-Porqué estas aquí? Si tu hermano está en la reunión de los G8?

-En realidad, yo me escapé de casa

-Pero que?! Porqué?- se inquietó Romano

-Es que yo quiero estar con mi hermano mayor – decía la japonesa –Él siempre está ocupado, y me deja de lado...

-Si quieres te llevo hasta donde está Kiku...

-Enserio?! Harías eso por mi?

-Claro que si! Maldición, qué creiste? Que te hiba a dejar sola? Además tú nunca podrías llegar hasta allá sola, eres muy pequeña todavía

-Pequeña, yo? Tengo la misma edad que usted!

-Enserio?!- se sonroja el italiano –Bueno...que esperas! Vamonos ya, maldición!

Caminaban al mismo ritmo, pero nose hablaban mucho. Estaban en un aura algo incómodo.

Derrepente se dan cuenta de que están por cruzarse con una manada de gente que venía por una oferta de tomates, y a Romano, apesar de que esos tomates le parecen muy deliciosos, se preocupaba por Sakura, que con mucho asombro observaba a la multitud.

-No pierdas de vista mi espalda, ok?

Justo cuando cruzaban por la mitad, Sakura sintió un maullido, y como a ella le encantan los gatos, por reflejo miró hacia sus costados en busca del felino. No encontró nada, en cambio, perdió de vista a Romano.

Se puso muy nerviosa, y comenzó a buscar la espalda del italiano, pero habían tántas espaldas iguales que le causaban un gran enriedo en su cabeza.

-Me he perdido, devuelta- suspiraba, pues ya era la tercera vez en el día que se pedía –Romano-san debe odiarme...

De un momento a otro, sintió que algo o alguien le agarraba fuertemente de la mano. Al principio le dió escalofríos, aunque aquella mano estaba muy calentita. Temía que fueran esos chicos que la acosaban hace un momento.

-Te dije que no pierdas de vista mi espalda!- Era, para alivio de Sakura, Romano

-P-perdón es que...

-No importa, mientras estés bien. Esta vez iremos d-de la m-m-mano- decía bien rojo como los tomates en oferta

Así, el italiano y la japonesa salieron de la mano, como una perfecta pareja, sólo que Romano estaba muy nervioso.

Al llegar a su destino, se encuentran con el japonés, que estaba un poco estrezado por la revoloteada reunión.

-Onii-chan!- salta hacia su hermano