficina, pero no lo está mirando en realidad. Se da cuenta que está temblando un poco y aprieta sus manos. Endurece su mandíbula, se dice a sí mismo que termine con eso. Que deje de pensar en eso.

¿Pero cómo puede no pensar en eso?

Parpadea y se obliga a salir del vehículo, alcanza a Sam que está parado esperándolo.

Sam lo está mirando, como ha estado haciendo todo el día, con sus cejas juntas y su mirada profunda y concentrada. Pero no dice nada y Dean lo agradece.

Una vez en el cuarto, Dean va al baño y cierra la puerta, obligándose a respirar profundamente varias veces.

Todo el día, todo el día se sintió como si se fuera a quebrar en cualquier momento.

No puedes, Dean. Componte. Se fuerte por Sammy. Sabes que él también sabe. Por supuesto que sabe.

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Sam se para en frente de la puerta cerrada preguntándose qué debe hacer. Tal vez deba dejar a Dean en paz, dejarlo que se calme por sí mismo.

¿Es eso realmente lo que piensas? ¿Cuándo ha estado mejor solo tu hermano?

Sam retrocede y va a la cocina, donde se lava la cara. Cuando se endereza, se da cuenta que está temblando. Mira sus manos por un momento, obligándose a enterrar sus emociones que empiezan a traicionarlo.

Sé fuerte, Sam. Por Dean.

Mira su reloj. Son las cuatro. Aún le quedan varias horas a este día miserable.

Sam se sobresalta.

Okay, Tienes una elección, Sam. Puedes dejar a Dean en ese baño, arreglándoselas como pueda y tú quedarte aquí afuera y esperar que pase el día. O puedes sacar a Dean de allí, invitarlo con una cerveza e ir a hablar de esto en alguna parte. Okay, tal vez no haga falta hablar. Pero por lo menos van a manejar esto juntos. Y tú sabes que esa es la mejor forma siempre.

Sam decide hacerse caso y va hacia la puerta del baño y golpea. "¿Dean?"

Hay un momento de silencio y luego. "Si." Dean suena agotado.

"Hey, me estaba preguntando si quieres… ir a algún lado." empieza Sam. Bien. Eso no suena estúpido ni nada parecido.

"¿Ir a algún lugar?" Dean suena incrédulo.

"Sí… Bobby dijo que aquí cerca hay un lindo lugar... no está lejos." Sam mete sus manos en sus bolsillos, tratando desesperadamente de sonar despreocupado.

"¿Qué clase de lugar?" pregunta el mayor. Sam no puede oír ningún movimiento del otro lado de la puerta.

"Ummm.. ¿un parque?"

Hay un sonido como un suspiro, luego la puerta se abre. Dean lo está mirando de la manera en que Sam espera que lo haga, ceja levantada, ojos inquisitivos, cabeza inclinada hacia un lado.

"Un parque."

"Si."

Dean casi sonríe, pero sus ojos siguen húmedos. "Así que… ¿qué?" ¿Quieres llevarme a los juegos? O tal vez estés planeando ganarte un buen premio en el tiro al blanco. No, espera... ¡lo tengo! Quieres subir al carrusel."

Sam sonríe. Tal vez no sirva, pero trata de hacerlo. Sabe que tiene que jugar bien esta carta o sino Dean se alejará y entonces no habrá nada más que hacer.

"No es esa clase de parque, Dean. Es sólo un… lindo lugar, ¿sabes? Lejos del tráfico y de todas esas cosas."

Dean le lanza una larga mirada, como si estuviera tratando de adivinar lo que se trae entre manos. "No sé, Sam…"

Se ve tan destrozado que a Sam le duele el corazón. Sí, él también se siente mal. Pero sabe que Dean lo está tomando peor.

"Vamos, Dean. Es mejor que quedarnos sentados aquí. ¿Por favor? Agrega el "por favor" porque sabe que Dean no puede decirle que no. Y tiene razón.

Dean asiente, levantando sus hombros y mirando al piso, pero finalmente dice: "Okay, lo que sea. Vamos."

Sam hace un gesto de triunfo mentalmente, y toma las llaves. "Yo conduzco," le dice. "Quiero detenerme a comprar unas cervezas primero."

"Bien." Dean no discute.

Sam detiene el Impala en el estacionamiento de grava y baja del automóvil. Desde aquí sólo se ve un montón de árboles. Pero según le ha dicho Bobby, al final del recorrido hay una vista increíble. Mira a Dean, que sale lentamente del vehículo. Sus hombros se ven tensos, su mandíbula endurecida, su mirada esquiva.

Son todos signos de que Dean no está tomando esto muy bien.

Sam espera hasta que Dean está a su lado antes de comenzar a caminar por el sendero. Está oscuro y fresco entre los árboles y respira profundamente. Dejando de lado la verdadera razón por la que están aquí, es realmente lindo alejarse un poco de todo el ruido y los olores de la ciudad.

Lleva el paquete con las seis latas de cerveza en una mano, caminando cerca de Dean como para que sus hombros se rocen con el caminar pero no tan cerca como para intimidar al mayor.

"Está lindo acá afuera ¿no?"

Dean huele el aire. "Sí. Si te gustan los wendigos."

Sam hace una mueca.

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Dean está caminando con su cabeza levantada, tratando por todos los medios de simular que está bien.

Okay Dean. Sólo respira. Ya sabes que Sam está por empezar uno de sus momentos sentimentales. Eso no significa que tengas que comenzar a llorar o algo parecido. Eres un hombre. No vas a llorar. No lo harás.

Aprieta su mandíbula más fuerte aún y mira hacia arriba, hacia donde terminan los árboles. Está viendo una puesta de sol bellísima y parpadea inclinando su cabeza.

Salen del bosque y Dean vuelve a respirar profundamente. Okay, tal vez no soy un ecologista como Sammy, pero esto es hermoso.

Cincuenta pies más abajo se ve un valle profundo, plantado con pinos. Al fondo hay un pequeño río, que parece una serpiente de plata arrastrándose lenta por entre los árboles verdes. El sol golpea esos árboles y casi casi parece una escena de El señor de los anillos, o algo parecido.

Dean oye a Sam suspirar y lo mira. Su hermano está mirando el atardecer con esa mirada ecologista que Dean conoce tan bien.

"Aún me sigue pareciendo territorio de wendigos," dice Dean sin poder resistir la tentación de hacer ese comentario.

Sam le sonríe, y Dean aleja su mirada. Si Sam sigue sonriéndole de ese modo, va a lograr que llore. Deja de sonreír, Sammy. Deja de sonreír de ese modo, con ojos comprensivos y tu cara de "Estoy aquí para ti."

Sigue a su hermano hasta el borde del mirador. Pone el paquete de cervezas en el suelo y saca dos, pasándole una a Dean. Éste acepta con mirada agradecida, abriéndola inmediatamente y dando un largo sorbo.

Se quedan parados en silencio por un largo rato, y luego Sam lo mira. Dean mira hacia el suelo. Aquí vamos. Sus ojos le queman.

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Sam se siente mejor aquí afuera. Siente que puede hablar con Dean aquí sin que se oculte ni huya de él. Aquí afuera puede construir un puente entre ellos –uno que Dean no va a querer cruzar cuando estén de regreso en el cuarto del motel.

"¿Dean?"

Mira a su hermano mientras éste mira hacia el piso, esquivando su mirada. "¿Qué?"

"Sé qué día es hoy, está bien. Sé que hace un año…" toma aire – "desde que papá murió."

Dean se sobresalta, tensando aún más sus hombros. No está mirando a Sam.

Sam respira profundamente, se prepara. "Y sé que no quieres hablar de ello… diablos.. ni siquiera yo quiero hablar de eso." Su mirada se eleva un poco al decir eso, y parpadea antes de continuar. "Quiero que sepas que estoy aquí, eso es todo."

Dean solloza, lo mira rápido, esquivo, sus ojos brillan llenos de lágrimas.

Su mirada le parte el corazón a Sam otra vez. Le gustaría poder hacer algo, quisiera poder resucitar a su padre. Pero no puede. Todo lo que puede hacer es estar aquí para Dean.

Mira a lo lejos, al valle, su parte está hecha. Oye a Dean sollozar otra vez y luego "Lo extraño, Sam."

Sam traga con dificultad a causa de la angustia antes de mirar a su hermano. Dean lo está mirando ahora, los ojos cargados de desesperación, parece que quiere –necesita- oír a Sam.

Se aleja de la baranda, mira a su hermano. "Lo sé, Dean. Yo también lo extraño."

Dean traga saliva y mira hacia el horizonte, parpadeando rápidamente. "No puedo creer que haga un año desde que él murió. No puedo creer que se haya ido durante tanto tiempo."

Sam asiente en silencio, mirando mientras Dean inclina su cabeza otra vez. Una lágrima escapa de sus ojos y rueda hacia su mejilla, pero a Dean ya no le importa, la primera es seguida inmediatamente por otras.

Sam suspira en silencio. "Ven aquí."

Se acerca y pone sus manos en el cuello de Dean, lo acerca hasta que su frente está sobre el hombro de Sam. Lo siente respirar y Sam puede asegurar que su hermano está librando una dura batalla para controlar sus emociones, pero un segundo después parece que pierde la lucha y se abraza a su chaqueta y éste podría jurar que oye un quedo sollozo. Palmea suavemente la espalda de su hermano. Siente sus propias lágrimas que ruedan por sus mejillas y se muerde el labio, fuerte.

Dean parece haber recuperado algo de su entereza, ya que unos segundos después se frota los ojos y mira hacia el horizonte.

Sam decide darle a su hermano unos momentos para que se recomponga y se sienta en un banco,detrás de él, tomando su cerveza. Se imagina que Dean va a mantenerse alejado por un rato hasta que vuelva a ser el duro de siempre, pero un segundo después Dean se sienta a su lado, con un suave suspiro.

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Se sienta lo suficientemente cerca como para que sus hombros se toquen, tomando fuerzas de ese contacto con su hermano.

Sam ríe de pronto, y Dean salta de tan sorprendido que está.

"¿Sabes qué estaba pensando?" le dice sonriendo.

Dean no puede imaginar siquiera lo que le causa tanta gracia al menor, así que pregunta: "¿Qué?"

"¿Te acuerdas cuando hubo una gran tormenta de nieve, y tuvimos que estar en ese motel por décadas? ¿En Michigan? Creo que tenía diez años." Los ojos de Sam están brillando.

"Si… yo tenía catorce." Recuerda Dean, sin entender aún qué es lo que le parece gracioso a su hermano.

"Y jugamos poker," Sam ríe otra vez, "y le ganaste cada partido. Y él no podía creer que fueras tan bueno en ello."

"Porque había pasado semanas jugando contigo, luego de que él me enseñara," dice Dean. "Mientras esperábamos que volviera de las cacerías." Y de pronto él sonríe. Puede ver la cara de su padre, claramente en su cabeza, esa mirada totalmente asombrada – y orgullosa- luego de que Dean le ganara nueve veces en una tarde. Recuerda la emoción de vencer a su padre en algo en lo que él era muy bueno, y la emoción de las miradas con Sam mientras su padre seguía asombrado.

Pero sobre todo recuerda cuán feliz se sintió al saber que su padre estaba tan orgulloso de él.

Cómo su padre se había parado, había revuelto su cabello y había dicho: "Buen trabajo, hijo."

Ahora él mira a Sammy. Sus ojos aún están brillantes, pero ya no por las lágrimas y Dean se da cuenta que él también ha dejado de llorar.

Si, se siente como la mierda. Y si, extraña a su padre tanto que duele. Ni siquiera puede pensar en un modo de expresar cuánto le hace falta John.

Pero haber recordado los buenos momentos ha ayudado bastante.

Y la cuestión es, que hace un año, cuando su padre murió, él pensó que para cuando se cumpliera un año de su fallecimiento, Sam se habría ido. Y creyó que iba a estar solo otra vez. Sam iba a regresar a la escuela o tal vez -es duro pensarlo aún ahora- se iba a transformar en otra persona a causa de la sangre de demonio. De cualquier modo, estaba seguro de hallarse solo para enfrentar la vida luego de la muerte de su padre.

Pero no lo está. Sam sigue a su lado. Sam sigue siendo su ancla, su hermano. Su tabla de salvación. Y él también extraña a su padre y este momento –aquí y ahora- es algo que Dean no cambiaría por nada del mundo.