AL LÍMITE
2. Why they came for
El cuartel del FBI en Nueva York era el más ajetreado. O eso quería pensar Shinichi, para tener una excusa por la cual volver a Boston en cuanto Heiji se hubiera recuperado. Normalmente él pasaba por su oficina en Boston para recoger un caso, y luego iba con Heiji a investigar. Ése día tendría que quedarse a ordenar papeles.
Todo estaba rodeado de ordenadores y pantallas con datos de casos recientes y de criminales buscados por todo el país (y el mundo). Había una máquina de café justo a la entrada. Shinichi introdujo los dólares correspondientes y sacó un vaso blanco de plástico que contenía café con leche. Pasó por entre las mesas de los agentes, que llevaban auriculares y atendían muchas llamadas a la vez, además de estar pendiente de los casos que les salía en el ordenador. Las paredes de los despachos que había distribuidos por toda la planta eran de cristal. Pese a la evidente cantidad de trabajo, no se oía mucho ruido. Estaban acostumbrados a hablar entre ellos bajando la voz. Shinichi siguió a Jodie hasta el pequeño despacho de Akai, que trabajaba en Nueva York.
― Bueno, cool kid. Me imagino que esto te resultará familiar ― dijo, para luego sorber el café que ella se había comprado ―. Shu está en un caso. Le dije que estarías por aquí, así que supongo que si vuelve, querrá ayudarte ― guiñó un ojo. Dejó el vaso de café sobre la mesa y abrió un cajón de ésta. Sacó algunas carpetas negras llenas de hojas ―. Esto es todo lo que necesitas. Revísalos.
― Claro ― aceptó él con una gran sonrisa en los labios. Se acercó para transportar los documentos a una mesa que había delante de la de Akai, donde también había una silla.
― Oye ― Shinichi levantó la mirada y se giró hacia ella una vez sentado ―. Vosotros vinisteis aquí a descubrir algo de los hombres de negro ― Shinichi asintió, confuso ―. Siento que hayáis tenido que trabajar en más cosas.
― Ahora somos agentes del FBI. Tenemos obligaciones.
― Pero en tres años... No hemos avanzado casi nada. ― Se lamentó ella.
― Bueno, uno de ellos fue eliminado ― añadió el detective mientras ojeaba los papeles ―. Akai mató a Bourbon. Y gracias a ello, después de un año, recuperé mi cuerpo.
― Y se le descubrió la tapadera... ¿Subaru Okiya? Venga ya. Ni siquiera me avisasteis ― se quejó. Shinichi rió por lo bajo ―. Y Hidemi también tuvo que volver, claro. La habrían matado por haber dejado a Akai con vida... Pero todo esto fue en Japón. Luego les perdimos la pista, y estuvimos cinco años allí sin saber nada...
― Y por eso estamos aquí ― continuó Shinichi, esta vez teniendo ya ordenados los expedientes que le parecieron importantes ―. Lo último que sabemos... es que tres años atrás se hicieron varias operaciones desde Estados Unidos. Y que a partir de ese momento varias personas importantes en el mundo científico desaparecieron.
― A la mayoría les mataron, ya lo sabes ― concluyó ella, que había cogido la silla de Akai y se había sentado delante del chico ―. Sólo hay tres que no hayamos encontrado ― Jodie observó a Shinichi concentrarse en los datos.
― Pues tendremos que encontrarlos ― explicó él. Jodie sonrió: le gustaba la determinación del joven. De hecho, la impresionaba ―. Peter Ford, Juliet Brown y William Wong. Eran todos expertos en biomedicina. No creo que sea casualidad.
― ¿Una droga capaz de resucitar a los muertos? ― preguntó ella con ironía. Shinichi rió. Los planes de la organización, sin embargo, aún eran desconocidos ― ¿No es eso lo que te contó Ai?
― No lo sé, normalmente no habla mucho sobre ello ― aseguró él ―. No creo que ni ella misma lo sepa. Al fin y al cabo, su experimento era una prueba. Y encima encontró el antídoto. En casi ocho años en que les perdimos la pista, seguro que lo que sea que estén haciendo, está muy alejado de lo que conocíamos...
― Shu piensa lo mismo ― manifestó la agente, pensativa ―. De todas formas, ella decidió apartarse de esto. Ahora es Ai Haibara. Y ya no nos puede proporcionar más información, la verdad. Te contó todo lo que sabía ― Shinichi asintió.
Siguieron revisando informes. La mayoría eran casos dónde la escena del crimen había sido destruida y no se habían encontrado pistas sobre el culpable: desde robos hasta asesinatos. Ése era exactamente el modus operandi de la organización. El problema era que abarcaban muchos ámbitos distintos. Algunos de los robos tenían que ver con dinero, otros, experimentos que se habían mantenido en secreto. Y las personas asesinadas... Políticos, actores, informáticos, científicos... Hasta simples cajeros de supermercado. Nada en común.
― Evidentemente, todos ellos debieron ser miembros ― afirmó Jodie ―. Pero cuando investigamos a sus familias, ninguno parecía conocer a los otros.
― Ya, me acuerdo ― dijo, apoyando su cabeza en una mano, mientras seguía revisando. De pronto, cogió un expediente ―. Mire, estuvimos en este caso, el mes pasado. Olivia Meadow. La encontraron en el Charles... la habían devorado los peces.
― How disgusting ― declaró la rubia. Recordaba que la habían podido identificar por la dentadura ―. Y sólo sabemos quién era. No sabemos cómo llegó allí. Aunque revisaron el cuerpo, no encontraron nada, como era de esperar... Sólo eran huesos podridos.
― ¿No le parece raro? ― comentó de pronto Shinichi, captando la atención de su superior. ― ¿Para qué arriesgarse a tirar a alguien a un río? La descomposición del cuerpo es muy lenta... Al menos tres meses. Si la hubiésemos encontrado antes, la causa de su muerte hubiera sido más fácil de descubrir.
― Insinúas que como no se cumple su habitual modus operandi... ¿no fue la organización quién la mató? ― inquirió Jodie.
― Más o menos ― opinó él, revisando otra vez el archivo ―. Esta chica también estaba especializada en biomedicina ― Jodie asintió ―, así que sí que creo que puede haber una conexión con ellos. Pero quizá no de la forma que hemos dado por supuesta hasta ahora...
Ella le miró maravillada. El modo de pensar del chico era bastante curioso, no había dudas. Nunca descartaba una hipótesis, simplemente se valía de lo que encontraba y razonaba para trazar la que él creía adecuada. Su compañero, Heiji, pensaba de la misma forma. Sin duda era un acierto tenerlos entre los agentes del FBI. Se pasaron toda la mañana revisando archivos de casos parecidos, dónde el habitual plan de la organización de no dejar rastro se viera interrumpido. Encontraron a ocho víctimas más que se habían descubierto en circunstancias parecidas.
― Todos ellos eran biomédicos también ― observó Jodie mirando fijamente a Shinichi ―. ¿Crees que hemos dado con algo?
― Seguro. ¿Por qué justamente ellos, que no son los únicos expertos en ese campo que hemos encontrado muertos, fueron matados en condiciones un poco diferentes? Hay que buscar más similitudes. Lo que sea, aunque se trate del color de ojos.
En la misma ciudad, no muy lejos del cuartel, en el gran edificio del Hospital General de Nueva York, estaba Heiji Hattori. Habitación 707. Se sentía un poco solo. Pero no era la primera vez que se pasaba los días en el hospital.
― Menuda mierda ― musitó. Como era agente del FBI, además, le reservaban una habitación solo para él. No tenía acompañantes ―. Y Kudo por ahí de rositas.
Estaba recostado en su cama con los brazos en forma de cruz detrás de la cabeza. Abrió los ojos y se fijó en la ciudad una vez más. A él, al contrario que su amigo, le encantaba Nueva York. Las veces que habían venido se contaban con una mano, pero Heiji las disfrutaba. Aunque solo fuese observando a través de la ventana de un hospital. Esbozó una sonrisa franca al recordar por qué le gustaba tanto Nueva York. Aunque al mismo modo le dolía.
― Yo nunca he estado allí ― le fascinaba la capacidad de su cerebro para reproducir su voz ―. Algún día, ¿me acompañarás?
Le recordaba a ella. Absolutamente todo lo que estaba en Nueva York, aunque no procediera de allí, le recordaba a ella. Suspiró tristemente. Cinco años felices, para luego decidir irse a Estados Unidos. Miró de reojo el móvil que tenía encima de la mesita de noche y lo cogió. Aún tenía guardados todos los mensajes de Kazuha.
De repente, en la pantalla del móvil vio que Shinichi le estaba llamando.
― Hattori. ¿Qué? Ajá. Ya. Claro, es lógico. Ya veo. Así que todos trabajaban en ciudades diferentes... Claro, por eso no buscasteis antes qué tenían en común. ¿Y tenéis algo más? Bueno, eso es ya un paso importante... Gracias por llamar, Kudo. Si se me ocurre algo te lo digo.
― Acabo de llamar al agente Hattori ― explicó Shinichi a Jodie cuando vio que volvía otra vez de la máquina de café. La mujer entró sorbiendo del vaso ―. Dice que me llamará si se le ocurre algo más que podamos buscar...
― OK! Ya veo que aunque estéis separados, seguís trabajando en equipo ― sonrió. Se quedó unos minutos pensativa, y luego se atrevió a preguntar ― ¿Puedo hacerte una pregunta?
Shinichi la miró confundido pero con una sonrisa de lado a lado en la cara, demostrando seguridad ― Claro.
Ella titubeó un poco, pues sabía que el tema era delicado ― Es simple curiosidad ― dijo, casi como excusa. Shinichi arqueó una ceja ―. ¿Para qué venir aquí?
― ¿Cómo?
― Es decir, está claro que tu principal objetivo es acabar con la organización ― Shinichi asintió, y Jodie continuó, muy despacio ―. Pero... habían pasado cinco años desde que recuperaste tu cuerpo. Ya tenías una vida, y... ¿decidiste venir a Estados Unidos a pesar de todo?
Shinichi se encogió de hombros. Luego la miró con ojos serios, sin borrar la sonrisa melancólica de su cara ― Supongo que... no me lo hubiera perdonado ― Jodie le miró sin comprender sus palabras ―. Sabiendo de la existencia de esa clase de personas, no podía quedarme de brazos cruzados.
― Ya veo ― se acercó a él sonriendo. Cuando el detective levantó la mirada, ella estaba delante suyo ofreciéndole la mano a modo de saludo ―. Es un orgullo tenerte en el FBI ― Shinichi le apretó la mano ― ¡Y no nos entretengamos más! ¡Hay un montón de casos por revisar! ― Shinichi estaba dispuesto a sentarse otra vez para seguir investigando, pero la agente lo frenó ― Pero antes, vayamos a comer. Parece que te olvidas de tu estómago cuando te concentras. ― Y levantó el dedo pulgar.
A Heiji se le iluminaron de pronto las ideas. Alcanzó rápidamente el móvil y buscó el número de su compañero.
― ¡Kudo! ¡Se me ha ocurrido una cosa! Sí, mira, escucha. Me has dicho que todos vivían en lugares distintos, ¿no? ¿A todos se les encontró de la misma forma? No, lo imaginaba. Pero todos eran biomédicos. ¡Busca dónde trabajaban! O para quién. ¿Por el buscador del FBI no salen? No, vale. ¡Pues preguntando a sus familiares, está claro! Vale, te dejo comer. Adiós.
Shinichi colgó. Jodie le miró con un interrogante en los ojos ― ¿Ideas?
― Pues sí, y no sé cómo no se nos ha ocurrido antes. Creo que lo que Hattori insinúa es que todas estas personas trabajaban para alguien en común. Una persona, o una empresa. Eso nos toca averiguarlo a nosotros.
― Pues ya sabemos qué hacer ― finalizó. Ambos tenían una sonrisa en los labios.
N. de la Autora:
¡Hola, holita! Este es un poco más corto. Vaya, ya se empieza a aclarar la situación, eh? Bueno, el siguiente capítulo será todavía más esclarecedor.
¡Me encanta que trabajen para el FBI! Para describir la manera en que trabajan, me he basado en las series que veo... Sobretodo Fringe. Espero que me haya quedado más o menos creíble... y comprensible, claro. Como siempre he puesto un detallito de un manga que adoro. Los fans de NANA lo habréis notado al momento! La habitación de Heiji no es otra que la 707, justo como Hachi y Nana.
Y... he actualizado más o menos rápido, ¿no?
En fin, os espero en el próximo capítulo! Reviews bienvenidos!
