Hey! Solo paso por aquí a dejar el segundo capítulo antes de irme a dormir porque mañana me toca levantarme muy temprano.
Han sido días pesados pero buenos, ¿qué puedo decir? No me quejo.
No tengo mucho qué decir, salvo que espero que disfruten este capítulo. Solo adelanto que la intensidad :p de estas situaciones irá aumentando poco a poco.
La canción de este capítulo es Whataya want from me, de Pink. Me encanta esa canción, además me agrada la idea de lo que significa; estar tan messed up (¿afectado? ¿lastimado? ¿jodido?) por culpa de alguien que necesitas tomarte un tiempo para poder arreglar tus sentimientos… bueno, no quiero extenderme mucho. Si la quieren escuchar, disfrútenla.
Disc. RotG ni The Guardians me pertenecen, yo solo escribo esto sin fines de lucro.
Sin más que agregar, los invito a leer :)
Erase my scars
Capítulo 2: Las labores de un esclavo personal
Jack se concentró en las formas del mármol que recubría el suelo. Parecían pequeñas serpientes doblándose y enredándose unas con otras. Cuando finalmente escuchó el ruido de la pesada puerta de madera abriéndose, y las cortinas que la cubrían por dentro se corrieron suavemente por el suelo, Jack las escuchó moverse apenas, y se resistió a levantar la vista.
Se quedó mirando sus pies, envueltos en los zapatos de trabajo que lucían algo desgastados en comparación de la semana anterior, a pesar de que se había esforzado en limpiarlos todos los días antes de dormir. El trabajo de un esclavo puede ser muy duro, pero de cualquier forma Jack no estaba en ningún modo acostumbrado a una vida cómoda o de lujos.
El pesado caminar que se escuchó en la habitación lo puso alerta otra vez.
Esperó una indicación o una orden mientras escuchaba los pasos fuertes y graves. Pero pasaron de largo, y luego los escuchó a su espalda.
-¿Preparaste mi baño?
-Sí.
-Bien. Ten lista mi ropa limpia.
Eso fue todo lo que Jack escuchó antes de oír abrir y cerrar la puerta del cuarto de baño. Una vez que esto pasó, hubo silencio completo.
Tuvo un par de segundos para pensarlo antes de levantar la mirada otra vez y darse la vuelta. Efectivamente, la puerta estaba completamente cerrada.
Volteó a ver hacia la cama, donde ya había acomodado antes las piezas de ropa cómoda que el gladiador iba a usar para la cena. Era más bien una especie de túnica y unos pantalones, además de las sandalias sencillas que todos usaban cuando solo se quedaban en casa. A parte de alistar esto, Jack no sabía cuánto podía tardar su nuevo amo en bañarse, ni lo que había que hacer mientras tanto.
Toothiana lo había aleccionado para que ayudara al hombre incluso en su aseo personal, pero ya que su presencia no había sido requerida no se había querido arriesgar a hacerse más notorio en este lugar. Por otro lado, según le había dicho ella, era necesario que siempre estuviera al pendiente de las necesidades de su amo. ¿Qué tal si ahora resultaba que había hecho algo mal? ¿Qué tal si este sujeto esperaba que entrara a ayudarlo por cuenta propia?
Jack jamás hubiera pensado que algo tan sencillo pudiera ponerlo en tal predicamento.
Ahora tenía miedo.
Sin embargo, decidió que no podía dejar que el miedo actuara por él. Actuaría como si nada. No podía ser difícil.
Pero mientras tanto, no tenía idea alguna de qué podía hacer por sí mismo. Se sentía, más que asustado, intranquilo, como si hubiera demasiada energía al mismo tiempo en todas partes de su cuerpo, moviéndose, y él no supiera cómo ponerla a funcionar.
Se preguntó vagamente cuánto tiempo tardaría el baño. Mientras tanto, tenía que esperar. Era lo único que le quedaba por hacer.
No tuvo que esperar mucho, realmente; la puerta se abrió detrás de él, y Jack se quedó de pie donde estaba. La decisión que tenía que tomar ahora era rápida y supo entonces qué era lo que tenía qué hacer; ser lo más servicial y atento que le fuera posible.
Cuando escuchó de nuevo la otra puerta abrirse y los pasos tras él, se dio la vuelta sin levantar la cabeza, de la manera más suave y delicada que le era posible. Tenía una imagen qué dar…la más inofensiva que pudiera mostrar ante este hombre. Tenía que tener cuidado. Se acercó lentamente. Sus manos, juntas al frente de su cuerpo; su cabeza agachada mirando hacia el suelo.
-¿Puedo ayudarle?
En el suelo, la enorme pieza de tela con la que el gladiador se cubría, arrastraba, cubriendo sus piernas y sus pies.
-No. Lo haré solo, no te preocupes.
Jack se alejó un par de pasos hacia atrás.
Se dio un momento para apreciar el aire tibio que entraba por la ventana. El verano estaba en su punto más caliente e incluso las noches eran terriblemente calurosas. Las gotas de agua en la piel de su amo parecían evaporarse y generar un calor mucho más pesado cerca de él.
Observó de reojo cómo se vestía y se calzaba. Luego lo observó moviéndose, caminando por la habitación.
Después se sorprendió cuando una imagen que ya había vivido antes volvía a presentarse frente a sus ojos; una mano que subía hasta su barbilla y lo obligaba a elevar su mirada, aunque en realidad estuviera aterrado de hacerlo.
-En mi presencia, no agaches la cabeza. No quiero que te portes como todos los esclavos.
Jack asintió, aun dejando que la mano mantuviera elevado su rostro, pero aún sin dejar que sus ojos se posaran sobre él.
-Mírame cuando te hable.
Jack aguardó un segundo antes de permitir que sus ojos se deslizaran, bajando del techo, donde estaban concentrados hasta el momento, hasta encontrarse con el rostro del gladiador.
No hubiera sabido como describirlo en ese momento. Lo primero que llamó su atención fueron sus ojos, que lo miraban fijamente de un modo inquietante. Sentía como si lo estuviera desnudando con la mirada, pero no con lascivia, sino de un modo frío e indiferente. Eran verdes, pero aún con los reflejos de las lámparas de la habitación, tenían demasiada frialdad.
La sensación que daban esos ojos era que su mirada podía tocarlo. Los sentía deslizándose de su frente, hacia su barbilla, y sus labios. Sus labios. Los sintió secos y tibios, pero al contacto de esos ojos parecían humedecerse.
Tenía que admitir que de todos los gladiadores que había conocido en este lugar, éste era probablemente el menos desagradable a la vista, al menos entre los que había podido observar con un poco de detenimiento. Tenía facciones fuertes y su expresión era dura y centrada. Jack se encontró a sí mismo pensando en que era bastante…¿cuál sería la palabra? Guapo…lindo… apuesto… ¡No! ¡No podía pensar algo así, ¿qué rayos le pasaba en la cabeza?!
No…definitivamente no. Aunque podría describirlo como…atractivo, en cierto modo, daba miedo. Pero al mismo tiempo, no. Por algún motivo, quizás porque al fin podía ver su rostro, Jack se sintió tranquilo. Respiró profundo y luego dejó salir la respiración, largamente, como para relajarse un poco más. La mano finalmente dejó su barbilla.
-Vamos a cenar-, ordenó su amo. Jack lo observó cuando comenzó a caminar hacia afuera de la habitación y se dio tiempo para apreciar lo diferente que se veía con esta ropa, mucho más relajada y cómoda, en comparación a cómo se veía con la ropa que regularmente usaban tanto para los entrenamientos como para las peleas.
Los gladiadores eran, después de todo, personas.
Jack lo siguió en silencio, esperando cualquier indicación. Llegaron al comedor, que estaba casi vacío, la mayoría de los gladiadores había cenado ya. Su amo se sentó en una silla desocupada, y le hizo una seña a una esclava que estaba cerca. Jack se mantuvo a su lado todo el tiempo, pero no escuchó bien que fue lo que le dijo a la muchacha, porque le habló en voz realmente baja.
No pasó mucho tiempo antes de que esa misma esclava volviera, con un pequeño banquito de madera que colocó a lado de la silla donde estaba el amo de Jack. Éste se volvió hacia él.
-Siéntate.
Jack así lo hizo.
Jack nunca se había sentado a la mesa. No era costumbre de ningún esclavo en ninguna parte hacer esto, aunque cierto era que no estaba necesariamente ocupando un lugar privilegiado; estaba sentado muy cerca de su amo, y el banquito en el que estaba hacía que apenas pudiera alzar sus brazos sobre la mesa.
Pronto trajeron la cena de Aster, y junto con ella, un pequeño plato también para Jack, con las proporciones habituales para un esclavo, es decir, nada que ver con los festines que disfrutaban los gladiadores que eran los amos y señores de este lugar. De cualquier forma, esta situación fue demasiado confusa para él. Un esclavo nunca come al mismo tiempo que su amo.
-Pásame la sal.
Jack se alzó encima de la mesa como pudo y tomó el pequeño recipiente de sal que estaba más allá. Lo depositó cerca de él. El hombre lo tomó sin voltear a ver a Jack, saló su comida y devolvió el recipiente a la mesa. Jack no comenzó a comer hasta que se aseguró de que su amo no le iba a solicitar nada más. Estaba tratando de procesar el trato que estaba recibiendo. No estaba seguro de que esto fuera algo normal, pero ya que nadie le había dicho nada, asumió que estaba todo bien y que solo debía esperar a seguir recibiendo instrucciones.
Él terminó primero, y esperó a que su amo terminara de cenar también. Cuando observó el plato vacío, se puso de pie y lo tomó, pero casi tan rápido, el gladiador lo detuvo.
-De eso se encargarán otros. Tu ven conmigo.
Jack se quedó de pie donde estaba y observó a su amo incorporándose también. Cuando este comenzó a caminar fuera de la habitación, lo siguió de cerca, siempre viendo hacia el piso para no encontrar su mirada con la de ningún gladiador. Al menos ese cuidado tenía que tener; aunque su amo fuera permisivo en ese aspecto, no podía tener las mismas libertades con otros y de eso estaba muy consciente.
El camino hasta la habitación fue quieto y tranquilo. Al abrir la puerta, Jack retiró las cortinas y permitió que la puerta pesada se cerrara tras él mientras su amo se internaba en el cuarto y se acercaba al sillón. Jack se quedó de pie esperando otra indicación, pero entre otras cosas, se sintió terriblemente perturbado por la forma en que el sujeto lo miraba; en silencio, atentamente. Luego, él levantó su mano y le hizo una seña, indicándole que se acercara. Jack caminó hacia él.
Cuando estuvo de pie frente a su amo, éste volvió a echarle una mirada de la cabeza a los pies.
-¿Cuál es tu nombre, esclavo?
Jack se mordió los labios, pero se esforzó en contestar rápido.
-Me llamo Jackson Overland. Siempre me han llamado Jack.
El gladiador esperó unos segundos antes de asentir.
-Bien. ¿Cuánto tiempo has sido esclavo?
-Toda mi vida, señor. Pero nunca he sido esclavo personal antes.
El gladiador hizo una media sonrisa.
-Contestas más de lo que se te pide, ¿es algo usual en ti?
Jack bajó la mirada súbitamente, avergonzado por haber sobrepasado los límites permitidos.
-No te avergüences. No tienes que cohibirte en mi presencia. Habla todo lo que quieras.
De cualquier forma, Jack no se animó a decir una palabra más.
Repentinamente, sintió la mano de su amo sobre su muñeca. Él lo jaló un poco más hacia su propio espacio personal. Jack se quedó helado. Los dedos subieron por su brazo desnudo. Eran rugosos, secos y calientes. Le causaron un estremecimiento cuando llegaron por encima de su codo y las yemas se internaron suavemente en el interior de su brazo. Jack retrocedió de golpe. Respiró profundo y cerró los ojos, esperando un regaño, un castigo o incluso un golpe.
Es que nunca nadie lo había tocado así. Nunca había trabajado bajo condiciones semejantes.
Cuando se atrevió a abrir los ojos, el gladiador continuaba mirándolo, más que con enojo, con curiosidad. Jack se quedó quieto, esperando. El gladiador se inclinó hacia adelante, apoyando firmemente los codos en sus rodillas.
Luego de contemplarlo en silencio por un buen rato, se puso de pie. Jack no se movió ni un poco de donde estaba, aunque el miedo lo invadió de pies a cabeza cuando comenzó a rodearlo y volvió a sentir su mirada, con ese poder extraño que tenía al deslizarse por su piel.
Sintió algo pesado en su cadera. Las manos posándose a cada lado, sujetándolo e impidiendo cualquier movimiento que pudiera si quiera pensar en hacer. Su amo ahora estaba de pie tras él, hablando contra su oído.
-Espero que comprendas esto, Jack. Pagué bien por ti, tú me perteneces ahora-, Jack respiro profundo, y esperó-. Me debes respeto, y obediencia, ¿comprendes?
Jack asintió, atrapado como se sentía, aterrado. Su cuerpo temblaba de arriba abajo y no se había dado cuenta de ello hasta ahora.
Pronto se vio libre del despiadado agarre, y se sintió confundido, pues había esperado algo más. Estaba preparándose mentalmente para cualquier cosa, y quizás por eso, ahora que se encontraba libre, el miedo no había cedido del todo y en realidad, parecía haberse concentrado dentro de su ser sin permitirle respirar. Era como esperar un golpe que no llega, pero que lo dejaba en una expectativa preocupante y dolorosa.
-Aprenderás con el tiempo- lo observó acercándose a la cama y descalzándose-, por ahora, ve a dormir.
-¿N…necesita algo más?
-No. Solo recuerda que debes venir mañana a primera hora.
Jack asintió, bajó la cabeza y salió de la habitación a toda velocidad.
.
.
.
Llevaba un rato recostado en su cama intentando dormir. En realidad, tenía la sensación de que no le sería tan fácil.
Cuando se hizo consciente de la presencia de dos chicas a lado de su cama, volteó a verlas y se incorporó lentamente. Ellas se habían sentado en la orilla, y lo miraban con expectación. Una de ellas era morena, y la otra era rubia. Ambas eran bonitas y Jack había hablado con ellas antes, pero no se había dado tiempo de familiarizarse con ellas antes.
- ¿Estás bien?- preguntó la morena extendiendo su mano hacia él y posándola sobre su rodilla flexionada. Jack suspiró.
-¿Porqué no iba a estarlo?- preguntó más bien con indiferencia, y la otra chica se inclinó un poco hacia él.
-Supimos que te pidieron como esclavo personal. Puede ser algo muy… intimidante.
Jack asintió, sin dar realmente ninguna señal de que esto fuera importante de manera alguna para él.
-¿Quién es tu amo?
-Se llama…Aster. No lo había visto hasta hoy.
No quiso mencionar para nada la sensación que le había provocado; el miedo, la ansiedad, la expectación. Era demasiado perturbador para pensarlo. Él había creído que tratar con un gladiador podía ser sencillo, pero en el momento clave, se había congelado; lo había hecho temer.
Las chicas se miraron un momento en silencio, y finalmente la rubia asintió.
-Lo conozco un poco…no es malo. Nunca he sabido que maltrate a un esclavo. Y de hecho es muy bueno luchando, no he sabido que lo hayan vencido desde que estoy aquí.
La otra asintió, y se acercó un poco más a él sujetándolo suavemente del hombro.
-¿Debería estar contento por eso?
-No, no es…-las chicas se miraron entre ellas un momento. Jack tenía entendido que eran hermanas, a pesar de ser tan distintas. Eran como un sistema de engranes coordinado, una completaba lo que la otra quería decir, y cuando no sabían que decir se miraban como si se leyeran las mentes. A él le hubiera gustado mucho tener tanto apoyo de alguien en este lugar, o en cualquier otro lugar donde hubiera estado antes.
-Lo que las niñas han tratado de decirte es que no pareces estar viendo todos los beneficios que esto te traerá, chiquillo-, la que hablaba ahora era una mujer mayor. La conocía como una de las "líderes", alta, corpulenta, morena y maciza, las mujeres la respetaban y los hombres se quedaban pasmados ante su visión-. Si aprovechas al máximo la situación, solo puede ser favorecedora para ti. Es menos trabajo y más comodidad. Además, si te ganas el aprecio de ese hombre, podrías terminar teniendo mucho más de lo que cualquier esclavo se atrevería apenas a soñar. No es momento de que te quedes aquí lloriqueando sino de que veas lo que puedes hacer con lo que has recibido.
Pronto, Jack se dio cuenta de que había muchos ojos- demasiados ojos- sobre él. Sentía el peso de su expectación sobre su ser. No estaba seguro de qué era lo que esperaban.
-¡Ya fue suficiente, todos a dormir!-se escucha una voz en todo el dormitorio, y los esclavos fueron todos a sus camas. Jack esperó a que los que lo rodeaban se fueran antes de acostarse y hacer todo lo posible por dormir.
A decir verdad, las palabras de esas mujeres retumbaban en su cabeza con fuerza. El cansancio de las emociones del día terminó por vencerlo, y se entregó al dulce sueño con facilidad.
.
.
.
Al día siguiente, mientras todos se preparaban para sus labores diarias, la señora ya esperaba a Jack en la puerta de la habitación de esclavos.
Le había costado trabajo ponerse de pie, y aun después de haber abierto sus ojos, se encontró con que era aún más difícil de lo que pensaba darle forma a la idea y aceptar lo que había ocurrido el día anterior como un hecho en su realidad. Tuvo que despejarse por completo cuando vio a la mujer ahí parada mirándolo fijamente y llamándolo con una de sus manos.
Jack se puso de pie como pudo, se acercó a ella, y ella lo tomó del brazo.
-Rápido, hay mucho que hacer.
Se dirigieron a toda velocidad a la habitación del gladiador. Jack no comprendía porqué, hasta que llegaron ahí y ella lo dirigió casi empujándolo al cuarto de baño.
-Aséate. Usa las esencias y no tardes mucho.
-Pero…
-No preguntes.
Jack se quedó de pie, estático, sin saber qué hacer. Finalmente, optó por desnudarse y utilizar la regadera. El agua estaba tibia aquella mañana calurosa, y resultó agradable para su piel. Tomó una botella de esencia y sin verificar ni qué aroma era, la dejó caer suavemente sobre su cabello húmedo. Sintió un poco de espuma en su cabello y en su piel. Finalmente tomó una esponja y talló su cuerpo en toda su extensión.
Se envolvió en una toalla y salió.
Cuando entró a la habitación, la mujer lo esperaba con una expresión de evidente ansiedad en el rostro. Había dos esclavas con ella, y sobre la cama había una caja de madera.
Se acercó a paso lento e inseguro, y cuando llegó a donde estaban ellas, abrieron la caja y le mostraron su contenido.
-¿Qué…es esto?
La señora quitó unas telas que cubrían la parte superior de la caja, y sacó de ella una túnica color azul marino hecha de una tela sedosa y vaporosa. Jack observó que también había un par de sandalias hechas de un material de apariencia fina y cómoda.
-Vístete.
Algo inseguro, Jack tomó la túnica y se la puso por encima de la toalla, pues no tenia ropa interior aún. Cuando estuvo cubierto por la túnica, se quitó la toalla y la dejó a un lado. Tomó la ropa interior y se la puso por debajo de la túnica.
-Va muy bien con tu tono de piel-, comentó la chica de apariencia más dulce-. Ahora tu cabello.
-¿Qué está pasando?
Las chicas comenzaron a peinar su cabello utilizando cremas y aceites. No le dieron tiempo de respirar. Cuando terminaron con su cabello, le empolvaron la cara con una borla blanca y brillante y luego pasaron un pincel por sus labios, dejando en ellos una sensación húmeda y suave. Jack no sabía qué estaba pasando exactamente, pero esperó. Lo rociaron con perfumes y untaron sus piernas y sus brazos con una crema acuosa que dejó su piel luciendo húmeda, y bastante suave al tacto. Lo hicieron sentarse en la cama y entre las tres le pusieron dos tobilleras plateadas, una en cada pie, le calzaron las sandalias y finalmente le pusieron dos brazaletes, también plateados, uno en cada muñeca.
Lo hicieron caminar hacia un espejo de cuerpo completo y lo dejaron ahí de pie.
En efecto, el color de la túnica contrastaba con su piel…sus labios se veían más rosas, además, veía un reflejo brillante sobre sus mejillas. Su cabello lucía suave. Nunca en su vida se había visto a sí mismo así. Se tuvo que tocar el rostro para asegurarse de que era él mismo. Se sentía extraño…diferente.
-¿Por qué…?- bajó la mirada-, no necesito verme así para limpiar.
-Aster pidió que lo acompañaras el día de hoy… solo va a entrenar un rato por la mañana, y va a pasar el resto del día aquí. Quería que te vieras bien y nos encargó prepararte.
Jack podía jurar que el color había subido a sus mejillas. La señora respiró profundo y luego soltó la respiración.
-Niñas…váyanse. Me quedaré a hablar con Jack un momento.
Ellas hicieron una pequeña inclinación y salieron de ahí. Parecían estar muy contentas con el resultado de su trabajo, pues no dejaban de lanzar miradas hacia Jack y reír entre ellas. En cuanto se encontraron solos, la mujer se sentó en la cama, al lado de Jack.
-¿Ocurre algo? Te noto decaído. Estás muy diferente a cuando llegaste aquí, tan animado y lleno de energía.
Jack no cambió su expresión a pesar de estas palabras, que la mujer había pronunciado de manera jovial, como si quisiera sacarle una sonrisa. Al no recibir respuesta, ella dejó salir un suspiro lleno de exasperación.
-Jack… no hay forma de que esto cambie, ¿de acuerdo? Eres un esclavo, esto era algo que podía pasar en cualquier momento de tu vida. Por favor compréndelo.
Jack siguió sin contestar, y la mujer le sujetó el rostro con una mano, suavemente, como si intentara confortarlo con su toque.
-¿Jack?- insistió ella-, debes esforzarte por hacer las cosas bien. Puedes sacar provecho de esto, intenta que salga todo de la mejor forma que puedas, ya te lo dije, no va a cambiar, no es algo de lo que puedas salirte, ¿comprendes?
La expresión de Jack se endureció.
-Entonces voy a escaparme.
No lo pensó realmente, solo lo dijo. Fue un deseo que surgió desde el interior de su mente y de su corazón y salió de sus labios sin que él tuviera control sobre ello. Cuando se hizo consciente de que esas palabras realmente habían salido de sus labios, volteó a ver a la mujer, bastante sorprendido de sí mismo. Ella lo veía con igual sorpresa.
-Yo…- comenzó a tartamudear. La mujer alzó su mano frente a él, evitando su intento de hablar.
-No…no digas más. Jack, no pareces estar consciente de tu situación actual. Si vuelves a pronunciar algo así en mi presencia, puedo hacerte castigar. ¿Comprendes?
Jack asintió pesadamente, y observó mientras ella se ponía de pie.
-Bien, ahora haz la cama y prepara la bañera para cuando Aster venga. No creo que tarde más de una hora.
Jack volvió a asentir, y se mantuvo quieto mientras ella salía de la habitación.
Cuando estuvo fuera y Jack se encontró solo finalmente, se ocupó en arreglar la cama. No tardó demasiado, lo más difícil de esa tarea, si es que de verdad era algo difícil, era la parte de organizar los múltiples cojines para que se vieran armoniosos. Luego de verificar que todo en la habitación estuviera en orden, entró al cuarto de baño.
.
.
.
El agua caliente estaba lista. Vertió en ella algunas esencias y pronto un vapor aromático comenzó a llenar el cuarto de baño. Jack se aseguró de que hubiera toallas limpias y luego salió a la habitación. Preparó algo de ropa limpia, y verificó el cesto donde estaba la ropa sucia del día anterior.
Se aproximó al rincón junto a la cama donde se encontraban las tres cuerdas que se usaban para llamar a los distintos servicios de la casa. Sujetó el que llamaba a la lavandería y jaló suavemente, inseguro. Nunca pensó que estaría de este lado del servicio, pero necesitaba sacar esa ropa y no sabía realmente si era libre de dejar la habitación una vez que se encontrara dentro.
La puerta se abrió en poco tiempo. El esclavo que apareció ante él lo miró confundido un momento, pero luego optó por hacer una inclinación. Jack no sabía muy bien qué debía hacer ahora, así que decidió continuar con su tono humilde de esclavo, haciendo también una pequeña inclinación.
-No debo dejar la habitación de mi amo. Por favor, llévese esto y mande a alguien a traérmelo de regreso cuando la ropa esté limpia.
El esclavo tomó el cesto, hizo una inclinación más y se dio la vuelta para salir de la habitación y dejarlo solo otra vez.
Jack se quedó un momento de pie, y finalmente observó la puerta cerrarse. Solo entonces se sentó en el sillón a esperar.
No pasó demasiado tiempo cuando observó que la puerta se movía. Se puso de pie a toda velocidad y se quedó en medio de la habitación, esperando.
Ante sí entonces apareció otra vez el gladiador.
-Buenos días. Espero que su entrenamiento haya ido bien-, expresó, esta vez recordándose a sí mismo no agachar la cabeza. El gladiador caminó a través de la habitación, apenas mirándolo, y abrió la puerta del cuarto de baño.
-No estuvo mal-, expresó con indiferencia-, espero que Toothiana te enseñara a dar un buen masaje.
Jack se mordió los labios antes de voltear hacia él y seguirlo con pasos rápidos, aunque un poco inseguros.
-¿Qué necesita?
El gladiador no contestó. Jack lo observó un momento y apartó la mirada cuando cayó en cuenta de que se estaba quitando la ropa para entrar en la bañera. Esperaba no haberse sonrojado, pero de ser posible, este pensamiento lo inquietó todavía más.
Escuchó el sonido del agua cuando el cuerpo de su amo se internó en la bañera, y luego, lo escuchó a él emitiendo un sonido de satisfacción, un gruñido fuerte y profundo, como el de una bestia. Su piel se estremeció.
-Ven acá.
Jack caminó lentamente al interior del cuarto de baño. El gladiador había dejado salir sus brazos, que ahora descansaban a los lados de la bañera. Su cabeza estaba recargada hacia atrás. El esclavo apreció un momento, no sin algo de miedo, lo fuertes que se veían esos brazos. Su amo no era monstruosamente musculoso, como otros gladiadores que había visto; era muy fuerte, sí, pero también parecía ágil, veloz, flexible. Eso no cambiaba que fuera algo imponente.
-¿Qué esperas?- Jack se acercó lentamente, inseguro de lo que debía hacer a continuación-, me duelen los hombros. Hazte cargo.
Jack respiró profundo, preparándose mentalmente antes de dar los siguientes pasos. Finalmente, llegó a colocarse a espaldas de la bañera, acomodándose detrás de su amo. Éste seguía con la cabeza reclinada hacia atrás; sus rasgos quietos y pacíficos, casi podía decir que lucía relajado y tranquilo. No así Jack.
Posó sus manos suavemente sobre los hombros del gladiador; lo primero que notó fue como sus manos blancas se veían pequeñas y excesivamente delgadas contra esos hombros grandes, marcados y bronceados. Al intentar hacer presión, cualquier tipo de presión sobre esos músculos con sus dedos…vaya, era como si hubiera intentado presionar una piedra. Se sorprendió de la forma en que su debilidad quedaba evidenciada en una manera que él mismo no hubiera esperado para nada.
Con todo, decidió darle un poco más de fuerza a sus manos, presionando con sus pulgares sobre su nuca y usando el resto de sus dedos para intentar suavizar aquellos músculos. Tomó un poco de crema para ayudar a disminuir la molesta fricción, y se sintió aliviado cuando se dio cuenta de que funcionaba perfectamente.
-Podría… ¿podría por favor inclinar su cabeza hacia adelante?
El gladiador atendió a su petición, y cuando los dedos siguieron viajando por su espalda, hubo un nuevo gruñido de aprobación. Jack supuso que se debía a que estaba haciendo un buen trabajo, así que continuó.
Sus manos viajaron haciendo círculos pequeños hacia sus brazos; se detuvo en el lugar donde la espalda hacía contacto con el agua.
-Ayúdame a lavarme el cabello.
Jack se apresuró a tomar el jabón para cabello. Eligió uno de un olor que le recordaba vagamente al bosque. Vertió un poco en sus manos y luego las llevó a los costados del cuello de su amo, subiendo lentamente.
Se concentró en masajear el abundante cabello oscuro, y aprovechó su presencia ahí para hacer con sus dedos pequeños círculos en las sienes y en el nacimiento de la frente, como la señora le había sugerido. Escuchó la respiración del hombre cambiar a una mucho más pesada, y una sensación indescriptible de felicidad y tranquilidad de haber hecho un buen trabajo.
De pronto las manos del gladiador subieron hasta las suyas. Lo detuvo.
Jack se sintió atemorizado por un momento, temiendo haberse equivocado de alguna forma. Pero su amo solo se limitó a tomar una de sus manos y atraerlo hacia un lado de la bañera. Jack se movió, obedeciendo al gesto de su amo. Una vez que estuvo completamente a la vista del gladiador, se sintió obligado a agachar la cabeza otra vez, pero hizo lo posible por convencerse de no hacerlo, tomando en cuenta su advertencia del día anterior. Con todo, era en extremo difícil soportar con calma el poder de aquella mirada sobre él.
El gladiador no mostró ningún tipo de expresión en su rostro que evidenciara aprobación o desaprobación. Jack se quedó ahí de pie unos segundos, soportando su mirada y de vez en cuando dejando que sus ojos se encontraran.
-Retírate. Prepara mi ropa limpia.
-Sí, señor.
Jack se dio la vuelta y salió del cuarto de baño rápidamente. Apenas estuvo afuera, tomó una respiración profunda y ansiosa. Por un momento, había sentido como si no hubiera nada, absolutamente nada de aire dentro de su cuerpo.
Se apresuró a preparar la ropa limpia de su amo, pero pronto recordó que eso ya lo había hecho antes así que se limitó a esperar, solo que mientras estaba en eso se dio cuenta de que la jarra de agua estaba vacía. Jaló la cuerda de servicio de la cocina y esperó unos segundos, realmente angustiosos, hasta que un esclavo de la cocina apareció por la puerta. Al ver a Jack, este esclavo hizo una reverencia al igual que el que había venido antes de la lavandería, lo cual lol puso bastante incómodo, pero trató de ignorarlo. En cambio, se apresuró hacia la jarra y se la dio.
-Por favor, trae agua fresca y aperitivos-, le pidió-. No tardes.
El esclavo hizo una reverencia más y salió de la habitación a un paso tan tranquilo que a Jack le dieron ganas de darle un empujón para que se apresurara.
Le dio un último repaso a la habitación para asegurarse de que todo estuviera en orden, y unos momentos después el esclavo regresó con lo que le había pedido.
Jack recibió la jarra y los aperitivos y los llevó a la mesa. Le agradeció al esclavo y le indició que se retirara.
Cuando finalmente todo estuvo listo, tomó el lugar donde ya le era habitual esperar de pie, tomó una respiración profunda y descansó sus manos de la manera más relajada que pudo al frente de su cuerpo.
Como si con una sincronización perfecta, en ese momento el gladiador salió del cuarto de baño y entró a la habitación, y entonces Jack pudo observarlo como no lo había visto la noche anterior; la larga túnica que usaba para cubrirse después del baño colgaba de su cintura de una manera apenas exacta, mientras las gotas de agua aún se deslizaban por su pecho y sus brazos. Su cabello goteaba ligeramente sobre sus hombros, y había algo de fuerte en el su caminar distraído mientras se dirigía a la cama, donde Jack había colocado su ropa.
Jack apartó la mirada de inmediato cuando se dio cuenta de que la túnica caía de su lugar. Percibió apenas por la periferia de su mirada cuando su amo se vestía con la túnica, los pantalones y las sandalias. Cuando al fin creyó que levantar la mirada era seguro, lo observó caminar hacia la mesa.
Ahí, dándole la espalda, comenzó a servirse agua en la bella copa de metal que había llamado la atención de Jack el día anterior.
-Señor, yo…
Iba a sugerir que él mismo le serviría de beber, pero su amo volteó la cabeza hacia él en un movimiento rápido que lo sacó de balance por un segundo. No volteó por completo, apenas el costado de su rostro como si estuviera en extremo molesto. Pero eso fue suficiente para que Jack prefiriera callar.
-No te molestes. No necesito que hagas todo por mí.
Jack se quedó en silencio, y lo observó mientras bebía el agua. Tomó un bocadillo y lo comió rápidamente antes de beber un poco más de agua. Repitió esto un par de veces más. Cuando pareció estar satisfecho, tomó agua por última vez y volteó a ver a Jack.
-¿Tú no piensas comer nada?
Jack no supo qué responder. El gladiador se dio la vuelta y lo miró. Su expresión se veía ya mucho más suave.
-Contesta mi pregunta. ¿Ya desayunaste?
Jack se dio cuenta entonces de que probablemente ya los esclavos habían consumido al menos algún refrigerio, él en realidad no había pensado en ello hasta ahora que su amo le preguntaba.
-No, señor. Primero quisiera saber cuáles son mis órdenes para trabajar con usted. No quisiera incomodarlo.
Jack había recibido todo tipo de indicaciones de parte de la señora, pero su amo no le había dicho demasiadas cosas salvo un par de órdenes. Hasta el momento, además, estas habían sido totalmente circunstanciales; no bajar la mirada en su presencia, ayudarle a lavarse el cabello, el masaje…pero no le había indicado qué quería que hiciera durante el día, si quería que tuviera preparado algo en específico para su llegada; si había días en los que permanecía en su habitación y en cuyo caso, qué se suponía que hiciera él en días como éste, precisamente.
¿Podía salir de la habitación en algún momento y recorrer los pasillos de la Casa como los otros esclavos, o tenía que depender siempre de las cuerdas?
¿A qué hora podía ir por su propia comida? ¿Podía usar todos los días el cuarto de baño de la habitación como lo había hecho hoy? ¿Tenía que usar siempre ropa como la que le habían dado el día de hoy?
Jack no estaba seguro de que fuera correcto hacer todas estas preguntas. Evaluando su situación, decidió arriesgarse un poco.
-¿Tiene indicaciones qué darme? Quisiera saber qué puedo y qué no puedo hacer. ¿Qué es lo que espera de mí?
A Jack le sorprendió darse cuenta de que las palabras habían salido de su boca de una forma mucho más firme de lo que hubiera esperado. Aún así, su amo lo miró fijamente un momento, como evaluándolo.
- ¿Te preocupa no hacer bien tu trabajo? Qué curioso. Los esclavos no suelen estar tan ansiosos por servir.
-He recibido suficientes castigos en el pasado. Si espera que haga cosas que no puedo hacer, quizás será mejor que se deshaga de mí antes de que le cause algún problema.
Se midieron con la vista durante unos momentos. Jack no podía entender de donde habían salido aquellas palabras, o quizás, más bien, no quería considerarlo. En el fondo, él sabía que cuando tomaba esa pose, un poco más segura y determinada, era porque muy, muy probablemente, estaba muriéndose de miedo.
El gladiador caminó hacia la cama, lentamente y sin dejar de mirarlo. Parecía que lo evaluaba a cada momento. Si el día anterior Jack había percibido apenas una pizca de empatía de su parte sintió que se desvanecía por completo ahora.
-Si lo que quieres es saber qué espero de ti, bien, te lo diré-, se sentó a la orilla de la cama y levantó la cabeza de una manera firme y altiva-. Todo lo que espero es que mantengas este lugar limpio, que seas de ayuda y que no me hagas desear echarte de mi presencia. Mientras puedas ser útil y no me resultes molesto, todo estará bien. ¿Te parece algo difícil?
Jack se mordió los labios un momento y frunció el ceño.
-Le ruego que sea más claro-, insistió, aun sabiendo que podía tener problemas-, ¿cómo voy a ser útil si no me dice qué puedo hacer por usted? ¿Qué se supone que haga, adivinar todos sus gustos? ¿Intentar leerle la mente?
Llegado a este punto, Jack se obligó a callar súbitamente. Estaba ganándose que el amo lo despreciara, por un lado, y por el otro lado, quizás esto era lo que quería, liberarse de esta situación que desde un principio le pareció molesta e incierta.
En lugar de molestarse por el pequeño exabrupto, el gladiador bajó la cabeza un momento y soltó una risa cansada.
-Al menos hablas más que ayer. Dime, ¿sabes leer?
Jack se sorprendió por el cambio brusco de tema. Asintió lentamente, sin saber exactamente por qué su amo quería saber esto.
-¿Sabes tocar algún instrumento?
Jack cruzó los brazos y miró hacia el suelo.
-Sé un poco de…flauta y… arpa. Hace mucho que no practico. Aprendí cuando me compró una familia que tenía una tienda de instrumentos musicales, la señora de la casa comenzó a enseñarme y…
Se quedó en silencio de golpe. La mirada volvió a quemar en su piel.
-Sigue hablando, si quieres. Tienes una voz agradable.
Jack respiró profundo, y alejó su mirada un momento antes de volverle a mirar, tratando de aparentar una calma que realmente no tenía. El gladiador extendió su brazo hacia él, como indicándole que se acercara.
Jack caminó los pocos metros que lo separaban de él con verdadera lentitud. Una vez que estuvo de pie, y sus rodillas casi se tocaban con sus rodillas dobladas, notó que estando sentado el gladiador aún estaba casi a su altura. Él le sujetó las muñecas y lo hizo estirar sus brazos un poco, hacia los lados, como para poder observarlo con mayor claridad.
-Este color queda perfecto con tu piel- una de sus pesadas manos se posó en su cintura-, pero las chicas exageraron un poco con lo demás. ¿Te molestan los tobillos?
A decir verdad, las tobilleras que le habían puesto no eran pesadas, pero dificultaban un poco su caminar.
-No, estoy bien.
A pesar de su respuesta, el gladiador se inclinó y acercó sus manos, primero hacia su pie derecho. Jack observó mientras abría la tobillera y la retiraba, y luego hacía lo mismo con la de su pierna izquierda. Jack sintió que la fuerza se le iba del cuerpo cuando notó que al inclinarse, el rostro del gladiador se acercaba a su estómago. Su respiración pesada podía sentirse a través de la tela de su túnica, y los dedos de sus pies se enroscaron sobre sí mismos cuando sintió la yema de los dedos del gladiador tocar suavemente su piel cuando retiraba las tobilleras. Lo hizo de una forma lenta, deliberadamente lenta.
Dejó ambas tobilleras en el suelo y levantó otra vez la mirada hacia su rostro. Jack rogó a todos los dioses no estar sonrojado.
-Tu piel es suave. ¿Realmente has sido esclavo toda tu vida?
-Sí, siempre lo he sido. Nadie me había dicho antes que tuviera la piel suave.
Él no contestó nada más. Jack se quedó de pie ahí, inquieto, sintiendo su piel calentarse por el peso de las manos en su cintura. No solo era calor, era presión y humedad. Era ya media mañana y el sol comenzaba a aumentar también la temperatura del ambiente. Por un momento, sintió que se ahogaba.
-Ve a comer algo y vuelve más tarde. Yo dormiré una siesta.
Con esto, lo impulsó para que se diera la vuelta y le dio una pequeña palmada en el hombro, como urgiéndolo a retirarse. Jack no respondió nada ni esperó una sola indicación más.
Finalmente, salió de la habitación.
.
.
.
Ahora estaba sentado en el comedor. Un esclavo llegó y le dejó un plato de comida, pero cuando Jack quiso dirigirle la palabra, él se inclinó y se retiró con rapidez. Esto lo dejó un poco confundido, y porqué no decirlo, preocupado. De pronto cayó en cuenta de que el comportamiento de los esclavos que había visto antes probablemente se debía a lo mismo que el comportamiento de éste; después de todo, estaba vestido diferente, tenía ahora una posición diferente y por lo tanto iba a recibir un trato diferente en adelante.
Ningún esclavo "normal" vestía ropa como la suya y por supuesto que a nadie más le tenían permitido tener sus alimentos en el comedor. La líder de la cocina lo había llevado ahí casi a empujones y le había advertido que mientras estuviera vestido así no debía consumir sus alimentos como los demás esclavos.
Hacía mucho que Jack no se sentía tan estúpido y tan fuera de lugar. Hizo lo posible por comer rápido, y una vez que terminó, llevó los platos a la cocina, de la cual lo expulsaron de nuevo a toda velocidad.
…
Cuando regresó a la habitación de su amo, luego de sentirse rechazado una y otra vez en su intento infructuoso por distraerse un rato, se preguntó si debía anunciarse antes de entrar. Recordó que él le había dicho que tomaría una siesta así que supuso que quizás sería mejor opción entrar sin hacer demasiado ruido y esperar nuevas órdenes.
Efectivamente, cuando entró a la habitación se encontró con que él seguía dormido.
Se encontraba un poco confundido aún con respecto a lo que se requería de él, pero decidió que simplemente se limitaría a seguir órdenes y a esperar. Y a guardar silencio, antes de que su boca, como siempre, comenzara a meterlo en problemas. Quizás su amo notó su presencia, pues se incorporó lentamente y lo miró.
-Jack, acércate- le dijo, aun medio aletargado por el sueño, extendiendo una mano hacia él. Jack se acercó y cuando estuvo al alcance de esa mano la sintió sosteniendo firmemente su muñeca como antes. El gladiador ahora estaba sentado a la orilla de la cama, lo miró un momento y una sonrisa cansada se asomó por su rostro-, la próxima vez dile a Tooth que no exagere con los perfumes y las cremas. El olor es muy fuerte y me marea.
-La próxima vez puedo hacerlo yo mismo- replicó Jack con más naturalidad de la que creyó que debía, pero su amo no hizo más que asentir.
-Mejor aún.
En ese momento, alguien tocó a la puerta. Jack volteó, pero antes de ir a abrirla, el gladiador lanzó una orden por encima de su cabeza.
-Pasen.
La puerta se abrió, y entraron dos esclavos. Uno llevaba consigo una flauta, y el otro, un arpa. Dejaron ambos instrumentos en la mesa dentro de la habitación y se retiraron con rapidez. Jack miró los instrumentos, y luego volteó a ver a su amo.
-Quiero oírte tocar.
-Le dije antes que no sé hacerlo bien, me falta práctica.
-No me importa, toma uno y toca.
Jack resopló un momento y esto causó una nueva risa en su amo. Tomó la flauta, que creía recordar un poco mejor, y comenzó a tocar una pieza, la más sencilla que recordaba. Consciente de que algunas notas le habían salido fuera de lugar, no se sintió absolutamente satisfecho ni tranquilo una vez que terminó.
-Ahora el arpa- le indicó su amo sin que, una vez más, sin que sus ojos o alguna parte de toda su expresión mostrara la más mínima aprobación o desaprobación. Jack lanzó un nuevo suspiro y tomó el arpa, y comenzó a tocar obteniendo el mismo resultado.
Cuando concluyó, se sintió más bien derrotado.
El gladiador no había dejado de mirarlo ningún momento; esto había hecho que todo fuera un poco más difícil. Dejó el arpa a un lado y entonces fue que se dio cuenta de que el amo lo observaba, y extendía una mano hacia él otra vez, llamándolo.
-Realmente te hace falta algo de práctica, pero lo puedes hacer-, expresó cuando Jack llegó a estar de pie frente a él-, esas son tus órdenes, ¿de acuerdo? Durante el día, te encargarás de que este lugar esté limpio, y prepararás lo que yo necesite a mi regreso. Por las tardes me harás compañía. Puedes salir de la habitación las veces que quieras mientras no descuides tus deberes. Y practicarás el arpa y la flauta, y todas las noches tocarás para mí, ¿entendido?
Suspirando, Jack asintió.
-Entonces comienza a practicar.
Jack se sentó en el sillón y continuó tocando ante la atenta mirada del amo. Pasaron largos minutos así, y era a partes iguales terrorífico, molesto y tedioso. Qué curioso que fuera así, pero lo era.
.
.
.
Como la vez anterior, lo acompañó al comedor en un horario en que se sabía que no había demasiados gladiadores presentes. La comida fue más bien rápida, pero Jack se dio tiempo de apreciar cuánto mejor era la comida que se le daba a los gladiadores que la que se le daba a los esclavos y demás sirvientes. Estar disfrutándola ahora él mismo era en extremo molesto para él, pero al mismo tiempo, obviamente, no podía impedirle a su cuerpo deleitarse con ella.
Al volver a la habitación de su amo, se limitó a hacerle compañía mientras éste leía. Al llegar la hora de dormir, Jack iba a despedirse y a retirarse a la habitación de esclavos, pro antes de que pudiera salir de la habitación, el amo dejó su libro y lo llamó para que se acercara una vez más.
Ahora que se había puesto de pie, Jack se hizo consciente de la diferencia en estatura y en masa corporal. Era… inquietante.
-Cierra tus ojos.
Al escuchar esta orden, Jack tembló, estremeciéndose de pies a cabeza. La voz de su amo había adquirido un tinte oscuro que lo inquietó.
Así que, en lugar de cumplir con la orden, se atrevió a dejar que sus ojos vagaran por la forma de su cuerpo hasta encontrarse con su cara y enredarse con los suyos. El gesto que pudo pasar por orgulloso y hasta desafiante, tomó definitivamente por sorpresa al gladiador.
-¿Porqué no obedeces?
-Hay cosas que no haré, señor-, repuso Jack con firmeza, sin romper el contacto. El gladiador frunció el ceño.
-No tienes opción, esclavo-, contestó este, dándole énfasis a la palabra que en este momento Jack odió como nunca en toda su vida.
-No.
-Bien.
Una mano sujetó su rostro con fuerza y la otra se cerró en su cintura, impidiendo ambas cualquier movimiento. Su boca fue atrapada por un calor increíble que le quemó los labios por unos segundos antes de comprender qué humedad era la que los invadía.
Sus puños volaron en todas direcciones tratando de liberarse y el latir de su corazón fue tan fuerte que lo sintió rebotar en sus oídos. Solo el movimiento le permitió comprender lo que estaba pasando; el amo lo estaba besando.
Y no era cualquier beso, era un beso que lo reclamaba completamente, le robaba el aire y le quemaba la piel. Todo su cuerpo estaba siendo consumido y por más que él quisiera pelear no conseguía nada. Mientras esa boca demandante no dejaba la suya, dos manos se posaron en sus muslos y lo obligaron a doblarlos en torno a la cintura firme que más parecía una columna de piedra. Jack siguió luchando cuando su mundo se volteó de cabeza y sintió su espalda recargarse contra la cama. Esto, aunque aumentó su terror, le dio un punto de apoyo para darle firmeza a sus piernas y golpear con fuerza sus rodillas contra las costillas de su amo.
Sus labios ardían; se sentían maltratados y abusados, y él ya no sabía qué hacer porque las manos pesadas y calientes comenzaron a recorrerle el cuerpo.
En una oportunidad, y con lo último que le quedaba de fuerza, consiguió atestarle un puñetazo en la cara al gladiador, con suficiente fuerza y tan cerca de su propio rostro como para alcanzar su propia mejilla con el golpe.
El amo se separó de él, y entonces Jack vio el saldo de lo ocurrido; sus ropas, medio rasgadas y fuera de lugar. Él mismo a medio acostar en la cama con el pecho subiendo y bajando furioso al jadear…sentía las mejillas calientes y la nariz helada. Sus piernas estaban abiertas y el gladiador arrodillado entre ellas, ahora lo miraba limpiándose el rostro. Jack sintió un sabor metálico en la boca; no sabía si era su sangre o la de su amo, pero se deslizó amarga por su garganta y lo obligó a estremecerse otra vez. Sus ojos se llenaron de lágrimas.
El gladiador no dejaba de mirarlo. Había un fuego en sus ojos que no llegaba a ser furia; era más bien una gran frustración. Su mano se elevó al rostro de Jack una vez más; él le sostuvo la muñeca, pero no pudo evitar que lo tocara y le limpiara las lágrimas que habían bajado por su rostro y la gota de sangre que se había deslizado por su barbilla.
Hecho esto, se inclinó hacia él, y lo volvió a besar. Aterrorizado y ya sin fuerzas, Jack se entregó al beso sin oponer más resistencia que la de sus puños apenas tocando el pecho de su amo.
Se había equivocado. No podía ni siquiera contra un solo gladiador.
El amo rompió el beso y observó su rostro. Había un hilillo de saliva y sangre conectando sus bocas y el humo de la respiración caliente que no pudo entender de dónde había salido. Jack se sintió más humillado que nunca en su vida.
-Debes recordar a quién perteneces- le dijo, con la misma voz oscura que antes-, tú eres mío, cuándo y cómo yo diga, ¿comprendes?
Su respiración estaba tan agitada que no hubiera podido contestar nada de haber tenido una buena respuesta.
El gladiador se movió, dejándolo libre.
-Ve a dormir. Mañana deberás hacer todo lo que te dije.
Jack bajó de la cama y salió corriendo de la habitación sin decir una sola palabra más y sin hacer reverencia alguna. Supuso que de todas las cosas que podrían molestar a su amo, estas pequeñas faltas de respeto eran lo último que realmente le importaba.
Bajó a la habitación de los esclavos a toda la velocidad que le daban sus cansadas piernas, pero antes de entrar, se dio a la tarea de calmarse un poco y aparentar toda la normalidad que pudiera.
.
.
.
En cierta forma, esperaba ser tratado de la misma forma extraña e incómoda que durante todo el día, pero una vez ahí, una de las líderes le explicó que era lo esperado, pues un esclavo personal tenía ya cierto estatus que había que respetar. Sin embargo, aquí, la familiaridad se recuperaba. Le ofrecieron un bocadillo para cenar y más de uno se le acercó para preguntarle cómo le había ido.
Jack se limitó a dar un par de comentarios sin verdadera importancia y a sonreír. Entonces se dio cuenta de que, a pesar de que sus labores no eran pesadas en el sentido físico, su cabeza estaba hecha trizas. Solo de recordar lo último que había sucedido, su corazón latía a una velocidad enervante.
-¡Ya sé!- un grupo de chicas se había reunido a conversar, sentadas alrededor de su cama. Jack se había quitado la túnica y había vuelto a ponerse la sencilla ropa de dormir-, hay que leer las cartas para ver qué futuro le espera a Jack.
Las demás chicas parecieron emocionadas ante esta idea, y no esperaron la opinión de Jack antes de traer una baraja que pusieron sobre el colchón, junto a sus piernas.
-Solo tienes que partirla, y yo te diré tu futuro-, comentó una hermosa chica rubia, Jack no recordaba realmente su nombre, guiñándole un ojo. Él hizo lo que se le había indicado, y esperó.
La chica tomó el mazo y empezó a sacar algunas cartas y a colocarlas boca abajo frente a Jack. Las demás esperaban en silencio, emocionadas y atentas. Ella comenzó entonces a voltear las cartas y a mirarlas con mucha concentración.
-Veo… muchos cambios en tu futuro cercano. Veo… miedo. Pero también veo felicidad. Son dos caminos diferentes y deberás elegir uno. Si te equivocas al elegir, puede que te enfrentes a muchos problemas.
Jack se mordió los labios, sin entender, pero intentando con todas sus ganas hacer sentido de esto. Ahora mismo un poco de sentido le vendría bien.
-Hay muchas personas en tu futuro…pero hay alguien en especial. Alguien que te amará. Pero también hay alguien que intentará destruirte… pero no sé… existe una posibilidad alta de que sean la misma persona.
El corazón de Jack dio un vuelco. Como si las cosas no estuvieran suficientemente confusas ya.
Sus pensamientos, así como la atmósfera pesada, se interrumpieron cuando una de las muchachas comenzó a reír, golpeando suavemente el brazo de la que le había leído las cartas.
-¡Has mejorado mucho! Pero mira, lo asustaste.
-Jack, no le tienes que creer a Ilena todo lo que dice- intervino otra de ellas, con una sonrisa que pretendía calmarlo-… las cartas no definen todo tu futuro.
La chica llamada Ilena también rio.
-Es cierto. Solo lo hacemos por diversión. Si algo de esto funciona suelen ser solo golpes de suerte.
Jack intentó sonreír y la plática continuó por un rato antes de que los líderes impusieran orden para que todos durmieran de una vez.
Jack se recostó intranquilo, pero estaba tan confundido y agotado que no le costó trabajo permitir que le ganara el sueño.
.
.
.
Al día siguiente la señora fue una vez más por él, lo llevó a la habitación de su amo y lo mandó a tomar un baño como la noche anterior. Ahora, había apenas salido del baño cuando notó que la habitación estaba ocupada no solo por Toothiana sino también por un grupo de esclavos. Además de la ropa limpia que había dejado en la cama, ésta estaba cubierta por muchas otras prendas, todas nuevas, además de zapatos y accesorios varios. Ninguno de ellos se veía como del tamaño de su amo, sino más bien…más bien del tamaño de Jack.
Y los esclavos estaban ahí haciendo ajustes. Entre otros, habían traído una pequeña cama, y la habían colocado en un extremo de la habitación. Al ver con más cuidado, Jack se dio cuenta… de que aquella era su cama.
-¡¿Qué está pasando?!- casi gritó solo para ganar una mirada reprobatoria de la mujer, pero luego ésta intentó parecer más amable, quizás porque sabía que lo siguiente que dijera no le iba a caer nada bien al joven.
-Jack…esos son tus nuevos cambios de ropa y zapatos, regalos de tu amo. Y desde esta noche, no volverás a la habitación de esclavos. A partir de esta noche tomarás lugar aquí, haciéndole compañía a tu amo.
Jack pensó por un momento que gritaría, que lloraría o que huiría asustado, pero su cuerpo no respondió.
De un momento a otro, sintió como si se entregara al destino, y todo lo que esto conllevaba. Solo entonces comprendió que no había tenido nunca oportunidad, pues si su amo no lo había reclamado por completo no había sido porque no pudiera sino porque no había querido.
Bien. Si era necesario, Jack iba a aprovechar cualquier ventaja que tuviera contra él. Aún si eso significaba fingir…aprecio, amistad, amor, lo que fuera.
Lo único que sabía, era que quería salir entero de esta.
No sabía a dónde lo iba a llevar todo esto, pero de algo estaba seguro, él pelearía, y llegaría tan lejos como pudiera.
Continuará…
Lo siento mucho, lamentablemente hoy no podré contestar a sus reviews. Lo tendré que hacer en el transcurso de los siguientes días por diferentes medios, y si a alguien de plano no le puedo mandar mensaje o inbox o algo, prometo saludar especialmente en la siguiente actualización.
Tomen en cuenta que decidí publicar hoy en la noche porque si me espero hasta mañana luego sería esperar mejor hasta el martes, el miércoles y así, y se me pasaría una semana más. Me conozco.
En fin…
Reviews?
Besos y abrazos!
Aoshika
