¡Después de tanto tiempo!, he aquí la continuación. Dedicado a La otaku que lee libros, que me recordó terminar esta historia, y que me estuvo comentando por mis otros fics. También a todos los que esperaron alguna vez la continuación, y los que simplemente se tomaron el tiempo y el trabajo de leerlo. Gracias.
Nueve años y un invierno
-¿Qué está haciendo este idiota acá?-escupió como si se tratara de veneno.
-Lo sabes perfectamente, Theo-Blaise movió desinteresadamente la comida con su tenedor, mientras fruncía el ceño-. Todos los años es lo mismo.
-¡P-pero es que no logro entenderlo! ¿Para qué viene?
-Deja de hacer preguntas estúpidas, se supone que eras el cerebrito del grupo.
-No me gusta.
Theo lo fulminó con la mirada.
Blaise dejó escapar una sonrisa ladeada.
-No te veía tan celoso de Draco, pensar que creímos que eras hetero…-Theo le tiró la botella por la cabeza- ¡Auch! ¿Por qué la agresión? ¿Dónde quedó tu sentido del humor?
-Soy hetero, me gustan las chicas-dijo con los labios apretados, casi gruñendo-. Pero eso no significa que no me preocupe por él, sabes lo mal que está, no veo cómo el otro puede dar la cara para venir.
-Es que no la da. Draco nunca lo supo.
-¿Saber qué?-preguntó una voz arrastrada.
Ambos se dieron vuelta rápidamente, como si de un fantasma se tratara.
-¿No has oído la nueva?-jadeó un poco Blaise, sonando, incluso para él, un poco desesperado- A Theo le gustas.
Theo se atragantó con su propia saliva, y lo miró con los ojos bien abiertos, como diciéndole: ¿no se te ha ocurrido nada mejor?
Draco sólo se rio.
-Que graciositos-se sentó al lado de Blaise, y lo miró divertido-. Como si yo fuera creerme eso. No hay nadie más heterosexual que Theo, a menos que cuente ser librosexual.
Y se escuchó un «¡Oye!» de parte de Nott.
Los tres rieron, y ambos amigos suspiraron interiormente al ver que Draco había olvidado la situación.
-¿Y cuándo vas a salir?
-En unos minutos, recién estaba practicando.
Theo miró al rubio de arriba abajo.
-Es la única vez en donde podemos verte sin fierros de por medio-se mordió el labio mirando el lugar en donde antes habían estado las perforaciones de Draco-. Te ves mucho mejor sin ellos.
-No sé-interrumpió Blaise-, a mí me parecen sexys.
Draco se llevó una mano al pecho.
-Estoy conmovido, Blaise. Pero para tu deleite-bajó la voz hasta que sólo se pudo escuchar un susurro-, aún llevo el del pezón izquierdo.
Ambos sonrieron del rostro consternado de Theo, que reflejaba puro horror.
-Aun no entiendo cómo pudiste hacerte uno ahí-frunció el ceño, reprimiendo un escalofrío doloroso-. Debió haberte dolido horrores.
-Sobre todo a los catorce.
Esta vez Theo sí tembló de sólo imaginarlo.
-Agg.
-Eh, Theo, Theo, te ves demasiado…consternado ¿No será que eres placenteramente sensible ahí?-coqueteó Draco, relamiéndose los labios.
El chico enrojeció.
-¡U-ustedes, banda de pervertidos!
-Oh, vamos, lo único que te faltaba era llamarnos "emos ovejas descarriadas de dios"…como lo hace mi madre.
Ambos soltaban risitas, viendo como enrojecía cada vez más.
-Lo que pasa-habló Draco, conteniendo la risa-, es que nuestro Theo es una sensual pasiva.
Blaise y Draco estallaron en carcajadas, viendo como el morocho se indignaba, con las comisuras de sus labios bailando, intentando esconder una sonrisa, aunque estaba rojo desde el cuello hasta las orejas.
-¡Draco!-se escuchó la voz ronca de David, mientras lo miraba reprobatoriamente, bueno, él siempre miraba así a todo el mundo- Deja de holgazanear y ve al escenario, ya hay suficiente gente, y dime, ¿no podías sacarte esas mechitas artificiales?
-No.-Si había alguien más terco que David, ese era Draco.- Ya me quité los piercings, bueno, no todos-a los tres se les escapó una risita, viendo la vena de David pulsante en su garganta-, y me va a doler horrores volver a ponérmelos. Y a menos que me las corte, y así quedarme calvo, no voy a deshacerme de "las mechitas artificiales" como las llamas tú. Aparte, si mal no recuerdo, la gente de afuera está aquí para verme a mí, nadie puede engañarse con eso de que chicos adolescentes van a escuchar piano, encima en público.
David suspiró, y se masajeó las sienes.
-Bien, lo que sea, sólo sal-gruñó con exasperación.
-David tiene que follar desesperadamente, se está arrugando-comentó Blaise cuando se fue.
-Toda la vida será un gruñón.
-¿Van a salir ya o espero otros dos años?-murmuró impaciente Pansy.
Draco resopló, mientras los demás, soltaban risitas.
No es que se halla vestido de manera muy formal que digamos, incluso aunque la ocasión lo ameritara.
Todas la fechas, cada dos años, él tocaba el piano en un bar, en el mismo bar. Sus amigos lo iban a ver, Pansy también. No era como si ambos fueran los mejores amigos, pero ella siempre estaba. Draco pensaba que, lo que pasaba en realidad, era que estaba un poco enamorada de Theo.
Se divertían, Draco también lo hacía. Aunque sus padres nunca habían ido a verlo, siempre estaban ocupados y era algo insignificante. A Draco no le importaba.
Ya estaba acostumbrado. Y si había algo que había aprendido de sus padres, era que él no tenía que esperar nada de ellos. Porque iba a desilusionarse. Como pasó con Harry, Draco había esperado que él se quedara por siempre.
Las personas se van, los amigos también. La vida no se detenía por nadie. Y Draco lo sabía.
Espió un poco detrás del telón, este año habían ido aún más personas que los anteriores. Solían ir los amantes de Draco, bueno, los polvos viejos que querían otra ronda. Tal vez por eso, el local estaba infestado de hombres morochos.
Había deseado, muchas veces (más de las que puede contar), que Harry también lo veía, que iba a ver a Draco tocar el piano. Pero Harry nunca fue.
Y no importaba cuántas veces Draco se esmerara por mirar la pequeña multitud, no importaba cuántos morochos lo hubieran follado, Harry no iba a estar. No iba a ir. Y no necesitaba nada de él.
Por eso, esos días en donde tocaba el piano, sólo lo hacía en el bar. No tocaba en su casa, ni en ningún otro lado, porque le recordaba cuánto deseaba tocarle a Harry. Mostrarle que había aprendido otra actividad aparte de follar.
Tragó saliva y se relamió los labios mientras salía al escenario y se desconectaba por completo. Cuando tocaba el piano, las personas que lo observaban solían distraerlo, asique se complementaba por completo, perdiéndose en las teclas, olvidándose de todo, menos de una persona. Porque siempre que tocaba, lo hacía para Harry. No era adrede. Draco sentía, que de alguna forma, necesitaba descargar sus sentimientos, y el piano era perfecto para ello, porque nadie se daba cuenta. Y porque cada vez que tocaba alguna canción, era una historia, un instante, de ellos dos. Por eso a la gente le gustaba tanto escucharlo, porque lo sentía. Era como profanar sentimientos a través de teclas. Porque explicarlos resultaba imposible.
El local se quedó sumido en el silencio absoluto, solamente se escuchaba sus pasos en seco, el reflector le daba en la cara. A pesar de que amaba ser el centro de atención, sentía su corazón latir, sus palmas sudaban, incluso aunque era un experto y llevaba haciendo y practicando piano casi toda su vida. Había comenzado después de Harry saliera por completo de su vida. Era un hábito, tocar para alguien quien nunca lo escucharía.
Amaba esa sensación de adrenalina, cuando la atención de todas las persona estaban en él y solamente en él. Se sentó tranquilamente en la butaca, a pesar de que sentía la garganta seca y temblaba un poco.
La canción no era suya, la había quitado de internet (1), y nadie cantaba en ese momento, era solo Draco tocando el piano, pero él sabía la letra. Era como si fuera un secreto, las notas musicales bailaba por la habitación, pero él todavía podía escuchar la suave melodía de la canción.
[…]
Eres tú, eres tú, todo lo que hago es por ti; todo lo que hago.
Te lo digo todo el tiempo…
…"El cielo es un lugar en la tierra contigo"…
Sentía su corazón martillando y no necesitaba ver las teclas para tocar, la canción se la sabía al pie de la letra, pero le gustaba observarlas. Le gustaba la manera en que rozaban con sus dedos, como las manejaba a su antojo y al mismo tiempo, como si les pidiera permiso.
Draco tocaba, mientras que al mismo tiempo que en su mente, en su memoria, citaba la letra.
Dime todas las cosas que quieras hacer; escuché que te gustan los chicos malos…
Cariño, ¿es eso cierto?
Las teclas y la música se sentían bien, no había fallas, no había engaños. Era todo sencillo.
Es mejor de lo que jamás pensé.
Había veces, como esa, en las que le gustaba imaginar que Harry estaba a su lado, que estaba con Draco, que escuchaba lo que quería decir.
Porque últimamente, Draco siente que no lo escuchan.
Dicen que el mundo fue construido para dos, sólo vale la pena vivir si alguien te ama…
Sentía un nudo en su garganta. No sucedía siempre, pero tocar el piano era como contar una historia, como si él mismo relatara ese maravilloso cuento de invierno en el que Harry y él habían vivido, en el que se refugiaba cada vez que lo había necesitado. Y que al mismo tiempo lo hacía sufrir.
Se preguntó, si alguna vez, podría deshacerse por completo de la sensación de no ser suficiente. De no poder nunca ser lo suficientemente bueno.
Ni para Harry. Ni para para sus padres. Ni siquiera para él mismo.
…cariño, ahora tú lo haces
Despegó su vista del punto muerto en donde estaba mirando, mientras sus dedos no dejaban de tocar la suave canción. Todo había desaparecido. Ahora sólo eran la oscuridad y Draco, las teclas y la melodía. Pero al levantar la cabeza, su mirada chocó con una silueta descaradamente familiar.
Sus hombros eran anchos, la cegadora luz del reflector no le dejaba ver mucho más que sombras en casi blanco y negro. Y el muchacho no estaba muy cerca que digamos, a unos metros tal vez. Pero su cabello indudablemente revuelto, demasiado desastroso como para calificarlos rizos. Negro. Tenía el cabello negro azabache. Y antejos redondos. Aunque se veía demasiado formal como para ser Harry. Sus ojos esmeraldas brillaron como un diamante ante un espejo.
A Draco se le atoró la respiración. Por poco y casi se atraganta. Sus manos temblaron y si bien no se equivocó, casi roza la tecla equivocada.
Draco temía que el martilleo de su corazón acelerado no pasara desapercibido.
¿Estaba viendo bien? ¿Era Harry el que estaba a unos metros? ¿El mismo Harry que se había alejado de él, diciendo que ya no le parecía tan interesante como antes?
Sus músculos internos se apretaron deliciosamente, mientras que su estómago daba un vuelco. Sentía el corazón en la garganta. Asfixiándolo.
Se dio cuenta de que estuvo a un segundo de repetir la misma melodía. Maldijo interiormente. Si no hubiera sido porque estaba casi en el final, seguramente lo habría estropeado todo.
Tocó las últimas melodías temblando como una hoja, mientras sentía sangre rugiendo en sus oídos y la respiración entrecortada, sin saber muy bien si estaba tocando (las notas finales y más importante) realmente bien como debería.
Dicen que el mundo fue construido para dos, sólo vale la pena vivir si alguien te ama…
Casi podía sentir sus ojos verdes taladrándolo, mirándolo como solo Harry sabía hacerlo. Como solía hacerlo antes.
…y ahora tú lo haces.
Cuando buscó sus ojos verdes por la multitud, que no paraba de aplaudir, Harry ya había desaparecido.
Desgraciadamente, no dentro de Draco. Dentro de él, Harry seguía presente. Constantemente.
Draco había decido que lo encararía. Que enfrentaría a Harry, después de tantos años, que iría, haría frente y le diría (de una forma lo más masculina posible), ¿por qué mierda había ido a ver a Draco el día que tocaba el piano? Porque todos lo sabían. Que la puta tocaba en aquel bar cada dos años. Incluso la comadreja pecosa parecía saberlo.
Pero cuando a la mañana siguiente lo vio en clase de Literatura, se quedó estático, no podía moverse, hacía las cosas por inercia, ni si quiera incluso cuando los pusieron como pareja para realizar un trabajo, no hizo nada, no podía ni mirarlo. Tenía miedo.
Porque ya se sentía lo suficientemente desechado como para intentarlo otra vez.
Estaba sentado al lado suyo, como la primera vez. Pero ahora, Draco no puede evitar temblar.
Como la primera vez.
Sentía sus mejillas arder. Pero no se atreve a mirarlo, ni siquiera de reojo. Podía escuchar su lapicera moverse con frenesí sobre la hoja, pero él no podía hacer otra cosa que intentar que su corazón no se le escape del pecho. Latía tan fuerte que dolía.
No despegaba la vista de un punto fijo, que resultaba ser su goma de borrar, se veía increíblemente interesante en ese momento.
¿Por qué se sentía tan terriblemente nervioso?
Harry. Harry estaba cerca, tan cerca que podía sentir su calor corporal inundándolo. Lo miró de rojo, observando que estaba profundamente enfrascado en su cuaderno, con su lápiz moviéndose rápido y por momentos lento, tenía el ceño ligeramente fruncido y la punta de su lengua estaba afuera. Después de tanto tiempo viéndolo desde lejos, había aprendido que era un gesto que solía hacer cuando estaba concentrado. Se veía jodidamente apetecible. Harry y su lengua. Harry y sus expresiones. Harry y su jodida sonrisa.
Su estado de concentración le daba curiosidad. Tampoco estaba prestando atención a lo que la profesora estaba hablando. Se lo veía relajado y absolutamente en su mundo. Mordiéndose el labio cada tanto, pareciendo agregar esto y tachar aquello. Draco se le había quedado mirándolo, maravillado. Porque Harry siempre había sido hermoso. Podía ver a la perfección sus largas pestañas negras, la piel bronceada y ver su pecho subir y bajar al ritmo de la respiración.
Abruptamente, Harry levantó la mirada y Draco apartó la suya de inmediato, sintiendo su rostro enrojecer, casi desde el cuello hasta las orejas. Pero, por instante creyó ver las comisuras de Harry levantadas.
Intentando agarrar la goma de borrar, sus dedos rozaron con los de Harry, estaban tibios. Draco se estremeció.
-T-tómala-susurró, aún sin atreverse a mirarlo, con la vista fija en la goma que le entregaba. Como cuando un Harry de siete años le había dado el lápiz quebrado.
Él tomó la goma en silencio, un tipo de silencio que no supo interpretar como antes. Antes se sabía todos los silencios de Harry. Si estaba molesto, si estaba conforme y si estaba feliz. Observó sus manos, que sostenían la goma y el lápiz temblorosamente.
Frunció el ceño.
Harry tenía moretones y cortes alrededor de los dedos.
-Harry, ¡Harry!-Gritó a todo pulmón. Pero él ya había salido del aula. Draco estaba seguro de que lo había ignorado. Como siempre.
Sintiendo su pecho apretarse de la misma forma en que solía suceder. Apretó sus dientes, mientras suspiraba hondamente y agarraba su mochila, junto con el cuaderno que Harry se había olvidado. Pero no había querido escuchar a Draco. Asique, ahora que se jodiera.
Sus ojos picaban. Dios, como necesitaba una buena follada.
Y recién comenzaba el día.
Con la mirada perdida se dirigió hacia la puerta, hasta que chocó hombro a hombro con alguien. Alzó la mirada, desinteresado, mientras que unos ojos azules lo penetraban, oscurecidos. Reconoció al chico de inmediato. Tony, Tony algo. Lo había estado siguiendo desde principios de año, le mandaba indirectas poco sutiles y le susurraba en el oído palabras soeces, que hacían que Draco rodara los ojos y sonriera de medio lado. No habían llegado muy lejos, se habían encontrado en una fiesta, muy borrachos y Draco lo había besado (como solo Draco sabía besar) porque Tony tenía el cabello negro, casi tan negro como el de Harry. Y se había sentido prácticamente real enterrar sus dedos en la mata de cabellos negros. Prácticamente.
Lo que no vendría a ser suficiente.
Pero qué más daba. Draco hubiera follado con él toda la noche si no fuera porque se desmayó. El alcohol nunca le sentaba muy bien.
Cómo había llegado esa noche a su casa era todo un misterio.
Y ahora se sentía herido y con un nudo en la garganta. Le dio una última mirada y lo agarró de la corbata bruscamente, mientras escuchaba como se formaba una sonrisa gatuna y sus ojos azulados brillaban, llenos de picardía. Lo arrastró hasta el baño de hombres, guardando antes, cuidadosamente, el cuaderno de Harry, hasta tal vez pueda conservarlo.
Después, tiró su mochila a un lado, mientras se adentraba al cubículo siendo rodeado por unos brazos, fuertes. Tony pertenecía al equipo de básquetbol, tenía un cuerpo de muerte y sonrisa deslumbrante. Si tuviera unos ojos verdes estaría mejor.
Volvió a enterrar sus dedos su cabello oscuro, cerrando los ojos. Siempre lo hacía, porque por muy extraño que parezca, no ver a Harry del otro lado, como siempre lo había imaginado, era desilusionante, y quebraba sus esperanzas.
Lo rompía un poco más a él. Pero no podía detenerse.
Sus bocas se juntaron con frenesí, mientras mezclaban saliva y sus lenguas tanteaban juntas alrededor. Los sonidos de succión se escuchaban por todo el baño, haciendo eco incesante en sus oídos.
Masajeaba su cuerpo cabelludo, rozando sus uñas, mientras unas manos estimulantes rodeaban su cintura y lo tocaban por debajo de la camisa de la escuela. Sus manos no estaban tibias como deberían haber estado.
Ni sus labios sabían cómo deberían haber sabido. Porque Harry nunca masticaba chicle de menta, ni siquiera cuando era niño, ni ahora. A Harry le gustaba tomarse El Submarino por la mañana, y algunos dulces por la tarde. Le gustaba casi todo lo comestible que le pusieran enfrente. Ojalá también funcionara así con Draco.
Pero lo cierto era que Harry ya no estaba interesado en Draco. Y por más triste que Draco esté con eso, no había vuelta atrás. No había oportunidad. Ya no más. Y Draco lo había intentado muy duro.
Todavía sentía escalofríos recorrerle el cuerpo entero cuando mordisqueaban su pezón izquierdo, con piercing y todo. Había un morboso placer en ese tipo de dolor.
Draco gimió fuerte mientras Tony lamía su tetilla llenándola de saliva, y tironeaba de sus cabellos oscuros.
Lo miró con ojos oscurecidos, apenas una franja celeste se distinguía de la mirada profunda que le estaba dando. Respiraba entre jadeos, mirándolo deseoso.
-Te encanta…hacer eso-susurró sobre su pecho, refiriéndose a la manía de Draco de jalar su cabello.
Sonrió, sin hacerlo realmente.
-S-sí. ¿Vas a chupármela o no?-jadeó impaciente.
Tony sonrió como si fuera un gato y acabara de tragarse un ratón.
-Si así lo deseas.
Trazó un camino sobre su pecho con su lengua. Mientras Draco volvía a cerrar los ojos y sin dejar de aferrarse a su cabello oscuro, no podía contener los escalofríos que abordaban su cuerpo. Arqueó su cuerpo cuando Tony lamió y olfateó su vello púbico, su rubio y escaso vello. Sintiendo sus pantalones bajarse por completo, tragó saliva y echó la cabeza hacia atrás, chocando contra el frío mármol.
Podía imaginar que Harry estaba ahí. Que el que lo manoseaba y le metía dedos en la boca era Harry. Mientras él los llenaba de saliva y lo observaba, sintiendo sus ojos malditamente verdes, oscurecidos, mirándolo a él y solo a él. Jadeó y alzó el culo cuando esos dedos tantearon su entrada, mientras soplaba su erección.
Podía sentir los ojos azulados de Tony mirándolo, pidiéndole sutilmente que bajara la vista y lo observara. Pero en el recuerdo, en la fantasía de Draco, Tony no existía.
Un calor abrasador invadió su miembro, sintiendo la lengua frotar alrededor de su glande, mientras que los mismos dedos que tantearon su entrada, ahora masajeaban sus bolas.
-¡Ahh!
La chupaba estupendamente, aunque, por supuesto, nunca lo había dudado. Se movía de arriba abajo casi sin detenerse, incluso aunque Draco estuviera follando su boca constantemente, chocando el fondo de su garganta, produciéndole arcadas, porque le encantaba la sensación de poder sobre los demás y porque imaginar que Harry estaba chupándosela lo hacía ir más rápido. Jadear y gemir sin poder contenerse. No se había dado cuenta de que su culo subía y bajaba sobre los dedos que estaban dentro de él. Podía sentir la electricidad recorrerlo entero, temblaba, y jadeaba buscando aire. Necesitaba más, mucho más. Aferró bruscamente sus dedos dentro del cabello oscuro con fuerza. Mientras que mecía sin pudor sus caderas, no sabía en qué dirección, simplemente no era suficiente.
Con una mano intentaba acallar sus gemidos, casi agudos, que salían en descontrol por su boca, pero lo único que provocaba era que sus dedos se llenaran de saliva en el vano intento.
Jadeó seguido por un gemido ahogado, mientras aferraba con fuerza su cabello, seguramente lastimándolo, y se mordía el labio, sintiendo corrientes de placer inundar y deslizarse por su cuerpo mientras el orgasmo lo arrasaba y se arqueaba contra él.
Tony se lo tragó todo, pero antes de poder hacer algún movimiento, se escuchó un golpe seco fuera del cubículo. Ambos quedaron estáticos y paralizados con las respiraciones inevitablemente erráticas y entrecortadas.
A pesar de su corazón acelerado, su cuerpo se sentía flácido y relajado. Sus párpados le pesaban un poco, pero observó con detenimientos y un ligero ceño fruncido se formó en su frente, que no había cerrado la puerta del cubículo por completo, y aunque sus gemidos y jadeos ahogados debieron de haberse escuchado hasta el tercer piso, resultaría vergonzoso que alguien los encontrara en ese estado…tan comprometido.
Las personas de la escuela estaban acostumbradas a ver a Draco magreándose al primero que se le cruzaba. Pero eso a que alguien los encuentre después de que Draco haya follado la boca de Tony…mmh, no le vendría bien a su-ya de por sí manchado- historial.
Por la puerta entreabierta, Draco miró al muchacho que estaba de espaldas a su cubículo, si se volteara seguramente sólo podría divisar su rostro sonrojado y parte de sus piernas, junto con la ropa desarreglada y desprolija.
Cabello negro, como el carbón. Hebras indomables, hombros anchos y por lo que podía divisar desde su ángulo, una piel ligeramente bronceada. Se le atascó la respiración y de repente, sintió como el corazón se le subía a la garganta. Los hombros del chico estaban temblando, mientras que sus manos se movían continuamente y respiraba con agitación. Eran los síntomas, los síntomas que tenía Harry cuando lloraba.
Su corazón latía tan fuerte que sentía que no podría detenerlo nunca. Sudaba mucho más de lo que había sudado mientras Tony se la mamaba. Sus pulmones se exprimieron.
Harry se dio la vuelta con los hombros caídos y miró en el cubículo en donde él se encontraba. Sus miradas conectaron durante un instante, los segundos en donde Draco jamás había experimentado tanta tristeza antes, viendo los ojos esmeraldas vidriosos y cristalinos, inundados de lágrimas, con su cara húmeda, mientras el labio le temblaba incontrolablemente, junto con sus manos.
Se lo veía como un cachorrito abandonado, el perrito mojado que nadie quería, solo. Se lo veía perdido. Y aunque Draco creía ya haber perdido la capacidad para leer en su mirada, lo supo; sabía que era su culpa.
Cuando Harry apartó la mirada lentamente, para agarrar su mochila del suelo, casi como un destello, Draco divisó la cadena que se balanceaba en el aire, sostenida de su cuello, la mitad de un lápiz resquebrajado y viejo prendida de un hilo.
Draco, casi por inercia, apretándola entre sus dedos, sostuvo la otra mitad del lápiz que colgaba de su cuello.
Continuará...Esto no se queda así.
Es para que vean, que si bien Harry tuvo parte de la culpa, ambos cometieron errores. Aunque Potter la haya cagado estrepitosamente...
¿Les gustó? Espero que sí. La verdad es que estoy intentando terminar los trabajos inconclusos, y yo tenía muchas ganas de seguir la continuación de este.
No se olviden de pasar por mi nuevo fic: Eclipsis of Virgins. Y Por Las desventajas de ser el mejor amigo de Harry Potter, que participa en el reto "One True Pairing" del foro Las Casas de Hogwarts.
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